El Partido Comunista español se despedaza

Carrillo paga el precio del eurocomunismo

El Partido Comunista español se despedaza

Traducido y amplificado de Workers Vanguard No. 295, 18 de diciembre de 1981. Esta versión fue impresa enSpartacist en español No. 10, febrero de 1982.

El Partido Comunista de España (PCE) se está despedazando en el estallido más espectacular que se haya visto en un partido comunista de masas desde la Segunda Guerra Mundial. El acto más reciente de este drama en desarrollo tuvo lugar el 10 de diciembre, cuando la dirección del afiliado catalán del PCE (el PSUC) expulsó o suspendió a 29 miembros de su comité central, acusados de fraccionalismo. Las víctimas de la purga son los dirigentes de un ala izquierda llamada “prosoviética” que representa posiblemente a la mitad de las filas del partido en Cataluña y especialmente a su base obrera.

Antes, durante el otoño, el partido comunista vasco se escindió en dos a raíz de la decisión de sus dirigentes de disolverse en una coalición nacionalista social demócrata. Esta medida fue apoyada por el ala derecha “supereurocomunista” del PCE. En respuesta, el jefe del Partido Comunista Santiago Carrillo no sólo disolvió el comité central vasco (que a partir de entonces declaró su independencia) sino que destituyó a seis derechistas del CC nacional y echó del partido a la mitad de los concejales municipales del PCE en Madrid. Esto a su vez provocó protestas, dimisiones y expulsiones que han sacudido todas las fortalezas del PC en el país.

La militancia del partido ya había disminuido drásticamente, de unos 200.000 en 1977 a 100.000 hoy día, y el actual estallido fácilmente podría reducir este número a la mitad. Y ahora no es tanto que el PCE se esté desangrando —como durante los cuatro años anteriores sino que se está rompiendo por todas las líneas de división concebibles— y las hay muchas. Los orígenes de la crisis se encuentran en el profundo fracaso del eurocomunismo. Un producto del largo proceso de socialdemocratización de los partidos anteriormente estalinistas, que a pesar de su reformismo aún son considerados parias por su “propia” burguesía. Carrillo fue el abanderado de esta tendencia, rompiendo sus últimos lazos con Moscú y deshaciéndose de todo vestigio de terminología leninista con la esperanza de ganarse la aceptación del estado capitalista. Pero en el clima de Guerra Fría renovada, las burguesías imperialistas no se han mostrado interesadas en arreglos con ninguna clase de “comunistas”.

Y así, el PCE se ha quedado a la luna de Valencia, con fuerza electoral marginal, superado por los socialistas y sin nada con que justificar sus concesiones en todos los frentes, desde los salarios a los derechos democráticos. Ahora los sectores pequeñoburgueses quieren llevar la cosa hasta sus últimas consecuencias y efectuar una liquidación total en la socialdemocracia. Sin embargo, sectores obreros, enfrentados a la crisis económica capitalista internacional y a la amenaza de una toma del poder bonapartista por los militares, están presionando de forma confusa y contradictoria por una política más combativa de lucha de clases. Esto confiere a la actual crisis del PCE una importancia especial para trotskistas auténticos, que son los únicos con un programa comunista internacional para acabar con la herencia de la dictadura franquista y abrir el camino para la revolución europea.

Primer Acto: El PSUC

Cuando Jimmy Carter desató su ofensiva de Guerra Fría a raíz de Afganistán, Carrillo fue el eurocomunista que más desvergonzadamente se adhirió a la línea del Departamento de Estado. En la revista del PCE Nuestra Bandera(marzo-abril de 1980) se publicó una “condena de la intervención de las tropas soviéticas en Afganistán” junto con una fotografía que mostraba una pancarta en la que se leía: “Muerte a Rusia-Fuera de Afganistán”. Pero gran parte de las bases comunistas no se tragaron muy bien este antisovietismo virulento. Organizaciones locales y comarcales del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) en el cinturón industrial de Barcelona (notablemente Baix Llobregat y Valles Occidental) aprobaron resoluciones apoyando la ayuda soviética a Kabul en contra de los reaccionarios islámicos armados por la CIA. Pronto se cristalizó un ala dentro del PSUC que llegó a ser conocida como los “afganos” y que se basaba en secciones de la dirección de Comisiones Obreras (CC.OO., la federación sindical dirigida por el PC). Los “afganos” no eran simple ni principalmente unos viejos estalinistas duros, residuos de los años de la Guerra Civil, sino jóvenes dirigentes sindicales que forjaron CCOO. en la lucha clandestina contra el franquismo.

El descontento en el partido catalán contra Carrillo y su política alcanzó su punto más alto en los días 5 y 6 de enero pasado durante el V Congreso del PSUC. Por una votación de 424 contra 359 fueron eliminadas todas las referencias al eurocomunismo de las tesis programáticas del partido. Una resolución retirando críticas anteriores del PSUC a la intervención soviética en Afganistán fue rechazada, pero fueron adoptadas un total de 19 enmiendas de los “prosoviéticos”. Entre éstas habían llamamientos por un referéndum sobre la entrada de España al Mercado Común (el PCE favorece la entrada), por el desmantelamiento de las bases norteamericanas en España (en general el PCE guarda silencio sobre esta cuestión), y por relaciones de “amistad y solidaridad” con la URSS. Esta fuerte ofensiva de los “afganos” originó la renuncia del secretario general del PSUC, el eurocomunista Antoni Gutiérrez Díaz, que fue sustituido por el “leninista” Francesc Frutos. (En el IX Congreso del PCE en 1978, Frutos fue el portavoz de la minoría contraria a la tesis 15 que eliminaba las referencias al leninismo en el programa del partido.) Era claro que se desafiaba a Carrillo. Pero a pesar del estruendo ideológico, el PSUC no había roto políticamente con el eurocomunismo, ni mucho menos había asumido una línea que se asemejara al leninismo. Un destacado “leninista”, Quim Sempere, comentó después que “yo me sentía como ridículo votando a favor de Lenin”, que él consideraba “superado en muchos aspectos”.

“¡Qué vienen los rusos!” fue la reacción espantada de gran parte del mundo político catalán. El semanario Cambio 16 (19 de enero de 1981) notó la naturaleza confusa de la polémica en el congreso del PSUC, comentando que el PC se encontraba escindido por varias divisiones entrecruzadas: “eurocomunistas-prosoviéticos, intelectuales-obreristas, carrillistas-anticarrillistas, partido centralista-partido federal, viejos-jóvenes, partido-sindicato.” Las diferencias políticas estaban lejos de ser claras. Los “Ieninistas”, por ejemplo, se habían escindido de la dirección eurocomunista sobre la tesis 15 de Carrillo; por lo demás, políticamente eran virtualmente idénticos a Gutiérrez y Cía. Por otra parte los “Ieninistas” tienen como feudo la CONC (CCOO. de Cataluña) donde se habían unido a los “afganos” para expulsar a los carrillistas a mediados de 1980. Sobre la cuestión más candente (del V Congreso) el nuevo secretario general votó junto con la minoría a favor de que se mantuviera el término eurocomunismo. No obstante, Frutos y todo un grupo de sus compinches “Ieninistas” (que de leninismo no tienen, sino el nombre) fueron elegidos para dirigir el PSUC con el apoyo de los “afganos”, en un arreglo que tenía como propósito cerrarles el paso tanto a los “euros” como a la tendencia socialdemócrata aún más derechista conocida como los banderas blancas. *

[* Así llamados irónicamente por ser los residuos de una escisión de maoístas en los años 60. conocidos por el título de su periódico Bandera Roja, que luego volvieron al redil del PSUC en los 70 en un precipitado curso derechista.]

Como resultado del bloque podrido entre “leninistas” y “afganos”, aun después de esta rebelión espectacular que recibió el apoyo entusiasmado de las bases del PSUC, el nuevo comité central tiene una mayoría que fundamentalmente apoya a Carrillo. (Aunque los “prosoviéticos” ganaron muchas de las luchas sobre la política partidaria en este “congreso de revolcón”, a la hora de elegir el CC se quedaron con tan sólo 25 o 30 escaños de 110.) Esta vez el precio del oportunismo se pagó al contado. La edición del 8 de enero de 1981 del diario El País de Madrid titulaba que “Los eurocomunistas apoyan a la nueva dirección del PSUC para contener a los prosoviéticos.” Frutos pronto se volteó contra sus aliados, quitando de manos “afganas” la secretaría de organización. Los jerarcas del PCE hicieron circular rumores de conexiones con la embajada soviética, quejándose de que los vuelos semanales de Aeroflot Madrid-Moscú estaban llenos de catalanes. Después de unos cuantos meses de estas jugadas sucias, en una reunión del comité central del PSUC se desechó sin rodeos el V Congreso, declarando al eurocomunismo “sinónimo de revolución de la mayoría” y condenando de nuevo la intervención soviética en Afganistán (El Periódico, 17 de mayo de 1981).

Lo que realmente cortó las alas a los “afganos”, sin embargo, fue la débil respuesta del PSUC a la intentona del 23 de febrero (23-F), la que en apariencia era una acción de unas decenas de tropas de la Guardia Civil que tomaron las Cortes, pero que en realidad contaba con el respaldo de jefes militares de alto rango. Esa noche la clase obrera de toda España estaba presta a luchar; no obstante, el PCE y Comisiones rehusaron movilizarse, no haciendo sino llamar a una huelga de dos horas el día siguiente. En Cataluña el PSUC/CONC en un principio habían llamado a una huelga general de 48 horas, pero para la mañana del 24 esto había sido reducido al paro simbólico de dos horas en el que los obreros debían de permanecer en sus puestos de trabajo (o sea, nada de manifestaciones). Hubo huelgas generales localizadas en las fortalezas “afganas” en los alrededores de Barcelona, pero los “leninistas” siguieron la línea del PCE de guardar la “serenidad”. Exhibiendo su confianza en que la normalidad reinaba a pesar del tejerazo, los jerarcas del PSUC incluso celebraron una reunión en su propia sede central. Para colmo, la reunión del CC (del PSUC) de mayo en la que se “recuperó” el eurocomunismo, votó a favor de expresar su confianza en el ejército “democrático” ¡participando en las festividades del Día de las Fuerzas Armadas! La clase obrera catalana concluyó lógicamente que el “nuevo” PSUC no se diferenciaba en absoluto del viejo.

Segundo Acto: El X Congreso del PCE y los “renovadores”

Refrenados los “afganos” del ala izquierda, el ala derecha del PCE, los llamados “eurocomunistas renovadores”, empezó a hacer alboroto. Comenzando en diciembre de 1981, el alto dirigente pecero y alcalde suplente de Madrid, Ramón Tamames, emprendió una campaña para la “democratización en profundidad” del PC y para “echar fuera a la vieja guardia” — en primer lugar a Carrillo mismo. Después de no haber logrado nada, Tamames abandonó el partido a principios de mayo. Pero los “renovadores” redactaron una plataforma reivindicando el derecho a formar “corrientes de opinión”, al contrario de la prohibición estalinista del PCE sobre las fracciones. Esta tendencia está centrada principalmente en los concejales municipales del PC, cuyos cargos gubernativos dependen de las coaliciones locales con los socialistas de Felipe González (PSOE). Así que representan aquella capa del partido que se halla más integrada dentro del aparato estatal capitalista. Su meta es llevar el eurocomunismo a su conclusión lógica disolviendo al PCE por completo y liquidándose dentro de la socialdemocracia. Jordi Borja (uno de los principales “eurorrenovadores” y un bandera blanca del PSUC) expresó esto claramente en un artículo titulado: “¿Para qué sirven los PCs en Europa?”:

“En nuestra época, una alternativa de izquierda sólida, en los países con partido socialista y comunista fuertes, no se construirá hasta que se supere la trágica y absurda escisión de los años veinte…. Por parte de los comunistas, ya hemos dicho lo que esto significa a nuestro parecer: ruptura completa con el movimiento soviético y aceptación de una política internacional encuadrada en Europa occidental…”

La Calle, junio de 1981

Carrillo se negó a publicar el documento de esta “tendencia crítica”, pero los “eurorrenovadores” se ganaron la mayoría en la conferencia regional de Madrid a principios de julio. Durante el X Congreso del PCE (28-31 de julio) los carrillistas tenían en la mira a esta corriente socialdemócrata liquidacionista, la cual, con aproximadamente la cuarta parte de los votos, fue derrotada con facilidad. Los “pro soviéticos”, con apenas el 6 por ciento de los delegados, gracias a Frutos y Cía., se callaron; ni se defendieron de ataques directos ni protestaron la expulsión del partido de uno de sus líderes (García Salve). Cambio 16, en su número del 10 de agosto de 1981, se refirió a esto como “el carrillazo”, pero hay un pequeño escollo: Carrillo mismo sólo alcanzó el quinceavo lugar en la votación por el CC.

En su informe Carrillo hizo algunas concesiones “autocríticas” para apaciguar el descontento producido por el pobre resultado de la “política de concentración” del PC (o sea, el apoyo parcial a los gobiernos franquistas reformados de Suárez y Calvo Sotelo). Teniendo en cuenta el “síndrome Mitterrand” y dirigiéndose a las bases de los “eurocomunistas renovadores”, llamó por una “nueva formación política” que se asemejara al laborismo británico. Echando una mirada a las bases “afganas”, en dos ocasiones se refirió en términos positivos a la Revolución de Octubre rusa. Para tranquilizar a los generales hizo explícita la renuncia del PCE a hacer siquiera “propaganda democrática” en el ejército. Sin embargo, mientras enfatizó el sometimiento del PC al ejército franquista, culpó a la clase obrera por el fracaso de la política eurocomunista: “Si no hemos avanzado es porque el movimiento obrero es conservador y no quiere cambios.” (Mundo Obrero, 26 de julio de 1981). Y a los dirigentes tanto “renovadores” como “prosoviéticos” les hizo ver claramente que en el X Congreso habrían vencedores y vencidos. Si no se pone alto a la formación de tendencias, dijo, “este partido puede autodestruir en un período muy breve de tiempo.” Sin embargo, las tendencias ya se habían formado…

Tercer Acto: Vascos, catalanes, todos

… y la autodestrucción del Partido Comunista español está en marcha. La reacción en cadena se inició a mediados de septiembre cuando Roberto Lerxundi y la mayoría de la dirección del afiliado vasco del PC, el EPK, decidieron liquidarse en Euzkadiko Ezkerra (EE), un grupo socialdemócrata nacionalista anteriormente vinculado al ala “político-militar” de los guerrilleros nacionalistas de ETA (ETA-pm). Como condición para las negociaciones de “fusión”, Euzkadiko Ezkerra exigió:

“… la creación de un partido de clase amplio, de masas y no dogmático, que supere en la teoría y en la práctica la división histórica en el seno de la clase obrera entre socialistas y comunistas.”

Cambio 16, 28 de septiembre de 1981

EE también insistió en que el EPK rompiera todos sus lazos con el PCE y que se sustituyera el término “eurocomunismo” por el de “socialismo democrático”. Esto a su vez provocó oposición entre los sectores obreros de los comunistas vascos, que en su mayoría no son de origen vasco. Al acceder Lerxundi al diktat de EE, Carrillo disolvió el comité central del EPK y ordenó una conferencia especial.

En consecuencia existen ahora dos PCs vascos, de tamaño aproximadamente igual, uno subordinado a Carrillo y Cía. Y el otro preparándose a disolverse dentro de la socialdemocracia nacionalista. Sin embargo, en el congreso del PCE de julio pasado Lerxundi fue el principal vocero de los “eurocomunistas renovadores”. Y a principios de noviembre fue invitado a dar una conferencia pública en Madrid por seis “renovadores” miembros del CC y cinco concejales municipales de la misma tendencia. A raíz de esto Carrillo exigió y logró que se les sacara del CC a los seis transgresores y que se les expulsara del partido a los concejales madrileños que habían auspiciado a Lerxundi. Entre los que fueron echados del comité central figuraban varios diputados de las Cortes y el principal teórico antisoviético del PCE, Manuel Azcárate. Esto desencadenó protestas por todo el país. El CC del PC andaluz se opuso a las sanciones así como también lo hicieron el consejo provincial de Salamanca, todos los concejales del PCE en Valladolid, cientos de miembros del partido en Valencia, etc. Organizaciones locales de Madrid representando a nueve mil militantes exigieron la convocatoria de una conferencia especial.

Mientras tanto, las luchas internas del PSUC catalán estaban en ebullición. En mayo, el presidente del partido Pere Ardiaca, un miembro fundador del PSUC de 74 años de edad, fue expulsado por sus posiciones “prosoviéticas”. Posteriormente en la fiesta anual del periódico del partido (Treball) en septiembre, varios centenares de “afganos” boicotearon a Carrillo con gritos de “¡traidor!” y “¡fuera, fuera!” Los disidentes llevaban pegatinas con el slogan “Soc comunista. Visca el 5e Congrés. PSUC.” En represalia los “euros” cortaron el agua y la electricidad a los stands pertenecientes a los distritos de Baix Llobregat y Valles Occidental que distribuían artesanías de la Unión Soviética (El Comunista, 9 de octubre). Poco después, el comité ejecutivo del PSUC expulsó a algunos de los oposicionistas de izquierda por haber abucheado a Carrillo en un mitin en marzo.

Prohibidas las tendencias, las luchas políticas internas se expresan en un contrapunto de ataques físicos y abusos burocráticos. Cuando en las conferencias comarcales del partido en el cinturón industrial de Barcelona emergieron grandes mayorías “prosoviéticas”, la mayoría “leninista” de la ejecutiva del PSUC se desquitó simplemente disolviéndolas, poniendo bajo su control financiero directo a las organizaciones locales disidentes. Ya en octubre las juventudes del PSUC se dividieron en dos. Ya principios de noviembre la dirección del partido catalán acordó llevar a cabo una conferencia especial en marzo para ratificar el “pleno apoyo a la estrategia del eurocomunismo”. Las elecciones de delegados son manipuladas de tal manera que en las grandes locales de la zona barcelonesa, donde predomina la izquierda, las dos terceras partes de la militancia obtuvieran sólo una tercera parte de los delegados. Cuando los “afganos” protestaron que estas medidas arbitrarias eran antidemocráticas… 29 de sus dirigentes (la totalidad de ellos en el CC) fueron expulsados o suspendidos del PSUC. ¡Qué no se diga que Carrillo no le enseñó al “leninista” Frutos cómo combatir la “democratitis”!

Eurocomunismo en apuros

El debacle del eurocomunismo debe situarse firmemente en el contexto internacional. Fue la campaña antisoviética del imperialismo norteamericano después de su derrota en Vietnam lo que en última instancia determinó la defunción del frente popular francés (ver “Why the Union of the Left Fell Apart”, Workers Vanguard No. 280, 8 de mayo), y lo que relegó al PCE al gueto político. A principios de 1978, el Departamento de Estado de Jimmy Carter anunció que no soportaría la participación de los PCs en los gobiernos de Europa Occidental, llámense eurocomunistas o no. Eso puso fin a las esperanzas de Carrillo de un “gobierno de concentración nacional” con los socialistas de Felipe González y la UCD franquista reformada del primer ministro Adolfo Suárez. Los partidos comunistas de Francia e Italia se enfrentaron al mismo veto imperialista pero contaban con una sólida base electoral y sindical a la cual replegarse, abandonando o bajando de tono su fervor eurocomunista. Carrillo se encontraba en una posición fundamentalmente más débil, y la única carta que podía jugar era perpetrar traiciones cada vez mayores.

Pero el crimen no pagó. Después de apoyar hasta el fin al gobierno de “reforma” de Suárez, el PCE ahora da apoyo indirecto (y muchas veces directo) al gobierno de “contrarreforma” de Calvo Sotelo y la clase obrera paga el precio. Desde hace varios años la inflación ha sobrepasado el 20 por ciento, y el paro llega a los dos millones. Sin embargo, el Partido Comunista y las CC.OO. no han hecho más que someterse ante la crisis capitalista. La política de Carrillo fue encarnada en los Pactos de la Moncloa con el gobierno Suárez, los que deberían controlar tanto precios como salarios (y, como era de esperar, sólo limitaron a éstos). Una revista ligada a la CIA observaba:

“… muchos militantes obreros en Cataluña y otras partes habían sacado la conclusión de que el gobierno había utilizado efectivamente al PCE y Comisiones para limitar los salarios. Tal situación hubiera sido aceptable siempre y cuando los acuerdos de la Moncloa hubieran llevado a avances políticos palpables como sería la entrada del PCE al gobierno. Pero esto no sucedió.”

— Eusebio Mujal-León, “Cataluña, Carrillo and Eurocommunism”, Problems of Communism, marzo-abril de 1981

De ahí viene la fuerza creciente de los “afganos” dentro de las, CC.OO.

Durante el IX Congreso del PCE, en abril de 1978, concluimos que el partido de Carrillo ya había cruzado el Rubicán en la dirección de la socialdemocracia:

“Aunque por lo visto los PC francés e italiano no están dispuestos a dar un paso tan dramático y llamativo como la renuncia al ‘leninismo’ por parte del PCE, está claro que en el caso del partido de Carrillo ha habido una ruptura definitiva con la burocracia de Moscú, de tal modo que ya no puede ser denominado estalinista,”

— “PCE se declara eurocomunista”, Spartacist (edición en español) No. 6, julio de 1978

Y pronosticábamos que, después de la declaración oficial por el partido de Carrillo de su preferencia por el rey de España sobre el Kremlin, “el nivel de disidencia plantea la posibilidad de grandes escisiones hacia la izquierda”. Ahora somos testigos presenciales de este proceso.

Entre las bases del partido hay un amplio rechazo, o aun odio, a la política carrillista por su contenido antiobrero. Una reciente carta al Diario de Barcelona de parte de uno  de los “comunistas y punto” del PSUC resumió la política exterior del PCE en la palabra “EEUUrocomunismo”. Y en una mesa redonda del Viejo Topo (“Vº Congreso del PSUC: el eurocomunismo, ¿chivo expiatorio?”), Jordi Borja se quejaba del “infantilismo” del debate, de que en el congreso había oído opiniones “pintorescas” como, “El eurocomunismo es ir a romper huelgas.” Es evidente, como ha sido probado por las repetidas intervenciones de Carrillo para obstaculizar posibles huelgas generales durante los años críticos de la “transición”, 1976-77. Fue confirmado de nuevo por la Spartacist League de los EE.UU. cuando protestaba la traición del líder del PCE al cruzar éste un piquete de huelga durante su visita a la Universidad de Yale, donde anunció el abandono formal del leninismo (ver “¡Carrillo esquirol!” en Spartacist “ [edición en español] No. 6, julio de 1978). La respuesta de Borja —de que un incondicional de Moscú como el francés Maurice Thorez había hecho famosa la frase, “hay que saber acabar una huelga” (cuando saboteó la huelga general del 36) — sólo muestra que el eurocomunismo es la continuación del reformismo estalinista.

Pero el ala izquierda (del PCE/PSUC) no tiene un programa leninista. A nivel internacional, los llamados “prosoviéticos” no cuentan con una política proletaria internacionalista para oponer al colaboracionismo de clases de los eurocomunistas encabezados por Carrillo; y en España fueron incapaces de responder a la intentona del 23 de, febrero.

Trotskismo vs. estalinismo

En sus enmiendas al proyecto de tesis para el V Congreso del PSUC, los “afganos” del comité comarcal de Valles Occidental proponían simplemente que se eliminaran las críticas a la intervención soviética en Afganistán.

“La intervención soviética en Afganistán, no es, desde un punto de vista formal, ‘una grave infracción del principio de soberanía y no injerencia en los asuntos de otros pueblos’ ya que se basa en reiteradas solicitudes del Gobierno legítimo de Afganistán.”

Admiten el carácter burgués de la “revolución iraní”, reconocen los problemas planteados por la guerra entre Iraq e Irán (un conflicto entre dos regímenes islámicos supuestamente radical-nacionalistas), pero no ofrecen una coherente línea de clase internacionalista. Ante todo no expresan un apoyo positivo a la intervención soviética en contra de la reacción feudal-imperialista. Frente a la ofensiva propagandística imperialista en torno a Afganistán, con toda su demagogia de “derechos humanos”, los mal nombrados “afganos” prefieren no decir nada. Su criterio es la política exterior hacia la URSS de la dictadura nacionalista burguesa en cuestión (según el cual Egipto habría sido “progresista” bajo Nasser y reaccionario bajo Sadat). Las cuestiones internacionales son decisivas — sólo hay que ver el impacto de los sucesos polacos a través de toda Europa.

La contradicción fundamental de la izquierda del PSUC reside en su programa reformista, que en sus rasgos fundamentales comparte con Carrillo. Hoy día, por ejemplo, se erigen en acérrimos defensores del V Congreso del PSUC, ¡cuyas tesis programáticas (aparte de las enmiendas) fueron escritas por los “euros” carrillistas! Se quejan de los apodos “afganos” y “prosoviéticos” que les fueron otorgados por la prensa burguesa. Y no sin justificación: ¡he aquí una tendencia llamada “afgana” que ni siquiera saluda la necesaria intervención del Ejército Rojo en Afganistán! (Prefieren guardar silencio sobre un tema que puede desestabilizar la “distensión”.) Una tendencia denominada “prosoviética” que en las manifestaciones contra la entrada a la OTAN se pronuncia por una “España neutral”. ¿Qué neutralidad? El conflicto entre la OTAN y el Pacto de Varsovia es una cuestión de clase. Una verdadera oposicióncomunista al colaboracionismo de clases de Carrillo y Cía. lucharía por una España soviética en unos Estados Unidos Socialistas de Europa.

Los confusos oposicionistas de izquierda del PSUC están encerrados en la camisa de fuerza ideológica del estalinismo, que se opone ferozmente al programa trotskista de revolución socialista internacional. Los trotskistas de la tendencia Espartaquista internacional (TEI) hemos sido los únicos en luchar por un análisis y un programa consecuentemente marxistas. La TEI ha enarbolado las consignas “¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán!” y “¡Alto a la Contrarrevolución de Solidarnosc!” en Polonia luchando a la vez por una revolución política proletaria para expulsar a las burocracias estalinistas del poder en todos los estados obreros degenerado/deformados.

Los militantes de izquierda que están rompiendo con el catastrófico eurocomunismo de Carrillo deben confrontar ante todo la cuestión del estalinismo vs. trotskismo. Como Trotsky ya había previsto a partir de 1928 (en La Tercera Internacional después de Lenin), la subordinación definitiva de los partidos comunistas a sus “propias” burguesías es simplemente la extensión lógica del dogma estalinista del “socialismo en un solo país”. De esto se deriva la política colaboracionista de clases del frente popular, aliándose a la burguesía “nacional” por la “defensa de la patria”. Fue bajo este signo que el PSUC nació a mediados de los años 30. Y fue con esta plataforma que jugó un papel decisivo en la derrota de la más importante movilización de clase del proletariado catalán — las Jornadas de Mayo de 1937.

Hoy día los “afganos” del ala izquierda rechazan los juramentos rastreros de lealtad al rey y la Casa Blanca por Carrillo. Y sin embargo, las tesis del V Congreso del PSUC que defienden, avalan el programa de “reconciliación nacional” del PCE durante los años 60 y mediados de los 70 — el fundamento estalinista de las actuales traiciones por parte del eurocomunismo. La izquierda del PSUC se opone ahora a la “aplicación” de los Pactos de la Moncloa. En 1977, cuando se firmaron los pactos, 100.000 personas protestaron en Barcelona, encabezadas por los mismos dirigentes “prosoviéticos” de CC.OO. Mas la protesta no fue más allá de una sola manifestación, porque los que luego fueron conocidos como “Ieninistas” y “afganos” no estaban dispuestos a librar una lucha directa contra el estado español. Estaban en desacuerdo con Carrillo y Cía. pero no tenían su propia política independiente. Y hoy día no libran su “lucha” contra el carrillismo a nivel español sino estrictamente dentro del marco catalán, y a veces en nombre de un localismo aún más estrecho y peculiar. Tanto es así que la IV Conferencia del PSUC de Valles Occidental, 27-29 de marzo de 1981, la primera después del frustrado tejerazo, se pronunció en su lema central “Por el poder comarcal”. Este particularismo absurdo es expresado además en sus consignas por ¡la “recomarcalización de Catalunya” y por un “Consell Comarcal”! Compañeros, ¡las luchas obreras de España no pueden salir victoriosas con la sola “Força del Valles” — requieren una movilización y lucha contra el reformismo al nivel nacional e internacional!

Inmediatamente después de la muerte de Franco los trotskistas auténticos (no los impostores socialdemócratas de la LCR) llamamos repetidamente por una ofensiva obrera contra la odiada dictadura bonapartista. Todas las alas del PCE, eurocomunistas o neoestalinistas, buscaron un pacto con los sectores “democráticos” de la burguesía. Carrillo se conformó, con unas migajas, los “afganos” quieren más — pero el programa fundamental es el mismo. Los verdaderos comunistas deben luchar no por una “España neutral”, consigna que enarbolan todas las alas del PCE, sino por la defensa incondicional de la Unión Soviética contra el ataque imperialista, por la revolución socialista en toda Europa Occidental y por la revolución política proletaria en los estados obreros degenerado/deformados, gobernados por los estalinistas, del bloque soviético. Los “prosoviéticos” no hacen sino ir a la cola de las burocracias desprestigiadas, cuya bancarrota se ha hecho patente en Polonia, mientras que los eurocomunistas (“renovadores” o carrillistas) van a la cola de Reagan y Schmidt.

Los “afganos” anticarrillistas se alimentan de un amplio rechazo proletario al colaboracionismo de clases eurocomunista. Mas sólo el programa del trotskismo ofrece una respuesta revolucionaria a la bancarrota del estalinismo.

* Así llamados irónicamente por ser los residuos de una escisión de maoístas en los años 60, conocidos por el título de su periódico Bandera Roja, que luego volvieron al redil del PSUC en los. 70 en un precipitado curso derechista

Amigos de Lech Walesa S.A.

Amigos de Lech Walesa S.A.

Originalmente impreso en inglés en Workers Vanguard #296, 8 de enero de 1982. Esta versión fue impresa enSpartacist en español no. 10, febrero de 1982.

Resulta que Lech Walesa ha sido nombrado “El Hombre del Año” por la revista Time. Pero lo más interesante de todo es la historia detrás de la historia del “Hombre del Año”. Una carta del editor dice que el artículo se basó en “varias sesiones entre Walesa y Time, entre ellas un intercambio de preguntas y respuestas durante un desayuno con el Newstour de Time en octubre en el aeropuerto Charles de Gaulle en las afueras de París.” Pero hay mucho más de lo que Time saca a relucir sobre este tete-à-tete. Porque además de Henry Grunwald, editor de la revista Time, se reunieron con Walesa en aquel almuerzo del 18 de octubre en un elegante restaurante del aeropuerto un gran número de altos ejecutivos de las grandes compañías norteamericanas.

Ni una palabra se ventiló acerca de esta reunión confidencial entre el dirigente de Solidarnosc y prominentes capitalistas de Occidente hasta dos meses más tarde, después de que se frustró la intentona contrarrevolucionaria de Walesa y Cía. La bien informada revista francesa Le Canard Enchainé (16 de diciembre) acaba de publicar un reportaje, titulado “Un guiño de los norteamericanos”,’ que describió los preparativos secretos.

“Muy de mañana su ómnibus [el de la delegación de Solidarnosc] tomaba por las AutoRoute du Nord (dirigiéndose a Vaudricourt, donde se había convenido una reunión), pero apenas saliendo París coge por el atajo que lleva al aeropuerto de Roissy. Al llegar a su destino, los sindicalistas polacos penetran en Maxim’s, un restaurant del aeropuerto que se encuentra desierto a esa hora. Son las 8:30 de la mañana. Frente al restaurante un cordón de policías antimotines. Adentro, en las mesas puestas para el almuerzo, una veintena de norteamericanos reciben a Walesa y su comitiva.”

Discreción y punto en boca

“Estos señores de negocios arribaron dos horas antes, en un avión especial… He aquí un prodigio de ropa sucia — y cara, por añadidura. Philip Caldwell, presidente de Ford; Robert Tirby, presidente de Westinghouse; David Lewis, lo mismo de General Dynamics… y Thomas Watson, un espadón de la IBM. Más un pez gordo de la TWA y varios potentados de importancia ligeramente menor, presidentes de bancos y compañías de seguros….”

“Toda esta multitud para Lech Walesa, considerado de hecho la cabeza de un gobierno alternativo. Las presentaciones son rápidas y la discusión se inicia. Se cuenta con un sistema de traducción simultánea, prueba de que, por parte de los norteamericanos al menos, la entrevista no fue totalmente improvisada.”

Entre las preguntas que hicieron los astutos capitanes de la industria y las altas finanzas: “¿Está Ud. preparado para renunciar a sus sábados libres?” “¿Es este el fin de la ideología marxista-leninista en Polonia?”

Los trotskistas no necesitaron de tales revelaciones espectaculares para dar a conocer cuáles eran las verdaderas intenciones del pequeño “combatiente de la libertad” polaco patrocinado por el papa. Ya al momento de su primer congreso, en septiembre pasado, cuando Solidarnosc adoptó los lemas de propaganda de la Guerra Fría de “elecciones libres” y “sindicatos libres”, invitando a auténticos próceres de los “sindicatos libres” tales como el veterano agente de la CIA Irving Brown, advertimos: “¡Alto a la contrarrevolución de Solidarnosc!” Así que durante la visita de Walesa a París en octubre nuestros camaradas de la Ligue Trotskyste de France (LTF) llevaron a cabo una manifestación denunciando a Solidarnosc de ser un sindicato patronal al servicio de la CIA y los banqueros occidentales.

Intentona frustrada en Polonia

Intentona frustrada en Polonia

Traducido de Workers Vanguard No. 295, diciembro de 1982. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No 10, 1982.

Con la imposición del “estado de guerra” en Polonia, ha sido parado un intento contrarrevolucionario de toma del poder. Pocas horas antes de la proclamación del gobierno militar, la dirección clerical-nacionalista de Solidarnosc [Solidaridad] anunció la organización de un referéndum nacional sobre la formación de un gobierno anticomunista y la ruptura de la alianza militar con la Unión Soviética dirigida contra el imperialismo occidental. Pero el régimen de Varsovia estaba preparado para salirle al paso al reto. Las medidas tomadas van más allá de las que por lo general corresponden a la ley marcial; parecen haber hecho preparativos extensos para poner mano dura. Así, mientras Reagan y Haig perseguían la quimera de Qaddafi, el gobierno polaco lanzó lo que era en efecto un contragolpe, en lo que parecería haber sido el último momento posible para una acción desde una posición de poder.

Los estalinistas polacos consiguieron llevar a cabo eficazmente un golpe de estado en su propio país. Contrario a todos los instintos y apetitos de la burocracia gobernante, que busca constantemente un arreglo con el imperialismo, se vieron forzados a tomar medidas defensivas de las conquistas históricas del proletariado. Porque hay que admitir que la Solidarnosc de Lech Walesa estaba encaminada al derrocamiento no solo del desprestigiado y corrupto régimen estalinista, sino también de las conquistas sociales heredadas de la Revolución Bolchevique -fundamentalmente la economía colectivizada planificada- que fueron extendidas burocráticamente a Polonia luego de la liberación del país de la ocupación nazi por el Ejército Rojo. Es por eso que este “sindicato libre” polaco es apoyado por las fuerzas de la reacción imperialista -desde Wall Street al Mercado Común y el Vaticano- y por qué Ronald Reagan declaró que la crisis polaca representaba “el comienzo del fin del comunismo”.

Con tales declaraciones incendiarias, el jefe del imperialismo estadounidense buscó provocar un baño de sangre en Polonia a fin de encandecer su campaña de guerra antisoviética al rojo vivo. Corresponde a los intereses de la clase obrera, tanto en Polonia como a escala internacional, que la supresión actual de la contrarrevolución de solidarnos sea “fría” -es decir, sin derramamiento de sangre. Los obreros polacos deben ser advertidos de que las huelgas, protestas y otros actos de desafío de la ley marcial solo hacen el juego a aventureros reaccionarios. La violencia masiva tendría como resultado o la reimposición de un estado policíaco totalitario estalinista, aplastando al movimiento obrero por varios años, o el triunfo de la contrarrevolución capitalista, una derrota histórico-mundial para la causa socialista. Los trotskistas buscamos ante todo mantener una situación relativamente abierta, en la cual puede iniciarse un proceso de recristalización para forjar una vanguardia proletaria e internacionalista.

Si la ley marcial actual logra restaurar algo parecido al tenue equilibrio social que existía en Polonia antes de las huelgas de Gdansk de agosto de 1980 -o sea, un arreglo tácito de que si la gente no molestaba al gobierno, el gobierno no molestaría a la gente- volverían a establecerse condiciones propicias a la cristalización de un partido leninista-trotskista. Sobre todo en un país tan evolucionado históricamente como Polonia, el proletariado tiene la capacidad de reconocer sus propios intereses históricos, dados el tiempo suficiente y una situación política relativamente abierta. Debe haber elementos -fuera de Solidarnosc, dentro de Solidarnosc, en el partido comunista- con impulsos socialistas genuinos que han sido sofocados por la confrontación particular que ha dominado Polonia durante el último año. Ellos deben ser ganados al programa de defensa del poder estatal proletario contra esta clase de movilización clerical-nacionalista que ha llevado a Polonia al borde de la contrarrevolución, luchando al mismo tiempo por una revolución política proletaria contra la burocracia estalinista.

Solidarnosc intenta tomar el poder

En su primer congreso nacional, celebrado en Gdansk en septiembre, Solidarnosc se consolidó alrededor de un programa de contrarrevolución declarada. Su llamamiento por “sindicatos libres” en el bloque soviético, una consigna central del anticomunismo de Guerra Fría desde hace mucho tiempo, fue una provocación intencionada a Moscú. Tras su llamado por “elecciones libres” al Sejm (parlamento) se hallaba el programa de la “democracia estilo occidental” -es decir, la restauración del capitalismo so pretexto de establecer un gobierno parlamentario. Para subrayar sus lazos con el Occidente, Solidarnosc exigió incluso la entrada de Polonia al cártel banquero mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), e invitó a su congreso a Lane Kirkland, un combatiente de Guerra Fría “duro” y jefe de la AFL-CIO norteamericana, y al notorio agente de la CIA Irving Brown, jefe de operaciones europeas de la AFL-CIO.

Por supuesto la masa de obreros engañados en Solidarnosc no buscaba ni buscan conscientemente el desempleo endémico, los salvajes recortes salariales y el deterioro de las condiciones de trabajo que traería el capitalismo. Si el FMI llega alguna vez a echar su garra a la economía polaca, los obreros pronto añorarían los “buenos tiempos pasados” bajo Gomulka y Gierek. Sería el presagio de la reunificación alemana sobre bases capitalistas y prepararía, de una forma u otra, una Tercera Guerra Mundial nuclear en un futuro pronto. De acuerdo con el espíritu católico de Solidarnosc, puede decirse: “Perdónales señor, porque no saben lo que hacen”.

Los estalinistas reconocieron, a su manera, que Solidarnosc estaba encaminada a una confrontación final; no obstante, intentaron conciliarla. Las negociaciones entre Jaruzelski y Walesa finalmente fracasaron principalmente sobre la demanda de Solidarnosc por elecciones libres a nivel municipal. Bajo las condiciones existentes en Polonia, ello habría significado entregar el poder gubernamental en la base de la sociedad a nacionalistas anticomunistas tales como la pilsudskista y antisemita Confederación por una Polonia Independiente (KPN).

El acontecimiento que llevó directamente a la imposición de la ley marcial fue la tentativa por Solidarnosc de sindicalizar a los cadetes bomberos en Varsovia, un grupo cuya posición legal (como en el resto de Europa) es similar a la de la policía. De allí a la sindicalización dentro de las fuerzas armadas y la milicia no había sino un paso. Al día después de que la policía dispersara a los cadetes el 2 de diciembre, la dirección de Solidarnosc se reunió en Radom a puertas cerradas para planear una toma contrarrevolucionaria del poder. El jefe de la poderosa región de Varsovia, Zbigniew Bujak, declaró que “el gobierno debe ser finalmente derrocado” y propuso la organización de una milicia de Solidarnosc con ese objetivo. Alguien entregó grabaciones de la reunión al gobierno quien las transmitió repetidamente por la radio estatal. Muchos polacos fueron sin duda escandalizados, especialmente por la duplicidad del “moderado” Walesa quien aconsejó a sus colegas que siguieran diciendo, “te queremos, socialismo”, y al mismo tiempo conspirando para derrocar al gobierno.

Con la revelación de sus planes secretos, la dirección de Solidarnosc se embarcó en una tentativa abierta de tomar el poder, anunciando un referéndum nacional para el establecimiento de un gobierno provisorio y “elecciones libres”. Pocas horas después el régimen contraatacó, declarando el “estado de guerra” bajo un Consejo Militar de Salvación Nacional. Según informes, fueron, detenidos mil dirigentes de Solidarnosc y, como contrapartida, arrestaron a cinco ex dirigentes del partido comunista — incluyendo al ex jefe del partido Edward Gierek y sus colegas más cercanos. Aunque el General Jaruzelski, primer ministro y jefe del partido, insiste que no se trata de un golpe militar, he aquí un elemento inquietante de bonapartismo militar. Quizás hay en esto una concesión al nacionalismo anticomunista. Mientras que el partido estalinista está completamente desprestigiado, el ejército mantiene cierta autoridad popular en tanto representación del estado nacional, supuestamente colocado por encima de la política. Los estalinistas solo hacen referencias hipócritas a las formas socialistas, el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Pero en comparación con el puño de hierro castrense, las formas son importantes.

El imperialismo a la ayuda de Solidarnosc

“Sindicatos libres” y “elecciones libres” para Polonia se han convertido en consignas claves de la Segunda Guerra Fría de Reagan, y la imposición de la ley marcial será utilizada, con toda seguridad para azuzar la campaña de guerra antisoviética, sobre todo en Europa Occidental. En el caso de Francia, en particular, han habido manifestaciones masivas en pro de Solidarnosc, encabezadas por personajes del Partido Socialista, dando lugar a una “unión sagrada” abarcando desde fascistas, monarquistas y gaullistas hasta socialdemócratas y seudotrotskistas estalinofóbicos como la OCI y la LCR. En los EE.UU., el criminal de guerra imperialista Henry Kissinger, un hombre directamente responsable de la masacre de millones de vietnamitas indefensos, condena la supresión de Solidarnosc como “una grave ofensa contra la libertad humana”. Cuando Kissinger habla de la “libertad” piensa en la libertad para explotar a los obreros y campesinos del mundo, una “libertad” impuesta a través del terror de masas.

Tras la consigna de contrarrestar “la exportación de la revolución” a El Salvador, apuntalan a la junta asesina con pertrechos de guerra norteamericanos y boinas verdes. El régimen racista sudafricano se convierte en una parte central del “mundo libre”, atacando a Angola con armamentos suministrados por Israel. En Afganistán, la CIA arma a los reaccionarios islámicos que luchan a lo largo de la frontera sur de la URSS por mantener la esclavitud feudal y prefeudal. China, aliada con Washington, amenaza constantemente al Vietnam, que combatió heroicamente durante varias décadas contra el barbarismo imperialista estadounidense. Pero es en Polonia que Reagan ve la mejor posibilidad para realizar sus planes contrarrevolucionarios contra la Unión Soviética al “echar atrás” las conquistas económicas y sociales de la posguerra en Europa del Este. La toma del poder por Solidarnosc representaría un triunfo para Wall Street y el Pentágono, para el Mercado Común y el FMI, para sanguinarios dictadores latinoamericanos y racistas sudafricanos. La creación de una Polonia dentro del “mundo libre” acercaría enormemente la horrible posibilidad de un holocausto nuclear antisoviético.

Con la supresión de Solidarnosc por el ejército polaco, los planes del imperialismo EE. UU. de integrar a Polonia al “mundo libre”, o al menos de una batalla sangrienta entre el ejército soviético y las masas polacas, han sido frustrados. Reagan ha reaccionado con sanciones económicas contra los polacos y los rusos. En tanto que los europeos occidentales y los japoneses no sigan su ejemplo -y es casi seguro que no lo harán- estas sanciones terminarán por dañar más a los capitalistas norteamericanos que a los rusos. Sin embargo, independientemente del efecto cuantitativo de las acciones de Reagan, todo obrero consciente debe oponerse a esta guerra económica imperialista contra la Unión Soviética. ¡Abajo las sanciones antisoviéticas!

La bancarrota del estalinismo liberal

Si hoy un sector importante de la clase obrera polaca busca su salvación en el imperialismo occidental, no se explica simplemente por el terror del período de Stalin que gradualmente se convirtió en abuso y mala administración bajo Gomulka y luego Gierek. Un crimen anterior del estalinismo destruyó las importantes tradiciones del comunismo internacional en Polonia. Miles de militantes comunistas polacos que huyeron a la URSS escapando la dictadura fascistoide de Pilsudski fueron muertos en las purgas de fines de los años 30. El Partido Comunista Polaco fue liquidado oficialmente, y la ocupación nazi completó la obra de descabezar al proletariado polaco, especialmente su importante componente judío. Por lo tanto, la burocracia gobernante del período después de 1945 fue constituida por elementos puramente arribistas que carecían incluso de las tradiciones comunistas degeneradas de los viejos estalinistas.

La crisis actual es, ante todo, una reacción a la bancarrota del estalinismo liberal. Cuando Wladyslaw Gomulka subió al poder en 1956 a raíz del levantamiento de Poznan, lo hizo prometiendo la democracia obrera más amplia. Luego se dio la vuelta y suprimió los consejos obreros y los intelectuales de izquierda que lo habían apoyado contra los estalinistas duros, al mismo tiempo que fortalecía las posiciones de la iglesia católica y los pequeños propietarios campesinos. Cuando Gierek reemplazó a Gomulka luego del levantamiento de los obreros de la costa báltica en 1970, lo hizo prometiendo una prosperidad sin precedentes. Luego procedió a hipotecar ruinosamente la riqueza polaca a los banqueros occidentales y subsidió, también ruinosamente, al campesinado terrateniente. En consecuencia de esta experiencia repetida, cuando los obreros polacos se levantaron de nuevo en agosto de 1980, esta vez miraban hacia la poderosa oposición de la iglesia católica y de los disidentes nacionalistas, tras los cuales se encuentra el imperialismo occidental. Por un año la dirección clerical-reaccionaria de Solidarnosc agrupada alrededor de Lech Walesa se abstuvo de llamar por el derrocamiento del sistema “comunista” oficial (un estado obrero burocráticamente deformado) y por su reemplazo con la “democracia” (burguesa). Ahora han caído las máscaras.

¿Y ahora qué para Polonia?

El golpe preventivo del régimen de Varsovia ha sido eficaz por ahora. Cuando la ley marcial fue declarada, activistas de Solidarnosc no detenidos llamaron a una huelga general. Aun cuando las noticias provenientes de Polonia han sido escasas, parece que las huelgas están limitadas a ciertos baluartes de Solidarnosc y hay muy poca resistencia activa y seria a la ley marcial. Todavía existe la posibilidad, sobre todo en vista de las desesperadas condiciones económicas, de que los agitadores anticomunistas dentro y alrededor de Solidarnosc puedan provocar protestas de masas llevando a una escalada violenta y hasta una guerra civil. Bajo estas condiciones, una intervención militar soviética bien podría ser el único medio disponible para suprimir la contrarrevolución. Pero es claramente en el mejor interés de la clase obrera que la intentona contrarrevolucionaria de Solidaridad sea apartada en la forma más rápida y tranquila, y con el menor derramamiento de sangre posible.

En el proceso de frustrar la toma del poder por elementos capitalistas-restauracionistas, detuvieron cierto número de dirigentes de Solidarnosc. Han sido suspendidos los derechos de huelga y de protesta, impuesto un toque de queda, cerradas las fronteras de Polonia, interrumpidas o cortadas las comunicaciones telefónicas y telegráficas. Conforme pasa el peligro contrarrevolucionario inmediato, estas medidas de ley marcial deben ser levantadas, incluso poniendo en libertad a los dirigentes de Solidarnosc. Una vanguardia trotskista busca derrotarlos políticamente, mediante la movilización de la clase obrera polaca por sus verdaderos intereses de clase.

Para los trotskistas, la actual crisis polaca reafirma poderosamente la necesidad, de una revolución política proletaria contra las burocracias estalinistas, especialmente frágiles en Europa del Este. Por su escala y forma, la movilización social alrededor de Solidarnosc demuestra el poder de la clase obrera para tomar control de la sociedad. Pero bajo el tutelaje de la iglesia católica y la dirección de nacionalistas neopilsudskistas y socialdemócratas pro occidentales, elcontenido social de Solidarnosc es profundamente anti-proletário. Un movimiento obrero proletario-internacionalista solo puede reconstruirse en Polonia bajo la dirección de una vanguardia trotskista con un programa de unidad revolucionaria de los obreros polacos y rusos. Esta unidad, dirigida necesariamente contra las burocracias estalinistas, es clave para la defensa de las economías colectivizadas y las conquistas de Octubre.

¡Alto a la contrarrevolución de Solidarnosc!

Sindicato patronal de Polonia al servicio de los banqueros y la CIA

¡Alto a la contrarrevolución de Solidarnosc!

Introducción (Al folleto espartaquista sobre Solidarnosc)

[Adaptada de la introducción a la edición en inglés, 8 de octubre de 1981]

Mientras Lech Walesa se pavonea frente al congreso de Solidarnosc ostentando su medallón de la virgen y jactándose de cómo él fácilmente podría haber obtenido un 90 por ciento del voto, los imperialistas norteamericanos sienten que sus sueños revanchistas por la restauración capitalista en Europa del Este están cada vez más cerca de su realización. Y la “crisis de la dirección proletaria” esbozada por Trotsky hace casi medio siglo fue claramente revelada por la actuación de aquellos tanto dentro como fuera de Polonia que reclaman el derecho a dirigir la clase obrera.

El estalinismo ha disipado el legado histórico socialista e internacionalista del movimiento obrero polaco, desanimando a la clase obrera frente a la renaciente reacción pilsudskista. La burocracia estalinista polaca, después de hipotecar Polonia a los banqueros alemanes con la vana esperanza de comprar la tolerancia de su propia clase obrera, ahora parece paralizada por el intento de Solidarnosc de entregar el país entero a los imperialistas. En Polonia no ha surgido ninguna oposición socialista digna de tal nombre. A escala internacional, los supuestos izquierdistas ven en este peligro mortal para la propiedad socializada de Polonia una oportunidad para ganar sus barras y estrellas como apologistas de izquierda para los socialdemócratas y los “estadistas laborales” procapitalistas que desde hace mucho tiempo se alistaron como socios menores en la campaña de guerra imperialista contra la Unión Soviética. En esto, los jefes virulentamente anticomunistas de la AFL-CIO [central sindical] estadounidense se revelan corno no tan diferentes de los burócratas estalinistas en el poder desde Moscú a Pekín, dirigentes vendidos de instituciones obreras las cuales son incapaces de defender eficazmente contra el enemigo de clase.

Desde luego no es nuestra tarea buscar excusas para los gobernantes estalinistas que han desorganizado la economía polaca; que han capitulado ante la iglesia y los pequeños propietarios campesinos; que han dominado despóticamente a la clase obrera con privilegios burocráticos que imitan las odiosas desigualdades de la sociedad capitalista; que han repelido a los intelectuales y jóvenes; que han fomentado el nacionalismo y todo tipo de ideología atrasada, especialmente el antisemitismo; y que han convertido la palabra “comunismo” en una maldición. Hay una línea de sangre — trazada con la sangre de revolucionarios de Indochina a España — que nos separa a los trotskistas del estalinismo, ese “gran organizador de derrotas”. Pero es sí nuestra tarea buscar reunir a la clase obrera en Polonia e internacionalmente en torno a la defensa de la propiedad socializada históricamente progresista en Polonia, sobre todo dado que evidentemente los desprestigiados estalinistas son incapaces de hacerlo.  La consigna de “unidad comunista contra el imperialismo a través de la revolución política”, lanzada por primera vez por la tendencia espartaquista al tiempo de la ruptura sino-soviética, es todavía más urgente en la medida en que la crisis polaca subraya la necesidad por la unidad revolucionaria de los obreros polacos y rusos para derrotar los proyectos sanguinarios del imperialismo estadounidense, de integrar Polonia al “mundo libre” para usarla como un arma contra la URSS, el bastión militar e industrial de los estados obreros deformados.

Este folleto constituye una recopilación documental del análisis espartaquista de los eventos en desarrollo en Polonia. A partir de septiembre de 1980 hemos constatado en los trastornos que han sacudido a Polonia tanto una oportunidad para la agitación revolucionaria como un potencial tremendo para la movilización reaccionaria basada en la iglesia católica, el “mercado libre” campesino, el movimiento “disidente” que mira hacia el Occidente capitalista para “democratizar” Europa del Este. Conforme Solidarnosc se consolidaba alrededor de un programa antisocialista culminando en la consigna por “sindicatos libres”, uno de los cantos de guerra del anticomunismo de la Guerra Fría, nosotros contraponíamos la demanda por sindicatos independientes del control burocrático y basados en un programa de defensa de la propiedad socializada. Las demandas levantadas en los artículos reproducidos en este folleto — por la absoluta separación de la iglesia del estado, por la colectivización de la agricultura, por la anulación de la deuda polaca a los banqueros imperialistas, por la defensa militar de la URSS contra el imperialismo — constituyen el núcleo programático del partido internacional de vanguardia necesario para la defensa revolucionaria de las masas trabajadoras de Polonia, contra el imperialismo y la restauración capitalista, a través de la revolución política en los estados obreros deformados y la revolución proletaria en todo el mundo capitalista.

El Salvador 1932: La Matanza

Primera Sublevación Comunista de las Américas

El Salvador 1932: La Matanza

Traducido de Workers Vanguard No. 282, 5 de junio de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9, julio de 1981.

El 22 de enero del año pasado las calles de San Salvador resonaron con la marcha de 200.000 participantes en la más grande manifestación que jamás ha presenciado el diminuto país centroamericano de El Salvador. Virtualmente la totalidad de la clase trabajadora así como la población pobre de la capital respondió al llamado hecho por la recién formada alianza de izquierda para una demostración de fuerza contra la junta militar.

Se conmemoraba también otro 22 de enero, de hace medio siglo, cuando la población indígena y los campesinos de El Salvador se sublevaron en la primera insurrección dirigida por comunistas en las Américas. La revuelta de 1932 fue aplastada, con la masacre de unos 30.000 obreros y campesinos, en su mayoría indígenas trabajadores agrícolas, en las semanas subsiguientes. Prácticamente de la noche a la mañana desapareció un 2 1/2 por ciento de la población de El Salvador. Los sindicatos dejaron de existir. El movimiento revolucionario fue liquidado por muchos años. Esto fue La Matanza.

Aquel baño de sangre inauguró 50 años de dictadura militar prácticamente ininterrumpida en El Salvador. Hoy todavía el espectro de 1932 persigue a la clase dominante salvadoreña en la guerra civil que arde a través del país. Y la respuesta de los barones del café y de los coroneles de la junta militar ha sido la misma que entonces: el 22 de enero de 1980 dejó un saldo de 100 muertos, obreros, campesinos y moradores de tugurios masacrados por los asesinos militares y paramilitares del régimen. Para la derecha militar “otro 32” significa una “paz de 100.000 muertos”.

Pero para los izquierdistas salvadoreños La Matanza no es sólo un recuerdo trágico: han tomado como bandera el nombre de Agustín Farabundo Martí, líder de la insurrección de 1932. A pesar de la terrible venganza tomada por la clase dominante, 1932 mostró la fuerza tremenda de las masas trabajadoras, que se levantaron prácticamente sin armas y virtualmente sin dirección, y no obstante lograron apoderarse de buena parte del país antes de que iniciaran su labor asesina las ametralladoras. En condiciones mucho menos favorables de las que existen hoy día, con un movimiento revolucionario débil y una clase obrera poco numerosa, los trabajadores agrícolas y campesinos fueron capaces de arrimarle un susto casi mortal a la burguesía terrateniente en el poder.

Para quienes hoy predican una “solución política” en El Salvador, 1932 también tiene sus lecciones. No fue durante la sublevación misma donde murieron los 30.000. Este fue el castigo impuesto por una burguesía aterrorizada despuésde haber asegurado su victoria. Si los oligarcas salvadoreños y sus militares carniceros sobreviven este reto a su dominio, volverán a tomar venganza en la misma forma. Sólo el triunfo militar de los rebeldes izquierdistas puede evitarlo. Sólo la revolución socialista puede garantizar que no vuelva a suceder.

Farabundo Martí y 1932

Los orígenes del levantamiento de 1932 se encuentran en la expansión del capitalismo agrario en El Salvador, engranando al país en el mercado mundial, y en el craque de ese mercado con la depresión capitalista de 1929. El desarrollo de las grandes fincas cafetaleras desarraigó a miles de indígenas de sus tierras ancestrales, destruyendo el sistema agrícola comunal que los había sustentado por siglos. Pero con la creación de una masa de asalariados agrícolas y colonos campesinos oprimidos, los magnates del café crearon también un enemigo de clase peligroso. Cuando al impacto de la depresión el precio del café sufrió un colapso, los campesinos indígenas se encontraron literalmente muriendo de hambre por falta de tierra y de trabajo. Era una situación madura para la rebelión.

Los líderes de la rebelión habían de encontrarse en las filas del recién fundado Partido Comunista Salvadoreño (PCS) y en el incipiente movimiento obrero dominado por la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños (FRTS) dirigida por los comunistas. Inspirados en la Revolución Rusa, un pequeño grupo de izquierdistas fundaron un movimiento comunista centroamericano en 1925, y ya para 1930 el PCS se encontraba funcionando dentro del país. Su dirigente más efectivo era Farabundo Martí, cuyo cargo oficial era el de secretario general de la sección salvadoreña del Socorro Rojo Internacional, la liga para la defensa obrera creada por los comunistas y dirigida en los EE.UU. en sus primeros años por James P. Cannon, fundador del trotskismo norteamericano.

Las conexiones de la Internacional Comunista con Centroamérica eran extremadamente flojas. Y Martí no era de esos que se sometieran a la burocracia de la “Stalintern”. “En aquel entonces [1925-27] Martí llevaba en la solapa una estrella roja con la imagen de León Trotsky. En ese momento, por supuesto, Trotsky había caído ya en desgracia, pero aún no era anatema…. seria equivocado catalogar de estalinista a este apasionado y temperamental salvadoreño” (Thomas Anderson, Matanza: El Salvador’s Communist Revolt of 1932). Martí era un internacionalista, fue expulsado de Guatemala en 1925 por participar en la fundación del Partido Socialista Centroamericano; en 1928 fue arrestado en Nueva York durante una redada de la policía a la Liga Antiimperialista del PC.

Martí luchó en 1928-29 al lado de Augusto César Sandino en Nicaragua, fungiendo como secretario particular del general liberal en su guerra de guerrillas contra los Marines estadounidenses que ocupaban Nicaragua. Después rompió con Sandino diciendo que, “Su bandera era sólo bandera de independencia, bandera de emancipación, y no perseguía fines de rebelión social. Declaro terminantemente esto, porque más de alguna vez se atribuyeron al general Sandino ideas comunistas” (Mauricio de la Selva, “El Salvador: Tres Décadas de Lucha”, Cuadernos Americanos, enero-febrero de 1962).

¡“A luchar contra la burguesía nacional”!

La crisis política del capitalismo salvadoreño originada por la quiebra del café hizo que el presidente Pío Romero, cuyo gobierno había estado reprimiendo violentamente a la FRTS y a Socorro Rojo, llamara a elecciones presidenciales en 1931, abiertas a todos los candidatos. En estos comicios sin precedentes, ganó Arturo Araujo, un liberal con aspiraciones reformadoras. Pero los tiempos no favorecían las reformas y el gobierno de Araujo empezó a reprimir sangrientamente la ola masiva de huelgas rurales en las fincas cafetaleras de las regiones montañosas del occidente. La Guardia Nacional atacaba las manifestaciones estudiantiles. Mientras tanto, los organizadores comunistas se encontraban con una audiencia receptiva a su mensaje revolucionario. De acuerdo a un manifiesto del PCS:

“El Partido Comunista exhorta a todos los obreros y campesinos pobres de El Salvador a luchar enconadamente contra la burguesía nacional, que está incondicionalmente aliada a los imperialistas yanquis…. ¡Abajo el opresor imperialista y sus perros nacionales! ¡Abajo el gobierno fascista de Arturo Araujo!”

Arauja encarceló a Martí, quien se convirtió en héroe popular, logrando que se le liberara mediante una huelga de hambre acompañada de manifestaciones multitudinarias demandando su libertad. Pero las perspectivas de los comunistas se vieron amenazadas cuando, en diciembre de 1931, un golpe militar de derecha llevó al poder al general Maximiliano Hernández Martínez. Le quedaba muy poco tiempo al aún débil PCS con su dirección deficiente. Las condiciones objetivas para una revolución dirigida por los comunistas estaban claramente a la vista — pero, ¿habría una dirigencia capaz de sacar partido de ellas? Las debilidades del PCS salieron a la superficie cuando un periódico estudiantil influenciado por los comunistas, Estrella Roja, publicado por los discípulos de Martí, Alfonso Luna y Mario Zapata, dio la bienvenida al golpe de Martínez, diciendo que “los disparates” de Araujo habían impuesto al ejército la obligación moral de derrocarlo.”

Las ilusiones en el ejército habían de ser muy pronto desbaratadas en forma trágica. Con esperanzas de evitar la represión intensificada, los comunistas trataron de negociar con Martínez. Se los pasaron al ministro de defensa, quien se rehusó a negociar diciéndoles: “Uds. tienen machetes; nosotros tenemos ametralladoras.” Corrió el rumor de que Martínez planeaba aniquilar militarmente la amenaza izquierdista. Después de las elecciones de principios de enero en las que se escamoteó a los comunistas el triunfo en los comicios, los líderes del partido decidieron jugarlo todo en un desesperado intento por derrocar el régimen de Martínez.

Entre los campesinos indígenas, dirigidos por caciques aliados con los comunistas, había un fervor insurreccional. Se sabía de muchos soldados y oficiales del ejército que simpatizaban con los comunistas. Después de un intenso debate Martí estuvo de acuerdo con otros camaradas del PCS en que había llegado la hora para el levantamiento. Un dirigente comunista sobreviviente, Miguel Mármol, relata que Martí aceptó la idea de que “el deber del Partido era el de ocupar su puesto de vanguardia al frente de las masas, para evitar el peligro inminente, mayor, y deshonroso para nosotros, de una insurrección incontrolada, espontánea o provocada por la acción gubernamental, en que las masas fueran solas y sin dirección al combate” (Roque Dalton, Miguel Mármol: los sucesos de 1932 en El Salvador).

La Matanza

Todo cuanto podía salir mal salió mal. No había armas, no había planes militares reales. Martí y otros dirigentes fueron arrestados en vísperas del alzamiento que se preparaba, el cual tuvo que ser postergado por segunda vez. Finalmente era cosa tan conocida que incluso la fecha se publicaba en los periódicos de San Salvador. Los camaradas del PCS y sus partidarios en el ejército fueron desarmados, arrestados o asesinados, mientras las tropas que se habían sublevado prematuramente el 19 fueron aplastadas con facilidad. Fuera de las regiones montañosas del occidente y de unas cuantas ciudades el apoyo era a lo más muy irregular. En el último momento, parte de la dirección se achicopaló y trató de suspender el alzamiento; pero prevaleció la mayoría, la cual, sin embargo, intentó sin éxito convertir el llamado a la insurrección en un llamado a la huelga general.

Por fin, a la medianoche del 22 llegó la “hora cero” y los campesinos se alzaron lanzándose a una rebelión heroica pero destinada a fracasar. Curiosamente, toda la parte norte de América Central se estremeció esa misma noche con la erupción simultánea de cuatro grandes volcanes, incluyendo el cráter de Izalco en El Salvador. Thomas P. Anderson, el historiador norteamericano de La Matanza, escribe en su valioso e interesante relato que mientras la lava hirviente bajaba por las laderas de Izalco,

“en el resplandor de la montaña candente, se observaba un acontecimiento más amenazante. Bandas de indígenas armados con machetes salían de entre las quebradas y las enmarañadas montañas dirigiéndose hacia los pueblos de la región….

“La revuelta no fue una mera ‘jacquerie’, ni un arranque impulsivo por parte de los campesinos indígenas…, tiene la distinción de ser el primer movimiento revolucionario de América Latina en el que hombres reconocidos como comunistas internacionales jugaron un papel importante.”

— Thomas P. Anderson, Matanza: El Salvador’s Communist Revolt of 1932

Al principio los rebeldes barrieron con todo lo que se les puso enfrente, tomando pueblos, saqueando comercios y vengándose en un puñado de víctimas burguesas que bien merecido se lo tenían. En total, aparte de las bajas del ejército, sólo se perdieron un par de docenas de vidas en la sublevación misma. Pero cuando las ametralladoras se empezaron a escuchar, ni los más afilados machetes pudieron responder. Buques de guerra de EE.UU. y Gran Bretaña esperaban en la costa, ofreciendo intervención imperialista. Martínez rechazó la oferta. No era necesario, decía en un telegrama: “Hasta hoy, el cuarto día de operaciones, están liquidados cuatro mil ochocientos comunistas.”

Fue entonces que comenzó la masacre punitiva. Durante el subsiguiente terror blanco, cientos de alzados fueron forzados a cavar sus propias tumbas para después ser fusilados y enterrados. Miles de muertos fueron dejados insepultos — tantos que durante semanas nadie en la región se atrevía a comer carne de puerco, tanto por temor a que los cerdos se hubieran alimentado con los cuerpos como porque la carne misma era sospechosa. Los campesinos rebeldes eran lanzados al aire para hacérseles caer ensartados en las bayonetas. Los líderes fueron rodeados para luego ser colgados o fusilados. Las últimas palabras de Martí ante el pelotón de fusilamiento fueron “¡Viva Socorro Rojo Internacional!” Otros líderes gritaron “¡Viva la Internacional Comunista!” y hasta “¡Viva Stalin!”

“Ultraizquierdismo”

La respuesta del Comintern, sin embargo, no fue tan laudatoria. Tal vez lo ignoran los estalinistas y nacionalistas que ahora dicen hablar en nombre de Martí, pero la respuesta de la Comintern estalinizada a la insurrección salvadoreña fue voltearle la espalda, acusando al PCS de “ultraizquierdismo”. “Una de las principales lecciones de la insurrección salvadoreña es el gran peligro de las tendencias putschistas y sectarias de ‘izquierda’ contra las que debemos emprender la más enérgica lucha” (International Press Correspondence, 17 de marzo de 1932). A este veredicto traicionero y antirrevolucionario se opuso duramente Miguel Mármol, un dirigente sobreviviente del PCS. Hablando años después con el poeta izquierdista Roque Dalton, decía:

“No creo que se nos deba atribuir aventurerismo pequeñoburgués por haberlo hecho…. Creo que nuestros errores fueron de derecha y no de izquierda…. por las vacilaciones y los retrasos, por las groseras violaciones de las más elementales medidas de seguridad conspirativa, la insurrección vino a iniciarse… cuando ya el Gobierno había asesinado a todos los oficiales y soldados comunistas dentro del ejército burgués, había capturado y liquidado o estaba a punto de liquidarlos, a la mayor parte de los miembros de la dirección del Partido y de las organizaciones de masas.”

— Dalton, Miguel Mármol

A principios de los 30 sí se vieron ejemplos supremos de traiciones ultraizquierdistas de los estalinistas; más trágicamente en Alemania, donde los comunistas siguiendo la línea del “tercer período” de Moscú combatieron a los socialistas, y no a los nazis, como el “peligro principal”, preparando así el terreno para Hitler. Pero el alzamiento salvadoreño de 1932 no fue un putsch ultraizquierdista. Más bien, en la tradición del dirigente comunista alemán Eugene Leviné y la efímera república soviética de Baviera de 1919, un partido débil incapaz de manejar una situación revolucionaria difícil y aislada se colocó a la cabeza de una insurrección destinada al fracaso antes que traicionar a las masas que lo habían reconocido como dirección.

El poeta salvadoreño Roque Dalton, miembro hasta su muerte del Ejército Revolucionario del Pueblo, escribió un poema titulado “Ultraizquierdistas” en respuesta a la línea estalinista-reformista. Incluye la siguiente estrofa:

“Todo iba muy bien hasta que se apareció ese ultraizquierdista llamado

Farabundo Martí que encabezó un ultraizquierdista Partido Comunista

Salvadoreño en el que militaban un montón de ultraizquierdistas

Entre ellos Feliciano Ama Timoteo Lúe Chico Sánchez Vicente Tadeo Alfonse Luna y Mario Zapata.

No pudieron ser ultraizquierdistas hasta el final porque

Porque no tenían con qué

Y fueron asesinados en número de treinta mil.”

Hoy como en 1932 existen quienes se aprestan a tildar a las comunistas revolucionarios, los trotskistas, de “ultraizquierdistas”. ¡Y lo hacen en nombre de Martí! El hombre cuyo partido llamaba a “luchar enconadamente contra la burguesía nacional” ha sido tomado como símbolo por los dirigentes guerrilleros izquierdistas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) quienes, sin embargo, basan su estrategia de frente popular precisamente en una alianza con los capitalistas “nacionales” o “patrióticos”. Ahora abogan por un arreglo negociado con los herederos militares del carnicero Martínez. Sospechamos que a Martí le hubiera gustado más lo que nosotros escribimos en Workers Vanguard justamente antes de que el FMLN emprendiera su ofensiva general de enero:

“Pero a las masas salvadoreñas no les queda otra salida — la pasividad no ha parado la escalada de la masacre. Y si las masas trabajadoras se levantan en una insurrección a fondo, desde los montes cafetaleros del oeste hasta las fábricas y los tugurios de San Salvador, pueden triunfar sobre el terror blanco…. ¡Victoria militar a los insurgentes de izquierda!”

  

— WV No. 271, 2 de enero de 1981

Medio siglo después de la heroica insurrección de 1932 y de la horrífica Matanza, El Salvador se encuentra de nuevo en plena rebeldía. Las fuerzas de la izquierda son ahora más fuertes organizativa y militarmente que los jóvenes comunistas de 1932. Pero mientras sus líderes persigan la peligrosa quimera de un “arreglo político” con los terroristas de la sanguinaria junta militar, serán políticamente impotentes. Es imprescindible que los rebeldes izquierdistas ganen la guerra civil, que una vanguardia comunista (trotskista) dirija una revolución proletaria en El Salvador que desencadene la erupción de las masas obreras y campesinas por toda Centroamérica.

El ala derecha de la YSL y la ‘crisis del estalinismo mundial’ (1957)

El ala derecha de la YSL y la ‘crisis del estalinismo mundial’ (1957)

[Adaptada de la introducción a la edición en inglés, 8 de octubre de 1981. Esta versión en español fue impresa enSindicato patronal de Polonia al servicio de los banqueros y la CIA — ¡Alto a la contrarrevolución de Solidarnosc!]

A continuación reproducimos la traducción de extractos de The Hungarian Revolution, editado en 1959 por un precursor de nuestra tendencia. El autor, Shane Mage, fue uno de los jóvenes shachtmanistas de izquierda que pasaron al trotskismo, fusionándose con el Socialist Workers Party (SWP) norteamericano en 1958. “El ala derecha de la YSL y la ‘crisis del estalinismo mundial”, reproducido en el folleto de 1959, se originó como documento fraccional dentro de la Young Socialist League (YSL), la organización de la juventud de la tendencia encabezada por Max Shachtman que se separó del entonces revolucionario SWP al rechazar el principio fundamental del trotskismo de la defensa incondicional de la Union Soviética contra el imperialismo. La defensa por la mayoría de los shachtmanistas de las “metas democráticas generales” en la Revolución Húngara de 1956 representó un paso importante hacia su liquidación en la socialdemocracia oficial norteamericana. Fue el curso de los shachtmanistas hacia una unificación con el partido “socialista de Guerra Fría” de Norman Thomas (que en poco tiempo fue dominado por ellos) lo que empujó al ala izquierda de la YSL, formada por Mage, James Robertson, el execrable Wohlforth y otros, hacia el trotskismo y el SWP.

Estos jóvenes trotskistas, un sector importante de los cuadros fundadores del grupo de la juventud del SWP, se encontraron otra vez en un partido que estaba derechizándose a paso rápido. Mage fue uno de los camaradas que surgieron como la oposición de izquierda del SWP, fueron expulsados en 1964 y luego formaron la Spartacist League. La tendencia espartaquista es la expresión del programa trotskista abandonado por el SWP, hoy en día una formación reformista execrable. Mage, por su parte, se apartó de la política revolucionaria en los años 60.

Al analizar las bases sociales potenciales para la  contrarrevolución en Europa del Este, Mage señaló en “El ala derecha de la YSL…” que no es necesario que los partidos contrarrevolucionarios se pronuncien por, o lleven a cabo de inmediato, la desnacionalización de la industria estatizada. Más bien preferirían subordinar la industria nacionalizada a los intereses de la pequeña burguesía nacional y el capital internacional. Con esto Mage no expresaba algún concepto particular sino que seguía a Trotsky, quien escribió en 1937: “En el caso del triunfo de una contrarrevolución burguesa en la URSS; el nuevo gobierno tendría que basarse durante un largo periodo en la economía nacionalizada” (“¿Un estado ni obrero ni burgués?”).

Al mismo tiempo, Mage insistía en que no fue contrarrevolución lo que estaba aconteciendo en Hungría en octubre-noviembre de 1956. Los órganos efectivos del poder eran los consejos obreros que expresaban una concienciasocialista confusa, aunque con desviaciones sindicalistas e ilusiones “neutralistas”, mientras las fuerzas clerical-reaccionarias agrupadas en torno al cardenal Mindszenty eran relativamente débiles y contrapuestas (a los obreros). Estos son factores importantes para los revolucionarios, dictando una orientación hacia los eventos de 1956 en Hungría como desarrollándose hacia una revolución política proletaria. La polémica de Mage destaca así tajantemente la línea de la tendencia espartaquista en la actual crisis polaca, donde la constelación de las fuerzas contrarrevolucionarias (que en Hungría representaban elementos decididamente subordinados) hoy manejan la fuerza dominante detrás del “sindicato” Solidarnosc. El que el enfoque teórico y los criterios programáticos utilizados por Mage en torno a Hungría en 1956 mantengan su validez, aunque necesitando conclusiones muy distintas, para Polonia en la actualidad, demuestra el poder del trotskismo como la guía leninista contemporánea para la acción revolucionaria.

La obra de Mage sobre Hungría no carece de debilidades. Como revolucionario subjetivo en transición del shachtmanismo, él mantuvo a esta altura una postura blanda hacia un “antiestalinismo” sin distinciones y el “neutralismo” defendidos por algunos de los disidentes húngaros. Más aun, al descartar el apoyo a una intervención rusa en cualquier circunstancia, Mage elevó en forma impermisible el derecho democrático-burgués a la autodeterminación nacional sobre la cuestión de clase de la defensa del poder estatal proletario en contra del capitalismo-imperialismo.

* * * * *

Extractos de “El ala derecha de la YSL y la ‘crisis del estalinismo mundial” de Shane Mage

[Publicado por primera vez en Young Socialist Review, 1 de junio de 1957]

La cuestión clave es la siguiente: en términos teóricos, ¿era posible que las revoluciones polaca y húngara resultaran en la restauración del capitalismo? El proyecto de resolución del NAC [Comité Nacional de Acción — cuerpo directivo de la YSL] lo descarta, sosteniendo que la “democracia” es suficiente para definir “la revolución por el socialismo democrático”. Este punto de vista, a mi ver, sólo es posible sobre la base de una ignorancia extraordinaria, de las fuerzas sociales y económicas reales que determinan la evoluciFirst Printed in Young Socialist Reviewón de Polonia y Hungría, y del contexto mundial en el que ocurrían estas revoluciones…

Establecer la democracia formal, si ha de significar algo, quiere decir elecciones libres a un parlamento soberano. Las elecciones libres, por otro lado, significarían la instalación de un gobierno que refleje el sector numéricamente más importante de la población. En Polonia y Hungría esta mayoría no es la clase obrera. Es la pequeña burguesía rural y urbana, los campesinos, los pequeños comerciantes, los artesanos, la vieja clase media….

He aquí uno de los elementos más escandalosos del proyecto de resolución del NAC. Los autores del proyecto, han hecho la omisión más estúpida posible en una resolución sobre Polonia y Hungría: ¡no hay mención alguna de la iglesia católica, sea como instituto religioso o como fuerza social!

Sin embargo, tanto en Polonia como en Hungría la iglesia es la única organización dejada intacta bajo el régimen estalinista, con un aparato estable y altamente articulado, una larga tradición de continuidad, y un gran prestigio popular….

¿Cuál es el papel anhelado de la iglesia en estas revoluciones? El Proyecto de Resolución sostiene que en Polonia y Hungría “las fuerzas que se declaran por una restauración del capitalismo… eran sumamente restringidas, sin peso alguno.” Es verdad que en Polonia y en Hungría la iglesia no expuso un programa abiertamente capitalista. Pero no le es necesario hacerlo. La iglesia católica, por su propia naturaleza como organismo internacional controlado totalmente desde el Vaticano, cumple un papel determinado en la política mundial — él de un aliado importante del imperialismo estadounidense y de la reacción capitalista en todos los países. Si se sintiera en condiciones para hacerlo, ¿qué razón hay para pensar que la iglesia encabezada por un Mindszenty se comportaría en manera diferente de la iglesia en Italia, España o Austria? Y si unas elecciones libres dieran como resultado un parlamento con mayoría católica, reflejando así la mayoría católica en el campo, ¿no se sentiría la iglesia en condiciones de hacerlo?

Me parece que es altamente probable que unas elecciones auténticamente libres, tanto en Polonia corno en Hungría, resultarían en una mayoría clerical pequeñoburguesa. No hubo elecciones libres en Polonia después de la guerra, pero si se hubieran celebrado, pocos (salvo los estalinistas) negarían que las hubiera ganado el Partido Campesino de Mikolajczyk. Pero sí hubo elecciones libres en Hungría, y de estas salió una mayoría considerable para el Partido de los Pequeños Propietarios, dirigido por los clerical reaccionarios Ferenc Nagy y Mons. (¡!) Bela Varga.

¿Es que un gobierno Mindszenty-Ferenc Nagy o Mikolajczyk-Wyszinski hubiera podido restablecer el capitalismo?…

Creo que un gobierno pequeñoburgués en Polonia o Hungría, si se le permite estabilizarse y apoderarse del país, bien podría llevar a cabo un retorno al capitalismo, y en muy poco tiempo. El primer paso sería absolutamente necesario, para cualquier gobierno no estalinista, restaurar las relaciones capitalistas en la agricultura, la pequeña producción y el comercio al por menor. La NEP [Nueva Política Económica] en Rusia producía en forma continua tendencias restauracionistas, simbolizadas por el auge de los nepistas y los kulaks. En efecto, la política de Bujarin de otorgar concesiones a estos elementos capitalistas habría llevado a este tipo de restauración del capitalismo a pesar del deseo subjetivo del ala derecha de los Bolcheviques de evitarlo. La NEP en un país atrasado y agobiado es una cosa peligrosa en el mejor de los casos. Si se la confía a los representantes políticos de los kulaks y los nepistas (y los partidos campesinos y pequeñoburgueses no pueden ser otra cosa), llevaría sin duda directamente al capitalismo.

Otro aspecto decisivo de un retorno al capitalismo bajo una dirección pequeñoburguesa democrática serían los lazos de Polonia y Hungría con el mercado capitalista mundial, especialmente, por supuesto, con la poderosa fuerza económica del imperialismo norteamericano. No tiene nada de secreto que el principal programa político afirmativo del imperialismo estadounidense con respecto a Europa del Este se basa en una ayuda económica masiva en la forma de “préstamos” o aun regalos. Esta “ayuda” tendría un efecto doble: sería un as de triunfo político en manos de los políticos burgueses, los únicos con acceso a la abundancia norteamericana, y muy pronto serviría para reorientar las economías de Polonia y Hungría hacia su tradicional dependencia del capitalismo occidental. Lenin alguna vez dijo que le preocupaban mucho menos los ejércitos de Guardias Blancos que las mercancías baratas del Occidente que éstos traían consigo. Las mercancías norteamericanas que entrarían a Europa Oriental bajo gobiernos pequeñoburgueses serían más que baratas — ¡serían gratuitas!

¿Y qué pasaría con las industrias nacionalizadas? Su suerte seria servir los intereses de los campesinos y la pequeñaburguesía y las necesidades de comercio con los capitalistas occidentales. Hungría y Polonia pueden convertirse en estados capitalistas sin desnacionalizar una sola fábrica industrial de importancia; sólo hay que convertir la industria —democráticamente, por supuesto— en un apéndice de la economía campesina y del mercado mundial.

Intentona frustrada en Polonia

Intentona frustrada en Polonia

 

 

Traducido de Workers Vanguard No. 295, diciembro de 1982. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No 10, 1982.

 

Con la imposición del “estado de guerra” en Polonia, ha sido parado un intento contrarrevolucionario de toma del poder. Pocas horas antes de la proclamación del gobierno militar, la dirección clerical-nacionalista de Solidarnosc [Solidaridad] anunció la organización de un referéndum nacional sobre la formación de un gobierno anticomunista y la ruptura de la alianza militar con la Unión Soviética dirigida contra el imperialismo occidental. Pero el régimen de Varsovia estaba preparado para salirle al paso al reto. Las medidas tomadas van más allá de las que por lo general corresponden a la ley marcial; parecen haber hecho preparativos extensos para poner mano dura. Así, mientras Reagan y Haig perseguían la quimera de Qaddafi, el gobierno polaco lanzó lo que era en efecto un contragolpe, en lo que parecería haber sido el último momento posible para una acción desde una posición de poder.

 

Los estalinistas polacos consiguieron llevar a cabo eficazmente un golpe de estado en su propio país. Contrario a todos los instintos y apetitos de la burocracia gobernante, que busca constantemente un arreglo con el imperialismo, se vieron forzados a tomar medidas defensivas de las conquistas históricas del proletariado. Porque hay que admitir que la Solidarnosc de Lech Walesa estaba encaminada al derrocamiento no solo del desprestigiado y corrupto régimen estalinista, sino también de las conquistas sociales heredadas de la Revolución Bolchevique -fundamentalmente la economía colectivizada planificada- que fueron extendidas burocráticamente a Polonia luego de la liberación del país de la ocupación nazi por el Ejército Rojo. Es por eso que este “sindicato libre” polaco es apoyado por las fuerzas de la reacción imperialista -desde Wall Street al Mercado Común y el Vaticano- y por qué Ronald Reagan declaró que la crisis polaca representaba “el comienzo del fin del comunismo”.

 

Con tales declaraciones incendiarias, el jefe del imperialismo estadounidense buscó provocar un baño de sangre en Polonia a fin de encandecer su campaña de guerra antisoviética al rojo vivo. Corresponde a los intereses de la clase obrera, tanto en Polonia como a escala internacional, que la supresión actual de la contrarrevolución de solidarnos sea “fría” -es decir, sin derramamiento de sangre. Los obreros polacos deben ser advertidos de que las huelgas, protestas y otros actos de desafío de la ley marcial solo hacen el juego a aventureros reaccionarios. La violencia masiva tendría como resultado o la reimposición de un estado policíaco totalitario estalinista, aplastando al movimiento obrero por varios años, o el triunfo de la contrarrevolución capitalista, una derrota histórico-mundial para la causa socialista. Los trotskistas buscamos ante todo mantener una situación relativamente abierta, en la cual puede iniciarse un proceso de recristalización para forjar una vanguardia proletaria e internacionalista.

 

Si la ley marcial actual logra restaurar algo parecido al tenue equilibrio social que existía en Polonia antes de las huelgas de Gdansk de agosto de 1980 -o sea, un arreglo tácito de que si la gente no molestaba al gobierno, el gobierno no molestaría a la gente- volverían a establecerse condiciones propicias a la cristalización de un partido leninista-trotskista. Sobre todo en un país tan evolucionado históricamente como Polonia, el proletariado tiene la capacidad de reconocer sus propios intereses históricos, dados el tiempo suficiente y una situación política relativamente abierta. Debe haber elementos -fuera de Solidarnosc, dentro de Solidarnosc, en el partido comunista- con impulsos socialistas genuinos que han sido sofocados por la confrontación particular que ha dominado Polonia durante el último año. Ellos deben ser ganados al programa de defensa del poder estatal proletario contra esta clase de movilización clerical-nacionalista que ha llevado a Polonia al borde de la contrarrevolución, luchando al mismo tiempo por una revolución política proletaria contra la burocracia estalinista.

 

Solidarnosc intenta tomar el poder

 

En su primer congreso nacional, celebrado en Gdansk en septiembre, Solidarnosc se consolidó alrededor de un programa de contrarrevolución declarada. Su llamamiento por “sindicatos libres” en el bloque soviético, una consigna central del anticomunismo de Guerra Fría desde hace mucho tiempo, fue una provocación intencionada a Moscú. Tras su llamado por “elecciones libres” al Sejm (parlamento) se hallaba el programa de la “democracia estilo occidental” -es decir, la restauración del capitalismo so pretexto de establecer un gobierno parlamentario. Para subrayar sus lazos con el Occidente, Solidarnosc exigió incluso la entrada de Polonia al cártel banquero mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), e invitó a su congreso a Lane Kirkland, un combatiente de Guerra Fría “duro” y jefe de la AFL-CIO norteamericana, y al notorio agente de la CIA Irving Brown, jefe de operaciones europeas de la AFL-CIO.

 

Por supuesto la masa de obreros engañados en Solidarnosc no buscaba ni buscan conscientemente el desempleo endémico, los salvajes recortes salariales y el deterioro de las condiciones de trabajo que traería el capitalismo. Si el FMI llega alguna vez a echar su garra a la economía polaca, los obreros pronto añorarían los “buenos tiempos pasados” bajo Gomulka y Gierek. Sería el presagio de la reunificación alemana sobre bases capitalistas y prepararía, de una forma u otra, una Tercera Guerra Mundial nuclear en un futuro pronto. De acuerdo con el espíritu católico de Solidarnosc, puede decirse: “Perdónales señor, porque no saben lo que hacen”.

 

Los estalinistas reconocieron, a su manera, que Solidarnosc estaba encaminada a una confrontación final; no obstante, intentaron conciliarla. Las negociaciones entre Jaruzelski y Walesa finalmente fracasaron principalmente sobre la demanda de Solidarnosc por elecciones libres a nivel municipal. Bajo las condiciones existentes en Polonia, ello habría significado entregar el poder gubernamental en la base de la sociedad a nacionalistas anticomunistas tales como la pilsudskista y antisemita Confederación por una Polonia Independiente (KPN).

 

El acontecimiento que llevó directamente a la imposición de la ley marcial fue la tentativa por Solidarnosc de sindicalizar a los cadetes bomberos en Varsovia, un grupo cuya posición legal (como en el resto de Europa) es similar a la de la policía. De allí a la sindicalización dentro de las fuerzas armadas y la milicia no había sino un paso. Al día después de que la policía dispersara a los cadetes el 2 de diciembre, la dirección de Solidarnosc se reunió en Radom a puertas cerradas para planear una toma contrarrevolucionaria del poder. El jefe de la poderosa región de Varsovia, Zbigniew Bujak, declaró que “el gobierno debe ser finalmente derrocado” y propuso la organización de una milicia de Solidarnosc con ese objetivo. Alguien entregó grabaciones de la reunión al gobierno quien las transmitió repetidamente por la radio estatal. Muchos polacos fueron sin duda escandalizados, especialmente por la duplicidad del “moderado” Walesa quien aconsejó a sus colegas que siguieran diciendo, “te queremos, socialismo”, y al mismo tiempo conspirando para derrocar al gobierno.

 

Con la revelación de sus planes secretos, la dirección de Solidarnosc se embarcó en una tentativa abierta de tomar el poder, anunciando un referéndum nacional para el establecimiento de un gobierno provisorio y “elecciones libres”. Pocas horas después el régimen contraatacó, declarando el “estado de guerra” bajo un Consejo Militar de Salvación Nacional. Según informes, fueron, detenidos mil dirigentes de Solidarnosc y, como contrapartida, arrestaron a cinco ex dirigentes del partido comunista — incluyendo al ex jefe del partido Edward Gierek y sus colegas más cercanos. Aunque el General Jaruzelski, primer ministro y jefe del partido, insiste que no se trata de un golpe militar, he aquí un elemento inquietante de bonapartismo militar. Quizás hay en esto una concesión al nacionalismo anticomunista. Mientras que el partido estalinista está completamente desprestigiado, el ejército mantiene cierta autoridad popular en tanto representación del estado nacional, supuestamente colocado por encima de la política. Los estalinistas solo hacen referencias hipócritas a las formas socialistas, el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Pero en comparación con el puño de hierro castrense, las formas son importantes.

 

El imperialismo a la ayuda de Solidarnosc

 

“Sindicatos libres” y “elecciones libres” para Polonia se han convertido en consignas claves de la Segunda Guerra Fría de Reagan, y la imposición de la ley marcial será utilizada, con toda seguridad para azuzar la campaña de guerra antisoviética, sobre todo en Europa Occidental. En el caso de Francia, en particular, han habido manifestaciones masivas en pro de Solidarnosc, encabezadas por personajes del Partido Socialista, dando lugar a una “unión sagrada” abarcando desde fascistas, monarquistas y gaullistas hasta socialdemócratas y seudotrotskistas estalinofóbicos como la OCI y la LCR. En los EE.UU., el criminal de guerra imperialista Henry Kissinger, un hombre directamente responsable de la masacre de millones de vietnamitas indefensos, condena la supresión de Solidarnosc como “una grave ofensa contra la libertad humana”. Cuando Kissinger habla de la “libertad” piensa en la libertad para explotar a los obreros y campesinos del mundo, una “libertad” impuesta a través del terror de masas.

 

Tras la consigna de contrarrestar “la exportación de la revolución” a El Salvador, apuntalan a la junta asesina con pertrechos de guerra norteamericanos y boinas verdes. El régimen racista sudafricano se convierte en una parte central del “mundo libre”, atacando a Angola con armamentos suministrados por Israel. En Afganistán, la CIA arma a los reaccionarios islámicos que luchan a lo largo de la frontera sur de la URSS por mantener la esclavitud feudal y prefeudal. China, aliada con Washington, amenaza constantemente al Vietnam, que combatió heroicamente durante varias décadas contra el barbarismo imperialista estadounidense. Pero es en Polonia que Reagan ve la mejor posibilidad para realizar sus planes contrarrevolucionarios contra la Unión Soviética al “echar atrás” las conquistas económicas y sociales de la posguerra en Europa del Este. La toma del poder por Solidarnosc representaría un triunfo para Wall Street y el Pentágono, para el Mercado Común y el FMI, para sanguinarios dictadores latinoamericanos y racistas sudafricanos. La creación de una Polonia dentro del “mundo libre” acercaría enormemente la horrible posibilidad de un holocausto nuclear antisoviético.

 

Con la supresión de Solidarnosc por el ejército polaco, los planes del imperialismo EE. UU. de integrar a Polonia al “mundo libre”, o al menos de una batalla sangrienta entre el ejército soviético y las masas polacas, han sido frustrados. Reagan ha reaccionado con sanciones económicas contra los polacos y los rusos. En tanto que los europeos occidentales y los japoneses no sigan su ejemplo -y es casi seguro que no lo harán- estas sanciones terminarán por dañar más a los capitalistas norteamericanos que a los rusos. Sin embargo, independientemente del efecto cuantitativo de las acciones de Reagan, todo obrero consciente debe oponerse a esta guerra económica imperialista contra la Unión Soviética. ¡Abajo las sanciones antisoviéticas!

 

La bancarrota del estalinismo liberal

 

Si hoy un sector importante de la clase obrera polaca busca su salvación en el imperialismo occidental, no se explica simplemente por el terror del período de Stalin que gradualmente se convirtió en abuso y mala administración bajo Gomulka y luego Gierek. Un crimen anterior del estalinismo destruyó las importantes tradiciones del comunismo internacional en Polonia. Miles de militantes comunistas polacos que huyeron a la URSS escapando la dictadura fascistoide de Pilsudski fueron muertos en las purgas de fines de los años 30. El Partido Comunista Polaco fue liquidado oficialmente, y la ocupación nazi completó la obra de descabezar al proletariado polaco, especialmente su importante componente judío. Por lo tanto, la burocracia gobernante del período después de 1945 fue constituida por elementos puramente arribistas que carecían incluso de las tradiciones comunistas degeneradas de los viejos estalinistas.

 

La crisis actual es, ante todo, una reacción a la bancarrota del estalinismo liberal. Cuando Wladyslaw Gomulka subió al poder en 1956 a raíz del levantamiento de Poznan, lo hizo prometiendo la democracia obrera más amplia. Luego se dio la vuelta y suprimió los consejos obreros y los intelectuales de izquierda que lo habían apoyado contra los estalinistas duros, al mismo tiempo que fortalecía las posiciones de la iglesia católica y los pequeños propietarios campesinos. Cuando Gierek reemplazó a Gomulka luego del levantamiento de los obreros de la costa báltica en 1970, lo hizo prometiendo una prosperidad sin precedentes. Luego procedió a hipotecar ruinosamente la riqueza polaca a los banqueros occidentales y subsidió, también ruinosamente, al campesinado terrateniente. En consecuencia de esta experiencia repetida, cuando los obreros polacos se levantaron de nuevo en agosto de 1980, esta vez miraban hacia la poderosa oposición de la iglesia católica y de los disidentes nacionalistas, tras los cuales se encuentra el imperialismo occidental. Por un año la dirección clerical-reaccionaria de Solidarnosc agrupada alrededor de Lech Walesa se abstuvo de llamar por el derrocamiento del sistema “comunista” oficial (un estado obrero burocráticamente deformado) y por su reemplazo con la “democracia” (burguesa). Ahora han caído las máscaras.

 

¿Y ahora qué para Polonia?

 

El golpe preventivo del régimen de Varsovia ha sido eficaz por ahora. Cuando la ley marcial fue declarada, activistas de Solidarnosc no detenidos llamaron a una huelga general. Aun cuando las noticias provenientes de Polonia han sido escasas, parece que las huelgas están limitadas a ciertos baluartes de Solidarnosc y hay muy poca resistencia activa y seria a la ley marcial. Todavía existe la posibilidad, sobre todo en vista de las desesperadas condiciones económicas, de que los agitadores anticomunistas dentro y alrededor de Solidarnosc puedan provocar protestas de masas llevando a una escalada violenta y hasta una guerra civil. Bajo estas condiciones, una intervención militar soviética bien podría ser el único medio disponible para suprimir la contrarrevolución. Pero es claramente en el mejor interés de la clase obrera que la intentona contrarrevolucionaria de Solidaridad sea apartada en la forma más rápida y tranquila, y con el menor derramamiento de sangre posible.

 

En el proceso de frustrar la toma del poder por elementos capitalistas-restauracionistas, detuvieron cierto número de dirigentes de Solidarnosc. Han sido suspendidos los derechos de huelga y de protesta, impuesto un toque de queda, cerradas las fronteras de Polonia, interrumpidas o cortadas las comunicaciones telefónicas y telegráficas. Conforme pasa el peligro contrarrevolucionario inmediato, estas medidas de ley marcial deben ser levantadas, incluso poniendo en libertad a los dirigentes de Solidarnosc. Una vanguardia trotskista busca derrotarlos políticamente, mediante la movilización de la clase obrera polaca por sus verdaderos intereses de clase.

 

Para los trotskistas, la actual crisis polaca reafirma poderosamente la necesidad, de una revolución política proletaria contra las burocracias estalinistas, especialmente frágiles en Europa del Este. Por su escala y forma, la movilización social alrededor de Solidarnosc demuestra el poder de la clase obrera para tomar control de la sociedad. Pero bajo el tutelaje de la iglesia católica y la dirección de nacionalistas neopilsudskistas y socialdemócratas pro occidentales, elcontenido social de Solidarnosc es profundamente anti-proletário. Un movimiento obrero proletario-internacionalista solo puede reconstruirse en Polonia bajo la dirección de una vanguardia trotskista con un programa de unidad revolucionaria de los obreros polacos y rusos. Esta unidad, dirigida necesariamente contra las burocracias estalinistas, es clave para la defensa de las economías colectivizadas y las conquistas de Octubre.

¡Por el triunfo militar delos insurgentes de izquierda!

El Salvador:

¡Por el triunfo militar delos insurgentes de izquierda! 

El volante de la SL/U.S. reproducido a continuación fue distribuido en forma amplia durante la preparación de la Fila Antiimperialista para las manifestaciones del 3 de mayo sobre El Salvador. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9, julio de 1981.

Una guerra civil sanguinaria se desencadena en El Salvador. Nicaragua es amenazada con una invasión contrarrevolucionaria. Reagan ha proclamado a Centroamérica la primera línea en su guerra fría antisoviética. ¡Hay que tomar partido!

Los EE.UU. envían helicópteros Huey y “consejeros” Green Beret para sostener a la junta, amenazan a Cuba con un bloqueo militar, blanden proyectiles nucleares sobre Polonia. Pero en su afán de aplacar a los liberales imperialistas tipo Kennedy, los organizadores reformistas de las protestas en torno a El Salvador rehúsan tomar el partido de los rebeldes salvadoreños.

¡Una protesta combativa es necesaria AHORA contra la campaña belicosa imperialista! La Spartacist League y la Spartacus Youth League hacen un llamamiento por la formación de una Fila Antiimperialista en Washington, D.C. yen San Francisco el 3 de mayo para exigir: “¡Alto a toda ayuda militar y económica a la junta salvadoreña! EE.UU./OEA ¡manos fuera de Centroamérica! ¡Por el triunfo militar de los insurgentes de izquierda en El Salvador! ¡La defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador!”

Ronald Reagan y el General Haig han tomado partido. Ellos apoyan a la junta asesina y a los escuadrones de muerte anticomunistas que mataron a más de 12.000 salvadoreños el año pasado. Haig disculpa hasta el asesinato de cuatro monjas norteamericanas para justificar el respaldo estadounidense a una pandilla de déspotas carniceros-todo esto al servicio de la cruzada imperialista contra el “terrorismo soviético”. Reagan y Haig siguen defendiendo a sus carniceros.

Nosotros también debemos tomar partido. No basta con oponerse a la intervención norteamericana. La autodeterminación, el lema de los liberales, no es la cuestión. Nosotros queremos que los insurgentes de izquierdavenzan en la guerra civil, que derroten a la junta militar y a sus padrinos imperialistas. Militantes antiimperialistas deben apoyar hasta el fin la lucha de los obreros y campesinos salvadoreños contra sus opresores.

Reagan/Haig han designado a Centroamérica como el lugar de una confrontación decisiva en su ofensiva antisoviética. Los imperialistas norteamericanos tienen su propia lista de blancos: desde Nicaragua y Afganistán hasta Cuba, Polonia y la URSS. Su meta final es desmontar las conquistas de la Revolución de Octubre, amenazando la barbarie radioactiva tras una Tercera Guerra Mundial nuclear.

Las lecciones de Vietnam

Se habla mucho de un “nuevo Vietnam” en Centroamérica. Esta frase significa diversas cosas para diversas personas. La sucia guerra del imperialismo en el Sudeste Asiático fue para Reagan una “causa noble”. Él quiere vengar la derrota humillante estadounidense impuesta por los indochinos (y los soviéticos), anegando en sangre a las masas centroamericanas.

Para los liberales, Vietnam fue sobre todo una guerra imperialista perdedora, y éstos temen otra derrota junto a otra dictadura raquítica. Su programa: la misma falsa reforma agraria de la CIA, llamada “pacificación” en Indochina. En El Salvador se llama “reforma por muerte”. ¡No se debe olvidar: fueron los liberales que nos dieron Playa Girón y el Golfo de Tonkín!

Los reformistas ven en este “nuevo Vietnam” el pretexto para resucitar su coalición con las “palomas” del Partido Demócrata. Ayer, Gene McCarthy y Vance Hartke; hoy día, Teddy Kennedy y Robert White, el embajador de Carter a El Salvador. Los reformistas se juntaron al desfile de derrotismo burgués en torno a Vietnam. Pero ¡nunca surge el derrotismo burgués a menos que la burguesía esté siendo derrotada!

Según ellos fue el frente popular compuesto de los Demócratas “pro-paz” y los pacifistas de izquierda que “ganó” en Indochina. No en absoluto. Todo lo que se ganó en Vietnam se ganó en el campo de batalla. Cuando el ejército de los EE.UU. se vio forzado a retirarse en 1973, ¡el movimiento “antiguerra” simplemente se desbandó! Costó dos años más de lucha sangrienta contra la dictadura de Thieu, respaldada por los EE.UU., para que el FLN/RDV pudieran tomar a Saigón − esto sin ayuda alguna de sus “amigos” radicales-liberales.

En Vietnam los reformistas llamaron por “negociaciones ahora mismo” y por “nuestras tropas a casa”. Los revolucionarios proclamaban “Toda Indochina debe ser comunista” y que allá los nuestros eran los luchadores heroicos del Viet Cong. Nosotros llamamos por huelgas obreras políticas contra la guerra y por un partido obrero − lo que podría haber movilizado el poder del proletariado norteamericano para parar en seco a los imperialistas.

Hoy, igual que ayer, las procesiones liberales “pro-paz” son intentos inútiles de presionar al imperialismo para que asuma una política más “realista”. Pero el imperialismo yanqui no metamorfoseará. Hace falta que centenares y miles se manifiesten por el triunfo militar de los insurgentes de izquierda en El Salvador y que el movimiento laboral utilice su poder para poner alto a los belicistas del Pentágono y a los MacArthur del Departamento de Estado. ¡Por boicots laborales de todo armamento militar destinado a la junta! ¡La verdadera lección de Vietnam es que el antiimperialismo en el extranjero quiere decir la lucha de clases en casa!

¿Por qué una Fila Antiimperialista?

La manifestación del 3 de mayo en Washington convocada por el People’s Antiwar Mobilization (PAM) y la Coalición 3° de Mayo rehúsa tomar partido alguno en la guerra civil salvadoreña y cuidadosamente evita incluso la mención de la palabra “imperialismo”. Al contrario − con la clásica retórica reformista tipo “alimento antes que armas” llaman por nada más que un cambio en las prioridades de los EE.UU. La consigna central del Comité en Solidaridad con el Pueblo de El Salvador (CISPES), uno delos organizadores principales de la manifestación del 3 de mayo, es la “autodeterminación”. Así que si la junta mata a miles por sí sola, eso no les importa a estos reformistas y liberales.

El programa de PAM y CISPES es el programa de los liberales imperialistas. Apoyan un proyecto de ley en el Congreso para cortar la ayuda militar a la junta, pero no la mucho más grande ayuda “económica” que mantiene a flote al régimen insolvente. Hablan solamente de “autodeterminación” para poder realizar un bloque político con Teddy Kennedy, quien condena el apoyo militar “de los estados comunistas y otros estados radicales a las fuerzas insurgentes”. Llaman por una “solución política” en El Salvador, que significa suplicar a los imperialistas “compasivos” que hagan un trato con la junta asesina.

Hay una contradicción política fundamental dentro de las protestas acerca de El Salvador, entre los que quieren presionar al imperialismo y los que luchan para vencerlo, entre la colaboración de clases y la lucha de clases. Los militantes antiimperialistas auténticos deben apoyar que los insurgentes de izquierda en El Salvador obtengan cuantas armas puedan, de donde sea − desde luego, incluso si pueden, del traidor y renuente bloque soviético. Los revolucionarios decimos: ¡Ningunas ilusiones frentepopulistas − Romper con la burguesía! La única manera de barrer a los generales asesinos y sus escuadrones de muerte es la revolución obrera.

Este es el programa para la victoria en Centroamérica. Pero tan desesperados están los reformistas por evitar la mención de la palabra “revolución” que algunos han recurrido a la violencia física en sus vanos esfuerzos de silenciar a los trotskistas de la Spartacist League y Spartacus Youth League. En Los Angeles, hasta telefonearon a toda su lista de conocidos con la mentira de que se había “cancelado” una manifestación iniciada por la SL/SYL, la primera protesta en este país contra las deportaciones de los refugiados salvadoreños. Pero no permitiremos que tales provocaciones criminales obstaculicen las protestas contra la ofensiva de guerra fría del imperialismo norteamericano.

El 3 de mayo es el Día D. Si no movilizamos en una Fila Antiimperialista combativa, la política que se escuchará será la de los Teddy Kennedy y sus aficionados. Hacemos un llamado a todo aquel que quiera aplastar el terror sangriento de la junta salvadoreña, respaldada por los EE.UU., que marchen con nosotros el 3 de mayo en Washington y en San Francisco, exigiendo: “¡Triunfo militar a los insurgentes de izquierda en El Salvador!”

¡Unirse a la Fila Antiimperialista!

  

 ¡Alto a toda ayuda norteamericana a la junta salvadoreña!

EEUU/OEA i manos fuera de Centroamérica!

¡ Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador!

(Importantes críticas adjuntas)

“A lo largo de los años 80, la SL desarrolló una fuerte tendencia a reducir el trotskismo a la cuestión del defensismo soviético. Ese giro fue parcialmente reconocido en la época en que yo era miembro de la juventud de la Liga Espartaquista. Desde que pasó a ver la defensa de la URSS como la cuestión central en todos los lugares y ocasiones, desde Nicaragua hasta Alice Springs, Australia, surgió una tendencia para ver el mundo a partir del estrecho punto de vista de la pregunta ‘¿está bien así para Rusia?”

“Frecuentemente se escribía y se afirmaba internamente que la defensa de la URSS era la ‘brújula política’  de la SL, que iría a prevenir su degeneración, un tipo de talismán mágico para espantar los espíritus del antitrotskismo. En contraste, el Programa  de Transición declara que la Cuarta Internacional debe ‘basar su programa en la lógica de la lucha de clases’, lo cual es bien diferente a usar la defensa de la URSS como una brújula política.”

Grupo Internacionalista/ Liga por la IV Internacional:
Aun dando vueltas en torno de una ‘explicación seria’

17 de agosto de 2010

¡Por el triunfo militar de los izquierdistas salvadoreños!

¡Por el triunfo militar de los izquierdistas salvadoreños!

Durante el 24° congreso bienal del International Longshoremen’s and Warehousemen’s Union (ILWU — sindicato de estibadores y almaceneros de la Costa Oeste estadounidense), celebrado en abril 27 – mayo 2 de 1981, Howard Keylor, del Militant Caucus (tendencia clasista dentro del sindicato), presentó la siguiente resolución sobre El Salvador. Fue originalmente impresa (en inglés) en Workers Vanguard No. 286, 31 julio 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9 (1981).

Considerando que:

La política exterior de Reagan es de preparar una Tercera Guerra Mundial contra la Unión Soviética. En este camino hacia el holocausto nuclear los pasos son claro — primero El Salvador, luego Nicaragua, Cuba, Polonia y finalmente la URSS; y

Considerando que: 

El conflicto de El Salvador es una guerra civil. Los obreros y campesinos empobrecidos están en un lado. En el otro lado están los terratenientes, los barones del café, los escuadrones de la muerte derechistas, la junta militar, y el gobierno estadounidense. Cada uno de los locales sindicales ha sido bombardeado y destruido y la matanza continúa; y

Considerando que:

El ILWU y el resto del movimiento sindical norteamericano tienen muchos intereses en esta lucha y deben tomar partido con los obreros y campesinos. Sólo el triunfo militar de los insurgentes de izquierda puede evitar un baño de sangre. El movimiento laboral norteamericano debe emprender toda acción necesaria para ayudar en el triunfo de nuestros hermanos y hermanas de clase en El Salvador; y

Considerando que:

La política de la Internacional [del ILWU] de boicotear todo cargamento, militar destinado a El Salvador representa un primer paso hacia la solidaridad laboral internacional. Pero es necesario implementar el boicot militar en el puerto y extenderlo a los Teamsters [sindicato de camioneros] y a los marineros. Si Reagan, amante de la guerra, envía a los marines, el ILWU y el movimiento sindical deben estar listos a recurrir a la huelga para parar la intervención de los EE.UU.; y

Considerando que:

Un verdadero triunfo de los obreros y campesinos sólo puede ganarse a través de la lucha independiente para lograr sus propios intereses de clase. Esto quiere decir, la consecución de gobiernos obrero-campesinos en El Salvador y toda Centroamérica, para expropiar las fincas cafetaleras, las compañías y las haciendas, sin recompensa alguna; y

  

Considerando que:

La capacidad de realizar esta lucha de clases independiente significa romper políticamente con los capitalistas llamados progresistas que intrigan por conseguir una “solución política” negociada que mantendrá el capitalismo en El Salvador. Tal arreglo con la junta dejaría intactas las empresas y haciendas mientras las condiciones sociales de los obreros y campesinos siguen siendo las mismas. A los obreros salvadoreños la única alternativa que se les presenta es el triunfo o la muerte. Por lo tanto

Se resuelve: Que el ILWU

1. Llame por el triunfo militar de los insurgentes de izquierda de El Salvador;

2. Llame al movimiento sindical norteamericano a boicotear todo cargamento militar destinado a El Salvador y a los demás dictadores centroamericanos;

3. Inste a nuestros hermanos y hermanas de clase en El Salvador a romper políticamente con los capitalistas y a luchar por un gobierno obrero y campesino;

4. Exija el cese de toda ayuda militar y económica de los EE.UU. a la junta salvadoreña;

5. Exija a los EE.UU./OEA/capitalistas latinoamericanos — ¡Todas las manos fuera de El Salvador y Nicaragua!

¿Adónde va Polonia?

¿Adónde va Polonia?

 

Traducido de Workers Vanguard No. 279, 24 de abril de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No 9, julio de 1981.

 

Polonia se está deshaciendo. El movimiento sindical “Solidaridad” (Solidarnosc) se polariza. El partido comunista polaco está en caos. La economía hecha pedazos. Y el imperialismo estadounidense trata frenéticamente de provocar una intervención rusa. Reagan y Haig han decidido servirse de Polonia como peón en su sobrecalentada campaña de Guerra Fría contra la Unión Soviética. Y su meta final es derrocar las restantes conquistas de la Revolución de Octubre, baluarte principal del poder estatal proletario. Los revolucionarios y obreros conscientes debemos oponernos a esta provocación imperialista y defender incondicionalmente a los estados del bloque soviético contra ataques contrarrevolucionarios.

 

Washington azuza a sus “aliados” en Europa Occidental a reforzar su resolución antisoviética con cohetes nucleares dirigidos contra el “agresor ruso en Polonia”. El general Haig trata de convencer a los gobiernos miembros de la OTAN a romper relaciones económicas y diplomáticas con la URSS. Weinberger, el ministro de guerra norteamericano, amenaza con represalias terribles contra una intervención de la Unión Soviética. E incluso hace gala de la peligrosa “carta china” estadounidense, amenazando con librar armas a Pekín, probablemente con armamento nuclear capaz de atacar a ciudades soviéticas. Y los chinos están listos, más aun ansiosos: no sólo quieren cohetes nucleares, sino que ¡también quieren usarlos!

 

Desde la Segunda Guerra Mundial la burguesía norteamericana ha tratado de convencerse de que puede aplastar con bombas nucleares a la Unión Soviética y sobrevivir. Esta es la meta que proclama abiertamente hoy la administración Reagan. Richard Pipes, el experto en Rusia de la Casa Blanca, dice que los soviéticos enfrentan la alternativa de “cambiar su sistema comunista en la dirección del Occidente o hacer la guerra.” Reagan/Haig creen que una intervención soviética en Polonia eliminaría todos los obstáculos en sus preparativos para esta guerra.

 

Aun si no interviene el Kremlin, los EE.UU. han hecho de Polonia el foco central de su Guerra Fría con sus referencias constantes a una “invasión por osmosis”, “extensión indefinida de maniobras por tropas del Pacto de Varsovia”, etc. “Parece que [los EE.UU.] hacen alguna jugada con toda una nación,” exclamó un polaco enfurecido por las continuas alarmas desde Washington (New York Times, 6 de abril). En verdad, Reagan y Haig han puesto en claro que buscanuna intervención rusa a gran escala, y tratan a toda costa de desencadenarla. Quieren ver a obreros polacos tras el águila y la cruz tirando cócteles molotov contra tanques rusos. Quieren provocar un baño de sangre en Polonia para luego poder utilizar como grito de combate la “agresión rusa”, para empujar en todos los frentes su campaña dirigida a una Tercera Guerra Mundial.

 

Los políticos imperialistas y la prensa occidental hablan de una “invasión” Soviética a Polonia. En realidad, el ejército soviético expulsó a las fuerzas alemanas nazis de Polonia y liberó al país en 1944-45. Y han permanecido allí desde entonces. Hoy día hay dos divisiones rusas protegiendo las vitales vías de comunicación con Alemania Oriental y el frente OTAN. Exigir la retirada de las tropas soviéticas de Polonia es exigir que Varsovia abandone el Pacto de Varsovia. Es decir, equivale a llamar por el desarme unilateral del bloque soviético. No es una invasión de lo que se trata, sino de una intervención militar rusa en la vida civil y la lucha de clases polaca. Y estos procesos han sufrido cambios importantes en los últimos nueve meses de plena ebullición.

 

La ola masiva de huelgas en los puertos bálticos en agosto del año pasado puso a los obreros polacos ante una alternativa histórica: frente a la bancarrota evidente y dramática del dominio estalinista, sería ya o el camino de la contrarrevolución sangrienta enlazada con el imperialismo occidental, o el camino de la revolución política proletaria. A raíz de la influencia clerical-nacionalista en Solidarnosc y ahora con la aparición de una organización de masas del campesinado terrateniente, el peligro contrarrevolucionario sigue siendo grande. Pero se ha iniciado un proceso de diferenciación política. Ante todo, “Solidaridad” ha pasado a abarcar a la totalidad de la clase obrera polaca, con todas sus tensiones y contradicciones. Un millón de miembros del partido polaco han entrado a los nuevos sindicatos, y el partido está en apuros: los “duros” aislados, la dirección debilitada, la militancia alborotada. Y la iglesia se ha distanciado de Walesa y Cía., con la esperanza de mantenerse como un polo contrarrevolucionario estable frente a una intervención militar soviética.

 

Esta fluidez política no quiere decir de ninguna manera que ha habido un cambio fundamental en la relación de fuerzas, la cual es todavía claramente desfavorable desde el punto de vista revolucionario. Pero si surgiera una auténtica oposición leninista-trotskista, podría experimentar un crecimiento rápido y tener un tremendo impacto de polarización. Pero si el Kremlin, empujado por la provocación imperialista, entrara a restaurar el orden burocrático en Polonia, en el mejor de los casos congelaría el proceso de diferenciación política necesario para la única solución progresista a la crisis polaca: la revolución política obrera. Por eso, los verdaderos internacionalistas proletarios deben protestar airadamente una intervención militar rusa, que representaría una derrota para la causa del socialismo.

 

Pero mucho peor sería una resistencia violenta por parte de los polacos, lo que podría resultar en un baño de sangre. Sería ésta una catástrofe histórica. Una represión “fría” sólo postergaría la confrontación entre los obreros polacos y sus gobernantes estalinistas. Si hay un tanque soviético en cada esquina y los polacos pasan rechiflando, ¿qué ha cambiado realmente? Pero si hay una respuesta violenta, la represión resultante aplastaría a la clase obrera polaca políticamente y produciría una explosión de nacionalismo antiruso que costaría años si no décadas en superar. Además, enardecería la campaña bélica del imperialismo estadounidense; es por esto que a Reagan y Haig les gustaría un tal baño de sangre. Los revolucionarios proletarios por tanto debemos oponernos enfáticamente a toda resistencia violenta, ya sea acción de masas o terror individual, contra tal intervención militar soviética en Polonia.

 

La situación actual de Polonia es el producto de décadas de capitulación por los burócratas estalinistas ante las fuerzas capitalistas. Esto hace a todo revolucionario sentir el anhelo por una dirección trotskista en la URSS que solucionaría rápidamente la crisis polaca. Sólo la revolución política en toda Europa del Este bajo el yugo estalinista puede abrir el camino al socialismo. Y esto requiere partidos trotskistas internacionalistas que puedan tender la mano a la clase obrera soviética en la defensa de las conquistas de la Revolución de Octubre.

 

 

El estalinismo alimenta la reacción clerical-nacionalista

 

Las fuerzas armadas soviéticas que entraron en 1944 a la Polonia ocupada por los alemanes, fueron saludadas como libertadoras tanto en el sentido social como nacional. La expropiación de los grandes terratenientes y capitalistas a mediados y fines de los años 40 fue una medida ampliamente apoyada. Y sin embargo, tres décadas de dominio burocrático estalinista han puesto a gran parte de la población, y de la clase obrera industrial, en contra de lo que consideran el “sistema comunista impuesto por Rusia”. Y no se trata simplemente de una reacción a la supresión policíaca de los derechos democráticos y a los privilegios groseros y la corrupción de la burocracia “socialista”. La actual crisis polaca, sobre todo el peligroso incremento en sentimientos clerical-nacionalistas, tiene sus raíces en los fracasos y los compromisos incumplidos del estalinismo de reforma.

 

Cuando Wladyslaw Gomulka subió al poder en 1956 proclamando la necesidad de la más amplia democracia obrera, él gozaba de una autoridad popular enorme. Luego, se dio vuelta y suprimió los consejos obreros y los círculos de intelectuales disidentes que lo habían apoyado contra los estalinistas duros. Cuando Edward Gierek sustituyó a Gomulka en 1970 luego del levantamiento obrero de la costa báltica, muchos creyeron en su retórica prometiendo una prosperidad económica incomparable. Luego, hipotecó ruinosamente la riqueza de Polonia a los banqueros occidentales mientras otorgaba subsidios ruinosos a los campesinos terratenientes.

 

Así, cuando bajo la presión del alza de precios y escasez de alimentos y otros productos básicos de consumo popular se produjo el estallido obrero en julio-agosto del año pasado [1980], los obreros vieron a la poderosa iglesia católica como la reconocida oposición al despreciado régimen “comunista”. La Internacional fue sustituida por el himno nacional, “O Dios, que habéis defendido a Polonia”, y el nuevo líder obrero, Lech Walesa, aprovechó toda oportunidad para declararse un hijo leal de la iglesia polaca. Muchos de los “disidentes” que han surgido son abiertamente reaccionarios-nacionalistas virulentos, anticomunistas, antidemocráticos e incluso antisemitas (¡a pesar de que casi no queda ningún judío en Polonia!).

 

El auge del nacionalismo clerical está asociado con simpatías con el Occidente, que frecuentemente se expresan en llamados por “sindicatos libres” como en los EE.UU. y Alemania Occidental. Los obreros polacos harían bien en mirar a las ensangrentadas neocolonias norteamericanas antes de tragarse las historias de la Radio Europa Libre. Los rusos tendrían que matar a unos 150.000 polacos para igualar proporcionadamente el número de obreros y campesinos asesinados durante el último año por la junta militar auspiciada por Carter y Reagan en El Salvador. En Brasil, el popular líder sindical “Lula” ha sido condenado a tres años y medio de encarcelamiento por haber hecho mucho menos que amenazar con dirigir una huelga general política cada mes. Incluso John Christensen, un observador del sindicato automotriz norteamericano United Auto Workers, que presenciaba los acontecimientos en Brasil, comentaba:

 

“Me asusta que al comparar Brasil con Polonia, un país comunista, parece haber más libertad allí que acá. Walesa es más libre que Lula, Allí el gobierno accedió a dialogar con él, aquí no.”

—New York Times, 3 de abril

 

Pueda que una visita a El Salvador y Brasil por una delegación de “Solidaridad” les enseñaría algo sobre la realidad del “mundo libre” — si es que salen con vida.

 

Dada la fuerte influencia clerical-nacionalista sobre los nuevos sindicatos que se convirtieron en Solidarnosc, hemos advertido repetidamente contra el peligro contrarrevolucionario capitalista encabezado por la iglesia del papa Wojtyla. Al mismo tiempo, reconocimos que la emergencia de un poderoso movimiento obrero desafiando fundamentalmente el dominio burocrático estalinista también podría abrir el camino a la revolución política proletaria. Por lo tanto, hemos insistido en que la tarea estratégica clave para una vanguardia trotskista en Polonia sería hacer romper a la masa de los obreros de las fuerzas reaccionarias. Esto quiere decir luchar por una serie de demandas programáticas incluyendo la absoluta separación de la iglesia del estado, defensa de la propiedad colectivizada, defensa de los estados obreros degenerado/deformados del bloque soviético contra el imperialismo. Una vanguardia trotskista trataría de polarizar el movimiento obrero, atrayendo a aquellos que buscan una solución auténticamente socialista y que son contrarios al Vaticano y al capitalismo occidental.

 

 

Solidarnosc en apuros, el partido comunista polarizado

 

Hoy estamos experimentando los comienzos de la diferenciación política interna dentro de “Solidaridad” y del partido comunista. Por primera vez aparecen fuerzas que se oponen al dominio burocrático no en el nombre del águila y la cruz sino llamando por la “renovación socialista” e incluso el retorno a los principios del “marxismo-leninismo”. El New York Times (12 de abril) pronostica: “De no ocurrir una intervención militar soviética, la fase siguiente más probable en la revolución obrera en Polonia no será una lucha contra el Partido Comunista sino una lucha en el interior del partido.” Esto hace aún más urgente la cristalización de un núcleo de propaganda trotskista en Polonia, lo único que puede ofrecer una salida de las continuas y desesperadas crisis que devastan a Polonia.

 

El panorama político ha cambiado considerablemente desde la huelga general de agosto pasado concentrada en Gdansk. Walesa sufre ataques desde varios lados en el interior de Solidarnosc. Entretanto, muchos de los más de un millón de militantes obreros del Partido Obrero Unido Polaco (POUP) que ahora participan en “Solidaridad” deben darse cuenta de que su ideario socialista (no importa cuán deformado por la ideología estalinista) está en conflicto con las ideas reaccionarias de Walesa y sus hombres. La jerarquía de la iglesia, por otro lado, se ha distanciado, temiendo una intervención militar soviética. Pocos días antes de una programada huelga general de “Solidaridad” a fines de marzo, el cardenal Wyszynski publicó una declaración conjunta con el primer ministro Wojciech Jaruzelski instando a que “pueden ser eliminadas las huelgas pues resultan extremadamente costosas para la debilitada economía nacional” (Daily World, 28 de marzo).

 

Especialmente significativo es el impacto que han tenido las luchas obreras sobre el aparato estalinista del POUP. La última reunión del Comité Central a fines de marzo, se convirtió en un alboroto político. “Debemos reconocer que Solidaridad es en primer lugar la clase obrera en sí,” declaró el secretario del partido del puerto báltico de Szczecin. Sólo el temor a la reacción del Kremlin evitó que la reunión echara a “duros” como Stefan Olszowski fuera del Politburó. Una conferencia nacional reciente de grupos disidentes dentro del partido, llevada a cabo en Torun, reivindicó la información adecuada y completa, el voto secreto, candidatos múltiples. Un delegado protestó: “Las autoridades no deben presentar los cambios que están ocurriendo en nuestro país como el trabajo de fuerzas antisocialistas sino como la necesaria restauración de los principios marxistas-Ieninistas” (New York Times. 16 de abril).

 

Sin embargo, en forma general los disidentes del POUP no se orientan hacia el redescubrimiento del leninismo auténtico. Tienden más bien al estalinismo liberal, “el socialismo con cara humana”, como el reformador estalinista checo Dubcek lo llamaba durante la Primavera de Praga de 1968. Buscan una acogida favorable por parte de los actuales dirigentes de Solidarnosc. Además, según se informa, expresan prejuicios y sentimientos políticos antirusos ampliamente difundidos en Polonia hoy en día. Un delegado en la conferencia de Torun indicaba: “Nuestros amigos soviéticos tienen una historia que los ha acostumbrado al absolutismo gubernamental. Pero la historia de nuestra nación está íntimamente ligada a la democracia.” ¡¿Y qué hay del héroe nacional y dictador fascistoide Pilsudski, ex socialdemócrata de derecha quien defendió al capitalismo polaco contra el Ejército Rojo en 1920?! Como indicó Trotsky, la misma burocracia estalinista podría generar un ala fascista — él la llamó la “fracción Butenko” — la cual en la Polonia de hoy estaría impregnada de un virulento nacionalismo antiruso.

 

Si los liberales del POUP hablan de una “renovación socialista” en Polonia, el Kremlin advierte contra “la contrarrevolución trepante”. Los estalinistas brejnevistas no se atreven a atacar las bases reales de la contrarrevolución, la poderosa jerarquía católica, y en su lugar escogen como blanco grupos disidentes relativamente pequeños, especialmente el Comité para la Autodefensa Social (KOR) de Jacek Kuron, y la Confederación de la Polonia Independiente (KPN) de Leszek Moczulski. Por supuesto, los mandones del Kremlin denunciarían a todaoposición política, incluso y especialmente a los trotskistas, como “contrarrevolucionaria” o aun “fascista”. Pero no obstante las calumnias estalinistas, el KOR y la KPN son, cada uno a su manera, enemigos del socialismo.

 

La KPN es abiertamente clerical-nacionalista y antisocialista. No es lo mismo con el KOR de Kuron, sin embargo. En Occidente se considera a Kuron generalmente como una especie de izquierdista, incluso “marxista” — un reflejo de sus posiciones durante los años 60. Como hemos señalado en contra de sus entusiastas seudotrotskistas, él se ha movido muy a la derecha. Tamara Deutscher lo confirma en un importante artículo, recientemente publicado en el New Left Review (“Poland — Hopes and Fears”, enero-febrero de 1981). Ella recuerda que cuando fueron condenados a la cárcel en 1964, “Kuron y su camarada cantaron con brío la Internacional ante el tribunal. Hoy día este gesto por Kuron sería inconcebible. Se ha movido hacia la socialdemocracia, la iglesia y una posición nacionalista.”

 

 

Ante todo, un partido Internacionalista revolucionario

 

Que haya o no una intervención militar de Moscú en el futuro próximo, la crisis polaca está procediendo rápidamente hacia el punto de detonación. El caos económico asume proporciones desastrosas. Las reservas alimenticias disminuyen rápidamente; las exportaciones para divisas de moneda fuerte han caído en un 25 por ciento desde el año pasado, y la exportación del carbón ha disminuido en un 50 por ciento. Políticamente, la situación es anárquica. Debe haber entre los trabajadores de Polonia un tremendo sentimiento a favor de tomar el control de la sociedad, la economía, y dirigirla en su interés. Buscando apaciguar a las masas, los dirigentes estalinistas hablan ahora de otorgar más poderes al parlamento, el Sejm, la instancia gubernamental nominalmente más alta.

 

En la Polonia de hoy la consigna clásica de los Bolcheviques — todo el poder a los soviets, los consejos obreros democráticamente elegidos — tendría gran atractivo. Una vanguardia revolucionaria podría exigir que los supuestos poderes del Sejm fueran conferidos a un congreso de soviets como en la Revolución de Octubre rusa. Pero los soviets de por sí no garantizan una dirección socialista de la sociedad. Sobre todo en las condiciones actuales de Polonia, podrían sucumbir a la influencia de fuerzas nacionalistas reaccionarias buscando el respaldo imperialista contra la URSS. El elemento clave es un partido obrero auténticamente revolucionario capaz de organizar los impulsos socialistas de las masas trabajadoras alrededor de un programa internacionalista, marxista.

 

La vanguardia comunista debe ser de antinacionalistas combativos. Buscarían inspiración en la tradición del partido socialista de Rosa Luxemburg y Leo Jogiches de antes de la Primera Guerra Mundial. A diferencia del chauvinista Partido Socialista Polaco de Pilsudski, éstos denominaron a su organización la Socialdemocracia del Reino de Polonia y Lituania. Sostenían que la transformación socialista de Polonia estaba entrelazada de forma inextricable con la revolución proletaria en Rusia.

 

Uno de los líderes de la SDKPiL de Luxemburg/Jogiches fue Felix Dzerzhinski quien más tarde jugó un papel distinguido en la Revolución Bolchevique como jefe de la Cheka, el brazo policial del joven poder soviético. Dzerzhinski, cuyo acento polaco en ruso se acentuaba cuando estaba perturbado, fue elegido para esta posición difícil por ser un revolucionario de una rectitud moral extraordinaria. A un nivel histórico bastante menor está Konstanti Rokossovski, un joven socialista polaco que entró al Ejército Rojo soviético en 1919. Encarcelado durante las purgas de Stalín a fines de los años 30, reapareció para convertirse en uno de los más grandes comandantes soviéticos de la Segunda Guerra Mundial. El mariscal Rokossovski fue un oficial militar estalinista y no un revolucionario. Pero su aporte a la defensa de la Unión Soviética en contra del ataque imperialista es honroso — y él jugó un papel clave en la liberación de Polonia en 1944-45 de la horrenda ocupación nazi.

 

En su importante ensayo sobre la “Tragedia del Partido Comunista Polaco”, Isaac Deutscher enfatizó como su conclusión principal que: “… si la historia del PC polaco y de Polonia en general prueba algo, es cuán indestructible es el lazo entre la revolución rusa y la polaca.” Hoy en día es necesario hacer revivir la tradición de la unidad revolucionaria del proletariado ruso con el polaco. Ahora ésta debe ser dirigida contra las burocracias estalinistas, en defensa de las economías colectivizadas y del poder estatal proletario contra la amenaza del capitalismo imperialista.

 

La dirección de “Solidaridad” se opone directamente a estos principios. Walesa y sus colegas se consideran como los abanderados de la nación polaca en su totalidad contra el “comunismo” ruso. Esto se expresa más claramente en su apoyo activo a la organización campesina, Solidaridad Rural. De hecho, la reciente huelga casi general fue llamada fundamentalmente a favor de la organización campesina. Expresando los apetitos adquisitivos de los numerosos campesinos terratenientes polacos, la meta de Solidaridad Rural es el pleno reestablecimiento de las relaciones capitalistas en el campo. Sus demandas no económicas incluyen la construcción de más iglesias, no a la restricción de la educación religiosa y la eliminación de la instrucción obligatoria de la lengua rusa en las escuelas. No es de extrañar entonces que el mismo papa Wojtyla exigiera que el régimen de Varsovia reconozca a Solidaridad Rural, una base potente para la restauración capitalista. El régimen estalinista acaba de legitimar a esta organización campesina, revocando su posición previa, lo cual señala una concesión importante a las fuerzas de la reacción.

 

La respuesta socialista a Solidaridad Rural no es de mantener el statu quo en el campo, pues la actual situación es catastrófica. Los envejecidos e ineficientes minifundistas polacos constituyen una barrera importante a un desarrollo económico equilibrado. El subsidio alimenticio de unos 10 mil millones de dólares — o sea, la diferencia entre lo que el estado les paga a los campesinos y lo que les cobra a los consumidores urbanos — es de lejos el renglón más importante en el presupuesto gubernamental y constituye una parte significativa de la renta nacional total. Las granjas colectivas ucranias y rusas abastecen actualmente a Polonia con alimentos, a pesar de que el nivel de consumo, especialmente de carne, es mucho más alto en Varsovia y Gdansk que en Moscú y Kiev. Una tarea clave e inmediata para un gobierno soviético revolucionario en Polonia seria el promover la colectivización de la agricultura. Deben otorgarse créditos baratos y servicios sociales generosos a aquellos campesinos que combinan sus tierras y fuerza de trabajo. Los que quieren continuar siendo pequeños capitalistas agrarios deben someterse a impuestos más elevados y otras formas de discriminación económica.

 

En conjunto con la atrasada agricultura minifundista, una deuda exterior inmensa está a la base de la actual crisis económica polaca. Durante los años 70 el régimen de Gierek trató de comprar a los obreros y campesinos mediante préstamos masivos contratados en el Occidente. Sus sucesores han acelerado esta política desastrosa. ¡Sólo en los últimos siete meses la deuda polaca al Occidente ha aumentado en una tercera parte! El pago a los banqueros de Frankfurt y Wall Street va a absorber todas las entradas de divisas provenientes de exportaciones por muchos años (y no es pequeña la parte de las exportaciones soviéticas que son utilizadas para el pago directo o indirecto a los acreedores capitalistas occidentales de Polonia). La demanda por la anulación de la deuda imperialista es crucial en romper la camisa de fuerza capitalista que restringe la economía polaca. Pero esto sólo sería posible bajo un régimen soviético revolucionario que pudiera responder a las represalias económicas imperialistas llamando a los trabajadores de Europa Occidental a convertirse en sus camaradas en la planificación socialista internacional de unos Estados Unidos Socialistas de Europa.

 

Importantes como son los llamados a la clase obrera del Occidente capitalista, aún más importante para la revolución política proletaria en Polonia es la perspectiva hacia una tal revolución en la Unión Soviética. Si interviniera militarmente el Kremlin, la suerte inmediata de los obreros polacos dependería en gran medida de su capacidad de influir y ganar a los soldados conscriptos soviéticos — es decir, jóvenes obreros y campesinos rusos, ucranios y de Asia Central en uniforme. El nacionalismo polaco antiruso, y especialmente toda violencia dirigida contra los soldados y oficiales soviéticos, sabotearían la causa proletaria.

 

Aquí es importante anotar que las ilusiones sobre la “buena voluntad” y el pacifismo de las potencias capitalistas occidentales, muy comunes en Europa del Este y especialmente en Polonia, no se extienden a la Unión Soviética. Luego de perder a 20 millones luchando contra la Alemania Nazi, el pueblo soviético sabe muy bien que el arsenal nuclear de la OTAN está dirigido contra él. Esta comprensión ha sido reafirmada ahora por las abiertas amenazas de Washington de un primer ataque nuclear. El pueblo soviético tiene razones legítimas de temer la transformación de los países linderos de Europa del Este en estados hostiles, aliados al imperialismo.

 

Los burócratas del Kremlin explotan este temor legítimo para aplastar el malestar popular y las aspiraciones democráticas en Europa del Este, como en Checoslovaquia en 1968. Pero la situación en Polonia hoyes bastante diferente de la “Primavera de Praga”. El nacionalismo antiruso es de una virulencia magnificada, mientras que Washington y sus aliados en la OTAN actúan de forma mucho más provocativa, incluso con amenazas militares. Por estas razones, la cuestión de la defensa de la Unión Soviética contra el imperialismo tiene una importancia mucho mayor en la actual crisis polaca. Los obreros revolucionarios polacos no pueden esperar atraer a los soldados soviéticos a menos que les aseguren que defienden las conquistas sociales de la Revolución de Octubre contra un ataque imperialista.

 

Sólo al dirigirse a sus hermanos de clase soviéticos en nombre del internacionalismo socialista es que el proletariado polaco podrá liberarse de las cadenas de la opresión estalinista. Con esta perspectiva una vanguardia trotskista en Polonia podría a transformar la catástrofe pendiente en una gran victoria para el socialismo mundial.

El espectro del trotskismo en Nicaragua

El espectro del trotskismo en Nicaragua

[Traducido de Workers Vanguard No. 277, 27 de marzo de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No 9, julio de 1981.]

El trotskismo significa la revolución permanente, gobiernos obrero-campesinos y no la colaboración de clases frentepopulista, partidos bolchevique-leninistas independientes como vanguardia indispensable de la revolución proletaria. Pero ese no es el programa de muchos que se hacen pasar por trotskistas en torno a Nicaragua. El grupo más grande, el llamado Secretariado Unificado (S. U.), jura sobre un montón de Segundas Declaraciones de La Habana que no son sino puros sandinistas rojinegros. De acuerdo con la resolución mayoritaria de su XIº Congreso Mundial, los partidarios del S.U. “defenderán su programa mediante su trabajo leal para construir este partido”, es decir, el FSLN. Un año más tarde decían de nuevo: “La vanguardia reconocida de la revolución nicaragüense ha sido forjada en el Frente Sandinista” (Intercontinental Press, 24 de noviembre de 1980). Y si eso es cierto, ¿para qué sirven los trotskistas?

No es esta una pregunta retórica. Cuando el FSLN arrestó a la Brigada Simón Bolívar, cuyos dirigentes, supuestos trotskistas, formaban parte en ese entonces del Secretariado Unificado, una delegación de voceros del S.U. le comunicó en forma oficial al gobierno sandinista su aprobación de la expulsión ¡de sus propios “camaradas”! Y recuerden la carta de unos disidentes del S.U. en Nicaragua en la que acusaban a Peter Camejo, aquel gallo del SWP norteamericano, de ordenar al delegado del S.U. allí de entregar a los brigadistas bolivarianos a la policía del FSLN. Hemos publicado esta carta (Workers Vanguard No. 242, 26 de noviembre de 1979) y ni Camejo, ni el SWP jamás han negado la acusación, así que tenemos que suponer que es verdad. A eso lleva, pues, el seguidismo oportunista. El movimiento trotskista ha tenido que luchar contra los claudicantes que se arrodillan ante las presiones de la burguesía y las burocracias estalinistas. Pero esta gente no son claudicantes, ¡son soplones!

Como ya es de costumbre en el Secretariado no Unificado, hubo discrepancias entre la mayoría alrededor de Ernest Mandel – solíamos llamarle comandante Ernesto por ser guevarista tan entusiasta a principios de los años 70 – y una minoría encabezada por el SWP. Así, por ejemplo, la resolución presentada por el SWP al congreso mundial del S.U. llamaba al “gobierno” sandinista/ burgués de Nicaragua un gobierno obrero y campesino, término usado por primera vez por la Internacional Comunista como denominación popular de la dictadura del proletariado. ¡Buena dictadura proletaria ésta donde los representantes de los terratenientes y los banqueros se sientan en la junta de gobierno y en ministerios gubernamentales claves! Pero los mandelistas también querían seguir a la cola de los sandinistas – sólo que no son tan desvergonzados como los Jack Barnes y los Peter Camejo y en su última resolución la mayoría del S.U. sostiene que, desde mayo de 1980, Nicaragua es gobernada por un gobierno obrero y campesino. Ellos sólo buscaban un pretexto.

También hay la tendencia de Nahuel Moreno y su Brigada Simón Bolívar. Lejos de ser una oposición revolucionaria ellos trataron de disfrazarse con los colores sandinistas igual que el S.U. Pero pretendían empujar las cosas hacia la izquierda. A escala internacional forman parte de un bloque con la OCI francesa de Pierre Lambert, y acaban de cambiar su etiqueta de Comité Paritario a “Cuarta Internacional (Comité Internacional)”. Y, dicho sea de paso, las comillas son de ellos. Tienen un pequeño núcleo en Nicaragua que se designa LMR. Un pequeño grupo en Los Angeles llamado Sandinistas por el Socialismo se juntó a ellos cuando su batallón internacional llegó a Managua al día siguiente del triunfo del FSLN. (Les apodamos “los sandinistas que no pudieron”.) Hasta hace poco el Comité Paritario también tenía otro grupo en Nicaragua, el GRS, cuyo mentor era un tal Fausto Amador – desertor del FSLN que se presentó en la televisión somocista exhortando a los guerrilleros a rendirse. Pero luego de salir del S.U., Amador decidió separarse de Lambert y Moreno.

El Comité Paritario sacó una declaración en mayo del año pasado sosteniendo haber luchado siempre por “un gobierno del FSLN sin representantes de la burguesía” (Informations Ouvrieres, 3 de mayo de 1980). ¿Qué significaría un tal gobierno sólo sandinista? Sería como llamar por un gobierno del Movimiento 26 de Julio en los primeros días de la Revolución Cubana. Y lo hubo, empezando en agosto de 1959 luego de la renuncia del presidente Urrutia y la huida del comandante de la fuerza aérea, Díaz Lanz, anteriormente aliados burgueses de Castro. Pero eso no significó el derrocamiento del capitalismo que no se llevó a cabo sino hasta julio/noviembre de 1960 cuando se expropiaron el grueso de los bienes capitalistas. Más aún, un tal régimen todavía podría volver al dominio capitalista directo. Recuerden que Castro les está aconsejando a los sandinistas que eviten sus “errores”, que no se apuren en romper con los yanquis o el “sector empresarial”.

Aun en el caso de que, bajo la presión de Reagan, el FSLN sigue por el “camino cubano”, el resultado no sería un régimen internacionalista bolchevique sino otra burocracia nacionalista modelada sobre el estado obrero degenerado ruso de Stalin y sus herederos. Pero ¿qué se puede esperar de una seudo IV Internacional que tardó hasta 1979 en descubrir que Cuba es lo que llaman un “estado obrero burocratizado”? Hoy, para excusar su demora, los morenistas y lambertistas afirman que al principio nadie sabía qué decir sobre la cuestión cubana. Pero la tendencia espartaquista, desde nuestro origen como la Tendencia Revolucionaria del SWP, ha sostenido a partir de 1961 que la Cuba de Castro se había convertido en un estado obrero deformado. Así que los impostores también son mentirosos. Y hoy lanzan una consigna que equivale a prestar confianza política a los sandinistas.

Pero no es esto lo peor del caso. Al centro del programa de Moreno/Lambert para Nicaragua está su llamado grosero por “una constituyente soberana y democrática”. Ahora bien, inmediatamente después de la caída de Somoza, el llamado por una asamblea constituyente estaba al orden del día como medida para movilizar las aspiraciones revolucionarias de las masas por liberarse de la tiranía reaccionaria que las había oprimido durante décadas. Pero los elementos capitalistas de la coalición antisomocista estaban tan opuestos a esta demanda como lo estaba el propio ejército guerrillero sandinista. Temían que en medio de la conmoción revolucionaria, todo órgano democráticamente elegido bien podría “salir fuera de control” y exigir el juicio y ajusticiamiento inmediatos de los verdugos somocistas, o la expropiación de todas las grandes fincas, etc. Pero conforme el FSLN consolidaba su dominio, la burguesía comenzó a llamar por elecciones a una asamblea constituyente. Bajo tales circunstancias éste sólo puede ser un llamado por un poder parlamentario capitalista para llevar a cabo una contrarrevolución “democrática”. Así que gracias a su estalinofobia visceral, el programa de Moreno/Lambert no es sino socialdemocracia clásica. Los trotskistas auténticos, por el contrario, abogamos por órganos de democracia obrera, es decir, soviets.

Sandinistas contra el trotskismo

De manera que lo que se presenta bajo el nombre de IV Internacional en Nicaragua es misérrimo: un Comité “Paródico” que se arrastra tras la oposición burguesa, y un Secretariado (no muy) Unificado que aspira a ser el furgón de cola del Expreso Sandinista. En realidad, están en contra de todo lo que defendió Trotsky. Y sin embargo, un hecho altamente revelador: a pesar de esta perversión del trotskismo, los dirigentes del FSLN sí tienen buena idea de lo que es y se ponen rabiosos a la menor señal de su presencia.

De acuerdo a un boletín interno del SWP: “De vez en cuando han salido noticias de ataques contra el trotskismo por parte de dirigentes del FSLN. Recientemente aquí mismo en Nueva York, el comandante Víctor Tirado del Directorio Nacional del FSLN – azuzado por un portavoz de uno de los grupos sectarios – se refirió al trotskismo en términos despreciativos durante una conferencia de prensa” ([SWP] lnternational Internal Information Bulletin, septiembre de 1980). Lo que no dicen es que la tirada de Tirado se dirigió contra la Spartacist League. Y lo que le molestó al comandante fue nuestra pregunta: “¿Cómo justifica Ud. el encarcelamiento de militantes e izquierdistas que buscan extender la revolución en Nicaragua?”

Allá en Managua, el 6 de marzo del año pasado una manifestación contando varios miles de participantes encabezada por la Confederación Sandinista del Trabajo (CST) fue llamada para protestar la “desestabilización” por la CIA. Pero en lugar de marchar sobre la embajada de los EE.UU., tal como estaba previsto, la manifestación se dirigió a las oficinas del CAUS, el grupo sindical del PCN, estalinistas disidentes pro Kremlin. Las oficinas sindicales fueron saqueadas, documentos quemados y los ocupantes arrojados a la calle. El lntercontinental Press del SWP dijo que los manifestantes cantaron “¡Muerte a la CIA!” Pero no informó sobre la otra consigna importante de la CST, “¡Muerte al trotskismo!”

Bueno, los brejnevistas heterodoxos del PCN, como el grupo pro albanés Frente Obrero, no tienen nada de trotskista. Pero en las huelgas obreras durante enero y febrero de 1980 en los centros de construcción y fábricas textiles de Managua e ingenios azucareros, no se trataba tan sólo de una lucha por mejores salarios. Una consigna frecuente fue “¡Obreros y campesinos al poder! ¡Abajo la burguesía!” Y, quienquiera las cante, los dirigentes sandinistas muy bien saben que tales consignas no se cuadran con la “revolución democrático-nacional” o “antiimperialista”. Sólo los trotskistas tienen un programa coherente que daría sentido a las demandas por una ruptura con la burguesía y el gobierno obrero y campesino. Sólo los trotskistas y no los embusteros del SWP que denuncian tales consignas por “provocar deliberadamente una confrontación prematura con la burguesía” (resolución del SWP sobre Nicaragua presentada al congreso mundial de 1979 del S.U.)

Y los entusiastas del FSLN, compañeros de viaje estalinistas, ven también el peligro con toda claridad. El periódico radical-liberal Guardian (18 de junio de 1980) publicó un artículo titulado “La alianza delicada se mantiene en Nicaragua”, justificando la negativa a expropiar las tres cuartas partes de la economía que todavía se encuentran en manos capitalistas privadas: “La participación burguesa ha dado lugar a críticas por fuerzas de izquierda y ultra-‘izquierda’ tanto dentro como fuera de Nicaragua. El Frente Obrero [el FO] nicaragüense y pequeñas sectas como la Spartacus Youth League en los EE.UU. han condenado a lo que llaman el ‘gobierno sandinista burgués’. Acusan a los sandinistas de ayudar a revivificar al capitalismo nicaragüense. Tales críticas, responden fuentes sandinistas, no comprenden que la liberación nacional y la liberación social son cosas distintas, aunque es evidente que están íntimamente relacionadas.” Lo que tales críticas sí comprenden es que no habrá liberación nacional sin revolución proletaria. Eso es lo que todo tipo de estalinismo y nacionalismo ignora, y el resultado puede ser fatal.

Nicaragua al filo de la navaja

La “vía mixta” sandinista ― callejón sin salida

Nicaragua al filo de la navaja

Traducido de Workers Vanguard No. 277, 27 de marzo de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9, julio 1981.

A continuación reproducimos la versión ampliada y revisada de la segunda parte de la conferencia dada por Jan Norden, director de Workers Vanguard y miembro del Comité Central de la Spartacist League/U. S., en Boston y Nueva York bajo el título “Por la revolución obrera en Centroamérica”.

  

El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tomó el poder en Nicaragua en julio de 1979, al derrocar al dictador Anastasio Somoza. Y si El Salvador es el ejemplo clásico del país sujetado a la oligarquía, Nicaragua es el régimen títere por excelencia. Pareciera retórica izquierdista, pero Somoza I fue instalado por Franklin Roosevelt ― dicho sea de paso, fue producto de la política apelada del “Buen Vecino”. Ustedes recordarán que el Secretariado de Estado de FDR, Cordell Hull, hizo el comentario notorio sobre Somoza ― puede que sea un hijo de puta, pero “es nuestro hijo de puta.” Y cuando Jimmy Carter comenzó a hablar de los “derechos humanos”, e hizo saber que los EE.UU. no iban a intervenir, Somoza III se desvaneció. Apenas tardó unos pocos meses y se fue. Así pues que era un verdadero títere y Washington el titiritero. Y no eran sólo los Somoza. La burguesía salvadoreña se enorgullece de que nunca ha necesitado que vengan los marines a su ayuda. Nicaragua, por el contrario, ha sido invadida cuatro veces por fuerzas estadounidenses desde 1855. Somoza III no era sino el último de un linaje largo.

Era también un dictador sanguijuela, casi en el sentido literal. Luego del terremoto de 1972 en Managua, Somoza decidió que era ésa su gran oportunidad para aumentar su prepotencia sobre la burguesía tradicional nicaragüense. Así expropió toda la ayuda humanitaria estadounidense, y les indujo a adquirir para la reconstrucción lotes pertenecientes a Somoza en los alrededores de las ciudades. Y se sirvió de todo medio a su alcance para enriquecer a su clan a costa no sólo de la clase obrera, sino también de los terratenientes, industriales, etc. Una de sus empresas fue una compañía llamada Plasmaféresis, la cual iba a solucionar la escasez de divisas para Nicaragua al agregar al café y algodón otro producto de exportación: la sangre. Así que procedió a iniciar exportaciones masivas de sangre a los Estados Unidos. Luego estaba Howard Hughes, quien se pasó los últimos años de su vida en el piso alto del Hotel Intercontinental de Managua, mientras seguían creciendo sus uñas. El embajador de los EE. UU. se asemejaba más a un procónsul. El enviado de Nixon, Shelton Turner, era amigo de Bébé Rebozo. Se convirtió en un compinche tan íntimo de Somoza que el tirano puso su retrato en un billete equivalente a US $3. Así que si buscan la clásica dictadura de sanguijuela, títere de los EE.UU., falsa como un billete de tres dólares, es la Nicaragua de Somoza.

Los sandinistas llegaron al poder al movilizar una auténtica insurrección nacional, a la que se sumó casi la totalidad de la burguesía criolla fuera de la familia Somoza y su ejército privado, la Guardia Nacional. Pero el poder real en la insurrección quedó en manos del FSLN pequeñoburgués, un movimiento que en sus rasgos generales se parece al Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro. Es decir, es una fuerza bonapartista, un ejército guerrillero en el poder, pero no está aferrado a formas de propiedad específicas. Como enseña el marxismo, el capitalismo se basa en la propiedad privada de los medios de producción, y la clase obrera sólo puede ejercer su dominio sobre la base de la propiedad colectivizada. Pero la pequeñaburguesía no tiene un modo de producción característico. Como resultado, a menudo cuando llegan al poder o no saben adónde ir o son rápidamente derrocados. Como clase intermedia sin claros intereses de clase, que es sumamente contradictoria y desorganizada, normalmente la pequeña burguesía es incapaz de ser la fuerza dirigente en luchas políticas. Por regla general, se reduce a las fuerzas de la clase obrera o de la burguesía.

En ciertas circunstancias excepcionales, sin embargo, la pequeña burguesía puede llegar al poder a la cabeza de movimientos democráticos radicales. En este caso fue la debilidad de la burguesía criolla, la ausencia del proletariado como factor independiente, y la combinación de hostilidad y abstencionismo de parte del imperialismo. Pero lo que ocurre luego no está predeterminado; puede seguir uno de dos caminos. El caso argelino, por ejemplo, donde un movimiento de independencia nacional dirigido por fuerzas pequeño burguesas tomó el poder. En este caso, la antigua metrópoli colonial intentó comprarlos. De Gaulle ofreció pagar a todos los ex terratenientes coloniales, comprar todo el vino argelino, firmar contratos a largo plazo para la compra del gas y el petróleo argelinos. Finalmente, Argelia no era sino una neocolonia francesa. Al principio había un gobierno izquierdizante bajo Ben Bella, pero pocos años después fue reemplazado por el más dócil Boumediene. Es éste, por ende, uno de los posibles caminos.

También hay el camino cubano, que llegó hasta la expropiación de la burguesía, sentando las bases para un estado obrero deformado. Es decir, desde fines de 1960, Cuba tiene las formas de propiedad de un estado obrero, encima de las cuales se sienta una capa gobernante, una “casta” dominante, análoga a la burocracia estalinista en la Unión Soviética que expropió políticamente a los obreros rusos, al mismo tiempo que se basaba en las conquistas sociales y económicas de la Revolución de Octubre. En este caso, el imperialismo estadounidense tomó una actitud distinta, menos complaciente. Forzó a Castro entre la espada y la pared, haciéndole elegir entre la autodestrucción, por un lado, o el arrasamiento revolucionario de la clase capitalista cubana y no sólo de aquellos individuos más comprometidos en la dictadura batistiana. Ese es el segundo camino. Desde luego, no es el camino que Castro les está aconsejando a los sandinistas: recuerden su declaración inmediatamente después de la toma del poder por el FSLN indicando que Nicaragua no sería una “segunda Cuba”. Y tampoco es la única alternativa. Hay una posibilidad muy concreta de una contrarrevolución auspiciada por el imperialismo para reponer un régimen títere dócil. Y también hay nuestro camino, no el derrocamiento burocrático de las formas de propiedad capitalistas sino una auténtica revolución obrera dirigida por un partido trotskista.

Reagan ha dicho que Nicaragua ya ha “sucumbido al marxismo”. Pero, si trata de actuar a lo Eisenhower, podría obligar a la dirección sandinista pequeñoburguesa a ir más allá de lo que se proponían y expropiar a la burguesía. También podría llevar a una escisión del FSLN. La fracción dominante al momento del triunfo, los llamados terceristas, defendían una alianza estratégica con la “burguesía antisomocista”. Pero ¿qué piensa hacer Reagan? ¿Por qué no conciliar? Bueno, claro que no se propone renunciar ni un palmo de territorio a la revolución proletaria. Aparentemente, se proponen despachar a los sandinistas por medios militares, una vez que hayan aplastado las fuerzas obrero-campesinas y de izquierda de El Salvador, más radicales que el régimen nicaragüense. Y si en el caso de Cuba hubo un elemento de desacierto burgués, en el presente caso Washington se ha embarcado en una campaña a gran escala, concebida globalmente y dirigida contra su principal blanco: Rusia. No crean que aquí no pueda suceder. No es imposible en absoluto que una fuerza invasora respaldada por la CIA irrumpa en Nicaragua. Y los únicos preparativos capaces de enfrentarla los constituye la movilización revolucionaria.

Gobierno” sandinista/burgués

Nicaragua se encuentra, entonces, en una situación similar a la de Cuba a partir de 1959, pero sin saber necesariamente dónde va a terminar. Así que quisiera repasar la historia del último año y medio, desde el 19 de julio de 1979, para conocer qué se ha propuesto hacer el Frente Sandinista. Para empezar, en el período inmediatamente anterior a la caída de Somoza, a principios de julio de 1979, fue negociado un acuerdo con la burguesía antisomocista en San José, Costa Rica. Fundamentalmente, era un programa para preservar el capitalismo sin Somoza, dando cabida a un Consejo de Estado con mayoría burguesa y un acuerdo para mantener el ejército en alguna forma. Específicamente, oficiales y soldados “honestos” de la Guardia Nacional que no habían participado en masacres de ningún tipo serían integrados en el nuevo ejército. Y finalmente, incluía estipulaciones para una economía “mixta”, es decir, garantías para la preservación de la propiedad privada de los medios de producción. Sólo serían nacionalizados los bienes del dictador y sus esbirros.

Ese era el acuerdo que negociaban en vísperas de la toma del poder. En la secuela, sin embargo, hubo una modificación sustantiva e inmediata. La Guardia Nacional se desintegró tan pronto como Somoza abandonó el país. Hicieron un cálculo muy sencillo: murieron en la guerra 50.000 personas, y sólo habían 5.000 en el ejército. Lo cual quiere decir que por cada guardia había diez viudas o madres que lo querían ver muerto. Así que huyeron con toda prisa por la frontera hondureña. Esa fue la primera y más fundamental “modificación”: a partir de ese momento el poder real quedó en las manos del ejército sandinista y el acuerdo con la burguesía no fue cumplido a ese nivel.

Al nivel de la junta y el Gobierno de Reconstrucción Nacional, sin embargo, hubo desde el principio una coalición. Así, la junta de gobierno cuenta con cinco miembros, dos de los cuales son burgueses y no miembros del Frente Sandinista. Al principio, uno de estos dos fue Alfonso Robelo, el rey del aceite de cocina de Nicaragua, y la otra fue Violeta Chamorro, viuda del director del periódico burgués antisomocista, La Prensa. Pedro Joaquín Chamorro fue asesinado a principios de 1978 por asesinos “gusanos” entrenados por la CIA y en la paga de Somoza. Además, hay una serie de fuerzas, burguesas dentro del propio gobierno; así, por lo menos nueve sacerdotes son miembros del gobierno. Ernesto Cardenal por ejemplo es ministro de cultura, y Miguel D’Escoto, sacerdote Maryknoll, es ministro de relaciones exteriores. También hay una cantidad de tecnócratas burgueses de diversa índole, especialmente en el ministerio de economía. Así que al nivel del gobierno, al nivel de la implementación de la política gubernamental, hemos caracterizado a éste como un gobierno sandinista/burgués.

En este momento, sin embargo, no hay en Nicaragua un verdadero estado burgués en el sentido marxista ― es decir, una formación de clase comprometida a la defensa de la propiedad privada. Hay un régimen pequeñoburgués, fundamentalmente el ejército sandinista, y casi es necesario, usar el término “gobierno” entre comillas porque no tiene  poder real. Pero si representa el compromiso de los sandinistas de tratar de seguir lo que ven como una “vía intermedia”. Así estaba la situación en agosto de 1979, y continuó fundamentalmente sin cambios hasta mayo del año pasado cuando las fuerzas burguesas amenazaron con abandonar el Consejo de Estado. Como ya he mencionado, este consejo iba a tener una mayoría burguesa, pero entretanto, los sandinistas habían modificado las reglas del juego y ahora estaba compuesto por una mayoría de organizaciones encabezadas o dominadas por el FSLN, además el grueso de los sindicatos independientes, etc. Como resultado, los dos miembros burgueses de la junta, Chamorro y Robelo, dimitieron de sus puestos y los representantes capitalistas amenazaron con retirarse de la primera reunión del Consejo de Estado.

Fue un período de gran tensión, durante el cual el régimen se vio reducido fundamentalmente a su núcleo, un gobierno sandinista. Pero la respuesta del FSLN fue de escoger a otras dos figuras burguesas, Arturo Cruz y Rafael Córdova. Cruz era director del Banco Central y ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo de los EE.UU.; Córdova era un miembro del Tribunal Supremo. Y ambos eran miembros del Partido Conservador Democrático, portavoz de los intereses de los terratenientes cuyo símbolo es un triángulo con la inscripción: “Dios-Patria-Orden”. Así que al nivel político, el FSLN ha tratado de mantener la misma situación que antes. Luego, en noviembre último, las fuerzas burguesas se retiraron del Consejo de Estado (pero no Cruz y Córdova). El supuesto motivo del boicot fue que el gobierno había anunciado (en agosto) que las elecciones serían postergadas hasta 1985. Mientras tanto, los partidos capitalistas llamaban por elecciones inmediatas para la asamblea constituyente a fin de desalojar a los sandinistas del poder.

Y había otros aspectos aún más siniestros. El boicot estaba ligado a un gran mitin antigubernamental anunciado por el Movimiento Democrático de Nicaragua de A. Robelo (MDN), quien antes de hacer una movida siempre consulta primero con el Departamento de Estado. Y se conjugaba con conjuras internas, enfocadas sobre el ejército sandinista, así como ataques armados a través de la frontera con Honduras. Dos días antes de la manifestación del MDN, el vicepresidente del gremio patronal CQSEP, Jorge Salazar, fue asesinado al resistir su detención por fuerzas gubernamentales bajo la acusación de conspiración contrarrevolucionaria. Al mismo tiempo, ex guardias somocistas hicieron una incursión contra un puesto fronterizo nicaragüense. Y apenas un mes antes, a principios de octubre, habían ocurrido protestas masivas superando a más de mil personas, dirigidas por reaccionarios, que por varios días paralizaron Bluefields, el pueblo más grande de la Costa Atlántica, de habla inglesa, una región con población predominantemente negra e indígena. Los manifestantes fueron encabezados por un movimiento separatista regional y protestaban la presencia de varias decenas de médicos y profesores cubanos.

¡No hay vía intermedia!

Así que políticamente el FSLN todavía busca un equilibrio, pero al mismo tiempo la burguesía se ha distanciado, llevando a una situación precaria en la cual los sandinistas pueden verse obligados a actuar. La economía nicaragüense, mientras tanto, se encuentra predominantemente en manos privadas. Se calcula que un 60 a 70 por ciento de la economía está en el sector capitalista privado, mientras que en sectores claves el porcentaje es aún más alto: 75 por ciento de la industria manufacturera y 80 por ciento de la agricultura. Eso fue in 1980, el “Año de la Reactivación Económica” cuando el razonamiento era que había que poner en marcha a la economía incluso reforzando a los capitalistas. 1981 debería ser el “Año de la Producción y la Defensa”, mientras Nicaragua se prepara para resistir una posible invasión contrarrevolucionaria. Y sin embargo, en un informe reciente sobre la economía el ministro de agricultura, comandante Jaime Wheelock, dice sin ambages que el patrón básico de propiedad de los medios de producción permanecerá el mismo en 1981.

Wheelock llamó a esta política en su discurso una “unidad nacional de nuevo tipo”. Este es el eje central de la política del FSLN. Hay una actitud de “todos somos patriotas nicaragüenses, todos luchamos contra Somoza,” ¿no es cierto? Un ejemplo que, me parece, capta la esencia de la “nueva Nicaragua” actual, es el de los periódicos. Hay tres diarios en el país. La Prensa, el diario de la oposición burguesa, cuyo director es otro Pedro Chamorro; luego está El Nuevo Diario, que le da apoyo crítico al régimen sandinista y cuyo director es Xavier Chamorro; y finalmente hay el periódico del FSLN, Barricada, cuyo director es… Carlos Chamorro. Es como quien dice, “entre la familia”. Pero no para rato.

Ahora bien, en términos económicos el año pasado salió muy bien para Nicaragua. El desempleo bajó de la tercera parte de la fuerza laboral a un 17 por ciento, y la producción aumentó en un 19 por ciento. El plan fue cumplido en un 99 por ciento ― bastante bien para un país que se está recuperando de la devastación de una guerra civil. En la agricultura, los niveles de exportación de café y algodón fueron más o menos las metas planeadas, y en cuanto a la producción de alimentos básicos, la cosecha fue la más grande en la historia del país. Un rendimiento notable. ¿Cómo se explica? Bueno, si el gobierno nicaragüense se ha sostenido económicamente durante el último período es porque han recibido una cantidad extraordinaria de ayuda extranjera. Mientras Washington estaba dando vueltas con sus 75 millones de dólares, la ayuda de Cuba, la Unión Soviética, y países europeos como Alemania y Suecia sumó un total de casi 500 millones de dólares durante el año pasado. E incluso contaban con banqueros “amistosos”. En septiembre pasado, un grupo de 13 bancos renegoció más de 500 millones de dólares de la deuda exterior de Nicaragua, otorgándoles tasas de interés bajas y un moratorio de cinco años con tal de que Managua aceptara pagar en forma comercial las deudas contraídas por la corrupta dictadura de Somoza.

En conclusión: mientras que Reagan ha adoptado una línea dura para con los sandinistas, no sólo el gobierno Carter, los soviéticos y los socialdemócratas pro-“distensión” se han orientado hacia un camino argelino, sino también las multinacionales y los grandes bancos imperialistas. Esto es, por supuesto, lo que esperaban los dirigentes del FSLN, la base para su esperada “vía intermedia”. Pero tan sólo demuestra cuán fino es el hilo del que están pendiendo sus esperanzas. Tal economía abiertamente capitalista es, por supuesto, una poderosa arma en manos de los imperialistas, a pesar de toda la palabrería sandinista sobre la “unidad nacional”. Porque en un enfrentamiento, la burguesía criolla no puede resistir las presiones de sus amos yanquis y obedecerá sus intereses de clase capitalistas comunes. ¿Ven? eso es lo falso en el mito estalinista de la revolución por etapas ― en esta época no hay una “burguesía nacional antiimperialista”, como el FSLN pronto va a descubrir, y por tanto no puede haber una “etapa antiimperialista”. Al dejar intacto el poder económico de la burguesía, los sandinistas han fortalecido las posibilidades de una eventual reestabilización del dominio capitalista.

Peor aún, no sólo están manteniendo la “economía mixta”, capitalista, sino que además la defienden contra todo ataque desde la izquierda. He aquí lo que dijo Jaime Wheelock, dirigente del FSLN, en su discurso ante 100,000 manifestantes en la Plaza de Sandino en Managua durante la ofensiva de presiones derechistas en noviembre del año pasado:

“Que si nosotros queríamos demostrarle a ellos la popular idea del sandinismo, de la Revolución, bastaba con decirles a los obreros y a los campesinos: ‘Son suyas desde hoy todas las haciendas y todas las fábricas de este país. Pónganlas a producir, y ustedes sabrán producirlas con sus manos, con su experiencia y con su fervor patriótico’.”

Qué buena idea, ¿no? Eso lo pensaron los manifestantes, porque según un periodista chileno escribiendo en elManchester Guardian Weekly [1 de febrero], “En ese momento, él fue interrumpido por una ovación tremenda, y tuvo que añadir apresuradamente”:

“Pero no era esa la posición de un dirigente revolucionario que tiene que comprender las cosas de la Patria por encima de las banderas y de los partidejos.”

El futuro es del pueblo, La burguesía reaccionaria jamás retornará al poder, 19 de noviembre de 1980

Así que en el interés de la “unidad nacional” y la Patria, no van a tomar todas las fábricas y haciendas y a ponerlas en las manos de los trabajadores. Son muy conscientes de su política.

Obreros contra los sandinistas

Así que esto ha llevado a una serie de incidentes durante los últimos dos años. Uno ocurrió poco después de que los sandinistas tomaran el poder ― se trata del enfrentamiento con la llamada Brigada Simón Bolívar, dirigida por un seudotrotskista llamado Nahuel Moreno. A quien hemos apodado el Cantinflas del movimiento trotskista, porque siempre anda cambiando sus disfraces. Saben, a veces se disfraza de peronista, otras veces de maoísta, y así sucesivamente, y en este caso particular trató de disfrazarse de sandinista. En realidad trató de combinar una táctica reformista de presión y una maniobra aventurera. Sea lo que sea, organizaron a varios miles de obreros en la zona de Managua para marchar frente al estado mayor del FSLN con grandes pancartas diciendo “Poder al Proletariado”. Y el mero hecho de que pudiera suceder algo semejante es altamente significativo. La respuesta de los sandinistas fue detener a los brigadistas, interrogarles y embarcarlos para el Panamá donde fueron apaleados por la policía burguesa del general Torrijos. Así que fue la primera respuesta de los sandinistas a una oposición de izquierda a su régimen.

Por aquel entonces clausuraron brevemente el periódico de un grupo ex maoísta, Frente Obrero (FO). El periódico El Pueblo fue clausurado por llamar por ocupaciones de tierras. Luego le permitieron reabrir pero [a fines de 1979] arrestaron al director de El Pueblo, además de miembros de un pequeño grupo nicaragüense que se reclama del trotskismo. La Spartacist League/U.S. protestó los arrestos. Luego de pasar unas semanas encarcelados fueron puestos en libertad, pero otra vez en enero fueron arrestados la dirección de Frente Obrero y el director de El Pueblo. El periódico fue clausurado de nuevo, esta vez aparentemente en forma definitiva. Las acusaciones fueron de “posesión no autorizada de armas” y “sabotear la producción”. Y eso, ¿qué significa en realidad? Para empezar, Frente Obrero participó en la lucha contra Somoza. Además, si no tuvieran armas serian prácticamente los únicos en el país. “Sabotear la producción” ― bueno eso ya saben de lo que se trata, huelgas. Así que cuatro dirigentes de Frente Obrero fueron sentenciados a varios años de trabajo forzado por la llamada justicia “revolucionaria” del FSLN.

En febrero de 1980 el FO dirigió una huelga en el ingenio azucarero de San Antonio, el principal ingenio de Nicaragua, produciendo un 70 por ciento de todo el azúcar del país. La respuesta del gobierno fue romper la huelga y detener a varios de los dirigentes de FO, aunque eventualmente fueron puestos en libertad. Los apologistas del FSLN proclamaban luego por todos lados como el conflicto había sido “resuelto en forma pacífica”. En el mismo ingenio San Antonio, sin embargo, estalló otra huelga en noviembre, con las mismas demandas, excepto que esta vez estaba bajo la dirección del sindicato demócrata cristiano. Y otra vez los supuestos “revolucionarios” del FSLN rompieron la huelga.

Luego hay otro grupo, el Partido Comunista de Nicaragua, o PCN, y su central sindical llamada CAUS [Centro para la Acción y Unidad Sindical]. Se escindieron del Partido Socialista de Nicaragua (PSN), el principal partido pro Moscú. Durante algún tiempo se inclinaba el PCN hacia Mao; pero fundamentalmente ha sido un grupo estalinista disidente pro Moscú. Controlaban la dirección de varios sindicatos textiles en la capital. Entretanto, el PSN, los principales moscovitas, controlaban a los obreros de la construcción a través de su central sindical, la CGT-i, o sea Confederación General del Trabajo-Independiente. Y en enero de 1980 los obreros de la construcción en Managua y 18 fábricas textiles entraron en huelga contra el gobierno.

La respuesta del FSLN fue detener a la dirección del PCN y del CAUS y romper la huelga. Los mantuvieron encarcelados por varios meses; eventualmente fueron puestos en libertad aunque algunos recibieron condenas de un año. Al PSN le fue mejor, quizás porque entró en una coalición de apoyo al gobierno llamado el Frente Patriótico Nacional.

Lo que quiero subrayar es que ha habido una inquietud considerable en la clase obrera de Nicaragua. La clase obrera no es muy numerosa, pero de lo que hay, parece que muchos de sus elementos más atrevidos no están bajo el control del movimiento sandinista. Y esto no es casual. Mientras en Cuba la lucha contra el ejército mercenario de Batista se limitó fundamentalmente a la sierra y las provincias orientales, y el único intento de huelga general fue un fracaso, en Nicaragua hubo repetidos paros generales e insurrecciones, no controlados completamente por los sandinistas. Las masas plebeyas jugaron un papel clave en la ofensiva final, lanzando luchas callejeras en Managua y otras ciudades mientras las tropas regulares del FSLN estaban embotelladas en el Sur. No es tan fácil sujetarlos cuando jugaron un papel activo en el derrocamiento del dictador.

Pero mientras que los obreros y sectores urbanos pobres estuvieron presentes en la lucha, fue como auxiliares a los guerrilleros sandinistas pequeño burgueses y su alianza con la “burguesía antisomocista”, y no como una fuerzaindependiente de clase obrera. Conforme se ve cada vez más claro que el programa de “unidad nacional” del FSLN es un camino sin salida, todavía falta el elemento clave para una revolución obrera. Ante todo es necesario un partido proletario leninista-trotskista, como en octubre de 1917. No es imposible que elementos del movimiento sandinista puedan romper con él y pasar al lado obrero de las barricadas en medio de una polarización aguda de clases. Pero no van a dirigir una tal polarización, y, como acabamos de ver, estos bonapartistas se han mostrado hostiles a toda forma de organización de la clase obrera que escapa de su control.

Más aún, al conservar la economía capitalista, le proporcionan a la reacción burguesa e imperialista una palanca poderosa. Por ejemplo, el año pasado fue un gran éxito al nivel económico. Pero eso aumenta la fuerza de la burguesía, porque en la medida en que recupere su poderío económico tendrá más control político sobre las masas. Si quieren ver un ejemplo donde fue aplicado este tipo de presión económica, basta con mirar a Chile. Lo que dijo Nixon a su embajador en Chile fue “haga gritar a la economía”. Ese fue el llamado “Carril I”, ¿se acuerdan? Y tuvieron éxito. A fines de 1972 y otra vez en 1973, por ejemplo, hubo la movilización de los pequeños camioneros para parar el abastecimiento, con el propósito fundamental de someter a la población al hambre. Apenas recortaban el transporte público, cuando comenzaba a escasear el arroz en las tiendas y llegaba la tasa de inflación al 300 por ciento, entonces comenzó a desesperarse la pequeña burguesía.

Es entonces que reconocemos el “Carril II”. Como nos ha enseñado la experiencia de Alemania e Italia, la pequeña burguesía desesperada es tierra fértil para la reacción. Y no se equivocan, Reagan ya tiene un “Carril II” para Nicaragua. El país vive de un día para otro y si los EE.UU. lo quieren, ellos pueden hacer que la economía grite al cielo. Por ejemplo, el paso más importante por Reagan en las últimas semanas no fue terminar la ayuda ―que los sandinistas ya habían dado por perdida― sino parar todo embarque de trigo a Nicaragua. Y punto. Es decir que a partir de marzo, nadie en Nicaragua va a comer pan. Ya se pueden imaginar qué clase de impacto eso tendrá sobre la “unidad nacional”.

¡Por la revolución permanente!

Así pues, en su tentativa de abrir una vía intermedia en Nicaragua, los sandinistas simplemente dejan la vía libre para que la subversión imperialista degolle a los obreros y campesinos con un sangriento terror blanco… Igual que en El Salvador, el programa para Nicaragua debe ser: romper con la burguesía, movilizar a los obreros tras un programa declase, expropiar a los explotadores. Es decir, confrontar no sólo las tareas “democráticas” de derrocar al tirano Somoza, etc., sino romper los lazos del imperialismo, y barrer con los latifundistas e industriales, que condenan a las masas a una vida de miseria, sea por la esclavitud del salario o el hambre de tierra. Y esto requiere una dirección comunista proletaria, un partido trotskista que luche por la revolución permanente, por gobiernos obrero-campesinos en toda la región y una federación socialista de México y Centroamérica.

¿Podemos detallar algunas de las demandas transitorias concretas que levantarían los trotskistas en este momento en Nicaragua que van en este sentido? Bueno, un elemento sería por supuesto el apoyo a las luchas de las masas trabajadoras contra sus explotadores, en lugar de tratar de reprimirlos o conciliar con la burguesía antisomocista, tal como han hecho los sandinistas. Simultáneamente, una oposición comunista al actual régimen pequeño burgués trataría de ampliar estas luchas en una ofensiva general contra el poder capitalista, reivindicando el control obrero en todas partes, dirigido a la expropiación de los capitalistas como clase por un gobierno obrero y campesino.

Bien, ¿qué más? Bueno, hay que recordar que estamos tratando desde lejos con la cambiante situación nicaragüense. Una cosa queda clara, sin embargo, y es que ha habido una multiplicación de organizaciones de masas de los trabajadores. En un principio eran los Comités de Defensa Sandinistas, grupos de vecinos modelados sobre los Comités de Defensa dé la Revolución cubanos. En las últimas semanas los dirigentes del FSLN han ampliado las milicias basadas en estas organizaciones de masas. También hay, por supuesto, los múltiples sindicatos, tanto la central sandinista, la CST, como los otros que hemos señalado. Así que una demanda clave sería unir a las organizaciones de masas en un consejo representativo ―asamblea obrera nacional o soviet― libre de toda tutela gubernamental y garantizando la democracia obrera a todos excepto las fuerzas directamente contrarrevolucionarias. Además, los trotskistas llaman a romper con los representantes de la burguesía, por un gobierno obrero y campesino basado en órganos soviéticos de dominio proletario.

Seguro que hay muchas otras demandas que levantaría un grupo trotskistas nicaragüense: contra el programa de austeridad capitalista de la falsa “unidad nacional” de los explotadores y explotados; o por el pleno armamento de milicias campesinas y obreras, por ejemplo. Pero lo más importante es el cuadro general y la meta: un partido bolchevique-leninista independiente de oposición intransigente, obreros y campesinos al poder, la revolución proletaria es el único camino.

Nicaragua, Cuba, Unión Soviética

Así que las cosas se están poniendo bravas en Centroamérica, especialmente en Nicaragua. Una anécdota que capta esto sucedió en enero en el aniversario de la muerte de Pedro Joaquín Chamorro, el director de La Prensa quien fue asesinado por matones somocistas. Esta vez hubo dos manifestaciones. Una por parte del FSLN bajo la consigna “Nicaragua venció, El Salvador vencerá.” y hubo una contramanifestación por parte de la oposición burguesa que tenía por consigna “Jamaica venció, Nicaragua vencerá.” Ahora bien, en Jamaica el gobierno populista de izquierda de Michael Manley fue derrotado en las elecciones de octubre pasado en parte porque, como gobierno burgués, no podía dar trabajo a las masas desempleadas. Pero también fue debido a la desestabilización de la economía por el Fondo Monetario Internacional de Washington, que rehusó refinanciar la deuda de Jamaica y con ello cortó toda importación. Fue efectivamente un bloqueo económico estadounidense. Así que Manley fue echado y reemplazado por Edward Seaga, conocido en Jamaica como CIAga. En otras palabras, los manifestantes burgueses estaban levantando consignas directamente contrarrevolucionarias.

Los dirigentes sandinistas se encuentran, pues, ante una encrucijada. La cuestión de qué camino seguir se presenta en forma aguda en Nicaragua hoy. Un asunto que la pone en forma tajante es el apoyo a los insurgentes de izquierda en El Salvador. Y no es sólo una cuestión estratégica, porque los salvadoreños hicieron un aporte importante al financiar (con los millones de dólares obtenidos en sus secuestros) muchas de las armas que hicieron posible el derrocamiento de Somoza por el FSLN. Así que también es una deuda revolucionaria. Pero a fin de cuentas los sandinistas siguen siendo fundamentalmente nacionalistas, y su actitud acerca de una revolución en el país vecino ha sido ― bueno, lo mejor que se le puede llamar es “contradictoria”. ¿Sabían que el gobierno nicaragüense saludó a la “junta militar de derechos humanos” instalada en El Salvador en octubre de 1979 por Jimmy Carter? y no rompieron con la junta ni permitieron ayuda para los guerrilleros hasta el asesinato del arzobispo Romero en marzo de 1980. Incluso se ha informado de que impidieron a izquierdistas nicaragüenses unirse a la guerrilla salvadoreña. ¡Los pararon en la frontera y los mandaron a casa!

Recientemente ha habido una avalancha de propaganda de Guerra Fría originada en Washington exigiendo del gobierno nicaragüense el cese del suministro de armas a los izquierdistas salvadoreños, o que se atenga a las consecuencias. ¿Y cuál ha sido la respuesta de Managua? Hace poco en la cadena de televisión CBS, uno de los miembros burgueses de la junta nicaragüense, Arturo Cruz, dijo que no querían apoyar ninguna actividad que coadyuvara a la Unión Soviética en Centroamérica. Parecía que el general Haig era el que hablaba. Quiso decir que para aquellas figuras burguesas que todavía están dispuestas a trabajar con los sandinistas, la ayuda a los guerrilleros salvadoreños es una cuestión de ruptura, allí es donde ponen el límite. Pero no son sólo los liberales. Se ha informado repetidamente de tensiones al interior del FSLN sobre esta cuestión, lo que no estamos en posición de verificar. Sin embargo, cuando el New York Times [15 de febrero] le preguntó a un alto funcionario sandinista, la respuesta fue: “El mensaje de Washington ha sido recibido con toda claridad. Hay reconocimiento del alto costo político para Nicaragua del envolvimiento en El Salvador.” No hay duda de que el costo político es alto. Pero si no ayudan a la extensión de la revolución a través de la región sería como cortarse la garganta.

¿Y qué van a hacer los sandinistas? Cuando se trata de cuestiones militares tienden a ser más realistas que cuando hablan de la “unidad nacional” y la “economía mixta”. Su respuesta inicial al gobierno Reagan ha sido aumentar las milicias e iniciar el entrenamiento de decenas de miles en el uso de armas. Han dicho que esperan un ataque respaldado por los imperialistas dentro de los próximos meses. En lo político, han indicado que bajo presiones pudieran eliminar a los miembros burgueses de la Junta de Reconstrucción Nacional para formar un gobierno sandinista puro. Tal gobierno, sin embargo, se basaría en la misma economía capitalista que existe actualmente, y sería susceptible al mismo tipo de presión imperialista como en el pasado. Es decir, sería igual a la situación inestable que existió en Cuba desde mediados de 1959 hasta mediados de 1960.

Extender la revolución a El Salvador, expropiar a la burguesía ― estos son los pasos indispensables simplemente para defender lo que ya ha sido conquistado. Incluso eso no es suficiente. Un estado obrero aislado, ocupando no más de una tajada del istmo centroamericano, no será viable por más que un instante histórico. Toda Centroamérica debe estallar en llamas para que la revolución triunfe en cualquier parte de la región. Y es lejos de ser imposible. Por primera vez, los guerrilleros en Guatemala han ganado el apoyo de la mayoría indígena, y desde hace mucho tiempo tienen apoyo obrero. Además, en los últimos meses han habido huelgas a gran escala de trabajadores bananeros en Honduras y Costa Rica. (Dicho sea de paso, en enero Nicaragua finalmente expropió las plantaciones bananeras ligadas a la Standard Fruit Company, integrante del conglomerado Castle & Cooke. En efecto, se ha convertido en el primer estado centroamericano que ha dejado de ser una “república bananera”. Pero a menos que se extienda esta conquista, pronto será una victoria hueca pues las multinacionales todavía controlan la comercialización.)

Una tal ofensiva retumbaría por toda América Latina. Las dictaduras del tipo Pinochet se verían amenazadas; habrían huelgas políticas, inmensas manifestaciones de masas, etc. Y también en los EE.UU., donde hemos llamado por el boicot laboral de todo embarque de material bélico a las dictaduras derechistas de Centroamérica. Hay que notar que durante toda la guerra de Vietnam no pasó nada por el estilo en los EE.UU., mientras en los últimos días del gobierno Carter el sindicato de estibadores de la Costa Oeste, el ILWU, decretó, al menos formalmente, el boicot [al envío de armas a El Salvador]. Militantes sindicales clasistas lucharán por hacer de tal boicot una realidad, lo que podría causar agudos enfrentamientos con el gobierno y con la burocracia sindical. Otro elemento clave sería la solidaridad combativa del movimiento obrero mexicano, incluyendo ayuda en el armamento de los rebeldes salvadoreños. López Portillo puede llamar a Fidel “mi comandante”, pero los obreros y campesinos en lucha contra una dictadura sangrienta armada por el imperialismo yanqui necesitan una ayuda más concreta. Y, exactamente como temen los capitalistas, las repercusiones de Centroamérica pueden originar una radicalización explosiva de la clase obrera mexicana, una de las más poderosas de América Latina. Lo que hace falta es una dirección trotskista que no llame por la “distensión” sino por la más enérgica lucha de clases internacionalista.

Y esto nos lleva a la cuestión de Cuba y la Unión Soviética. Ahora bien, en respuesta a las acusaciones del gobierno Reagan, tanto Castro como Brejnev han negado ayuda a los rebeldes de El Salvador. El 26 de febrero, un portavoz del Comité Central soviético, Zamyatin, dijo que “la Unión Soviética no ha enviado armas y no está enviando armamento alguno a El Salvador.” A partir de la información existente, y a pesar de las alegaciones del “Libro Blanco” del Departamento de Estado, parece que dicen la verdad. ¡Cómo quisiéramos que no fuera así! Pero es la lógica contrarrevolucionaria de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Entretanto, por supuesto, los EE.UU. están enviando dólares, helicópteros y “asesores” militares a El Salvador, mientras acusa a Moscú de auspiciar el “terrorismo internacional”. Fidel Castro, por su parte, se encuentra directamente en la línea de fuego, enfrentando un posible bloqueo naval y quién sabe qué más, así que ha adoptado un tono más duro con Washington. Pero en Centroamérica, todos están de acuerdo en indicar que Cuba se ha juntado a los socialdemócratas europeos y los liberales latinoamericanos en instar a los izquierdistas salvadoreños a buscar un “arreglo político” con miembros de la junta asesina. Que sólo quiere decir que comenzará otra vez el ciclo de golpes.

Nuestra consigna, “Defensa de Cuba y la URSS comienza en El Salvador,” subraya el hecho de que Reagan está jugando a los dominós de Guerra Fría. Si puede acabar con los insurgentes salvadoreños, el paso siguiente será rumbo a Managua y de allí a La Habana, y así sucesivamente. Se trata de un combate a escala mundial. Y como ha repetido el general Haig una y otra vez, donde Washington realmente querría poner presión es en el patio delantero de Rusia ― Polonia. Así pues que en última instancia son las formas de propiedad proletarias logradas por la Revolución de Octubre de Lenin y Trotsky que son el verdadero blanco. Podemos afirmar, muy concretamente, que si se preocupan por la amenaza a la economía colectivizada en Polonia, dejen que Reagan aplaste a Centroamérica con sus botas y verán incrementarse la presión imperialista sobre Europa Central. La intención de los EE.UU., como dijo el prestigioso comentarista pro Reagan, William Safire, no es simplemente el “quebrar la cadena de triunfos comunistas”, sino el “voltear la marea global”.

Así que nos encontramos en la posición de advertir que “¡ya vienen los yanquis, vienen los yanquis!” Y lo que traen consigo no son los “derechos humanos”. Los hijos de puta del Pentágono buscan vengarse de la humillación que sufrieron en Vietnam y la masacre que preparan efectivamente va a hacer que Somoza parezca un “autócrata moderadamente represivo” por comparación ― esa fue la forma como calificó al derrocado dictador nicaragüense la nueva embajadora norteamericana ante la ONU, un “AMR”. Safire se preguntó sobre el significado de “ganar”: “¿Quiere decir apoyar a una junta militar que mata a la oposición pero que por su naturaleza represiva produce más oposición que luego es necesario matar?” Su respuesta: “Si es necesario, sí.” Recuerden la expresión de Rosa Luxemburgo, de que la alternativa es el socialismo o la barbarie. Bueno, he allí el Sr. Barbarie de 1981. Por lo tanto, si quieren evitar el holocausto en Centroamérica, si quieren evitar la gran explosión nuclear en Berlín, entonces toca parar a la banda de Reagan en El Salvador. Una revolución obrera en el “patio trasero” de los EE.UU. seguramente acercará el día cuando llame a la puerta delantera el futuro socialista para toda la humanidad.

El Salvador: ¿Un nuevo Vietnam?

El Salvador: ¿Un nuevo Vietnam?

Traducido de Workers Vanguard No 276, 13 de marzo de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9, julio 1981

Durante la conferencia auspiciada por la Spartacist League en Nueva York el 28 de febrero, uno de los asistentes hizo notar: “En la prensa burguesa ha habido gran ruido sobre las palabras de Reagan de que no habrá otro Vietnam, y muchos supuestos izquierdistas manifiestan que no quieren volver a Vietnam. ¿Podría Ud. comentar las diferencias que constata entre la situación centroamericana y la de Vietnam, y… la idea de que vamos a repetir Vietnam y el movimiento antiguerra?” El camarada Norden respondió:

En cuanto a Vietnam, hay varias diferencias importantes que deben ser subrayadas. Como ya dije, la coalición en El Salvador es un frente popular burgués. Ahora bien, igual que en España, llamamos por la victoria militar de las fuerzas del frente popular contra los reaccionarios derechistas, porque si la junta vence sobre los rebeldes de izquierda, esto llevará al aplastamiento de la clase obrera y todos sus elementos vivos. En España, por ejemplo, 100.000 proletarios fueron matados después de la victoria de Franco. Así que desde el punto de vista de la clase obrera, aun dado que ambas fuerzas son burguesas, ésa es una diferencia cualitativa y por lo tanto llamamos por la victoria militar de un lado.

En Vietnam la cosa es un poco distinta. El Frente de Liberación Nacional survietnamita y los norvietnamitas tenían un programa de frente popular e incluso montaban algo que parecía un frente popular. Pero en realidad, todo lo que había en este frente popular fantasma era un par de monjes budistas y un arquitecto. La verdad era que por un lado estaba el estado obrero deformado norvietnamita enfrentándose con el imperialismo norteamericano; y el FLN en el sur estaba ligado fundamentalmente a los norvietnamitas. Así que en términos de las fuerzas de clase en pugna, la naturaleza de la guerra civil era distinta.

Lo que pasa con muchos de los grupos de izquierda es que tratan de presentarse de una manera suave para evitar tomar posiciones firmes. Y con respecto a los movimientos de protesta en los EE.UU. sobre El Salvador y Vietnam esto conduce a una situación parecida. Así, por ejemplo, una camarada mencionaba el CISPES, el Comité en Solidaridad con el Pueblo de El Salvador. Sus consignas son “Que decida el pueblo salvadoreño”, “Autodeterminación para el pueblo salvadoreño”, y “No intervención”. Ahora, la reacción natural ante tales afirmaciones sería “Nadie puede oponerse a eso.” Desde luego, ¿no debería permitírsele decidir al pueblo salvadoreño?

Pero presentar las cosas en esta forma, que “toda  persona decente” defendería, no es sino liberalismo burgués. Por ejemplo, el CISPES y la gente que lo apoya como el Partido Comunista y el Socialist Workers Party apoyan un proyecto de ley, HR1509, que prohíbe la ayuda militar a la junta salvadoreña. “No a la ayuda militar a la junta” quiere decir que ellos están a favor de la ayuda económica a la junta militar, que es lo que sustenta el funcionamiento del régimen castrense en El Salvador. Ese país está en bancarrota — su economía ha sido destrozada desde hace varios meses. Pero ellos proponen este proyecto que esencialmente aprueba la ayuda económica porque los liberales no se oponen a ella. Tan sólo no quieren darles armas a unos carniceros malos. Y como consecuencia defienden una política que en realidad está manteniendo a la junta a flote.

Y su programa global es por la “autodeterminación”. Había algo de eso también al principio de la guerra en Vietnam. Ellos decían: “No a las tropas extranjeras en Vietnam.” ¿Se acuerdan? “Autodeterminación para los survietnamitas.” Bien, ¿y qué querían decir? Querían decir no a las tropas norvietnamitas en Vietnam. Pero nosotros estábamos afavor de las tropas norvietnamitas en el Vietnam del Sur. En los últimos días de la guerra lanzábamos la consigna, “¡Adelante Viet Cong a tomar Saigón!” Ahora bien, al mismo tiempo nosotros advertíamos que éstos son los representantes de un estado obrero deformado, que si ellos ganan van a suprimir la democracia obrera. Pero llevarán a cabo una transformación social fundamental, la expropiación de la burguesía, y es deber de todo trotskista y proletario consciente apoyarles militarmente.

Dijimos que había que tomar partido, y la consigna que nos hizo más notorios en el movimiento antiguerra de Vietnam fue “¡Toda Indochina debe ser comunista!” Es decir, tomamos una posición de clase. Hoy abogamos por el triunfo militar de los insurgentes de izquierda en El Salvador. Pero también decimos de la situación en Nicaragua que es necesario ir más allá de su programa y expropiar a la burguesía, que no hay un camino intermedio. Todo el istmo centroamericano debe estallar en una erupción del volcán de la revolución obrera, para que arda el continente entero. Es especialmente importante en este caso. Y les voy a decir por qué.

En Vietnam, el SWP buscaba y lograba conectarse con el derrotismo burgués. Y una característica del derrotismo burgués es que no aparece a menos que la burguesía está siendo derrotada. Ahora, en Vietnam tenían ayuda soviética. Vino a través del Vietnam del Norte. Pero en las circunstancias actuales es bien cierto que Fidel Castro ha estado aconsejando “moderación” y una “solución política” y cosas por el estilo. Es evidente que reciben armamento de algún lado, pero la fuente principal, desgraciadamente, es el Departamento de Defensa de los EE.UU. porque la mayoría de esas armas parecen haber sido capturadas de las fuerzas gubernamentales salvadoreñas. Puede que [el Kremlin] les dé algunas armas, pero fundamentalmente los están privando de armas, igual que Stalin hizo con los obreros y campesinos españoles en los años 30. Y es debido a su programa político general.

Así que en términos globales, con respecto a la confrontación con Cuba y la Unión Soviética, a nivel de la política interna de El Salvador y Nicaragua, y a nivel de la lucha en los EE.UU., este tipo de programa frentepopulista, de colaboración de clases, es un programa para la derrota.

El Salvador: La Guerra Fría al rojo vivo

El Salvador: La Guerra Fría al rojo vivo

Traducido de Workers Vanguard No 276, 13 de marzo de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9, julio 1981.

Reproducimos aquí la traducción de la primera parte del discurso de Jan Norden, director de Workers Vanguard y miembro del Comité Central de la Spartacist League/U. S., presentado recientemente en Boston y Nueva York bajo el título, “Por la revolución obrera en Centroamérica”, y publicada originalmente en Workers Vanguard No. 276, 13 de marzo de 1981. La segunda parte del discursó comienza en la página 14.

 

La hora decisiva ha llegado a Centroamérica. Todo el istmo arde, en plena erupción como la cadena volcánica que forma su espinazo. Una cadena de repúblicas bananeras, dictaduras títeres y tiranías oligárquicas han agotado sus fuerzas y se aproxima un momento histórico de decisión. El dominio burgués en la región, tal como se ha practicado en los últimos 50 años, se encuentra en una crisis generalizada; y en medio de esta situación explosiva, ha entrado a la Casa Blanca un nuevo gobierno resuelto a enviar un mensaje sangriento al Kremlin. El mensaje consiste en helicópteros Huey, bazucas de 105 mm, botes patrulleros PT y “asesores militares” norteamericanos. La sangre sería la de las masas centroamericanas. Reagan ha desafiado a Castro y Brezhnev a un tiroteo sobre El Salvador y Centroamérica se ha convertido en el foco de la Guerra Fría ― el punto en el cual se concentra toda la energía de la campaña de guerra antisoviética imperialista en la leña de la indignación pública. Y las llamas ya crepitan.

 

Para enfrentar este reto, la izquierda tanto en Latinoamérica como en los centros imperialistas, tiene que confrontar cara a cara las cuestiones fundamentales, tiene que tomar partido en el enfrentamiento entre el imperialismo rapaz y los estados obreros degenerados y deformados del bloque soviético. No sirven mansas súplicas a la “preocupación” liberal con el genocidio. En primer lugar, éste no es otro caso más de respaldo norteamericano a algún carnicero sangriento en su patio trasero. Cuando Teddy Roosevelt domaba brutalmente a estos diminutos países, el imperialismo norteamericano estaba ante todo preocupado con consolidar su hegemonía regional. La guerra hispano-americana y la diplomacia del dólar estaban dirigidas fundamentalmente a hacer una realidad de la doctrina Monroe. La construcción del Canal de Panamá le permitió a los EE.UU. poseer por primera vez una armada de dos océanos. Formaba parte de la división imperialista del mundo colonial en preparación para la Primera Guerra Mundial. Hace medio siglo, o sea la última ocasión cuando Centroamérica estuvo al centro de la mirada mundial, la cuestión era fundamentalmente regional. Esta vez lo que está en juego es muchísimo más importante.

 

Así que en las últimas semanas se ha armado un clamor sobre pertrechos soviéticos en El Salvador. Aquí tengo el “Libro Blanco” del Departamento de Estado. Supongo que tienen que llamarlo blanco porque su verdadero propósito es echar lodo en los ojos del público para que no vean lo que realmente está pasando. Así que lo primero por hacer es refutar estas mentiras imperialistas. En las palabras del presidente Reagan, de hace pocas semanas: ¿quién recorre el mundo sembrando la mentira, la estafa y el robo? Bueno, nuestro candidato predilecto es los Estados Unidos. En realidad es su segundo intento. El primero fue allá por enero, cuando decían tener la “prueba definitiva” de que Nicaragua era la “verdadera fuente” de armas para los rebeldes salvadoreños. Y la prueba no era sino un par de barcas en la Bahía de Fonseca. La madera, alegaron, es de un tipo que no se encuentra normalmente en El Salvador. ¡Y era esa la prueba de agresión nicaragüense! La acusación es obviamente ridícula, pero fue la base sobre la cual cortaron US$ 15 millones de ayuda a Nicaragua; y reanudaron el envío de otros US$ 5 millones de ayuda militar “letal” para El Salvador. Bueno, la operación fue un chasco ― los corresponsales, corrieron en busca de las pruebas y no encontraron ni trazas de armas ni nada. Así que ahora tenemos supuestos informes por el líder del Partido Comunista salvadoreño.

 

Pero los voceros no oficiales del imperialismo norteamericano dicen cosas todavía más fantásticas. Una de las más risibles fue publicada en la edición del 2 de febrero de Business Week. Según ellos:

 

“La llegada reciente de norcoreanos [según ellos para ayudar a los guerrilleros salvadoreños] fue descubierta cuando cuatro de ellos murieron en un accidente de tránsito en Nicaragua a principios de enero. Buenos Aires también ha identificado un número creciente de montoneros, guerrilleros izquierdistas argentinos. También ha sido reportado que howitzers 105 de manufactura norteamericana, capturados por los norvietnamitas en 1975, han sido desembarcados de un barco de bandera libanesa que los trajo desde Saigón, comisionado por la Organización para la Liberación de Palestina.”

 

¿Más? Mi primera reacción fue preguntar: “¿Y dónde entra Carlos en todo esto?” ¿Y la banda Baader-Meinhof? Pero como revolucionarios proletarios tenemos algo más que decir además de denunciar tales invenciones. La verdad es que, desgraciadamente, los insurgentes en El Salvador no reciben ninguna ayuda soviética útil. Porque si la hubiera, durante el año pasado no habrían muerto 12.000 personas a manos de los escuadrones de la muerte derechistas y el ejército de la junta. He allí la prueba. Ojalá hayan algunas armas de Cuba y la Unión Soviética allí. Pero el hecho es que no hay una protección adecuada para las masas que se enfrentan a los sangrientos dictadores. Así que el embajador soviético a los EE.UU. se levanta y dice, “somos inocentes.” Y, desafortunadamente, es la pura verdad. Si él mintiera, engañara y robara para avanzar la causa de la revolución mundial, nos sentiríamos mucho mejor. Pero no es así.

 

Ahora, lo que estamos presenciando es el intento por la principal potencia capitalista mundial de reestablecer su hegemonía mundial luego de haber sido gravemente herida en Indochina. El desmoronamiento de varias de las dictaduras de la región está íntimamente relacionado con la relativa debilidad del imperialismo norteamericano después de Vietnam. Luego vino la cruzada pro-“derechos humanos” de Jimmy Carter, que en América Latina no fue sino una fase pasajera de hipocresía burguesa. Pero, como dijimos desde el primer día, su verdadero blanco fue la Unión Soviética. En otras palabras, se trataba del rearme moral del imperialismo en preparación para la guerra. Y no iba a ser tan sólo una guerra fría, sino una guerra caliente. Y Reagan ha declarado que la guerra caliente comienza aquí y ahora. Centroamérica es el sustituto del Golfo Pérsico, Berlín o Polonia por ejemplo. Ese es el país que actualmente ocupa el primer lugar en el pensamiento de Washington. Al “cerrarle el paso al comunismo” en El Salvador, en realidad se están preparando para “echar atrás”, en la fraseología de Foster Dulles, las conquistas históricas de la revolución proletaria rusa.

 

En segundo lugar, como dijimos en el último número de Workers Vanguard, lo que los gobernantes norteamericanos buscan no es alcanzar la “estabilidad” en la región, o nada por el estilo. La única solución que plantean es una “solución final”. De todos modos Reagan quiere una lucha; quiere que la sangre corra en ríos. Y como es la potencia imperial más poderosa de esta época quien lo quiere, la sangre va a correr. Es un hecho. ¿De dónde, entonces, esta solución política de la que tanto se habla? Los regímenes populistas latinoamericanos, como México, y los socialdemócratas europeos la discuten. No son sino sueños de opio y más les vale sacar la yerba de la distensión fuera de sus pipas porque estova en serio. Pero el mismo tipo de utopías peligrosas son expresadas por las futuras víctimas: la dirección sandinista en Nicaragua y los portavoces de la izquierda salvadoreña. Ellos deberían sacar algunas conclusiones del hecho de que los EE.UU. les da la espalda. Reagan no abandona a sus carniceros.

 

Esta vez la junta salvadoreña no va a recibir un manotazo pro- “derechos humanos”, porque aquí se trata de una batalla de clases a escala internacional. Y por lo tanto las únicas respuestas que tienen sentido son las respuestas de clase ― el programa y la perspectiva de la revolución proletaria. Es por eso que decimos lo que al principio les pareció extraño a muchos de la izquierda: “¡La defensa de Cuba y la Unión Soviética empieza en El Salvador!” Y, compañeros, los sucesos de la última semana han confirmado enfáticamente nuestra advertencia. Un congresista liberal, por ejemplo, se quejaba del retorno a los días de la “diplomacia de cañonera” ― y tiene toda la razón. La radio española informó el martes pasado que actualmente hay más de 40 barcos norteamericanos en el Caribe tratando de parar los embarques de armas a Nicaragua y los izquierdistas salvadoreños. Reagan responde a los liberales temerosos de embrollarse en un “nuevo Vietnam” diciendo que esta vez se propone confrontar el problema en la “fuente”, según él: Cuba y la Unión Soviética. Ahora, eso es un absurdo evidente pero es la política de los EE.UU. Así que ahora Washington le está diciendo a Moscú que SALT [el tratado para la limitación de las armas estratégicas] depende en que gane la junta militar en El Salvador. E informan a La Habana de que a menos que paren los envíos de armas a los izquierdistas salvadoreños, ellos se verán enfrentados con un bloqueo naval.

 

¿Y después, qué? Recuerden lo que dijo sobre la crisis de los misiles en octubre de 1962 el diplomático soviético que negoció la retirada rusa: “Jamás permitiremos que esto vuelva a suceder.” Y el Kremlin no lo dijo en broma. ¿En qué lado estarán, entonces, los liberales y socialdemócratas en una nueva crisis de los misiles en torno a Cuba? Recuerdo muy bien cómo estuvieron las cosas la última vez. El Socialist Workers Party, el SWP, que había sido una organización trotskista hasta principios de los años’ 60, cuando se arrastró a la cola del castrismo, estaba impulsando un grupo pro-cubano llamado el Fair Play for Cuba Committee. Con la mirada puesta en los liberales, sólo se pronunciaban a favor de la “autodeterminación” y “manos fuera” de Cuba. Pero cuando aconteció la crisis de los misiles, al momento crítico, ¡oh sorpresa! los liberales simplemente se desvanecieron. Ya no se trataba de “fair play” para Cuba, sino de “¿en qué lado estás, compañero?” Era una cuestión de clase. Y el SWP capituló ante los pacifistas liberales rehusándose a criticar a Krushchev, aun cuando el mismo Castro, su gran ídolo, se oponía al arreglo, y las masas cubanas estaban indignadas con el negocio que les dejaba sin protección esencial contra el imperialismo norteamericano.

 

Ahí radica el problema con las coaliciones y la política de colaboración de clases involucrando a supuestas fuerzas revolucionarias y de izquierda. A la hora de la verdad, paralizan la acción efectiva de las organizaciones obreras porque buscan evitar las contradicciones fundamentales. Mientras que lo principal, lo que los marxistas siempre han señalado sobre la política, es que al fin de cuentas, todo se reduce a una división de clases: uno está en un lado u otro de la línea de piquete. En una guerra civil, se está en un lado u otro, o, en el caso de no haber una diferencia cualitativa desde el punto de vista del proletariado, se opone en forma revolucionaria a ambos lados. Pero estos reformistas tratan de ocultar esta distinción. Así que la pregunta que quiero poner aquí es: ¿qué pasa cuando se desarrolla una nueva crisis cubana? Aquellos liberales que hoy dicen, “Que decida el pueblo salvadoreño”, entonces ¿en qué lado estarán ellos y las coaliciones organizadas alrededor de esa política? La cuestión de clase es ineludible.

 

Así que Reagan ha escogido a El Salvador y Centroamérica como el eje alrededor del cual acelerar su Guerra Fría. Y la batalla política girará en torno a la cuestión de la Unión Soviética y los estados obreros degenerado y deformados. Y, como trotskistas, tomamos partido en esta batalla. Criticamos las ilusiones en la “distensión” por parte de un Brejnev o Castro. Fidel Castro, dicho sea de paso, apoyó a Carter contra Reagan en los comicios del pasado noviembre; pero ¿quién preparó el terreno para lo que hoy día está pasando en El Salvador, sino Carter? Llamamos por el derrocamiento de la casta estalinista que debilita los cimientos del régimen proletario con sus intentos por conciliar con el imperialismo. Y ese llamado es parte íntegra de nuestro programa político global por la defensa incondicional y extensión de las conquistas de la Revolución de Octubre. Así pues que para preparar al proletariado para sus tareas, son consignas claves: “¡Defender a Cuba y la URSS!” Basta de tanta palabrería sobre una “solución política” con la junta sangrienta: “¡Triunfo militar para los insurgentes de izquierda en El Salvador!” y “¡Romper con la burguesía!” No hay un camino intermedio en Nicaragua, el único camino es “¡Expropiar a la burguesía!” y “¡Que arda Centroamérica con la revolución obrera!”

 

El Salvador 1932

 

Bien, repasemos un poco los últimos 160 años de la historia de El Salvador, desde que ganó su independencia de España. Para empezar, El Salvador no es una república bananera, es una república cafetalera. Desde fines del siglo pasado, su principal producto de exportación ha sido ese diminuto grano verde que se transforma en oro para los barones del café. Pero ante todo, El Salvador es el ejemplo por excelencia de un país dominado por una oligarquía. La clase gobernante la constituye un reducido número de familias ―la más grande es la de los Hill, los Alvarez son otra. Son verdaderas dinastías que dominan todo. Son los terratenientes, los generales, los obispos, los presidentes, etc. En El Salvador la oligarquía es denominada las “14 Familias”. Pero hace poco se hizo un estudio al respecto y se descubrió que eran unas 60 familias. Bueno, si quieren hacer una distinción…

 

Si Uds. quieren ver un retrato verídico de lo que es El Salvador, les sugiero que alguna vez vayan a ver una película hecha hace algún tiempo llamada ¡Viva María! Las estrellas son Brigitte Bardot, Jeanne Moreau y George Hamilton. Satiriza las revoluciones latinoamericanas: Brigitte Bardot interpreta la hija de un terrorista del IRA que emigra a Centroamérica porque las cosas están demasiado tranquilas en Irlanda, y hay que tirar bombas en algún lugar. Y entonces organizan una revolución, esas mujeres preciosas vestidas en bandoleras, George Hamilton clavado en la cruz y Jeanne Moreau abrazándolo en la cárcel. Como se puede imaginar la película es un chasco, pero contiene todos los estereotipos de una sociedad latinoamericana típica dominada por una oligarquía. Hay campesinos amarrados a ruedas de tortura, lentamente dando vueltas en el viento; hay campesinos marchando descalzos por caminos polvorientos mientras guardias brutales trotan a caballo aliado de la columna armados con látigos y rifles. En fin, es que si van a lo largo y ancho de los caminos de El Salvador, verán precisamente eso.

 

Es una sociedad criminal, con muchas características semifeudales. Pero sólo semifeudales, porque ha estado produciendo para el mercado mundial desde hace más de un siglo. Es natural, entonces, ver en esas condiciones un profundo sentimiento a favor de ciertas demandas democráticas. Echar a esos carniceros, por supuesto. ¿Por qué deben tener 14, o si prefieren 60, familias el dominio sobre todo el mundo? La demanda de la tierra para el campesino que la trabaja. Y por la emancipación nacional del yugo imperialista ejercido por los EE.UU., tanto directamente como a través de sus representantes locales. En la América Latina de hoy las demandas democrático-burguesas son cuestiones revolucionarias candentes. Pero como trotskistas, no llamamos por consiguiente a una “revolución democrática” como lo hacen los socialdemócratas y los estalinistas. La Contribución fundamental de León Trotsky y la Revolución Rusa al marxismo es la comprensión de que en esta época imperialista no es posible tener una democracia real (particularmente para las masas oprimidas) a menos que los obreros la obtengan mediante el establecimiento de su propio dominio de clase.

 

La razón de esto es sencilla: si alguna de estas fuerzas capitalistas “democráticas” logra obtener el poder estatal, tendrá que llevar a cabo una represión que no sería muy diferente de la de los tiranos y patriarcas que la precedieron. ¿Por qué? Bueno, el que estos dictadores sean la norma en América Latina se debe a que una burguesía muy diminuta está sentada encima de una enorme población plebeya o proletaria y un campesinado oprimido cuyas condiciones miserables dan lugar continuamente al fermento revolucionario. Y la única forma de seguir sujetándolos es con una u otra clase de régimen bonapartista ― todos esos “hombres de a caballo”, dictaduras militares que en última instancia se reducen al terror de masas. Lo que me hace acordar, el otro día estaba haciendo unas traducciones, cuando se me ocurrió que en castellano hay gran número de palabras para golpe. Así que las conté, y hay 297 sustantivos para golpe; y si añadimos los verbos, ¡hay más de 580! Incluso hay más palabras de las que hay para nieve en esquimal. La explicación, por supuesto, es que hay un montón de nieve en el Ártico, y en América Latina hay un montón de golpes. Y luego, en El Salvador acaban de obtener su primer presidente civil en más de 50 años. ¿Su nombre? José Napoleón Duarte.

 

El Salvador, la tierra por excelencia de la oligarquía cafetalera, muestra esta tendencia al dominio bonapartista en forma dramática. El país ha padecido bajo la bota de gobiernos militares en forma continua desde 1932. Es el período de dominio militar más largo de todo el continente. Y no es un accidente. ¿Por qué? Bueno, El Salvador es la zona más productiva de Centroamérica, produciendo cultivos comerciales de una frontera a la otra ― el país es casi una sola plantación inmensa. Y cuando comenzaron a cultivar café, simplemente echaron a cientos de miles de campesinos de sus tierras; así que el porcentaje de campesinos sin tierra que se han convertido en trabajadores agrícolas en El Salvador es mucho más elevado que en el resto de América Latina. Las condiciones son muy similares a las existentes en el Morelos de Zapata al tiempo de la Revolución Mexicana, y por supuesto la Revolución Mexicana tuvo un impacto inmenso en esta parte del istmo centroamericano.

 

Así que cuando hubo el crack financiero internacional, el colapso económico capitalista de 1929, el terror tradicional fue levantado y los trabajadores sin tierra comenzaron a alzar la cabeza. La oligarquía vio la tormenta que se acercaba y decidió echar al reformista en funciones, reemplazándolo con un auténtico general-verdugo llamado Maximiliano Hernández Martínez. El Partido Comunista llamó a una insurrección a la que las masas rurales respondieron en forma masiva. Y el resultado fue una represión sangrienta. Treinta mil personas murieron en un país con poco más de 2 millones de habitantes. Sería igual a la masacre de 3 millones de personas en los EE.UU. Y desde entonces ése ha sido el tema predominante de la política salvadoreña. Todo el mundo sabe que si las cosas se desmandan, habrá un nuevo 1932. Es para eso que deben prepararse las organizaciones revolucionarias que se reclaman de la dirección del proletariado ― ¡por otro 1932, pero que esta vez ganen los obreros y campesinos!

 

Esta fue la primera insurrección en América Latina dirigida por un Partido Comunista, y fue aplastada por lo que resultó ser la dictadura militar de duración más larga en el hemisferio occidental. Hay una conexión directa entre estos dos hechos. Es que El Salvador expresa en forma concentrada las condiciones del dominio burgués en toda América Latina. Esto es el eje de la teoría trotskista de la revolución permanente, a saber, que en los países capitalistas atrasados la débil burguesía criolla no puede gobernar independientemente de y en oposición al imperialismo y los elementos semifeudales. Más aun, están íntimamente ligados y no pueden llevar a cabo una revolución democrático burguesa; la historia de las revoluciones francesa e inglesa no se repetirá aquí. La clase dominante no es mucho más que una burguesía sucursal. Todos los “experimentos” con la democracia burguesa han fracasado miserablemente en América Latina. Hace pocas décadas, el Uruguay era la supuesta Suiza de América Latina. O Chile, un pedazo de Europa trasplantado en Sudamérica. Y además, ellos contaban con la Alianza para el Progreso. Pero, echen una mirada al Uruguay y Chile hoy día.

 

¿Por qué sucede esto en todas partes? Eso es lo que comprenden los trotskistas mientras que los estalinistas y socialdemócratas siempre lo descubren con amarga sorpresa. Es que estos reformistas siempre sostienen que es factible alguna clase de etapa democrático burguesa, o una etapa antiimperialista, o una etapa antioligárquica, antifeudalista, antifascista, etc., etc. Cuando Uds. escuchen esta retórica, párense un momento y pregúntense: ¿qué hace falta aquí? Es anti-todo, y llena de terminología marxistoide pero no hay ninguna referencia a la revolución proletaria. ¿No es cierto? Entonces todo este lenguaje sofisticado sólo sirve para encubrir el hecho de que rehúsan luchar por la revolución proletaria. De hecho, lo que están tratando de hacer es instalar algún tipo de régimen capitalista “progresista” o simplemente más liberal, que eventualmente se dará la vuelta y reprimirá a los obreros igual que lo hicieron sus predecesores. Sólo los trotskistas dicen la verdad, o sea que para lograr las consignas clásicas de la revolución burguesa hoy en día es necesario que la clase obrera tome el poder y establezca su propio dominio de clase. Esta es la única alternativa a una contrarrevolución sangrienta.

 

El ejemplo clásico de América Latina es Chile. Ahora bien, es cierto que Chile tiene una estructura de clase más europea, y desde los años 30 ha tenido grandes partidos obreros reformistas e incluso centristas. Por consiguiente, también tuvieron su experiencia con el Frente Popular. Tuvieron una serie de frentes populares desde 1936 hasta fines de los años 40, y el último fue encabezado por un tal general González Videla, cuyo principal soporte fue el Partido Comunista. Entró en funciones en 1945, y ya para 1947 había encerrado a todo el PC en campos de concentración. Hay también la otra alternativa, la variante Pinochet, donde la Unidad Popular de Salvador Allende constituyó una barrera impidiendo que se fuera más allá de los límites del capitalismo. La UP fue llevada al gobierno por un auge de la clase obrera ―inicialmente muy entusiasmada― pero conforme fue agotando en forma gradual sus fuerzas, la reacción imperialista y la burguesía criolla contraatacaron. Cualquiera sea la variante, el frente popular es una barrera en el camino de la revolución.

 

¡Romper con la burguesía!

 

Volviendo al caso de El Salvador, hay otras limitaciones al desarrollo económico burgués y a la obtención de todo progreso social o prosperidad real en la región. Y es que toda el área está dividida en un sinnúmero de minúsculos países. Fundamentalmente, podemos decir que toda América Latina es en muchos aspectos una sola nación, con la excepción del Brasil. Pero en el caso de Centroamérica esto es todavía más extremo. Salió del dominio colonial como un estado federal, pero la burguesía estaba tan dispersa que pronto se escindió. Y como resultado tenemos hoy a Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, ninguno de los cuales puede considerarse económicamente viable. Por supuesto todos tienen su refinería de petróleo propia, y ¡cómo no! cada uno tiene una planta embotelladora de Coca Cola ―aunque estando ahora los republicanos en el gobierno, probablemente pasarán a ser de Pepsi Cola. (El New York Times remarcaba el otro día que bajo los republicanos todo va mejor con Pepsi.) Y todos tienen sus almacenes Sears Roebuck para la minúscula clase media que vive en barrios llamados Colonia Kennedy, Colonia Country Club o Colonia Sears; cuyos planos son todos idénticos a Levittown. Pero al mismo tiempo uno camina unos 200 metros más allá y se encuentra con tugurios en un estado de miseria increíble. ¡Donde aún hoy día es todo un avance conseguir un techo de lata! En otras palabras, las condiciones de vida para las masas, si han variado algo en los últimos 30 años, lo es para peor.

 

Ahora bien, parte de la explicación de tal pobreza, de una clase media tan ínfima, es que el estrecho marco nacional no permite un verdadero desarrollo económico. Y todo intento de desarrollo dentro del marco capitalista está condenado al fracaso, porque si uno pone una fábrica de conservas aquí, una fábrica Revlon allá, muy pronto ellas entran en competición y las burguesías locales se están agarrando de los pelos porque no hay mercados para sus productos. Déjenme darles un ejemplo, la llamada “guerra del fútbol” entre El Salvador y Honduras del año 1969. Esta fue una de las guerras más ridículas en la historia de América Latina, pero no tuvo nada que ver con el fútbol. Lo que pasó fue que se organizó un Mercado Común Centroamericano como parte de la Alianza para el Progreso; la idea era que alguien produciría una palanca en un país, un par de ruedas en otro, la cabina en el de más allá, y luego habiendo llegado a la hora del “despegue” Walt Rostow vendría especialmente para otorgarles un premio.

 

Esa era la teoría, pero como El Salvador era un poquito más avanzado, comenzó a industrializarse a todo vapor y pronto Honduras se quejó de que su mercado estaba siendo invadido. Por otro lado, un gran número de campesinos estaban cruzando la frontera porque en El Salvador la escasez de tierra es muy grande. Así que Honduras acusó a su vecino, conocido como el “pulgarcito de América”, de imperialismo y echó a miles de los colonos. Ambos países instigaban la histeria popular y luego de un disputado partido de fútbol en México, estalló la guerra. Pero el motivo fundamental fue la competición entre dos pequeños países no viables. Esta “guerra del fútbol” puso fin al Mercado Común Centroamericano y desde entonces no ha habido prácticamente ninguna industrialización. Por supuesto, si la clase obrera tomara el poder no sería como una diminuta “república socialista de El Salvador”, sino en el marco de una federación socialista enlazando a toda Centroamérica con México, que es potencialmente la verdadera locomotora industrial de la región. Y ese es el requisito necesario a todo desarrollo económico real.

 

Otro aspecto importante de la situación en El Salvador es la extrema polarización entre derecha e izquierda, reflejando el profundo abismo que separa a las clases. Otro ejemplo dramático: en América Latina hay un cierto código de conducta para las dictaduras. Por ejemplo, solía ser que cuando encarcelaban a militantes de izquierda eran relativamente bien tratados; porque todos, incluso los carceleros, sabían que una vez que se vendieran, cualquiera de ellos podía ser un próximo presidente o ministro. Todo ha cambiado ahora, luego de la Alianza para el Progreso, que llevó a la diseminación sistemática por el “ilustrado” imperialismo norteamericano de los métodos de tortura estilo nazi. Otra regla de juego es que estas cosas suceden en forma cíclica. Si se mantiene a las masas en la miseria absoluta, es inevitable que periódicas explosiones de protesta masiva sacudan al país. Y la regla es que cuando llega el punto culminante, se las deja pasar esperando un día más propicio. Pero no es así en El Salvador.

 

El año pasado, el 22 de enero, había una marcha de 200.000 personas por el centro de San Salvador. Allí está la tradicional plaza central con el palacio nacional y la catedral (dios bendice a El Benefactor); y luego hay el banco nacional (Mammón bendice a El Benefactor), y finalmente el ministerio de defensa (los fusiles bendicen a El Benefactor). En fin, la muchedumbre entra a la plaza central, pasando por la catedral y comienza a desfilar frente al banco nacional y al palacio nacional. Doscientas mil personas y ¿qué hace el gobierno? Pone francotiradores en los techos quienes ametrallan a la multitud. Mataron a 200 personas e hirieron a otras 300 más. Ahora, eso es jugar con fuego ― no aparece en las reglas de Dale Carnegie para dictadorzuelos de plomo latinoamericanos. Pero hay una lección en esto: la burguesía salvadoreña sabe que su situación ha sido muy precaria desde hace mucho tiempo. Es por eso que no ha habido verdaderos intentos de parte de elementos burgueses disidentes por desafiar el dominio militar durante cinco décadas. Y este tipo de masacre abierta es dada por sentada ― desde su punto de vista de clase es necesaria.

 

Hay una miríada de casos parecidos. El asesinato del arzobispo Romero, por ejemplo. Tampoco se permite matar arzobispos, sobre todo cuando tienen amigos aquí. Él era muy buen amigo del padre Drinan, el congresista de Massachusetts; pero el papa botó al padre Drinan del Congreso, y parece que ellos decidieron que ahora sí se podía matar arzobispos. El arzobispo Romero se enfadó con el presidente Romero (no emparentado) cuando el ejército comenzó a matar sacerdotes hace algunos años. Y cuando hizo lo mismo la junta militar de “derechos humanos”, instalada en el poder por Washington hace año y medio, él respondió con un lenguaje tomado del Libro Rojo de Mao Tse Tung. Todo basándose en el Evangelio, por supuesto ―Epístola de Pablo, capítulo 1, verso 13, “Y el Señor dijo, no matar. Así que cuando matan, rebelarse es justo.” Etcétera. Y al día siguiente de pronunciar estas palabras, fue asesinado mientras celebraba misa. Dicho sea de paso, parece que los asesinos fueron unos gusanos cubanos entrenados por la CIA ― así que si quieren hablar de exportación de terrorismo, he aquí un ejemplo textual.

 

Luego hay los dirigentes de la coalición opositora de frente popular, el FDR (Frente Democrático Revolucionario). Su principal dirigente, Alvarez Córdova, era vástago de una de las 14 Familias. Y normalmente no se asesina a miembros de la oligarquía. O las misioneras católicas: no se permite matar monjas, no es bien visto, recuerden Stanleyville y todo eso. O el embajador de Carter, Robert White ―luego de las elecciones norteamericanas en noviembre todos los asesores de Reagan le llamaban “reformador social” y él respondió acusándoles de incitar su asesinato. Fue lo que les pasó a los demás “reformadores sociales”, incluso cuando están relacionados con la CIA, corno los tipos de la reforma agraria que fueron acribillados a balazos en el restaurante del San Salvador Hilton.

 

¿Y cuál debe ser la respuesta a todo esto? Corno marxistas, corno comunistas, decimos que es necesario organizar a los oprimidos y explotados alrededor de la fuerza social que tiene los intereses de clase necesarios para barrer con el sistema que produce tales asesinos sádicos. Desgraciadamente, la izquierda salvadoreña ha sido formada por la herencia de décadas de ideología reformista estalinista y nacionalista. En consecuencia, ha dirigido sus esfuerzos a empapelar por encima el profundo abismo que separa a las clases en El Salvador ― en eso consiste, por lo esencial, su política frentepopulista. A nombre de la “unidad democrática”, comprometen a los obreros y campesinos a respetar la propiedad privada de los capitalistas, la “integridad” de las fuerzas armadas, la “dirección serena” de la iglesia, etc. y añaden un manojo de demócratas cristianos disidentes y un par de socialdemócratas flácidos ―en realidad liberales burgueses camuflados corno socialdemócratas― todo a fin de mantener a las masas bajo control. Así, supuestamente, la “burguesía progresista” no se asustará y entonces quizás se pueda arreglar las cosas con Washington.

 

Así que forman una coalición frentepopulista con unos cuantos liberales y sacerdotes y reformistas. Y las masas, llenas de alegría por la caída de la anterior banda de asesinos, dan inicialmente su apoyo. Ahora bien, en El Salvador ya han tenido una versión de esto con la llamada junta militar “reformista” instalada por Carter en octubre de 1979. Abarcaba militares liberales, civiles liberales; el Partido Comunista contribuyó un ministro del trabajo, y también cabían un par de coroneles de línea dura. ¿Y qué pasa entonces? Los liberales son dejados de lado, uno por uno, en un llamado “golpe trepador” y los gorilas militares lanzan el peor baño de sangre visto en décadas. ¡Ah! Y también tienen una “reforma agraria” diseñada y auspiciada por la misma gente que hace década y media llevaron a cabo el programa dé “pacificación” en el Vietnam. Esta reforma agraria consiste en repartir parcelas a los miembros de la organización fascista ORDEN, que está conectada con los militares y cuya misión es vigilar a los campesinos. Y el resto de la gente que allí vivía, los trabajadores agrícolas, etc., todos son expulsados, echados al monte, luego calificados de guerrilleros subversivos y ametrallados por el ejército. En El Salvador esto ha sido denominado la “Reforma por la muerte”.

 

Hoy hay una nueva edición de esta coalición colaboracionista de clases, el Frente Democrático Revolucionario. Al principio fue encabezado por el terrateniente Alvarez y ahora por el socialdemócrata Ungo, ambos ex-miembros de la “junta militar de derechos humanos” de octubre de 1979. Últimamente el FDR ha estado maniobrando por obtener un acuerdo con el coronel Majano, que también formaba parte de la junta militar pero que acaba de ser arrestado. Esta coalición se ubica un poco más a la izquierda, quizás más parecida a la UP de Allende. Pero ¿qué política defiende? ¿Qué hay de la cuestión de la tierra? por ejemplo. La junta militar tiene su “reforma agraria” ― ¿cuál es la respuesta de la izquierda? Ahora bien, los bolcheviques llamamos por la revolución agraria, no una reforma agraria. Los campesinos no van a pelear por un pedazo de papel que dice “título de propiedad”, de tal manera que continúan pagando la mitad de la cosecha, sólo que ahora ya no se llama aparcería sino redención de los bonos del banco agrario. La historia muestra que los campesinos sólo aceptan que ha habido un cambio cuando se levantan en una insurrección revolucionaria y queman la hacienda o casa grande, y con eso queman los archivos de tenencia de la tierra. Así sucedió en Francia en 1789, o en Rusia en 1917 y también en la derrotada revolución campesina de Morelos en México.

 

La razón es obvia. Además del “título” que se encuentra en manos de los campesinos, hay otro papel ¿no es cierto? en el registro nacional en la capital. Y cuando la ola reformista se agote, los terratenientes regresarán de Miami y entonces va a ser su papel sellado contra el papelito de los campesinos. Y ¡cosa más rara! su título está respaldado con más fusiles. Así que los campesinos tienen razón en mirar estas diversas reformas con escepticismo; mientras que si son movilizados alrededor de un programa de la tierra a quien la trabaja y bajo el liderazgo de la fuerza social que tiene el poder para imponerlo contra la burguesía, es decir, la clase obrera, ellos pueden ser una fuerza auxiliar poderosa o incluso ser el grueso de la base que apoya la revolución proletaria. Pero no tras un frente popular. El señor Alvarez está en la coalición, posee miles de hectáreas de tierra y representa a una clase social.

 

Más aun, no se trata de que por ese lado están algunos terratenientes malos y aquí unos industriales buenos, que la gente de allá es la reacción social mientras los de aquí están por el progreso social. Es la misma gente. En la típica familia oligárquica latinoamericana el primogénito hereda la hacienda, el siguiente es coronel en el ejército, el tercero entra en la política burguesa y el cuarto entra a la iglesia. Si hay cinco hijos, el último es un revolucionario. ¡Ah! y se me olvidó el que recibe la concesión de Coca Cola. Así que hay una división del trabajo pero todos vienen de la misma familia. En El Salvador se llaman Romero o Alvarez, y en Nicaragua todos son Chamorro, y no van a llevar a cabo una revolución agraria.

 

En el plano internacional es lo mismo. Así, recientemente la Segunda Internacional ha estado alborotando en el patio trasero de los EE.UU., aceptando a toda clase de partidos populistas y liberales burgueses como miembros de su internacional socialdemócrata. El perspicaz periodista Alan Riding, del New York Times, hace poco escribía una buena frase al respecto. Resulta que hay un grupito en El Salvador llamado el Movimiento Nacional Revolucionario, el MNR, que es un puñado de liberales encabezado por Guillermo Ungo, uno de los vicepresidentes de la Internacional Socialista. De esta forma, ellos están relacionados con el Partido Socialdemócrata de Alemania, el cual les manda deutschemarks y actúa en cierta medida como representante del gran capital alemán. Y Riding hacía notar que probablemente la totalidad de los socialdemócratas de El Salvador cabrían en un Volkswagen. Lo que están tratando de hacer es conseguir que Helmut Schmidt y Willy Brandt les saquen las castañas del fuego; por su parte, ellos prometen ser buenos muchachos, pagar todas las deudas a los imperialistas, etc. Pero, ¿qué creen Uds. que Schmidt y Brandt van a hacer cuando los cañoneros de Reagan aparezcan en el horizonte? No mucho.

 

Así pues, la cuestión del frentepopulismo está presente en todos los aspectos de la situación en El Salvador, incluyendo la reciente ofensiva fracasada. Anunciada como la “ofensiva final”, la revista Time citaba a un dirigente guerrillero diciendo que era “la ofensiva final, final. ¡Finalmente!” Bueno, parece broma y en parte es por razones de táctica militar, pero detrás de todas las ofensivas y retiradas intermitentes en El Salvador, hay un programa político. Bien, parece que ―y es difícil saber con seguridad debido a la autocensura en la prensa imperialista― hubo escasa acogida al llamado a la insurrección. Ciertamente fue el caso de la huelga general. Ana Guadalupe Martínez, una dirigente de los insurgentes de izquierda, cuya coalición se llama el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, o FMLN, dijo que “Las masas no creyeron tener el apoyo necesario para llevar a cabo la huelga en forma masiva, y en cuanto a las organizaciones político-militares, ésta fue demasiado débil como para poder transformarse en una insurrección… En ese momento el llamado a la huelga fue un error político.”

 

Pero no es la primera vez que ha acontecido un error de esta índole. La huelga general de agosto pasado también fue un fracaso, y por motivos parecidos. En aquel entonces trataban de negociar con varias fuerzas burguesas para ampliar su frente popular, pero el día previo a la huelga los dueños de autobuses se retiraron. Poco después de la huelga uno de los grupos más “moderados”, las FARN, abandonó la dirección militar de esta multifacética coalición de izquierda, la DRU, con esperanzas de negociar un acuerdo con el coronel Majano. El arreglo no prosperó porque faltan sectores significativos de la burguesía salvadoreña que estén dispuestos a formar parte de una coalición de izquierda. Pero lo fundamental es que ese esfuerzo constante por obtener un tal arreglo ha impedido movilizar a las masas con rumbo a una auténtica insurrección revolucionaria. Durante la reciente ofensiva final/general, por ejemplo, nunca se propusieron llevar a cabo un levantamiento en todo el territorio nacional. La acción en las ciudades siempre fue considerada como elemento auxiliar, y no porque sea una especie de guerrilleros maoístas tipo “guerra popular prolongada”.

 

Lo que buscaban era ganar un pedazo de territorio donde establecer al FDR como un gobierno alternativo. Entonces los Helmut Schmidt y López Portillo podrían reconocerlo y quizás con suerte llegaría a la ONU o la OEA. En otras palabras, la acción militar fue concebida fundamentalmente como una maniobra de presión sobre la burguesía internacional. Dadas las circunstancias del gobierno Reagan, sin embargo, una tal estrategia está condenada al fracaso. Y en cualquier caso, aun si tomaran el poder, sólo significaría que finalmente a los obreros y campesinos se les robaría su triunfo, por el cual han derramado tanta sangre. Y otra vez todo terminaría en las manos de la clase dominante. Así pues, mientras el grueso de la izquierda trata de esconder las divisiones de clases, los trotskistas sostenemos que es menester movilizar a la Clase obrera, apoyada por los campesinos, para derrocar a esta minúscula burguesía que cuenta, sin embargo, con el respaldo del imperialismo. Y en el nuevo contexto de Guerra Fría, las tareas que el diminuto El Salvador presenta se definen a escala global.

Intentona golpista en España

La amenaza de la Guardia Civil

Intentona golpista en España

Traducido de Workers Vanguard No. 275, 27 de febrero de 1981. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 10 , febrero de 1982.

El siguiente artículo fue escrito al momento del golpe de Tejero. Informaciones posteriores revelaban que la extensión del complot era más grande aun, abarcando a grandes sectores de la alta oficialidad de las FF.AA. españolas. Esto no hace sino reforzar la importancia de la línea política aquí elaborada de movilización obrera contra los golpistas.

23 DE FEBRERO DE 1981 — La dramática intentona de anoche en Madrid está siendo pintada como la aventura de un “coronel loco”. Claro que la banda de 200 guardias civiles y ultrafranquistas sin uniforme que secuestraron a todo el parlamento español eran elementos marginales con mínimas posibilidades de instalar un gobierno castrense. Pero el coronel Tejero y su aliado golpista el general Milans de Bosch cuentan con influencia y protección. Tejero fue el organizador del complot de 1978 para secuestrar el gabinete; aunque condenado a la cárcel por sedición, fue puesto en libertad y retornado al servicio activo. Esta vez irrumpieron en las Cortes sin encontrar obstáculos, tomaron la RTVE (televisora nacional) con tanques del ejército y pusieron a Valencia bajo control militar. Esto no se pudo hacer sin cómplices a alto nivel. El “golpe del coronel loco” fue una advertencia de un verdadero golpe militar si las exigencias de los generales — franquistas empedernidos casi todos (aunque no locos) — no se satisfacen.

El rey Juan Carlos, nombrado por el difunto dictador, es aclamado como salvador de la “democracia española”. Pero el hecho de que el golpe no fue desmantelado sino hasta después de la intervención del monarca confirma que él no es una simple figura decorativa, sino el máximo comandante en jefe de las fuerzas armadas. Esta vez ordenó a los altos mandos acatar al gobierno civil. En el futuro la autoridad del monarca para imponer o avalar un régimen de “estado fuerte” se verá reforzada enormemente. Ya en repetidas ocasiones el ejército ha lanzado insinuaciones tenebrosas o amenazas abiertas de barrer el débil parlamento si aumenta la fuerza de la izquierda o siguen activos los terroristas nacionalistas vascos. La “democracia española” fácilmente podría experimentar una transformación bonapartista, porque las fuerzas siniestras e instituciones antidemocráticas de la dictadura franquista nunca fueron verdaderamente eliminadas de raíz. ¡Ojo con reyes que cancelan golpes!

Quizás el aspecto más peligroso del extraño intento de golpe a las Cortes es que la clase obrera no actuó. El ejército se acuarteló mientras que la policía nacional — los “grises”, tan peligrosos como la Guardia Civil — rodeó el edificio del parlamento. Los sindicatos y los partidos obreros de masas, especialmente el PCE eurocomunista de Santiago Carrillo y el PSOE socialdemócrata de Felipe González, mandaron a las masas quedarse en casa. Arguyendo que la intentona no era sino “un incidente aislado que aparentemente no contaba con el apoyo de las fuerzas armadas”. ¿Qué deberían haber hecho entonces los obreros?… ¿esperar hasta que ocurriera un intento de golpe en serio para entonces enfrentarse a una muralla de fuego militar unida y decidida? Esta política de cretinismo parlamentario es un programa para una derrota sangrienta. ¡Recordad el 36!

La responsabilidad de la peligrosa situación actual la tienen los González y los Carrillo, quienes por su repetida negativa a llamar a acciones de huelga general durante la agonía de la era de Franco, permitieron a los franquistas conservar el máximo posible de sus posiciones de fuerza. La resultante “democracia reforzada” ha dejado a los obreros en el vacío político al mismo tiempo que se enfrentan con el creciente paro y una inflación desenfrenada. Ya comienzan a escucharse voces dentro de la pequeña burguesía llamando por el “retorno de Franco”, mientras decenas de miles de obreros decepcionados abandonan al PCE y al PSOE. Esta crisis también ha afectado a la llamada “extrema izquierda”, quienes iban a la cola de los reformistas del PCE y el PSOE y no presentaron ninguna alternativa al parlamentarismo sin salida. Es una ironía profunda el que entre los rehenes tomados por los asesinos estaban los principales traidores reformistas responsables de haberles reanimado.

Los obreros españoles odian a la Guardia Civil con un ardor y ferocidad que podrían abrir las puertas de la revolución.Aun un grupo revolucionario de propaganda de mediano tamaño habría utilizado el momento crítico que representó este golpe de advertencia, buscando movilizar centenares de miles de proletarios para lanzar su propia advertencia a los criminales franquistas. Una dirección trotskista habría llamado a una acción de huelga general para frustrar el golpe; a la formación de milicias obreras de frente unido basadas en los sindicatos para tomar los cuarteles y bloquear los transportes del ejército; por comités de soldados para polarizar al ejército; por una marcha sobre las Cortes para dispersar a los fascistas y golpistas. Unos comités de defensa proletarios sentarían las bases para órganos soviéticos que podrían barrer con las instituciones armadas que constituyeron la espina dorsal del franquismo, movilizando por la revolución obrera. En la ausencia de tal acción, será mucho más difícil incluso encarcelar a los guardias civiles torturadores que aterrorizan a la población vasca y representan una amenaza continua a toda la clase obrera.

Recuerden el putsch Kapp en Alemania en 1921, cuando la clase obrera alemana se levantó en masa para cerrarle el paso a un pequeño grupo de militaristas ultraderechistas, abriendo el camino para una nueva crisis revolucionaria pocos meses después. De haber habido una movilización  semejante en España en octubre de 1934 (cuando la ultraderecha entró al gabinete) en lugar de una insurrección aislada en Asturias, el curso de la historia española hubiera sido muy diferente y cientos de miles de vidas obreras habrían sido salvadas. Fue una falla clave que preparó el camino para el franquismo.

¡En guardia! La reacción sólo ha mostrado un diente roto, pero pronto mostrará otra vez sus colmillos. La formación de milicias obreras es una tarea urgente de autodefensa para el movimiento obrero español. La Guardia Civil y todos los cuerpos especiales de policía política bonapartista deben ser liquidados. Y esto no va a ser llevado a cabo por monarcas “democráticos” ni por parlamentos impotentes, sino mediante la lucha por la revolución proletaria.

¡Una Polonia obrera, sí, Polonia del papa, no!

¡Una Polonia obrera, sí, Polonia del papa, no!

— extractos de Spartacist (edición en Inglés) No. 30, otoño de 1980. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9,  otoño 1981.

Todo el mundo pronosticó el estallido. Una clase obrera combativa y agitada, huelgas de campesinos, una deuda exterior inmensa, escasez de alimentos crónica y extensa, una iglesia católica poderosa y cada vez más pujante, proliferación de grupos opositores socialdemócratas y clerical-nacionalistas. Todos los elementos estaban presentes. Polonia a fines de la década de los setenta se debatía en una crisis cada vez más profunda rumbo a una explosión,una explosión que podría dar como resultado o la revolución política proletaria contra la burocracia estalinista o una contrarrevolución capitalista con la iglesia del papa Wojtyla a la cabeza.

Y cuando llegó el estallido captó la atención mundial durante dos semanas enteras. La huelga general en la costa báltica fue la movilización más poderosa del poder de la clase obrera desde mayo de 1968 en Francia. Pero, ¿fue una movilización para la clase obrera? He aquí la pregunta decisiva.

Ahora hay un acuerdo, al menos sobre el papel. Los obreros polacos han forzado a la burocracia a aceptar los “nuevos sindicatos autogestionarios” con la promesa de que ellos reconozcan “el papel dirigente” del Partido Comunista y no se dediquen a actividades políticas. En tanto el acuerdo aumenta el poder de los obreros polacos para luchar contra la burocracia estalinista, los revolucionarios pueden apoyar la huelga y su resultado. Pero sólo un ciego puede ignorar la influencia enorme de la iglesia católica así como la opinión favorable al Occidente entre los obreros huelguistas. Si el acuerdo fortalece organizativamente a la clase obrera, también fortalece a las fuerzas de la reacción.

El arreglo de Gdansk no puede durar. Ninguna burocracia estalinista -casta parásita que debe monopolizar el poder político para preservarse- puede tolerar una oposición obrera independiente. Y en Polonia hoy día, la idea de que tales sindicatos “se mantengan fuera de la política” es simplemente absurda. La situación en Polonia es de una dualidad de poderes fría. Nuevos enfrentamientos tendrán que ocurrir ya que el régimen, fuertemente endeudado a las instituciones financieras occidentales, no puede conceder el inmenso “aguinaldo” exigido por los obreros. Los fuertes aumentos salariales necesariamente acelerarán la inflación galopante o causarán una escasez aún más grave. Además, el Kremlin ya ha indicado su desaprobación al arreglo y una intervención militar soviética no puede ser descartada. El fin de la huelga general báltica no fue sino el principio de la crisis de la Polonia estalinista.

¿Democracia obrera o reacción clerical-nacionalista?

Ciertamente, los obreros están reaccionando contra la mala administración, los privilegios y abusos burocráticos. Las quejas de los obreros polacos son reales y justas. El despido pocos meses antes de su jubilación de una veterana militante, Anna Walentynowicz, que habría sido el detonante de la toma de los astilleros Lenin en Gdansk, debería enfurecer a todo obrero honesto. La existencia de almacenes especiales para uso exclusivo de los miembros del partido y los policías es una abominación, un rechazo de los principios más básicos del socialismo.

¿Y qué hay de las lealtades positivas y la visión política general de los obreros? Al comenzar la huelga hubo informes periodísticos de coros cantando la Internacional, indicando un elemento de conciencia socialista. Pero aunque los medios de comunicación imperialistas prestan especial atención y dan gran énfasis a todo apoyo dado a la ideología anticomunista en el bloque soviético, no hay duda alguna de que en un grado considerable los obreros bálticos y sus principales dirigentes se identifican con la poderosa oposición representada por la iglesia católica. No son sólo los signos externos -el cantar diario del himno nacional “Oh dios, que has defendido a Polonia”, los cientos de huelguistas arrodillados durante la misa, las ubicuas fotos de Wojtyla/Juan Pablo II, Lech Walesa repartiendo fotos de la Virgen María. Los asesores externos del comité de huelga son importantes miembros del grupo católico ZNAK y continúan sus funciones actualmente asesorando a los “nuevos sindicatos autogestionarios”.

Aún más siniestra es la demanda del comité de huelga pidiendo “acceso para todos los grupos religiosos [léase iglesia católica] a los medios de comunicación de masas”. Esta es una demanda antidemocrática que legitimaria el papel actual de la iglesia como la oposición reconocida al régimen estalinista. En realidad, los obreros de construcción naval del Báltico están pidiendo el reconocimiento de una iglesia estatal en un estado obrero deformado.

Pero esta iglesia no es leal al estado obrero. ¡Lejos de ello! La iglesia católica polaca (marcada por un antisemitismo virulento) ha sido un baluarte de la reacción incluso en el marco del catolicismo mundial. La iglesia polaca, especialmente a partir de 1976, ha ostentado cada vez más abierta y agresivamente su anticomunismo. A principios del año pasado el Wall Street Journal (2 de enero de 1979) observó: “Así, el sacerdocio se ha convertido en los hechos en un partido de oposición”.

El mencionado artículo también indicaba que el cardenal de Cracovia era especialmente responsable de la postura opositora más definida de la iglesia. Pocos meses antes, este prelado polaco se había convertido en el primer sucesor no italiano en cuatro siglos al trono de San Pedro. Karol Wojtyla es un peligroso reaccionario trabajando de la mano con el imperialismo estadounidense (en especial su compatriota Zbigniew Brzezinski) para poner en retirada al “comunismo ateo”, empezando en su tierra natal. Como dijimos cuando este anticomunista polaco fue hecho papa: “… él está ahora a la cabeza de millones de católicos practicantes en Europa del Este, una fuerza tremenda para la contrarrevolución” (“The President’s Pope?” Workers Vanguard No. 217, 30 de octubre de 1978).

El episcopado polaco, temiendo tanto una intervención militar rusa como su propia incapacidad para controlar una insurrección obrera, tomó una actitud cautelosa durante la huelga general báltica. Pero, sean cuales fueren los cálculos tácticos actuales de la jerarquía, la iglesia, bien organizada y con una base de masas, será -en un vacío de poder- una agencia poderosa para la contrarrevolución social.

Polonia tiene la clase obrera más combativa en el bloque soviético, con una historia de lucha por organizaciones independientes datando desde mediados de los años cincuenta. Polonia es también el país en Europa Oriental con una movilización de masas potencialmente contrarrevolucionaria alrededor de la iglesia católica. Así, a diferencia de Hungría en 1956 o Checoslovaquia en 1968, las alternativas en la actual crisis polaca no se limitan a la revolución política proletaria o la reestabilización estalinista. Al mismo tiempo, no es un Afganistán donde el Ejército Rojo soviético está jugando un papel progresista al aplastar una insurrección clerical-reaccionaria respaldada por el imperialismo. En cierto sentido, Polonia está situada entre la Hungría de 1956 y Afganistán.

Trotskismo y “sindicatos libres”

La principal demanda y concesión obtenida por el comité de huelga báltico fue el reconocimiento de “sindicatos libres”. Esta consigna concreta, propugnada desde hace muchos años por la Radio Europa Libre respaldada por la CIA, ha adquirido una connotación marcadamente anticomunista y orientada al Occidente. Recuerden la consigna del motín de Kronstadt de 1921 por “soviets libres”— es decir, libres de comunistas.

Una parte esencial del programa trotskista para la revolución política proletaria en los estados obreros degenerado/deformados es la lucha por sindicatos independientes del control burocrático. Los sindicatos y el derecho de huelga serían necesarios aun en un estado obrero gobernado democráticamente, como protección contra abusos y errores de administradores y gerentes. Pero no es evidente en lo absoluto que los “sindicatos libres”, propugnados desde hace mucho tiempo por los disidentes, serían libres de la influencia de elementos católicos y favorables a la OTAN que representan un peligro mortal para la clase obrera.

En cualquier caso, en la situación altamente politizada que vive Polonia hoy día, los sindicatos “nuevos y autogestionarios” no pueden limitarse y no se limitarán a cuestiones de escalas de salarios, condiciones de trabajo, seguridad de empleo, etc. Ellos o se verán atraídos inexorablemente a la poderosa órbita de la iglesia católica o tendrán que oponerse a ella en nombre de los principios socialistas.

Y en la determinación de ese resultado la presencia de un partido de vanguardia revolucionario sería crucial. Una tarea central para una organización trotskista en Polonia sería proponer en estos sindicatos una serie de demandas que separen las fuerzas clerical-nacionalistas del resto de los obreros y las aíslen. Estos sindicatos deben defender contra el imperialismo occidental la socialización de los medios de producción y el poder estatal proletario. En la Polonia de hoy la reivindicación democrática básica de la separación de la iglesia del estado constituye una línea divisoria entre la lucha por la democracia obrera y el peligro mortal de la restauración capitalista.

¡Romper la camisa de fuerza económica imperialista!

El abandono de la colectivización agraria en 1956 ha jugado un papel importante en contribución a la crisis política y económica actual de Polonia. Así el país se cargó de una economía rural parcelaria atrasada y groseramente ineficiente, incluso en el marco de comparación de la Europa del Este. Y la fuerza de la iglesia católica polaca está basada en el peso social de la pequeña burguesía rural. Hoy en día, más de la tercera parte de la fuerza laboral todavía trabaja en el campo, mientras que el 80 por ciento de la tierra arable es propiedad privada. Sólo mediante la  eliminación de la horrible pobreza y el aislamiento rural en que se encuentran las masas podrá ser roto el dominio que ejerce sobre ellas el oscurantismo religioso. Una tarea clave inmediata de un gobierno obrero revolucionario en Polonia es promover la colectivización de la agricultura.

En 1978 más del 50 por ciento de los ingresos de Polonia en divisas de moneda fuerte fue absorbido por el pago de la deuda exterior; en 1979 lo fue más del 80 por ciento y hoy la tasa es de más del 90 por ciento. Polonia ha evitado convertirse en la bancarrota más grande del mundo sólo mediante la aceptación de los programas de austeridad impuestos por sus acreedores imperialistas. Al mismo tiempo, temiendo una explosión popular si las masas polacas se sienten demasiado presionadas, la dirección rusa está pagando una gran parte de la deuda exterior de Varsovia. En un sentido Polonia se ha convertido en el intermediario a través del cual el capital financiero occidental saca plusvalía de los obreros y campesinos soviéticos (cuyo nivel de vida es mucho más bajo que el de los polacos).

Un gobierno obrero revolucionario en Polonia anularla la deuda exterior. Bueno, quizás exportaría al camarada Edward Gierek a Alemania Occidental para que él pueda pagar sus deudas trabajando en una mina de carbón del Ruhr. Excelente idea, diría algún obrero polaco, pero ¿olvidarán simplemente los banqueros de Frankfurt unos 20 mil millones de dólares con tan sólo un gesto de fastidio? ¿Y qué de las represalias imperialistas que vendrán, tanto económicas como militares? Ante esta reacción inevitable el proletariado polaco debe dirigir un llamado a los obreros de Europa Occidental: no queremos ser clientes de vuestros amos sino vuestros camaradas en una nueva tarea ¡la planificación socialista internacional en unos Estados Unidos Socialistas de Europa!

¡Por la unidad revolucionaria de los obreros rusos y polacos!

Todas las fuerzas organizadas de la vida política polaca -la burocracia estalinista, la iglesia y todas las alas del movimiento disidente- inculcan, cada uno a su manera, hostilidad a Rusia como el enemigo del pueblo polaco. El sello propio de un partido revolucionario en Polonia sería la orientación positiva hacia la clase obrera rusa y aquí no se trata simplemente de un internacionalismo abstracto, es cuestión de vida o muerte.

Los obreros revolucionarios polacos no pueden esperar atraer a los soldados soviéticos a menos que les aseguren que van a defender esa parte del mundo contra el ataque imperialista. Y una revolución política proletaria en Polonia debe extenderse a la Unión Soviética o, de una forma u otra, será aplastada.

¡Por sindicatos independientes del control burocrático y basados en un programa de defensa de la propiedad socializada!

¡Por la estricta separación de la iglesia del estado! ¡Contra la reacción clerical-nacionalista! ¡Vigilancia contra la restauración capitalista!

¡Promover la colectivización de la agricultura!

¡Por el control obrero de la producción, los precios, la distribución y el comercio exterior!

¡Por la revolución política proletaria contra la burocracia estalinista — Por un gobierno basado en consejos obreros democráticamente elegidos (soviets)!

¡Romper la camisa de fuerza económica del imperialismo — Anular la deuda exterior! ¡Hacia la planificación económica socialista internacional!

¡Por la defensa militar de la URSS contra el imperialismo! ¡Por la unión revolucionaria de los obreros soviéticos y Polacos!

¡Por un partido trotskista en Polonia, sección de una IV Internacional renacida!

Morenistas llaman por la contrarrevolución en la URSS

En el campo de Jomeini y la CIA

Morenistas llaman por la contrarrevolución en la URSS

Traducido de Workers Vanguard No. 249, 8 de febrero de 1980. Esta versión fue impresa en Spartacist en español no. 8 (1980). Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 8, agosto de 1980.  

De todos los grupos que se reclaman del trotskismo, la respuesta más grotesca a los acontecimientos recientes en Irán y Afganistán ha venido de la Fracción Bolchevique (FB) de Nahuel Moreno, el exilado dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) argentino. Hace un año Moreno aclamó entusiasmado, como también hizo la mayoría de la izquierda, la victoria de la “revolución” islámica coránica de Jomeini sobre el carnicero sha. Hoy, el Comité Paritario por la Reorganización (Reconstrucción) de la IV Internacional – un bloque podrido entre la FB y partidarios de la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa de Pierre Lambert – se une a Jimmy Carter en demandar el retiro inmediato de las tropas soviéticas de Afganistán. Incluso llama por el apoyo militar a los rebeldes islámicos respaldados conjuntamente por Jomeini y el Pentágono.

Pero esto no basta para los morenistas. En el Secretariado Unificado seudotrotskista, la FB se postulaba como el ala de extrema izquierda, criticando fuertemente la capitulación ante el eurocomunismo y las causas respaldadas por la CIA en el Portugal y Angola. En torno a Nicaragua desfilan como guerrilleros heroicos jactándose de su ya extinta Brigada Simón Bolívar. Ahora, sin embargo, la banda de bandoleros políticos morenistas de repente llama por ¡la extensión de la contrarrevolución islámica estilo-Jomeini a la Unión Soviética! A continuación reproducimos lo que su grupo italiano, la Lega Socialista Rivoluzionaria (LSR), dice sobre la crisis en Afganistán:

“La burocracia contrarrevolucionaria del Kremlin se está desacreditando por una acción criminal contra el pueblo afgano, pisoteando su derecho a la independencia al intervenir en su territorio sin ninguna justificación. La defensa contra acciones externas no fue el motivo causante de la intervención por la URSS, sino por el contrario fue un intento obvio de reforzar su control, de mantener el statu quo en el área remecida por el fermento revolucionario. La posibilidad de extender la revolución iraní al interior de las fronteras de la URSS es lo que aterra a la burocracia del Kremlin. Las poblaciones fronterizas soviéticas, unidas a las de Irán y Afganistán por lazos religiosos, culturales y raciales, pueden ser contagiadas por la radicalización de la zona y pueden convertirse en protagonistas de una movilización antiburocrática al interior del estado obrero, preparando la base para una revolución política. Esto es lo que la burocracia teme, ésta es la razón de porqué la URSS intervino.”

Avanzata Proletaria, 12 de enero

¡Parece que Moreno y Cía. tratan de competir con los maoístas y el superhalcón de Carter, Brzezinski, en el intento de movilizar a los fanáticos musulmanes jomeinistas contra Rusia!

Este no es un “exceso” aislado de los morenistas italianos. La Declaración/Plataforma de la Fracción Bolchevique aclamó el triunfo de la reacción clerical islámica: “la revolución iraní (…) ha sido el ejemplo más espectacular de un auge que se ha visto en los años recientes”. Y el PST argentino proclamaba que la victoria de los mulahs en febrero de 1979 “ya ha ganado su lugar entre las grandes revoluciones de este siglo, comparable en importancia a la prolongada Revolución Indochina” (Opción, abril de 1979). En la prensa de la LSR esto se convierte en apoyo político explícito a los dirigentes religiosos musulmanes, cuya “profunda integración con el pueblo” los convierte en “el canal para la movilización, la dirección de la revolución”:

“Por sobre todo, los lazos que existen entre los ayatolás y las masas son favorecidos por el hecho de que la jerarquía chiita no es impuesta desde arriba sino elegida desde abajo y por lo tanto ampliamente reconocida por la población.”

Avanzata Proletaria, 25 de marzo de 1979

Estas declaraciones aparentemente estrafalarias (para autoproclamados trotskistas) reflejan en realidad una línea política constante. No menos siniestra que la estalinofobia de “socialista de Departamento de Estado” de los lambertistas, la línea antisoviética de los morenistas en Afganistán refleja la mentalidad de caudillo de su dirigente. Desde su apoyo político a Perón en Argentina, a Torrijos en Panamá, a Velasco Alvarado en el Perú y ahora al clerical-feudalista Jomeini en Irán, Moreno muestra una predilección singular por los regímenes bonapartistas populistas nacionalistas burgueses. Comparado con el pálido burócrata Brezhnev, gobernando mediante un aparato estatal omnipresente, Jomeini parece un líder dinámico, carismático – un verdadero hombre digno de respeto en los ojos del presunto “Imam trotskista” de Argentina.

Este incurable camaleón político ha burlado a muchos potenciales revolucionarios en su tiempo. Instamos a nuestros lectores a consultar el cuaderno Moreno Truth Kit (La verdad sobre Moreno) de la tendencia espartaquista con la verdadera historia de este desbocado peronista sin hábito. Y que consideren el hecho de que a los primeros tiros de una nueva guerra fría, los morenistas abandonan toda pretensión de defender el programa trotskista hacia los estados obreros degenerados/deformados: revolución política obrera para derrocar a la burocracia y la defensa incondicional contra el imperialismo. ¡Quién sabe si pronto nuestro empresario seudotrotskista sui generis forme una “Brigada Imam Jomeini” a fin de extender la “Revolución Islámica” clerical-feudalista a la Unión Soviética! No sería difícil eliminarlos con operaciones de limpieza-pero puede que sus aliados, los mulahs, lleven a cabo el, trabajo antes de que el ejército soviético se dé tiempo para hacerlo.

Hijo de Perón cohabita con hijo de Mitterrand

Moreno/Lambert: El bloque más podrido: 

Hijo de Perón cohabita con hijo de Mitterrand

Traducido de Workers Vanguard No. 247, 11 de enero de 1980. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 10, febrero de 1982.

Durante los últimos tres años el aventurero argentino Nahuel Moreno ha embestido constantemente al “Secretariado Unificado de la IV Internacional” (SU) en búsqueda de algún punto que sirviera de motivo para provocar una escisión en esta banda caótica de renegados del trotskismo. Después de romper con el Socialist Workers Party (SWP) norteamericano por su línea de “socialistas de Departamento de Estado” en Portugal en 1975, coqueteó durante casi un año con la mayoría del SU encabezada por Ernest Mandel, y luego decidió establecer su propia Fracción Bolchevique (FB) en 1978. Engalanado con una plataforma de izquierdismo abstracto acusando a Mandel de seguidismo tras el eurocomunismo y al SWP de neokautskismo, Moreno inició una campaña filibustera por toda América Latina, captando a puñados de, militantes en varios países con incursiones relámpago y expulsiones burocráticas. Luego partió para Europa con la esperanza de sacar tajada de las secciones en crisis perpetua del SU en el viejo mundo ― presentando un aparato eficaz, bien financiado, siempre en movimiento con una nueva campaña para atraer la atención de las masas. Recorriendo por todo el mundo en busca de zonas candentes, Moreno por fin encontró su vehículo: la lucha contra el tirano nicaragüense Somoza, dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Pero no resultó de acuerdo a lo esperado. Al principio Moreno ideó la Brigada Simón Bolívar (BSB) como aparato publicitario para la FB y como grupo de presión para empujar al FSLN hacia la izquierda. Pero poco después de la huida en julio del dictador títere Somoza, la BSB (dirigida por los morenistas) se vio en apuros con la cúpula sandinista. Bastó una semana durante la cual la BSB organizó sindicatos y urgió a las milicias locales a no rendir sus armas, para que la nueva junta se deshiciera de ella. El 17 de agosto, la BSB fue acorralada y despachada: en aviones a Panamá donde varios de los brigadistas fueron golpeados por la Guardia Nacional. Eso pudo haber sido el fin del episodio, si el SWP y los representantes mandelistas en Managua no hubieran apoyado públicamente las deportaciones. Quizás Moreno haya perdido la ocasión para una maniobra en gran escala en Nicaragua, pero sí logró su pretexto para escindir al SU. En una serie de diktats [mandos y desmandos], el Secretariado Unificado emitió órdenes a la FB de suspender sus actividades y expulsó a los dirigentes de la aliada Tendencia Leninista Trotskista (TLT); la FB y la TLT, por su lado, se marcharon con sus tropas ― ni siquiera molestándose en asistir al “XI Congreso Mundial” del SU para protestar las expulsiones.

Después de la ruptura del SU en octubre pasado, ha surgido ahora una nueva conglomeración internacional competidora que pretende representar “a la mayoría de organizaciones, corrientes y militantes que pueden legítimamente reclamarse de la IV Internacional”. Moreno se ha asociado con la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa de Pierre Lambert, con la TLT lambertista y los satélites de la OCI agrupados en el Comité de Organización por la Reconstrucción de la IV Internacional (CORCI) para formar el “Comité Paritario por la Reorganización (Reconstrucción) de la IV Internacional”. El Comité Paritario dirige sus ataques contra la política liquidacionista del SU sobre Nicaragua y particularmente contra la “dirección castrista” del SWP. Estos son comparados con la ofensiva revisionista de Michel Pablo en 1951-53, entonces a la cabeza del Secretariado Internacional. En su declaración conjunta fundando al Comité Paritario la CORCI/FB/TLT hacen un llamado a:

“… una discusión común e internacional de todos los elementos, fuerzas y organizaciones que se sitúan sobre el terreno del Programa de Transición, y en vista de la reconstrucción y de la recomposición de la Internacional y de sus organizaciones en una IV Internacional reunificada”

Cuarta Internacional, diciembre de 1979

Esta discusión será organizada alrededor de una “conferencia democrática abierta a todas las fuerzas que se reclaman del trotskismo”.

Carrusel seudotrotskista

Bajo el dominio creciente del reformista SWP norteamericano, actualmente dirigido por Jack Barnes, el SU ha cometido crímenes en contra de la causa obrera en Nicaragua ―inclusive han sido acusados (y no lo han negado) de haber actuado como soplones, entregando la Brigada Simón Bolívar al FSLN. Para organizaciones que se definen como trotskistas, la lista de traiciones cometidas por el SWP/SU es verdaderamente imponente: otorgando apoyo político a un gobierno colaboracionista de clases, pronunciándose por alianzas frentepopulistas con fuerzas capitalistas, pidiendo “ayuda” imperialista para la junta “revolucionaria” de gobierno, oponiéndose a nacionalizaciones “arriesgadas” y a reivindicaciones sindicales “irresponsables”, elogiando el desarme de las masas, aprobando la represión burguesa contra la izquierda y ordenando la disolución de los dos grupos simpatizantes del SU dentro del país. Esto no fue un accidente del cual se pueda hacer sólo responsable la perfidia de un Pedro Camejo o del desvergonzado SWP. Tal claudicación servil ante la bonapartista “dirección revolucionaria” sandinista es el resultado inescapable de las bases sobre las cuales se fundó el Secretariado Unificado.

El SU fue formado en 1963 por el SWP y los lugartenientes europeos de Pablo con un programa de apoyo político al supuesto “marxista natural” Fidel Castro y su estado obrero burocráticamente deformado en Cuba. Pero mientras ambos lados rechazaban el programa trotskista de la revolución permanente y la necesidad de una vanguardia proletaria independiente, las partes componentes del SU estaban divididas por impulsos oportunistas opuestos en terrenos nacionales muy diferentes. Así, esta falsa IV Internacional se ha desmoronado frente a cada auge en la lucha de clases. Una disputa sobre el guerrillerismo latinoamericano provocó una década de lucha fraccional a fines de los años 60 y principios de los 70. En 1974-76 el SU estaba al borde de una escisión en torno a Portugal y Angola, cuando la minoría SWP y la mayoría mandelista se encontraron en lados opuestos de las barricadas. Pero no obstante la disolución subsiguiente de las fracciones, y aunque Nicaragua era (por parte de ambos lados) más bien un pretexto que una causa, la campaña resuelta de Moreno logró arrancar un 25-30 por ciento de los miembros del SU.

Aunque en un solo punto, su política hacia el triunfante FSLN en Nicaragua, el Comité Paritario está a la izquierda del Secretariado Unificado, el nuevo bloque morenista/lambertista no ofrece ninguna alternativa para aquellos que aspiran al trotskismo. Es más, este matrimonio de conveniencia es aún menos compatible que el propio SU: la OCI es una organización socialdemócrata sosa con un caso pronunciado de estalinofobia, mientras que Moreno es un aventurero buscando construir una internacional personal con el programa de infiltrar toda clase de régimen nacional bonapartista “tercermundista”. Así que antes de la toma del poder por los sandinistas, el hombre de la OCI en Managua (Fausto Amador) atacaba al FSLN desde la derecha, tachándoles de “aventuristas” por organizar una segunda ofensiva para derrocar a Somoza, mientras que la BSB morenista se basaba en la sola consigna de “apoyar la lucha del pueblo sandinista”. Moreno, el camaleón político, pasó varios años haciéndose pasar por peronista en Argentina, luego cambió al castrismo, de ahí a la social democracia, y ahora anda de juerga izquierdista; a diferencia de estas andanzas el reformismo de Lambert es consistente ― igual al SWP, aclamó la campaña contrarrevolucionaria del Partido Socialista Portugués financiada por la CIA en 1975. He aquí el bloque seudotrotskista más podrido de la historia.

Tanto así que ¡hasta el SU considera que puede acusar al Comité Paritario justamente de ser una combinación sin principios! En respuesta, Stéphane Just, portavoz de la OCI/CORCI, se jacta de que “… no intentamos enmascarar las divergencias que existen entre nosotros.” Y aún después de la anunciada “conferencia abierta”, “… cada uno de nosotros conservará su fisonomía y posiciones políticas propias” (Informations Ouvrieres, 24 de noviembre – 1 de diciembre). Y en una entrevista publicada en otro número del periódico de la OCI, Moreno reconoce, refiriéndose al Comité Paritario, que “por el momento se trata de un frente único…”. Sin embargo, los dos, Just y Moreno, llaman a los componentes del Comité Paritario “a luchar por la construcción de partidos revolucionarios” ¿basados en cuáles posiciones? Evidentemente lo que buscan es que ambos lados sigan construyendo sus propios satélites, hasta que llegue la ruptura inevitable, cuando cada uno recoja sus peones y se marche. Entretanto la TLT está perdiendo rápidamente su “fisonomía propia” (sus posiciones políticas siempre fueron tomadas prestadas, primero del SWP y después de la OCI). La TLT francesa, organizada en la Ligue Communiste Internationaliste (LCI) desde su expulsión/salida del SU, ha establecido un “comité de contacto permanente” (Circular No. 1 de la LCI) con la OCI; y laLettre d’Informations Ouvrieres del 11 de diciembre informa que “la OCI y la LCI se consideran segmentos del mismo partido obrero revolucionario.”

La bancarrota de ambos lados en la escisión del SU se revela por el simple hecho de que de ella surgieron dos bloques, cada uno compuesto de un elemento reformista y otro centrista. Moreno y Lambert no son políticamente más cercanos que Mandel y Barnes. Es más, durante 1976- 77 fue Barnes/Lambert en contra de Mandel/Moreno, y antes de eso Barnes/Moreno/Lambert en contra de Mandel y Cía. en el perpetuo carusel seudotrotskista. En el caso de la OCI, ésta es una metodología constante que ya ha rendido frutos: la fórmula del Comité Paritario es idéntica al programa federalista en base al cual se construyó el malhadado CORCI… y debido al cual se hundió. Durante muchos años Lambert tuvo diferencias no resueltas con su socio mayor en el bloque, el POR boliviano de Guillermo Lora, en cuanto a la participación de éste en un “Frente Antiimperialista Revolucionario” con el general nacionalista [Juan José] Torres, y otras diferencias con los seguidores argentinos de Lora en Política Obrera por seguir tras la cola de Perón. Luego, en enero de 1979 la OCI rompió con la casi totalidad de sus aliados latinoamericanos. La acusación: capitulación al nacionalismo burgués, en particular al peronismo (¡qué sorpresa!). Ahora Lambert vuelve a lo mismo con una reedición del CORCI. Es la “unidad” del mínimo común denominador, y no la del programa bolchevique.

  

¿Y Cuba, qué?

En sus declaraciones desde la ruptura del SU, los dirigentes del Comité Paritario han hecho todo lo posible por pintarse como luchadores consecuentes contra el pablismo. Según Nahuel Moreno, “Aún si la revolución nicaragüense fue el detonador de la crisis actual”, sus orígenes se remontan a la “crisis terrible provocada en la IV Internacional por la desviación pablista de los años 1951-53” de decretar un entrismo profundo en los PCs leales al Kremlin. También acusa a Pablo/Mandel de cometer uno de los “crímenes políticos más grandes en la historia del movimiento obrero” por haber dado apoyo crítico al gobierno burgués boliviano en 1952. Y en una resolución presentada en la reunión decisiva del Secretariado Unificado el otoño pasado, la Fracción Bolchevique notó que la posición del SWP sobre Nicaragua era de “aplicar la táctica de Pablo frente al FLN argelino” (Lettre d’Informations Ouvrieres, 10 de octubre). No sólo apoyando políticamente al FLN, Pablo entró en su seno y él mismo se convirtió en consejero técnico del gobierno burgués de Ben Bella después de la independencia.

Para poder luchar en contra del programa político que originó la capitulación actual del SU al régimen sandinista en Nicaragua, es necesario analizar sus orígenes. El entrismo “sui generis” en los partidos estalinistas pro-Moscú, Bolivia 1952, Argelia 1964 ― todas son traiciones pablistas como es también la línea del SWP/SU hacia el FSLN. El dirigente de la TLT, C. Némo cita además el apoyo mandelista al “foquismo” (guerrillerismo guevarista), el seguidismo subsiguiente tras “nuevas vanguardias de masas” en Europa y el fomentar ilusiones en el eurocomunismo. Pero ¿por qué estos ejemplos específicos? ― ¿no han hecho caso omiso de algo? Lo que aquí vemos es la auto amnistía por medio de una presentación selectiva de la historia. Moreno pasa por alto un intervalo importante en su supuesta lucha implacable contra el pablismo ― la “reunificación” de 1963 y los años siguientes. Y hay un ejemplo que no cita ― en realidad, el más apropiado ― Cuba.

Los paralelos entre los acontecimientos actuales en Nicaragua y los primeros años del régimen castrista son inescapables. Las fuerzas fundamentales en juego son las mismas: un ejército guerrillero victorioso en una alianza inestable con liberales burgueses criollos, enfrentando a los Estados Unidos temporalmente poco dispuestos a intervenir directamente. (Pero mientras que Castro se vio forzado a tomar medidas cada vez más radicales frente al hostigamiento imperialista, Carter busca conciliar al nuevo régimen ― el cual, por su parte, dirige sus ataques contra aquellos que quieren ir más allá de los límites capitalistas que ha impuesto a la revolución antisomocista). El SWP tiene razón en recalcar la identidad fundamental de su línea anterior y actual. Hoy en día Barnes aprueba la expulsión de la BSB y brinda consejos al FSLN sobre la mejor forma de deshacerse de los “ultra izquierdistas”, mientras que Mandel va a la cola; Jaime Wheelock, el comandante sandinista de izquierda, sigue siendo el favorito del SU a pesar de sus invectivas antitrotskistas. Ya principios de los años 60, cuando el régimen castrista prohibió la publicación del periódico del POR cubano, encarceló a sus dirigentes y destruyó las placas de imprenta de La revolución traicionadade León Trotsky, mientras Guevara denunciaba al trotskismo como instrumento de Washington ― en ese entonces también el SWP (y Moreno) guardó silencio o incluso disculpó la represión burocrática.

Cuba es una cuestión clave para trotskistas porque allí por primera vez una dirección pequeñoburguesa radical sin previos lazos con el estalinismo (a diferencia de China, Vietnam o Yugoeslavia) tomó el poder y expropió a la burguesía prácticamente en su totalidad, estableciendo un sistema económico colectivista. Esto planteó interrogantes fundamentales para la teoría y el programa de la revolución permanente. La respuesta del SWP, y la base de la formación del Secretariado Unificado fue echar por la ventana al “viejo trotskismo”: el campesinado podía reemplazar a la clase obrera como la fuerza directriz, y donde anteriormente el partido leninista-trotskista era considerado indispensable ahora el “instrumento contundente” de una banda guerrillera bastaría. (El hecho de que haya resultado un régimen bonapartista contrario a la democracia obrera, que en su política exterior necesariamente seguía la línea nacionalista-estalinista de conciliación con el imperialismo, no era de importancia para los pablistas). Moreno también siguió este camino; de hecho, hasta 1968 él era un pro castrista aún más entusiasta que sus mentores en el SWP. Sin embargo, Lambert responde con una seudo ortodoxia irreflexiva, negando tozudamente que había ocurrido una revolución social en Cuba. Durante dos décadas la OCI calificó al régimen de Castro de “estado capitalista fantasma”.

Así que convergiendo desde direcciones opuestas los lambertistas y morenistas se vieron cargados con posiciones sobre Cuba que les dificultaban una lucha contra el SWP/SU sobre Nicaragua. (Barnes y Mandel al menos pueden reivindicar una línea consecuente en su oportunismo.) Como consecuencia, en los últimos meses tanto la OCI como la Fracción Bolchevique han sacado documentos en donde por primera vez caracterizan a Cuba como aproximando a un estado obrero deformado. Pero las dos han hecho el viraje furtivamente. La FB sufre de una oportuna amnesia temporal ―olvidando la adhesión anterior de Moreno a la posición del SU― declarando simplemente que Castro y Cía. son una “dirección con una política pequeño burguesa burocrática colocada al frente de un estado obrero que nunca llegó a degenerar porque nació deformado.” (“Resolución sobre América Latina”, septiembre de 1979). La OCI quiere, por un lado, mantener su antigua posición, calificándola como una variante ― “plausible al tiempo que fue formulada” ― que no se realizó. En su lugar, “Fue otra variante la que se materializó: la constitución de un estado obrero parecido a los estados obreros burocráticos desde sus inicios” (La Vérité No. 588, septiembre de 1979). ¡Sólo tardaron 19 años en darse cuenta!

El espectro espartaquista

La Tendencia Leninista-Trotskista había llamado a cambiar la posición del SU sobre Cuba desde hace algún tiempo, y así no podían desechar la importancia de la cuestión tan fácilmente como lo tratan de hacer la FB y la OCI. Pero su afirmación de que “La nueva dirección del Socialist Workers Party se alinea con la política castrista” (Tribune OuvrièreNo. 1, noviembre de 1979) es evidentemente absurda: ¡el apoyo del SWP al castrismo data de 1960! Esto es un intento descarado por parte de los dirigentes de la TLT de disculpar su propio papel como discípulos del dirigente del SWP Joe Hansen en la mal nombrada Fracción Leninista-Trotskista (FLT), que atacó al guerrillerismo guevarista/mandelista desde la derecha. Lo mismo en el caso de Moreno, quien formaba parte de la dirección de la FLT hasta su ruptura con ella en 1975. ¿Qué decir, entonces, del llamado de Moreno, a mediados de los años 60, por “desarrollar un aparato técnico estrictamente subordinado a la disciplina de OLAS”, la fracasada “internacional” de Castro? Y no olvidemos la afirmación por parte de Hansen, de que la consigna de OLAS por una guerra de guerrillas continental “hace eco a la tradición bolchevique” (véase “For Workers Polítical Revolution in Cuba”, Workers VanguardNos. 223 y 224, 19 de enero/2 de febrero de 1979).

Sobre todo, los varios componentes del Comité Paritario buscan evitar el confrontarse con el programa y la lucha de la tendencia espartaquista internacional. Sólo la TEI ha avanzado una posición trotskista coherente sobre la cuestión cubana, y desde su origen como la Tendencia Revolucionaria (TR) del SWP ha luchado consistentemente para destruir políticamente a los liquidadores pablistas. La TR fue única en analizar, ya en ese entonces, el origen del estado deformado cubano y su significado para el programa trotskista (véase “Cuba y la teoría marxista”, Cuadernos Marxistas No. 2). Oponiéndose a la resolución de la dirección del SWP, “Por una pronta reunificación del movimiento trotskista”, que luego sirvió de documento de fundación del Secretariado Unificado, la Tendencia Revolucionaria presentó una contrarresolución en el congreso del SWP de junio de 1963 que declara:

“13. La Revolución Cubana ha expuesto las múltiples infiltraciones que el revisionismo ha hecho dentro de nuestro movimiento…. Así los trotskistas son desde luego los defensores más militantes e incondicionales de la Revolución Cubana, así como del estado obrero deformado que nació de ella, contra el imperialismo. Pero los trotskistas no pueden poner su confianza en, o dar su apoyo político, por muy crítico que sea, a un régimen gubernamental hostil a los más elementales principios y prácticas de la democracia obrera, aunque nuestra orientación táctica no es la que sería hacia una casta burocrática endurecida.

“14. Lo que es cierto de la orientación de los revisionistas hacia el régimen de Castro es todavía más aparente en lo que respecta al régimen de Ben Bella que gobierna ahora en Argelia con el programa de una revolución ‘socialista’ en cooperación con el imperialismo francés…. Como revolucionarios, nuestra intervención en ambas revoluciones, como en cualquier estado existente, debe estar de acuerdo con la posición de Trotsky: ‘No somos un partido de gobierno; somos el partido de la oposición irreconciliable’ (En defensa del marxismo). Esto puede tan sólo dejar de aplicarse en relación con un gobierno genuinamente basado en la democracia obrera.

“15. La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha demostrado que la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeño burguesa no puede llevar más allá de un régimen burocrático antiobrero. La creación de tales regímenes ha sido posible bajo las condiciones de decadencia del imperialismo, la desmoralización y desorientación causada por la traición estalinista, y la ausencia de una dirección revolucionaria marxista de la clase obrera. La revolución colonial puede tener un signo inequívocamente progresista sólo bajo una tal dirección del proletariado revolucionario. Para los trotskistas el incorporar a su estrategia el revisionismo sobre la cuestión de la dirección proletaria en la revolución es una profunda negación del marxismo-leninismo, cualquiera que sea el beato deseo expresado al mismo tiempo de ‘construir partidos marxistas revolucionarios en los países coloniales’.”

― “Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional” (junio de 1963), Cuadernos Marxistas No. 1

He aquí un programa para luchar contra el pablismo que proporciona una orientación efectiva al armar a los comunistas para pruebas cómo Nicaragua. Y no fue escrito recién ayer.

Reforjar la IV Internacional 

Aquellos dentro o en los alrededores del SU que aspiran a ser trotskistas se encuentran frente a una decisión difícil. Si permanecen dentro del SU deben prepararse a soportar, aprobar y llevar a cabo más traiciones como la de Nicaragua, o aún peores ― incluyendo la entrega de sus propios compañeros. Si apoyan a Barnes, más vale que tengan principios lo suficientemente “flexibles” como para aguantar la “neutralidad” proimperialista del SWP durante la invasión sudafricana a Angola. Si siguen a Mandel, pueden terminar al lado de Jimmy Carter apoyando a reaccionarios islámicos contra las tropas soviéticas en Afganistán, tal como sucedió con el IMG [International Marxist Group] británico. Y bien sean mandelistas o partidarios del SWP, se encontrarán recitando “allah akbar” [Dios es grande] y aclamando al “progresista” Jomeini en Irán mientras los verdugos del ayatolá siegan a kurdos, árabes, trabajadores petroleros y mujeres (y desde luego sentencian a muerte a sus propios camaradas). Este es el salario común y corriente del pablismo;

¿Y qué fue de aquellos que le dieron la espalda al SU para seguir al Comité Paritario? Es cierto que hoy día en Europa, Moreno luce bastante izquierdista ―firme contra el eurocomunismo, por un “partido trotskista” en Nicaragua, “luchar contra el pablismo” ― y no hay duda que su Fracción Bolchevique ha atraído a genuinos izquierdistas repugnados por el historial de traiciones del SU. Pero más que nada Moreno es un charlatán. De reformista en Argentina, ahora aparenta ser centrista. De Moreno el peronista, el castrista, el maoísta, el socialdemócrata, ¡llegamos a Moreno el guerrillero heroico y el luchador atrevido contra el pablismo! Pero si se le ofrece un puesto ministerial dará la vuelta completa. Critica a Mandel/Pablo/Lora sobre Bolivia, pero el mismo Moreno apoyó políticamente a Perón contra guerrilleros de izquierda. En el Panamá, donde miles de estudiantes de izquierda protestan en contra del dictadura Torrijos (amigo no sólo de Fidel Castro, sino también del Chase Manhattan) cuyas tropas golpearon a miembros del BSB, los morenistas abogan por él apoyo a la lucha supuestamente “progresista” de éste contra el imperialismo. Y desde luego están los escándalos financieros ―por ejemplo, ¿qué pasó con el dinero destinado a apoyar las actividades de Hugo Blanco dirigidas a organizar a los campesinos en el Perú?

Moreno, el que critica a Mandel por su capitulación ante el eurocomunismo, hoy día se alinea con la OCI, políticamente algo a la derecha de Willy Brandt. ¡Júntense a Lambert y más vale que les guste servir de cubierta, ideológica de la CIA! En Francia los lambertistas votaron por el candidato del frente popular, el líder socialista François Mitterrand, para presidente. En Portugal, respaldaron al PS de Mario Soares cuando éste recibía dinero de la CIA y estaba en alianza con los fascistas que quemaban las oficinas del PC. En Alemania llaman por una “asamblea constituyente nacional” y la “reunificación incondicional” ―es decir, por la liquidación de las conquistas socioeconómicas de Alemania Oriental a través de una reunificación capitalista. La OCI es tan estalinofóbica que para ella el “eurocomunismo” no era sino un complot tramado en Moscú; el carácter de clase de la burocracia del Kremlin es definido simplemente como “burgués”, aunque esté basada en las formas de propiedad establecidas por la Revolución de Octubre; e internacionalmente la URSS es supuestamente parte de una “Santa Alianza contratada por la burocracia con el imperialismo”, la cual fue establecida en Potsdam y Yalta y no fue afectada por vicisitudes tales como la guerra fría.

El carácter sin principios del Comité Paritario es subrayado por su mismo nombre. He aquí lo que dijo Trotsky sobre tales combinaciones diplomáticas:

“La idea de ‘paridad de formaciones’, es decir, de tendencias, es intrínsecamente absurda y viciosa. Las tendencias no son iguales en efectivos; pero lo que es más importante es el distinto valor político e ideológico de las tendencias. Hay tendencias buenas y malas, progresistas y reaccionarias. Los aventuristas, para quienes nada es sagrado, bien pueden acomodarse a todas las tendencias posibles. Pero los marxistas están obligados a luchar despiadadamente contra las tendencias sin principios y a no hacer alianzas con ellas sobre bases de igualdad. La paridad de tendencias quiere decir la paridad del marxismo, centrismo, aventurismo, etc.”

― L.D. Trotsky, The Crisis of the French Section

En la versión contemporánea, estilo Lambert/Moreno, los componentes del bloque ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en un nombre que exprese una meta común. No es del todo evidente cuales son las diferencias existentes entre la “reconstrucción” (OCI), “reorganización” (FB) y “reunificación” (LCI) de la IV Internacional. Claramente, el intento de las tres formulaciones es el de dejar campo para maniobras con elementos de la dirección del SU. Igualmente claro es el marcado contraste entre ellas y la perspectiva indicada por la consigna de la TEI, “Por el renacimiento de la IV Internacional”. Como dijimos en nuestra “Carta al CORCI ya la OCI”:

“Nuestra consigna implica la necesidad de pasar por un proceso fundamental; no es posible tan sólo encajar unos cuantos pedazos, picarlos un poco quizás, y con ellos reconstruir el edificio.”

Spartacist No. 4 (edición en español), mayo de 1977

También está la “conferencia abierta” anunciada por el Comité Paritario como un foro de debate de las cuestiones fundamentales que enfrentan los que se reclaman del trotskismo. Diversas organizaciones centristas europeas situadas a la izquierda del SU se agarrarán de ésta como de un salvavidas. Incapaces de elaborar por sí mismas un programa coherente sobre cuestiones tan fundamentales como los frentes populares, el carácter de clase de la Cuba castrista, el pablismo y la IV Internacional, algunas de ellas han puesto sus esperanzas en que el caudillo argentino pueda unirlas en forma bonapartista antes de que se sumerjan por última vez en el pantano seudotrotskista. Entretanto, la conferencia se ha vuelto aparentemente menos abierta. Ya a mediados de noviembre la OCI restringía la asistencia a “quienes se reclaman, con razón, de la continuidad de la IV Internacional”. Esto incluye explícitamente al SU (“El Secretariado Unificado de la IV Internacional es invitado a participar…”), y dejamos a nuestros lectores la tarea, de adivinar quién podría ser excluido por el “con razón” de la OCI.

Los lambertistas ya han dado una indicación en su manera acostumbrada de expresarse. El día 13 de noviembre en la entrada de una sala de reuniones en París, una guardia de orden de la OCI atacó físicamente a un grupo de militantes de la Ligue Trotskyste de France, sección simpatizante de la TEI, cuando se encontraban vendiendo su prensa. Poco después el dirigente de la LCI, Némo, dirigió su ataque contra “sectas… como los espartaquistas” que “no hacen nada sino mantener la división de nuestro movimiento para el solo beneficio de los aparatos burocráticos” (Informations Ouvrieres, 17-24 de noviembre)” Y en el segundo número de Tribune Ouvrière (24 de noviembre) la LCI defiende al SWP contra los “provocadores espartaquistas que caracterizan al SWP como reformista”. Para “justificar” sus calumnias y su gangsterismo los lambertistas han estado diciendo recientemente que la tendencia espartaquista está fuera del marco del movimiento obrero.

¿A qué expertos recurrieron para llegar a tal veredicto? ¿George Meany y Zbigniew Brzezinski? ¡Son ellos quienes inspiran la política de la OCI! Pero si la TEI debe ser descartada como “provocadores”, ¿de quién se supone que somos agentes? Según los lambertistas, lo somos del Kremlin, y subrayan nuestra oposición a la invasión china a Vietnam, nuestro apoyo a las tropas cubanas en Angola contra Sudáfrica, y nuestra negativa a hacer causa común con Jimmy Carter a favor de los disidentes soviéticos. Según el SWP, lo somos del imperialismo estadounidense, porque nos negamos a respaldar a Jomeini en Irán y apoyamos el derecho a la autodeterminación de los somalíes contra la Etiopía apoyada por Cuba y la URSS. ¡Qué curioso que no pueden ponerse de acuerdo! La práctica de tachar de agentes en base a posiciones políticas es una especialidad del estalinismo, pero en realidad común entre los reformistas es su manera preferida de tratar de descartar a los revolucionarios. Así, los mencheviques rusos repitieron la calumnia zarista de que Lenin era un agente alemán; y los verdugos socialdemócratas alemanes calificaron a Luxemburgo y a Liebknecht de agentes rusos.

La LCI dice que nos autoproclamamos la IV Internacional. Por el contrario, hemos declarado francamente que la TEI es una tendencia en lucha por reforjar el partido mundial del socialismo revolucionario. Y como componente importante de nuestra lucha para construir grupos de propaganda combativos, hemos utilizado la táctica de reagrupamientos revolucionarios a través de un proceso de escisiones y fusiones con fuerzas en ruptura con el revisionismo y en busca del camino al trotskismo auténtico. Luego del fermento revolucionario en Portugal en 1974-76, la tendencia espartaquista internacional presentó como base principista para tales reagrupamientos el proyecto de una declaración por trotskistas expulsados u obligados a salir del SU (ver “Reforge the Fourth Internacional!”, Workers Vanguard No. 143,4. de febrero de 1977). Concentrado en la lucha contra el frentepopulismo, por un partido leninista y por el poder soviético en Portugal, sus nueve puntos incluían:

• No a cualquier apoyo electoral o político a los frentes populares; por una oposición condicional a los partidos obreros en coaliciones explícitas o implícitas de colaboración de clases;

• Mantener la teoría trotskista de la revolución permanente; por una dirección proletaria de la lucha nacional/social;

• Apoyo militar a las fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas en lucha contra el imperialismo, pero ningún apoyo político en absoluto a tales fuerzas; por partidos trotskistas en todos los países;

• Defensa incondicional de todos los estados obreros deformados/degenerados contra el imperialismo; por la revolución política contra las burocracias; ningún apoyo político a fracciones y camarillas estalinistas en pugna;

• Contra la violencia dentro del movimiento obrero;

• Por fracciones comunistas en los sindicatos, basadas en el Programa de Transición;

• Por la táctica comunista del frente unido desde arriba; por la táctica de reagrupamientos para unir a los revolucionarios subjetivos en el partido de vanguardia; por el desenmascaramiento intransigente del centrismo;

• Rechazo a las pretensiones de las “internacionales” pretendidamente trotskistas de representar la IV Internacional destruida por el pablismo en 1951-53;

• Reforjar una IV Internacional democrático-centralista que no se detendrá hasta alcanzar la dictadura del proletariado.

Hoy debemos agregar que fue este programa el que preparó a la TEI para presentar, en forma única, una perspectiva revolucionaria en Irán, exigiendo “Abajo el sha, abajo los mullahs” cuando prácticamente toda la izquierda alababa a Jomeini; e igualmente nos llevó a exigir la victoria militar para los insurgentes nicaragüenses encabezados por el FSLN al mismo tiempo que llamábamos, no por un régimen bonapartista sandinista (como lo hizo Moreno y como ahora hacen el SWP/SU), sino por un gobierno obrero y campesino y por un partido trotskista auténticamente independiente. Acontecimientos como la invasión china a Vietnam han mostrado la capacidad política marxista de la tendencia espartaquista, que hace una década previó la actual alineación antisoviética del régimen maoísta con el imperialismo. Nuestra presencia en la industria, modesta pero real, nos ha permitido llevar a cabo un trabajo comunista ejemplar en los sindicatos así como la reciente manifestación de 500 obreros negros y trotskistas en Detroit contra las provocaciones fascistas. E internacionalmente, la TEI pudo celebrar el año pasado su primera conferencia delegada, la cual mostró tanto la solidez política como la combatividad de nuestra tendencia.

Ni bloques podridos de traición pablista, ni “internacionales” personalistas de aventureros errantes. ¡Completemos la lucha anunciada por el entonces revolucionario SWP en 1953 en su “Carta abierta a los trotskistas a través del mundo”!: “Las líneas de división entre el revisionismo de Pablo y el trotskismo ortodoxo son tan profundas que no es posible ningún compromiso, bien sea político u organizativo.” ¡Por el renacimiento de la IV Internacional!

¡Una Polonia obrera, sí, Polonia del papa, no!

¡Una Polonia obrera, sí, Polonia del papa, no!

— extractos de Spartacist (edición en Inglés) No. 30, otoño de 1980. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 9,  otoño 1981.

Todo el mundo pronosticó el estallido. Una clase obrera combativa y agitada, huelgas de campesinos, una deuda exterior inmensa, escasez de alimentos crónica y extensa, una iglesia católica poderosa y cada vez más pujante, proliferación de grupos opositores socialdemócratas y clerical-nacionalistas. Todos los elementos estaban presentes. Polonia a fines de la década de los setenta se debatía en una crisis cada vez más profunda rumbo a una explosión,una explosión que podría dar como resultado o la revolución política proletaria contra la burocracia estalinista o una contrarrevolución capitalista con la iglesia del papa Wojtyla a la cabeza.

Y cuando llegó el estallido captó la atención mundial durante dos semanas enteras. La huelga general en la costa báltica fue la movilización más poderosa del poder de la clase obrera desde mayo de 1968 en Francia. Pero, ¿fue una movilización para la clase obrera? He aquí la pregunta decisiva.

Ahora hay un acuerdo, al menos sobre el papel. Los obreros polacos han forzado a la burocracia a aceptar los “nuevos sindicatos autogestionarios” con la promesa de que ellos reconozcan “el papel dirigente” del Partido Comunista y no se dediquen a actividades políticas. En tanto el acuerdo aumenta el poder de los obreros polacos para luchar contra la burocracia estalinista, los revolucionarios pueden apoyar la huelga y su resultado. Pero sólo un ciego puede ignorar la influencia enorme de la iglesia católica así como la opinión favorable al Occidente entre los obreros huelguistas. Si el acuerdo fortalece organizativamente a la clase obrera, también fortalece a las fuerzas de la reacción.

El arreglo de Gdansk no puede durar. Ninguna burocracia estalinista -casta parásita que debe monopolizar el poder político para preservarse- puede tolerar una oposición obrera independiente. Y en Polonia hoy día, la idea de que tales sindicatos “se mantengan fuera de la política” es simplemente absurda. La situación en Polonia es de una dualidad de poderes fría. Nuevos enfrentamientos tendrán que ocurrir ya que el régimen, fuertemente endeudado a las instituciones financieras occidentales, no puede conceder el inmenso “aguinaldo” exigido por los obreros. Los fuertes aumentos salariales necesariamente acelerarán la inflación galopante o causarán una escasez aún más grave. Además, el Kremlin ya ha indicado su desaprobación al arreglo y una intervención militar soviética no puede ser descartada. El fin de la huelga general báltica no fue sino el principio de la crisis de la Polonia estalinista.

¿Democracia obrera o reacción clerical-nacionalista?

Ciertamente, los obreros están reaccionando contra la mala administración, los privilegios y abusos burocráticos. Las quejas de los obreros polacos son reales y justas. El despido pocos meses antes de su jubilación de una veterana militante, Anna Walentynowicz, que habría sido el detonante de la toma de los astilleros Lenin en Gdansk, debería enfurecer a todo obrero honesto. La existencia de almacenes especiales para uso exclusivo de los miembros del partido y los policías es una abominación, un rechazo de los principios más básicos del socialismo.

¿Y qué hay de las lealtades positivas y la visión política general de los obreros? Al comenzar la huelga hubo informes periodísticos de coros cantando la Internacional, indicando un elemento de conciencia socialista. Pero aunque los medios de comunicación imperialistas prestan especial atención y dan gran énfasis a todo apoyo dado a la ideología anticomunista en el bloque soviético, no hay duda alguna de que en un grado considerable los obreros bálticos y sus principales dirigentes se identifican con la poderosa oposición representada por la iglesia católica. No son sólo los signos externos -el cantar diario del himno nacional “Oh dios, que has defendido a Polonia”, los cientos de huelguistas arrodillados durante la misa, las ubicuas fotos de Wojtyla/Juan Pablo II, Lech Walesa repartiendo fotos de la Virgen María. Los asesores externos del comité de huelga son importantes miembros del grupo católico ZNAK y continúan sus funciones actualmente asesorando a los “nuevos sindicatos autogestionarios”.

Aún más siniestra es la demanda del comité de huelga pidiendo “acceso para todos los grupos religiosos [léase iglesia católica] a los medios de comunicación de masas”. Esta es una demanda antidemocrática que legitimaria el papel actual de la iglesia como la oposición reconocida al régimen estalinista. En realidad, los obreros de construcción naval del Báltico están pidiendo el reconocimiento de una iglesia estatal en un estado obrero deformado.

Pero esta iglesia no es leal al estado obrero. ¡Lejos de ello! La iglesia católica polaca (marcada por un antisemitismo virulento) ha sido un baluarte de la reacción incluso en el marco del catolicismo mundial. La iglesia polaca, especialmente a partir de 1976, ha ostentado cada vez más abierta y agresivamente su anticomunismo. A principios del año pasado el Wall Street Journal (2 de enero de 1979) observó: “Así, el sacerdocio se ha convertido en los hechos en un partido de oposición”.

El mencionado artículo también indicaba que el cardenal de Cracovia era especialmente responsable de la postura opositora más definida de la iglesia. Pocos meses antes, este prelado polaco se había convertido en el primer sucesor no italiano en cuatro siglos al trono de San Pedro. Karol Wojtyla es un peligroso reaccionario trabajando de la mano con el imperialismo estadounidense (en especial su compatriota Zbigniew Brzezinski) para poner en retirada al “comunismo ateo”, empezando en su tierra natal. Como dijimos cuando este anticomunista polaco fue hecho papa: “… él está ahora a la cabeza de millones de católicos practicantes en Europa del Este, una fuerza tremenda para la contrarrevolución” (“The President’s Pope?” Workers Vanguard No. 217, 30 de octubre de 1978).

El episcopado polaco, temiendo tanto una intervención militar rusa como su propia incapacidad para controlar una insurrección obrera, tomó una actitud cautelosa durante la huelga general báltica. Pero, sean cuales fueren los cálculos tácticos actuales de la jerarquía, la iglesia, bien organizada y con una base de masas, será -en un vacío de poder- una agencia poderosa para la contrarrevolución social.

Polonia tiene la clase obrera más combativa en el bloque soviético, con una historia de lucha por organizaciones independientes datando desde mediados de los años cincuenta. Polonia es también el país en Europa Oriental con una movilización de masas potencialmente contrarrevolucionaria alrededor de la iglesia católica. Así, a diferencia de Hungría en 1956 o Checoslovaquia en 1968, las alternativas en la actual crisis polaca no se limitan a la revolución política proletaria o la reestabilización estalinista. Al mismo tiempo, no es un Afganistán donde el Ejército Rojo soviético está jugando un papel progresista al aplastar una insurrección clerical-reaccionaria respaldada por el imperialismo. En cierto sentido, Polonia está situada entre la Hungría de 1956 y Afganistán.

Trotskismo y “sindicatos libres”

La principal demanda y concesión obtenida por el comité de huelga báltico fue el reconocimiento de “sindicatos libres”. Esta consigna concreta, propugnada desde hace muchos años por la Radio Europa Libre respaldada por la CIA, ha adquirido una connotación marcadamente anticomunista y orientada al Occidente. Recuerden la consigna del motín de Kronstadt de 1921 por “soviets libres”— es decir, libres de comunistas.

Una parte esencial del programa trotskista para la revolución política proletaria en los estados obreros degenerado/deformados es la lucha por sindicatos independientes del control burocrático. Los sindicatos y el derecho de huelga serían necesarios aun en un estado obrero gobernado democráticamente, como protección contra abusos y errores de administradores y gerentes. Pero no es evidente en lo absoluto que los “sindicatos libres”, propugnados desde hace mucho tiempo por los disidentes, serían libres de la influencia de elementos católicos y favorables a la OTAN que representan un peligro mortal para la clase obrera.

En cualquier caso, en la situación altamente politizada que vive Polonia hoy día, los sindicatos “nuevos y autogestionarios” no pueden limitarse y no se limitarán a cuestiones de escalas de salarios, condiciones de trabajo, seguridad de empleo, etc. Ellos o se verán atraídos inexorablemente a la poderosa órbita de la iglesia católica o tendrán que oponerse a ella en nombre de los principios socialistas.

Y en la determinación de ese resultado la presencia de un partido de vanguardia revolucionario sería crucial. Una tarea central para una organización trotskista en Polonia sería proponer en estos sindicatos una serie de demandas que separen las fuerzas clerical-nacionalistas del resto de los obreros y las aíslen. Estos sindicatos deben defender contra el imperialismo occidental la socialización de los medios de producción y el poder estatal proletario. En la Polonia de hoy la reivindicación democrática básica de la separación de la iglesia del estado constituye una línea divisoria entre la lucha por la democracia obrera y el peligro mortal de la restauración capitalista.

¡Romper la camisa de fuerza económica imperialista!

El abandono de la colectivización agraria en 1956 ha jugado un papel importante en contribución a la crisis política y económica actual de Polonia. Así el país se cargó de una economía rural parcelaria atrasada y groseramente ineficiente, incluso en el marco de comparación de la Europa del Este. Y la fuerza de la iglesia católica polaca está basada en el peso social de la pequeña burguesía rural. Hoy en día, más de la tercera parte de la fuerza laboral todavía trabaja en el campo, mientras que el 80 por ciento de la tierra arable es propiedad privada. Sólo mediante la  eliminación de la horrible pobreza y el aislamiento rural en que se encuentran las masas podrá ser roto el dominio que ejerce sobre ellas el oscurantismo religioso. Una tarea clave inmediata de un gobierno obrero revolucionario en Polonia es promover la colectivización de la agricultura.

En 1978 más del 50 por ciento de los ingresos de Polonia en divisas de moneda fuerte fue absorbido por el pago de la deuda exterior; en 1979 lo fue más del 80 por ciento y hoy la tasa es de más del 90 por ciento. Polonia ha evitado convertirse en la bancarrota más grande del mundo sólo mediante la aceptación de los programas de austeridad impuestos por sus acreedores imperialistas. Al mismo tiempo, temiendo una explosión popular si las masas polacas se sienten demasiado presionadas, la dirección rusa está pagando una gran parte de la deuda exterior de Varsovia. En un sentido Polonia se ha convertido en el intermediario a través del cual el capital financiero occidental saca plusvalía de los obreros y campesinos soviéticos (cuyo nivel de vida es mucho más bajo que el de los polacos).

Un gobierno obrero revolucionario en Polonia anularla la deuda exterior. Bueno, quizás exportaría al camarada Edward Gierek a Alemania Occidental para que él pueda pagar sus deudas trabajando en una mina de carbón del Ruhr. Excelente idea, diría algún obrero polaco, pero ¿olvidarán simplemente los banqueros de Frankfurt unos 20 mil millones de dólares con tan sólo un gesto de fastidio? ¿Y qué de las represalias imperialistas que vendrán, tanto económicas como militares? Ante esta reacción inevitable el proletariado polaco debe dirigir un llamado a los obreros de Europa Occidental: no queremos ser clientes de vuestros amos sino vuestros camaradas en una nueva tarea ¡la planificación socialista internacional en unos Estados Unidos Socialistas de Europa!

¡Por la unidad revolucionaria de los obreros rusos y polacos!

Todas las fuerzas organizadas de la vida política polaca -la burocracia estalinista, la iglesia y todas las alas del movimiento disidente- inculcan, cada uno a su manera, hostilidad a Rusia como el enemigo del pueblo polaco. El sello propio de un partido revolucionario en Polonia sería la orientación positiva hacia la clase obrera rusa y aquí no se trata simplemente de un internacionalismo abstracto, es cuestión de vida o muerte.

Los obreros revolucionarios polacos no pueden esperar atraer a los soldados soviéticos a menos que les aseguren que van a defender esa parte del mundo contra el ataque imperialista. Y una revolución política proletaria en Polonia debe extenderse a la Unión Soviética o, de una forma u otra, será aplastada.

¡Por sindicatos independientes del control burocrático y basados en un programa de defensa de la propiedad socializada!

¡Por la estricta separación de la iglesia del estado! ¡Contra la reacción clerical-nacionalista! ¡Vigilancia contra la restauración capitalista!

¡Promover la colectivización de la agricultura!

¡Por el control obrero de la producción, los precios, la distribución y el comercio exterior!

¡Por la revolución política proletaria contra la burocracia estalinista — Por un gobierno basado en consejos obreros democráticamente elegidos (soviets)!

¡Romper la camisa de fuerza económica del imperialismo — Anular la deuda exterior! ¡Hacia la planificación económica socialista internacional!

¡Por la defensa militar de la URSS contra el imperialismo! ¡Por la unión revolucionaria de los obreros soviéticos y Polacos!

¡Por un partido trotskista en Polonia, sección de una IV Internacional renacida!

Morenistas llaman por la contrarrevolución en la URSS

En el campo de Jomeini y la CIA

Morenistas llaman por la contrarrevolución en la URSS

Traducido de Workers Vanguard No. 249, 8 de febrero de 1980. Esta versión fue impresa en Spartacist en español no. 8 (1980). Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 8, agosto de 1980.  

 

De todos los grupos que se reclaman del trotskismo, la respuesta más grotesca a los acontecimientos recientes en Irán y Afganistán ha venido de la Fracción Bolchevique (FB) de Nahuel Moreno, el exilado dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) argentino. Hace un año Moreno aclamó entusiasmado, como también hizo la mayoría de la izquierda, la victoria de la “revolución” islámica coránica de Jomeini sobre el carnicero sha. Hoy, el Comité Paritario por la Reorganización (Reconstrucción) de la IV Internacional – un bloque podrido entre la FB y partidarios de la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa de Pierre Lambert – se une a Jimmy Carter en demandar el retiro inmediato de las tropas soviéticas de Afganistán. Incluso llama por el apoyo militar a los rebeldes islámicos respaldados conjuntamente por Jomeini y el Pentágono.

Pero esto no basta para los morenistas. En el Secretariado Unificado seudotrotskista, la FB se postulaba como el ala de extrema izquierda, criticando fuertemente la capitulación ante el eurocomunismo y las causas respaldadas por la CIA en el Portugal y Angola. En torno a Nicaragua desfilan como guerrilleros heroicos jactándose de su ya extinta Brigada Simón Bolívar. Ahora, sin embargo, la banda de bandoleros políticos morenistas de repente llama por ¡la extensión de la contrarrevolución islámica estilo-Jomeini a la Unión Soviética! A continuación reproducimos lo que su grupo italiano, la Lega Socialista Rivoluzionaria (LSR), dice sobre la crisis en Afganistán:

“La burocracia contrarrevolucionaria del Kremlin se está desacreditando por una acción criminal contra el pueblo afgano, pisoteando su derecho a la independencia al intervenir en su territorio sin ninguna justificación. La defensa contra acciones externas no fue el motivo causante de la intervención por la URSS, sino por el contrario fue un intento obvio de reforzar su control, de mantener el statu quo en el área remecida por el fermento revolucionario. La posibilidad de extender la revolución iraní al interior de las fronteras de la URSS es lo que aterra a la burocracia del Kremlin. Las poblaciones fronterizas soviéticas, unidas a las de Irán y Afganistán por lazos religiosos, culturales y raciales, pueden ser contagiadas por la radicalización de la zona y pueden convertirse en protagonistas de una movilización antiburocrática al interior del estado obrero, preparando la base para una revolución política. Esto es lo que la burocracia teme, ésta es la razón de porqué la URSS intervino.”

Avanzata Proletaria, 12 de enero

¡Parece que Moreno y Cía. tratan de competir con los maoístas y el superhalcón de Carter, Brzezinski, en el intento de movilizar a los fanáticos musulmanes jomeinistas contra Rusia!

Este no es un “exceso” aislado de los morenistas italianos. La Declaración/Plataforma de la Fracción Bolchevique aclamó el triunfo de la reacción clerical islámica: “la revolución iraní (…) ha sido el ejemplo más espectacular de un auge que se ha visto en los años recientes”. Y el PST argentino proclamaba que la victoria de los mulahs en febrero de 1979 “ya ha ganado su lugar entre las grandes revoluciones de este siglo, comparable en importancia a la prolongada Revolución Indochina” (Opción, abril de 1979). En la prensa de la LSR esto se convierte en apoyo político explícito a los dirigentes religiosos musulmanes, cuya “profunda integración con el pueblo” los convierte en “el canal para la movilización, la dirección de la revolución”:

“Por sobre todo, los lazos que existen entre los ayatolás y las masas son favorecidos por el hecho de que la jerarquía chiita no es impuesta desde arriba sino elegida desde abajo y por lo tanto ampliamente reconocida por la población.”

Avanzata Proletaria, 25 de marzo de 1979

Estas declaraciones aparentemente estrafalarias (para autoproclamados trotskistas) reflejan en realidad una línea política constante. No menos siniestra que la estalinofobia de “socialista de Departamento de Estado” de los lambertistas, la línea antisoviética de los morenistas en Afganistán refleja la mentalidad de caudillo de su dirigente. Desde su apoyo político a Perón en Argentina, a Torrijos en Panamá, a Velasco Alvarado en el Perú y ahora al clerical-feudalista Jomeini en Irán, Moreno muestra una predilección singular por los regímenes bonapartistas populistas nacionalistas burgueses. Comparado con el pálido burócrata Brezhnev, gobernando mediante un aparato estatal omnipresente, Jomeini parece un líder dinámico, carismático – un verdadero hombre digno de respeto en los ojos del presunto “Imam trotskista” de Argentina.

Este incurable camaleón político ha burlado a muchos potenciales revolucionarios en su tiempo. Instamos a nuestros lectores a consultar el cuaderno Moreno Truth Kit (La verdad sobre Moreno) de la tendencia espartaquista con la verdadera historia de este desbocado peronista sin hábito. Y que consideren el hecho de que a los primeros tiros de una nueva guerra fría, los morenistas abandonan toda pretensión de defender el programa trotskista hacia los estados obreros degenerados/deformados: revolución política obrera para derrocar a la burocracia y la defensa incondicional contra el imperialismo. ¡Quién sabe si pronto nuestro empresario seudotrotskista sui generis forme una “Brigada Imam Jomeini” a fin de extender la “Revolución Islámica” clerical-feudalista a la Unión Soviética! No sería difícil eliminarlos con operaciones de limpieza-pero puede que sus aliados, los mulahs, lleven a cabo el, trabajo antes de que el ejército soviético se dé tiempo para hacerlo.

Hijo de Perón cohabita con hijo de Mitterrand

Moreno/Lambert: El bloque más podrido: 

Hijo de Perón cohabita con hijo de Mitterrand

Traducido de Workers Vanguard No. 247, 11 de enero de 1980. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 10, febrero de 1982.

Durante los últimos tres años el aventurero argentino Nahuel Moreno ha embestido constantemente al “Secretariado Unificado de la IV Internacional” (SU) en búsqueda de algún punto que sirviera de motivo para provocar una escisión en esta banda caótica de renegados del trotskismo. Después de romper con el Socialist Workers Party (SWP) norteamericano por su línea de “socialistas de Departamento de Estado” en Portugal en 1975, coqueteó durante casi un año con la mayoría del SU encabezada por Ernest Mandel, y luego decidió establecer su propia Fracción Bolchevique (FB) en 1978. Engalanado con una plataforma de izquierdismo abstracto acusando a Mandel de seguidismo tras el eurocomunismo y al SWP de neokautskismo, Moreno inició una campaña filibustera por toda América Latina, captando a puñados de, militantes en varios países con incursiones relámpago y expulsiones burocráticas. Luego partió para Europa con la esperanza de sacar tajada de las secciones en crisis perpetua del SU en el viejo mundo ― presentando un aparato eficaz, bien financiado, siempre en movimiento con una nueva campaña para atraer la atención de las masas. Recorriendo por todo el mundo en busca de zonas candentes, Moreno por fin encontró su vehículo: la lucha contra el tirano nicaragüense Somoza, dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Pero no resultó de acuerdo a lo esperado. Al principio Moreno ideó la Brigada Simón Bolívar (BSB) como aparato publicitario para la FB y como grupo de presión para empujar al FSLN hacia la izquierda. Pero poco después de la huida en julio del dictador títere Somoza, la BSB (dirigida por los morenistas) se vio en apuros con la cúpula sandinista. Bastó una semana durante la cual la BSB organizó sindicatos y urgió a las milicias locales a no rendir sus armas, para que la nueva junta se deshiciera de ella. El 17 de agosto, la BSB fue acorralada y despachada: en aviones a Panamá donde varios de los brigadistas fueron golpeados por la Guardia Nacional. Eso pudo haber sido el fin del episodio, si el SWP y los representantes mandelistas en Managua no hubieran apoyado públicamente las deportaciones. Quizás Moreno haya perdido la ocasión para una maniobra en gran escala en Nicaragua, pero sí logró su pretexto para escindir al SU. En una serie de diktats [mandos y desmandos], el Secretariado Unificado emitió órdenes a la FB de suspender sus actividades y expulsó a los dirigentes de la aliada Tendencia Leninista Trotskista (TLT); la FB y la TLT, por su lado, se marcharon con sus tropas ― ni siquiera molestándose en asistir al “XI Congreso Mundial” del SU para protestar las expulsiones.

Después de la ruptura del SU en octubre pasado, ha surgido ahora una nueva conglomeración internacional competidora que pretende representar “a la mayoría de organizaciones, corrientes y militantes que pueden legítimamente reclamarse de la IV Internacional”. Moreno se ha asociado con la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa de Pierre Lambert, con la TLT lambertista y los satélites de la OCI agrupados en el Comité de Organización por la Reconstrucción de la IV Internacional (CORCI) para formar el “Comité Paritario por la Reorganización (Reconstrucción) de la IV Internacional”. El Comité Paritario dirige sus ataques contra la política liquidacionista del SU sobre Nicaragua y particularmente contra la “dirección castrista” del SWP. Estos son comparados con la ofensiva revisionista de Michel Pablo en 1951-53, entonces a la cabeza del Secretariado Internacional. En su declaración conjunta fundando al Comité Paritario la CORCI/FB/TLT hacen un llamado a:

“… una discusión común e internacional de todos los elementos, fuerzas y organizaciones que se sitúan sobre el terreno del Programa de Transición, y en vista de la reconstrucción y de la recomposición de la Internacional y de sus organizaciones en una IV Internacional reunificada”

Cuarta Internacional, diciembre de 1979

Esta discusión será organizada alrededor de una “conferencia democrática abierta a todas las fuerzas que se reclaman del trotskismo”.

Carrusel seudotrotskista

Bajo el dominio creciente del reformista SWP norteamericano, actualmente dirigido por Jack Barnes, el SU ha cometido crímenes en contra de la causa obrera en Nicaragua ―inclusive han sido acusados (y no lo han negado) de haber actuado como soplones, entregando la Brigada Simón Bolívar al FSLN. Para organizaciones que se definen como trotskistas, la lista de traiciones cometidas por el SWP/SU es verdaderamente imponente: otorgando apoyo político a un gobierno colaboracionista de clases, pronunciándose por alianzas frentepopulistas con fuerzas capitalistas, pidiendo “ayuda” imperialista para la junta “revolucionaria” de gobierno, oponiéndose a nacionalizaciones “arriesgadas” y a reivindicaciones sindicales “irresponsables”, elogiando el desarme de las masas, aprobando la represión burguesa contra la izquierda y ordenando la disolución de los dos grupos simpatizantes del SU dentro del país. Esto no fue un accidente del cual se pueda hacer sólo responsable la perfidia de un Pedro Camejo o del desvergonzado SWP. Tal claudicación servil ante la bonapartista “dirección revolucionaria” sandinista es el resultado inescapable de las bases sobre las cuales se fundó el Secretariado Unificado.

El SU fue formado en 1963 por el SWP y los lugartenientes europeos de Pablo con un programa de apoyo político al supuesto “marxista natural” Fidel Castro y su estado obrero burocráticamente deformado en Cuba. Pero mientras ambos lados rechazaban el programa trotskista de la revolución permanente y la necesidad de una vanguardia proletaria independiente, las partes componentes del SU estaban divididas por impulsos oportunistas opuestos en terrenos nacionales muy diferentes. Así, esta falsa IV Internacional se ha desmoronado frente a cada auge en la lucha de clases. Una disputa sobre el guerrillerismo latinoamericano provocó una década de lucha fraccional a fines de los años 60 y principios de los 70. En 1974-76 el SU estaba al borde de una escisión en torno a Portugal y Angola, cuando la minoría SWP y la mayoría mandelista se encontraron en lados opuestos de las barricadas. Pero no obstante la disolución subsiguiente de las fracciones, y aunque Nicaragua era (por parte de ambos lados) más bien un pretexto que una causa, la campaña resuelta de Moreno logró arrancar un 25-30 por ciento de los miembros del SU.

Aunque en un solo punto, su política hacia el triunfante FSLN en Nicaragua, el Comité Paritario está a la izquierda del Secretariado Unificado, el nuevo bloque morenista/lambertista no ofrece ninguna alternativa para aquellos que aspiran al trotskismo. Es más, este matrimonio de conveniencia es aún menos compatible que el propio SU: la OCI es una organización socialdemócrata sosa con un caso pronunciado de estalinofobia, mientras que Moreno es un aventurero buscando construir una internacional personal con el programa de infiltrar toda clase de régimen nacional bonapartista “tercermundista”. Así que antes de la toma del poder por los sandinistas, el hombre de la OCI en Managua (Fausto Amador) atacaba al FSLN desde la derecha, tachándoles de “aventuristas” por organizar una segunda ofensiva para derrocar a Somoza, mientras que la BSB morenista se basaba en la sola consigna de “apoyar la lucha del pueblo sandinista”. Moreno, el camaleón político, pasó varios años haciéndose pasar por peronista en Argentina, luego cambió al castrismo, de ahí a la social democracia, y ahora anda de juerga izquierdista; a diferencia de estas andanzas el reformismo de Lambert es consistente ― igual al SWP, aclamó la campaña contrarrevolucionaria del Partido Socialista Portugués financiada por la CIA en 1975. He aquí el bloque seudotrotskista más podrido de la historia.

Tanto así que ¡hasta el SU considera que puede acusar al Comité Paritario justamente de ser una combinación sin principios! En respuesta, Stéphane Just, portavoz de la OCI/CORCI, se jacta de que “… no intentamos enmascarar las divergencias que existen entre nosotros.” Y aún después de la anunciada “conferencia abierta”, “… cada uno de nosotros conservará su fisonomía y posiciones políticas propias” (Informations Ouvrieres, 24 de noviembre – 1 de diciembre). Y en una entrevista publicada en otro número del periódico de la OCI, Moreno reconoce, refiriéndose al Comité Paritario, que “por el momento se trata de un frente único…”. Sin embargo, los dos, Just y Moreno, llaman a los componentes del Comité Paritario “a luchar por la construcción de partidos revolucionarios” ¿basados en cuáles posiciones? Evidentemente lo que buscan es que ambos lados sigan construyendo sus propios satélites, hasta que llegue la ruptura inevitable, cuando cada uno recoja sus peones y se marche. Entretanto la TLT está perdiendo rápidamente su “fisonomía propia” (sus posiciones políticas siempre fueron tomadas prestadas, primero del SWP y después de la OCI). La TLT francesa, organizada en la Ligue Communiste Internationaliste (LCI) desde su expulsión/salida del SU, ha establecido un “comité de contacto permanente” (Circular No. 1 de la LCI) con la OCI; y laLettre d’Informations Ouvrieres del 11 de diciembre informa que “la OCI y la LCI se consideran segmentos del mismo partido obrero revolucionario.”

La bancarrota de ambos lados en la escisión del SU se revela por el simple hecho de que de ella surgieron dos bloques, cada uno compuesto de un elemento reformista y otro centrista. Moreno y Lambert no son políticamente más cercanos que Mandel y Barnes. Es más, durante 1976- 77 fue Barnes/Lambert en contra de Mandel/Moreno, y antes de eso Barnes/Moreno/Lambert en contra de Mandel y Cía. en el perpetuo carusel seudotrotskista. En el caso de la OCI, ésta es una metodología constante que ya ha rendido frutos: la fórmula del Comité Paritario es idéntica al programa federalista en base al cual se construyó el malhadado CORCI… y debido al cual se hundió. Durante muchos años Lambert tuvo diferencias no resueltas con su socio mayor en el bloque, el POR boliviano de Guillermo Lora, en cuanto a la participación de éste en un “Frente Antiimperialista Revolucionario” con el general nacionalista [Juan José] Torres, y otras diferencias con los seguidores argentinos de Lora en Política Obrera por seguir tras la cola de Perón. Luego, en enero de 1979 la OCI rompió con la casi totalidad de sus aliados latinoamericanos. La acusación: capitulación al nacionalismo burgués, en particular al peronismo (¡qué sorpresa!). Ahora Lambert vuelve a lo mismo con una reedición del CORCI. Es la “unidad” del mínimo común denominador, y no la del programa bolchevique.

  ¿Y Cuba, qué?

En sus declaraciones desde la ruptura del SU, los dirigentes del Comité Paritario han hecho todo lo posible por pintarse como luchadores consecuentes contra el pablismo. Según Nahuel Moreno, “Aún si la revolución nicaragüense fue el detonador de la crisis actual”, sus orígenes se remontan a la “crisis terrible provocada en la IV Internacional por la desviación pablista de los años 1951-53” de decretar un entrismo profundo en los PCs leales al Kremlin. También acusa a Pablo/Mandel de cometer uno de los “crímenes políticos más grandes en la historia del movimiento obrero” por haber dado apoyo crítico al gobierno burgués boliviano en 1952. Y en una resolución presentada en la reunión decisiva del Secretariado Unificado el otoño pasado, la Fracción Bolchevique notó que la posición del SWP sobre Nicaragua era de “aplicar la táctica de Pablo frente al FLN argelino” (Lettre d’Informations Ouvrieres, 10 de octubre). No sólo apoyando políticamente al FLN, Pablo entró en su seno y él mismo se convirtió en consejero técnico del gobierno burgués de Ben Bella después de la independencia.

Para poder luchar en contra del programa político que originó la capitulación actual del SU al régimen sandinista en Nicaragua, es necesario analizar sus orígenes. El entrismo “sui generis” en los partidos estalinistas pro-Moscú, Bolivia 1952, Argelia 1964 ― todas son traiciones pablistas como es también la línea del SWP/SU hacia el FSLN. El dirigente de la TLT, C. Némo cita además el apoyo mandelista al “foquismo” (guerrillerismo guevarista), el seguidismo subsiguiente tras “nuevas vanguardias de masas” en Europa y el fomentar ilusiones en el eurocomunismo. Pero ¿por qué estos ejemplos específicos? ― ¿no han hecho caso omiso de algo? Lo que aquí vemos es la auto amnistía por medio de una presentación selectiva de la historia. Moreno pasa por alto un intervalo importante en su supuesta lucha implacable contra el pablismo ― la “reunificación” de 1963 y los años siguientes. Y hay un ejemplo que no cita ― en realidad, el más apropiado ― Cuba.

Los paralelos entre los acontecimientos actuales en Nicaragua y los primeros años del régimen castrista son inescapables. Las fuerzas fundamentales en juego son las mismas: un ejército guerrillero victorioso en una alianza inestable con liberales burgueses criollos, enfrentando a los Estados Unidos temporalmente poco dispuestos a intervenir directamente. (Pero mientras que Castro se vio forzado a tomar medidas cada vez más radicales frente al hostigamiento imperialista, Carter busca conciliar al nuevo régimen ― el cual, por su parte, dirige sus ataques contra aquellos que quieren ir más allá de los límites capitalistas que ha impuesto a la revolución antisomocista). El SWP tiene razón en recalcar la identidad fundamental de su línea anterior y actual. Hoy en día Barnes aprueba la expulsión de la BSB y brinda consejos al FSLN sobre la mejor forma de deshacerse de los “ultra izquierdistas”, mientras que Mandel va a la cola; Jaime Wheelock, el comandante sandinista de izquierda, sigue siendo el favorito del SU a pesar de sus invectivas antitrotskistas. Ya principios de los años 60, cuando el régimen castrista prohibió la publicación del periódico del POR cubano, encarceló a sus dirigentes y destruyó las placas de imprenta de La revolución traicionadade León Trotsky, mientras Guevara denunciaba al trotskismo como instrumento de Washington ― en ese entonces también el SWP (y Moreno) guardó silencio o incluso disculpó la represión burocrática.

Cuba es una cuestión clave para trotskistas porque allí por primera vez una dirección pequeñoburguesa radical sin previos lazos con el estalinismo (a diferencia de China, Vietnam o Yugoeslavia) tomó el poder y expropió a la burguesía prácticamente en su totalidad, estableciendo un sistema económico colectivista. Esto planteó interrogantes fundamentales para la teoría y el programa de la revolución permanente. La respuesta del SWP, y la base de la formación del Secretariado Unificado fue echar por la ventana al “viejo trotskismo”: el campesinado podía reemplazar a la clase obrera como la fuerza directriz, y donde anteriormente el partido leninista-trotskista era considerado indispensable ahora el “instrumento contundente” de una banda guerrillera bastaría. (El hecho de que haya resultado un régimen bonapartista contrario a la democracia obrera, que en su política exterior necesariamente seguía la línea nacionalista-estalinista de conciliación con el imperialismo, no era de importancia para los pablistas). Moreno también siguió este camino; de hecho, hasta 1968 él era un pro castrista aún más entusiasta que sus mentores en el SWP. Sin embargo, Lambert responde con una seudo ortodoxia irreflexiva, negando tozudamente que había ocurrido una revolución social en Cuba. Durante dos décadas la OCI calificó al régimen de Castro de “estado capitalista fantasma”.

Así que convergiendo desde direcciones opuestas los lambertistas y morenistas se vieron cargados con posiciones sobre Cuba que les dificultaban una lucha contra el SWP/SU sobre Nicaragua. (Barnes y Mandel al menos pueden reivindicar una línea consecuente en su oportunismo.) Como consecuencia, en los últimos meses tanto la OCI como la Fracción Bolchevique han sacado documentos en donde por primera vez caracterizan a Cuba como aproximando a un estado obrero deformado. Pero las dos han hecho el viraje furtivamente. La FB sufre de una oportuna amnesia temporal ―olvidando la adhesión anterior de Moreno a la posición del SU― declarando simplemente que Castro y Cía. son una “dirección con una política pequeño burguesa burocrática colocada al frente de un estado obrero que nunca llegó a degenerar porque nació deformado.” (“Resolución sobre América Latina”, septiembre de 1979). La OCI quiere, por un lado, mantener su antigua posición, calificándola como una variante ― “plausible al tiempo que fue formulada” ― que no se realizó. En su lugar, “Fue otra variante la que se materializó: la constitución de un estado obrero parecido a los estados obreros burocráticos desde sus inicios” (La Vérité No. 588, septiembre de 1979). ¡Sólo tardaron 19 años en darse cuenta!

El espectro espartaquista

La Tendencia Leninista-Trotskista había llamado a cambiar la posición del SU sobre Cuba desde hace algún tiempo, y así no podían desechar la importancia de la cuestión tan fácilmente como lo tratan de hacer la FB y la OCI. Pero su afirmación de que “La nueva dirección del Socialist Workers Party se alinea con la política castrista” (Tribune OuvrièreNo. 1, noviembre de 1979) es evidentemente absurda: ¡el apoyo del SWP al castrismo data de 1960! Esto es un intento descarado por parte de los dirigentes de la TLT de disculpar su propio papel como discípulos del dirigente del SWP Joe Hansen en la mal nombrada Fracción Leninista-Trotskista (FLT), que atacó al guerrillerismo guevarista/mandelista desde la derecha. Lo mismo en el caso de Moreno, quien formaba parte de la dirección de la FLT hasta su ruptura con ella en 1975. ¿Qué decir, entonces, del llamado de Moreno, a mediados de los años 60, por “desarrollar un aparato técnico estrictamente subordinado a la disciplina de OLAS”, la fracasada “internacional” de Castro? Y no olvidemos la afirmación por parte de Hansen, de que la consigna de OLAS por una guerra de guerrillas continental “hace eco a la tradición bolchevique” (véase “For Workers Polítical Revolution in Cuba”, Workers VanguardNos. 223 y 224, 19 de enero/2 de febrero de 1979).

Sobre todo, los varios componentes del Comité Paritario buscan evitar el confrontarse con el programa y la lucha de la tendencia espartaquista internacional. Sólo la TEI ha avanzado una posición trotskista coherente sobre la cuestión cubana, y desde su origen como la Tendencia Revolucionaria (TR) del SWP ha luchado consistentemente para destruir políticamente a los liquidadores pablistas. La TR fue única en analizar, ya en ese entonces, el origen del estado deformado cubano y su significado para el programa trotskista (véase “Cuba y la teoría marxista”, Cuadernos Marxistas No. 2). Oponiéndose a la resolución de la dirección del SWP, “Por una pronta reunificación del movimiento trotskista”, que luego sirvió de documento de fundación del Secretariado Unificado, la Tendencia Revolucionaria presentó una contrarresolución en el congreso del SWP de junio de 1963 que declara:

“13. La Revolución Cubana ha expuesto las múltiples infiltraciones que el revisionismo ha hecho dentro de nuestro movimiento…. Así los trotskistas son desde luego los defensores más militantes e incondicionales de la Revolución Cubana, así como del estado obrero deformado que nació de ella, contra el imperialismo. Pero los trotskistas no pueden poner su confianza en, o dar su apoyo político, por muy crítico que sea, a un régimen gubernamental hostil a los más elementales principios y prácticas de la democracia obrera, aunque nuestra orientación táctica no es la que sería hacia una casta burocrática endurecida.

“14. Lo que es cierto de la orientación de los revisionistas hacia el régimen de Castro es todavía más aparente en lo que respecta al régimen de Ben Bella que gobierna ahora en Argelia con el programa de una revolución ‘socialista’ en cooperación con el imperialismo francés…. Como revolucionarios, nuestra intervención en ambas revoluciones, como en cualquier estado existente, debe estar de acuerdo con la posición de Trotsky: ‘No somos un partido de gobierno; somos el partido de la oposición irreconciliable’ (En defensa del marxismo). Esto puede tan sólo dejar de aplicarse en relación con un gobierno genuinamente basado en la democracia obrera.

“15. La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha demostrado que la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeño burguesa no puede llevar más allá de un régimen burocrático antiobrero. La creación de tales regímenes ha sido posible bajo las condiciones de decadencia del imperialismo, la desmoralización y desorientación causada por la traición estalinista, y la ausencia de una dirección revolucionaria marxista de la clase obrera. La revolución colonial puede tener un signo inequívocamente progresista sólo bajo una tal dirección del proletariado revolucionario. Para los trotskistas el incorporar a su estrategia el revisionismo sobre la cuestión de la dirección proletaria en la revolución es una profunda negación del marxismo-leninismo, cualquiera que sea el beato deseo expresado al mismo tiempo de ‘construir partidos marxistas revolucionarios en los países coloniales’.”

― “Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional” (junio de 1963), Cuadernos Marxistas No. 1

He aquí un programa para luchar contra el pablismo que proporciona una orientación efectiva al armar a los comunistas para pruebas cómo Nicaragua. Y no fue escrito recién ayer.

Reforjar la IV Internacional 

Aquellos dentro o en los alrededores del SU que aspiran a ser trotskistas se encuentran frente a una decisión difícil. Si permanecen dentro del SU deben prepararse a soportar, aprobar y llevar a cabo más traiciones como la de Nicaragua, o aún peores ― incluyendo la entrega de sus propios compañeros. Si apoyan a Barnes, más vale que tengan principios lo suficientemente “flexibles” como para aguantar la “neutralidad” proimperialista del SWP durante la invasión sudafricana a Angola. Si siguen a Mandel, pueden terminar al lado de Jimmy Carter apoyando a reaccionarios islámicos contra las tropas soviéticas en Afganistán, tal como sucedió con el IMG [International Marxist Group] británico. Y bien sean mandelistas o partidarios del SWP, se encontrarán recitando “allah akbar” [Dios es grande] y aclamando al “progresista” Jomeini en Irán mientras los verdugos del ayatolá siegan a kurdos, árabes, trabajadores petroleros y mujeres (y desde luego sentencian a muerte a sus propios camaradas). Este es el salario común y corriente del pablismo;

¿Y qué fue de aquellos que le dieron la espalda al SU para seguir al Comité Paritario? Es cierto que hoy día en Europa, Moreno luce bastante izquierdista ―firme contra el eurocomunismo, por un “partido trotskista” en Nicaragua, “luchar contra el pablismo” ― y no hay duda que su Fracción Bolchevique ha atraído a genuinos izquierdistas repugnados por el historial de traiciones del SU. Pero más que nada Moreno es un charlatán. De reformista en Argentina, ahora aparenta ser centrista. De Moreno el peronista, el castrista, el maoísta, el socialdemócrata, ¡llegamos a Moreno el guerrillero heroico y el luchador atrevido contra el pablismo! Pero si se le ofrece un puesto ministerial dará la vuelta completa. Critica a Mandel/Pablo/Lora sobre Bolivia, pero el mismo Moreno apoyó políticamente a Perón contra guerrilleros de izquierda. En el Panamá, donde miles de estudiantes de izquierda protestan en contra del dictadura Torrijos (amigo no sólo de Fidel Castro, sino también del Chase Manhattan) cuyas tropas golpearon a miembros del BSB, los morenistas abogan por él apoyo a la lucha supuestamente “progresista” de éste contra el imperialismo. Y desde luego están los escándalos financieros ―por ejemplo, ¿qué pasó con el dinero destinado a apoyar las actividades de Hugo Blanco dirigidas a organizar a los campesinos en el Perú?

Moreno, el que critica a Mandel por su capitulación ante el eurocomunismo, hoy día se alinea con la OCI, políticamente algo a la derecha de Willy Brandt. ¡Júntense a Lambert y más vale que les guste servir de cubierta, ideológica de la CIA! En Francia los lambertistas votaron por el candidato del frente popular, el líder socialista François Mitterrand, para presidente. En Portugal, respaldaron al PS de Mario Soares cuando éste recibía dinero de la CIA y estaba en alianza con los fascistas que quemaban las oficinas del PC. En Alemania llaman por una “asamblea constituyente nacional” y la “reunificación incondicional” ―es decir, por la liquidación de las conquistas socioeconómicas de Alemania Oriental a través de una reunificación capitalista. La OCI es tan estalinofóbica que para ella el “eurocomunismo” no era sino un complot tramado en Moscú; el carácter de clase de la burocracia del Kremlin es definido simplemente como “burgués”, aunque esté basada en las formas de propiedad establecidas por la Revolución de Octubre; e internacionalmente la URSS es supuestamente parte de una “Santa Alianza contratada por la burocracia con el imperialismo”, la cual fue establecida en Potsdam y Yalta y no fue afectada por vicisitudes tales como la guerra fría.

El carácter sin principios del Comité Paritario es subrayado por su mismo nombre. He aquí lo que dijo Trotsky sobre tales combinaciones diplomáticas:

“La idea de ‘paridad de formaciones’, es decir, de tendencias, es intrínsecamente absurda y viciosa. Las tendencias no son iguales en efectivos; pero lo que es más importante es el distinto valor político e ideológico de las tendencias. Hay tendencias buenas y malas, progresistas y reaccionarias. Los aventuristas, para quienes nada es sagrado, bien pueden acomodarse a todas las tendencias posibles. Pero los marxistas están obligados a luchar despiadadamente contra las tendencias sin principios y a no hacer alianzas con ellas sobre bases de igualdad. La paridad de tendencias quiere decir la paridad del marxismo, centrismo, aventurismo, etc.”

― L.D. Trotsky, The Crisis of the French Section

En la versión contemporánea, estilo Lambert/Moreno, los componentes del bloque ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en un nombre que exprese una meta común. No es del todo evidente cuales son las diferencias existentes entre la “reconstrucción” (OCI), “reorganización” (FB) y “reunificación” (LCI) de la IV Internacional. Claramente, el intento de las tres formulaciones es el de dejar campo para maniobras con elementos de la dirección del SU. Igualmente claro es el marcado contraste entre ellas y la perspectiva indicada por la consigna de la TEI, “Por el renacimiento de la IV Internacional”. Como dijimos en nuestra “Carta al CORCI ya la OCI”:

“Nuestra consigna implica la necesidad de pasar por un proceso fundamental; no es posible tan sólo encajar unos cuantos pedazos, picarlos un poco quizás, y con ellos reconstruir el edificio.”

Spartacist No. 4 (edición en español), mayo de 1977

También está la “conferencia abierta” anunciada por el Comité Paritario como un foro de debate de las cuestiones fundamentales que enfrentan los que se reclaman del trotskismo. Diversas organizaciones centristas europeas situadas a la izquierda del SU se agarrarán de ésta como de un salvavidas. Incapaces de elaborar por sí mismas un programa coherente sobre cuestiones tan fundamentales como los frentes populares, el carácter de clase de la Cuba castrista, el pablismo y la IV Internacional, algunas de ellas han puesto sus esperanzas en que el caudillo argentino pueda unirlas en forma bonapartista antes de que se sumerjan por última vez en el pantano seudotrotskista. Entretanto, la conferencia se ha vuelto aparentemente menos abierta. Ya a mediados de noviembre la OCI restringía la asistencia a “quienes se reclaman, con razón, de la continuidad de la IV Internacional”. Esto incluye explícitamente al SU (“El Secretariado Unificado de la IV Internacional es invitado a participar…”), y dejamos a nuestros lectores la tarea, de adivinar quién podría ser excluido por el “con razón” de la OCI.

Los lambertistas ya han dado una indicación en su manera acostumbrada de expresarse. El día 13 de noviembre en la entrada de una sala de reuniones en París, una guardia de orden de la OCI atacó físicamente a un grupo de militantes de la Ligue Trotskyste de France, sección simpatizante de la TEI, cuando se encontraban vendiendo su prensa. Poco después el dirigente de la LCI, Némo, dirigió su ataque contra “sectas… como los espartaquistas” que “no hacen nada sino mantener la división de nuestro movimiento para el solo beneficio de los aparatos burocráticos” (Informations Ouvrieres, 17-24 de noviembre)” Y en el segundo número de Tribune Ouvrière (24 de noviembre) la LCI defiende al SWP contra los “provocadores espartaquistas que caracterizan al SWP como reformista”. Para “justificar” sus calumnias y su gangsterismo los lambertistas han estado diciendo recientemente que la tendencia espartaquista está fuera del marco del movimiento obrero.

¿A qué expertos recurrieron para llegar a tal veredicto? ¿George Meany y Zbigniew Brzezinski? ¡Son ellos quienes inspiran la política de la OCI! Pero si la TEI debe ser descartada como “provocadores”, ¿de quién se supone que somos agentes? Según los lambertistas, lo somos del Kremlin, y subrayan nuestra oposición a la invasión china a Vietnam, nuestro apoyo a las tropas cubanas en Angola contra Sudáfrica, y nuestra negativa a hacer causa común con Jimmy Carter a favor de los disidentes soviéticos. Según el SWP, lo somos del imperialismo estadounidense, porque nos negamos a respaldar a Jomeini en Irán y apoyamos el derecho a la autodeterminación de los somalíes contra la Etiopía apoyada por Cuba y la URSS. ¡Qué curioso que no pueden ponerse de acuerdo! La práctica de tachar de agentes en base a posiciones políticas es una especialidad del estalinismo, pero en realidad común entre los reformistas es su manera preferida de tratar de descartar a los revolucionarios. Así, los mencheviques rusos repitieron la calumnia zarista de que Lenin era un agente alemán; y los verdugos socialdemócratas alemanes calificaron a Luxemburgo y a Liebknecht de agentes rusos.

La LCI dice que nos autoproclamamos la IV Internacional. Por el contrario, hemos declarado francamente que la TEI es una tendencia en lucha por reforjar el partido mundial del socialismo revolucionario. Y como componente importante de nuestra lucha para construir grupos de propaganda combativos, hemos utilizado la táctica de reagrupamientos revolucionarios a través de un proceso de escisiones y fusiones con fuerzas en ruptura con el revisionismo y en busca del camino al trotskismo auténtico. Luego del fermento revolucionario en Portugal en 1974-76, la tendencia espartaquista internacional presentó como base principista para tales reagrupamientos el proyecto de una declaración por trotskistas expulsados u obligados a salir del SU (ver “Reforge the Fourth Internacional!”, Workers Vanguard No. 143,4. de febrero de 1977). Concentrado en la lucha contra el frentepopulismo, por un partido leninista y por el poder soviético en Portugal, sus nueve puntos incluían:

• No a cualquier apoyo electoral o político a los frentes populares; por una oposición condicional a los partidos obreros en coaliciones explícitas o implícitas de colaboración de clases;

• Mantener la teoría trotskista de la revolución permanente; por una dirección proletaria de la lucha nacional/social;

• Apoyo militar a las fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas en lucha contra el imperialismo, pero ningún apoyo político en absoluto a tales fuerzas; por partidos trotskistas en todos los países;

• Defensa incondicional de todos los estados obreros deformados/degenerados contra el imperialismo; por la revolución política contra las burocracias; ningún apoyo político a fracciones y camarillas estalinistas en pugna;

• Contra la violencia dentro del movimiento obrero;

• Por fracciones comunistas en los sindicatos, basadas en el Programa de Transición;

• Por la táctica comunista del frente unido desde arriba; por la táctica de reagrupamientos para unir a los revolucionarios subjetivos en el partido de vanguardia; por el desenmascaramiento intransigente del centrismo;

• Rechazo a las pretensiones de las “internacionales” pretendidamente trotskistas de representar la IV Internacional destruida por el pablismo en 1951-53;

• Reforjar una IV Internacional democrático-centralista que no se detendrá hasta alcanzar la dictadura del proletariado.

Hoy debemos agregar que fue este programa el que preparó a la TEI para presentar, en forma única, una perspectiva revolucionaria en Irán, exigiendo “Abajo el sha, abajo los mullahs” cuando prácticamente toda la izquierda alababa a Jomeini; e igualmente nos llevó a exigir la victoria militar para los insurgentes nicaragüenses encabezados por el FSLN al mismo tiempo que llamábamos, no por un régimen bonapartista sandinista (como lo hizo Moreno y como ahora hacen el SWP/SU), sino por un gobierno obrero y campesino y por un partido trotskista auténticamente independiente. Acontecimientos como la invasión china a Vietnam han mostrado la capacidad política marxista de la tendencia espartaquista, que hace una década previó la actual alineación antisoviética del régimen maoísta con el imperialismo. Nuestra presencia en la industria, modesta pero real, nos ha permitido llevar a cabo un trabajo comunista ejemplar en los sindicatos así como la reciente manifestación de 500 obreros negros y trotskistas en Detroit contra las provocaciones fascistas. E internacionalmente, la TEI pudo celebrar el año pasado su primera conferencia delegada, la cual mostró tanto la solidez política como la combatividad de nuestra tendencia.

Ni bloques podridos de traición pablista, ni “internacionales” personalistas de aventureros errantes. ¡Completemos la lucha anunciada por el entonces revolucionario SWP en 1953 en su “Carta abierta a los trotskistas a través del mundo”!: “Las líneas de división entre el revisionismo de Pablo y el trotskismo ortodoxo son tan profundas que no es posible ningún compromiso, bien sea político u organizativo.” ¡Por el renacimiento de la IV Internacional!

La OCI resucita el Buró de Londres

Traducido de Workers Vanguard no. 95, 6 de febrero de 1976. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 4, mayo de 1977.

La encarnación internacional de la Organisation Communiste Internacionaliste (OCI) francesa ha proclamado orgullosamente el abandono de sus antiguas pretensiones mínimas de mantener como base de su existencia política el programa trotskista. Los grupos latinoamericanos afiliados a la OCI han proclamado con bombos y platillos su llamado reciente a una conferencia “para organizar la unidad antiimperialista”, que sería abierta a todas las tendencias latinoamericanas que reconocen “la independencia de clase de las masas trabajadoras”; y en su propio terreno francés la OCI se ha involucrado en un romance floreciente con la organización castigada por Trotsky como la expresión acabada del centrismo, el POUM español.

En un comunicado del 6 de noviembre de 1975 se informó de los resultados de la Segunda Conferencia Latinoamericana, que se realizó entre el 1º y el 6 de noviembre, bajo el auspicio del Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (CORCI), encabezado por la OCI. El comunicado proclamó que se había llegado a un “acuerdo global” refiriéndose a “las tareas que implica el combate por la construcción de partidos revolucionarios en cada país, integrados a la lucha por la reconstrucción de la Cuarta Internacional”.

Mas lo que en realidad están haciendo el CORCI y sus adherentes latinoamericanos (el POR boliviano, Política Obrera de Argentina, la LOM mexicana, el POMR peruano, el POMR chileno y un grupo venezolano), no es reforjar la Cuarta Internacional sino la inauguración de otro “Buró de Londres” ― un bloque podrido del mismo tipo que Trotsky combatió en los años 30, considerándolo el impedimento centrista más peligroso en la lucha por la Cuarta Internacional.

El verdadero eje de esta Conferencia Latinoamericana se presenta en la enumeración en este comunicado dé las condiciones políticas proyectadas para una conferencia futura “de todas las organizaciones, tendencias y corrientes que en América Latina se pronuncian por los tres puntos siguientes”:

“1) Por la organización de la unidad antiimperialista;

“2) Por la independencia de clase de las masas trabajadoras y de las organizaciones obreras;

“3) Por la organización de las luchas antiimperialistas y anticapitalistas, de acuerdo con la divisa de la Internacional Obrera [de Marx): ‘La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos’.”

Correo Internacional, diciembre de 1975

Lo que aquí se propone no es otra cosa que un Kuomintang a escala internacional, simplemente una versión más fraudulenta de las alianzas “antiimperialistas” de colaboración de clases con nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses que constantemente enarbolan los estalinistas, sean seguidores de Mao, Castro o Brezhnev.

Pero las fuerzas burguesas evidentemente no estarán de acuerdo con “la independencia de clase de las masas trabajadoras y las organizaciones obreras,” nos respondería sin duda la OCI. Por el contrario los demagogos burgueses de izquierda no sólo están dispuestos a firmar tales declaraciones, sobre todo si no están en el poder, sino que uno de ellos, el General Juan José Torres, ex presidente de Bolivia, ya ha sobrepasado a la OCI al firmar un documento llamando por la “hegemonía del proletariado”.

Fue en la declaración del Frente Revolucionario Antiimperialista (FRA), del cual la OCI se debe acordar pues escribió refiriéndose al FRA que, “Aún Chiang Kai-shek y el Kuomintang se integraron a la Tercera Internacional” (La Vérité no. 557, julio de 1972). A esa época la OCI criticaba implícitamente las alabanzas del POR boliviano a las virtudes trascendentales del FRA; no obstante, hoy en día la OCI está a la caza de sus propios Torres y Chiang y evidentemente ya ha contratado al MIR venezolano.

La Conferencia Latinoamericana ha puesto de acuerdo la retórica de la OCI con su práctica oportunista, terminando con sus antiguas pretensiones verbales de ortodoxia trotskista. Anteriormente la OCI insistía con razón (pese a su formalismo) que el Programa de Transición es primordial. Luego de romper con su antiguo compinche británico Gerry Healy, en 1971, la OCI puso énfasis en la necesidad de:

“cimentar estos elementos, grupos y organizaciones auténticamente trotskistas, por pocos que sean…. Al mismo tiempo sabemos que no es cosa fácil lograr un reagrupamiento organizacional en el campo de los principios… pero precisamente por ser difícil sólo debe ser emprendido con aquellos [trotskistas] que quieren continuar fieles al programa y no temen romper con el liquidacionismo pablista.”

Correspondance Internationale, junio de 1972

Acercamiento OCI-SWP

Es divertido constatar que, según el acta de una reunión entre la OCI y el Socialist Workers Party (SWP) norteamericano en octubre de 1974, Pierre Lambert (de la OCI) habría declarado:

“Si no hubieran lazos con la Cuarta Internacional fundada por Trotsky, cada uno de nosotros [es decir el CORCI y el Secretariado Unificado (SU) al cual el SWP está ligado políticamente] no seríamos más que unos Burós de Londres. Como reclamamos la autoridad de Trotsky, no somos Burós de Londres.”

Por supuesto invocar la autoridad de Trotsky es insuficiente como criterio para definir el trotskismo auténtico. Pero la Conferencia Latinoamericana ha formalizado la práctica sin principios de la OCI con una claridad sin precedentes. Ha sobrepasado sus vacilaciones y capitulaciones de antaño, abogando hoy francamente por un conglomerado de “antiimperialistas” sin siquiera referirse al trotskismo. Por sus propios criterios, entonces, el CORCI simplemente está promoviendo otro Buró de Londres.

La OCI suplantó su hostilidad de larga data contra el SWP, descubriendo súbitamente en 1973 que el SWP es “trotskista” y “no centrista”. La OCI se lanzó de cuerpo entero a correr tras Joseph Hansen y Cía., sin importarle las aspiraciones socialdemócratas en pleno florecimiento del SWP, que lo sitúan en el ala derecha del SU. En el período antes del Décimo Congreso del SU en 1974, la OCI aconsejó a sus partidarios presentes y/o futuros dentro del SU que se integren a la oposición derechista de la minoría encabezada por el SWP, la Fracción Leninista-Trotskista.

Aún antes del encuentro de octubre de 1974 entre el SWP y la OCI, el afiliado argentino de la OCI, Política Obrera (PO), declaró su disposición para entablar discusiones extensas con el PST argentino de Moreno/Coral, que estaba en ese entonces en pleno acuerdo con el SWP. Las relaciones entre PO y el PST parecen haber mejorado considerablemente; recientemente el PST propuso incluso una fusión entre las respectivas juventudes para el mes de marzo (Avanzada Socialista, 30 de diciembre de 1975).

Curiosamente, mientras que la OCI y el PST están en pleno noviazgo, noticias de desacuerdos entre el PST y el SWP, sobre Portugal y Angola, han circulado en Europa. Ahora estos han sido confirmados en cuanto a Angola: el Militant (23 de enero de 1976) del SWP dice que el PST está de acuerdo con la posición de la mayoría del SU de apoyo al MPLA, al contrario de la “neutralidad” del SWP. Si el reagrupamiento dentro del SU continua, la OCI ―que al principio sólo expresaba desprecio por el PST, mientras que adulaba de manera escandalosa al SWP― se vería en apuros.

La OCI corre detrás del POUM

La OCI ha pasado más de 20 años reclamándose del “trotskismo ortodoxo” y del “antirevisionismo”. No es por azar que su giro agudo a la derecha en el campo político francés ―apoyando al candidato del frente popular en las elecciones presidenciales de 1974― va de la mano con un giro internacional igualmente agudo a la derecha. La cuestión del frente popular es el eje alrededor del cual gira la degeneración creciente de la OCI.

En Europa, luego que la OCI perdió su grupo español en provecho del sedo de Varga, adoptó cada vez más posiciones políticas idénticas a las del POUM español (Partido Obrero de Unificación Marxista) ― organización que históricamente ha sido la quinta esencia de la capitulación al frente popular. En los últimos seis meses por lo menos, la OCI se ha limitado a levantar consignas centrales para España que son idénticas a las del POUM: “Abajo la monarquía”, “Viva la República”, “Por una asamblea constituyente”. Estas consignas encarnan la concepción menchevique de la revolución en dos etapas rígidamente separadas ― al fin y al cabo es una tentativa de justificar confianza política a la democracia burguesa en la llamada “primera” etapa.

En una situación de guerra civil, el movimiento obrero debe dar apoyo militar a la democracia burguesa contra la reacción bonapartista y fascista (de este modo los bolcheviques lucharon al lado de Kerensky contra Kornilov). Pero el proletariado nunca subordina sus organizaciones y su programa independiente a tales bloques militares, porque no da ninguna confianza política a la burguesía. Las consignas del POUM/OCI para España hoy día son abiertamente reformistas. Una cosa era luchar en el campo de la república española amenazada por el golpe de estado de los generales franquistas, y otra muy distinta abogar por la formación de una república burguesa.

El POUM: un historial de la traición

En 1936 Trotsky rompió con la Izquierda Comunista de Andrés Nin a causa de la unificación de ésta con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín que dio origen al POUM. Los acontecimientos subsiguientes confirmaron con rapidez la evaluación que hacía Trotsky del POUM como obstáculo centrista a la revolución proletaria. En el crisol de la situación revolucionaria, el POUM abdicó a favor de los malos dirigentes reformistas, permitiendo en última instancia que la burguesía recuperara el control político a través del frente popular, asegurando objetivamente de esta manera la derrota de la revolución española y la victoria de las fuerzas franquistas.

De una manera típicamente centrista, después de meses de propaganda contra cualquier coalición con la burguesía española, de un día para otro, el POUM ingresó en la coalición electoral de febrero de 1936 en Cataluña. Por supuesto, luego de las elecciones renunciaría a la coalición. No obstante, en la víspera misma de la guerra civil, el POUM volvía a capitular al llamar por un “auténtico gobierno del Frente Popular con la participación directa de los partidos Comunista y Socialista” (La Batalla, 17 de julio de 1936). En lugar de reivindicar que los reformistas asumieran el poder gubernamental sin la participación de sus socios burgueses (tal la consigna bolchevique de junio de 1917, “abajo los diez ministros capitalistas”), en el momento crítico el POUM se demostró incapaz de concretar su oposición verbal periódica al frente popular.

El 7 de septiembre de 1936 Nin pronunció un discurso criticando la coalición de Madrid con la burguesía, avanzando la consigna de “abajo los ministros burgueses”. Sin embargo el 18 de septiembre La Batalla publicó una resolución que declaraba:

“El Comité Central, ahora al igual de siempre, cree que este gobierno debe estar integrado exclusivamente por representantes de los partidos obreros y las organizaciones sindicales. Pero si esta posición no es compartida por las demás organizaciones obreras, queremos dejar el problema abierto a la discusión.”

El 26 de septiembre de 1936, el POUM demostró lo que realmente entendía por “dejar el problema abierto” ― ¡entró al gobierno burgués de Cataluña!

La capitulación política del POUM al coalicionismo frentepopulista fue la confirmación decisiva de la justicia de la amarga lucha de Trotsky. El eje central de la desorientación del POUM, que lo tornó impotente frente a la necesidad de proveer una dirección revolucionaria, fue esta misma incapacidad de levantar un programa proletario dirigido a la movilización independiente de la clase obrera opuesta al aparato del estado burgués. En la práctica el POUM se opuso a la tarea central que enfrentan los revolucionarios en una situación incipiente de doble poder: la creación de los soviets.

En las fuerzas armadas, el POUM prohibió la elección de comités de soldados y consintió los decretos de militarización y movilización de septiembre y octubre de 1936 que traían aparejado la conscripción de regimientos regulares bajo el antiguo código militar. El 27 de octubre de 1936 La Batalla publicó sin comentarios el decreto del estado burgués que desarmó a los obreros.

Nin justificó explícitamente el abandono de la concepción leninista de los soviets al referirse a la ausencia de tradiciones democráticas en Rusia. “Sin embargo, nuestro proletariado tenía sus sindicatos, sus partidos, sus propias organizaciones. Por esta razón los soviets no han surgido entre nosotros” (La Batalla, 27 de abril de 1937). Lo que se reflejaba en esta declaración era el prolongado rechazo de Nin de competir con la burocracia anarquista-reformista de la CNT por la dirección de los obreros organizados. Cuando la CNT se integró al frente popular, el POUM lo hizo también. Cuando la CNT llamó a los obreros a que entregaran las armas frente a la feroz represión burguesa y estalinista, el POUM hizo otro tanto.

Luego que la sección de Barcelona del POUM, que se encontraba a la izquierda dentro del partido, votó por la organización inmediata de soviets el 15 de abril de 1937, la dirección del POUM emprendió medidas represivas masivas y burocráticas contra su ala izquierda, incluyendo la expulsión de disidentes (acusados de ser trotskistas) que incluso fueron traídos del frente bajo custodia.

El último paso era previsible. Al comienzo del mes de mayo la clase obrera de Barcelona se tomó la ciudad en respuesta a la tentativa de inspiración estalinista por los Guardias de Asalto de la República de controlar por la fuerza los obreros de la Telefónica; entre todos los grupos de izquierda, sólo los trotskistas (la Sección Bolchevique-Leninista de España) y los anarquistas de izquierda “Amigos de Durruti”, sacaron volantes el 4 de mayo que exhortaban a la huelga general, al desarme de los Guardias de Asalto y a la formación de un frente proletario revolucionario. Mas La Batalla (6 de mayo de 1937) pidió a los obreros a “abandonar las calles”, aconsejando “volved al trabajo”. Siguiendo las instrucciones de su dirección, los militantes del POUM abandonaron las barricadas. Esta traición fue instrumental en la precipitación de la derrota del levantamiento heroico de las jornadas de mayo. Tales son las “diferencias” entre el verdadero bolchevismo y la traición centrista.

Los apologistas del POUM

A la época de su lucha intransigente contra el POUM centrista, Trotsky debió también combatir una tendencia considerable a la tolerancia frente a la línea política del POUM, incluso entre las organizaciones que se reclamaban formalmente del combate por la Cuarta Internacional.

En julio de 1936, Trotsky escribió una carta al RSAP holandés, atacando su actitud complaciente frente al POUM y su reticencia a tomar posición sobre el Buró de Londres, del cual el POUM era uno de los soportes principales. Trotsky escribía:

“No se lucha por la Cuarta Internacional al coquetear con aquellos [el POUM y sus aliados] a puertas cerradas, atendiéndoles, rindiéndoles visitas de salón. etc…. No, sólo se lucha por la Cuarta Internacional al denunciar despiadadamente estos señoritos y llamándolos por su verdadero nombre.”

En la misma carta Trotsky atacaba la política del POUM:

“La cuestión de cuestiones actualmente es el frente popular. Los centristas de izquierda buscan presentar esta cuestión como una maniobra táctica, o aún técnica, para poder realizar sus negociados a la sombra del frente popular. En realidad el frente popular es la cuestión principal de la estrategia de la clase proletaria en esta época. También ofrece el mejor criterio para diferenciar el bolchevismo del menchevismo…. Todos los frentes populares en Europa no son nada más que una pálida imitación y a menudo una caricatura del frente popular ruso de 1917….”

Escritos, 1935-36

Después de la Segunda Guerra Mundial, el POUM jugó un papel importante en la “Internacional” shachtmanista, extraño reagrupamiento de todos los que rompieron con la Cuarta Internacional hacia la derecha. Además del grupo de Shachtman, que se había escindido del SWP en 1940 en oposición a la política trotskista de la defensa militar de la Unión Soviética, este pantano centrista Internacional englobaba al IKD alemán (los autores de “Las Tres Tesis” mencheviques de 1941 que abogaban por una revolución “democrática” contra el régimen de Hitler), la escisión del SWP en la posguerra de Goldman/Morrow, y la escisión de derecha del POI francés dirigido por Parisot y Demazière. Es a esta tradición histórica que vuelve la OCI.

La OCI reescribe la historia

No contenta solamente con abrazar al POUM, hoy día la OCI busca también embellecer el papel claudicante del POUM en los años 30. Pierre Broué, el conocido historiador de la OCI, en su reciente tomo de recopilación de los escritos de Trotsky sobre España, busca “explicar” (es decir, justificar) detalladamente en sus notas y en el prólogo, la política del POUM.

Broué se muestra particularmente positivo sobre la política sindical del ala de Maurín y sobre la fundación del POUM, a la cual Trotsky se opuso. Según Broué, el POUM se constituyó en el “combate común por el frente único obrero” entre el Bloque Obrero y Campesino (Maurín) y la Izquierda Comunista (Nin). Broué califica de “coherente” la explicación dada por Juan Andrade, dirigente del POUM, sobre su fundación y cita en extenso a Andrade y a otros dirigentes del POUM con aprobación, acerca de sus diferencias con Trotsky.

En el contexto de recopilar los escritos de Trotsky sobre España, Broué hizo lo posible, para un llamado trotskista (no puede, por supuesto, rechazar abiertamente el combate de Trotsky contra el POUM), para justificar el POUM contra Trotsky. Implícitamente solidariza con los vacilantes que, queriendo asociarse con el análisis tajante de Trotsky, se alejaban de la térrea necesidad de la lucha política despiadada contra los centristas. Broué, al pasar, anota que las polémicas (“a veces feroces”) de Trotsky contra el POUM fueron “a menudo consideradas excesivas incluso por muchos de los partidarios de Trotsky”.

Pero no se detuvo ahí. Por lo menos en un caso importante, el tomo de Broué trunca la sección de la carta de Trotsky al RSAP, referida a España, eliminando un elemento central de su polémica contra el POUM (en particular el pasaje citado más arriba), tratando de su capitulación al frente popular.

La evidente turbación de Broué frente a la lucha de Trotsky contra el POUM no fue compartida por la Cuarta Internacional, cuyo documento de fundación ―el Programa de Transición de 1938 (¡que la OCI no puede pretender desconocer!)― declara abiertamente:

“Las organizaciones intermedias, centristas, que se agrupan en torno al Buró de Londres, no son más que apéndices izquierdistas de la socialdemocracia y de la Tercera Internacional. Poniendo en evidencia su absoluta incapacidad para orientarse en una situación histórica y deducir conclusiones revolucionarias. Su punto culminante fue alcanzado por el POUM español, que frente a una situación revolucionaria resultó ser completamente incapaz de tener una política revolucionaria.”

El acercamiento de la OCI al POUM no puede ser considerado como un mero coqueteo, sino el pasar de las palabras a los hechos. La publicidad de su campaña pro-fondos a finales de 1975 (para la “solidaridad internacional” y la “reconstrucción de la Cuarta Internacional”), se centró sobre dos organizaciones: Política Obrera (que había perdido varios militantes encarcelados o muertos a manos del régimen peronista) y el POUM. A pesar de sus referencias fortuitas a las “divergencias” que tiene con el POUM, es evidente que la OCI cifra esperanzas en el POUM como elemento importante para su “Cuarta Internacional” reconstruida. Por lo tanto declara su apoyo al POUM que “ha combatido en la revolución española, soportando los golpes peores de la burguesía coaligada con el estalinismo (asesinato de Nin por la GPU) y que continúa esta lucha contra el régimen franquista en su agonía.” (Informations Ouvrieres, 10 de septiembre de 1975).

La colecta de fondos ha sido repetidamente presentada por la OCI como, “a través del apoyo al POUM, un acto de la solidaridad combatiente con el proletariado y el pueblo de España. Su combate es el nuestro” (Informations Ouvrieres, 6 de noviembre de 1975). Evidentemente la OCI presenta al POUM como a una sección española de su organización y como el canal para introducir su línea política. Para la dirección de la OCI, la traición del POUM en los días decisivos de 1936-37 se ha desvanecido. El POUM es presentado como merecedor de la plena confianza de los obreros españoles ― y concomitantemente de una tajada de los casi US$ 120.000 recolectados por la OCI.

Las pretensiones de la OCI de representar el trotskismo auténtico y la lucha por sostener el programa trotskista contra el revisionismo, son puestos al desnudo. Lejos de cumplir con la proclamada intención de encarnar un reagrupamiento de principios, el CORCI es un conglomerado sin principios de centristas inveterados, cuya organización dominante, la OCI, anhela con lujuria la consumación de sus relaciones con el SWP reformista. Es preciso reforjar la Cuarta Internacional como el partido mundial de la revolución proletaria, templada en la lucha de clases y probada en el combate político vital contra aquellos que quisieran refundar el Buró de Londres.

Mario Muñoz: Minero, dirigente obrero, exilado perseguido

Por el Comité de Defensa de los Prisioneros Obreros y Marinos en Chile

Extraído del Suplemento en Español (abril de 1976), publicado en Workers Vanguard n. 108, de 7 de mayo de 1976.

Mario Muñoz Salas, nació el 8 de junio de 1939. Comienza a trabajar en las minas a los 14 años. Ya en ese entonces los obreros “pirquineros” eran explotados por los “latifundistas” mineros del país, con la complicidad de jueces, abogados, parlamentarios y presidentes de la república. La intervención del imperialismo yanqui era directa, en las agencias de compra de minerales, para arrancar a los pirquineros el fruto de años de trabajo. Mario Muñoz es de los primeros en rebelarse, empujando la organización y consolidación de sindicatos que defiendan los derechos obreros. Esta no es tarea fácil porque el 90 por ciento de los pirquineros eran analfabetos, azotados también por la silicosis, mueren por miles en la miseria más atroz.

Es así que en 1968 se constituye el Sindicato Interprovincial de Obreros “Pirquineros” de las Provincias de Valparaíso, Aconcagua y Santiago. Su fundador y dirigente es Mario Muñoz. Este sindicato se plantea un cambio cualitativo de las luchas tradicionales fundamentalmente reivindicativas o economicistas para darle proyecciones políticas. El programa contemplaba una profunda reforma del Código de Minería que terminara con la propiedad privada de las minas y estas pasaran a propiedad exclusiva del estado.

Desde años atrás ya Mario Muñoz pertenecía al Partido Comunista (PC) de Chile y en 1968 pasa a ser dirigente regional. Pese a la oposición de su partido dirige la toma de minas, en principio de las que no eran trabajadas por sus propietarios. La primera mina en poder de los trabajadores fue la llamada “Los Maquis de Pedernales” que pasó a llamarse “La Rebelión”. A ésta le sucedieron muchas otras. Cuando le tocó el turno a una mina de propiedad extranjera la toma fue reprimida, pero las tropas enviadas debieron retirarse ante la firmeza minera y el consecuente apoyo campesino. En esas provincias, bajo la dirección de Muñoz, se dio una verdadera alianza obrero-campesina, pues también los mineros apoyaban las tomas de fundos (grandes estancias) que realizaban los campesinos del lugar.

A través de estas movilizaciones del sindicato, que fueron muy conocidas, su dirigente participó en una entrevista del canal 4 de televisión. Esto motivó la ira del entonces ministro de minería que llamo a Muñoz buscando amedrentarlo, amenazándolo con el empleo de la fuerza pública si continuaba esa actividad. Este respondió que sería la primera masacre de “pacos” (policía chilena) que se produciría si el ministro llevaba a cabo su amenaza.

Ante la negativa del PC a apoyar su política sindical, Muñoz renuncio a este. Rompió el carnet del partido delante de una concentración minera y todos los presentes siguieron su ejemplo.

La toma del gobierno por parte de la Unidad Popular (UP) de Allende en septiembre de 1970 no hizo cejar a los pirquineros en su accionar revolucionario. Muñoz desde tribunas públicas obligó a los dirigentes del frente popular a no oponerse a la toma de las minas. En 1971 Muñoz ingreso al Partido Socialista (PS) de Chile. Esto lo levó de inmediato a dirigir una oposición de izquierda en dicho partido contra Allende y sus personeros en los altos cargos.

Una marcha de pirquineros de Cabildo a Valparaíso se realizó en marzo del mismo año, a la cual se opusó el PC cerrando el local del sindicato del Cemento Melón, en la ciudad de Calera, donde la marcha debía alimentarse y reposar. Las consignas de esta marcha que encabezaba Muñoz eran expropiación sin pago de los yacimientos mineros y defensa armada del gobierno contra el posible ataque imperialista. La manifestación obrera se cerró con un discurso desde la Intendencia de Valparaiso. Allí Mario Muñoz denunció la conciliación de clases señalando al propio intendente, de Partido Radical (PR), que se encontraba a su lado, como representante de la burguesía.

Posteriormente la UP materializó su oposición a las tomas. El primer enfrentamiento importante se produjo con la ocupación por parte de los pirquineros de la planta Bella Vista, cuyos propietarios eran del PR, lo mismo que el ministro de minería. El Sr. Cantuarias, que ese era su nombre, trató de tramitar a los mineros. Muñoz tomó la palabra para denunciar los negociados del gobierno, llamando a Cantuarias ladrón al servicio de los patrones. Por supuesto esta reunión tuvo un final violento.

Frente a la oposición decidida y firme de los pirquineros y su dirigente, los partidos de la UP levantaron un seminario de mineros, a realizarse en la universidad Federico Santa Maria de Valparaíso, buscando a través de una campaña de desprestigio socavar el ascendiente de Muñoz sobre el proletariado chileno. De los 152 delegados que asistieron a ese seminario 25 eran del sindicato de pirquineros. También se invitó a los principales dirigentes de la Central Única de Trabajadores (CUT), del PC y del PS, pero ni estos ni la presencia del propio Allende pudieron acallar la voz de Mario Muñoz. Las resoluciones aprobadas en este seminario, que quedaron en manos de dirigentes de la UP, jamás fueron publicadas.

En este clima tenso el gobierno de S. Allende busca crear los Consejos Regionales Mineros de Chile como un organismo de asfixia burocrática de la clase obrera, a fines de 1972. El primer congreso se realizo en Copiapó, provincia de Atacama. Cuatro días antes que se celebrara este evento, ya Muñoz al frente de los mineros lo inauguraba con la ocupación de una mina en el Salado, propiedad del vice-presidente de la Empresa Nacional de Minería (ENAMI), Eduardo Matta. Nuevamente el discurso de Muñoz saludando la ocupación de la mina fue ovacionado por los obreros, y en votación unánime de los delegados fue nombrado presidente de los Consejos Regionales Mineros.

Esta nueva victoria del proletariado minero desata sobre Muñoz una vez más una campaña de calumnias (malversación de fondos, pertenecientes al sindicato, etc.) y/o la aplicación de medidas económicas (no cancel amiento de minerales, por ejemplo) tendientes a socavar el apoyo que le prestan los distintos sectores mineros. La reacción obrera no se hace esperar y los trabajadores de la cooperativa Bronco de Petorca deciden retener en la mina Pedro de Valdivia al jefe del Departamento de Minería y lo hacen trabajar en el carro (carro extractor de materiales). Frente a la negativa del gobierno a otorgar los títulos de la mina, Muñoz al frente de los pirquineros marcha hacia Santiago y toman el edificio central de ENAMI y el Ministerio de Minería. Por supuesto que lo que no se había conseguido en 9 meses, se obtuvo antes de una hora.

Poco antes del golpe se realizó una concentración minera en el edificio de los trabajadores UNCTAD, en el centro de la capital, en el cual Muñoz se entrevistó con Allende. Además de asegurarle el apoyo minero incondicional para la defensa del gobierno ante la proximidad del golpe reaccionario, le preguntó hasta cuando iba el (Allende) a continuar traicionando los intereses de los obreros en abierta conciliación con la burguesía. Algunos partidos de la UP, principalmente el PC, intentaron impedir la oratoria de Muñoz en esa concentración con matones al servicio de su política traidora. Los mineros defendieron con fuerza a la democracia obrera y a su dirigente, marchando posteriormente por el centro de Santiago, gritando a “Romper con la burguesía” y “Alto al Golpe Fascista”. Como consecuencia y reclamando la libertad de obreros y campesinos (del Pangal, por ejemplo) presos por el gobierno de la UP, Muñoz rompió con el socialpatriotismo del PS.

Debido a la violenta persecución en su contra, para fusilarlo en el acto, en ocasión del golpe de estado de Pinochet Muñoz debió atravesar la cordillera de los Andes para refugiarse en Argentina. Uno de sus hermanos fue asesinado a golpes por las fuerzas de la reacción.

Ya en Argentina se dedicó a organizar a los miles de obreros y campesinos chilenos, que también fueron obligados a dejar el país. El gobierno peronista dictó un decreto para expulsarlo de Argentina. En consecuencia debió permanecer en la clandestinidad hasta el nacimiento de un nuevo hijo que le abrió las posibilidades de acogerse a la ley de inmigración. También en este aspecto fue tramitado burocraticamente, hasta la llegada del golpe argentino. A pocas horas de asumir sus funciones los militares buscan a Mario Muñoz por cielo y tierra para fusilarlo. No se detienen ante nada; persiguen a toda su familia y se ensañan con su compañera y sus niños. La ONU no se responsabiliza por su vida y ésta pende de un hilo. Solo la solidaridad obrera internacional puede salvarlo.

COMITÉ PARA SALVAR LA VIDA DE MARIO MUÑOZ

Extraído del Suplemento en Español (abril de 1976), publicado en Workers Vanguard n. 108, de 7 de mayo de 1976.

Mario Muñoz Salas, dirigente y fundador del Sindicato Interprovincial de Obreros “Pirquineros” de Aconcagua. Valparaiso y Santiago, delegado nacional de los Consejos Regionales Mineros, ha sido durante toda su vida un luchador incansable por la defensa de los intereses de los obreros chilenos. Debió dejar Chile condenado a muerte por la junta militar sangrienta de Pinochet que ya habia asesinado a golpes a uno de sus hermanos. Ahora la junta argentina también ha condenado a Mario Muñoz a la pena capital. Con tal ferocidad es buscado que las nuevas autoridades no han tenido escrúpulos en allanar su casa a las tres de la madrugada el 25 de marzo, golpear a su companera y a sus cinco hijos, incluso en su desesperacion carnicera intentar llevarse de rehén al bebe de dos meses.

* * * * *

¡La vida de Mario Muñoz tiene que ser salvada! Los abajo firmantes exigimos el respeto de la vida de Mario Muñoz, que la ONU garantice el derecho de asilo y asegure su salida sana y salvo del pais, asimismo que la junta argentina respete los acuerdos internacionales de derechos humanos.

¡No tocar a Mario Muñoz!

¡Libertad para todas las victimas de la represión derechista en Argentina y Chile!

!La ONU debe tomar la responsibilidad por su salida de Argentina!

* * * * *

Este apelo fue emitido en Europa por el Comité de Salvar la Vida de Mario Muñoz, iniciado por el Comité de Defensa de los Prisioneros Obreros y Marinos en Chile y el Partisan Defense Committee. Entre los que han endosado la campana internacional son:

Eqbal Ahmad

Argentinian Support Movement, Londres

Daniel Berrigan

Laurie Brereton, Asamblea Lcgislativa, New South Wales, Australia*

Andrew Brewin, miembro de parlamento, New Democratic Party* (NDP), Canada

Ed Broadbent, Leader, NDP*

Hon. Dr. Jim Cairns, Cámara de Representantes, Australian Labor Party* (ALP)

Canadian Labor Congress

Carmen Castillo, MIR* de Chile

Comité Pro Defensa de los Derechos Humanos en la Republica Dominicana, New York

Committee Against Friedman Harberger Collaboration with the Chilean Junta

Desmond Trotter Derense Commiltee

Rosie Douglas

Ian Dukasczta, miembro de parlamento, NDP*, Canada

Federated Engine Driver and Firemans Assoc. of Australia, locales de Victoria y New South Wales

Mario Felmer, Juventud Socialista chilena*

Eugene Genovese, prof. de historia, Rochcester University

Arthur Gietzett, senador,  A.I.P*

Dick Gregory

Tom Hayden

Nat Hentoff

Fed Innes, Cámara de Representantes, A.I.P.*

Pat Knight, pres. SSEC Local 371* (verbal)

Labor Struggle Caucus, United Auto Workers (UAW) Local 6*, Chicago

Stu Leggett, miemhro de parlamcnto, NDP*

Salvador Luria, premio de Nobel

Staughton Lynd, autor

Herbert Marcuse

Militant-Solidarity Caucus, National Maritime Union*

Militant Solidaritv Caucus, UAW Local 906*

John Mitchell, rep. Internacional, Meatcutters Union

Richard Newhouse, senador de Illinois

Oil, Chemical and Atomic Workers Union, District Council 8

James Petras

Jiri Pelikan

Rank and File Coalition, UAW Local 6*, Chicago

John Rodriguez, miembro de parlamento, NDP*

Dennis Serrette, pres., Coalition of Black Trade Unionists*

John Sharpe, sec., tendencia espartaquista internacional

Ship Painters and Dockers Union, Victoria, Australia

Martin Sostre

I. F. Stone

Studs Terkel, autor

Consejo Estudiantil, University of Chicago

United States Committee for Justice to I.atin American Political Prisoners (USLA)

Gordon Vichert, sec. Prov., Ontario NDP*, Canada

Luis Vitale, Partido Socialista Revolucionario* de Chile

Richard Cristina Whitecross

Howard Zinn

*Organización citada solamente por razones de identificación.

Dirigente obrero chileno amenazado de muerte por junta militar argentina

¡Salvar la vida de Mario Muñoz!

Extraído del Suplemento en Español (abril de 1976), publicado en Workers Vanguard n. 108, de 7 de mayo de 1976.

El golpe de estado en Argentina, realizado por las fuerzas armadas, ha presentado al mundo una imagen pacifica de respeto de los derechos humanos. Por el contrario, la realidad es brutalmente diferente. En forma silenciosa la junta militar argentina ha desatado una represión sangrienta a todos los revolucionarios, sindicatos y organizaciones populares. Mientras tanto siguen actuando impunemente las organizaciones de derecha, así también la criminal Alianza Anticomunista Argentina (AAA), que ha redoblado sus atentados y asesinatos.

Esta es la cruel verdad que el mundo entero debe conocer: allanamientos, torturas, vejaciones, encarcelamientos masivos. Las vidas de miles de argentinos corren serio peligro. Asimismo otros combatientes de otras nacionalidades que ahí se encuentran, en particular los refugiados políticos chilenos, son victimas de esta persecución, siendo entregados a la junta militar chilena o fusilados en el acto sin que medie ningún tipo de procedimiento legal.

Entre los condenados a muerte se encuentra Mario Muñoz Salas, dirigente obrero revolucionario chileno. El brutal ensañamiento del cual es victima Mario Muñoz debe ser conocido en el mundo entero. Perseguido y condenado a muerte por la junta militar chilena, pesa sobre el hoy día el mismo cargo por parte del reciente gobierno argentino, que dice respetar los convenios internacionales de asilo y los derechos humanos.

A solo 48 horas de las declaraciones demagógicas de la junta argentina, una patrulla militar de gendarmería nacional, compuesta de 30 efectivos armados de guerra, allanaron su casa a las tres de la madrugada (el 25 de marzo). Por error se dirigieron a la casa vecina. En esta, en forma violenta derribaron las puertas, golpeando brutalmente a quienes se encontraban en su interior. Cuando descubrieron su equivocación se dirigieron sin dilaciones a la casa de Mario Muñoz, donde penetraron destrozando su interior, y a golpes sacaron a la calle a su compañera Olga Meneses Ibaseta, a sus cinco hijos y un matrimonio de familiares que también estaba presente. Todos fueron llevados a la vía publica, procediendo los gendarmes de inmediato a interrogar a las mujeres y a los niños por el paradero de su padre, mientras otros militares golpeaban sin piedad al otro miembro de la familia. Cumplido el interrogatorio en contra de los niños, los cuales fueron maltratados y golpeados salvajemente, lo cual produjo una reacción de todos los vecinos frente a la terrible escena de llantos y gritos. Los militares intentaron arrebatar de los brazos de su madre al mas pequeño de los niños, un bebe de dos meses (nacido en Argentina), para utilizarlo de rehén. Frente a la oposición valerosa, firme y decidida de la madre que replico que, aun llevandose a todos sus hijos, de su boca no sadría ni una sola palabra que comprometiera la vida de su compañero, y la indignación de todos los presentes, la patrulla debió retirarse. No sin antes comunicar a la compañera del perseguido que este era un peligroso extremista en Chile y también en Argentina; que la orden que tenían era fusilarlo en el acto y en el lugar donde fuera encontrado. Cumplida esta misión, dejaron una custodia de civil en la casa vecina.

La persecución de Mario Muñoz continua en toda la provincia de San Juan, la cual se encuentra acordonada. Los transportes interprovinciales son detenidos y allanados continuamente en su búsqueda.

Salvar su vida es un deber: Mario Muñoz Salas de 36 anos, obrero minero. Ya a los 14 años su padre lo llevó a trabajar a la mina junto con el; desde muy joven estuvo ligado a las luchas de sus hermanos de clase contra los monopolios yankis de los minerales del norte chileno. Fundador y formador del Sindicato Interprovincial de Obreros “Pirquineros” de Aconcagua, Valparaíso y Santiago. Luchador incansable, conocido y respetado por todos los obreros chilenos, ya fue en ese entonces perseguido por los gobiernos chilenos a servicio de los explotadores. El reconocimiento de sus hermanos de clase durante el gobierno de Salvador Allende lo elevó a dirigente nacional de los Consejos Regionales Mineros. Dirigió sin tregua la formación de los Cordones Industriales de obreros, mineros y campesinos de Aconcagua y Valparaíso frente a la movilización fascista. Fue dirigente del Comité Regional de Aconcagua norte del Partido Socialista de Chile, hasta poco antes del golpe sangriento de Pinochet. Poco antes del golpe tuvo una entrevista con el presidente Allende, en calidad de dirigente nacional de los Consejos Regionales Mineros, asegurandole la defensa incondicional del gobierno, por parte de los mineros, en caso de golpe. Pero preguntandole asimismo hasta cuando iba a continuar el descargando sobre las espaldas de los trabajadores todo el peso de la crisis económica par la que atravesaba el país.

En su exilio argentino ha sido el único organizador de los cientos de miles de obreros y campesinos chilenos que cruzaron los Andes a pie, huyendo del horror y la traición. Por este delito la junta militar argentina lo condena a muerte.

Para el y todos los demás organizadores revolucionarios existen hoy en el interior de Argentina “estadios nacionales” para cada provincia; la tortura y la masacre son en gran escala, hoy los presos deben sobrepasar con holgura los 100.000. Los refugios de las Naciones Unidas son allanados tres veces por semana.

Mario Muñoz y su familia han buscado la protección de la ONU. Pero este organismo no ha podido hacerse responsable por su vida y se encuentra en calidad de refugiado transitorio, es decir que si hay oposición del gobierno al refugio, este no seria valido. La ONU tampoco se hace cargo de los propios familiares perseguidos y les exigen documentos legales que jamas les serán entregados por los gobiernos argentino y chileno.

Solamente la solidaridad obrera internacional puede salvar la vida de Mario Muñoz Salas y su familia. Hay que lograr el respeto de los derechos humanos por parte del gobierno argentino. ¡No es posible perder un minuto más para salvar la vida de Mario Muñoz! Es tarea urgente de los partidos y las organizaciones de la clase obrera de llevar adelante una poderosa campana internacional de presión sobre la junta militar argentina y las Naciones Unidas, que asegure el respeto ala libertad y a la vida de este dirigente ejemplar del proletariado chileno y de su familia.

EL COMITE DE DEFENSA DE LOS PRISIONEROS OBREROS Y MARINOS EN CHILE

El peronismo cavó la vía

Golpe militar en la Argentina (extracto)

[Traducido de Workers Vanguard No. 103, 2 de abril de 1976. Publicado (apenas partes del original) en “Suplemento en Español”, de la  edición No. 108, 7 de mayo de 1976.]

30 DE MARZO – Cuando los tanques estratégicamente emplazados comenzaron a aproximarse a la Casa Rosada y las tropas asumieron las posiciones designadas en el centro de Buenos Aires, llego dentro de pocos minutos el fin del gobierno de Isabel Perón. No se disparo ni un solo tiro, y la única sorprendida por el golpe parece ser la misma presidente. Alrededor de la medianoche un helicóptero, en vez de llevar la presidente a su casa como debió de hacer, la depositó en el sector militar del aeropuerto metropolitano. Ahí ella fue detenida a punto de fusil y pronto trasladada a una residencia oficial aislada en la provincia andina de Neuquén.

EI golpe de estado del 23 de marzo fue sin duda una de las “conspiraciones” mas precisamente ejecutadas y públicamente preparadas de toda la historia. “Mas alemán que argentina” era el juicio aprobador de un estanciero bonarense. Al contrario, el verdadero significado del hecho de que el comandante del ejercito, el teniente general Jorge Videla, podia preparar sus planes tan abiertamente – no ocultando ni la fecha prevista – no se ubica en las características nacionales, sino en el aislamiento y la impotencia total del gobierno peronista.

EI golpe sin derrame de sangre revelo la parálisis política del movimiento laboral mas poderoso de todo el continente sudamericano. Arrastrado ante los gorilas por causa de los pérfidos lideres populistas-burgueses peronistas de los sindicatos. Desde hace muchos anos los falsos revolucionarios – del Partido Comunista brejneviano y el PRT / ERP castrista hasta los pretendidos trotskistas – han capitulado frente a los populistas burgueses, de modo que la clase obrera argentina no vislumbraba una alternativa revolucionaria. No se ha reportado ninguna resistencia al golpe.

El que este putsch reaccionario parece anticlimático no disminuye el peligro que representa. EI nuevo régimen se esfuerza de darse una imagen reconciliadora. El discurso a la nación pronunciado por Videla habla de un “proceso curativo”, mientras que las agencias de noticias publican fotos de los soldados dando de comer a las palomas en la Plaza de Mayo. Pero detrás de esta imagen “moderada” de la junta militar – compuesta por Videla, el jefe de la marina (el vice-almirante Emilio Massera), y el comandante de la fuerza aerea (el teniente general Orlando Agosti) – se esconden los numerosos “duros”, quienes exigen una carnicería espantosa.

No obstante la palabrería cínica de reconciliación nacional, es evidente que los generales han tomado el poder para aplastar al movimiento obrero. El programa de Videla para los obreros argentinos sera lo mismo que el remedio de Pinochet para Chile. En la medida en que esta “moderación” rígidamente aplicada sea incapaz de romper la espina del movimiento obrero – que tendrá que pagar el precio de la bancarrota del capitalismo argentino – los gorilas se preparan para ahogar a los barrios obreros en ríos de sangre […]

Restablecer los “valores esenciales”

La junta desato su “reorganización nacional” en las primeras horas de miércoles, jurando que su “objetivo fundamental sera restablecer los valores esenciales que guían al estado”. Los antiguos administradores civiles serán reemplazados por oficiales militares en todas las instituciones importantes. Y el aparato estatal sera purgado de arriba a abajo. Una serie de comunicados bruscos disolvieron al congreso, a las asambleas provinciales y los consejos municipales; expulsaron a las autoridades judiciales, y suspendieron toda actividad política. Ademas, fueron proscritos seis partidos de izquierda, entre ellos los autodenominados trotskistas del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y Política Obrera. (Grupos guerrilleristas como el PRT/ERP ya fueron proscritos bajo el régimen anterior.)

Otros decretos cerraron las universidades, introducieron la pena de muerte por ataques contra instalaciones militares y sentencias de muerte o de encarcelamiento perpetuo por actos de sabotaje y ataques contra la policía o militares. También cerraron las fronteras y prohibieron huelgas o cualquier otra actividad que impidiera la producción. Los militares se apoderaron de todas las empresas del estado e impusieron la censura sobre la prensa. Aunque la junta no ha publicado las cifras, se calcula que unos 2.000 dirigentes peronistas y sindicales, comunistas y “subversivos sospechosos” han sido detenidos (Economist, 27 de marzo).

Incluso se ha observado el traslado de presos a dos barcos de transporte militar estacionados en el puerto de Buenos Aires. Se puede proyectar la profundización de esta represión para incluir una amplia capa de militantes sindicales y de izquierda de todos los partidos. Especialmente perjudicados son las decenas de miles de refugiados políticos de los países vecinos, para los cuales ya no existen otro sitio de refugio o fronteras para cruzar. Es tarea urgente del movimiento obrero internacional protestar la arrebatadora represión y exigir la libertad para todos los presos de guerra de clases en la Argentina.

Inmediatamente después del anuncio del golpe, un interventor militar se apodero de la Confederación General del Trabajo (CGT); todos los sindicatos fueron intervenidos y sus cuentas bancarias confiscadas. La sede del mas poderoso sindicato del país, la Unión de Obreros Metalúrgicos (UOM), actualmente esta ocupada por tropas armadas de guerra. Efectivamente, se decapito al movimiento obrero argentino con una sola bofetada. El jefe de la CGT, Casildo Herreras, no estaba presente en el país al momento del golpe […]

La cobarde dirección sindical, que solo tres días antes había fanfarroneado que todo intento de golpe seria impedido por una huelga general, se deshilo como un castillo de naipes. Atrapados entre sus bases – quienes rechazaron el congelamiento de salarios frente a una tasa anual de inflación de 424 por ciento que literalmente devastaba a sus sueldos – y el gobierno peronista que fortificaba sus poderes burocráticos, la única “contribución” de los jefes sindicales era la desmovilización de la clase obrera. Aunque durante las ultimas semanas habían sido cerradas por huelgas varias fabricas en Cordoba y en la zona de gran Buenos Aires, las luchas huelguistas quedaban localmente aisladas […]

Así que, en nombre de prevenir a un golpe militar, la burocracia sindical peronista puso el tapete rojo a fin que los generales pudieran caminar sin oposición alguna hacia la toma del poder. En 1955 el general Juan Perón aconsejo a sus partidarios a que no se movilizaran contra el peligro de un golpe militar. Ahora, una vez más, al predicar sermones de confianza en la benevolencia de los políticos populistas “amigos del trabajador”, el peronismo ató a las manos de 1a c1ase obrera así cavó el paso al golpe.

Fracaso del peronismo sin Perón

Durante los años 40, la burguesia argentina trató de utilizar el carismático Perón para desviar la amenaza de un despliegue obrero al canalizarlo hacia los sindicatos creados por el estado y controlados por el ministerio del trabajo. Sin embargo, a medida que procedió la organización de los obreros antes no sindicalizados, aun los sindicatos peronistas se pusieron reacios. Con las reservas de devisas extranjeras agotadas y enfrentado por el boicot de los capitalistas criollos, a principios de los años 50 el bonapartista Perón ataco a los sindicatos, aplastando varias huelgas importantes. En 1955 la clase obrera ya estaba suficientemente desmoralizada para que los generales echaran a Perón en una manombrada “revolución libertadora”. Durante los próximos 18 anõs el movimiento sindical argentino se vio sometido a una represión periódicamente severa, repetida intervención gubernamental y la semilegalidad. Los sueldos reales cayeron mas del 40 por ciento.

Mas durante los años 60 apareció una nueva generación de obreros, listos a luchar contra los dictadores militares y sus títeres civiles. Mientras la dirección peronista buscaba maniobrar entre las distintas fracciones militares, surgieron huelgas militantes entre los obreros azucareros de Tucuman. Luego estallo una huelga general con características de rebelión popular durante tres días en el centro industrial interior de Cordoba, en mayo de 1969. Del poderoso cordobazo en adelante, una situación prerrevolucionaria había existido en la Argentina.

Después de varias olas de actividad guerrillera y las mucho mas importantes huelgas de masas, que tomaban proporciones semiinsurreccionales a nivel local, el alto mando de las fuerzas armadas decidió apelar otra vez al “viejo”, esperando que el podría una vez mas descarrilar al movimiento obrero. Perón volvió de su exilio español firmemente comprometido a extirpar la “enfermedad marxista” de los sindicatos y a purgar a los izquierdistas del movimiento justicialista heterogéneo. Logró echar a varios gobernadores provinciales liberales y forzó un congelamiento de sueldos, pero murió antes de haber cumplido toda su tarea. Isabel Perón, su esposa y vicepresidente, se demostró ser insuficiente para la tarea y el movimiento peronista empelo a deshacerse en las costuras.

EI régimen de la antigua bailadora de cabaret, cuya entrada al poder fue su matrimonio, se mantenía en el poder mediante la imposición de un virtual estado de sitio. La única manera en que podía mantener la unidad del Frente espectáculo “lsabelita”. EI propósito evidente era derribar el mito del peronismo como “gran benefactor” de la clase obrera. La divisa implícita era: “que el peronismo se ahogue en sus propias contradicciones”. La eliminación ignominiosa de la presidente, trasladada secretamente durante la noche, y la amenaza de juzgarla por malversón de fondos, son parte integrante de la misma operación. Y, de veras, el peronismo ya se ha desacreditado a tal punto que hoy día se ha hecho añicos, quizás irremediablemente.

Con el pillaje extraordinario de los cofres gubernamentales, la imprenta de la tesorería estatal tenia que trabajar horas extras; junto con el sabotaje intencional de los altos capitalistas, el régimen peronista logró enterrar a la economía argentina. Aunque los generales lanzaron amenazas periódicamente y llamaron por una vuelta al orden, evidentemente no obstaculizaron los pasos tambaleantes del espectáculo “lsabelita”. EI propósito evidente era derribar el mito del peronismo como “gran benefactor” de la clase obrera. La divisa implícita era: “que el peronismo se ahogue en sus propias contradicciones”. La eliminación ignominiosa de la presidente, trasladada secretamente durante la noche, y la amenaza de juzgarla por malversón de fondos, son parte integrante de la misma operación. Y, de veras, el peronismo ya se ha desacreditado a tal punto que hoy día se ha hecho añicos, quizás irremediablemente.

La bancarrota del guerrillerismo

Mientras muchos antiguos peronistas de base y militantes sindicales seguramente estan desilucionados con los falsos líderes que les trayeron a este desastre, les hace falta la vanguardia marxista revolucionaria capaz de trazar las lecciones de la experiencia peronista. En los últimos anos, los mas conocidos entre aquellos que se reclaman de ser una dirección revolucionaria han sido los varios grupos guerrilleristas, desde los peronistas de izquierda (los Montoneros) hasta grupos autodenominados trotskistas. Los meses antes del golpe también demostraron la plena impotencia de los guerrilleros frente a toda acción seria de las FF.AA […]

Aún la mas espectacular acción guerrillera hasta este momento ,el ataque al arsenal de Quilmes a unos 15 kilometros al sur de Buenos Aires el pasado 24 de diciembre, reveló la bancarrota del guerrillerismo. Según se ha informado, la operación se centró en un ataque masivo por mas de 100 comandos en busqueda de armas y explosivos. Los detalles del evento todavía no están claros a raíz de las evidentes distorsiones propagandistas por parte de las FF.AA.; de cualquier modo se puede deducir que una combinación de errores militares y armamento inadecuado forzaron a los guerrilleros a retirarse. Aunque el arsenal de Quilmes se ubica en un barrio pobre, de donde se podría esperar simpatías para las fuerzas antigubernamentales, no hubo ninguna respuesta popular. Las tropas desencadenaron un fuego devastador sobre el barrio, matando a más de cien personas (y tal vez muchos mas de los que fueron reportados por la prensa) […]

¡Por un partido trotskista en la Argentina!

[…] Durante el segundo régimen peronista – desde mayo de 1973 hasta marzo de 1976 – el Partido Comunista pro-Moscu (PCA) siguió al demagogo capitalista que en otro entonces habían denunciado como “Perónazi”. En las elecciones de septiembre de 1975 el PCA llamo sin critica a votar por el general Perón. Pese a su oposición formal al régimen, el PRT/ERP siempre distinguió entre funcionarios peronistas y las FF.AA., llamando por un frente popular contra los gorilas. Castro mismo alabó con entusiasmo cada frase hipócrita “antiimperialista” de Perón.

Al contrario de estas fuerzas estalinistas de colaboración de clases, la necesidad urgente de los trabajadores argentinos era – y sigue siendo – la formación de un partido trotskista capaz de romper a la clase obrera de sus malos dirigentes populistas y capaz de dirigirla en el camino de la independencia de clase. Tragicamente, dos décadas de traiciones pablistas han tornado su cuenta. La mayor organización argentina que se reclama del trotskismo, el PST, adoptó una política de “apoyo critico” de hecho al régimen peronista. (Esta fue una repetición de la política de su “teórico” principal, Nahuel Moreno, frente al peronismo durante los años 50.) Jurando su apoyo a la “institucionalización” (es decir, la ley y el orden burgués) y a la “continuidad” del gobierno de Isabel Perón, el PST social demócrata igualó a los guerrilleros de izquierda y los terroristas anticomunistas de la AAA.

Un partido trotskista en la Argentina hubiera advertido a la clase obrera contra el peligro mortal que representa el bonapartismo peronista. Una corriente política burguesa, esta variedad del populismo nacionalista no se basa en el movimiento obrero, como lo sugieren el PRT en la teoría y el PST en la practica. Al contrario de los reformistas laborales procapitalistas (social demócratas y estalinistas), los peronistas eran capaces de aplastar al movimiento sindical sin destruir su propia existencia. En realidad, ya se encontraban en el proceso de liquidar físicamente a todos los dirigentes sindicales independientes cuando los milicos emprendieron a llevar hasta el fin sus purgas terroristas.

[…] Un partido trotskista hubiera destacado al hecho de la formación de alianzas frentepopulistas con los capitalistas “progresistas” (como la Unidad Popular de Allende que conducía al sangriente golpe chileno) no es una respuesta a la junta militar, como tampoco es seguir detrás de los dirigentes engañadores peronistas. En alianza estrecha con los marxistas revolucionarios en países vecinos (Chile, Bolivia, Uruguay), y defendiendo resueltamente Justicialista de Liberacion (Frejuli) era a través de un terror difuso desatado por la llamada Alianza Anticomunista Argentina (AAA), un disfraz para las escuadras de muerte compuestas de gangsteres peronistas y la policía secreta vestida de civil. Las tenebrosas operaciones “noche y niebla” de las AAA fueron dirigidas por el secretario personal de la presidente, Jose Lopez Rega, el ministro del bienestar social y uno de los dirigentes de una pequeña ala fascista del movimiento peronista […]

Con el pillaje extraordinario de los cofres gubernamentales, la imprenta de la tesorería estatal tenia que trabajar horas extras; junto con el sabotaje intencional de los altos capitalistas, el régimen peronista logró enterrar a la economía argentina. Aunque los generales lanzaron amenazas periódicamente y llamaron por una vuelta al orden, evidentemente no obstaculizaron los pasos tambaleantes del al movimiento obrero y a todas las organizaciones y militantes de izquierda contra la represión gorila, la tarea debe ser la construcción del partido obrero revolucionario independiente, como parte de la lucha por el renacimiento de la Cuarta Internacional, para preparar la revolución obrera que aplastara a la junta asesina.

¡Romper con el peronismo, estalinismo, guerrillerismo – por un partido trotskista!

El fin del régimen peronista en la Argentina

por la Organización Trotskista Revolucionaria (OTR) de Chile

15 de abril de 1976

Publicado en “Suplemento en Español”, Workers Vanguard No. 108, 7 de mayo de 1976.

EI golpe de estado en Argentina, con la toma del gobierno por una junta compuesta de las tres armas, es el trágico y lógico desenlace de la crisis burguesa existente en ese país, que se ha ido acentuando en forma creciente con la total incapacidad de resolverla por parte del gobierno peronista. Es importante destacar que el golpe se comenzó el martes 23 y no el miércoles 24 como ha trascendido oficiallmente.

La señora presidente pretendió desconocer las tensiones sociales resultantes del escalabro económico. Abusando del prestigio demagógico que había alcanzado el justicialismo a través de su líder máximo el general Perón. Asimismo el control de la clase obrera que el peronismo había logrado en base a una verdadera mafia burocrática en la principal central sindical argentina, la CGT, ya no era tal. El proletariado argentino buscaba romper la dependencia con estos dirigentes rufianes, representantes de la burguesía; la prueba más evidente la constituyó el reciente paro general anterior al golpe militar.

Como la burguesía se vio incapacitada de dirigir la planificación económica y social, fue retirando todo su apoyo al gobierno de la viuda de Perón. Por supuesto a la clase obrera no pueden engañarla con los argumentos morales burgueses de dilapidación de fondos públicos de la presidente y su amigo Lopez Rega. Las verdaderas razones por las cuales la burguesía restó su sostén al gobierno son de orden político, es decir, la crisis económica galopante y el ascenso de la lucha obrera.

Cuando la burguesía no puede detentar el gobierno, recurre al aparato del estado, por supuesto a las fuerzas armadas como ejecutoras de éste. El momento elegido para quebrar la institucionalidad democrática fue dramáticamente correcto de su parte; es así que no existió ninguna oposición de fuerza. La clase obrera no cuenta con partidos de masas capaces de presentar alguna resistencia de clase considerable (el Partido Comunista, por ejemplo, en su política contrarrevolucionaria de colaboración de clases se ha entregado frente al peronismo). En Chile una parte importante del proletariado estaba organizada en los dos partidos obreros de masas, Partido Socialista (PS) y Partido Comunista (PC), que pese a su estrategia reformista fueron casi destruidos por Pinochet (principalmente el PS). Los guerrilleros del Partido Revolucionario de los Trabajadores/Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT/ ERP) y Montoneros no estaban en condiciones políticas ni físicas necesarias; su guerra con el ejército de la burguesía esta irremisiblemente perdida desde el incio, por muy heroicos que puedan ser sus militantes.

Las FF.AA. argentinas cuentan con una larga experiencia de golpes de estado y no estaban dispuestas a presentar una imagen internacional desfavorable como es el caso del vecino país Chile. Existen importantes intereses económicos en juego que tienen que ver con las inversiones extranjeras que no pueden ser echados por la borda en ningún caso. Hay incluso muy buenas relaciones y proyectos económicos con la URSS. Por las anteriores razones los sectores dominantes de la FF.AA. argentinas se opusieron al intento de golpe protagonizado por la aviación.

De esta forma el golpe argentino se presenta como casi “pacifico” o sin derramamiento de sangre. El llamado de huelga general de la CGT solo tiene el objetivo de maniobrar para poder negociar las posiciones que la burocracia ha conquistado. Pero estas son solo las apariencias; por detrás se oculta una represión silenciosa. No por eso menos sangrienta que la que ha caracterizado otros golpes similares en el continente, evidentemente Chile. Esta represión se ensaña fundamentalmente sobre la clase obrera argentina y también de la misma forma sobre sus hermanos de clase de otras partes de América Latina que han debido emigrar a Argentina, ya sea por razones políticas o económicas, aceptando que sea posible hablar de política o de economía pura. En particular de Chile han pasado a través de la cordillera cientos de miles de obreros y campesinos y ya ha comenzado descargarse sobre ellos una persecución brutal. De común acuerdo los representantes del capital abrirán sus fronteras para entenderse en el idioma de la muerte y la destrucción del proletariado. Si antes de marzo ya la Perón entregaba cientos de chilenos a la burguesía chilena, hoy este comercio humano se acentuara fatalmente.

El populismo demagógico del peronismo ha quedado desenmascarado; las ilusiones que había levantado en las masas trabajadoras argentinas posiblemente han sufrido un golpe mortal. Pese al corto lapso de gobierno peronista, este ha sido suficiente para demostrar que la burguesía, aún sus partidos con apoyo obrero, solo basa su sistema en la explotación del proletariado y las capas más bajas de la sociedad, que no existe la burguesía nacional “antiimperialista”, progresista. El capitalismo es un sistema de dominación mundial basado en la explotación del hombre por el hombre. El antiimperialismo, el progreso, la liberación de la humanidad, solo pueden ser concebidos con la destrucción violenta del sistema capitalista, basado en la propiedad privada, y la expropiación de la burguesía como clase, edificando las bases de la futura sociedad socialista.

El Frente Justicialista argentino (Frejuli) es un partido populista burgués, que fue levantado por la propia burguesía para dominar al movimiento obrero en ascenso en la década del 40. Es así que surge la CGT actual como una organización sindical creada y sustentada por la burguesía para destruir la combatividad proletaria. Cuando el general Perón se demostró incapaz de cumplir su cometido de clase, fue sacado con violencia de su cargo y obligado a tomar unas vacaciones en España. Pero los gobiernos militares que se sucedieron a la caída de Perón tampoco pudieron traer la tranquilidad social. De esta forma nuevamente la burguesía debe recurrir al exilado ibérico y ofrecerle el control del gobierno.

Las ilusiones que el peronismo conservaba en la clase trabajadora le permitieron un triunfo electoral abrumador. El apoyo crítico al gobierno peronista por los llamados “marxistas”, como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), contribuyo objetivamente al desarrollo de la derrota obrera consecuente al golpe militar.

Es interesante observar las posiciones que frente al peronismo populista han adoptado las distintas organizaciones de izquierda. Por un lado tenemos los grupos guerrilleristas pequeño burgueses PRT/ERP y Montoneros, cuya estrategia no difiere y es aquella de la “liberación nacional”. Juegan el rol de cara izquierda del estalinismo, encabezados por Fidel Castro. Para ellos la contradicción principal esté dada entre el imperio y la nación y no entre la burguesía y el proletariado; por lo tanto la revolución es en dos etapas: la primera democrático-burguesa, en alianza con la burguesía “progresista” por supuesto, y la segunda nunca se realizara, alcanzando esta estrategia en el mejor de los casos la constitución de regímenes burocráticos antiobreros, como el estado obrero deformado de Cuba.

Es así como el castrismo/mandelismo ha llevado a la muerte a miles de jóvenes valerosos que creyeron en su estrategia traidora. Los otros grupos que acompañan al ERP en la Junta Coordinadora Revolucionaria han sido prácticamente destruidos en sus países: es el caso del Ejercito de Liberación Nacional (ELN) boliviano, del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) – Tupamaros – del Uruguay, y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno, que no cuentan ya con casi ninguna incidencia real en sus lugares de origen. Los Montoneros entregaron las armas cuando Perón tomó el poder, y luego se vieron obligados a empuñarlas frente a la represión de sus propios padrinos. El PRT/ERP por otra parte no tiene nada que ver con el trotskismo autentico y lleva su propia guerra con el ejército de la burguesía a espaldas de la clase obrera, que en la mayoría de las veces recibe las repercusiones de las operaciones desesperadas de estos modernos “Robin Hood”.

Están presentes así mismo los representantes del Secretariado Unificado (SU) de la autollamada Cuarta Internacional, una federación sin principios de foquistas (mayoria) que construyeron el PRT/ERP castrista, y reformistas (minoria) del PST de Moreno/Coral. El PST, consecuente con su política de colaboración de clases, la misma desplegada por su hermano mayor el Socialist Workers Party (SWP) de los EE.UU. (en el movimiento contra la guerra de Vietnam, por ejemplo), dio su apoyo al gobierno burgués del peronismo al que caracterizaba como “el partido peronista… desde 1946 fue la organización y la ideología de la clase trabajadora” (Revista de América, marzo de 1976).

Y por otro lado, Política Obrera adjunta al Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, liderado por la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa, ha abandonado los principios básicos del Programa de Transición al propugnar para América Latina la creación de un frente único antiimperialista para empujar a la burguesía a cumplir el programa de liberación nacional, es decir, la creación de un Kuomintang latinoamericano.

Es así como la implantación en Argentina de esta junta militar burguesa bonapartista es el resultado de la crisis de la burguesía que, incapaz de frenar el avance obrero, de disminuir las tensiones económico-sociales a través de los métodos democráticos tradicionales recurre a su instrumento de explotación y opresión de clases: el estado. De este modo la institución armada toma su verdadero papel de guardián de los intereses capitalistas, no de “defensa dela patria” y se eleva transitoriamente por encima de las clases.

Se cierra otro capítulo de traiciones e ilusiones reformistas, de colaboración de clases en América Latina, que se suma a las lecciones del frente popular en Chile, donde la solución burguesa a la crisis, la “Alianza Para el Progreso” de Kennedy, fracaso en el gobierno demócrata-cristiano de Frei. El estalinismo contrarrevolucionario construyo la Unidad Popular con la burguesía – Partido Radical (PR), Partido Social Demócrata (PSD), API; los partidos obreros de masas PS y PC, siendo el MIR su apéndice de izquierda, llevaron a la derrota sangrienta del proletariado y a la destrucción de sus organizaciones de clase.

Vivimos la crisis del capitalismo, su agonía, pero solo el proletariado conducido por un verdadero partido trotskista, armado del programa revolucionario, puede darle muerte. Este debe ser un partido de oposición irreconciliable a la burguesía y a sus representantes frente populistas. Los obstáculos para construirla dirección obrera revolucionaria en Argentina hoy día son principalmente aquellos tránsfuga del trotskismo que van a intentar levantar el cadáver putrefacto del peronismo. Estos son los centristas y reformistas renegados del Programa de Transición y liquidadores de la Cuarta Internacional, el pablismo del SU y el Comité de Organización de la OCI. La burguesía y su sistema de opresión no serán derrotados por los frentes antiimperialistas ni antifascistas, o cualquier otro nombre rimbombante que puedan utilizar los traidores para encubrir su claudicación al programa burgués.

La crisis de la humanidad es la crisis de la dirección obrera revolucionaria y esta solo puede ser superada por el renacimiento de la Cuarta Internacional. La explotación no reconoce fronteras – solo bajo una dirección centralizada a nivel mundial el socialismo sustituirá a la barbarie capitalista.

Un régimen burocrático anti-obrero

Guerrilleros en el poder

Traducido de Workers Vanguard No. 102, 26 de marzo de 1976. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 07, junio de 1979.

Como parte de un amplio intento de “institucionalizar” su dominio, el reciente congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó una nueva constitución “socialista” para el país, la cual reemplazará la “Ley Fundamental” burguesa de 1940. El primer ministro Fidel Castro aprovechó la ocasión para presentar la “versión autorizada enmendada” de la historia de la Revolución Cubana.

Esta presentación panorámica fue particularmente significativa en el contexto de la nueva constitución, dado que una de las demandas claves de Castro en su primera época ―desde el ataque a Moncada el 26 de julio de 1953 hasta el derrocamiento del dictador Batista el 10 de enero de 1959― fue precisamente el retorno de la constitución de 1940. Esto plantea el problema primordial de la naturaleza de clase del movimiento guerrillero y de la revolución que llevaron a cabo, así como las causas y el significado del paso de un programa burgués “democrático” a la expropiación de la burguesía.

Estas son cuestiones de tremenda importancia para todo comunista puesto que se refieren a los más fundamentales problemas de la estrategia revolucionaria en los países capitalistas atrasados. ¿Puede la pequeñaburguesía ―tradicionalmente considerada por los marxistas como grupo vacilante, incapaz de proveer una dirección independiente de clase― llevar a cabo una revolución socialista, tal como afirma el revisionista “Secretariado Unificado”? ¿O ha sido Cuba a lo largo de todos estos años un estado capitalista como dicen los maoístas y los seudotrotskistas del “Comité Internacional” de Gerry Healy? Si, por otro lado, el régimen de Castro ha sido desde fines de 1960 un estado obrero deformado, como sostiene únicamente la tendencia espartaquista internacional, ¿cómo es que se formó y qué implica para la teoría trotskista de la revolución permanente?

¿Un comunista disfrazado?

En su discurso de inauguración del congreso del PCC, el “comandante” Castro alabó repetidamente la política de los dirigentes estalinistas de la Unión Soviética. Firmemente comprometido en la órbita soviética desde hace mucho tiempo, Castro busca identificar su política actual con la de los jóvenes militantes que en 1953 asaltaron el cuartel de Santiago de Cuba y con el núcleo del Ejército Rebelde que tres años después inició la lucha guerrillera en las montañas de la Sierra Maestra.

Entre los “pilares sólidos” sobre los cuales se basaban los dirigentes del Movimiento 26 de Julio, Castro menciona “los principios del marxismo-leninismo”. Agrega: “Aun cuando éste no fue el modo de pensar de todos aquellos que emprendieron el camino de la lucha armada revolucionaria en nuestro país, sí lo fue en el caso de sus dirigentes principales” (Granma, 21 de diciembre de 1975). Castro también afirmó que entre los jóvenes combatientes había “un profundo respeto y admiración por los viejos comunistas” del Partido Socialista Popular (PSP) pro-Moscú, quienes “mantenían en alto con firmeza inquebrantable las nobles banderas del marxismo-leninismo.”

La realidad fue muy distinta. El informe de Castro no tocó el tema del programa del movimiento antibatistiano, pero en un breve comentario indirecto, dirigido a los que conocen algo de las luchas de los años 50, agregó: “… no sólo fue necesaria la acción atrevida, sino también astucia y flexibilidad por parte de los revolucionarios…. Durante el período de la lucha insurreccional la proclamación del socialismo no habría sido comprendida por el pueblo, y el imperialismo habría intervenido directamente en nuestro país con sus tropas.”

Semejantes afirmaciones se pueden encontrar en muchos de los ataques derechistas a Castro, acusándole de haber “traicionado la revolución” contra Batista y de haber engañado al pueblo. Ciertos apologistas de izquierda del régimen de La Habana también proclaman el mito de Castro, el “marxista-leninista disfrazado” que les dio gato por liebre a los imperialistas. “Los dirigentes de la revolución tuvieron que conocer al pueblo y hablarle en términos que pudieran fácilmente comprender” escribe E. Boorstein en The Economic Transformation of Cuba (1968). Otros, como el ex-maoísta Progressive Labor Party (PL), quienes intentan criticar a Castro desde la izquierda, sostienen haber estado encantados al principio por “la manera en la cual el ‘Che’ [Guevara] hábilmente llevó Cuba al socialismo de espaldas a todo el mundo” (Jake Rosen, “Is Cuba Socialist?” PL, noviembre dc 1969). Insistiendo que “no creemos más en maniobras sutiles”, PL concluyó que Cuba permanece capitalista. La verdad es más compleja, más dialéctica que tal palabrería simplista caracterizando a Guevara y a Castro como estafadores.

Un demócrata jacobino radical

Todas estas “explicaciones” no son más que una teoría conspirativa de la historia e ignoran el verdadero carácter social del movimiento de Castro. Por una parte, ni siquiera Castro pretendía formar parte del movimiento obrero durante la lucha contra la dictadura respaldada por los EE.UU. Por el contrario, fue un demócrata jacobino radical pequeñoburgués siguiendo los pasos del “apóstol” de la independencia cubana: José Martí. Su experiencia política fue la de un dirigente estudiantil liberal y abogado constitucionalista. Durante un tiempo fue presidente del directorio estudiantil de la Universidad de la Habana. Y en 1948 votó por Eduardo Chibás, candidato del Partido Ortodoxo, quien se presentaba para presidente nacional con un programa contra la corrupción y el mal gobierno. En 1952, Castro fue candidato al Congreso cubano en la Lista Ortodoxa, pero un golpe de estado por el ex-hombre fuerte militar Fulgencio Batista canceló los comicios.

Luego del golpe del 10 de marzo, la primera acción del joven abogado contra el dictador no fue la agitación entre los obreros y campesinos, ¡sino una apelación ante un tribunal de emergencia en la capital pidiendo el arresto de Batista por contravenir el Código de Defensa Social! Leo Huberman y Paul Sweezy comentan en su apología simplista de Castro (Cuba: Anatomy of a Revolution [1960]): “Cuando su petición por el encarcelamiento de Batista fue rechazada por el tribunal, Fidel decidió que había sólo un camino para derrocar el usurpador: la revolución.” Sus metas cran: “un gobierno honesto” y “una Cuba verdaderamente soberana”.

Los métodos que luego utilizó el joven abogado entraban perfectamente dentro del marco de la política burguesa tradicional de América Latina. Varios seudomarxistas, desde el mismo Castro hasta los seguidores del seudotrotskista Ernest Mandel, hoy día pretenden que la “estrategia” guerrillera cubana estaba de algún modo a la izquierda del reformismo estalinista corriente porque abarcaba “la lucha armada”. “Olvidan” que en las condiciones inestables de América Latina, casi toda tendencia política, en un momento u otro, ha “cogido el fusil”. El primer intento de acción revolucionaria de Castro, por ejemplo, no fue nada menos que un “pronunciamiento” de estilo clásico.

El proyecto del asalto al Moncada era sorprender a los mil soldados ahí acuartelados, quitarles sus armas y luego apoderarse de la estación de radio para transmitir el último discurso de Chibás (quien se había suicidado en 1951), terminando con un llamado a las armas invitando al pueblo cubano a levantarse contra el dictador. Se han visto acciones similares numerosas veces en México, Bolivia. Perú o Argentina. En este caso, sin embargo, la acción fracasó, en parte debido a una mala preparación, y la mayoría de los 200 atacantes murieron durante el asalto o fueron brutalmente asesinados por los torturadores de Batista en la subsiguiente operación de limpieza.

El programa del Movimiento 26 de Julio

Durante su proceso en septiembre, Castro (quien había sido capturado en los montes que rodean la capital de la provincia de Oriente) logró poner al gobierno en el banco de los acusados con un discurso dramático condenando al régimen por su opresión del pueblo. En este discurso, posteriormente publicado como folleto titulado “La historia me absolverá”, Castro detalló cinco “leyes revolucionarias” que hubieran sido proclamadas inmediatamente después de la toma de la Moncada.

Estos decretos proyectados muestran claramente el contenido social de la revolución que planeaban los rebeldes del 26 de julio. El primero era retornar a la constitución de 1940, el segundo era otorgar títulos de propiedad a los arrendatarios y colonos (con indemnización por el gobierno a los antiguos propietarios, basándose en el valor del arrendamiento que hubieran recibido durante los próximos diez años); el tercero establecía la compartición de ganancias, el cuarto que los cultivadores de la caña recibirían el 55 por ciento de la producción de azúcar (en contraste con la situación existente en la cual la gran mayoría de los ingresos iban al ingenio); y el último confiscaba las “ganancias mal adquiridas de todos aquellos que habían cometido fraudes durante regímenes anteriores”.

Como escribió el periodista-académico de guerra fría Theodore Draper: “No hay casi nada en el programa económico y social de ‘La historia me absolverá’ que no se pueda remontar por lo menos hasta… el programa de 1935 del Partido Auténtico del Dr. Grau San Martín, ni que decir de la propaganda posterior de Chibás” (Castroism: Theory and Practice [1965]).

Cuando se trata de la lucha antibastistiana de Castro luego de la catastrófica expedición del yate Granma hacia la provincia de Oriente en diciembre de 1956, normalmente se habla exclusivamente en términos de una pequeña banda de guerrilleros que con el tiempo se fueron ganando el apoyo de los jíbaros (campesinos). Pero simultáneamente el líder del pequeño Movimiento 26 de Julio negociaba con ciertos destacados políticos burgueses. De manera que el documento rebelde más ampliamente difundido, el “Manifiesto de la Sierra Maestra” fechado enjulio de 1957, fue firmado por Castro, Raúl Chibás (hermano de Eduardo) y Felipe Pazos, el ex-presidente del Banco Nacional de Cuba.

El manifiesto Castro-Chibás-Pazos se pronunció a favor de “elecciones imparciales y democráticas”, organizadas por un “gobierno provisional neutral”; de la “separación [del] ejército de la política”; de la libertad de prensa; de “una política financiera sólida” e “industrialización”; y de una reforma agraria basada en otorgar propiedad a los arrendatarios y colonos (con previa indemnización de los propietarios). El programa de diez puntos sería llevado a cabo por un Frente Revolucionario Cívico, conformado por representantes de todos los grupos de oposición.

La última declaración programática desde la Sierra Maestra, emitida en octubre de 1959 cuando el régimen de Batista se desmoronaba, fue la “Ley No. 3” sobre la reforma agraria. Basada en el principio de la tierra a quien la trabaja, no hizo mención ni de cooperativas, ni de granjas estatales.

Cuando Fidel y Raúl Castro bajaron de la Sierra Maestra, irrumpiendo en los llanos de la provincia de Camagüey para enlazarse con Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos y luego marchar sobre La Habana, el Ejército Rebelde estaba lejos de ser una organización de masas, contando con sólo unos 1100 soldados, la mayoría de ellos campesinos.

El gobierno provisional, instaurado con el visto bueno de Castro, no fue, desde luego, dominado por ministros del 26 de Julio. El presidente era Manuel Urrutia, un antiguo juez; el primer ministro, José Miró Cardona, ex-presidente de la Cámara de Abogados de La Habana; el ministro de relaciones exteriores era Roberto Agramonte, el candidato presidencial del Partido Ortodoxo en el año 1952; y una vez más se colocó a Felipe Pazos en la presidencia del Banco Nacional. El jefe de la nueva Fuerza Aérea Revolucionaria era un tal Pedro Díaz Lanz. Ya para fines del año 59, todos éstos habían emigrado a los EE.UU., reuniéndose con los ex-batistianos en Miami. Miró sería luego el presidente títere de un “Consejo Revolucionario” organizado por la CIA para servir de cubierta a su invasión a Playa Girón en abril de 1961.

La política adoptada por el nuevo régimen durante sus primeros meses en funciones era ciertamente un cambio radical de la corrupción laissez faire y de la venalidad orgiástica del “gobierno” Batista, el cual fue casi equivalente a tener a Al Capone en la Casa Blanca. No obstante, las acciones del gobierno revolucionario no rebasaron los límites del régimen capitalista.

Entre las primeras medidas se contaban la reducción a la mitad del precio de la electricidad en las zonas rurales, reducciones de hasta el 50 por ciento de los alquileres para los pobres, y la implementación de la ley de reforma agraria de la Sierra Maestra junto con el decomiso de las haciendas de los esbirros de Batista. En los Estados Unidos, la prensa burguesa, encabezada por la revista Time, azuzó una reaccionaria campaña publicitaria contra los juicios por crímenes de guerra de los ensangrentados carniceros del régimen de Batista (de cuyas bestialidades no habían informado nada los medios de comunicación imperialistas). En total, fueron ajusticiados sólo 550 de los más notorios criminales, con el amplio apoyo de casi todas las clases del pueblo cubano.

Pero mientras este primer gobierno postbatistiano estaba encabezado por auténticos políticos burgueses liberales, el verdadero poder estaba en manos del Ejército Rebelde, y es por eso que los dirigentes abiertamente contrarrevolucionarios salieron del país sin lucha alguna, los combates guerrilleros en los montes fueron militarmente marginales, pero lograron cristalizar el odio popular masivo al régimen de Batista. Cuando los dirigentes del Movimiento 26 de Julio entraron en la capital, el ejército oficial y el aparato policial ―el núcleo del poder estatal― ya habían caído. Los castristas procedieron a barrerlo y organizar un nuevo aparato represivo compuesto y organizado de manera totalmente distinta.

El ejército guerrillero era una formación pequeñoburguesa, políticamente heterogénea, cuya dirección había sido reclutada de entre antiguos estudiantes y profesionales, y cuyas filas provenían del campesinado de la sierra. Mientras Castro y el resto de la dirección habían firmado varios programas, manifiestos, etc., con liberales de la oposición, sus previos lazos directos con la burguesía se habían roto. Más importante todavía es el hecho de que el Ejército Rebelde no se enfrentaba con un proletariado combativo y consciente, el cual hubiera polarizado a los militantes pequeñoburgueses, atrayendo algunos al lado de los obreros y empujando a los demás a los brazos de Urrutia, Miró, Cardona y Cía. Consecuentemente, lo que surgió en la Habana luego del derrocamiento de Batista fue un fenómeno necesariamente transitorio y fundamentalmente inestable: un gobierno pequeñoburgués que no estaba comprometido ni a la defensa de formas de propiedad privada burguesa, ni a formas de propiedad colectivista del dominio proletario (ver “Cuba y la teoría marxista”, Cuadernos Marxistas No. 3).

La consolidación del estado obrero deformado

Aunque este régimen era temporalmente autónomo del orden burgués (o sea, no existía en el sentido marxista un estado capitalista, en otras palabras no existían los cuerpos armados dedicados a la defensa de las formas particulares de propiedad de la burguesía) Castro no podía ausentarse de la lucha de clases. Luego del 1° de enero de 1959 un nuevo poder estatal burgués pudo haber sido erigido en Cuba, como ocurrió después de la salida del régimen colonial francés de Argelia en 1962. En el caso argelino, el proceso fue ayudado por la conclusión de los acuerdos neocoloniales de Evian, garantizando textualmente la propiedad de los colonos franceses, y por el hecho de que el poder fue entregado a un ejército regular que había jugado un rol muy reducido en la lucha guerrillera.

Sin embargo, el imperialismo norteamericano no fue tan complaciente y pronto inició un fuerte conflicto económico que rápidamente se intensificó hasta envolver acciones militares contra los nuevos mandatarios en La Habana. Esta presión imperialista, por su parte, empujó hacia la izquierda al núcleo de la dirección cubana mientras condujo a otros sectores del Movimiento 26 de Julio a unirse con los liberales burgueses y los batistianos en el exilio.

El primer enfrentamiento fuerte con la burguesía criolla tuvo lugar en torno a la proclamación de una ley moderada de reforma agraria en mayo del 59. La nueva ley expropiaba todas las propiedades por encima de 400 hectáreas, que serían indemnizadas con bonos del gobierno revolucionario, redimibles en 20 años. La reacción previsible no se hizo esperar: los terratenientes declararon que “esto es peor que el comunismo” y el Departamento de Estado envió una nota arrogante deplorando que los inversionistas estadounidenses no habían sido previamente consultados. La próxima medida de Castro que provocó la ira de los capitalistas fue la destitución de Felipe Pazos de la presidencia del Banco Nacional y su reemplazo por Guevara. En febrero de 1960, el vice primer ministro ruso Mikoyan visitó a Cuba y firmó un acuerdo para comprar uh millón de toneladas anuales del azúcar cubano. Esto liberó a Cuba de su anterior dependencia casi exclusiva del mercado de los EE.UU. Y cuando el 29 de junio de 1960 las refinerías de petróleo pertenecientes a compañías norteamericanas se rehusaran a aceptar petróleo crudo importado desde la URSS, ellas fueron nacionalizadas. El 3 de julio, el Congreso Estadounidense aprobó una ley eliminando la cuota de azúcar cubana, y dos días más tarde Castro tomó posesión de las propiedades norteamericanas en la isla (fundamentalmente ingenios azucareros).

Entretanto la polarización dentro del heterogéneo movimiento castrista seguía profundizándose. Ya para julio de 1959, el presidente Urrutia provocó una crisis gubernamental al denunciar al PSP y al comunismo; casi simultáneamente, el jefe de la fuerza aérea, Díaz Lanz, le pidió al ministro de defensa Raúl Castro depurar a los comunistas de las fuerzas armadas. Poco después Díaz huyó a los Estados Unidos y Urrutia dimitió. Siendo reemplazado por Osvaldo Dorticós. En octubre el comandante militar de la provincia de Camagüey, Hubert Matos, trató de lanzar una rebelión regional junto con dos docenas de sus oficiales, pero su intentona fue rápidamente aplastada y Matos y sus hombres fueron arrestados.

No sólo al interior de las nuevas fuerzas armadas ocurría esta diferenciación. La organización de La Habana del Movimiento 26 de Julio y su periódico Revolución fueron a principios de 1959 fuentes de un anticomunismo agresivo.

La crisis entre el ala derecha y el ala izquierda llegó al punto culminante durante la batalla por los sindicatos, donde David Salvador había sido instalado a la cabeza de Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) para remplazar al gangster lacayo de Batista Eusebio Mujal. Salvador puso fin inmediatamente a la colaboración práctica establecida a fines de 1958 entre el PSP y el Movimiento 26 de Julio en el movimiento sindical, y nombró a anticomunistas para todos los puestos en el comité ejecutivo de la CTC. En el congreso de la CTC de noviembre de 1959 hubo un choque decisivo, y luego de una intervención personal de Fidel Castro se quebró la espina dorsal del ala anti-PSP (la cual habría incluido cierto número de ex-mujalistas). Salvador renunció pocos meses después, y el control de los sindicatos pasó al viejo estalinista Lázaro Peña (ver J.P. Morray, Second Revolution in Cuba [1962]).

El paso culminante en las nacionalizaciones ocurrió en el otoño de 1960; con una serie de tomas de empresas (las tabacaleras, los bancos norteamericanos y luego, el 13 de octubre, los demás bancos y otras 382 empresas). A mediados de octubre fueron nacionalizadas todas las fábricas de productos agropecuarios, todas las fábricas de medicinas, textiles, papeleras, metalúrgicas y químicas; todos los ferrocarriles, puertos, imprentas. Compañías constructoras y grandes almacenes. En su conjunto, estas medidas hicieron al estado dueño del 90 por ciento de la capacidad industrial de Cuba.

La revolución permanente

Con la toma de la propiedad capitalista en Cuba, por primera vez en el hemisferio occidental ―y “a sólo 90 millas de Florida” ― el mundo presenció la expropiación de la burguesía como clase. Como era de esperarse esto hizo de la revolución cubana un objeto de odio para los imperialistas. Asimismo convirtió a Castro y a Cuba en objetos de adoración de toda clase de revolucionarios potenciales y de una amplia franja de la opinión radical pequeñoburguesa. La Nueva Izquierda, con su feroz antileninismo, instintivamente hizo suya esta revolución hecha “por el pueblo” pero sin un partido leninista ni la participación de la clase obrera.

Sin embargo, para los que se reclaman del trotskismo, la Revolución Cubana planteaba importantes problemas programáticos. La teoría de la revolución permanente sostenía que en las regiones capitalistas atrasadas, la burguesía era demasiado débil y atada por sus lazos con los imperialistas y feudalistas para poder lograr una revolución agraria, la democracia y la emancipación nacional ― objetivos de la revolución burguesa clásica. El análisis de Trotsky de la Revolución Rusa de 1905 le llevó a su insistencia de que el proletariado debe establecer su propio dominio de clase, con el apoyo del campesinado, para poder siquiera lograr las tareas democráticas de la revolución burguesa; y se vería obligado desde el principio a tomar medidas socialistas, dándole el carácter permanente a la revolución.

La Revolución Cubana demostró que aún con una dirección que empezó su insurgencia sin perspectivas que fueran más allá del radicalismo pequeñoburgués, resultó imposible una verdadera reforma agraria y la emancipación nacional del yugo del imperialismo yanqui sin la destrucción de la burguesía como clase. Una vez más confirmó la posición marxista de que la pequeña burguesía ―compuesta de elementos altamente movedizos y contradictorios, sin la fuerza social para luchar independientemente por el poder― es incapaz de establecer un nuevo modo característico de relaciones de propiedad. Al contrario, se ve forzada a valerse de las formas de propiedad de una de las dos clases fundamentalmente contrapuestas en la sociedad capitalista: la burguesía o el proletariado.

Así la dirección castrista, bajo las circunstancias excepcionales debidas al colapso del régimen de Batista en la ausencia de una poderosa clase obrera, capaz de luchar por el poder estatal en su propio nombre, fue empujada por la hostilidad enloquecida del imperialismo estadounidense a crear un estado obrero deformado que se asemejaba cada vez más al modo de dominio del estado obrero degenerado en la URSS, conforme los castristas consolidaban un aparato burocrático estatal. La evolución de la dirección cubana desde radicales pequeñoburgueses hasta administradores del estado obrero deformado (y la incorporación de los comunistas [estalinistas] cubanos en su seno) confirmó la caracterización por Trotsky de los estalinistas rusos como una casta pequeñoburguesa basada en las formas de propiedad establecidas por la Revolución de Octubre. Más aun, la Revolución Cubana proporciona una prueba negativa de que sólo el proletariado consciente, dirigido por un partido marxista de vanguardia, puede establecer un estado obrero revolucionario democráticamente gobernado, y así preparar las bases para la extensión internacional de la revolución y abrir el camino al socialismo.

A diferencia de la Revolución Rusa ―que necesitó una contrarrevolución política bajo Stalin para devenir en estado obrero burocráticamente degenerado― la Revolución Cubana fue deformada desde sus inicios. La clase obrera cubana, por no haber jugado esencialmente ningún papel en el proceso revolucionario, nunca tuvo en sus manos el poder político, y el estado cubano fue gobernado desde sus inicios por los caprichos de la camarilla castrista en vez de ser administrado por consejos obreros democráticamente elegidos (soviets).

La corriente revisionista que surgió en el movimiento trotskista durante la década de los 50 vio en Cuba la perfecta justificación de su abandono de la construcción de partidos trotskistas de vanguardia. Al ignorar el factor clave de la democracia obrera y así eliminar la diferencia cualitativa entre un estado obrero deformado como la Rusia estalinista o la Cuba castrista por una parte, y el estado obrero sano de Lenin y Trotsky por otra, los partidarios europeos del Secretariado Internacional (S.I.) de Michel Pablo recibieron a la Revolución Cubana como prueba de que transformaciones revolucionarias podrían tener lugar sin la dirección de una vanguardia proletaria: Cuba se convirtió en el modelo del “proceso revolucionario” bajo “nuevas condiciones”, y el esquema al cual se han aferrado los revisionistas a pesar del fracaso de un sin número de luchas guerrilleras en Latinoamérica en sus intentos de reproducir la “vía cubana”.

Por otra parte, para el Socialist Workers Party (SWP) norteamericano, Cuba fue el paso decisivo en la degeneración del partido como abanderado del trotskismo revolucionario. Durante los años 50 había combatido el concepto pablista del “entrismo profundo” en los partidos reformistas de masas. Pero con su carácter revolucionario debilitado por el macartismo, los dirigentes del SWP estaban buscando desesperadamente una causa popular que les permitiera salir de su aislamiento.

Joseph Hansen, un viejo dirigente del SWP, declaraba entusiásticamente:

“¿Qué estipulaciones tiene el marxismo para una revolución evidentemente de tendencia socialista pero animada por el campesinado y dirigida por revolucionarios que nunca han profesado metas socialistas?… ¡No está en el código!… Si el marxismo no tiene estipulaciones para este fenómeno, quizás es hora de hacerlas. Parecería oportuno a cambio de una revolución tan buena como ésta.”

― “La teoría de la Revolución Cubana”, 1962 [subrayado nuestro]

Al calificar a la revolución de “tendencia socialista” y habiéndola igualado con la Rusia de Lenin, Hansen no podía simplemente ignorar la cuestión decisiva de la democracia obrera. “Es cierto que éste estado obrero carece todavía de formas de la democracia proletaria”, escribió. Pero agregó inmediatamente: “Esto no significa que no haya democracia en Cuba.”

La dirección del SWP aprovechó la convergencia sobre la cuestión cubana para proponer la reunificación con el S.I. En un documento de 1963, titulado “Por una pronta reunificación del movimiento trotskista mundial”, el SWP hablaba de “la aparición de un estado obrero en Cuba, cuya forma exacta está todavía por establecerse”; y de la “evolución hacia el marxismo revolucionario [del] Movimiento 26 de Julio”. Concluía:

“En el transcurso de una revolución que empieza con simples demandas democráticas y termina con la ruptura de bis relaciones de propiedad capitalistas, la de guerrillas conducida por campesinos sin tierra y fuerzas semiproletarias, bajo una dirección que se ve obligada a llevar a cabo la revolución hasta su conclusión, puede jugar un papel decisivo en socavar y precipitar la caída de un poder colonial o semicolonial… [Esta lección] debe ser incorporada conscientemente a la estrategia de la construcción de partidos marxistas revolucionarios en los países coloniales.”

En respuesta a este revisionismo descarado, Healy y sus partidarios del Comité Internacional simplemente enterraron sus cabezas como avestruces y declararon que Cuba, aún después de las nacionalizaciones de 1960, era “un régimen bonapartista descansando sobre los cimientos del estado capitalista”, y que no difería cualitativamente del régimen batistiano. Pero en el interior del SWP la Tendencia Revolucionaria (TR ― precursor de la Spartacist League/U.S.) fue capaz de comprender el carácter del régimen cubano después de 1960 como un estado obrero deformado y anotar el significado de esta caracterización para la teoría marxista.

En una resolución que fue presentada como documento contrapuesto al texto “Por una pronta reunificación…” de la dirección del SWP, la TR aclaró que “los trotskistas son desde luego los defensores más militantes e incondicionales de la Revolución Cubana, así como el estado obrero deformado que nació de ella, contra imperialismo.” Pero agregaba: “los trotskistas no pueden poner su confianza en o dar su apoyo político, por muy crítico que sea, a un régimen gubernamental hostil a los más elementales principios y prácticas de la democracia obrera…” (“Hacia el renacimiento de la IV Internacional”, junio de 1963).

Rechazando directamente la adopción del guerrillerismo y del castrismo por parte del SWP, en lugar de la perspectiva trotskista de revolución proletaria, la resolución de la TR resumía:

“La experiencia desde la Segunda Guerra Mundial ha demostrado que la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeñoburguesa no puede llevar más allá de un régimen burocrático antiobrero. La creación de tales regímenes ha sido posible bajo las condiciones de decadencia del imperialismo, la desmoralización y desorientación causadas por la traición estalinista y la ausencia de una dirección marxista revolucionaria de la clase obrera. La revolución colonial puede tener un signo inequívocamente progresista sólo bajo una tal dirección del proletariado revolucionario. Para los trotskistas, incorporar a su estrategia el revisionismo sobre la cuestión de la dirección proletaria en la revolución es una profunda negación del marxismo-leninismo.”

Estallido de la minoría del Secretariado Unificado

[Publicado en Workers Vanguard No. 100, 12 de marzo de 1976. Traducido en Spartacist No. 4, mayo de 1977]

Desde hace varios años el pretendidamente trotskista “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional” (SU) ha estado profundamente polarizado entre su ala centrista – la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI) basada en sus secciones europeas, principalmente la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR) de Francia – y la reformista Fracción Leninista-Trotskista (FLT) dominada, por el Socialist Worker’s Party (SWP) estadounidense y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) de Argentina.

A pesar de las intenciones declaradas por ambos bandos de mantener al SU como un bloque sin principios por medio de negocios sucios de carácter organizativo, la inestabilidad intrínseca de este conglomerado internacional centrista/reformista ha engendrado escisiones de país en país a medida que los partidarios de las fracciones en pugna se percataban de la imposibilidad de coexistir en una misma sección.

En sus comienzos la polarización encontró su más clara expresión en la discusión sobre la guerra de guerrillas (aventurismo pequeñoburgués romántico de la TMI versus el ultralegalista SWP con su falsa ortodoxia de “construcción del partido”). Pero las polémicas más agudas del año pasado se libraran en torno a Portugal, siguiendo la TMI en la estela del PC y de los “oficiales progresistas” del MFA mientras el SWP invocaba la “democracia” abstracta para apoyar la movilización derechista encabezada por el Partido Socialista y financiada por la CIA.

Mas la desgastada fachada “unitaria” del SU ha revelado una nueva complicación. El ideólogo de la FLT, Joseph Hansen, presentó en las páginas del órgano público fraccional del SWP, Intercontinental Press (la revista correspondiente de la TMI es Inprecor) del 9 de febrero, la versión del SWP sobre la escisión en la Liga Socialista de México. Ahora bien, a estas alturas el lector se preguntará, ¿qué hay de nuevo en otra escisión en el SU? Lo que llama la atención sobre esta escisión en particular es que las fuerzas del SU en México ya estaban divididas en dos “secciones simpatizantes” (una de la TMI y otra de la FLT). La nueva división resulta de una batalla salvaje en el seno de la FLT entre los partidarios del SWP y una agrupación inspirada por el PST dentro de la organización mexicana de la FLT.

Según la larga polémica de Hansen, los que apoyan al PST obtuvieron la mayoría en el grupo mexicano, cortaron sus relaciones con el SWP, y según Hansen, suprimieron brutalmente los derechos democráticos de sus antagonistas hasta tal punto que la minoría pro-SWP se vio obligada a lanzarse como “fracción pública” – es decir a separarse y formar una organización pública competidora. Se han notado tensiones similares dentro de otros grupos alineados con la FLT, como en el PRT portugués y la Liga Comunista de España. En ambos casos los elementos apoyados por el PST favorecen un acercamiento a la TMI.

Fundamentalmente lo que pasa dentro del SU puede resumirse con facilidad. Después de presentarse engañosamente como “tendencia internacional” durante tantos años, el SU en realidad carece de cualquier cohesión, hasta el punto de que ni el antiguo antagonismo entre la TMI y la FLT basta para mantener la unidad interior de las fracciones. La ruptura efectiva ya está tan avanzada que cada una de las dos alas busca nuevos alineamientos (por ejemplo, el cortejo de la LCR al Parti Socialiste Unifié francés; las prolongadas negociaciones entre el SWP y la Organisation Communiste Internationaliste francesa).

Mientras tanto las pugnas fraccionales y de camarillas dentro de las mismas secciones nacionales ya no pueden restringirse más por el sentimiento de la necesidad de unirse frente al enemigo común dentro del SU. La quiebra abierta dentro de la FLT mexicana tiene paralelos en la caótica situación interna de la LCR francesa por ejemplo, y en el fraccionalismo múltiple dentro del International Marxist Group inglés, ambos alineados con la TMI. El bloque podrido del SU se está dividiendo en “dos, tres, muchas” tendencias internacionales a una velocidad vertiginosa. En la reunión de febrero del Comité Ejecutivo Internacional (CEI) del SU surgió una tercera tendencia (presumiblemente animada por el PST y sus partidarios) sobre la cuestión de Portugal (Inprecor, 4 de marzo de 1976). Al mismo tiempo la TMI, en un esfuerzo por contrarrestar la disminución de su influencia en Portugal, abogó por una fusión entre el PRT y la LCI en Portugal.

Riña entre los reformistas

Los persistentes rumores de fricciones dentro de la FLT en lo tocante a Portugal y Angola han sido ampliamente confirmados. La disputa sobre Angola es particularmente instructiva. La posición del SWP – una ingenua “neutralidad” entre el nacionalista MPLA y sus adversarios sostenidos por la CIA y Sudáfrica – es un blanco fácil para una crítica de izquierda. Mostrando que su cinismo no conoce límites, el PST lo ha atacado sobre la cuestión de Angola con un despliegue de falsa ortodoxia que avergüenza no sólo al SWP sino también a los entusiastas del MPLA de la TMI.

En Avanzada Socialista del 5 de diciembre de 1975, el PST le dedica un largo tiron de orejas al SWP:

“Para los marxistas hay una sola forma de encarar el problema: determinar qué intereses de clase representa y en que fuerzas sociales se apoya cada bando. Eso permitirá definir qué sectores más progresivo …

“Decir que la guerra es ‘fratricida’ es no decir nada. Una guerra civil no es nada más que la agudización de la lucha de clases que se libra permanentemente bajo formas más ‘pacíficas’ (lucha política, huelgas, etc.) …

“Sin duda, el MPLA, en caso de triunfar, va a tratar de contener y reprimir el movimiento de masas en el cual hoy se apoya. En este sentido, representa un enemigo potencial …

“Pero su derrota es un peligro mucho más inmediato y grave. Porque su derrota significará también el aplastamiento de los organismos sindicales y políticos de la clase obrera angoleña y de las capas populares urbanas … [Esto] implicará un retroceso en el proceso revolucionario abierto en el país por la guerra contra los portugueses.”

Tomando prestadas críticas de ambos campos del SU – de la TMI la necesidad de solidarizarse con el MPLA en contra dos títeres colonialistas/imperialistas; del SWP la observación correcta que los nacionalistas del MPLA aplastarán cualquier movilización obrera independiente – el PST casi consigue salir airoso. Pero no totalmente.

El PST no nació ayer. Su sórdida historia de claudicación socialdemócrata ante los pies sangrientos del nacionalismo burgués peronista le ha ganado al PST su merecida fama entre los militantes latinoamericanos de una organización totalmente podrida y reformista. A pesar de toda la panificación “ortodoxa” sobre Angola, el PST ha mostrado su reformismo en el terreno decisivo: su actitud hacia su “propia” burguesía en Argentina.

La pretensión actual de falsa ortodoxia del PST tiene un paralelo en otra época de su historia. Al mismo tiempo que planteaba críticas formalmente correctas al Partido Obrero Revolucionario boliviano dirigido por G. Lora, por sumarse este último al Frente Revolucionario Antiimperialista (FRA) de colaboración de clases, en el terreno argentino el PST brindó su apoyo al “proceso de institucionalización” después de la victoria electoral peronista en 1973. ¿Y qué quería decir el PST con “institucionalización”? El defender la “continuidad de este gobierno ya que fue elegido por la mayoría de los trabajadores argentinos”.

Hoy el programa del PST frente a la crisis en Argentina es establecer “un foro para el libre intercambio de ideas entre todos los sectores sociales, que culmine en discusiones sobre qué curso tomar”. ¡Esto es nada menos que un llamamiento a construir un FRA argentino! Esto es presamente lo que sus correligionarios uruguayos reclamaron en 1974 y demandan hoy día en México (donde la “Tendencia Militante” apoyada por el PST ha firmado un acuerdo electoral para propagar, entre otras cosas, “las posiciones generales con respecto a la coexistencia pacifica”).

En cuanto a la centrista TMI, ni el programa socialdemócrata del PST para Argentina ni las anteriores críticas de la TMI al PST (debidas, por supuesto, solamente al alineamiento del PST al lado del SWP/FLT) nos pueden hacer desechar la posibilidad de una futura reintegración del ultrareformista PST dentro de la TMI. No obstante, toda la historia del SU testimonia que tales combinaciones sin principios no pueden construir una tendencia internacional estable, sino que simplemente siembran las semillas de nuevas escisiones.

La mujer soviética: Una apología estalinista

[Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 16. TRADUCIDO DE WOMEN AND REVOLUTION NO. 10, INVIERNO DE 1975-76.]

Publicamos a continuación una crítica del libro Soviet Women, de William M. Mandel (Anchor Books, N.Y. 1975). A pesar del tiempo transcurrido desde la publicación original de este artículo, el análisis profundamente trotskista de la situación de la mujer en el estado obrero degenerado soviético que plantea, mantiene plena validez en la actualidad. 

Una examinación cuidadosa de la posición de la mujer soviética, esclarece bastante la evolución del estado soviético. El gobierno soviético revolucionario bajo la dirección de Lenin tomó medidas inmediatas para aliviar la opresión de la mujer. El divorcio se hizo gratuito y fácilmente obtenible; se eliminó la discriminación contra los hijos nacidos fuera del matrimonio; se establecieron guarderías infantiles comunales gratuitas; se decretó el pago igual por trabajo igual; se legalizó el aborto gratuito y sin restricciones; y se abrieron miles de escuelas en las que por primera vez se admitía preferencialmente a mujeres.

Uno de los propósitos fundamentales de los bolcheviques fue suplantar cada vez más y trascender la familia nuclear como institución económica por medio de la socialización del trabajo doméstico que tradicionalmente era ejecutado en forma privada por la mujer. Ellos comprendían que la familia era una prisión para las mujeres, condenándolas a la ignorancia debido a su aislamiento del resto de la sociedad y limitando su futuro a años eternos de monótono trabajo doméstico. A partir de la guerra civil, una de las primeras campañas importantes emprendidas por el gobierno fue la construcción de guarderías infantiles adecuadas.

Después de la consolidación del poder por una casta burocrática encabezada por Stalin, la mujer perdió un gran número de las conquistas que había ganado a través de la revolución. La política de Stalin  dirigida a eliminar todo rasgo de sentimiento revolucionario genuino que pudiera amenazar su régimen, decretó la restauración de relaciones más tradicionales entre los sexos (es decir, el papel servil de la mujer) particularmente dentro de la familia, la cual fue proclamada como la unidad básica de la sociedad soviética.

La mujer soviética, un nuevo libro por William M. Mandel es esencialmente una apología de esta política. Mientras que reconoce la desigualdad sexual que existe hoy día en la URSS, la atribuye al legado del zarismo o a los errores inevitables de un pueblo campesino. Mandel también defiende la línea estalinista oficial de que la meta del comunismo no es reemplazar la familia nuclear opresiva, como abogaban Marx y Lenin, sino simplemente mitigar sus peores abusos.

Es innegable que la mujer soviética disfruta de muchas oportunidades y ventajas no conocidas por las mujeres de otros países. La URSS proporciona gratuitamente guarderías infantiles para 10 millones de niños pre-escolares, y la atención médica gratuita. A la mujer se le garantiza una licencia por maternidad de 112 días pre y posnatal con pago completo y un plazo de un año para regresar a su trabajo sin pérdida de antigüedad. Hombres y mujeres pueden obtener licencias por enfermedad para cuidar a sus niños enfermos. Los salarios de las mujeres en la Unión Soviética son en promedio el 87 por ciento del de los hombres (comparado con el 59 por ciento en los EE.UU.), y el alquiler está fijado a un 5 por ciento del salario obrero. Y estos beneficios no se limitan a los centros urbanos; entre las mujeres campesinas donde el analfabetismo era casi universal aún después de la revolución, ¡hoy hay más mujeres que hombres con educación secundaria y universitaria!

William Mandel también demuestra decisivamente que a la mujer soviética se le ha sacado de la casa y se le ha integrado al trabajo productivo. Constituyen el 51 por ciento de la fuerza laboral y, a diferencia de las mujeres norteamericanas que son excluidas de oficios calificados y semicalificados, las mujeres soviéticas conducen trenes, manejan aviones, dirigen centrales hidroeléctricas, planifican el desarrollo de los recursos naturales, descargan barcos, realizan trabajo teórico en ciencias y matemática y en general participan en todas las ramas de la industria y del gobierno. (“Mi orgullo como norteamericano fue herido profundamente”, dice Mandel, “cuando me enteré que la participación de la mujer  estadounidense en las profesiones más destacadas es la más baja de todo el mundo”).

Aquellos como los maoístas y “socialistas tercercampistas” que sostienen que la Unión Soviética es un estado “social imperialista” o capitalista harían bien en reflexionar sobre estos datos porque, aunque en verdad no demuestran plena igualdad en la fuerza laboral, sí indican avances que sólo se pudieron alcanzar en una sociedad que ha arrancado los medios de producción de manos privadas y establecido una economía planificada. El pleno empleo, la reinversión de la ganancia social para la construcción de guarderías infantiles y de escuelas, y la implementación del pago igual por trabajo igual no pueden lograrse en una economía capitalista. Bajo el capitalismo, la plusvalía solo se reinvierte donde se pueda sacar ganancias: se necesita un ejército de desempleados en reserva (históricamente compuesto en gran parte de mujeres) como presión constante para la reducción de los salarios, y se minimiza el costo de la mano de obra al pasar el cargo de la crianza de los niños a la familia del obrero, específicamente a la madre.

Los devotos modernos de Stalin sostienen que el capitalismo fue restaurado en la Unión Soviética después de 1956 y que las conquistas de la mujer soviética datan desde antes de este período. Pero cabe destacar que hay una curva inequívocamente ascendente en cuanto a la igualdad educacional y ocupacional de las mujeres soviéticas menores de 30 años y que los principales avances para las mujeres campesinas se han logrado en los últimos diez años. (Mandel cita valiosas estadísticas de comparación con el desarrollo chino que desacreditan el mito maoísta de que China ha sobrepasado a la Unión Soviética en aliviar la opresión de la mujer. Aunque la mujer china se encuentra en una posición mucho mejor que las mujeres de países capitalistas de la región, como India, no habiendo logrado el pleno empleo, China dista mucho de poder integrar a la mujer a la fuerza laboral a un nivel semejante al de la URSS. Además, las licencias por maternidad, cuando son permitidas, sólo duran la mitad que en la Unión Soviética, y es difícil conseguir el aborto).

El legado de Stalin

William Mandel confiesa que hay una ausencia relativa de mujeres soviéticas en altas posiciones directivas dentro del gobierno, la administración, y el Partido Comunista. Su explicación es que el progreso de la mujer soviética ha sido obstruido por el legado cultural del zarismo. En un ensayo más corto titulado “La mujer soviética en la fuerza laboral”, que contiene la tesis fundamental de su libro La mujer soviética, lo dice en forma muy escueta: “… las mujeres han avanzado en la fuerza laboral soviética y las profesiones en aproximada proporción directa a la eliminación de las desventajas heredadas por el régimen soviético y… la principal base de las diferencias residuales en la situación del hombre y la mujer es el rezago temporal en ese respecto.”

Mientras que los marxistas reconocemos que un estado obrero joven se construye sobre bases fuertemente marcadas por las tradiciones de la sociedad burguesa de la cual acaba de surgir, también reconocernos que la conciencia humana puede intervenir para disminuir los efectos de esas tradiciones. Las formulaciones objetivistas de Mandel sirven para obscurecer el hecho de que las desigualdades sexuales en la Unión Soviética son la herencia tanto de Stalin como del zar Nicolás. Fue el programa de Stalin que durante 20 años decretó que la función principal de la mujer era producir hijos.

Mandel está demasiado bien informado para sencillamente omitir toda referencia a la política de Stalin, y su repugnancia personal hacia las peores atrocidades del régimen lo conduce a criticarlo ocasionalmente. Sin embargo, siendo él mismo un ex estalinista, nunca ha roto con las premisas fundamentales del estalinismo. El cree que la política de la burocracia era, de hecho, justificada:

“Debido a la franca hostilidad de todo gobierno hacia la URSS en los años 30, y las intenciones públicamente anunciadas por Hitler, mucho antes de la guerra, de tomar gran parte de la Unión Soviética y colonizarla, la Unión Soviética parecía una ciudad sitiada. La vida de todo individuo estaba bajo control, supuestamente en aras de la supervivencia de todos.”

Las verdaderas simpatías de Mandel se ven claramente en un pasaje anterior donde observa:

“… hay un mito extraño, de origen más bien político que académico, que mantiene que el periodo breve de la vida de Lenin después de 1917, fue un periodo de progreso seguido por uno de reacción bajo Stalin. La verdad es que Lenin murió en 1924 y Trotsky, quien había sido segundo en importancia, se encontró desde ese entonces en una minoría impotente. Fue la primera década del liderazgo de Stalin (1924-34) que presenció el desarrollo tanto del cine como de la literatura, y de la clase de leyes y experimentos en el modo de vivir que muchos jóvenes radicales y figuras culturales occidentales evocan con nostalgia.”

Mientras que el líder del Partido Comunista norteamericano Gus Hall o los maoístas pueden añorar este periodo con nostalgia, 1929-1936 fue el período de la represión más brutal. Prácticamente todo sector de la sociedad soviética fue devastado por purgas en las cuales unas 500.000 personas fueron asesinadas (incluyendo a virtualmente todos los líderes originales del Partido Bolchevique) y 5 millones fueron internados en campamentos de trabajo forzado. La mayor parte de los que participaron en el breve florecimiento del arte soviético fueron asesinados. La colectivización forzada fue tan brutal y destructiva que sus efectos todavía se sienten en la agricultura soviética, contribuyendo a los continuos bajos niveles de producción. El libro de William Mandel, tan lleno de estadísticas, convenientemente omite mencionar ninguna de estas atrocidades.

Este período de reacción estalinista marcó un decisivo paso hacia atrás para la mujer. Conforme la ola revolucionaria amainaba en Europa, la Unión Soviética se quedó aislada y empobrecida. Esto creó un terreno fértil para el desarrollo de una burocracia reforzada por su autoridad como defensora de las fronteras soviéticas y por su control de las escasas mercancías asequibles a la población soviética. Ansiosa de proteger su posición privilegiada, esta burocracia se planteó la destrucción de todo vestigio de poder soviético que pudiera desafiar su autoridad. Buscó apoyo en los prejuicios más conservadores de las masas urbanas y campesinas. La familia, proveedora de ideas tradicionales de servilismo y del respeto hacia la autoridad, fue uno de sus instrumentos centrales.

Una ofensiva a fondo fue desatada para reconstituir la estructura familiar basada en la subordinación de la mujer. En 1934 la sección del partido para el trabajo entre mujeres fue abolida y todas las organizaciones de masas de mujeres fueron disueltas. Mandel asegura que estas organizaciones desaparecieron porque “en ese entonces, las mujeres habían adquirido la confianza suficiente para defenderse por sí mismas y para funcionar en organizaciones mixtas y en la práctica habían conseguido la igualdad en el trabajo y en la educación, o sea, fuera de la casa.” En su apuro por justificar la política estalinista, él olvida la resolución aprobada en 1930 por el Comité Central del PCUS, que había citado anteriormente, haciendo referencia a “la indecisión extrema por los organismos locales del partido en cuanto a la promoción de la mujer a puestos de dirección con autoridad independiente y, en algunos casos, la intolerancia abierta por parte de ciertas organizaciones y militantes del partido.”

Inmediatamente después de la disolución de la sección partidaria para el trabajo entre mujeres y de las organizaciones de masas, vino la ilegalización del aborto y la práctica imposibilidad de obtener el  divorcio, combinados con una ofensiva propagandista que hasta el mismo Mandel confiesa “resultó en una santificación del ‘hasta que la muerte nos separe’ digna de la envidia de cualquier iglesia.” En 1941 fue aprobada una ley exonerando al hombre de toda responsabilidad como padre de hijos ilegítimos. En 1944, la educación mixta fue abolida, condenando así a la mujer a una educación de segunda clase en cuanto a escuelas, profesores y facilidades disponibles se refiere. Este decreto es semejante a las decisiones que tomaron los tribunales norteamericanos de escuelas “separadas pero iguales” luego del período de la reacción desenfrenada en el Sur desatado por la supresión de la Reconstrucción [el período de la ocupación militar y reformas radicales en los estados de la ex Confederación esclavista después de su derrota en la Guerra Civil norteamericana]. La respuesta de Mandel frente a estas derrotas es “… para mí, lo maravilloso de ese período es que a pesar de los pasos atrás, el avance de la mujer a escala de masas no se vio afectado, como lo han demostrado los años subsiguientes.”

¡Nada podía estar más lejos de la verdad! La desigualdad que existe hoy día se remonta directamente a la política de ese período. Veinte años de aborto ilegalizado, la exaltación del matrimonio y de la maternidad, y la abolición de la educación mixta solo podían reforzar la actitud tradicional de que la mujer es verdaderamente inferior. Pero, lo que es más importante, aunque las mujeres nunca fueron eliminadas de la fuerza laboral, el énfasis en la crianza de niños y las limitaciones impuestas sobre su educación les robaron de las habilidades que hubieran facilitado una verdadera igualdad de oportunidades. En vez de avanzar conforme se superaban los viejos obstáculos, la mujer se vio forzada a retroceder frente a la deliberada rehabilitación de viejos prejuicios.

La mujer soviética en el período pos estalinista

Debemos preguntar por qué los obstáculos al aborto, al divorcio y a la educación mixta fueron reducidos en 1955. Mientras que William Mandel nunca trata directamente esta cuestión, su respuesta se encuentra en otro de sus ensayos, “El marxismo soviético y la ciencia social”: “Hoy día la URSS puede afirmar que es el primer estado socialista importante que emerge de la etapa del terror interno (la dictadura del proletariado más las masacres innecesarias cometidas en su nombre).” Esencialmente él cree en la autoreforma de la burocracia y que el socialismo ha sido logrado a través del simple desarrollo económico. (Omite el dictamen de Lenin que aun en la primera etapa del comunismo el estado empieza a extinguirse al tiempo que las masas comienzan a asumir cada vez más las simples tareas administrativas de gobierno).

La razón verdadera de la restitución de los derechos civiles de la mujer en 1955 es la auto preservación de la burocracia. Para 1955 la burocracia soviética se veía enfrentada con un problema serio. Su economía todavía se tambaleaba tras el impacto de la guerra. El intento de reconstruir la economía mediante el simple abuso de sus aliados en Europa Oriental ya había producido el levantamiento alemán de 1953, seguido por levantamientos en Hungría y Polonia en 1956. Para detener esta ola creciente de disensión interna que amenazaba desbordar con la muerte de Stalin, había que racionalizar la economía nacional.

La mujer era la mayor fuente de fuerza de trabajo calificada que todavía no había sido utilizada. Desde la movilización para la guerra, las mujeres constituían casi la mayoría de la fuerza laboral. Los sectores más productivos de la población masculina habían sido severamente diezmados durante e inmediatamente después de la guerra. Para formar las mujeres con las habilidades necesarias para funcionar en posiciones responsables dentro de la industria, ellas tenían que ser admitidas en institutos de alta calidad, es decir había que restaurar la educación mixta. Para alentarles a salir de la casa y a dedicar el tiempo y la energía necesarios para aprender estas nuevas técnicas, era necesario reducir el énfasis en la maternidad. Como en aquel tiempo los anticonceptivos en la URSS eran de notoria baja calidad, el aborto era una alternativa necesaria para el control de la natalidad. La afirmación del derecho de la mujer de disponer de su cuerpo llevó en forma natural a la afirmación del derecho de la mujer a contratar y disolver el matrimonio a voluntad; y como una alta tasa de divorcios resultaba en una fuerza laboral más móvil, el divorcio devino más aceptable. Así al enfrentarse con la necesidad de organizar lógicamente la producción económica, la burocracia se vio obligada a recurrir a las mujeres para proveer la mano de obra calificada necesaria para avanzar los intereses nacionales.

Pero las reformas muy limitadas emprendidas en la era pos estalinista no fueron acompañadas por el retorno a la posición marxista de la necesidad de reemplazar a la familia nuclear. Mandel concede que aunque más del 85 por ciento de las mujeres soviéticas realizan trabajo productivo fuera de la casa, todavía están básicamente ligadas a la familia y siguen siendo responsables por el trabajo doméstico y por el cuidado de los niños. Mientras tanto, la burocracia sigue glorificando la maternidad otorgando medallas a madres con gran número de hijos.

La política soviética actual explícitamente busca reformar y no reemplazar a la familia. Favorece la creación de puestos a tiempo parcial para las mujeres a fin de que también puedan hacer su trabajo de casa. En forma secundaria hay cierto esfuerzo por persuadir al hombre a que ayude en la casa, y por expandir la distribución de productos y servicios a los consumidores.

Las perspectivas de sentar las bases económicas para la socialización del trabajo doméstico -suponiendo que la burocracia permitiera implementarla- son socavadas por la mala administración burocrática de la economía. A pesar de los beneficios de la planificación centralizada. La expansión económica soviética durante varios años ha estado por debajo del 7,5 por ciento anual. Esta lenta expansión combinada con la devastación de la capacidad productiva soviética por la Segunda Guerra Mundial, significa que, por ejemplo, hace tan sólo cinco años que todas las viviendas rurales soviéticas fueron electrificadas. Mandel calcula que pasarán unos 10 años más antes de que en los hogares de obreros y campesinos sea usual que tengan refrigeradores, lavadoras y aspiradoras.

Mientras tanto, aun los informes soviéticos reconocen que entre el campesinado las “condiciones culturales domésticas semejantes a aquellas del pasado y la necesidad económica de preservar la pequeña granja familiar son las bases para la preservación dentro de la familia de elementos de la antigua desigualdad de los sexos y la división tradicional de las tareas cotidianas en masculinas y femeninas” (énfasis de Mandel).

En un país donde el 43 por ciento de la población todavía es rural y muchos obreros están apenas una generación aparte de la tierra, los efectos de lo anterior no deben ser menospreciados. El mismo Mandel indica que la tasa de abortos es muy alta entre las campesinas porque la mayoría todavía no conocen los métodos anticonceptivos modernos. La fuerte resistencia social de las viejas familias campesinas contra cualquier forma de anticonceptivo contribuye directamente a esta ignorancia.

La burocracia soviética sigue siendo el mayor obstáculo a la emancipación de la mujer soviética, como lo es para la emancipación de las masas trabajadoras soviéticas en su conjunto. La política exterior soviética, al garantizar el dominio capitalista en el Occidente mediante su estrategia de colaboración de clases (recientemente tipificada por los frentes populares traicioneros en Chile y Portugal), sabotea la revolución proletaria internacional y por consiguiente aplaza el día cuando los obreros de los países avanzados puedan proporcionar los productos necesarios para que la Unión Soviética y los países más atrasados puedan mecanizar y socializar el trabajo doméstico.

Privada del poder político, como lo está toda la clase obrera soviética, la mujer soviética es particularmente vulnerable a los giros e inversiones en la política del gobierno, que pueden llevar de nuevo a la abolición del aborto legal, de la educación mixta o del divorcio a voluntad. Mientras que el uso del terror en la Unión Soviética es hoy menos descarado, debemos recordar que muchas de las reformas de la era de Krushchev desaparecieron completamente durante varios años luego de la invasión de Checoslovaquia. Es más, los acontecimientos checos demuestran claramente la voluntad de la burocracia de usar la fuerza armada cuando es necesario para su autopreservación.

Para la mujer soviética, el camino trotskista de revolución política en el estado obrero degenerado soviético es la única garantía para su liberación verdadera. Sólo a través del dominio democrático y directo del gobierno por la clase obrera, puede la mujer estar asegurada de sus derechos, sobre todo de disponer de su propio cuerpo. Mediante la liberación de las fuerzas productivas que ocurrirá con la destrucción de la burocracia, junto con los avances de la revolución mundial auxiliada por una política de internacionalismo genuino, se podrán tomar medidas importantes para la socialización del trabajo doméstico que librarían a la mujer de una vez por todas del yugo de la familia nuclear. Sólo cuando la familia nuclear sea reemplazada, serán sentadas las bases para las relaciones socialistas entre los sexos. Entonces:

“En lugar del matrimonio indisoluble basado en la servidumbre de la mujer, veremos el surgimiento de una unión libre, fortalecida por el amor y respecto mutuo de los miembros del Estado Obrero, iguales en sus derechos y sus obligaciones. En lugar de la familia individual y egoísta, veremos una gran familia universal de obreros… Así será la relación entre los hombres y las mujeres en la sociedad comunista de mañana.”

—Alexandra Kollontai, “Comunismo y la Familia”.

Carta a la Liga Comunista de España

[Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 4, mayo de 1977. Carta enviada el 6 de junio de 1975.]

En junio de 1975, la tendencia espartaquista internacional (TEI) envió la carta que reproducimos a continuación a la Liga Comunista de España (LCE), Una sección simpatizante del “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional” (SU). La carta fue enviada a raíz de  la invitación cursada (en una reunión en febrero) por un miembro del buró político de la LCE, para iniciar una discusión por escrito de organización a organización. Nunca se recibió una respuesta, y entretanto la política de la LCE ha cambiado considerablemente. De cualquier manera, el documento retiene su valor como una polémica dirigida a sectores de izquierda dentro del SU.

La Liga Comunista se había alineado con la mal nombrada Fracción Leninista-Trotskista (FLT) del SU sobre la base de la fraseología seudoortodoxa que los líderes de esta última -el Socialist Workers Party norteamericano y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) argentino- habían encontrado útil en sus polémicas con la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI). Los reformistas del SWP y el PST se encontraban profundamente envueltos en el colaboracionismo de clases en sus respectivos países, mientras criticaban abstractamente la capitulación de la TMI al frente popular en el extranjero. Sin embargo, en ese entonces, la LCE no sólo criticaba rigurosamente a los mandelistas franceses por rehusarse a caracterizar a la Unión de la Izquierda como un frente popular, sino también lanzaba un fuerte ataque dirigido a la otra sección simpatizante española del SU -la Liga Comunista Revolucionaria (LCR)-por practicar la política frentepopulista “en casa” donde las presiones para dicha capitulación eran más fuertes.

La LCE no fue el único grupo en la órbita del SU que fue encandilado por la supuesta ortodoxia de la FLT. En la LCR francesa la heterogénea Tendencia 4 incluía partidarios de la FLT -cuya política los colocaba a la  derecha de la TMI centrista- y supuestos oponentes de izquierda del liderato encabezado por Krivine. En Portugal, el Partido Revolucionario dos Trabalhadores (PRT)- todavía no afiliado formalmente al SU en ese entonces, pero políticamente cercano a la LCE, se rehusó a dar apoyo político al Movimiento de la Fuerzas Armadas (MFA) bonapartista en tanto que la Liga Comunista Internacionalista (LCI), relacionada con la TMI, apelaba a los “oficiales progresistas” de la MFA.

Así que encontrábamos en ese momento grupos de militantes de varios países europeos activamente en búsqueda del camino al trotskismo auténtico. Oponiéndose al mal disfrazado “nuevo izquierdismo” de la TMI, pero confundidos por la seudoortodoxia de la FLT. (En contraste, en los EE.UU., Canadá y Australia donde la política real de la FLT podía ser observada de cerca, la gran mayoría de los camaradas del SU reclutados por la TEI fueron en algún momento partidarios de la TMI.) Una tarea fundamental en la lucha por ganar dichos elementos para la TEI, por lo tanto, fue el revelar el abismo que separa la política actual del SWP y el PST del auténtico marxismo revolucionario.

Desde la época cuando esta carta fue escrita, la FLT se ha escindido en dos, pasando el PST a formar una tercera tendencia dentro del SU, la Tendencia Bolchevique. Esto origina una ruptura en la LCE española con la pérdida de algunos elementos a la LCR, la separación de un grupo de adictos al PST para formar la Liga Socialista Revolucionaria (LSR) y el resto quedando bajo el control firme del SWP. Aquellos líderes de la LCE que en 1975 se sentían incómodos con la llamada del SWP por tropas federales a Boston (¿llamada por la Guardia Civil a “proteger” los vascos en Bilbao?), o que sentían que el PST estaba yendo demasiado lejos al declarar su lealtad al criminal régimen peronista, se encuentran ahora publicando obras por Linda Jennes sobre el feminismo y arrastrándose a la cola de Mario Soares en Portugal.

Los sucesos en Portugal durante julio y agosto de 1975, y el debate que originaron al interior del SU, representaron un punto clave en el desarrollo dé la LCE. Sus artículos sobre Portugal en 1974 y a comienzos de 1975 enfatizan fuertemente la oposición al frente popular. En Combate no. 23 (julio de 1974), la LCE escribe:

“… esta confrontación entre la política frentepopulista de las direcciones estalinistas y la línea de frente único obrero por la que se han definido siempre los trotskistas trasciende el marco de las elecciones presidenciales francesas y de la formación del Gobierno Provisional en Portugal. Esta es la cuestión estratégica central que hoy tiene planteada en términos bien concretos el movimiento obrero europeo.”

Ya no. Hoy la LCE dice que el problema central en Portugal es “la lucha por la democracia”.

A mediados de 1975, el Partido Socialista (PS) portugués de Mario Soares encabezó una movilización anticomunista en el nombre de la “democracia” (burguesa), llevando a la cola a los pretendidos trotskistas del SWP norteamericano y la OCI francesa. Primero en el asunto República (véase “Fight MFA Suppression of Left Media in Portugal” Workers Vanguard No. 83, 31 de octubre de 1975) el SWP va más allá de la defensa de la libertad de prensa y procede a apoyar políticamente a Soares contra los trabajadores de la imprenta que habían tomado la planta del periódico pro-PS. Posteriormente, cuando Soares lanza el ataque contra el gobierno Gonçalves atacándolo por tolerar el “anarco populismo”, exigiendo el desarme de las milicias obreras y la destrucción de los órganos embrionarios del poder dual, justificando las acciones de las turbas reaccionarias envueltas en el incendio de los locales del Partido Comunista, el SWP declara que “El Partido Socialista se ha convertido cada vez más claramente en el núcleo directriz para las fuerzas en el movimiento obrero que se rehúsan a someterse a los estalinistas.”

En agosto de ese año, mientras las llamas envolvían las oficinas del PC en todo el norte portugués, la comisión coordinadora de la FLT se reunió a discutir el borrador de un documento preparado por la dirección del SWP sobre “Los problemas claves de la revolución portuguesa”. El gurú teórico del PST, Nahuel Moreno, había escrito al dirigente del SWP, Joseph Hansen, manifestándole una serie de puntos en el análisis de Portugal hecho por éste último con los cuales estaba en desacuerdo. Hansen responde (carta del 9 de agosto de 1975): “Me parece que el eje principal del curso político trotskista [en Portugal] debe ser la defensa de las conquistas democráticas” ([SWP] International Internal Discussion Bulletin. enero de 1976).

En las discusiones de la comisión coordinadora de la FLT no fueron los delegados del PST los críticos más fuertes del borrador del documento, sino la LCE. Una declaración del buró político de la LCE (“Concerning the Draft Resolution on Portugal”) criticaba el borrador por no caracterizar el gobierno como un frente popular y anotaba la caracterización parcial del Partido Socialista: “… no hay un análisis claro y confirmación de la naturaleza contrarrevolucionaria de su línea política.”

La crítica de la LCE concluía:

“No podemos limitarnos a centrar el programa en la defensa de los derechos democráticos, aun cuando en una situación concreta ella pudiera ser el eje

“Por otro lado, debemos enfatizar la necesidad de un programa concreto para desarrollar, transformar y consolidar los comités y comisiones [obreras], el cual es una de las tareas centrales para el avance de la independencia de clase del movimiento de masas.

“Finalmente, es necesario indicar claramente el papel central que tiene una consigna gubernamental como expresión de la independencia de clase y la necesidad de romper con la burguesía….” *

En lugar de luchar por el esclarecimiento de estas diferencias, sin embargo, los delegados del PST y de la LCE votaron a favor del borrador del SWP con  entendimiento de que la versión final sería corregida a la luz de sus críticas. No sucedió nada por el estilo. La versión corregida por el SWP fue publicada con el eje de “derechos democráticos” intacto y la apologética por Soares sin modificación. La FLT convirtió en el foco de su programa la defensa de la democracia (burguesa) en el mismo momento en que Soares (con el apoyo financiero de la CIA) encabezaba una ofensiva contra las comisiones obreras y los comités de soldados, ¡acusándoles de perturbar “el orden democrático”!

El PST de Moreno rompió con el SWP a raíz de ese documento, aun cuando tuvo enormes problemas para explicar su apoyo a posiciones similares anteriores de la FLT (no trató ni siquiera de acomodar su recién encontrada verborrea izquierdizante con sus propias declaraciones vergonzosas de apoyo al “proceso institucional” en Argentina contra las guerrillas de izquierda). Pero la LCE capituló miserablemente. La declaración de la Tendencia Bolchevique lo documenta:

“Las posiciones del SWP en Portugal fueron resistidas desde el principio por un 90 por ciento de la fracción. La cual al criticar el borrador de Problemas claves exigió que el problema de los órganos del poder fuera planteado. La oposición más clara y nítida vino de la dirección de la LCE española… Por razones que ignoramos, la dirección española de la LCE capituló completamente y aceptó la segunda versión de Problemas claves… que dice prácticamente lo mismo que la primera. Esto provocó una crisis en la fracción en España”. *

— [SWP] International Internal Discussion Bulletin, enero de 1977

Este lamentable giro derechista de la dirección de la LCE sobre Portugal se manifestó muy pronto en sus posiciones políticas en asuntos domésticos, en los cuales recurrió al arsenal reformista del SWP. Previamente, había sido la LCR la qué más descaradamente se entregó al nacionalismo pequeño burgués en España, a fin de unirse con el grupo nacionalista vasco ETA-VI. Ahora la LCE pide asambleas constituyentes separadas para Cataluña, las provincias vascas, Galicia, etc. Mas su desviación a la derecha ha sido expresada con mayor claridad en el movimiento sindical español. A la cola de Soares en Portugal, era muy lógico que la LCE se arrastrara tras el líder socialdemócrata Felipe González en España.

Anteriormente la LCE había insistido en el sometimiento incondicional a la disciplina de las comisiones obreras (CC.OO.) dominadas por los estalinistas, criticando fuertemente a la LCR por tratar de salir del marco de las CC.OO. en el punto álgido del movimiento huelguista en Pamplona en 1973. (Se critica el concepto de “frente único estratégico” de la LCE en la carta a continuación.) Pero a finales de 1976 la LCE cambia su posición, abandonando súbitamente las CC.OO., acusándolas de supresión de los derechos democráticos por el Partido Comunista (que fue siempre el caso en las CC.OO.) y uniéndose a la federación sindical social-democrática, la UGT. Pero al hacerlo permanecieron consecuentes con sus concepciones seguidistas de “unidad estratégica” con los líderes reformistas, como lo indica la siguiente declaración elaborada por los sindicalistas alineados con la LCE, al unirse a la UGT:

“Aceptamos los estatutos y las decisiones del Congreso de la UGT y no vamos a luchar por destruirla, sino a fortalecerla y a ser un sector de su izquierda que luche por la unidad y la sociedad socialista.”

Cambio 16, 18 de octubre de 1976

Debido al poco material con el que contamos, no podemos presentar aquí una crítica global de la política actual de la LCE en España. Pero con su lamentable capitulación ante Soares y la adopción de la política social democrática del SWP in toto, cualquier impulso subjetivamente revolucionario que haya quedado entre sus militantes sólo puede terminar en la frustración. Una política revolucionaria en España hoy requiere el abierto repudio al y la lucha contra el declarado revisionismo antitrotskista de la LCE.

*Todas las citas seguidas de un asterisco han sido traducidas de una transcripción en inglés y pueden no coincidir con el original.

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Estimados compañeros,

Aceptamos con mucho agrado la invitación del compañero M. para iniciar una correspondencia entre la tendencia espartaquista internacional y la Liga Comunista de España. Tenemos que destacar, sin embargo, que ignoramos vuestras posiciones políticas sobre temas importantes. Así que un propósito principal de la presente carta es determinar si existe una base para discusiones entre nuestras dos organizaciones.

Queremos dejar sentado desde el comienzo las razones por las que tomamos en serio esta oportunidad. La LCE nos parece uno de los grupos subjetivamente más serios y más a la izquierda dentro del pantano que se autodenomina “Secretariado Unificado” (SU). Al contrario de los radicales pequeñoburgueses de la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI), vuestra organización parece ser atraída por la pretendida (en realidad fraudulenta) ortodoxia marxista de la mal llamada “Fracción Leninista Trotskista” (FLT).

Pero un comunista no puede sentir sino un desprecio total por vuestros socios en bloque, los reformistas consumados del Socialist Workers Party (SWP) norteamericano y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) argentino. El SWP y el PST son enemigos jurados de la revolución proletaria: detrás de las citas de Lenin y Trotsky que utilizan para refutar al guerrillerismo de la TMI se esconde un temor cobarde de molestar a sus propias burguesías.

Percibimos, sin embargo, una diferencia importante entre la LCE y el SWP/PST. Estos últimos son simplemente unos cínicos mentirosos que condenan la política frentepopulista de la TMI, mientras que practican una colaboración de clases aún más desvergonzada en su terreno nacional. En contraste, la Liga Comunista ha denunciado la política de frente popular no solamente cuando ha sido perpetrada por enemigos fraccionales en otros países, sino también en su propio país.

Aunque no menospreciamos esta distinción importante, también tomamos en serio el hecho de que la LCE es una organización simpatizante del “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional”, que no es unificado ni tampoco es la Cuarta Internacional; y de que pertenece a la “Fracción Leninista-Trotskista”, que por supuesto no es leninista ni trotskista, ni siquiera una fracción. De este modo, la Liga Comunista se presenta frente al proletariado español como adherente de una falsa “Internacional” con otro afiliado local, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), que es incapaz de trazar una línea de clase contra el frentepopulismo e incluso podría entrar en cualquier momento en el frente popular de la Asamblea de Cataluña. También debéis asumir la responsabilidad de las traiciones repugnantes de los principios socialistas por parte del SWP y del PST.

Tomando solamente dos ejemplos escandalosos de los últimos años, vosotros ciertamente conocéis las declaraciones del PST que efectivamente dan un “apoyo crítico” al régimen asesino de Perón en Argentina, y la llamada del SWP al envío de tropas federales a Boston. Ignoramos cualquier declaración de la LCE contra estas traicioneras expresiones de confianza en el estado capitalista emitidas por los dirigentes de la FLT. Sería absurdo esperar un desarrollo serio de discusiones entre nuestras dos organizaciones en ausencia de una condena por parte de la Liga Comunista de la llamada del SWP por tropas federales y del apoyo dado por el PST a la “continuidad” del gobierno argentino. Es obvio que para cualquier revolucionario serio, tal condena supondría romper con la política de la FLT.

No se puede realizar una tal ruptura al cambiar solamente unas pocas palabras. Se precisa una investigación seria de la verdadera política del SWP y del PST, y una evaluación franca de las causas de los errores de la LCE. Sabemos que en el pasado los dirigentes de la LCE han tratado de revisar seriamente algunas de sus posiciones previas. Cuando un representante de la TMI trató de cambiar la antigua política ultraizquierdista de la LCR frente a las comisiones obreras, la tendencia Encrucijada insistió en la necesidad de una discusión acerca de las fuentes de esta política. ¿Mostraríais la misma determinación ahora? Frente a los cientos de militantes de izquierda detenidos y asesinados por el gobierno cuya “continuidad” es apoyada por Coral y Cía., ¡“criticar” algunas “formulaciones” del PST no es suficiente!

¿Cómo se explica la misma adherencia de la Liga Comunista a la FLT? Actualmente no disponemos de la información necesaria para contestar esta pregunta. Pero, en caso de que vosotros hayáis aceptado como fidedignas las ocasionales palabras seudoortodoxas que aparecen en los documentos fraccionales de Joe Hansen, y que posiblemente no estéis familiarizados con la práctica del SWP y del PST, uno de los fines de la presente es demostrar la fraudulencia total de las pretensiones al trotskismo de estos charlatanes y exponer el origen de esta política oportunista: el pablismo. (También se discutirá el concepto que tiene la LCE del frente único “estratégico”.)

Un social demócrata y un camaleón

Las declaraciones del PST durante los últimos 15 meses han sido tan descaradamente colaboracionistas de clases que sólo un ciego podría ignorar el abismo que separa a estos socialdemócratas reformistas del trotskismo revolucionario. En una declaración común con el PC y seis partidos burgueses presentada al Gral. Perón el 21 de marzo de 1974, el PST prometió apoyar al “proceso institucional” y condenó a todos (es decir, a los comunistas) los que desean cambiarlo. Esta declaración apoya de una manera sumamente clara “la ley y el orden” capitalistas, aliándose, por lo menos implícitamente, con el gobierno y los partidos burgueses liberales contra los guerrilleros de izquierda, como el Ejército Revolucionario del Pueblo / Partido Revolucionario de los Trabajadores (ERP/PRT).

Esta consecuencia se manifiesta claramente en la declaración del dirigente del PST Juan Carlos Coral en una reunión “multisectorial” con la presidente Isabel Perón el 8 de octubre de 1974, en donde aquel falso socialista declaró que los guerrilleros eran la “réplica” de los escuadrones de muerte derechistas (la AAA). La exposición de Coral incluyó una frase que sólo puede interpretarse como una declaración de apoyo político al régimen peronista: “El socialismo de los trabajadores… luchará por la continuidad de este gobierno…” dijo el representante del PST “trotskista” (Avanzada Socialista, 10 y 15 de octubre de 1974).

Estas declaraciones de claudicación ante el gobierno peronista no tienen nada de nuevo. El “teórico” del PST, Nahuel Moreno, ha desarrollado la misma política desde hace décadas, y con la tolerancia del Secretariado Unificado durante una docena de años. Estos hechos no son secretos, y los hemos discutido en un artículo (“Argentina: La lucha contra el peronismo”, Workers Vanguard no. 24, 6 de julio de 1973) que enviamos junto a la presente. Es suficiente anotar que en los últimos años de la década del 50 y al principio del 60, Moreno publicaba una revista, Palabra Obrera, que se titulaba “órgano del peronismo obrero revolucionario” y reclamó ser emitida “bajo la disciplina del Gral. Perón y del Consejo Supremo Peronista”. Más recientemente, Coral/Moreno ofrecieron votar por los peronistas si el 80 por ciento de los candidatos justicialistas eran obreros (Avanzada Socialista, 22 de noviembre de 1972), y aseguraron al presidente Héctor Cámpora que él podría “contar con nuestra solidaridad proletaria” (Avanzada Socialista, 30 de mayo-6 de junio de 1973).

Si hoy día el PST claudica frente al gobierno peronista, no se puede echar la culpa a formulaciones equivocadas o a un supuesto cambio reciente. Ni son estas traiciones la responsabilidad solamente de Coral (que no es más que el socialdemócrata que siempre ha sido) y de Moreno (un camaleón político que simplemente juega su rol acostumbrado). La lucha por el principio marxista de la independencia de la clase obrera requiere romper con Hansen y Mandel, que desde años a tras han proveído un disfraz de izquierda para las maquinaciones de Moreno.

Por ejemplo: actualmente Moreno y Hansen atacan ferozmente al guevarismo de la TMI, pero durante los primeros años de la década del 60 ellos apoyaron plenamente la guerrilla campesina, por lo menos en sus documentos. En esa época Moreno era el más guerrillerista de todos. “La historia… ha dado un mentis a la teoría de que el proletariado, en los países atrasados, es la dirección revolucionaria”, escribió en 1961, de esta manera tirando a la basura el Programa de Transición y la teoría de la revolución permanente. Agregó que es necesario “sintetizar la teoría y el programa general correcto (trotskista) con la teoría y el programa particular correcto (maotsetunista o castrista)” (N. Moreno, La revolución latinoamericana).

Si un ala del Partido Revolucionario de los Trabajadores -sección argentina del Secretariado Unificado, fundado y “formado” por Moreno- subsiguientemente emprendió la guerrilla urbana y rural, saludando a “nuestro comandante principal, el Che Guevara” y recibiendo con alegría “las contribuciones que Trotsky, Kim Il Sung, Mao Tse-tun, Ho Chi Minh y el General Giap han hecho para la revolución” (Roberto Santucho, citado en el Intercontinental Press del 27 de noviembre de 1972), no se debe buscar la causa en la resolución sobre América Latina del “noveno congreso mundial”. Hansen y Moreno comparten la responsabilidad igualmente con Mandel, salvo que se muestran un poco más “cuidadosos” en la aplicación de sus palabras.

¿Queréis investigar los orígenes del guerrillerismo pequeñoburgués en el Secretariado Unificado? Entonces tenéis que rechazar el documento de fundación del Secretariado Unificado, “Hacia la pronta reunificación del movimiento trotskista mundial” (escrito por la mayoría del SWP en marzo de 1963), donde se declaró que “la guerra de guerrillas conducida por los campesinos sin tierra y las fuerzas semiproletarias, bajo una dirección que llega a comprometerse a conducir la revolución hasta su conclusión, puede jugar un rol decisivo en la destrucción de los soportes y la precipitación de la caída de un poder colonial y semicolonial.” La Tendencia Revolucionaria del SWP, el precursor de la Spartacist League/U.S., replicó: “… la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeñoburguesa no puede llevar más allá de un régimen burocrático antiobrero…. La revolución puede tener un signo inequívocamente progresista sólo bajo una tal [marxista] dirección del proletariado revolucionario” (“Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional”, junio de 1963). ¡La oposición de Hansen al guerrillerismo es falsa!

No una Internacional sino un pacto de no-agresión

La fundación misma del Secretariado Unificado se basó en el rechazo de la teoría de la revolución permanente y del papel indispensable de la dirección de la clase obrera bajo su partido trotskista de vanguardia. Los patriarcas del antiguo Secretariado Internacional (Ernest Mandel, Livio Maitan, Pierre Frank) simplemente continuaron el liquidacionismo pablista que habían sostenido desde el comienzo de la década del 50. Del “entrismo profundo” de Pablo en los partidos estalinistas a los aplausos del SU para Castro, estos capituladores profesionales han disculpado a un dirigente vendido tras otro.

En los años 50, el SWP se opuso al programa pablista de liquidarse en los partidos reformistas, aunque fuese después de bastante vacilación. Pero después de los estragos del macartismo contra la izquierda norteamericana, el partido sucumbió ante las presiones del aislamiento. Cuando llegó la revolución cubana, Hansen declaró que el nuevo régimen era un estado obrero sano (¡“aunque faltando las formas de la democracia obrera”!), esperando de tal manera envolverse en su popularidad. Sólo la Tendencia Revolucionaria sostuvo que Cuba era un estado obrero cualitativamente deformado, que se necesitaba un partido trotskista independiente para dirigir una revolución política derrocando a la burocracia estalinista y estableciendo el domino de la democracia proletaria basada en órganos soviéticos.

La crisis dentro del Secretariado Unificado, que ya sobrepasa seis años de duración, es un resultado directo de su política pablista. No solamente no había una “vuelta” en el noveno congreso (salvo al pretender aplicar lo que antes fue un guerrillerismo exclusivamente verbal); si es que los “marxistas inconscientes” (referencia a Castro por el “ortodoxo” Joe Hansen) pueden reemplazar a los trotskistas, y si los “instrumentos embotados” (bandas guerrilleras campesinas) pueden llevar a cabo las tareas del partido leninista, ¿entonces por qué no deben incluirse dentro de la misma “Internacional” todo tipo de elementos socialdemócratas, semimaoistas y guevaristas?

Tal bloque podrido, un conglomerado federado de fuerzas extremadamente dispares, es orgánicamente incapaz de lograr la claridad marxista o la acción revolucionaria coherente, como ha sido ampliamente demostrado por el SU. Por ejemplo, ¿cuál es la posición del Secretariado “Unificado” sobre Chile? El SWP dice que la Unidad Popular allendista fue un frente popular, pero la TMI y el PST lo niegan. ¿Indochina? La TMI considera que los estalinistas vietnamitas son revolucionarios que acaban de lograr “la primera revolución permanente victoriosa” desde la de Cuba, mientras el SWP se negó a tomar partido en la guerra de clases en Indochina, ¡y actualmente sostiene que Vietnam del Sur sigue siendo capitalista!

¿Cuál es su apreciación del Movimiento de las Fuerzas Armadas portugués, de la Unión de la Izquierda francesa, de la “Revolución Cultural” china, de la guerra de guerrillas, del terrorismo individual? No hay posición común del SU sobre ninguna de estas cuestiones vitales; es más, consecuente con su concepción menchevique del centralismo democrático, posiciones contrarias son publicadas en la prensa de las secciones respectivas. No sorprende, entonces, que en todas partes donde existe un número significativo de partidarios de la FLT y de la TMI en el mismo país, han ocurrido escisiones y/o surgieron organizaciones distintas (Argentina, Australia, Canadá, España, México, Perú, Portugal y los Estados Unidos).

En el momento de la fundación del SU en 1963, su carácter sin principios de pacto de no-agresión fue demostrado cuando se ocultaron importantes diferencias sobre la escisión de 1953, China y otras cuestiones. Otro elemento de esta falsa “reunificación” fue un acuerdo tácito de los componentes de no denunciar sus respectivas traiciones para mantener la “unidad”. En una reciente polémica fraccional pública contra la mayoría del SU, el PST señaló bien este punto. ¿Por qué, dice, es que Mandel ataca al PST por emitir declaraciones conjuntas con políticos burgueses mientras guarda silencio sobre la coalición “antiguerra” del SWP con prominentes liberales del Partido Demócrata?

“Queremos recordarles [a la dirección de la TMI] que en los momentos álgidos del movimiento contra la guerra en los Estados Unidos, varias figuras pequeñoburguesas y aún burguesas buscaban compartir la plataforma en las manifestaciones gigantescas que ocurrieran en ese entonces. Los trotskistas en los Estados Unidos no se opusieron a esto. En realidad lo favorecieron.

“¡Pero como gritaban los ultraizquierdistas! Ellos consideraran esto como prueba positiva de que el Socialist Workers Party había formado un ‘bloque político interclasista’ con el ala liberal del Partido Demócrata, practicando así la ‘política’ socialdemócrata de colaboración de clases. Esta es una de las ‘pruebas’ principales, que todavía lanzan contra el SWP los ultraizquierdistas en los Estados Unidos (y en otras partes) para sostener la acusación de que el SWP ha ‘degenerado’, que se ha vuelto ‘reformista’, y que ha ‘traicionado’ la clase obrera.”

Intercontinental Press, 20 de enero de 1975

Claro que los “ultraizquierdistas” que han denunciado la colaboración de clases del SWP en las coaliciones contra la guerra fueron la Spartacist League; y los dirigentes del PST captan un punto importante al demostrar la inconsecuencia de la TMI. Pero Mandel entiende bien que acusar al SWP de colaboración de clases en su trabajo principal de media década, implica escindir irrevocablemente el SU y destruir sus pretensiones de ser la Cuarta Internacional.

Colaboración de clases y el movimiento contra la guerra

La política del Socialist Workers Party en el movimiento contra la guerra durante los últimos años de la década del 60 es, de hecho, un ejemplo clásico de su política reformista. La construcción de coaliciones sobre un solo punto (“single-issue”) contra la guerra en Vietnam dominó la actividad del SWP de 1965 a 1971 y reclutó la mayoría de sus miembros actuales. Fue en esta escuela de colaboración de clases que ellos fueron formados, y os podemos asegurar que aún entre los reformistas maoístas y los estalinistas pro-Moscú el SWP era notorio como el elemento “socialista” más derechista del movimiento contra la guerra. Los maoístas llamaron por la victoria del FLN (Frente de Liberación Nacional sudvietnamita), por lo menos hasta los acuerdos de “paz” en 1973, pero el SWP se negó consecuentemente a apoyar un lado en la guerra de clases en Indochina, alegando que la cuestión era solamente la de auto-determinación. El mismo Partido Comunista (PC) de los EE.UU. pudo aparecer a la izquierda del SWP al tratar de construir coaliciones sobre varios puntos, de las cuales la más notable fue la “Coalición Popular por la Paz y la Justicia” [PCPJ). El SWP atacaba al PCPJ por un supuesto “sectarismo” porque, dijo, podría asustar a potenciales adversarios de la guerra que no estaban de acuerdo sobre otros puntos.

La ausencia de la “estrategia” del SWP contra la guerra se expresó en un artículo del Militant (22 de noviembre de 1965) que reclamó “evitar diferencias sectarias para unificar y ayudar en la construcción de una organización nacional que podría englobar a cualquiera que esté dispuesto a oponerse a la injerencia de los EE.UU. en Vietnam, no importa su compromiso, o falta de esto, sobre otras cuestiones.” Lo que buscaban Hansen y Cía. era una organización con grupos burgueses y políticos capitalistas liberales que se pronunciaban contra la guerra aunque -y esto no sorprende- les “faltaba compromiso” para librar una lucha de la clase obrera en contra de la guerra.

Esta política no se limitó a lo escrito, como apetito oportunista sin realización. Ya en el otoño de 1965 el SWP funcionó como corredor para consolidar el “Fifth Avenue Peace Parade Committee” bajo la sola reivindicación “¡Alto a la guerra ya!” y una llamada por la retirada de “todas la tropas extranjeras” de Vietnam del Sur. Esto no solamente aprobaba la posición del gobierno norteamericano condenando “la agresión norvietnamita”, sino que también evitó la obligación fundamental de la solidaridad proletaria, es decir reclamar la victoria de la revolución vietnamita.

Una formación similar de colaboración de clases era la “National Peace Action Coalition” (NPAC) organizada por el SWP a fines de la década del 60. Lejos de ser un bloque “ad hoc” para organizar una manifestación, la NPAC era una organización estructurada con una línea política distinta y una junta directiva que incluía al senador del Partido Demócrata, Vance Hartke. Pero aún antes de la participación de Hartke, el carácter frentepopulista de la NPAC fue demostrado por su negativa a reivindicar más que la sola consigna “¡Fuera ya!” y su estrategia de centrar las manifestaciones sobre la participación de políticos burgueses (Hartke, el alcalde John Lindsay de Nueva York, los senadores George McGovern y Eugene McCarthy, etc.). No fue accidental que cada año en qué hubo elecciones parlamentarias y presidenciales (1966, 1968, 1970, 1972), cuando los liberales del Partido Demócrata desarrollaron sus candidaturas, el movimiento “independiente” de masas contra la guerra simplemente desapareció. La negativa del SWP a reivindicar la solidaridad con la revolución indochina aseguró que la NPAC se desharía en el momento en que la retirada de las tropas norteamericanas comenzase a gran escala.

En contraste, la Spartacist League luchó contra la guerra imperialista de los EE.UU. sobre una base de clase. Nuestras consignas incluyeron “Ningún orador burgués en las manifestaciones contra la guerra”, “Huelgas laborales políticas contra la guerra”, “Romper con los Demócratas y los Republicanos-Formar un partido obrero”, “Aplastemos el imperialismo-Ninguna confianza en los ‘líderes’ traidores, aquí y en el extranjero”. Una reivindicación que sin falta llenó de ira al servicio de orden del SWP en las manifestaciones fue “Toda Indochina debe ser comunista.”

Nuestra política fue completamente consecuente con el programa leninista, es decir que no se puede luchar contra la guerra imperialista sino con la lucha de clases revolucionaria. Comentando la conferencia de Zimmerwald, Lenin se refirió a “la idea fundamental de nuestra revolución, que la lucha por la paz sin una lucha revolucionaria no es nada más que ‘una frase vacía y falsa, que la única manera de poner un fin a los horrores de la guerra es a través de una lucha revolucionaria por el socialismo” (“El primer paso”, octubre de 1915). Pero se buscará en vano en los extensos artículos del SWP sobre la guerra de Vietnam y en las numerosas manifestaciones y reuniones de NPAC para encontrar la más mínima referencia a la lucha revolucionaria de clases.

Existe aquí un paralelo importante con las coaliciones contra la guerra animadas por el PC de los EE.UU. en los años 30. En un folleto publicado por el SWP, “El frente popular: La nueva traición”, James Burnham escribió en 1937:

“Lo que es más importante es la aplicación de la política del frente popular al ‘trabajo contra la guerra’, A través de un sinnúmero de organizaciones Pacifistas, y especialmente a través de la ‘Liga Norteamericana Contra la Guerra y el Fascismo’ que controlan directamente, los estalinistas aspiran crear ‘un frente popular amplio, sin distinción de clases de todos los que se oponen a la guerra’. El carácter colaboracionista de clases de la política del frente popular se revela notablemente en la actitud estalinista dentro de estas organizaciones. Ellos excluyen desde el principio al análisis marxista de que la guerra es un resultado necesario de los conflictos internos del capitalismo, y que por lo tanto, sólo puede ser verdaderamente combatida por la lucha revolucionaria de clases contra el orden capitalista: al contrario, ellos mantienen que todos, de cualquier grupo o clase social, sean o no sean adversarios del capitalismo, pueden ‘unirse’ para evitar la guerra.”

Esta es una descripción cabal de la acción del SWP dentro de la NPAC.

La expresión más dramática del carácter frentepopulista de la NPAC ocurrió en su conferencia de 1971 en Nueva York. Asistieron a la reunión el senador Hartke y Victor Reuther, uno de los vicepresidentes del United Auto Workers (sindicato de los obreros del auto) que participó en “la transferencia de dineros de la CIA a dirigentes sindicales anticomunistas en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Una moción de la Spartacist League demandó que políticos burgueses como Hartke fueran excluidos de la conferencia; el presidente de la reunión, militante del SWP, rehusó permitir la votación sobre esta resolución. Más tarde, cuando Hartke y Reuther tomaron la palabra, fueron molestados verbalmente por los adherentes de la Spartacist League y del grupo Progressive Labor (PL). El SWP respondió movilizando al servicio de orden para atacar a los que protestaban, hiriendo a varios viciosamente. Al día siguiente los adherentes de la SL y de PI fueron excluidos de la conferencia (véase “SWP concretiza su alianza con la burguesía”, Workers Action no. 10. septiembre de 1971). ¡Unión con los patronos, exclusión de los comunistas! — esa fue la política “independiente” del SWP contra la guerra.

Estos falsos trotskistas reclamaron y formaron organizaciones para englobar “a cualquiera que esté dispuesto a oponerse a la injerencia de los EE.UU. en Vietnam, no importa su compromiso… en otras cuestiones.” Nosotros os preguntamos: ¿cómo clasifica la LCE a una organización compuesta de todos, no importa su pertenencia de clase, los que se oponen a la dictadura franquista? Y qué diría de los que animan tal coalición? Vuestra respuesta en España es clara: calificáis a la Asamblea de Cataluña un frente popular (o el embrión de un frente popular) y condenáis la colaboración de clases de los estalinistas que la construyen. ¿Qué decís sobre los EE.UU.?

¿Tropas federales o defensa laboral/negra?

Podríamos discutir extensamente la práctica antimarxista del SWP en cada área de su trabajo: su sectoralismo (partidos distintos para los negros, los chicanos: sus llamadas a la “autodeterminación” para todos, entre ellos los indios norteamericanos, los homosexuales, las mujeres, etc.); su apoyo a la burocracia laboral contra los militantes de base “perturbadores”; sus bloques con feministas burguesas en el movimiento para la liberación de las mujeres (y consecuentemente su negativa a reivindicar el aborto gratis); el apoyo abierto a rompehuelgas (la huelga de maestros de 1968 en Nueva York): sus reivindicaciones de “control comunal” (¡incluso de la policía!); su cretinismo electoral sin límites, etc.

Durante los últimos meses el SWP ha declarado cada vez más abiertamente sus ambiciones socialdemocráticas. En diciembre de 1974, para convencer a un juez liberal que no era necesaria una vigilancia del FBI sobre su grupo juvenil, la YSA, una declaración oficial del SWP al tribunal renunció categóricamente a “la violencia o cualquier actividad ilegal”. Poco después, el SWP lanzó su “campaña presidencial 1976” con un “Bill of Rights del pueblo trabajador”, ¡un truco reformista que equivale a reivindicar la extinción del capitalismo a través de enmiendas constitucionales!

Más tarde en una entrevista con el New York Times (21 de abril de 1975) el candidato presidencial del SWP, Peter Camejo, reclamó “reducir el presupuesto de guerra” (es decir, no eliminarlo), “terminar las actividades ilegales de la CIA y el hostigamiento por el FBI” (es decir, no tocar las actividades legales de estas policías anticomunistas especiales) y “oposición a la política exterior actual, que caracterizamos como imperialista”, propagando de este modo la ilusión reformista de que el imperialismo podría ser eliminado al elegir hombres de estado “pro paz”! Ni una sola de las cinco consignas mencionadas por Camejo incluye algo que no haya sido planteado por congresistas liberales de la izquierda del Partido Demócrata.

Pero en el último año, la lucha entre el programa marxista de la independencia de clase y el colaboracionismo de clases ha culminado en una cuestión muy específica: la llamada del SWP por “tropas federales a Boston”. Durante el curso de una movilización reaccionaria contra la integración racial por medio del transporte escolar (“busing”) decretado por los jueces, han ocurrido una serie de ataques viciosos de canallas racistas contra los escolares y los habitantes negros de los barrios de viviendas estatales en Boston. Y como reformista que es, ¡el SWP apela a las fuerzas armadas del estado capitalista -los verdugos de Indochina- para proteger a los negros!

Los revolucionarios debemos aconsejar a las masas trabajadoras que no confíen en el estado capitalista, demostrando que el estado defiende los intereses de la clase dominante capitalista y no los intereses de los explotados y los oprimidos. Es perfectamente correcto reivindicar la aplicación de una ley a favor dejos derechos democráticos (y es un hecho que la Spartacist League fue entre los primeros en llamar por la implementación del plan de “busing” decidido por los tribunales federales); pero pedir la intervención de las tropas federales expresa confianza en que éstos defenderían los intereses de los negros oprimidos. Al contrario de lo que dice el SWP, los marxistas debemos advertir a las masas trabajadoras que no pueden contar sino con sus propias fuerzas, y advertimos que si las tropas federales intervienen en Boston, será para aplastar todo intento de autodefensa de la población negra.

En Boston la Spartacist League reclamó la formación de destacamentos de defensa integrados por obreros blancos y negros (“una defensa laboral/negra”), para las escuelas, los escolares y las comunidades negras puestas en peligro por los merodeadores racistas. Esta política leninista llegó a la atención internacional con fotografías aparecidas en varios periódicos burgueses de nuestras pancartas y banderolas en las manifestaciones de Boston. También ha atraído el apoyo de varios militantes negros. El SWP respondió denunciando nuestra llamada por una defensa laboral/negra, alegando que era “ultraizquierdista”. “La reivindicación de destacamentos de defensa sindical no es realista en este momento,” dice Camejo en el Militant (1 de noviembre de 1974), “… esa consigna de destacamentos de defensa sindical es sacada del aire. No es una propuesta seria.”

Para sus lectores en el extranjero, Hansen ha embellecido la política del SWP durante la crisis de “busing” en Boston. En un largo artículo en Intercontinental Press (25 de noviembre de 1974) incluso clasificaba como “posición recomendable” la reivindicación de la SL por una defensa laboral/negra. Esto es solamente una pantalla para los que no están informados. El SWP nunca propugnó una tal consigna en Boston (o en cualquier otro lugar) durante el año pasado. Al contrario, durante la manifestación del 14 de diciembre de 1974 en Boston cuando los manifestantes de la SL gritaban “¡No a las tropas federales-Defensa laboral/negra!” el SWP, tratando de sofocar nuestras consignas, contestó con “¡Tropas federales a Boston!”

Una división aguda se presenta sobre la cuestión de tropas federales a Boston: los reformistas -el SWP y el PC- junto con los políticos negros del Partido Demócrata y el alcalde liberal Demócrata de Boston, reivindican la intervención de las fuerzas militares del estado capitalista; la Spartacist League exige la acción independiente de la clase obrera, es decir una defensa laboral/negra. Es la obligación internacionalista de todas las fuerzas que se autodenominan revolucionarias expresarse sobre esta cuestión. Hasta ahora, ni una sola sección nacional del Secretariado Unificado se ha opuesto públicamente al revisionismo abierto del SWP sobre la cuestión central del carácter de clase del estado y la actitud de los revolucionarios frente al estado burgués. ¿Cuál es la posición de la LCE?

Trotsky, al menos, avanzó una política revolucionaria. En “La guerra y la Cuarta Internacional” (1934) escribe:

“Dirigirse al estado, es decir al capital, reivindicando el desarme de los fascistas, significa sembrar las peores ilusiones democráticas, adormecer la vigilancia del proletariado, desmoralizar su voluntad…. Los socialdemócratas, aun los que estén más a la izquierda, es decir, aquellos que estén dispuestos a repetir las frases generales de la revolución y de la dictadura del proletariado, evitan cuidadosamente la cuestión del armamiento de los obreros, o declaran abiertamente que esta tarea es ‘quimérica’, ‘aventurista’, ‘romántica’, etc.”

Comentando esta cita, la Fracción Bolchevique-Leninista (cuyo cuadro principal fue expulsado hace poco del comité central de la Ligue Communiste Revolutionaire francesa) escribió: “‘Romántico’ dijeron los socialdemócratas de izquierda en 1933, ‘no realista’ Camejo nos dice; ¡los años pasan, pero el vocabulario de los socialdemócratas cambia poco!” (Spartacist [edición francesa] no. 9, 16 de mayo de 1975).

Enviamos junto a la presente artículos de nuestra prensa que tratan de la controversia sobre las tropas federales a Boston. Algunos de los más recientes tratan del carácter “realista” de la consigna de una defensa laboral/negra en forma concreta: informando de la formación de un comité de defensa para proteger la casa de un sindicalista negro contra ataques racistas. Esta acción, por el Local 6 del United Auto Workers (sindicato de los obreros del auto) en Chicago, resultó de una proposición del Labor Struggle Caucus de ese sindicato; además, el destacamento de defensa es encabezado por uno de los miembros de este Caucus. El Labor Struggle Caucus es una tendencia sindical de oposición con una política de lucha de clases, apoyada políticamente por la Spartacist League.

Frente unido: ¿Táctica o estrategia?

Hemos tratado de estudiar cuidadosamente la prensa de la Liga Comunista para formar un juicio ponderado de la política y la práctica de la LCE. Anotamos primero que vuestra prensa está muy centrada sobre la península ibérica, y en consecuencia desconocemos vuestros conceptos sobre varias cuestiones importantes (por ejemplo, Cuba, Irlanda, las guerras en el Cercano Oriente, el nacionalismo pequeñoburgués en varios países). Ya que no hemos logrado conseguir sino el primer tomo de las resoluciones de vuestro segundo congreso, apreciaríamos cualquier documentación adicional que haya disponible.

Gran parte de Combate y de los órganos provinciales de la LCE se dedica (con razón) al comentario de las luchas obreras y estudiantiles. Sobre la huelga general de 1973 en Pamplona; la serie de huelgas en el Bajo Llobregat en 1974 y otras huelgas importantes hemos tratado de comparar los informes publicados por la LCE, la LCR, la Organización Revolucionaria de los Trabajadores y los grupos maoístas en la medida en qué están a nuestro alcance. Aunque nos hemos formado algunas impresiones, varios asuntos importantes todavía no nos quedan aclarados, y de todas maneras siempre es arriesgado juzgar cuestiones tácticas de la lucha sindical desde el exterior. No obstante, queremos ofrecer algunos comentarios acerca de vuestro concepto de un “frente único estratégico” y, a un nivel muy general, la relación de esta palabra de orden con las tareas de los revolucionarios frente a las comisiones obreras.

En vuestra carta al comité central de la Ligue Communiste francesa (“En torno a las posiciones mantenidas por la Ligue Communiste en las elecciones legislativas de marzo de 1973”, junio de 1973, Boletín de Informaciones Internacionales no. 5, enero de 1974), la LCE:

“Exigía oponer a la línea estratégica de frente único con la burguesía de las direcciones traidoras, concretizada en aquel momento en una U.I. [Unión de Izquierda] incapaz incluso de combatir eficazmente a Pompidou, la estrategia revolucionaria del Frente Único de Clase, capaz de polarizar en torno al proletariado a las masas oprimidas de la ciudad y del campo,”

La misma idea se repite en otros documentos de la Liga Comunista en formas diferentes, refiriéndose generalmente a un “pacto de clase” como alternativa “opuesto en todos los niveles” al frente popular.

Como conocéis, el concepto de una “estrategia de frente único” ha sido lanzado por la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa para justificar su política seguidista tras la actual dirección reformista de la clase. La aplicación más asquerosa de esta línea de capitulación fue la consigna de la OCI de votar por Mitterrand, candidato único de la Unión de la Izquierda frentepopulista en las elecciones presidenciales del año pasado, No queremos hacer un amalgama igualando la política de la LCE con la de Lambert, y sabemos que vosotros habéis criticado dicha política como “una elevación de los métodos tácticos de F.U…. a un principio estratégico” (“La crisis de la LCR y la escisión En Marcha”, Boletín de Informaciones Internacionales, no. 5, enero de 1974).

Sin embargo, la línea de una “estrategia del frente único de clase” lleva en última instancia justamente a la conclusión sacada por la OCI. La alternativa global a la política de colaboración de clases de los reformistas no es un frente único que incluye todas las organizaciones que pretenden representar la clase obrera, ni tampoco un “pacto de clase” mítico, sino al contrario el programa marxista del partido leninista de vanguardia. Exigir que los estalinistas y los socialdemócratas rompan una coalición electoral con los partidos burgueses, exigir qué los reformistas luchen por reivindicaciones particulares que están en el interés de la clase, es tan necesario como consecuente con los principios revolucionarios; estas tácticas nos permiten demostrar gráficamente y en la práctica frente a las masas la realidad de que los dirigentes vendidos son enemigos de la revolución proletaria. Pero dar a entender que los agentes de la burguesía dentro del movimiento obrero son capaces de realizar por entero el programa revolucionario de los trotskistas significa confundir a las masas, camuflar el programa contrarrevolucionario de los reformistas y la necesidad absoluta de un partido trotskista independiente.

Somos conscientes de que la LCE denuncia las traiciones de los estalinistas y pone énfasis en la necesidad de un partido trotskista. (La OCI también hace esto de vez en cuando.) Pero si, como decís, el frente único resume todo el programa de la independencia de la clase obrera frente a la burguesía (en vez de ser una expresión de esto, en condiciones particulares); y si es que los estalinistas son capaces de realizar este frente único — entonces, por supuesto, ellos, cesan de ser reformistas dedicados a mantener el poder capitalista. Esto se da a entender definitivamente en vuestra “resolución estratégica” del segundo congreso de la LCE (“Hacia la república socialista — Por el partido de la IV Internacional”) donde lo siguiente se ofrece como respuesta imaginada a las acusaciones de los “aparatos” según las cuales el frente único es simplemente una maniobra:

“Si os pronunciaseis por el frente único y combatieseis consecuentemente en esa dirección, la clase obrera vería extraordinariamente facilitado su camino, cerraría filas en torno a sus organizaciones y multiplicaría el ímpetu de sus acometidas contra los capitalistas y su régimen. Entonces dejaríamos de juzgarlos según los hechos que se desprenden de vuestro terrible pasado y presente de traiciones. Nos atendríamos a los hechos nuevos.”

Compañeros, cuando Trotsky dijo que bajo circunstancias especiales los reformistas pueden ser forzados a ir más lejos de lo que desean, ¡nunca propuso que ellos podrían adoptar la totalidad del programa revolucionario! Era Pablo quien dijo eso, consecuente con su “análisis” revisionista: no luchaba más para crear partidos trotskistas, sino que presionaba por reformar los partidos estalinistas. No creemos que esto represente la política de la Liga Comunista, pero es la conclusión lógica de vuestro concepto de una “estrategia del frente único de clase”.

Para comentarios adicionales sobre el concepto de la “estrategia de frente único”, ver el apartado que trata del frente único en nuestra carta a la OCI y su “Comité de Organización” (Spartacist [edición francesa] no. 4, octubre de 1974).

Esto va más allá de una mera cuestión terminológica. El voto por los partidos obreros de un frente popular (reivindicado por la OCI) se deriva de la concepción del “frente único estratégico.” La tendencia espartaquista, al contrario, se niega a apoyar electoralmente a cualquier partido de un frente popular; en cambio, llamamos por una oposición condicional a los partidos obreros de un frente popular, exigiendo que rompan con sus confederados burgueses como condición previa para un apoyo electoral. La lógica de nuestra posición es bien clara: el principio fundamental de la política marxista es el de la independencia del proletariado frente al enemigo de clase; si un partido obrero, incluso un partido reformista tan podrido como el Partido Laboral británico, presenta independientemente sus propios candidatos, podemos aconsejar a los obreros que voten por este partido como un intento elemental de trazar la línea de clase. ¡Pero si un partido obrero forma parte de un frente popular, llamar a los obreros a votar por este partido es reivindicar la instalación de una formación política burguesa en el gobierno!

La LCE también propugnó el votar por los partidos obreros del frente popular en el segundo turno de las elecciones parlamentarias francesas de 1973. Argumentáis que la abstención es una política pasiva. Si se trata de abstenerse como cuestión de principios, tenéis razón; pero la tendencia espartaquista no aboga por tal concepto. En las elecciones francesas de 1973 propugnamos el votar por los candidatos de la OCI y de Lutte Ouvriere que, al negarse a votar por los Radicales de Izquierda, presentaban, de una manera distorsionada y muy parcial, una oposición de clase al frente popular. También exigíamos del PC y del PS que rompieran con los Radicales de Izquierda, diciendo que cualquier apoyo electoral a sus candidatos dependería de una ruptura con el partido burgués.

Nos interesaría co.no.cer vuestra posición en las elecciones francesas de 1974 cuando Mitterrand fue el candidato único del frente popular. Si llamáis a un voto por Mitterrand, no se puede pretender que se rechaza votar por una parte del frente; vuestro consejo concreto a los obreros seria el mismo que el de los dirigentes de la Unión de la Izquierda. También nos interesa saber cuál era vuestra posición sobre las elecciones portuguesas del 25 de abril de 1975. El Partido Revolucionario dos Trabalhadores portugués (PRT), que parece estar generalmente de acuerdo con los puntos de vista de la LCE, se negó a apoyar a cualquier partido que hubiera firmado el pacto con el Movimiento de la Fuerzas Armadas. No estamos de acuerdo con el apoyo electoral que dio el PRT a la Liga Comunista Internacionalista (LCI) -apoyo que, al menos públicamente, fue dado sin crítica alguna- porque desde nuestro punto de vista la línea política de la LCI es comparable a un “apoyo crítico” al “ala progresista” del MFA, en vez de una oposición intransigente de clase. Pero es correcta la posición del PRT de no votar por el PC, porque estaba formalmente comprometido en la colaboración de clases a través de su participación en el régimen bonapartista burgués dominado por el MFA. ¿Discrepáis de esta posición?

  

Comisiones obreras y la “Huelga General Revolucionaria”

Vuestras declaraciones sobre las comisiones obreras (CC.OO.) también nos parecen reflejar el concepto erróneo de una “estrategia de frente único.” Escribís que: “Es en Comisiones Obreras donde ciframos los trotskistas la base orgánica fundamental del Frente Único del proletariado militante” (La crisis de la LCR y la escisión ‘En Marcha”‘). En la “resolución estratégica” del II Congreso de la LCE agregáis: “El impulso de la acción generalizada de las masas, y la centralización de la voluntad de combate de amplísimas franjas militantes hacen cada día más necesario que las CC.OO. rompan con los obstáculos opuestos al desarrollo de su vocación de formas democráticas de frente único de la vanguardia amplia del proletariado.

¿Qué queréis decir con las frases “la base orgánica fundamental del Frente Único” y la “vocación de formas democráticas de frente único de la vanguardia amplia del proletariado”? Si se quiere decir que las comisiones obreras han agrupado a muchos de los militantes obreros más combativos, que es necesario luchar dentro de las CC.OO. para derrotar a los estalinistas y a otros reformistas que actualmente conducen a estos militantes por el camino de la colaboración de clases, que sería estúpido y peligrosamente sectario tratar a las CC.OO. como organizaciones opositoras al partido revolucionario identificando tácitamente la base con la dirección, entonces podemos estar de acuerdo. Pero evidentemente lo que deseáis indicar sobrepasa esto.

Discutir la “vocación” de una institución particular en la lucha de clases es metafísico. ¿Cuál es la “vocación’; de los sindicatos: defender los intereses de los obreros contra los patronos (imposible en esta época sin una dirección revolucionaria) o servir los intereses de los patronos (como es el caso casi universal)? Podéis decir que la política sindical actual, es decir la colaboración de clases, es una deformación del propósito básico del sindicalismo. Pero en ese caso Lenin se equivocó cuando insistió en que se necesitaba un partido de vanguardia independiente para llevar la clase obrera a la conciencia socialista, y que la conciencia tradeunionista es conciencia burguesa.

¿Y qué se puede decir de los soviets rusos desde febrero hasta septiembre de 1917: es que su “vocación” era de servir como estructura organizativa para la creación de un estado obrero? En ese caso Lenin se habría equivocado cuando retiró la consigna de “todo el poder a los soviets” durante la represión contrarrevolucionaria feroz desencadenada por Kerensky después de las jornadas de julio. ¿No deberían haberse limitado los bolcheviques a luchar por una mayoría dentro de los soviets, sometiéndose incondicionalmente a la disciplina de la mayoría soviética? No lo hicieron… y tuvieron razón.

La función de una institución particular en la lucha de clases es determinada por la constelación de fuerzas políticas de clase que deciden su política. Por ejemplo, los consejos obreros alemanes de 1918 estuvieron dominados por los socialdemócratas mayoritarios y ratificaron el establecimiento de una república parlamentaria burguesa. Podemos hablar del papel real desempeñado por tal o cual institución, o también de la capacidad que tiene un organismo particular para cumplir otras funciones.

Desde nuestro punto de vista el verdadero papel jugado por las CC.OO. españolas ha sido el de sindicatos ilegales. Cierto que de vez en cuando las CC.OO. han dirigido movilizaciones de masas que han sobrepasado los límites de una categoría gremial particular. Pero lo ha hecho también la federación minera boliviana, que durante muchos años mantuvo milicias obreras armadas. Además hacéis una distinción entre las comisiones obreras y los “comités elegidos y revocables en las asambleas.” Esto no es mero formalismo. En el momento actual, según nuestras informaciones, la mayoría de la CC.OO. no son elegidas, están dominadas por los dirigentes reformistas vendidos e incluso han expulsado a aquellos militantes que deseaban llevarla cabo una política de lucha de clases.

¿Cuáles son las capacidades de las comisiones obreras? Andrés Nin se equivocó al plantear que la confederación sindical encabezada por los anarquistas, la CNT, podría reemplazar a los soviets. No hizo caso del hecho de que aún estos sindicatos combativos estuvieron dominados por una burocracia y estaban estructurados de tal manera que demoraron o reprimieron la expresión directa de la voluntad de las masas. Las CC.OO., al contrario, son mucho más fluidas, incompletamente coordinadas y les faltan el peso oneroso de una burocracia masiva tal como surge en los sindicatos bajo condiciones de la legalidad burguesa. Por lo tanto es posible que la CC.OO. pudieran ser transformadas en consejos obreros democráticos durante el fervor de un levantamiento de masas. De manera similar, los consejos de “shop stewards” (delegados sindicales) habrían podido ser transformados en comités de fábrica durante el curso de la huelga general de 1926 en Gran Bretaña.

En los Estados U nidos hemos luchado contra tendencias anarcosindicalistas que ven en los sindicatos enemigos de los trabajadores, a causa de la política traicionera de sus dirigentes vendidos. En Gran Bretaña durante la huelga minera de 1973 exigimos una huelga general organizada por los consejos de “shop stewards”, y criticamos el carácter utópico de la llamada del International Marxist Group por “consejos de acción” careciendo de cualquier relación con el actual movimiento obrero organizado. Un partido no puede simplemente romper la disciplina de acción sindical cada vez qué está en desacuerdo con la política escogida; antes de la erupción de levantamientos obreros de masas, el partido necesariamente tendrá que enfocar sus esfuerzos sobre la lucha por la dirección de estas instituciones. Pero no nos sometemos incondicionalmente a la disciplina de cualquier institución fuera del partido porque su “vocación” servirá como “la base orgánica del frente único”. Tenemos que estar dispuestos a romper un frente unido para llevar adelante la lucha una vez que los reformistas empiecen a traicionar.

La “Huelga General Revolucionaria”

La Liga Comunista se refiere con frecuencia a la “Huelga  General Revolucionaria para derrocar la dictadura franquista”. Evidentemente queréis contrastar la “HGR” con la consigna del PC por una “huelga nacional”; que ellos consideran como un acto de reconciliación nacional. De manera similar, el “pacto de clase” propuesto por la LCE intenta evidentemente contrastar con el “pacto por la libertad” del PC. Por supuesto, es necesario formular nuestras consignas de la manera que más eficazmente contraponga el programa de independencia de la clase a la política reformista de colaboración de clases. Pero hay que cuidarse de no simplificar de tal manera que se distorsioné el contenido fundamental.

Por un lado, la consigna de la huelga general revolucionaria parece ser excesivamente específica en cuanto a la forma de un levantamiento revolucionario contra el régimen franquista. El levantamiento de 1934 en Asturias, por ejemplo, inmediatamente tomó el carácter de una insurrección. Bajo este aspecto, la consigna de la “HGR” tiene más o menos la naturaleza de un “mito social” a lo Sorel. La consigna anarcosindicalista durante la Primera Guerra Mundial de una huelga general contra la guerra fue otro ejemplo similar. (Por supuesto, es muy posible que sea una huelga general la que derribe la dictadura bonapartista.)

Pero, aún más fundamentalmente, no estamos seguros del sentido que tiene para vosotros la consigna del gobierno obrero y su relación a la huelga general. Por un lado, vuestra “resolución estratégica” se refiere a “la fórmula de un gobierno de los trabajadores basado en los órganos de la huelga general”. Consideramos esto un eslogan correcto en caso de una huelga general; claramente la tarea de los revolucionarios sería no solamente formar un comité central de huelga pero también darle carácter soviético, transformándolo en órgano de una dualidad del poder y luchando por imponer el dominio de un gobierno basado sobre la expresión democrática de este órgano unitario representativo del movimiento obrero independiente. Tal fórmula contrasta drásticamente con la consigna reciente de la Liga Comunista Internacional portuguesa por “la imposición de un gobierno obrero dentro del sistema de un estado capitalista”.

Por otro lado, escribís de la LCR que: “Resulta cada vez más difícil ver en sus escritos si realmente distinguen el derrocamiento de la dictadura del derrocamiento del capitalismo. El rechazo de la conquista de una verdadera Asamblea constituyente, así como el uso ideológico del control obrero, educan a los militantes en la ilusión de que la extensión de comités democráticos, más aún, incluso el surgimiento de soviets, significan que las posiciones revolucionarias han derrotado ya la influencia de las alternativas reformistas. La consigna transitoria del Gobierno de los trabajadores se confunde cada vez más, entonces, con la dictadura del proletariado” (“La crisis en la LCR…”).

No tenemos una documentación extensiva de los escritos de la LCR a los que se refiere. Claro está que nos oponemos al abandono de la consigna de una asamblea constituyente en el contexto español (en Portugal, durante el año después del derrocamiento de Caetano reivindicamos con frecuencia una asamblea constituyente democráticamente elegida). Pero no concebimos la consigna de una asamblea constituyente como representante de una etapa intermedia de la revolución; en una situación prerrevolucionaria debemos exigir simultáneamente a la formación de un órgano unitario de tipo soviético, representativo de todos los obreros organizados. Lanzamos la consigna de un gobierno obrero dándole el contenido de la dictadura del proletariado.

Es posible que un gobierno obrero surja en una situación de dualidad de poderes que sería transicional en el sentido de no haber todavía impuesto un solo poder estatal proletario. Pero prevenimos enfáticamente contra todo intento de cambiar el significado de la consigna del gobierno obrero en una llamada a los partidos obreros de administrar el estado capitalista (como lo hacen tanto la mayoría como la minoría del SU) bajo el pretexto de ser una aplicación táctica de una consigna algebraica. Particularmente en una situación de huelga general, la tarea del gobierno obrero debe ser la supresión del aparato estatal capitalista. Todo intento de apoderarse de éste (como ocurrió en Alemania en noviembre de 1918, cuando el gobierno del SPD-USPD ocupó el estado burgués con el “apoyo” de los consejos obreros dominados por los reformistas), significará la supresión sangrienta de los obreros en las calles. Aunque en los hechos sí puede ocurrir una separación de tiempo entre el derrocamiento de la dictadura franquista y el derrocamiento del capitalismo, los comunistas siempre debemos avanzar la consigna del derrocamiento del capitalismo en vez de un concepto etapista (primero el derrocamiento de la dictadura franquista a través de una huelga general, después una lucha contra el poder capitalista).

“El control democrático del ejército”

En cuanto a esto, nos parece ser peligrosamente equívoca la consigna, aparecida en varias publicaciones de la LCE, del “control democrático del ejército” como tarea de un gobierno obrero. En algunos casos habéis formulado esto como “el control democrático por los comités de soldados”, pero en ambos casos se desprende una tendencia a identificar la actividad del aparato estatal con la producción industrial en las fábricas. Mas no reivindicamos el control obrero del aparato estatal burgués, ni mucho menos el control democrático; al contrario, nuestra tarea es aplastarlo. Igualmente, la tarea de los comités de soldados es destruir, no controlar, el ejército burgués.

Durante la guerra civil en España, Trotsky criticó de forma tajante este punto de vista peligroso en una polémica contra “los trece puntos para la victoria” del POUM:

“El cuarto punto proclama: ‘Por la creación de un ejército controlado por la clase obrera.’ El ejército es un arma dela clase dominante y no puede ser ninguna otra cosa. El ejército es controlado por quienes lo mandan, es decir por los que tienen el poder estatal. El proletariado no puede controlar un ejército creado por la burguesía y sus lacayos reformistas. El partido revolucionario puede y debe construir sus células en tal ejército, preparando para que los sectores avanzados del ejército pasen al lado de los obreros.”

— “¿Es posible la victoria?” abril de 1937

Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional

Hemos tratado de presentar brevemente nuestra política sobre temas donde nos parece que existen áreas de mayores desacuerdos entre la tendencia espartaquista internacional y la Liga Comunista de España. Naturalmente no podemos abarcar todas las cuestiones claves de la revolución en una sola carta. Para obtener una presentación más completa de nuestro concepto sobre asuntos fundamentales para el movimiento obrero, os referimos a los documentos reunidos en Cuadernos Marxistas no. 1. También solicitamos una respuesta a la presente.

Al luchar por el renacimiento de la Cuarta Internacional, la tendencia espartaquista internacional no sólo rechaza las pretensiones fraudulentas de los varios hipócritas que hoy día pretenden ser la Cuarta Internacional. Contraponemos una concepción fundamentalmente diferente de cómo construir el partido mundial de la revolución socialista, contrastando con el “Comité Internacional” de Healy, cuya seudodialéctica sólo sirve para disfrazar una línea política que cambia constantemente y cuyo único principio es la sumisión incondicional al principio del Führer; también con el “Comité de Organización” de la OCI, cuya base programática se restringe al aceptar en abstracto el Programa de Transición y al declararse de acuerdo con que el “Comité de Organización” sea portador de “La Continuidad”; y especialmente con el Secretariado “Unificado”, que parece tener como único criterio de afiliación la afirmación del mito de que el SU es la Cuarta Internacional.

Es porque luchamos por cristalizar una tendencia internacional auténticamente trotskista, políticamente homogénea y democráticamente centralizada, que Mandel acusa a la tendencia espartaquista de tratar de construir una Internacional “monolítica” (como lo dijo en Australia, el septiembre pasado). Alain Krivine nos acusa de igualar el centralismo democrático con “cascos y palos” (durante un discurso en Toronto en julio de 1974). Señalamos, no obstante, que los Mandel, Hansen y Krivine han expulsado repetidamente a los oposicionistas de izquierda quienes han librado un lucha de principios, mientras el SU oculta las traiciones de sus socios fraccionales (el caso de Bala Tampoe, por ejemplo). Desde luego, nuestra tendencia no es “monolítica” — pero si se forja sobre una base de principios y de la congruencia programática.

El pantano del “Secretariado Unificado” no puede ser reformado. Desde el principio su programa se ha basado en el revisionismo pablista, comprometido a correr tras un sinnúmero de dirigentes pequeñoburgueses. Mientras este bloque putrefacto se descompone a un ritmo acelerado en alas que quieren, sea capitular ante la juventud guevarista o hacerse la corriente central socialdemócrata de su país, la tarea de los trotskistas consecuentes no es buscar la unidad de todos los que están opuestos a las tendencias dominantes del SU. La bancarrota que representa este enfoque fue demostrada gráficamente por la malograda “Tercer Tendencia” que no pudo convenirse en un documento común sino hasta pocos días antes del “Décimo Congreso Mundial”, y que inmediatamente después se descompuso. Al contrario, sólo la lucha por construir una tendencia internacional auténticamente trotskista basada sobre un verdadero acuerdo político puede reforjar la Cuarta Internacional.

Día Internacional de la Mujer — Fiesta proletaria

[Este artículo apareció originalmente en la edición por el Día Internacional de la Mujer de Woman and Revolution (No. 8, primavera de 1975), revista de la Comisión para el Trabajo entre las Mujeres del Comité Central de la Spartacist League/EE.UU. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 16.]

Las feministas burguesas pueden celebrarlo, pero el 8 de marzo -Día Internacional de la Mujer- es una fiesta obrera. Se origina en 1908, en el Lower East Side de Manhattan, Nueva York, en una marcha de obreras textiles bajo las consignas: “por la jornada de ocho horas”, “alto al trabajo infantil”, e “igualdad de voto para la mujer” y fue oficialmente adoptado por la Segunda Internacional en 1911.

El Día Internacional de la Mujer fue celebrado por primera vez en Rusia en 1913, cuando fue ampliamente promovido desde las páginas del periódico bolchevique Pravda y mediante discursos en numerosos círculos y sociedades controlados por organizaciones bolcheviques, que presentaban el análisis marxista de la opresión de la mujer y el programa para su emancipación.

Al año siguiente, los Bolcheviques no sólo promovieron el Día Internacional de la Mujer en las páginas de Pravda (publicada en ese entonces bajo el nombre Put Pravdy), sino que prepararon la publicación de una revista especial sobre las cuestiones de la liberación de la mujer en Rusia y el mundo. Se llamaba Rabotnitsa (Obrera) y su primer número estaba programado para el Día Internacional de la Mujer, 1914. (“How the Bolsheviks Organized Working Women: History of the Journal Rabotnitsa”, Women and Revolution No. 4, otoño de 1973).

Los preparativos para la celebración fueron llevados a cabo en condiciones peligrosísimas. Poco antes del esperado día, todo el consejo de redacción de Rabotnitsa – con una excepción – así como otros Bolcheviques que habían agitado por el Día Internacional de la Mujer en las fábricas de San Petersburgo, fueron arrestados por la policía zarista. Sin embargo, a pesar de los arrestos, los Bolcheviques continuaron los preparativos. Anna Elizarova -hermana de Lenin y la única miembro del consejo editorial que evitó ser arrestada- publicó, por sí sola, el primer número de Rabotnitsa el 8 de marzo (o, de acuerdo al antiguo calendario ruso, el 23 de febrero) como estaba programado, Clara Zetkin, dirigente del Partido Social Demócrata Alemán y del movimiento internacional de obreras, escribió:

“Saludos por su valerosa decisión de organizar la celebración del Día de la Mujer, felicitaciones por no perder el ánimo y no querer quedarse sentadas con los brazos cruzados. Estamos con Uds. en corazón y en espíritu. Ustedes y vuestro movimiento será recordado en numerosas reuniones organizadas por el Día de la Mujer en Alemania, Austria, Hungría y America.”

—Citado en A. Artiukhina, “Proidennyi Put”, Zhenshchina v revoliutsii

Pero la celebración más importante en la historia del Día Internacional de la Mujer ocurrió en Petrogrado, el 8 de marzo de 1917, cuando obreras textiles de esa ciudad iniciaron una huelga de más de 90.000 obreros. Esta huelga marcó el fin de los 300 años de vida de la dinastía Romanov y el comienzo de la Revolución Rusa. Una semana más tarde, un editorial en Pravda comentaba:

“El primer día de la revolución – ese es el Día de la Mujer, el día de la Internacional de las Obreras. ¡Viva la Internacional! Las mujeres fueron las primeras en marchar por las calles de Petrogrado en su día.”

Con la degeneración en la situación de la mujer soviética bajo Stalin y sus sucesores, como parte de la degeneración de todo el estado obrero soviético, el Día Internacional de la Mujer fue transformado. De día de solidaridad proletaria internacional: se convirtió en una celebración ritual de glorificación del papel tradicional de la mujer en la familia, similar al Día de la Madre.

Pero el Día Internacional de la Mujer no es ni una celebración de la maternidad ni de la hermandad feminista burguesa: omitir este hecho es desconocer las características más importantes de su historia y su objetivo, que fue el fortalecer las filas del proletariado revolucionario. A diferencia de los Mencheviques de principios de siglo que buscaban conciliar a las feministas de su día limitando la celebración del Día Internacional de la Mujer sólo a las mujeres, los Bolcheviques insistían que fuera una fiesta para la mujer y el hombre trabajador juntos, en lucha. Como escribió Nadezhda Krupskaya en el artículo de portada del primer número de Rabotnitsa:

“Lo que une a la obrera y al obrero es más fuerte que lo que los divide. Los une su falta de derechos, sus necesidades comunes, su situación común, que es en lucha, y su meta común… La solidaridad entre obreros y obreras, la actividad conjunta, una meta conjunta, un camino conjunto hacia esa meta – tal es la solución de la cuestión ‘de la mujer’ para los obreros.”

Hoy el programa bolchevique para la emancipación total de la mujer lo levanta y defiende la Spartacist League. Publicamos con orgullo la verdadera historia del Día Internacional de la Mujer, parte de nuestro legado histórico revolucionario y lo celebraremos presentando en charlas públicas en todo el país, el análisis marxista de la opresión de la mujer y el programa y estrategia para aplastarla.

Conforme profundizamos nuestra influencia en la clase obrera, esperamos celebrar un Día Internacional de la Mujer en el futuro no sólo mediante la difusión de propaganda sino también iniciando todo el espectro de actividades tradicionalmente asociadas con esta fiesta proletaria: huelgas generales, insurrecciones, ¡revoluciones!

¡Por una sección femenina de una Cuarta Internacional renacida!

¡Por la liberación de la mujer mediante la revolución proletaria internacional!

“Bajo el liderazgo de la Tercera internacional, el día de la obrera será un verdadero día de lucha; tomará la forma de medidas prácticas que, o consolidan las conquistas del comunismo… o preparan el camino a la dictadura de la clase obrera.”

—Alexandra Kollontai

¡Alto a las deportaciones!

[Extraído de Workers Vanguard No. 63, 28 de febrero de 1975.]

A medida que la tasa de desempleo continua elevándose, los voceros de los grandes negocios y sus apologistas en el movimiento sindical desesperadamente buscan una victima propiciatoria para desviar la creciente ira de la población trabajadora. Así como en el pasado la estrategia de los defensores del sistema capitalista de explotación y desempleo es intensificar divisiones nacionales y otras divisiones dentro de la clase obrera a través de esquemas proteccionistas, trato de preferencia en los despidos y otros engaños similares.

Corrientemente existe una ofensiva reaccionaria para inducir histeria reaccionaria contra inmigrantes  sin documentos y otros trabajadores extranjeros. El director de la división de pasaportes del Departamento de Estado acaba de proponer cedulas de ciudadanía como una medida para eliminar a los inmigrantes ilegales. Todo militante debe protestar esta medida policiaca, de estilo sudafricano, para aplastarla en semilla!

El año pasado mas de 800.000 fueron deportados por las autoridades norteamericanas; este año prometen expulsar a 1.000.000 o aún más. Esta campana chovinista se extiende de costa a costa. En Los Angeles las autoridades de “la migra” regularmente saquean el barrio del East L. A. en brancadas de tipo Gestapo, resultando en decenas de miles de deportaciones el ano pasado.

En Nueva York una serie de artículos rabiosos recientemente publicados por el Daily News acusaba a los obreros extranjeros de ser los responsables por toda clase de enfermedad social (desempleo, malas escuelas, altos impuestos, etc.). Los títulos decían: “100.000 extranjeros ilegales roban a la ciudad” y “Arrestos de extranjeros fomentaría empleos, dicen oficiales”.

La Spartacist League ha estado en la primera fila de lucha contra las deportaciones. En California la Spartacist League fue la primera organización de izquierda que públicamente denunció a los ataques que Cesar Chavez hizo contra los trabajadores extranjeros, notablemente su apoyo al proyecto de ley Rodino-Kennedy, durante e1 tiempo en que la mayoría de los oportunistas disculpaban desvergonzadamente al líder de los United Farm Workers. (La SL también defendió al UFW contra los ataques de los cultivadores, los Teamsters y el gobierno, llamando par un boicot laboral de productos esquiroles y por una huelga general en todo el estado de California en defensa del sindicato.)

En Nueva York la SL repetidamente ha estado activa en manifestaciones contra las deportaciones de haitianos el año pasado. Recientemente, el 11 de febrero, el Comite Ad Hoc para Aplastar a los Ataques Contra Trabajadores Extranjeros, iniciado por la Spartacist League, estableció un piquete en frente de las oficinas del Daily News protestando la porquería racista y chovinista que se estaba arrojando en su campaña contra extranjeros. En la manifestación, un vocero de la SL hizo una llamada para luchar por empleos para todos, para poner fin a las deportaciones, y para obtener plenos derechos de ciudadanía para todos los extranjeros que presentemente residen en el país. La lucha para poner fin a las deportaciones es una tarea urgente para todos los socialistas y militantes sindicalistas.

– ¡No a las deportaciones! ¡Plenos derechos de ciudadanía para los trabajadores extranjeros!

– ¡Empleos para todos! ¡30 horas de trabajo, 40 horas de pago! ¡Organizar a los no organizados!

– ¡Expropiar a la industria y la finanza, sin compensación! ¡Adelante hacia una economía planificada bajo un gobierno obrero!

– ¡Obreros del mundo, uníos!

El SWP “traduce” a Coral

[Publicado en Workers Vanguard No. 62, 14 de febrero de 1975. Traducido en Spartacist No. 11, diciembre de 1982.]

La ola de terror derechista que envolvió Argentina, después de la muerte del presidente Juan Perón ello de julio pasado ha resultado en más de un asesinato político al día, sumando 227 en 1974. Muchos, quizás la mayoría, de estos asesinatos, los llevan a cabo escuadrones especiales de oficiales militares y policiales vestidos de paisano.

En esta situación de suma peligrosidad es imperativo para los revolucionarios no solamente llamar por un frente unido de defensa de las organizaciones de izquierda y sindicatos combativos, sino también advertir a las masas a no poner confianza alguna en el pérfido y antiobrero régimen peronista. El Partido Socialista de los Trabajadores (PST) ha hecho precisamente lo contrario, intentando protegerse mediante la expresión repetida de apoyo al “proceso de institucionalización” y a la “continuidad” del gobierno. Mientras que el año pasado los matones al servicio del gobierno acribillaron a siete militantes del PST, ¡éste sigue proclamando que el peligro mayor es un golpe de estado!

Workers Vanguard ha sido la primera publicación fuera de Argentina que públicamente llamara la atención al comportamiento escandaloso del pretendidamente trotskista PST, que con ocasión de una reunión con Perón el 21 de marzo pasado promulgó, conjuntamente con los estalinistas argentinos y seis partidos burgueses, una declaración pronunciándose por la ley y el orden burgués (ver “El PST atrapado con las manos en la masa”). La declaración apoya “en todas sus instancias el proceso institucional” y condena a “todos aquellos que por una u otra vía procuran afectarla”.

Esta expresión de respaldo al estado capitalista constituye una traición tan grosera de los principios marxistas más fundamentales que al final hasta los hipócritas profesionales del “Secretariado Unificado de la IV Internacional” (S.U.), del cual, el PST es una organización simpatizante, protestaron públicamente. No obstante, para salvar las apariencias, el S.U. “reconoció” el cuento del PST según el cual su representante, Juan Carlos Coral, no firmó el documento aunque el periódico del PST (Avanzada Socialista) publicó el documento como habiendo sido firmado por él. ¡AS tardó tres meses enteros en rectificar este “error editorial”!

Además, a solo pocos días de publicar esta “rectificación”, el PST asistió a otra reunión de “los ocho”, esta vez con la esposa del general (y vicepresidente) María Estela, mientras Perón estaba agonizando. Se promulgó un segundo documento, declarando “el apoyo al proceso de institucionalización … ” por los participantes. Confrontado por la dirección del S.U., el PST volvió a responder que Coral en realidad tampoco había firmado esta declaración.

El PST defendió el contenido de la declaración, sin embargo, con la excusa de que “la palabra ‘institucionalización’ ha adquirido un significado en la política argentina distinto al dado en el diccionario. Ha llegado a ser un sinónimo de la lucha para defender o ganar los derechos democráticos” (AS, 4 de julio de 1974 [traducido de Intercontinental Press, 22 de julio de 1974]). De hecho, la palabra “institucionalización” en boca de los liberales argentinos y los socialdemócratas del PST ha sido utilizada para significar el apoyo al orden pública burgués, en contra del terrorismo de la policía … y de los guerrilleros peronistas de izquierda y pretendidamente marxistas.

Incapaz de ausentarse de estas prestigiosas conferencias “cumbre” de los partidos burgueses, el omnipresente Coral asistió el 8 de octubre a otra de estas reuniones, denominada “la multisectorial”. Como informamos en Workers Vanguard No. 57 (22 de noviembre de 1974), Coral le dijo a la presidente María Estela de Perón que el PST “luchará por la continuidad de este gobierno, porque fue elegido por la mayoría de los trabajadores argentinos y porque permite el ejercicio de algunas libertades democráticas …”

Con esta declaración, menos de dos semanas después de la promulgación de la nueva “ley de seguridad” del régimen prohibiendo las huelgas (una medida que el dirigente del PST no criticó, aunque dijo que “aplaudimos sin reservas” muchas de las cláusulas de la legislación laboral del gobierno); y dadas sus denuncias “categóricas” de las “formas terroristas y guerrilleras de la violencia”, no sorprende que el discurso de Coral a la “multisectorial” fuera ampliamente interpretado por la prensa y la televisión como un respaldo al gobierno. No obstante, según Avanzada Socialista del 15 de octubre, la versión del discurso distribuida por la oficina gubernamental de información contenía “omisiones” que alteraban su significado; por lo tanto, AS publicó una “reconstrucción textual” de las palabras de Coral.

Como “servicio fraternal” al PST, su aliado en la batalla fraccional que consumía al S.U., el SWP norteamericano publicó recientemente una versión en inglés de la declaración de Coral (Intercontinental Press, 13 de enero de 1975). Sin embargo, parece que el mismo IP ha hecho algo de “reconstrucción” para arreglar la sección clave.

La mayor parte de la traducción al inglés reproduce fielmente el texto español. Coral repite su “enérgico repudio por la muerte de la última víctima del terror, que es casualmente, un oficial de las Fuerzas Armadas”; anuncia que “todos los habitantes del país deben sufrir por igual las consecuencias” si hay una grave emergencia nacional; iguala el guerrillerismo a los golpes de estado (aunque tienen “propósitos diferentes”), etc. [texto comprobado con IP, 13 de enero de 1975 y citado de AS, 15 de octubre de 1974].

Pero llegando a la frase donde Coral anuncia que el PST “luchará por la continuidad de este gobierno”, el SWP lo ha traducido como: “ … luchará para que el mandato de este gobierno no sea cortado ilegítimamente …” (“… will fight to keep this government’s term of office from being cut short illegitimately …”) (¡!). Ahora bien, esto es algo muy distinto. Aparentemente, Joseph Hansen, igual que Coral y Cía., cree que los diccionarios no bastan para interpretar lo que dice el PST.

Repetidas veces Lenin y Trotsky subrayaron la necesidad de defender los derechos democráticos y de oponerse a los golpes bonapartistas. Sin embargo, el PST “traduce” esta posición como apoyo a la “democracia burguesa”, a la “institucionalización” (incluso en contra de los guerrilleros de izquierda) y a la “continuidad” del gobierno actual. Aparte del hecho que la “democracia” del régimen bonapartista peronista es en todo caso bastante limitada, tal declaración no puede significar sino el apoyo político al gobierno y a la forma parlamentaria de la dictadura de clase de la burguesía

Declaración para organizar una tendencia trotskista internacional

[Proyecto de la Declaración adoptado por el Buró Político de la SL/U.S. y un representante del Comité Central de la SL/ANZ, el 22 de mayo de 1974; aceptado por el Comité Central de la SL/ANZ el 7 de junio de 1974; declarado promulgado después de la concordancia con él en el campo de verano europeo de la tendencia espartaquista internacional, el 6 de julio de 1974. Esta versión fue impresa en Cuadernos Marxistas No. 1.]

1. La Spartacist League de Australia y Nueva Zelanda y la Spartacist League de los Estados Unidos declaran constituir el núcleo para la pronta cristalización de una tendencia trotskista internacional basada sobre la Declaración de Principios de 1966, y consagrada al renacimiento de la Cuarta Internacional.

2. En media docena de países existen partidos, grupos y comités, así como esparciados individuos de otros países, que han expresado de una manera general o específica su apoyo o simpatía a la tendencia espartaquista internacional. Entre estos grupos e individuos hay camaradas, tanto en Europa como Asia, teniendo muchos años y aún décadas de experiencia como cuadros del movimiento trotskista.

3. Por haber expresado opiniones opositoras dentro del Secretariado Unificado los portavoces de la Tendencia Revolucionaria Internacionalista, una pequeña ala marxista de oposición concentrada en los Estados Unidos y con adherentes en Australia y en otras partes, han sido expulsados de sus secciones y partidos nacionales del “Secretariado Unificado”, aquella profundamente fraccionada y dividida conglomeración sin principios formada por reformistas y revisionistas — los Kautsky, los Bujarin y los Pablo de nuestros días. Si los principales antagonistas dentro del “Secretariado Unificado” están unidos en sus comunes y no muy ocultos apetitos de colaboración de clases, ellos están profundamente divididos entre el electoralismo y plácido neo-populismo del Socialist Workers Party norteamericano y el entusiasmo guerrillista-terrorista de la antigua Ligue Communiste francesa. Estas diferencias reflejan mucho mejor los distintos medios nacionales, y los apetitos oportunistas que de ahí provienen, que cuestiones de principio. En su recientemente concluido “Décimo Congreso Internacional”, el Secretariado Unificado rehusó oír o siquiera reconocer la petición de los camaradas de la TRI contra su expulsión. Las fuerzas del TRI ahora están colaborando con la tendencia espartaquista. Representan solamente una vanguardia de aquellos que lucharán para salir del pantano revisionista hacia el marxismo revolucionario. En Francia un oposicionista del comité central de la antigua Ligue Communiste acaba de separarse del Front Communiste Revolutionaire (recientemente formado por Rouge) en solidaridad con las posiciones de la TRI.

4. En Alemania, cuadros experimentados de un grupo centrista que en 1969 se separó hacia la izquierda del Secretariado Unificado, y luego fragmentó, ahora se están uniendo a la tendencia espartaquista. Se han reagrupado alrededor de la publicación Kommunistische Korrespondenz. En Alemania tres tareas inextricables se afirman para los leninistas: ganar programáticamente a los elementos subjetivamente revolucionarios entre los miles de jóvenes socialdemócratas de izquierda, centristas, revisionistas y maoístas; fundir a elementos intelectuales y proletarios, sobre todo por medio del desarrollo y de la lucha de fracciones industriales comunistas; y asimilar profundamente unos treinta años de experiencia y análisis marxista, de la cual la larga interrupción de continuidad ha dejado la nueva generación de revolucionarios marxistas alemanes todavía parcialmente aislados.

5. En Austria, Israel, Canadá y otras partes, han ocurrido similares escisiones, seguidas por reagrupamientos revolucionarios y crecimiento. El núcleo inicial en Austria vino de la sección juvenil del Secretariado Unificado de este país. El grupo “Vanguardia” de Israel presentemente es la última sección todavía unida del antiguo “Comité Internacional”, que se escisionó en 1971 entre la Socialist Labour League de Gran Bretaña dirigida por Gerry Healy (con la cual está afiliada la Workers League norteamericana de Wohlforth aunque hayan fricciones entre ambas secciones) y la Organisation Communiste Internationaliste francesa encabezada por Pierre Lambert (la cual subsecuentemente perdió casi todo su apoyo internacional — nos referimos al Partido Obrero Revolucionario de Bolivia encabezado por Guillermo Lora y a los grupos europeos alrededor del húngaro Michel Varga, quienes rompieron con la OCI). Si el grupo “Vanguardia”, al encontrarse rodeado por desintegración por todas partes, todavía es incapaz de escoger entre las pretensiones de Healy y Lambert, si pudo engendrar (y prontamente expulsar) una valiosa tendencia de principios, opuesta a los dos campos. En Canadá jóvenes de los Red Circles del Revolutionary Marxist Group se están atrayendo hacia el trotskismo. En todas partes formaciones sin principios sufren los martillazos de una aguda crisis capitalista y un acenso en la lucha de clases.

6. En Ceilán, donde las consecuencias históricas del revisionismo pablista han sido reveladas completamente, solamente el Revolutionary Workers Party, encabezado por el veterano trotskista Edmund Samarakkody ha salido con su integridad intacta de la infinitud de traiciones perpetuadas por el antiguo LSSP, quien tuvo la ayuda del Secretariado Unificado y de su execrable agente en la isla, Bala Tampoe, y por el cobarde “Comité Internacional” de Healy. El RWP se ha visto ante la necesidad de generalizar nuevamente el programa revolucionario marxista, partiendo de los principios marxistas de la lucha de clases.

7. Con el fin de extenderse políticamente y geográficamente, y al mismo tiempo de adelantar su formalización y consolidación, la tendencia espartaquista se prepara activamente para convenir lo más pronto posible una conferencia internacional. El núcleo de organización de la tendencia buscará trabajar en la más íntima colaboración con grupos simpatizantes, particularmente continuando y asegurando una amplia y profunda discusión oral y escrita para preparar esta conferencia internacional. Durante el período antes de la conferencia, el núcleo de organización asumirá la responsabilidad política y organizativa de las resoluciones internacionales, declaraciones y cartas abiertas precedentes, y de los acuerdos para un trabajo en común entre los grupos que actualmente integran la tendencia. Notamos entre estos documentos: “Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional”, 14 de junio de 1963; “Declaración a la tercera conferencia del Comité Internacional”, 6 de abril de 1966; Carta al Comité de Organización para la Reconstrucción de la Cuarta Internacional y a la OCI francesa, 15 de enero de 1973; Carta a Samarakkody, 27 de octubre de 1973; y las análisis históricas “Génesis del pablismo”, “El desarrollo de la Spartacist League de Nueva Zelanda”, y “La lucha por el trotskismo en Ceilán”; así como los acuerdos endosados durante la Conferencia interina en Alemania en enero de 1974.

8. Tanto el actual “Secretariado Unificado” como el antiguo “Comité Internacional”, a pesar de sus respectivas pretensiones de “ser” la Cuarta Internacional, como condición previa para formar sus falsas “uniones” se han burlado crónicamente de los principios del internacionalismo y de las normas bolcheviques del centralismo democrático mientras sus grupos nacionales o facciones basadas nacionalmente se han separados. En última instancia esto se explica como una respuesta a las presiones de sus propias clases dirigentes. De este modo, hasta que el antiguo “Comité Internacional” eruptó en sus secciones inglesa y francesa, la actuación del dicho Comité Internacional se basaba explícitamente en la proposición de que “el único método disponible para llegar a decisiones actualmente es el principio de unanimidad” (decisión de la Conferencia del Comité Internacional en Londres, 1966). Desde entonces los healystas han substituido descaradamente el principio de Gauleiter/Führer como una burla del centralismo democrático. La otra ala del antiguo Comité Internacional, dirigida por la OCI, está en la posición contradictoria de, por un lado, lanzar el Comité de Organización para la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (que se proponía iniciar una discusión política sobre la base del Programa de Transición de 1938) y, por otro, de tratar de construir nuevas secciones nacionales. Tanto el Comité de Organización como tales secciones eventuales están sometidos a una ambigüedad básica desde el principio, pero la desintegración del Comité de Organización en elementos profundamente opuestos, todos basándose en el Programa de 1938, le ha dejado con una praxis abortada.

Hoy día, siguiendo al recientemente concluido “Décimo Congreso” del Secretariado Unificado, sus seguidores norteamericanos (estando en la minoría en el plano internacional) amenazan a su propia minoría interna, la Tendencia Internacionalista (que pertenece a la mayoría internacional), al declarar:

“El Socialist Workers Party proclama su fraternal solidaridad con la Cuarta Internacional, pero es prevenido por causa de legislación reaccionaria de afiliarse a ella. Todas las actividades políticas de los miembros del SWP se deciden por los cuerpos de dirección democráticamente elegidos del SWP y por los comités locales y de rama del partido. El aceptar incondicionalmente la autoridad de estos cuerpos del SWP es un prerrequisito necesario a la condición de miembro del partido. No existen otros cuerpos cuyas decisiones son obligatorias para el SWP o sus miembros.” [Nuestra énfasis]

SWP Internal Information Bulletin No. 4, abril de 1974; De la nota de introducción, 17 de abril de 1974

9. Esta afirmación aparentemente descarada de independencia nacional por o hacia organizaciones en los Estados Unidos no es única y tiene una historia específica. Así como el publicista healysta norteamericano Wohlforth declara en su panfleto, “El revisionismo en crisis”:

“Con la promulgación de la Ley Voorhis en 1940, el SWP fue legalmente prohibido a pertenecer a la Cuarta Internacional. Desde entonces el SWP no ha podido afiliarse a la Cuarta Internacional. De manera que hoy día sus relaciones con el Secretariado Unificado son de solidaridad política, igual que la Workers League está en solidaridad política con el Comité Internacional.”

La “Ley Voorhis”, votada por el Congreso norteamericano en 1940, ha sido utilizada como excusa conveniente por los revisionistas para exponer, más abiertamente que para sus correligionarios de otras partes les queda practicable, a sus posiciones concretas antiinternacionalistas.

Esta ley, aunque ostensiblemente dirigida sobre todo contra conspiraciones militares domésticas teleguiadas por poderes extranjeros, en realidad fue emitida (igual que la sobrepuesta “Ley Smith”) con el propósito de perseguir al Partido Comunista norteamericano, que en ese entonces apoyaba al Pacto Hitler-Stalin. Una de sus cláusulas principales dice: “Una organización está sujeta a control extranjero si… sus políticas o algunas de ellas están determinadas por, o a la sugerencia de… una organización política internacional”. (La actividad política se define aquí como aquella que tiene el propósito del control forzoso o derrocamiento del gobierno). Tales organizaciones deberían someterse a unos procedimientos de “registración” tan masivos y repetidos como para paralizarlas, sin hablar de la naturaleza inadmisible de muchas de las declaraciones requeridas. En este sentido fue similar a la posterior “Ley de Control de Comunistas” la cual fue combatida con éxito por el Partido Comunista norteamericano. Sin embargo, la “Ley Voorhis” con sus cláusulas obviamente anticonstitucionales y contradictorias nunca ha sido utilizada por el gobierno, sólo por los revisionistas.

10. Hoy día, la Mayoría del Secretariado Unificado echa alaridos fuertes en favor de unidad y disciplina internacional, i.e., contra las posiciones y conducta del SWP. Pero esto no fue siempre así. Cuando el precursor de la Spartacist League trató de apelar su expulsión del SWP al Secretariado Unificado, Pierre Frank, escribiendo de parte del Secretariado Unificado, el 28 de mayo de 1965, contestó que:

“En respuesta a su carta del 18 de mayo llamamos su atención primero al hecho de que la Cuarta Internacional no tiene conexión organizacional con el Socialist Workers Party y consecuentemente no tiene jurisdicción en tal problema como ustedes presentan; es decir, la aplicación del centralismo democrático afectando la organización, sea en conjunto o en casos individuales.”

Después de que Frank respondió a Spartacist, Healy expresó públicamente simpatía hacia el aprieto de Spartacist, acusando en su Newsletter del 16 de junio de 1965 que Frank “se esconde detrás de una fórmula legal para cubrirse”. Sin embargo, cuando a Healy le tocó su turno con la publicación por el SWP de un bochornoso panfleto “Healy ‘reconstruye’ la Cuarta Internacional” la SLL de Healy amenazó con violencia y/o acción legal a todos que pretendían repartir el panfleto en su Inglaterra (“Declaración del Comité Político”, Newsletter, 20 de agosto de 1966). ¡Poco después acudió a ambas amenazas en el caso Tate! Healy reclamó, a favor de Wohlforth y Spartacist, como base para sus amenazas el mismo miedo ante la Ley Voorhis. Pero Spartacist respondió:

“Por nuestra parte, rechazamos las solicitudes de la SLL a favor de nosotros. La Ley Voorhis es un tigre de papel — nunca ha sido utilizada contra nadie, y es patentemente anticonstitucional. Si el Departamento de Justicia iniciara un proceso jurídico contra un grupo pequeño como el nuestro, o contra el más pequeño y menos amenazante ACFI (de Wohlforth), sería hacer una burla del gobierno; y Healy sabe esto. Está consciente de que durante muchos años el SWP ha tratado de esconderse detrás de esta ley para defender su concepto federativo de la Internacional.”

Spartacist No. 7, septiembre-octubre de 1966

11. Actualmente, sin embargo, como en el documento de la Mayoría del Secretariado Unificado “Otra vez y siempre la cuestión de la Internacional” (por Alain Krivine y el mismo Pierre Frank, el 10 de junio de 1971, en SWP International Information Discussion Bulletin No. 5, julio de 1971), atacan la formulación pública de Jack Barnes, secretario nacional del SWP, según la cual “la principal condición para una organización internacional” es “la colaboración entre direcciones… en cada país”. A esta idea Krivine y Frank contraponen “la Internacional, un partido mundial basado en el centralismo democrático”. Y más tarde esta Tendencia Mayoritaria (en IIDB Vol. 10, No. 20, octubre de 1973) nota que la Minoría, en flagrante contradicción con las previamente expresadas posiciones de Barnes y Hansen, declara: “haremos todo lo posible para construir un centro [internacional] fuerte”, y la Mayoría concluye que “la actual práctica no deja lugar para dudas: la facción [de la Minoría] estaría a favor de un ‘centro fuerte’ si tendría en el la mayoría”. Y aún más recientemente esta misma Mayoría del Secretariado Unificado mantiene que detrás de estas acciones de la Minoría dirigida por el SWP “se encuentra una concepción federativa de la Internacional que contradice los estatutos y la línea adoptada por el [Décimo] Congreso Mundial” (17 de marzo de 1974, en IIDB Vol. 11, No. 5, abril de 1974). La Mayoría del Secretariado Unificado debe saberlo bien. Lanzaba esta acusación comentando un acuerdo conjunto Mayoría-Minoría del Décimo Congreso, que fue tan flagrante en amnistías mutuas para toda clase de indisciplina, ataques y repudiaciones públicos, trapacerías organizacionales, escisiones y expulsiones que la Mayoría se vio obligada a ofrecer la excusa débil de que estos “compromisos adoptados en este Congreso Mundial no deben considerarse de ninguna manera como precedentes” y que “el carácter excepcional de estas medidas está demostrado por la adopción unánime de nuestros nuevos estatutos” (¡que formalmente contradice la práctica real!). Claro que si — porque para los oportunistas y revisionistas los principios organizativos básicos no son de una práctica centralizada, imparcial, consistente y de camaradería revolucionaria, sino que por el contrario se reducen a la sencilla cuestión de quien paga el pato. Es éste el aspecto organizacional del pablismo.

Si hoy día el Secretariado Unificado promete apoyar sus propios amigos dentro del SWP si se procede contra ellos, debe señalarse no la deshonestidad o hipocresía del Secretariado Unificado per se, sino el quebrantamiento de las pretensiones del Secretariado Unificado (como las del Comité Internacional) de ser la Cuarta Internacional. Ambos adaptan por conveniencia sus principios organizacionales profesados para conseguir pequeñas ventajas así como, y precisamente porque, hacen lo mismo con sus principios políticos y programáticos.

12. La tendencia espartaquista internacional es precisamente eso, una tendencia en proceso de consolidación. Sin embargo, desde sus comienzos internacionales ha declarado su fidelidad persistente, que ya ha sido probada durante una década en confines nacionales, a los principios marxistas-leninistas y al programa trotskista — revolucionario, internacionalista y proletario.

La lucha por el renacimiento de la Cuarta Internacional promete ser difícil, larga, y sobre todo desigual. Sin embargo, es una tarea indispensable y central que enfrenta aquellos que se proponen ganar el poder proletario y así abrir el camino para lograr el socialismo para la humanidad. La lucha empezada por L.D. Trotsky en 1929 a constituir una Oposición de Izquierda Internacional debe ser estudiada. A pesar y a raíz de las diferentes particularidades objetivas y subjetivas, y con una base que al fin es común, ahora como entonces, hay mucho que aprender especialmente en la selección y prueba de cuadros en el curso de las vicisitudes de las luchas sociales e internas.

La gigantesca figura de Trotsky atrayó a su rededor toda clase de elementos inestables, psicológica y programáticamente, disgustados por la Comintern en degeneración. Junto con la desmoralización resultante de la sucesión de derrotas proletarias que se culminaron en la Segunda Guerra Mundial, esto resultó en un proceso prolongado, y no siempre exitoso de selección. La ausencia de un hombre como Trotsky en nuestras filas se recompensa muy poco con el hecho de que la tendencia espartaquista tiene al comienzo muy limitada fuerza de atracción extrínseca y simbólica. Sin embargo, una década de experiencia predominantemente localizada no muestra una falta de elementos débiles o accidentales atraídos temporáneamente hacia la tendencia. La única prueba verdadera es en la participación determinada y total en la viviente lucha de clases.

Como lo anotó L.D. Trotsky en el artículo, “Al pié de la tumba del recientemente difunto Kote Tsintsadze”, del 7 de enero de 1931:

“Fueron necesarias condiciones enteramente extraordinarias, como el czarismo, la ilegalidad, el encarcelamiento, las deportaciones, muchos años de luchas contra los mencheviques, y sobre todo la experiencia de tres revoluciones, para producir luchadores como Kote Tsintsadze…”

“Los Partidos Comunistas del oeste todavía no han podido criar luchadores de la categoría de Tsintsadze. Esta es su debilidad acosadora, determinada por razones históricas pero en todo caso una debilidad. La Oposición de Izquierda en los países occidentales no es una excepción en este respecto, y debe tomarla bien en cuenta.”

— Comité Central, SL/ANZ

— Comité Central, SL/U.S.

Después del golpe

[Traducido de Workers Vanguard no. 42, 12 de abril de 1974. Esta versión fue impresa en Cuadernos Marxistas no. 3, “Chile – Lecciones del Frente Popular”.]

El 11 de septiembre último las fuerzas armadas chilenas derrocaron el gobierno de coalición de la “Unidad Popular” (UP) del Presidente Salvador Allende para, según ellos, “evitar la violencia y conducir al pueblo chileno por el camino hacia la paz”. La junta anunció que su objetivo era “la liberación del país del yugo marxista”; sin embargo, “los trabajadores chilenos pueden estar seguros de que las mejoras económicas y sociales que han logrado hasta el presente no sufrirán un cambio fundamental” (New York Times, 12 de septiembre de 1973). Pero al mismo tiempo que proclamaban reverentemente que no habría “ni vencedores ni vencidos”, los oficiales gorilas procedieron a reducir los sueldos reales en más del 5,0 por ciento a través de una inflación astronómica, incrementaron drásticamente la semana de trabajo y asesinaron a más de 20.000 obreros y militantes socialistas.

El golpe de septiembre fue probablemente el más sangriento de toda la historia de América Latina. Lejos de ser una mera revuelta de palacio, estuvo dirigido a aplastar el amplio y combativo movimiento obrero. Las fábricas que resistieron la toma de poder de los militares fueron bombardeadas; después de rendirse, cualquier obrero presente durante el tiroteo era fusilado en el acto. La CUT fue disuelta y todos los partidos de izquierda proscritos. Aún más, el golpe fue endorsado por la casi totalidad de la burguesía -incluyendo la supuestamente “progresista” Democracia Cristiana (PDC)- así como la mayor parte de la clase media.

Pero escasamente medio año después, la junta parece ahora cada vez más inestable, llegándonos información de divisiones internas, de oposición por parte de los demócratas cristianos y de la jerarquía católica, odio universal en la clase obrera y descontento generalizado en la pequeña burguesía y aún en sectores de la clase dirigente. Internacionalmente se las ha arreglado para conseguir una posición de aislamiento comparable sólo a la de Rodesia.

El primer deber de un revolucionario es llamar a las cosas por su nombre. Debe reconocerse que el movimiento obrero ha sufrido una trágica y costosa derrota con el golpe de septiembre en Chile. Miles de militantes asesinados, los sindicatos y los partidos de izquierda proscritos, forzados a la clandestinidad y al menos parcialmente desorganizados -esto no es, como mantienen algunos, un mero “desvío” en la “vía chilena al socialismo”. La responsabilidad por este baño de sangre reside en el imperialismo norteamericano, la burguesía chilena y la dirección reformista del movimiento obrero que adormeció a las masas predicando confianza en las fuerzas armadas “democráticas”.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de los asesinos de la junta, el Chile de los generales no es la Alemania nazi. El régimen militar permanece en el poder solamente a través de la fuerza bruta militar. Pinochet y Cía. no tienen tras ellos el respaldo del enorme movimiento fascista que permitió a Hitler y Mussolini decapitar y literalmente obliterar el movimiento obrero. La junta no puede durar. Esto quiere decir que los obreros chilenos van a tener una oportunidad raramente ofrecida por la historia – una nueva posibilidad de una revolución socialista en un futuro no lejano. Lo que se necesita por encima de todo para hacer realidad ésta posibilidad es un partido genuinamente trotskista que asimile las lecciones de la ignominiosa derrota del régimen de Allende y empiece el rearmamento político de la clase obrera.

Es necesario inculcar en las mentes de los militantes socialistas y las masas trabajadoras que la muerte y destrucción sembradas por el golpe de septiembre fueron producto de la política contrarrevolucionaria de los estalinistas y los socialdemócratas de “transición pacífica al socialismo” y de “frente popular” con sectores de la burguesía. El régimen de la UP no era un gobierno obrero (que empezaría inmediatamente por aplastar a su enemigo de clase expropiando a la burguesía, y destruyendo sus fuerzas armadas), sino un “gobierno popular” de colaboración de clases cuyo principal propósito era impedir la movilización independiente de los obreros.

El régimen de Allende preparó el camino para el golpe. Por lo tanto, simplemente “continuar la lucha”, luchar por remplazar la junta por una nueva versión de la “Unidad Popular”, es preparar otra derrota más, esta vez una dé proporciones catastróficas. Los socialistas chilenos deben inscribir en sus banderas, “¡A Muerte la Junta! ¡Abajo las Ilusiones sobre el Frente Popular – Por una Revolución Obrera y Campesina!” Sin esta perspectiva, no se habrá sacado nada de la muerte de miles de militantes sacrificados en el altar de la “vía pacífica al socialismo”. “Aquellos que no• aprenden de la historia están condenados a repetirla.”

Guerra a la clase obrera

Si el régimen militar bonapartista no ha sido capaz de atomizar a la clase obrera, no será porque no lo ha intentado. Inmediatamente después de tomar el poder ha desatado una avalancha de decretos declarando el astado de sitio (no. 3), estado de emergencia (no. 4) y estado de guerra interna (no. 6); ha autorizado la ejecución inmediata si se dispara contra unidades de las fuerzas armadas (no. 5, articulo 2) o en caso de descubrir un arma “cuando las circunstancias o antecedentes permiten suponer que el arma estaba destinada a perturbar el orden público o a atacar a las fuerzas armadas…” (no. 5, artículo 3).

Durante las cruciales primeras semanas después del golpe el nuevo régimen hizo grandes esfuerzos para crear una prosperidad pasajera ordenando el pago inmediato de salarios, anunciando medidas draconianas contra cualquiera que impusiera precios por encima de los oficiales para los productos esenciales, descargando sobre el mercado montones artículos “de lujo” que hablan sido amasados durante meses (Nescafé, nata, azúcar, carne de vaca, cigarrillos, etc.) y terminando el paro de los camioneros que habla paralizado el país durante las últimas seis semanas. Sin embargo, esta situación eufórica duró unas tres semanas. Entonces la junta publicó otro decreto liberando todos los precios del control gubernamental al mismo tiempo que congelaba los salarios de los obreros. La semana de trabajo de cinco días fue abolida, se añadió medio día los sábados y se dio a los empresarios la “opción” de “proponer” dos horas más de trabajo al día (Rouge, 23 de noviembre de 1973).

La inflación, en particular, ha reducido brutalmente el consumo de las masas trabajadoras. El ritmo anual de subidas de precios de más del 300 por cien durante los últimos meses de Allende fue una de las causas principales del descontento de los pequeños burgueses con el gobierno de la UP. Ahora, sin embargo, las masas se ven frente un ritmo que es doble o triple ese nivel ya astronómico (muchos artículos han subido más del 1.000 por ciento desde el golpe) combinado con una rígida congelación de salarios. Según el New York Times (5 de noviembre), “Las radios pregonan el nuevo eslogan, ‘La fiesta ha terminado, ahora hay que pagar la cuenta’.” Plasmando el sabor del nuevo régimen, el Ministro de Economía Fernando Leniz dijo en la televisión, “las amas de casa deben aprender a comprar. Si los, precios libres son demasiado altos, es mejor no consumir durante cierto tiempo.” (Rouge, 30 de noviembre).

Descontento en la burguesía

Los preparadores militares del complot y sus secuaces del Pentágono tenían claramente en mente una junta “estilo Brasil” combinando un gobierno rígidamente autoritario con una política económica de “laissez faire” para producir un “boom” basado en la inversión de capital extranjero. Los generales han cumplido su parte, desnacionalizando cientos de fábricas, disminuyendo los sueldos reales, aplastando los sindicatos, etc. Los bancos estadounidenses contribuyeron inmediatamente con 180 millones de dólares al gobierno “de bajo riesgo” de ahora (New York Times, 12 de noviembre de 1973); el Fondo Monetario Internacional ha concedido al nuevo régimen créditos “de reserva” para cubrir los déficits de la balanza de pagos. La junta ha accedido a “compensar” a las compañías mineras norteamericanas por sus “pérdidas” debidas a la nacionalización del cobre bajo Allende, y las compañías, a su vez, están ahora proporcionando ayuda técnica. Y, a pesar de todo ello, el gobierno anuncia ahora que 1974 será “el peor año de la historia de Chile”, exhortando a la población a hacer aún más “sacrificios” (Tricontinental News Service, 13 de marzo de 1974).

Según datos oficiales, el producto bruto para el período desde el golpe de septiembre hasta finales de año fue 4 por ciento por encima de los cuatro últimos meses del régimen de Allende (Rouge, 22 de febrero de 1974). Pero los últimos 120 días del gobierno de la UP incluyeron una huelga mayor de los mineros del cobre en mayo, la ocupación por los obreros de más de 1.000 empresas después del golpe fallido del 29 de junio y un paro de los camioneros de seis semanas en agosto y septiembre. Un aumento del 4 por ciento por encima de un estado de colapso económico casi total no es en absoluto una mejoría.

Este estancamiento económico está causando una inquietud considerable en la burguesía (particularmente aquellos conectados con la producción de artículos de consumo) que habían apoyado entusiásticamente el golpe y la devolución de las fábricas nacionalizadas y ocupadas a sus previos dueños. En una carta al General Pinochet en enero último, los dirigentes del PDC se quejaban de que, “Las remuneraciones de los obreros apenas les permiten comer y en muchos casos no les permiten proveer para las necesidades vitales de sus familias” (New York Times, 8 de febrero de 1974). La carta contrasta esto con “los negocios cuyos beneficios superan todas las esperanzas” y subraya que, “Nadie puede ignorar la injusticia de esta situación y los peligros que entraña”.

Sin embargo, la preocupación de los demócratas cristianos no se limita a un súbito remordimiento de conciencia por los “injustos beneficios” – salarios más altos también serían un buen negocio. Un editorial en el periódico del PDC, La Prensa, señala que un aumento de salarios “podría estimular la producción de una manera más efectiva” porque “todos los ingresos de esta inmensa mayoría van directamente al mercado, reclamando productos y servicios, y se debe entender que este dinero, transformado en poder adquisitivo, es un estimulante para la producción…” (citado en Rouge, 1 de febrero de 1974).

Ya en septiembre el ala izquierda del PDC (encabezada por Bernardo Leighton) adoptó una actitud negativa hacia la junta (sin, por supuesto, intentar ningún tipo de resistencia activa). Sin embargo, el ex-Presidente Eduardo Frei endorsó la acción de los militares. Aún más, un cierto número de demócratas cristianos tomó puestos en el nuevo, gobierno. Así el Ministro de Justicia es un miembro del PDC, así como cuatro viceministros. El General Augusto Bonilla, Ministro del Interior, ha estado asociado en el pasado con oficiales cercanos al PDC.

Sin embargo, la política ultra-reaccionaria de la junta ha amortiguado el entusiasmo inicial hacia la eliminación de la UP. Esto no quiere decir que los dirigentes del PDC se opongan ahora a la dictadura militar. Después de pedir, en una entrevista con el General Bonilla, que el régimen subiera los sueldos, el Jefe del PDC, Patricio Alwyn, envió un memorándum privado a los dirigentes del partido en el cual señalaba: “No nos gusta, pero admitimos que un período de dictadura es necesario. Pero creemos que para que sea eficiente, no se deberían cometer excesos, y son estos excesos los que estamos criticando.” (New York Times, 8 de febrero de 1974).

La junta, por su parte, ha ido intensificando su presión sobre el PDC. En enero proclamó un decreto prohibiendo cualquier reunión de dirigentes del partido sin previa autorización de las autoridades militares y en la víspera de su sexto mes en el poder, publicó un documento declarando que, “Los dos grupos mayoritarios que han conducido a Chile a la decadencia -el Marxismo y la Democracia Cristiana- eran movimientos internacionales en muchos respectos.” (Excélsior [México], 11 de marzo de 1974). Haciendo unos comentarios sobre las crecientes tensiones entre el PDC y el gobierno, y en el seno de la junta misma, una publicación financiera de los EE.UU., Latin America (1 de marzo de 1974), escribió recientemente:

“… los signos predicen que la situación económica, que está empeorándose por momentos, requerirá pronto la resolución de las contradicciones en el seno de las fuerzas armadas. A la corta, al menos, esto sólo puede resultar en un refuerzo del grupo de línea dura asociado con el General de Aviación Gustavo Leigh y el Almirante José Toribio Merino….”

“Puede que los demócratas cristianos hayan empezado a sentir que las cosas han llegado a un punto en que ya no vale la pena colaborar con la presente junta. Una decisión tal tendría un enorme impacto en los que apoyan a la Democracia Cristiana dentro del ejército…. entre los cuales se ha contado al General Pinochet.”

La izquierda: consecuencias del golpe

Aunque virtualmente la totalidad del movimiento obrero vio la inevitabilidad del golpe después de que los ministros militares se retiraron del gobierno de Allende a finales de agosto, no hubo ninguna preparación sistemática para combatirlo. Las reservas de armas que tenía la izquierda o bien no estaban en manos de los obreros en absoluto, o estaban distribuidas al azar en vez de a la disposición de grupos de autodefensa organizados. Aún más, el día del golpe la dirección de la CUT dio orden de guardar las fábricas y esperar órdenes – órdenes que nunca llegaron. Consecuentemente, después de que los militares terminaron la limpieza de las oficinas del gobierno en el centro de Santiago, lograron atrapar a un gran número de los obreros más militantes en las fábricas donde habían sido forzados a una resistencia desesperada sin más que unas cuantas ametralladoras.

De todos los partidos, el propio Partido Socialista de Allende fue sin duda el más afectado por el golpe y hoy apenas existe como organización. A causa de su estructura débil era aparentemente la más infiltrada de las organizaciones de la izquierda. Además, el SP era el único grupo que había distribuido un cierto número de armas entre sus militantes de las fábricas. Por lo tanto, fueron frecuentemente ellos los que ofrecieron la poca resistencia desorganizada que existió, y por consiguiente fueron ellos los que sufrieron el mayor número de bajas.

El ala derecha del Partido Socialista estaba concentrada entre los funcionarios del gobierno, muchos de los cuales estaban en sus puestos en el momento del golpe y fueron o inmediatamente detenidos o asesinados. Según un reportaje del periódico mejicano Excélsior (28 de febrero de 1974), “De unos 45 miembros del Comité Central [del PS], sólo tres están ahora activos.”* El jefe del partido, Carlos Altamirano, ahora en La Habana, fue salvado de la represión solamente gracias a los esfuerzos del MIR.

Los informes sobre la situación del Partido Comunista son contradictorios. Claramente está ahora funcionando en la clandestinidad, en contraposición al decimado PS. Sin embargo, su principal dirigente, Luis Corvalán, fue capturado por los militares y el 11 de septiembre la organización y la acción del PC fue aparentemente nula. La reserva de armas del partido no estaba en manos de los obreros, y debido al toque de queda de 72 horas de la junta no hubo manera de distribuirlas. Aún más, cuando la dirección decidió temprano (alrededor de las 11 de la mañana del día del golpe) ordenar la retirada, esto no fue comunicado a sus organizaciones en las fábricas aún en la misma capital (según Rouge, 16 de noviembre de 1973, que entrevistó a dos dirigentes del PC en la clandestinidad en Chile después del golpe). Por otra parte, la organización juvenil del PC está aparentemente funcionando y se le acredita la organización, con sólo unas pocas horas de conocimiento previo, de la bastante impresionante demostración de 2.000 personas en el entierro de Pablo Neruda a finales de septiembre.

De todos los partidos de izquierda, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria es el que mejor ha sobrevivido aparentemente la dura represión. Sus militantes ofrecieron una cierta resistencia en los distritos pobres inmediatamente después del golpe; pero al tercer día la dirección del MIR ordenó la retirada (el único camino posible dadas las circunstancias). Al haber intentado la guerra de guerrillas a finales de los años 60 y al haber predicho la llegada del golpe durante meses, la organización fue capaz de sumirse en la clandestinidad con relativa facilidad. Sin embargo, a pesar de sus advertencias y de presumir de ser el único grupo que poseía una verdadera organización militar, estos ex-guerrilleros castristas no fueron capaces de hacer nada para impedir la toma de poder por los militares.

En el área alrededor de Valdivia y Temuco en el Sur (donde el MIR ha conseguido un apoyo considerable entre los indios Mapuche) los campesinos de izquierda se vieron forzados a huir al monte donde han estado llevando a cabo una guerra de guerrillas esporádica en respuesta a la invasión de varios miles de soldados que han llevado a cabo operaciones de “pacificación” sistemática, asesinando a todos los dirigentes sindicales campesinos y con frecuencia también a sus familias. Los militares han conseguido capturar y ejecutar al principal dirigente del MIR de la región, el “Comandante Pepe” (José Gregorio Liendo) poco después del golpe, pero han sido incapaces de aplastar por completo al movimiento campesino. Un dirigente sindical informó recientemente que un congreso clandestino representando a 300.000 obreros agrícolas habla tenido lugar en la región Mapuche (Daily World, 2 de abril de 1974). Por otra parte, un importante dirigente del MIR (Bautista Van Schouwen) fue capturado por el gobierno a mediados de diciembre, lo cual, igual que la pérdida de Liendo, es un serio revés.

En breve, aunque todos los grupos han sufrido ciertas pérdidas, particularmente los socialistas, la junta no ha logrado de ninguna manera destruir los partidos de izquierda y aplastar a la clase obrera. Existen los elementos para iniciar una lucha clandestina contra el régimen militar – la cuestión es ahora, para qué fines, y con qué estrategia y tácticas.

La izquierda: una vez más el frente popular

De todos los partidos de la Unidad Popular, el Partido Comunista estalinista era el más desvergonzado en su política de colaboración de clases con los llamados sectores “anti-imperialistas” de la burguesía. Hasta el último momento pidieron la inclusión de la Democracia Cristiana en el gobierno, confiando en el “profesionalismo” de las fuerzas armadas, aumentando la producción e impidiendo la subida de salarios, devolviendo fábricas y haciendas ocupadas a sus dueños, limitando el número de nacionalizaciones, etc., al mismo tiempo que echaban la culpa del antagonismo de los reaccionarios hacia la UP al MIR. Según el dirigente del PC francés Bernard Fajón, poco después de volver de un viaje a Chile, “el eslogan ultraizquierdista de desobediencia dirigido a los soldados… ha ayudado los esfuerzos de los oficiales favorables a un golpe de estado” (L’Humanité, 1 de septiembre de 1973).

Uno podría pensar que no se puede caer más bajo que pedir a los demócratas cristianos y generales que se unan al gobierno en el mismo momento en que estos están preparando un golpe militar y luego echar, la culpa del putsch a los “excesos” de los “ultraizquierdistas”. Aparentemente sí se puede. Ahora el Partido Comunista chileno está exhortando de nuevo a la unidad con “aquellos demócratas cristianos que se han mostrado contrarios al golpe”, así como con los “oficiales democráticos”. Sin embargo, existe un nuevo matiz: parece que el eslogan “Abajo con la dictadura”, “expresa un sentimiento general” pero “como frase, por sí mismo, no es una posición para unir a la mayoría en una acción de masas concreta”. En su lugar, la demanda “fin al estado de guerra interna” es “una consigna de agitación… que puede preparar para la acción de masas, que unirá seriamente a la mayoría…” (Daily World, 16 de enero de 1974).

Los estalinistas, por supuesto, son los maestros acabados de la teoría de la revolución en dos etapas (primero, “revolución anti-feudal” o “democracia avanzada”; el socialismo, más tarde). Ahora se han añadido una tercera etapa (democracia burguesa “normal” resultante del derrocamiento de la junta “fascista”) y aún una cuarta (la dictadura militar sin el “estado de guerra interna”). El propósito de este jeroglífico es impedir a toda costa la movilización independiente de los obreros y campesinos hacia una revolución socialista, una meta que asustaría a los amigos burgueses del PC y a los aliados que ellos esperan conseguir.

Que el Partido Comunista continúe creyendo en el frente popular no constituye desde luego nada nuevo. Por el contrario, el desarrollo político más significativo desde el golpe es el brusco giro a la derecha del MIR. Después de varios años de criticar al gobierno de la UP porque se rehusó a romper terminantemente con la Democracia Cristiana, el MIR se ha unido ahora a los partidos de la UP al exhortar a “Una amplia alianza antifascista” con el PDC. Después de convencer los partidos de la UP a que le incluyeran en su coalición de frente popular (junto con los radicales y los de la izquierda cristiana), súbitamente el “nuevo MIR” adopta la misma orientación de colaboración de clases que ha estado criticando durante los últimos tres años. La dirección del MIR ahora cree que:

“Los objetivos inmediatos de la resistencia popular contra la dictadura son:

“Impulsar una plataforma mínima exigiendo el restablecimiento de las libertades democráticas y levantando la defensa del nivel de vida de las masas, impulsando la lucha por un reajuste igual al 100 por ciento del alza del costo de vida.

“Constituir un frente político de la resistencia anti-gorila incorporando a todas las fuerzas de izquierda y a un sector del PDC (la pequeña burguesía democrática).”

― MIR, “A los trabajadores, a los revolucionarios y a los pueblos del mundo”, enero de 1974

Debería estar clarísimo para cualquiera que lea los anteriores párrafos que ésta es precisamente la política del Partido Comunista, la misma política que, como el MIR mismo decía antes, condujo directamente a la victoria del putsch militar en septiembre último.

Ya desde 1970 la Spartacist League señaló que la política del MIR de “apoyo crítico” a la Unidad Popular era de hecho una excusa para actuar como el apéndice de izquierdas del gobierno de Allende. Previos artículos sobre Chile en Workers Vanguard señalaron que estos castristas de izquierda no entendieron nunca la cuestión básica planteada por el régimen de la UP, concretamente su carácter de clase de ser un gobierno burgués de frente popular. En su lugar, lo llamaron “reformista” y se concentraron en criticar algunas de sus medidas y la “orientación” de “ciertos sectores” de la coalición, es decir, del PC. Nosotros advertimos que sin una política de oposición intransigente al frente popular, reclamando de los partidos obreros que rompiesen con la burguesía y tomasen el poder en su propio nombre, el MIR no podría proveer un camino hacia adelante a las masas chilenas. La total impotencia del MIR ante el golpe y su actual brusco giro a la derecha sirven para subrayar estas advertencias.

“Unidad” y capitulación

Hoy en día la lucha contra la política de frente popular de los estalinistas y los socialdemócratas es más crucial que nunca ya que todos los pseudo-izquierdistas, desde el MAPU y el MIR al PC se apresuran a exhortar a “la más ancha unidad antifascista posible” como una careta para encubrir su capitulación al enemigo de clase.

La tarea del momento es empezar la preparación política para una revolución obrera y campesina, no cualquier tipo de “revolución popular” para restaurar la democracia burguesa. ¿El MIR quiere un “frente político de la resistencia anti-gorila incorporando a todas las fuerzas de izquierda y a un sector del PDC”? Muy bien, compañeros del MIR, ¿estáis preparados entonces a decirles a los obreros que estén ocupando las fábricas tras el derrocamiento de la dictadura militar que deben “esperar”, exactamente igual que han estado predicando los estalinistas? Eso es lo que quiere decir unidad con la burguesía, y nada más. Esa era la línea de Scheidemann y Noske en Alemania en 1918. Al llevar a la práctica esta política, los soldados del gobierno socialdemócrata mataron a los líderes comunistas Luxemburgo y Liebknecht.

Los líderes del MIR buscan defender su giro a la derecha con la afirmación de que los partidos estalinistas y burgueses de la UP están ahora obligados a la “lucha armada”. Esta es una vieja artimaña castrista/maoísta, adoptada desde entonces por los pseudo-trotskistas entusiastas de la guerrilla del ala “mandelista” del “Secretariado Unificado”. Los estalinistas no han rechazado nunca la lucha armada, cuando se ven forzados a emprenderla por la lógica de la auto-preservación; ni tampoco la han rechazado los populistas burgueses como Perón. Perón y los peronistas de izquierda estaban a favor de la lucha armada en contra de la dictadura militar argentina – ¿deberían los comunistas haber buscado entonces un “frente unificado de resistencia anti-gorila” con ellos, como hicieron las “guerrillas trotskistas” del PRT/ERP? ¡Solamente si quieren firmar sus propias sentencias de muerte! Los estalinistas condujeron la lucha armada contra los fascistas en Italia y Francia durante la Segunda Guerra Mundial – sólo para traicionar la lucha en el momento decisivo al disolver las unidades de resistencia cuando llegaron las fuerzas aliadas ordenándoles que entregaran las armas. Por añadidura asesinaron a todo trotskista que pudieron pescar.

Es posible traicionar a una revolución “con el fusil en la mano”. De hecho, a pesar de que el MIR jura y perjura que está comprometido a la “lucha armada” esto no le ha impedido capitular ante los mismos enemigos y la misma política reformista de colaboración de clase que denunciaba vehementemente escasamente hace “nueve” meses. La verdadera unidad de la clase obrera es programática – unidad para lograr la dictadura del proletariado, unidad para construir el partido trotskista revolucionarlo. Lo que ha ocurrido en Chile durante el año pasado ha sido una derrota sangrienta para la clase obrera. La tarea ahora no es buscar la unidad de los traidores que prepararon sistemáticamente esta masacre con su política criminal, sino precisamente ¡el dividirse, el separarse totalmente de ellos!

Sin la destrucción del yugo estalinista y socialdemócrata que ahoga a los obreros, sin escindir a los partidos de masa reformistas, se están sembrando ya las semillas de una nueva catástrofe. Se debe construir un partido bolchevique clandestino que inculque implacablemente las lecciones de la catástrofe del frente popular y prepare a la clase obrera para que esto no vuelva a ocurrir. Dicho partido asumiría el deber de dirigir las huelgas que deben acaecer, los sindicatos clandestinos, los soviets. Llevaría a cabo bloques transitorios con los partidos de la UP y hasta con los sindicalistas demócratas cristianos para efectuar acciones específicas. Pero esto lo haría no para lograr una ficticia unidad estratégica con los agentes conscientes de la burguesía, sino para mejor destruir su garra sobre el movimiento obrero y demostrar la realidad del sabotaje que efectúan sobre la lucha proletaria en nombre de “la unidad del pueblo”.

La ocasión está madura en Chile hoy para un reagrupamiento revolucionario y político de gran alcance. No sólo los estalinistas y los socialdemócratas, sino también los centristas del MIR, están totalmente desorientados políticamente a consecuencia del golpe. La primera condición para la victoria en esta empresa es la determinación granítica a defender el programa trotskista de la revolución permanente. No la capitulación ante los traidores del frente popular, sino la exposición implacable de sus crímenes y la vacunación de la clase obrera contra el reformismo.

Conferencia internacional interina

[Originalmente publicado en Workers Vanguard No. 39, 1 de marzo de 1974. Esta versión fue impresa en Cuadernos Marxistas No. 1.]

Una Conferencia interina consagrada a las perspectivas y al trabajo europeo de los marxistas revolucionarios tuvo lugar en Alemania en este mes de enero [1974]. Entre los participantes se contaron camaradas de (o trabajando en) siete países.

El fundamento programático de la Conferencia fue tomado de un acuerdo político por parte de los Bolcheviques-Leninistas Austriacos y la Spartacist League/U.S. trazando las bases para un trabajo común en Alemania. Este documento, que consta de ocho puntos específicos, se reproduce a continuación:

DECLARACIÓN DE LAS BASES POLÍTICAS PARA TRABAJO COMÚN EN ALEMANIA

“I. Los Bolcheviques-Leninistas Austriacos (Österreichische Bolschewiki-Leninisten — ÖBL) emprenderán trabajo político en Alemania junto con la Spartacist League/U.S. sobre la base de concordancia programática con la “Declaración de Principios” (1966) de la SL/U.S., adoptada posteriormente por la Spartacist League de Australia y Nueva Zelanda. Fundamental a esta Declaración de Principios son las decisiones de la Internacional Comunista durante el período de sus primeros cuatro congresos, y el Programa de Transición adoptado por la conferencia fundadora (1938) de la Cuarta Internacional.

“II. En particular, se destacan los siguientes puntos para darles especial énfasis o para amplificarlos en relación con nuestro trabajo común:

1) Reconocemos la necesidad del renacimiento de la Cuarta Internacional, destrozada por el revisionismo pablista. Rechazamos las pretensiones de todas las agrupaciones internacionales ostensiblemente trotskistas a representar programáticamente la continuidad de, o de ser, la Cuarta Internacional.

2) La defensa incondicional de los estados obreros degenerados o deformados contra el imperialismo capitalista tiene que ser unida al reconocimiento de la necesidad de una revolución política contra las burocracias de todos estos estados, de Moscú y Berlin del Este a Belgrado, Hanói, La Habana y Pekín.

3) Rechazamos la posición ultraizquierdista de que los partidos social demócratas son partidos burgueses de punto a cabo. Reconocemos la dualidad del carácter de los partidos obreros reformistas, tales como los partidos social demócratas en general, que son simultáneamente partidos burgueses y obreros o, en las palabras de Lenin, ‘partidos obreros burgueses’.

4) Reconocemos que la táctica trotskista de entrismo se deriva de la tarea histórica de los revolucionarios frente a partidos de masas socialdemócratas, laboristas o estalinistas, o sea, bajo condiciones maduras, de escisionar tales partidos en sus elementos esencialmente burgueses y proletarios. Esta tarea es decisiva para la creación de partidos proletarios revolucionarios de masas, y por eso para avanzar sobre el camino hacia la revolución proletaria.

5) Rechazamos la tradicional concepción pablista, del entrismo (‘sui generis’), que consiste en presionar a las burocracias reformistas, revisionistas o nacionalistas con el fin de que una sección de izquierda de estas sea asistida en volverse el ‘agente inconsciente’ de un proceso supuestamente automático de revolución permanente, o sea, la negación de la centralidad del proletariado y la sustitución de su partido revolucionario, programáticamente basado, en la lucha por el socialismo. Rechazamos el complemento pablista ultraizquierdista, reflejando frecuente mente un radicalismo pequeñoburgués, que niega la táctica del entrismo como tal.

6) Reconocemos la validez de la táctica de reagrupamiento revolucionario. Es una táctica que se aplica particularmente para profundizar la diferenciación y clarificación política mediante un proceso de escisiones y fusiones entre grupos ostensiblemente revolucionarios cuando las condiciones han causado una confusión entre las izquierdas. ‘Poner las bases contra la cumbre’ es la esencia de esta táctica, como también de otras tácticas leninistas-trotskistas, tales el frente unido y el entrismo.

7) Reconocemos la necesidad de luchar por una oposición de clase contra todos los frentes populares, desde la Unidad Popular de Allende a la Unión de la Gauche en Francia. No acordamos ningún apoyo electoral a cualquier de los partidos de un frente popular. En cambio proyectamos, cuando no haya un polo proletario revolucionario de masas, una política de ‘oposición condicional’ a los partidos reformistas, y revisionistas de tales frentes populares. En otras palabras, reivindicamos que estos partidos rompan su coalición con elementos burgueses como condición previa para el apoyo crítico a ellos por parte de los militantes obreros conscientes.

8) Aceptamos la concepción bolchevique-leninista del centralismo democrático: plena libertad de discusión interna, plena unidad de acción. Rechazamos la ‘libertad de crítica’ fuera del partido, siendo ésta una perversión del centralismo democrático leninista y una regresión a la etapa de la Segunda Internacional de antes de la Primera Guerra Mundial.

“III. Consideramos que los puntos mencionados constituyen un nivel de acuerdo programático relativamente alto, y por eso reconocemos nuestra responsabilidad de luchar por la constitución, tan pronto posible, de una tendencia internacional espartaquista, regida por el centralismo democrático y basada sobre una perspectiva programática común, por varias secciones nacionales. Por ahora necesariamente se requiere la más amplia consulta posible en cuanto a este acontecimiento.”

— Aprobada por el Buró Político de la SL/U.S., el 10 de septiembre de 1973; ratificada por el Pleno de la ÖBL, el 8 de diciembre de 1973. (Redactada con vistas a su publicación por el Departamento Internacional de la SL/U.S., el 14 de febrero de 1974.)

Después de una discusión el proyecto de esta Declaración fue endosada unánimemente con una abstención por la Conferencia interina.

Se aprobó también (unánimemente) un documento paralelo. Sus cláusulas políticas estipulan:

“[Nuestra] meta… es de constituir un grupo de propaganda luchador basado resueltamente en ‘las tareas históricas que se desprenden de [la] situación [objetiva] sin tener en cuenta si hoy los obreros son receptivos para ellas o no. Nuestras tareas no dependen de la mentalidad de los obreros. La tarea es de desarrollar la mentalidad de los obreros’ (Trotsky). Cualquier adaptación programática o claudicación ante la conciencia actual de las masas en nombre de ‘tácticas’ debe ser rechazada.

“El trabajo de los comunistas en los sindicatos debe apuntar a la construcción de un grupo de lucha de clases cuyos militantes se definen por: la participación en el grupo y la concordancia con el programa del grupo, un programa que constituye una aplicación del Programa de Transición a la situación sindical concreta y que trata de establecer el grupo de lucha de clases como una dirección alternativa revolucionaria del sindicato.

“La meta de la táctica del frente unido es de enraizar el programa revolucionario entre las masas. De ahí que el elemento decisivo de la acción de los revolucionarios dentro del frente unido es la lucha por el programa revolucionario y contra el de los reformistas o centristas. Sin una lucha por el programa revolucionario toda referencia al frente unido como un medio para lograr ‘la más amplia unidad de la clase’ significa llanamente, una adaptación al revisionismo kautskyano de antes de la Primera Guerra Mundial.”

Las preparaciones para la Conferencia interina incluyeron la producción de un primer número de la edición alemana de Spartacist.

Las labores de la Conferencia interina incluyeron, en particular, ratificar la publicación por nuestros compañeros en Berlin del periódico Kommunistische Korrespondenz, cuyo primer número está actualmente en preparación.

La Conferencia interina concluyó cantando “La Internacional” en una atmosfera de determinación por adelantar nuestro trabajo internacional común.

— Declaración del Departamento Internacional de la SL/U.S., el 16 de febrero de 1974.

Perspectiva para una revolución proletaria en Chile

[Originalmente publicado en Workers Vanguard No. 41,  29 de marzo de 1974. Traducido en Cuadernos Marxistas No. 3.]

El artículo “¡Romero y Van Schouwen no deben morir!” en el último número de Workers Vanguard (no. 40, 15 de marzo de 1974) contenía una formulación concerniente a la presente situación en Chile que podría dar lugar a un malentendido de consecuencias potencialmente serias. Tras dar una lista de un cierto número de factores que debilitan el gobierno de la junta, el segundo párrafo concluía: “La tarea, que es por encima de todo política, de prepararse para una insurrección obrera y campesina está a la orden del día.”

No pretendemos implicar con esto que el régimen militar esté al borde del colapso, ni que la tarea de los revolucionarios sea organizar una insurrección de inmediato. Intentar la resistencia por medio de la guerrilla o de una actividad terrorista aislada en Chile hoy sería pueril. Más bien la tarea inmediata es el rearmamento político de la clase obrera. El punto que hay que subrayar es que la estabilidad de la junta está ya seriamente amenazada, que el movimiento obrero (aún después de haber sufrido una seria derrota) no ha sido destruido completamente en su base, y que las condiciones están ahora maduras para ganar gran número de militantes al programa de la revolución permanente, y empezar a construir un partido trotskista en Chile. Principalmente, éstos provendrán de entre los miembros del MIR y otras organizaciones que permanecieron fuera y en cierto sentido a la izquierda del gobierno de frente popular de Allende.

Para aclarar el punto de vista de la Spartacist League sobre la situación actual en Chile, reproducimos a continuación una parte de las actas de la sesión del Buró Político del 12 de febrero, que refleja previas discusiones:

“Un refuerzo de nuestra posición apareció en un artículo del New York Times del 8 de febrero de 1974, que informaba que los demócratas cristianos se estaban distanciando de la junta; de hecho, el jefe de la junta, el General Pinochet, está ahora visiblemente desligándose de algunas de las acciones de la junta, diciendo que es importante ser ‘firme pero no cruel’. Aprovechamos esta oportunidad para reiterar nuestra posición básica.

“¿Cuál es el carácter de la derrota en Chile y cuáles son las conclusiones para la acción de los revolucionarios? Es por una parte real, contrariamente a la declaración de Angela Davis de que no ha habido una verdadera derrota en Chile (porque, naturalmente, el PC estaba profundamente involucrado en las premisas políticas que condujeron a la derrota). Esa fue su reacción inicial, sin embargo; ya no mantienen esa posición ahora. Por otra parte no es una catástrofe, coma han concluido muchos otros. No es como Alemania, donde triunfó el fascismo y aniquiló por completo a las organizaciones obreras. Esto no fue solamente por medio de los campos de concentración para 100.000 personas, sino que también destruyó las organizaciones obreras durante una generación. O Indonesia [en 1965] donde cientos de miles de militantes campesinos y obreros fueron simplemente asesinados; o el aplastamiento de la Revolución China [en 1927] y las gigantescas matanzas de Chiang Kai-shek. Ni es cualitativamente igual que la prolongada Guerra Civil en España, en la que murieron cerca de un millón de personas y que agotó al proletariado. Esas fueron derrotas después de las cuales el proletariado fue incapaz de levantar cabeza durante más de una generación.

“El carácter de la derrota en Chile, es más bien similar a la que sufrió la clase obrera en el golpe de estado de los fascistas clericales austríacos en 1934, por el que la Social Democracia fue aplastada, por el que murieron un cierto número de personas, donde se instalaron algunos campos de concentración, se bombardearon barrios obreros, etc. — y sin embargo una organización socialista ostensiblemente revolucionaria de carácter centrista de izquierda fue capaz de organizar y dirigir al proletariado, al menos hasta el ‘Anschluss’ [la anexión de Austria por Hitler en 1938] (después del cual el mejor camino para todos los que podían fue huir). En Chile, ha habido varios miles de bajas, pero la clase obrera está intacta, no atomizada, aunque ha sido temporalmente derrotada. La contrarrevolución tiene una de las más débiles bases sociales que se pueda imaginar. Parece no tener ningún apoyo en absoluto fuera de su propio aparato bonapartista, excepto las capas más altas de la burguesía y el cuerpo de oficiales. La Iglesia Católica desde el principio ha permanecido neutral y se ha desligado de la junta. La Democracia Cristiana, el otro partido numeroso del país, ha dado un apoyo dudoso y condicional. Las movilizaciones episódicas de los propietarios de camiones, de la clase media, amas de casa y similares han cesado inmediatamente. El gobierno ha impuesto medidas durísimas y una reducción de salarios; la inflación es severa, etc. Igualmente importante, los estalinistas y los socialdemócratas de izquierdas han sufrido una aplastante derrota política, no por la contrarrevolución, sino en términos de sus propias posiciones programáticas ante la clase obrera. La clase obrera está ahora deprimida y desmoralizada, pero esto es cualitativamente diferente de un completo holocausto totalitario.

“En Chile existe ahora la posibilidad, mejor y más propicia que en cualquier otro momento que podamos recordar en Latinoamérica, de construir un partido bolchevique así como una clara perspectiva, virtualmente linear, para una revolución proletaria. La clase obrera está todavía ahí. Está hirviendo de amargura; está maniatada ahora, pero en unos cuantos meses aparecerán las primeras antenas economistas, tentando la situación — quizá una pequeña huelga al principio. Por eso, como movimiento internacional, debemos recorrer el mundo en busca de emigrados chilenos e inculcarles las lecciones de la derrota chilena, tratando de consolidarles en algún tipo de publicación en la emigración y construir conductos hacia la clase obrera y el movimiento socialista chilenos. Por supuesto esto se debe hacer… sin la idiotez suicida de ‘Empuñad el fusil’ del ‘Secretariado Unificado’. Programa significa saber dónde apuntar el fusil y cuando apretar el gatillo. Debemos comenzar un combate político clandestino contra aquellos que condujeron a las masas a esta derrota, y cristalizar los cuadros bolcheviques que tendrán conexión con las masas. La situación en Chile debe estallar, la junta es un mero dique, y ¿qué sucederá a continuación?

“Esta no es de ninguna manera solamente una cuestión ‘objetiva’. La tarea política urgente y primordial en la izquierda ostensiblemente revolucionaria chilena e internacional es asimilar concretamente las lecciones del frente popular, con o sin la revisionista ‘transición estructural al socialismo’ o la retórica pequeño-burguesa de la guerrilla. Nuestra tendencia internacional tiene la inigualable cualidad de su programa para ayudar en tal perspectiva de reagrupamiento. Objetivamente, se está preparando la escena en Chile para una guerra civil gigantesca, quizá en unos pocos años, ya que el entusiasmo latente y la capacidad del proletariado no han sido agotados. Pero sin la cuidadosa y paciente construcción de un partido bolchevique por medio del trabajo dentro y fuera del país, puede escaparse esta oportunidad momentánea.”

El frentepopulismo contra el pueblo tamil

Carta a [Edmund] Samarakkody, 27 de octubre de 1973, traducida del International Discussion Bulletin [de la tendencia Espartaquista internacional] No. 3, mayo de 1974. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 08, agosto de 1980.

“[Refiriéndonos a] ese sector del movimiento trotskista ceilanés… que se opuso a la trayectoria [del LSSP] hacia la traición de 1964, que se escindió debido a ella y que, a diferencia de todos los demás escisionistas, realmente trató superar al ‘viejo’, ‘bueno’ LSSP ― ¿hasta qué punto lo ha hecho en la realidad? Está claro que el RWP lo ha hecho hasta cierto punto, pero se trata de una cuestión cualitativa que depende a la vez de un programa formal claro y la práctica cotidiana….

“… Parecería que la cuestión de la minoría tamil en Ceilán tiene una importancia triple. Primero, en las plantaciones que producen para el mercado mundial, los jornaleros tamiles, derivados de inmigrantes, son los principales productores de valor y, por este solo hecho, centrales a una perspectiva revolucionaria proletaria…. Segundo, la lucha de la vanguardia leninista contra el chauvinismo cingalés de las masas trabajadoras de la mayoría étnica dominante es tanto un requisito para una revolución victoriosa como lo fue para los Bolcheviques la lucha contra el chauvinismo ‘gran ruso’. Tercero, con el propósito de extender la revolución, al menos la población trabajadora del sur de India bien puede considerar el tratamiento de los tamiles derivados de la India como prueba clave de la autenticidad de las intenciones revolucionarias ceilanesas.

“Pero después de la reunificación de 1950 del LSSP, no hemos visto virtualmente ningún reconocimiento de estos elementos…. En su lugar notamos como la alternativa realizada por el LSSP, sucesivamente: un horizonte nacional, un enfoque parlamentario, la conciliación con el chauvinismo comunalista cingalés ‘antiimperialista’, la colaboración de clases, la traición abierta, la complicidad en una carnicería contrarrevolucionaria.  Para los revolucionarios, una política principista de lucha de clases en el terreno nacional sería una contradicción intolerable en la ausencia de una política internacionalista proseguida con vigor y que se refleja dentro del país en la cuestión del proletariado tamil de las plantaciones y en la lucha contra el chauvinismo cingalés, que constituye necesariamente la fuente principal del comunalismo…

“… El haberse dirigido al Sri Lanka Freedom Party en noviembre de 1951 para concretar un pacto de no agresión en base al radicalismo verbal de este partido, ya era, desde el punto de vista de la revolución permanente y la perspectiva concreta de una revolución proletaria en la isla, un crimen. La agitación más importante del SLFP fue, desde luego, en favor de ‘sólo cingalés’. Desde el punto de vista de los trabajadores tamiles de las plantaciones es imposible ver al SLFP como la suerte de ‘mal menor’ con el cual los revolucionarios firmarían pactos de no agresión.

“Debemos decir algo sobre el levantamiento de la juventud cingalesa en abril de 1971 organizado por el JVP…. El que un tal levantamiento, que por lo visto fue preparado en forma conspiratoria durante algún tiempo, haya podido producirse como una brusca sorpresa para todos los sectores de la vida política reconocida en Ceilán, parece acusar tanto el carácter artificial y socialmente apartado del ambiente parlamentario así como la concentración puesta en él por todos los elementos políticos anteriormente reconocidos.”

Baño de sangre en Chile

Traducido de Workers Vanguard no. 29, 28 de septiembre de 1973. Esta versión fue impresa en Cuadernos Marxistas No. 3, “Chile – Lecciones del Frente Popular”.

Las vidas de miles de líderes obreros y de militantes, así como de revolucionarios venidos de toda Latinoamérica, están en peligro hoy en Chile. Exhortamos a todas las organizaciones obreras a que organicen, activas protestas contra la junta reaccionaria, reclamando la puesta en libertad inmediata de los militantes de izquierda y de los obreros arrestados que están siendo torturados y asesinados a diario. Es el deber elemental de la solidaridad de clase el ofrecer la ayuda proletaria internacional a estas víctimas de un golpe militar dirigido a aplastar al movimiento obrero chileno.

La clase obrera internacional ha sufrido una derrota mayor con este golpe contrarrevolucionario. Para los obreros chilenos la toma de poder de los militares del 11 de septiembre representa un retroceso decisivo: tardarán años en recuperarse. Internacionalmente, el espectáculo de la derrota sangrienta e ignominiosa que está sufriendo el proletariado mejor organizado y más consciente de Latinoamérica, sin capacidad para entablar una guerra civil en defensa propia, sólo puede descorazonar a gran número de militantes. O bien el movimiento obrero aprende las lecciones de esta trágica derrota, o bien pagaremos con sangre el precio de nuestra ceguera – como está pasando hoy en Santiago.

El final sangriento de la “Unidad Popular”

El derrocamiento de Allende par los militares no ha sido un accidente. Había sido preparado por todo lo que la coalición de la Unidad Popular había estado haciendo desde el principio. Ni una sola vez había intentado este gobierno supuestamente “marxista” tocar las “sagradas” fuerzas armadas o armar a los obreros. Allende firmó un acuerdo antes de tomar posesión de su cargo estableciendo que no permitiría la formación de fuerzas armadas “privadas” (es decir, milicias obreras) y que sólo asignarla puestos para los oficiales entrenados en las academias militares tradicionales. En otras palabras, no intervendría en las fuerzas armadas burguesas y los obreros permanecerían desarmados – ¿qué mejor preparación para una masacre sangrienta?

Aún más, la coalición de la Unidad Popular predicaba constantemente que se tuviera fe ciega en la supuesta “neutralidad” en las fuerzas armadas “democráticas”. En su Primer Mensaje al Congreso en diciembre de 1970 Allende proclamaba:

“Las Fuerzas Armadas chilenas y los Carabineros, fieles a su deber y a su tradición de no-intervención en el proceso político, apoyarán una organización social que corresponde con la voluntad del pueblo….”*

Y en el mundo entero, reformistas de todos los colores mostraron a Chile como el modelo de la transición pacífica al socialismo. ¡No hay una vía pacífica! Chile es una prueba más.

De hecho los reformistas aprobaron una ley que permitía a las fuerzas armadas requisar cualquier arma en manos de civiles. (La ley, por supuesto, fue aplicada rigurosamente en contra de los sindicatos y partidos obreros, mientras que los fascistas almacenaban un tremendo arsenal.) El estatuto fue propuesto por el Partido Nacional, de derechas, y aprobado por la mayoría de la oposición en el Congreso a principios de este año. Allende, que hubiera podido vetar la ley con éxito, en su lugar, la promulgó. Para asegurarse de que la UP entendía exactamente quién tenía el poder, las fuerzas armadas utilizaron la nueva ley para llevar a cabo una redada en la oficina del propio partido de Allende, los socialistas, “en busca de armas ilegales”. Como consecuencia de la política de la UP la clase obrera chilena se ve ahora enfrentada, a la fuerza total del ejército, marina, aviación, y carabineros, sin tener en su poder más que unas cuantas ametralladoras ligeras.

En los últimos días del gobierno de la Unidad Popular de Allende, algunos sectores del proletariado estaban empezando a rechazar esta política pacifista-derrotista y formaron los cordones industriales (comités obreros en el cinturón industrial de Santiago) y los “comandos comunales” (grupos locales de autodefensa en los distritos predominantemente proletarios y lumpen). Sin embargo, en su mayor parte el armamento con que contaban era equivalente a lanzas. Dos días antes del golpe, las fuerzas aéreas intentaron una redada de la fábrica textil Sumar y por primera vez fueron rechazados por la resistencia armada de los obreros. Como castigo a este “insulto” a la “dignidad de las fuerzas armadas” la fábrica ha sido bombardeada tres veces desde el golpe, matando por lo menos a 500 obreros, según reportes de la prensa burguesa (Newsweek, 24 de septiembre).

Allende, sin embargo, fue consistente consigo mismo hasta el final. Su primer mensaje radiado después de que se iniciara el golpe decía “un sector de la marina se ha rebelado” y que “estoy esperando ahora la decisión del ejército de defender al gobierno” (New York Times, 12 de septiembre).

Frente Popular

Más que sólo creer en una vía pacífica al socialismo, los mayores partidos obreros chilenos (Socialista y Comunista) creían que era posible tener un gobierno de “transición” hacia la dictadura del proletariado, en cooperación con partidos de la burguesía. Esta es la vieja teoría estalinista de “revolución en dos etapas”, en la que la UP representaría la etapa “democrática”. Así la UP incluía al pequeño Partido Radical y al MAPU, producto de una escisión de izquierda de la Democracia Cristiana, y estaba basada en el apoyo tácito del Partida Demócrata Cristiano mismo. (Los partidos de la UP originalmente constituían sólo un 36 por ciento del Congreso, así que todas las leyes aprobadas durante los últimos tres años fueron apoyadas por el PDC. La ley de nacionalización de las compañías de cobre fue apoyada por todos los partidos burgueses, incluyendo al Partido Nacional reaccionario.) Más tarde, cuando los radicales y el MAPU se dividieron, su puesto de paladines de la estabilidad capitalista fue ocupado por los ministros militares.

El propósito de esta alianza era garantizar a la burguesía que la UP no tenía ninguna intención de Sobrepasar los límites del capitalismo. Esto estaba sobradamente claro en el propio programa de la UP, que tan sólo proponía unas cuantas nacionalizaciones, cuyo resultado final sería el mejorar la posición de la burguesía industrial chilena vis-a-vis de los imperialistas. Ni siquiera la reforma agraria del gobierno de Allende hizo más que aplicar la ley ya existente que había sido promulgada durante el gobierno del PDC de Frei. Según esta ley los campesinos tenían que pagar por toda la tierra que recibieran, y la mayoría de las grandes granjas capitalistas (que producían la mayor parte de la carne y el grano) estaban exentas.

El propósito mismo del frente popular es engatusar a los obreros a que se crean que es posible mejorar su situación sin derribar el orden burgués, sin enfrentarse a las fuerzas armadas o sin romper con los partidos capitalistas. La UP no era un gobierno obrero, ni un “gobierno reformista”, sino un frente popular que ataba a la clase obrera al capitalismo y preparaba precisamente las masacres que están sucediendo ahora.

A medida que las tensiones sociales se acentuaban en Chile, el país se iba polarizando entre la clase obrera y los capitalistas. Muchos pequeños burgueses que al principio apoyaban a Allende se puaron a la oposición burguesa. Esto fue debido al sabotaje económico por la burguesía: al cerrar sus negocios, al cortar el abastecimiento de comida y el transporte, los capitalistas fueron capaces de crear tremendas carestías y una inflación astronómica. Los obreros estaban en parte protegidos por los sindicatos y otras instituciones locales, como los comités de precios (JAPs). Pero la pequeña burguesía estaba completamente desguarnecida y, a diferencia de los ricos, no podía abandonar el país. Fue esto lo que produjo el rápido crecimiento de los fascistas, las grandes demostraciones de la derecha y la atmósfera política apropiada para el golpe. Se hizo claro de esta manera que la condición clave para que el proletariado gane el apoyo de los sectores más explotados de la “clase media” es la persecución de un enérgico programa de expropiación de los monopolios y de transición al socialismo. A medida que se ensanchaba la brecha entre las dos clases fundamentales, la política de “moderación” de la UP condujo a la pequeña burguesía a los brazos de la reacción.

Advertencia por anticipado

En los Estados Unidos, de todas las organizaciones ostensiblemente trotskistas, la única que adoptó una clara postura en contra del gobierno de frente popular de la UP desde un mismo principio fue la Spartacist League. Inmediatamente después de las elecciones de 1970 escribimos:

“Es el deber mis elemental de los marxistas revolucionarios el oponerse irreconciliablemente al frente popular en las elecciones y no tener absolutamente ninguna confianza en él una vez en el poder. Cualquier ‘apoyo crítico’ a la coalición de Allende sería una traición a la clase, abriendo el camino para una derrota sangrienta del proletariado chileno cuando la reacción doméstica, auxiliada por el imperialismo internacional, esté lista.”

Spartacist, noviembre-diciembre de 1970 [ver “Frente Popular en Chile”, p. 2 del presente número]

En ese tiempo la oportunista Workers League escribió que “los obreros deben hacer que Allende cumpla sus promesas…” (Bulletin, 21 de septiembre de 1970), implicando que era posible de alguna forma pasar al socialismo por el hecho de que un gobierno de frente popular burgués mantuviese su programa burgués. El ex-trotskista Socialist Workers Party dice ahora que la UP era un frente popular, pero en los primeros meses de su popularidad postelectoral el SWP cantaba otra canción: “… Pero el no reconocer sus elementos positivos, condenándola in toto basados en un dogmatismo sectario, significaría un aislamiento suicida” (Intercontinental Press, 5 de octubre de 1970). De hecho, la posición de principios trotskistas de oposición al frente popular era la única alternativa al suicidio.

Repetidamente advertimos en nuestra prensa que se aproximaba un desastre en Chile. En diciembre de 1972 advertimos del peligro de “un ataque contrarrevolucionario ante el cual el proletariado está indefenso… sin órganos de doble poder, sin armas, sin vanguardia” (Workers Vanguard, no. 14). De nuevo el 3 de agosto escribimos:

“El gobierno de Allende debe ser remplazado por una revolución obrera… La izquierda ostensiblemente revolucionaria en Chile se ha abstenido de proveer una clara oposición al frente popular… Se está preparando un río de sangre para las masas trabajadoras chilenas. Sólo a través de la lucha para construir un partido revolucionario de vanguardia basado en la política de Lenin y Trotsky se puede evitar esto y convertir en realidad el potencial revolucionario. En contraste a los centristas como el MIR que se rinden constantemente ante la popularidad de la UP con sus fórmulas de ‘apoyo crítico’ y de presión desde la izquierda, un partido tal debe ser uno de oposición irreconciliable.”

WV no. 26, 3 de agosto de 1973 [ver “Falla un golpe de las derechas en Chile”, p. 14 del presente número]

En una reciente octavilla advertimos de nuevo: “Un baño de sangre se prepara en Chile mientras que las fuerzas derechistas intentan crear un caos político y económico, como preparación para un golpe contrarrevolucionario…. Solamente una revolución obrera pude prevenir esto, y el primer obstáculo que se opone es el gobierno del frente popular de Allende.” Al mismo tiempo exhortábamos a la formación de un frente unido de todas las organizaciones obreras para aplastar la ofensiva derechista-militarista e indicábamos la necesidad de luchar al lado de las tropas leales al gobierno contra el intento de putsch reaccionario (“Enfrentamiento en Chile”, 4 de septiembre).

Estalinismo y ex-trotskismo

En contraste con esta política leninista de independencia proletaria y de defensa contra la contrarrevolución por medio del frente unido, el Partido Comunista estalinista no solamente continuó chalaneando sus slogans almibarados de “coexistencia pacífica” y la “vía chilena al socialismo” sino que rehusó reconocer el peligro mortal que crecía ante sus ojos. En el número del 8 de septiembre del  semanario del PC en la costa oeste, People’s World,  leemos, en un artículo titulado “Aumenta el apoyo a Allende: ¿está la derecha de Chile retrocediendo?”:

“A pesar de la extendida especulación durante la semana pasada de que el gobierno socialista de la Unidad Popular de Chile había caído en una crisis que no podría sobrevivir, parece que se ha evitado el peligro inminente de guerra civil.

“El presidente de Chile, Salvador Allende, ha afirmado que ‘No habrá golpe de estado ni guerra civil porque la gran mayoría del pueblo chileno rechaza estas soluciones’.”

Durante los últimos dos meses el PC no ha cesado por un momento de hacer continuos llamamientos por una coalición con el Partido Demócrata Cristiano, mientras que el PDC por su parte estaba apoyando el paro de los dueños de camiones, tenderos y profesionales, preparando así el camino para el golpe (endorsado por ellos desde entonces). Y para postre, el dirigente del PC francés, Bernard Fajón, a su vuelta de Chile, dio una conferencia de prensa el 2 de septiembre para denunciar al MIR y otros grupos de izquierda por lanzar slogans tales como “por el control obrero” y por exhortar a los soldados a que desobedecieran las ordenes de los oficiales golpistas, afirmando que “estos conceptos absolutamente dementes” estaban ayudando a las derechas (Le Monde, 3 de septiembre). Una vez más los estalinistas se muestran como lo que son: los enterradores de la revolución.

El ex-trotskista Socialist Workers Party está intentando hoy aparentar una ortodoxia trotskista denunciando el frente popular en Chile. Sin embargo, debemos señalar que el grupo que ellos apoyan en Chile, el Partido Socialista Revolucionario, caracterizaba a la UP como “reformista” y no como un frente popular, y no reclamó su substitución por un gobierno obrero hasta finales de agosto (Revolución Permanente, 15-31 de agosto).

Aún más, aunque el SWP hace de vez en cuando algunas reverencias en la dirección del trotskismo, su verdadera política se revela en una reciente octavilla en Boston (12 de septiembre) en la que afirman:

“El Socialist Workers Party condena esta represión y pide al pueblo norteamericano y a todos los pueblos del mundo que defiendan al pueblo chileno y sus derechos democráticos.”

¡Clásica fórmula estalinista! Seguramente el SWP nos informará dentro de nada de que el Partido Demócrata Cristiano, que apoyó al golpe, no forma parte del “pueblo”.

Como Trotsky hizo resaltar en sus escritos sobre Francia y Alemania en los años 30, la clase obrera, cuando se ve frente a un bonapartismo en auge, puede, o bien apoyar a la democracia burguesa, o bien avanzar hacia la revolución socialista. El SWP opta así por la primera posibilidad, una política estalinista. La burguesía chilena en su totalidad opta por un golpe contrarrevolucionario para aplastar a los obreros militantes y ¡el SWP cacarea sobre “represión” y “el pueblo chileno”!

La respuesta ante la junta reaccionaria debe ser una lucha renovada en contra de las ilusiones sobre el frente popular, por una revolución obrera y campesina para aplastar a la Junta y al capitalismo. La campaña para la defensa de los obreros e izquierdistas cuyas vidas están amenazadas por una masacre sangrienta debe ser enfocada hacia la clase obrera, la única que tiene el poder social de hacer retroceder a la burguesía. ¡Por la liberación de los prisioneros en Chile víctimas de la guerra de clases!

Recientes demostraciones en este país en protesta de la toma de poder de los militares en Chile, se han centrado alrededor de las demandas de que los EE.UU./ITT/CIA se larguen de Chile; de que los EE.UU. no reconozcan a la junta; y de que intervenga la ONU. El gobierno de los EE.UU. estaba ciertamente involucrado en el golpe – hasta admite que había sido informado de antemano. Por esa razón, pedir a Nixon que no reconozca a la junta es absolutamente ridículo; los EE.UU. ayudaron a implantarla, luego ¿por qué no reconocerla? Por otra parte, fijarnos exclusivamente en el papel de los EE.UU., como hacen el PC, SWP, y los varios Comités de Solidaridad con Chile, equivale a absolver a la burguesía chilena de toda responsabilidad en el golpe. Aún más, esto es excusar la política contrarrevolucionaria de los estalinistas en Chile de capitulación ante las fuerzas mismas que produjeron el golpe. Finalmente, apelar a la ONU para que ayude a los obreros chilenos implica que ésta es un tipo de organización neutra, en servicio tanto del proletariado como de la burguesía, en vez de una cueva de ladrones imperialistas. No se apela a un ladrón para frenar a otro ladrón.

La lección contundente que se debe extraer del desastre chileno, como de Indonesia en 1965 y de la Guerra Civil Española es que los obreros deben contar sólo con sus propias fuerzas. Apelar a los EE.UU. o a la ONU para que se opongan a la junta, lo mismo que recurrir a un frente popular para introducir el socialismo, sólo lleva a encadenar a los obreros a su enemigo de clase y conduce finalmente a la derrota.

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