Nicaragua: ¿Una nueva Cuba?

Nicaragua: ¿Una nueva Cuba?

Extracto de Workers Vanguard No. 238, 17 de agosto de 1979. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 08, agosto de 1980.

El mes pasado cuando 100.000 personas llenaron la recién bautizada Plaza de la Revolución de Managua para aclamar el derrocamiento, bajo dirección sandinista, de la sangrienta dinastía de Somoza, instalada hace 45 años por los marines estadounidenses, los revolucionarios de todo el mundo aclamaron junto a las masas nicaragüenses la caída del dictador. Fue la primera derrota seria del imperialismo norteamericano desde que el ejército revolucionario cubano aniquiló a los gusanos organizados por la CIA en Playa Girón.

Durante las dos décadas después de la derrota imperialista en Cuba, la burguesía norteamericana y sus “gorilas” locales ―obsesionados por el espectro de una “nueva Cuba” ― han desatado una venganza terrible contra los obreros, campesinos e intelectuales de América Latina: la invasión de los marines a la República Dominicana en 1965, la caza y el asesinato del Che Guevara por la CIA, el derrocamiento de la democracia burguesa en Brasil y Uruguay, y luego una campaña salvaje de terror contra la izquierda, con 30.000 obreros y militantes de izquierda asesinados en Chile en 1973 y millares de muertos más en la Argentina unos años después. Pero cuando el graduado de West Point “Tacho” Somoza huyó a Miami con todo el mando militar de su Guardia Nacional, fue la primera revolución popular contra una dictadura de derechas desde el momento en que el Ejército Rebelde de Fidel Castro entró en La Habana el 1º de enero de 1959.

¿Se convertiría Nicaragua en una nueva Cuba? No sorprende que todo el mundo se planteaba esta pregunta no sólo en la primera plana del Washington Post y en los pasillos del Pentágono, sino también entre los militantes de izquierda por toda América Latina. Mientras los comentaristas de Guerra Fría Rowland Evans y Robert Novak lamentaron que “América Central se vuelve roja”, la mayoría de los periodistas burgueses, así como el Departamento de Estado, sostienen que se puede evitar una nueva Cuba.

El futuro camino político y económico de Nicaragua, al menos visto desde lejos, no está categóricamente predeterminado. (Al contrario de Irán, donde el carácter religioso claramente reaccionario de la oposición jomeinista al sha permitió a los revolucionarios pronosticar de antemano la naturaleza del nuevo régimen.)

La destrucción del régimen somocista ha dañado severamente al orden burgués nicaragüense. Somoza tenía más motivo que Luis XIV para decir “El estado soy yo”. La familia de Somoza no solamente constituyó el componente mayor de la clase burguesa, siendo propietaria de gran parte de los sectores claves de la economía. El poder estatal se había reducido a la guardia personal pretoriana de Somoza. La guerra civil la destruyó.

Al negociar con la junta revolucionaria las condiciones para el desalojamiento de Somoza, el Departamento de Estado no se preocupaba tanto de añadir al futuro gobierno unos cuantos burgueses conservadores más sino de conservar la Guardia Nacional. Y los sandinistas sí consintieron que los oficiales “honestos y patrióticos” de la Guardia serían integrados en un nuevo ejército nacional, sin represalias contra ninguno.

¡Qué traición más cruel del pueblo nicaragüense, que ha visto masacrar a sus maridos, niños y padres a manos de los pistoleros somocistas en uniforme!

El ejército particular de Somoza, sin embargo, no se fió en los dirigentes sandinistas, cualesquiera fuesen las promesas que estos dieran a Carter, para protegerse contra la furia de sangre de sus víctimas. Cuando huyó su jefe. La Guardia se desmoronó en una masa de refugiados despavoridos. La imagen de las tropas de Somoza dejando sus armas, quitándose los uniformes y subiendo a gatas a los helicópteros para escapar recuerda a escenas parecidas durante la caída de Saigón. La mayoría de los aviones de la fuerza aérea somocista, apoderados por las tropas en fuga, ahora están aparcados en las pistas de aterrizaje de Guatemala y Honduras. Precipitándose hacia El Salvador, guardias desesperados desviaban unas barcas pesqueras; otros se formaron en una columna desordenada que cruzó a toda prisa la frontera con Honduras, mientras los militares más desgraciados se refugiaban en las iglesias, los campamentos de la Cruz Roja y las embajadas extranjeras. Con suerte algunos llegarán a ser juzgados por sus crímenes atroces.

Somoza dejó un país en ruinas. Toda ciudad importante había sido bombardeada mientras Estelí, que desde septiembre pasado ha sido la escena de repetidas batallas fuertes, hoy día es un pueblo casi desierto. Las fábricas están destrozadas; se han perdido las cosechas. Como los autobuses servían de barricadas durante los combates, el transporte ha sufrido un colapso total. Los cientos de miles que regresan de los campos de refugiados encuentran a un país que ha quedado sin viviendas ni empleos. Decenas de miles han muerto en la lucha.

El vacío del poder en Nicaragua resulta en igual medida de la desorganización grave del orden burgués como de la debilidad de la clase obrera, desprovista de conciencia y organización. Este vacío proporciona a los sectores pequeñoburgueses y sus representantes Sandinistas radicales un peso social y una autonomía excepcionales frente a los decisivos campos de clase contrapuestos, el proletariado y el capitalismo. Ahora el ejército guerrillero sandinista constituye la fuerza militar dominante. Y la cuestión clave: si entre estas fuerzas radicales burguesas y pequeñoburguesas se va a constituir de nuevo un aparato estatal capitalista o si la revolución llevará a una ruptura con el sistema capitalista-imperialista.

La destrucción de la Guardia Nacional somocista, igual que la destrucción hace 20 años del ejército cubano de Batista, ha abierto un período en el cual todavía no está fundamentalmente determinada la naturaleza de clase del estado naciente. Los comandantes sandinistas han prometido respetar la propiedad privada ―pero también lo hizo el primer gobierno de la Revolución Cubana. Como decíamos hace tres años:

“ … lo que surgió en La Habana luego del derrocamiento de Batista fue un fenómeno necesariamente transitorio y fundamentalmente inestable ― un gobierno pequeñoburgués que no estaba comprometido ni a la defensa de formas de propiedad privada burguesa, ni a formas de propiedad colectivista del dominio proletario…. este régimen era temporalmente autónomo del orden burgués (o sea, no existía en el sentido marxista un estado capitalista, en otras palabras no existían los cuerpos armados dedicados a la defensa de las formas particulares de propiedad de la burguesía)”

― “Guerrilleros en el poder”, Spartacist (edición en español) No. 7, junio de 1979

Las lecciones de Cuba

Así es que la Revolución Cubana proyecta su larga sombra sobre Nicaragua, y no principalmente porque Castro ha apoyado durante años a los guerrilleros sandinistas. El Ejército Rebelde de Castro era una fuerza pequeño burguesa heterogénea temporalmente independiente de la burguesía. Normalmente, al llegar al poder, formaciones de esa índole se han convertido en nuevos regímenes burgueses bonapartistas, integrados en el sistema imperialista. Pero el caso cubano tenía un desarrollo excepcional llevando a una ruptura con el orden capitalista-imperialista.

Al llegar al poder los guerrilleros del Movimiento 26 de Julio establecieron un gobierno de coalición con antiguos políticos burgueses, quienes además ocuparon los puestos más altos: Manuel Urrutia presidente, José Miró Cardona primer ministro y Roberto Agramonte ministro de relaciones exteriores. Pero las reformas iniciales de Castro, más que toda la reforma agraria de junio de 1959, provocaron una reacción violenta del imperialismo de EE.UU., que lanzó un boicot económico y fomentó la contrarrevolución en la isla. Castro por su parte reaccionó con medidas cada vez más radicales, que ahuyentaron todo apoyo burgués. Temiendo la ira del poderío yanqui, la burguesía cubana en su mayoría huyó a los EE.UU. esperando volver en la estela de los marines.

Para defenderse contra el imperialismo estadounidense y el sabotaje económico de la burguesía cubana, entre junio y diciembre de 1960 el régimen castrista expropió la propiedad capitalista. Al realizar esta transformación social los radicales pequeñoburgueses del Movimiento 26 de Julio también pasaron a constituirse en una burocracia estalinista de un estado obrero deformado, que expropió políticamente y oprime a los obreros y campesinos cubanos. Como hemos señalado:

“… la burocracia estalinista rusa es, en uno de sus aspectos contradictorios centrales ―es decir, el de ser la correa de transmisión de la presión del mundo burgués sobre un estado obrero― una formación pequeñoburguesa. La parte decisiva de los castristas pudo hacer la transición hacia la dirección de un estado obrero deformado porque, en ausencia del igualitarismo y la democracia proletaria de un estado ganado directamente por la clase obrera, nunca tuvieron que trascender o alterar fundamentalmente sus propios apetitos sociales pequeñoburgueses radicales, sino sólo transformarlos y redirigirlos.”

― Prefacio a Cuadernos Marxistas No. 2, “Cuba y la teoría marxista” (1973)

Las figuras principales en el derrocamiento de Somoza han sacado, cada una a su manera, algunas lecciones de esta historia en sus intentos de evitar una nueva Cuba. Un par de años atrás la agrupación más numerosa entre los sandinistas, los “terceristas”, decidió que declararse a favor de un socialismo al estilo cubano sería levantar una barrera a una alianza amplia en contra de Somoza. Por lo tanto, dejaron su castrismo y asumieron un programa puramente nacionalista burgués. La burguesía antisomocista, representando a la gran mayoría de los capitalistas nicaragüenses, respondió favorablemente y después ha intentado domesticar a los guerrilleros sandinistas.

La revolución social desde arriba llevada a cabo en Cuba ocurrió solamente porque el régimen bonapartista de Castro se enfrentó con condiciones históricas excepcionales. Entre ellas, un factor decisivo fue la beligerancia de los EE.UU. hacia el gobierno rebelde cubano. Esta experiencia también ha sido aleccionadora para el imperialismo norteamericano, y en muchos círculos de Washington se reconoce ahora que la ciega hostilidad a Castro de los EE.UU. en 1959 ayudó a empujarle hacia las expropiaciones que querían impedir. Así, parece que hoy por hoy los dirigentes norteamericanos han elegido la zanahoria y no el palo en Nicaragua.

Al mismo tiempo, los dirigentes norteamericanos no se disponen a entregar un cheque en blanco a los sandinistas. Managua ha pedido que los EE.UU. la provean de armamento para el nuevo Ejército Popular. El retraso de Washington en acordarlo incitó al famoso jefe guerrillero y nuevo subministro del interior “Comandante Cero” (Edén Pastora) a amenazar que la junta recurriría al “bloque socialista” para conseguir armas, aunque más tarde el ministro del interior Borge repudió esta declaración.

A pesar de las repetidas afirmaciones del régimen sandinista que desea buenas relaciones con Washington, la retórica antinorteamericana procedente de Managua intranquiliza a los diplomáticos de los EE.UU. Según el Washington Post (7 de agosto de 1979), Barricada, el órgano oficial del gobierno y único periódico actualmente editado en el país, describe la revolución antisomocista como una derrota para “el imperialismo U.S.A.” y hace referencia a la Organización de Estados Americanos como “el Ministerio de Colonias del Departamento de Estado”. El deseo del imperialismo yanqui de tratar con el régimen nicaragüense va a afectar mucho su desarrollo y puede resultar decisivo en producir la reconsolidación de un estado comprometido a la defensa de las formas de propiedad capitalista. Pero por muy astuta que sea la política de Washington, la suerte del régimen nicaragüense también depende del desarrollo de la lucha de clases al interior de Nicaragua.

El futuro de la revolución nicaragüense

Este gobierno de guerrilleros “marxistas-leninistas” y grandes capitalistas no lo va a encontrar fácil dominar a un país cuya economía está arruinada, cuyo ejército ha huido y cuyas masas esperan más de la revolución que únicamente unos lemas de “una nueva Nicaragua”. No hace falta ser marxista para darse cuenta de que el gobierno provisorio de reconstrucción nacional es todo menos que un equipo gobernante estable dedicado a algún programa definido. Como informó Alan Riding en el New York Times del 22 de julio (de 1979):

“Anastasia Somoza Debayle fue derrocado la semana pasada porque llegó a unir a casi todos los sectores de Nicaragua en contra de él. En el calor de la guerra, incluso causó la formación de un gobierno provisorio de reconstrucción nacional compuesto de aliados de lo más improbables. ¿Pero será capaz de funcionar en el poder esta mezcla de clases e ideologías cómo funcionaba en la oposición?”

“En realidad, cuanto más la oposición se acercaba al poder, más frágil parecía la coalición. Siempre era fácil redactar denuncias conjuntas de la dictadura, pero era menos sencillo para los hombres de negocios, conservadores, intelectuales socialdemócratas y guerrilleros marxistas concordar en lo que debiera reemplazarla.”

Parece que los guerrilleros sandinistas han entregado a los representantes burgueses la mayor parte del poder gubernamental. De la docena (más o menos) de ministros solamente dos son de la dirección sandinista; los demás son grandes capitalistas, curas y tecnócratas. Pero el verdadero poder no se ubica en estos ministerios. Castro tampoco fue ministro en el primer gobierno pos batistiano; él fue simplemente comandante del Ejército Rebelde. Si los dirigentes sandinistas han sido generosos en la distribución de carteras ministeriales a sus aliados burgueses, no han permitido que ellos tomasen el mando de los fusiles.

Se podría imaginar que molestaría a Fidel Castro que los sandinistas, a quienes ofreció amistad cuando eran débiles, ahora rechazan a Cuba como modelo revolucionario. Pero no, el “líder máximo” estalinista se ha juntado al coro proclamando que los sandinistas representan un sistema social propio de Nicaragua:

“…a los temores expresados por alguna gente… que Nicaragua se va a convertir en una nueva Cuba. Los nicaragüenses le han dado una magnífica respuesta, no. Nicaragua se va a convertir en una nueva Nicaragua, que es una cosa muy distinta.”

― Discurso del 26 de julio, reproducido en Perspectiva Mundial, 3 de septiembre de 1979

Puede que un sector decisivo de los cuadros sandinistas junto con sus aliados burgueses actuales reconstituirán un estado burgués bajo el dominio del imperialismo yanqui. Pero ésa no es la única posibilidad. Un ascenso de lucha social combativa desde abajo (p.ej., ocupaciones de tierra por los campesinos, venganza popular contra los guardias somocistas), sobre todo si provoca una reacción de hostilidad por parte de los EE.UU., puede presionar a un sector de los sandinistas pequeñoburgueses radicales hacia la izquierda, conduciendo a una revolución social burocráticamente deformada. Pero por otra parte, tal ascenso, especialmente con la ausencia de una dirección revolucionaria consciente, bien podría terminar en una contrarrevolución sangrienta de la burguesía criolla en alianza con los imperialistas norteamericanos.

Hay otro camino, por el cual se encuentra la verdadera perspectiva de la victoria de una revolución nicaragüense: la llegada de la clase obrera como fuerza independiente y consciente luchando por el poder. La creación de órganos independientes de poder obrero (p.ej., milicias obreras, comités de fábrica, soviets) pondría recíprocamente las bases para el desarrollo rápido de un partido proletario revolucionario (leninista). El desarrollo de las fuerzas proletarias revolucionarias amenazaría a los apetitos bonapartistas pequeñoburgueses de todas las alas de la dirección sandinista; un sector de este movimiento pequeñoburgués muy probablemente pasaría a los obreros y a su vanguardia, mientras otros elementos se retirarían al campo de la reacción burguesa.

La actual “unidad” de la revolución antisomocista será destrozada, de alguna manera u otra, por el conflicto de clases. En sí la derrota de Somoza plantea la redistribución radical de la propiedad capitalista en Nicaragua. Este multimillonario sanguinario fue propietario de más de un 30 por ciento de toda la tierra cultivable del país, además de un ganado vacuno enorme. Tenía la participación predominante en la compañía aérea nacional, poseía la compañía naviera más grande del país, el matadero más grande, varias empresas constructoras y mucho más. Ahora el nuevo régimen ha tomado posesión de todo.

¡Obreros al poder! ¡Por un partido trotskista!

Qué hacer con esta propiedad inmensa será un campo de conflicto mayor entre las distintas clases sociales que actualmente apoyan a la junta sandinista/burguesa. Los campesinos esperan y van a exigir que las haciendas de Somoza sirvan de base para una revolución agraria radical e igualitaria. Los políticos burgueses de Managua intentarán transferir la antigua riqueza de Somoza a sus propios bolsillos y a los de sus amigos. El ministro de reforma agraria, el sandinista Jaime Wheelock, propone convertir la mayoría de las tierras de Somoza en granjas cooperativas, una propuesta que debe desagradar a sus “compañeros” ministeriales burgueses, que tienen su propia hambre de tierra. Además, los terratenientes burgueses seguramente temen que las tomas de tierra muy bien pueden extenderse más allá de las fincas de “Tacho” hasta las suyas. Es posible que, como en la Cuba de 1959, el alcance y la naturaleza de la reforma agraria puedan motivar la primera explosión importante entre ministros burgueses como Alfonso Robelo (“el rey del aceite de cocina” de Nicaragua) y radicales pequeño burgueses como Wheelock.

Ni pueden ni quieren las masas de Nicaragua vivir como antes vivían. Pero para llevar a cabo una revolución socialista, las masas radicalizadas han de ser políticamente dirigidas y organizadas por un partido revolucionario de vanguardia, basándose fundamentalmente en el proletariado y con una perspectiva internacional. Con la ausencia de tal partido leninista (trotskista), Nicaragua podrá como máximo llegar a ser una nueva Cuba, es decir, a una revolución social deformada que impone a la clase obrera una burocracia, estrechamente nacionalista, parásita y opresiva. El “socialismo en una sola república bananera” no puede ser sino un obstáculo al desarrollo de la revolución socialista en América Latina.

Pero el Secretariado Unificado (SU) seudotrotskista no reconoce la necesidad de una vanguardia leninista porque toda su perspectiva es de presionar a los sandinistas pequeñoburgueses para que hagan “una nueva Cuba”. La declaración del SU del 20 de junio, “Solidaridad con la lucha del pueblo nicaragüense” (Intercontinental Press, 9 de julio de 1979), no llega a mencionar la necesidad de un partido proletario revolucionario. En lugar de eso, estos revisionistas declaran que el Frente Sandinista de Liberación Nacional es la “vanguardia… del pueblo de Nicaragua”. Pero la fracción “tercerista” dominante tiene un programa puramente democrático-burgués, mientras las otras dos fracciones sostienen la revolución “en dos etapas” de corte estalinista. Estando ahora en el poder, los sandinistas no sólo han afirmado su intención de dirigir una Nicaragua capitalista, sino también han tomado medidas para efectuarlo.

En Nicaragua la tarea inmediata a la que se enfrenta un partido revolucionario es de oponerse a los esfuerzos de la junta sandinista/burguesa dirigidos a restaurar un estado capitalista. Los dirigentes sandinistas ya han manifestado su aspiración bonapartista de asegurar un monopolio del poder militar. Una de las primeras medidas de la junta revolucionaria fue de mandar que todos los civiles entregaran los fusiles, muchos de ellos adquiridos cuando los guardias abandonaron en masa sus armas. Dado el caos revolucionario, es poco probable que este decreto se haya cumplido. Una reivindicación urgente que un partido revolucionario en Nicaragua debe enarbolar es que las masas trabajadoras guarden sus armas, y que se establezcan milicias obreras independientes del régimen sandinista/burgués.

Un partido revolucionario emprendería la agitación a favor de tribunales populares para enjuiciar a los criminales de la Guardia Nacional escondidos en las iglesias y los campamentos de la Cruz Roja. Exigiría una revolución agraria radical e igualitaria, la expropiación de la industria y el comercio y la reconstrucción de la economía sobre una base socialista. Las expropiaciones no deben ser limitadas solamente a la propiedad de Somoza. Más que todo, los trotskistas han de hacer propaganda por un gobierno excluyendo a la burguesía antisomocista y basado en los órganos democráticos de la clase obrera y sus aliados campesinos. Claramente tal lucha revolucionaria no puede limitarse únicamente a Nicaragua, sino debe afanarse por crear los Estados Unidos Socialistas de América Latina.

Mario Muñoz a Salvo

¡Libertad para todas las víctimas de represión derechista en Argentina y Chile!

Mario Muñoz a Salvo

Informe del PDC – agosto de 1976. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 4, mayo de 1977. 

El 4 de agosto, Mario Muñoz Salas, el dirigente minero chileno que había sido víctima de una persecución policíaca durante cuatro meses, llegó a salvo a Viena, Austria. La liberación de este valiente dirigente sindical de clase de las manos de la junta sanguinaria de Videla, es un triunfo para la clase obrera internacional y es como un faro de esperanza para las decenas de miles de refugiados del terror derechista todavía atrapados en Argentina.

Mario Muñoz fue recibido en el aeropuerto de Viena por una delegación que abarcaba a representantes del Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz, y el Comité de Defensa de los Prisioneros Obreros y Marinos en Chile; la tendencia espartaquista internacional y su sección simpatizante, los BoIcheviques-Leninistas Austriacos (OBL); Albrecht Konecny, presidente de la Generación Joven del Partido Socialista de Austria; y representantes de la prensa austriaca. Al llegar, Muñoz agradeció al gobierno austriaco por haberle concedido un visado y expresó su reconocimiento a todos quienes acudieron a su defensa. Expresó preocupación por la suerte de su compañera y sus hijos quienes no han podido salir de Argentina, y por todas las víctimas de la represión derechista todavía atrapadas en Argentina.

La tarea del Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz no se verá culminada hasta que éste se haya reunido con su familia [1]. En nombre del Comité, su cocoordinador estadounidense, el Partisan Defense Committee quiere expresar su profundo agradecimiento a los individuos y a las organizaciones que contribuyeron generosamente con su tiempo, energía, consejos atentos y su apoyo financiero para salvar la vida de este dirigente obrero ejemplar.

La campaña internacional para salvar la vida de Mario Muñoz fue decisiva para lograr el salvoconducto para salir de Argentina auspiciado por las Naciones Unidas, y para que el gobierno austriaco recibiera a este perseguido dirigente sindical chileno y a su familia. Este triunfo es prueba de la fuerza de la protesta internacional en el espíritu de la solidaridad obrera, la misma solidaridad a la cual se ha dedicado Mario Muñoz. Frecuentemente, una campaña de defensa se puede edificar debido a las reputaciones internacionales de conocidos intelectuales y artistas que caen víctimas del terror reaccionario. Pero dirigentes obreros y militantes como Mario Muñoz, aunque respetados en sus propios países, son muchas veces ignorados por ser desconocidos en el extranjero. Las campañas de defensa para éstos sólo pueden establecerse por medio de la protesta de masas y propaganda enfocada sobre el movimiento laboral de forma antisectaria, y también recogiendo el apoyo más amplio de todos los que se preocupan por los derechos humanos.

El Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz pudo alistar el apoyo de centenares de organizaciones laborales y socialistas, de dirigentes de organizaciones obreras y de derechos ciudadanos, además de personalidades destacadas en cuatro continentes. Fueron aprobadas innumerables resoluciones; cartas fueron escritas; se hicieron indagaciones, y se enviaron muchos telegramas en favor de la causa de Mario Muñoz. Aparecieron artículos y cartas respecto a la situación peligrosa de Muñoz, y de otros refugiados políticos amenazados en Argentina, en Le Monde, en el New York Times, el New York Review of Books, el Toronto Globe and Mail y el Toronto Star, el Australian Tribune y el Morning Herald de Sydney, y en otras publicaciones sindicales y socialistas. Se recogieron más de US$20.000, de los cuales US$1O.000 durante las últimas dos semanas de la campaña cuando se supo que el gobierno austriaco estaba dispuesto a aceptar a Muñoz y su familia. Una delegación internacional organizada por el Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz se reunió con el Alto Comisario para Refugiados de la ONU, el príncipe Sadruddin Aga Khan, en Ginebra el 16 de julio de 1976. Incluidos en la delegación fueron representantes de la Juventud Socialista de Austria, la Confederación Mundial del Trabajo, la Asociación Internacional de Juristas Católicos, la Asociación de Juristas Progresistas de Suiza, la Sociedad de Amigos de Francia, el Comité de Defensa de los Prisioneros Obreros y Marinos en Chile, y el Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz. El Alto Comisario prometió la cooperación de la ONU en conseguirle a Muñoz un salvoconducto para salir de Argentina.

Aún antes del golpe de estado de Videla, el Partisan Defense Committee movilizó protestas contra el creciente terror derechista en Argentina. El 5 de diciembre de 1975, el Comité convocó una manifestación frente a la delegación argentina ante la ONU en protesta contra la detención de 13 individuos, entre los cuales se cuentan diez refugiados chilenos y Richard y Cristina Whitecross, acusados de actuar como enlaces para el suministro de materiales y fondos a la resistencia chilena. Sólo los Whitecross fueron liberados y el Partisan Defense Committee continuará sus esfuerzos hasta que sean liberados los 11 que quedan.

A sólo 48 horas de haber tomado el poder la junta de Videla, con el cínico pretexto de respetar los derechos democráticos, la policía argentina se lanzó la búsqueda de Mario Muñoz con órdenes de fusilarle en el acto. El 25 de marzo allanaron su casa y golpearon brutalmente a su familia, e inclusive raptaron a su niño de dos meses para utilizarlo de rehén. Muñoz, minero desde la edad de 14 años, era un dirigente obrero ampliamente respetado en Chile. Después del golpe sangriento de Pinochet en septiembre de 1973, Muñoz y su familia, junto con miles de obreros y campesinos chilenos, se vieron forzados a huir, cruzando los Andes para buscar refugio en Argentina. Muñoz continuó ayudando a sus hermanos de clase durante los años difíciles del exilio. El brutal allanamiento policíaco del 25 de marzo no sólo señaló que era perseguido en dos países, sino que también Videla, iba a seguir los pasos de Pinochet. El ataque sobre la familia de Muñoz fue el primer tiro en el desencadenamiento de la represión salvaje que se iba a derramar sobre el movimiento obrero argentino y sobre miles de refugiados políticos que habían huido del terror reaccionario de países vecinos, sólo para ver la sombra oscura de ese terror acecharlos en su refugio inseguro.

La fachada democrática del golpe de estado “caballeroso” e “incruento” al principio fue aceptada y perpetuada por tales periódicos como el New York Times. Al principio, muchas personas solicitadas por el Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz no estaban al corriente o negaban la extensión del terror en Argentina. Pero el peligro para los refugiados fue demostrado de nuevo con la detención el 10 de abril y la extradición a Chile el 27 de abril del dirigente del MIR Edgardo Enríquez. El Partisan Defense Committee se unió a la protesta internacional contra este abuso descarado de los convenios de asilo por la junta de Videla. Después, Zelmar Michelini y Hector Gutiérrez Ruíz, dos liberales de la oposición de la dictadura uruguaya, fueron secuestrados y asesinados por los gánsteres de la AAA en colaboración con las autoridades argentinas. El 2 de julio, Mario Muñoz y otros 12 refugiados chilenos fueron arrancados brutalmente del lugar de refugio que les fue asignado por la ONU, y golpeados y torturados por la policía argentina. A Muñoz le amenazaron con deportarle a Chile, pero al día siguiente todos fueron liberados. Sólo el apoyo movilizado por la campaña para salvar a Mario Muñoz impidió su deportación y asesinato por la policía secreta chilena.

A medida que la realidad de la supresión viciosa de todo derecho humano por la junta llegó a ser demasiado descarada para disfrazarla con una retórica democrática, y mientras que montones de cadáveres, víctimas de asesinatos por la policía y la AAA no podían ocultarse más, la campaña para salvar la vida de Mario Muñoz encontró eco en la repugnancia internacional contra el terror de Videla, una repugnancia intensificada por las consecuencias desastrosas del sanguinario golpe de estado pinochetista. La campaña para salvar la vida de Mario Muñoz, aún con sus recursos modestos, ha jugado un papel sustancial en desenmascarar la fachada democrática del “golpe caballeroso”, y al enfocar la protesta internacional contra el terror de Videla. El Comité para Salvar la Vida de Mario Muñoz dio el toque de alarma no sólo para este dirigente obrero en peligro, sino también para miles de militantes de izquierda y dirigentes obreros argentinos, así como para los refugiados políticos amenazados con deportaciones, encarcelamientos y asesinato por la dictadura militar argentina y sus escuadrones de muerte parapoliciales. Mario Muñoz es el símbolo de la situación desesperada de miles de víctimas de la represión derechista sudamericana. El éxito de esta campaña contribuye a la lucha para su libertad. Ya el viernes 6 de agosto el Alto Comisario para Refugiados de la ONU anunció que Austria, Gran Bretaña, Canadá, Francia, Noruega y Suiza recibirán a casi 2.000 refugiados latinoamericanos procedentes de Argentina.

Partisan Defense Committee

El Partisan Defense Committee es una organización de defensa antisectaria y de lucha de clases, conforme con la política de la Spartacist League de EE.UU. El comité es partidario a favor del lado de los trabajadores y de los oprimidos en la lucha contra sus explotadores y opresores. En su partidismo el Partisan Defense Committee es antisectario y se aferra a la defensa de los trabajadores en su conjunto, sin consideración sectaria o fraccional. Nuestra política es la de la lucha de clases. Mientras utilizamos todos los procedimientos legales disponibles, no tenemos confianza en la justicia de las cortes, sino que al contrario confiamos en la fuerza de la protesta de las masas. Nos oponemos a toda legislación antilaboral y a la intervención gubernamental en los asuntos de la izquierda y del movimiento laboral, particularmente cuando tales intervenciones fingen avanzar los intereses de los oprimidos. No defendemos a grupos como el llamado “Ejército de Liberación Simbionés”, que desatan un terror sin discriminación y cuyas víctimas al azar no son enemigos de los oprimidos. Tampoco defendemos los derechos democráticos de grupos de acción fascistas como el Klan, los nazis o las AAA, cuyo único objeto es la destrucción de los derechos democráticos y de organizaciones obreras, y el genocidio de minorías nacionales, raciales y religiosas. Al contrario, los derechos democráticos, las organizaciones obreras y los oprimidos sólo se pueden defender con movilizaciones de masas contra tales grupos.

El Partisan Defense Committee se opone sin condición alguna al gansterismo dentro de la izquierda y del movimiento obrero, porque esta violencia envenena la posibilidad futura de acciones conjuntas, debilita nuestras fuerzas y nos expone a un ataque por el gobierno. Igualmente, el Comité se opone al estrecho fraccionalismo que muchas veces estropea las campañas de defensa. Buscamos crear una organización internacional de defensa obrera, la cual todos los trabajadores y oprimidos considerarán suya, en la tradición de la lnternational Labor Defense durante los años 1925-28, bajo su fundador y primer secretario, James P. Cannon. El Partisan Defense Committee celebra la victoria que representa el salvamento de Mario Muñoz con llevar adelante la batalla para ganar la libertad para todas las víctimas de la represión derechista en Sudamérica y a través del mundo. Agradecemos el apoyo de todos en esta lucha.

[1] Posteriormente la familia se ha reunido en Europa.

Primera conferencia delegada de la TEI

Documento de la primera conferencia delegada de la TEI

[Traducido de Spartacist (edición en Inglés), Nos. 27-28, Invierno de 1979-80. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 8, agosto de 1980].

A continuación publicamos extractos del documento principal adoptado por la primera conferencia delegada de la tendencia espartaquista internacional. Las informaciones más estrechamente organizativas han sido eliminadas.

La “Declaración para organizar una tendencia trotskista internacional” (DOTTI) aprobada en agosto-septiembre de 1974, asentó la modesta pero importante expansión geográfica de la tendencia espartaquista internacional (TEI). Declarando que la Spartacist League de los Estados Unidos (SL/U.S.) y la Spartacist League de Australia y Nueva Zelandia [SL/ANZ] constituían el núcleo para la cristalización de una tendencia trotskista internacional, el documento anotaba: “En media docena de países existen grupos y comités -así como partidarios y simpatizantes dispersos en varios otros países- que han expresado su simpatía y apoyo, general o específico, a la tendencia espartaquista internacional.” El desarrollo posterior de la TEI sólo ha confirmado la afirmación en DOTTI de que “La lucha por el renacimiento de la IV Internacional promete ser difícil, larga y sobre todo con altibajos.” La TEI tiene todavía que trascender el marco caracterizado en DOTTI como de “una tendencia en proceso de consolidación”. Sin embargo, el crecimiento significativo en Europa, el desarrollo de un equipo dirigente a nivel internacional inconmensurable con el actual Comité Ejecutivo Internacional (CEI) federativo y la perspectiva de unificación con el Revolutionary Workers Party (RWP) de Sri Lanka ponen a la orden del día la primera conferencia internacional delegada de la TEI y la elección de un CEI con autoridad como pasos necesarios hacia la meta de forjar la Liga Trotskista Internacional.

Contra una preponderancia norteamericana

La TEI ha sido programáticamente internacionalista desde sus inicios. El precursor organizativo de la SL/U.S., la Tendencia Revolucionaria (TR) del Socialist Workers Party (SWP), hizo suyo como uno de sus documentos de fundación la resolución “Perspectiva mundial para el socialismo”. La TR se ligó de esa manera con la Socialist Labour League de Gerry Healy y el Comité Internacional (CI), la oposición internacional a la capitulación del SWP ante el revisionismo pablista. El burocratismo criminal de Healy al escindir la TR en 1962 y al expulsar al grupo Spartacist de la conferencia de Londres en 1966 retrasó seriamente la lucha contra el revisionismo pablista al interior del movimiento que se reclama del trotskismo a escala mundial y en los EE.UU., e impuso sobre la Spartacist League (fundada en 1966) un periodo prolongado de aislamiento nacional involuntario. La DOTTI (publicada en Cuadernos Marxistas No. 1) registraba la extensión de la ruptura de este aislamiento alcanzada en 1974, pero también indicaba hasta qué punto era tenue y reversible la extensión internacional de la TEI.

Dado el limitado crecimiento de la SL/U.S. relativo al crecimiento de la TEI fuera de los EE.UU. (especialmente en Europa) desde la aprobación de la DOTTI, el deformador peso preponderante de la SL/U.S. en la TEI, ha sido reducido pero no rectificado. La mayoría del CEI, así como todo el Secretariado Interino (S.I.) son miembros de la SL/U.S., resultado fundamentalmente de los 15 años de historia de la SL/U.S. y la relativa inmadurez de las otras secciones. Sin embargo, y dado todo lo anterior, el atraso político de la clase obrera norteamericana combinado con su actual inactividad relativa (rota recientemente sólo por la huelga de los mineros de 1978) impone presiones potencialmente destructivas sobre la TEI. Estas presiones son complicadas por el hecho de que los débiles lazos de la TEI con el proletariado organizado están concentrados completamente en Norteamérica, y que estos lazos modestos no son inmunes a la desorientación y el desgaste engendrados por el estado latente de la lucha de clases.

Es particularmente importante que, dado el atraso de la clase obrera norteamericana, las secciones de la TEI no perciban el trabajo sindical extremadamente modesto de la tendencia en Norteamérica como normativo, aun cuando este trabajo constituye para la TEI un depósito importante (pero no único) de experiencia en el movimiento laboral.

Hay una tendencia similar de tomar la SL/U.S. como la norma organizativa para las secciones más pequeñas, cuyas tareas son más modestas. Aun cuando en forma general las prácticas organizativas de la sección norteamericana representan la aplicación a una organización de su tamaño y con sus tareas de las normas y prácticas desarrolladas por el movimiento leninista y trotskista, las otras secciones de la TEI deben hacer los ajustes correspondientes en términos de escala y tareas concretas….

… Ha sido mencionado que no teniendo la autoridad directa conferida por una revolución proletaria triunfante, ni aquella dada por una figura histórico-mundial como Trotsky, la TEI ha buscado mantener su coherencia programática y organizativa parcialmente mediante la dependencia en la tecnología moderna (aviones jet, teléfono de larga distancia y la fotocopiadora xerox). Esto es especialmente cierto dada la relativa inexperiencia política de la mayoría de los cuadros de la TEI. A menudo ha sido necesario llevar a cabo una lucha con varias secciones a fin de entrar a la segunda mitad del siglo XX (por ejemplo, para obtener suficiente capacidad telefónica). Es bastante probable que la actual composición de la TEI no existiría como una tendencia internacional cohesiva si estuviera operando con los recursos del movimiento trotskista de los años 30.

… La fuerte dependencia de la TEI en dinero, particularmente en los recursos financieros de la SL/U.S., presenta la siguiente contradicción: … los EE.UU. entran en una recesión que necesariamente dañará esta base financiera y que amenaza con una reducción significativa del trabajo internacional. Al mismo tiempo se ha postulado la posibilidad de un reclutamiento considerable a la SL/U.S. en el próximo período. Para desarrollar este potencial se requerirá también cuadros y recursos financieros. Pero en la SL/U.S., como en las otras secciones, el reclutamiento es una forma de mantener y extender nuestra base financiera.

Una señal del desarrollo desigual de la TEI desde la aprobación de la DOTTI es el hecho de que nuestra extensión orgánica más significativa, la fundación de la Spartacist League de Inglaterra (SL/B) como nuestra segunda sección en tamaño, acentúa la extrema desproporción en la tendencia de secciones de habla inglesa. Es un ejemplo de esta desproporción el que los cuatro periódicos estables y regulares producidos por la tendencia internacional son todos en inglés. La prensa francesa y alemana es todavía inestable, infrecuente e irregular….

Preferencia por las secciones no angloamericanas

La TEI está comprometida a resolver esta desproporción, que también caracterizaba la ruptura de los años 50 entre el CI (centrado en secciones de habla inglesa) y el Secretariado Internacional. Uno de los motivos para la reducción en la frecuencia de aparición de Workers Vanguard a bisemanal fue el liberar cuadros para asistir en el trabajo de la TEI fuera de Norteamérica….

La preponderancia anglo-americana en la TEI fue acentuada por la experiencia personalmente trágica pero casi inevitable de la disolución de la Organización Trotskista Revolucionaria de Chile (OTR) bajo las presiones del exilio y la falta de recursos en términos de cuadros para llevar a cabo las tareas de un pequeño grupo de propaganda. Como consecuencia, las perspectivas de trabajo en Latinoamérica y España han sufrido un revés…. Con respecto al Lejano Oriente… apenas hemos empezado a penetrar el carácter exótico del pretendido trotskismo japonés. A través de nuestra fusión con la Fracción Trotskista (FT) de la Workers Socialist League de Inglaterra y con la fundación de la SL/B, la TEI ha adquirido un círculo importante de militantes provenientes del Medio Oriente. Además, luego de la poderosa confirmación de nuestra línea en Irán, hemos contactado en varios países a individuos y grupos iraníes en el exilio que han sido indignados por la repugnante capitulación de todas las otras tendencias de izquierda a la reacción clerical chiita.

La oportunidad más importante y al mismo tiempo más difícil para la extensión de la TEI es la unificación propuesta con el RWP de Sri Lanka. Con la excepción de grupos de exilados como la OTR o individuos aislados… la unificación con el RWP presenta a nuestra tendencia su primera oportunidad de cristalizar una sección en el mundo colonial. Esta unificación incorporaría a nuestra tendencia la inestimable experiencia de varias décadas del camarada Edmund Samarakkody como dirigente trotskista en el Sur Asiático y su lucha por extraer del oportunismo notorio de los pretendidos trotskistas en Sri Lanka un auténtico movimiento marxista revolucionario. Al mismo tiempo, dada la magnitud de las diferencias políticas restantes, la enorme distancia geográfica y las divergencias en cultura y nivel de vida, la unificación con el RWP es la extensión más difícil en la que la TEI se ha embarcado nunca.

Problemas de dirección en las secciones

Todas las secciones fuera de los EE.UU. confrontan, en mayor o menor grado, el problema de forjar una dirección colectiva estable. Tal desarrollo rara vez ocurre en progresión lineal. Un estudio de cómo fue conformada la dirección de la SL/U.S. revela la importancia de luchas fraccionales, luchas anticliquistas, y las necesarias luchas políticas que acompañan la adecuación de las tareas con condiciones en flujo. La desaparición del movimiento por los derechos civiles combinada con la apertura de las oportunidades en SDS [la “nueva izquierda”] y la lucha fraccional contra Ellens/Turner, el “Memorándum de Transformación” y la lucha contra la camarilla Cunningham/Moore/Benjamin/Treiger son ejemplos claves. Fueron estas luchas junto con una década de trabajo común que dieron a los cuadros de la SL/U.S. su cohesión. Las otras secciones no deberían esperar que la cohesión de su dirección venga en forma menos dolorosa o más rápida.

Fuera de los EE.UU. todas las secciones están dirigidas por camaradas (la mayoría de los cuales han cumplido, como individuos, más de una década en el movimiento marxista) que constituyen una dirección colectiva completamente nueva o parcialmente probada…. En Gran Bretaña la Fracción Trotskista era cualitativamente igual en tamaño a la estación Londres preexistente y estaba compuesta por camaradas cuya experiencia política había sido formada por la extrema izquierda inglesa…. La tarea de cristalizar una dirección británica coherente está todavía a la orden del día.

La dirección de la TLD [Trotzkistische Liga Deutschlands] alemana ha sido orgánicamente ampliada conforme el reclutamiento en pequeños números de cuadros directivos de organizaciones opositoras ha presentado continuamente la necesidad de su integración en la dirección….

Recientemente el equipo del CC de la Costa Oeste [estadounidense] expresó su preocupación de que la SL/U.S. estaba perdiendo su filo comunista. El pasado período de prolongada inactividad social engendrando rutinismo y complacencia ha afectado marcadamente a la SL/U.S. desde la administración de la Oficina Central a la junta de redacción de Workers Vanguard, a la organización juvenil, a las fracciones sindicales — a veces con consecuencias desastrosas. Sin embargo, la organización ha demostrado tener la capacidad de poder romper con la perspectiva parroquial y el “oficinismo” cuando aparecen las oportunidades. El trabajo enérgico y excelente durante la huelga del sindicato minero UMW en 1978, la campaña electoral en Nueva York en 1978, el trabajo en torno a la situación en Irán y recientemente en respuesta a la victimización de un dirigente sindical militante revelan dicha capacidad. En el próximo año, la organización de la juventud llevará gran parte del esfuerzo dirigido a empujar y dirigir la campaña de reclutamiento. Debe ser notado que la sección ha sufrido enormemente por la falta de una Comisión Sindical y la falta, menos urgente pero también importante, de trabajo centralizado entre los negros.

Fuera de los EE.UU. nos seguimos enfrentando a la inherente falta de estabilidad de secciones con uno o dos comités locales. “Secciones” con un solo comité local (TLC [Trotskyist League of Canadá], LTF [Ligue Trotskyste de France] y anteriormente la TLD) son comités locales esquizofrénicos concentrados en una ciudad pero forzados a asumir algunas de las responsabilidades de una sección nacional. En estas condiciones hay una tendencia a copiar estructuras organizativas paralelas para el trabajo “nacional” y “local”, originando arreglos organizacionales ineficientes y engorrosos. En secciones con dos comités locales, el segundo comité local tiende a ser débil y eventualmente no viable…. Periódicamente han sido necesarios traslados y reorganización de los cuadros….

Los jóvenes camaradas de la Lega Trotzkysta d’Italia (LTd’I) han mostrado un entendimiento inadecuado de la metodología leninista en lo que respecta a la importancia para la clase obrera de la lucha por defender los derechos democráticos. Esto ha llevado a discusiones en el pasado… que es de suponer reaparecerán en formas nuevas. Al mismo tiempo, su trabajo político, llevado a cabo en forma enérgica, ha ido en la dirección de una fusión con la TEI. El S.I. recomienda que esta fusión tome lugar en la Conferencia Internacional.

La estación Estocolmo ha funcionado persistentemente como un puesto de gran valor para la colección de información, contactos y distribución de literatura, a pesar de su aislamiento….

Tareas que se plantean a la TEI

Mucho del reclutamiento en Europa tuvo lugar durante el período de la distensión cuando la cuestión del frente popular era de importancia decisiva e inmediata. Este reclutamiento se hizo sobre la base de nuestra oposición intransigente al apoyo electoral, no importa cuán “crítico”, a partidos obreros en coaliciones frentepopulistas. Esto tuvo su paralelo en los EE.UU. donde la SL/U.S. llevó a cabo su mayor crecimiento durante el punto culminante del movimiento antiguerra cuando la oposición a coaliciones de “paz” colaboracionistas de clases (la versión norteamericana del frente popular en ese período) fue el eje fundamental de nuestra intervención política. Dado que una parte significativa de la TEI fue forjada en oposición constante al frentepopulismo, la unificación propuesta con el RWP puede ser enfrentada con gran confianza, a pesar de que una de nuestras principales diferencias es sobre el apoyo electoral crítico a partidos obreros en los frentes populares.

Una prueba importante del desarrollo de los cuadros y las secciones la constituye su respuesta a un período de renovado antisovietismo imperialista cuyas expresiones más dramáticas han sido la formación de una alianza EE.UU./China y la invasión china a Vietnam. La cuestión rusa entrará necesariamente y en forma directa en la vida política de cada sección. La posición trotskista de defensa incondicional de las conquistas de la Revolución de Octubre tendrá el mismo filo que tuvo nuestra oposición al frente popular en Europa Occidental y Chile en el período anterior.

La perspectiva de nuestras secciones en Alemania, Francia y Gran Bretaña debe centrarse en reagrupamientos. Con este fin, la TLD y la LTF confrontan la tarea de estabilizar una prensa regular, correcta e intervencionista como primera prioridad. Esto no es solamente una cuestión de capacidad editorial y técnica sino de dirección y perspectivas políticas…. La TLD en particular, pero también todas las secciones de tamaño menor, deben tratar de ganar un sentido de la realidad social de sus países buscando obtener empleo industrial en forma individual, tratando cuestiones sociales actuales en su prensa y vendiendo su periódico en las entradas a las fábricas. Pero a corto plazo, como los ejemplos negativos del Canadá y Australia lo han demostrado, el “trabajo sindical” es el enemigo de una orientación de reagrupamientos. La SL/B ha ganado fuerzas suficientes, gracias a su exitoso reagrupamiento, para empezar su implantación industrial. Y a largo plazo, la TLD debe trascender su resistencia histórica a la implantación sindical, resistencia que está enraizada en los vestigios de casta precapitalistas que se muestran en la sociedad alemana moderna, y encontrar el camino a una modesta pero real presencia en el proletariado alemán organizado. Pero en este período lograremos avances mediante una intervención política agresiva con nuestro programa completo. Nuestra prensa será el instrumento esencial para nuestro crecimiento cualitativo.

El que no hayamos desarrollado perspectivas operacionales de trabajo entre los jóvenes, incluyendo la constitución de fracciones universitarias indígenas en Europa, ha detenido el reclutamiento y la necesaria obtención de lazos con la volátil capa estudiantil/juvenil. Este trabajo debe acompañar viajes regionales y un trabajo agresivo dirigido contra nuestros adversarios. Sólo la SL/U.S. y la SL/ANZ han llevado a cabo un verdadero trabajo entre la juventud en el último periodo.

La necesidad de un CEI elegido

Mientras las direcciones seccionales fuera de los EE.UU. están todavía en proceso de conformarse o de consolidarse, en el periodo pasado se ha forjado una dirección internacional a través de campañas conjuntas y luchas políticas comunes (como la campaña Muñoz; las delegaciones internacionales autorizadas a la reunión del Buró Político [de la SL/U.S.] del 27 de abril de 1978, denominada “Por un repliegue ordenado”, y a la conferencia de emergencia de la TLD de febrero de 1979; la construcción de la sección inglesa, la cual desde el establecimiento de la estación Londres… fue una empresa verdaderamente internacional; y las campañas de propaganda organizadas internacionalmente sobre Irán y la invasión china Vietnam). Esta dirección internacional ha adquirido relaciones de colaboración probadas y un fondo de experiencia común que hace tanto realista como necesaria la propuesta de elección del CEI.

Nuestra tendencia está actualmente restringida por el CEI formalmente semifederativo, en el cual sólo tienen votos decisivos los miembros plenos de los comités centrales de secciones plenas. Este CEI no es conmensurable con la evolución de nuestra dirección internacional…. Por lo tanto el S.I. propone que los delegados a la conferencia internacional elijan un Comité Ejecutivo Internacional….

Workers Vanguard ha sido el órgano principal de nuestra tendencia a escala internacional. Esto ha tenido el efecto muy positivo de contribuir a la homogenización de nuestra pero también ha aumentado la preponderancia norteamericana. Spartacist debe ser la historia documental y teórica de nuestro movimiento. Su persistente irregularidad de aparición en inglés, francés y alemán ha sido una de las mayores fallas del S.I. Spartacist en español, aun cuando carece del apoyo de una sección de habla hispana y no ha generado contactos importantes, llega a un número modesto de cuadro que se reclaman del trotskismo en España y en concentraciones de exilados latinoamericanos en otras partes… Podríamos, por ejemplo, intentar trasladar fuerza vitales de la SL/U.S. para dar nuevo impulso desde el centro al Spartacist cuatrilingüe, sin debilitar cualitativamente la capacidad de prensa de la SL/U.S.

La TEI, los pretendidos trotskistas y la cuestión rusa

La campaña de los “derechos humanos” de Carter, al hace revivir la retórica de Guerra Fría a fin de rearmar moralmente al imperialismo norteamericano luego de Vietnam y Watergate, ha condicionado un viraje a la derecha por parte de varios sectores que se reclaman del trotskismo. Los productos del fraccionado Comité Internacional han degenerado cualitativamente. El bandolerismo político y las maniobras organizativas de los Healystas los han puesto fuera del movimiento obrero y en los alrededores del Coronel Gadafi de Libia. El otro componente importante del ex-CI, la OCI francesa de Pierre Lambert, ha mantenido el paso con la cruzada antisoviética de Carter, y ha llevado su estalinofobia a nuevas alturas. Ellos han hecho suyas las consignas del papa con respecto a los derechos nacionales en Europa del Este y las consignas de Konrad Adenauer con respecto a la unificación de Alemania. La OCI se ha desplazado tan a la derecha que hay ahora una convergencia clara con el SWP reformista excepto en aquellos puntos donde la adaptación en sus respectivos terrenos nacionales a sus respectivas burguesías les hace tomar posiciones el uno a la derecha del otro (como el SWP sobre la “libertad de expresión para los fascistas”, la OCI sobre el frentepopulismo y Europa del Este). Con la degeneración de los productos de descomposición de la explosión del CI en 1971, la afirmación de la TEI de representar la continuidad de la lucha antipablista del CI de antes de 1967 ha sido reforzada.

El SU, rasgado por años de luchas fraccionales amargas, estableció una paz problemática sobre una base más derechista durante el periodo de la Unión de la Izquierda francesa. Impulsados por la desaparición del izquierdismo pequeñoburgués de los años 60, los impresionistas de la mayoría internacional encabezada por Ernest Mandel desecharon su papel de agentes publicitarios del Che Guevara y se convirtieron en agentes del ala izquierda del frente popular. El antisovietismo virulento ejemplificado por las campañas pro-disidentes soviéticos se convirtió en la plataforma común del frente popular en Europa — la promesa exigida por los socialdemócratas a los estalinistas garantizando que la lealtad a su burguesía sobrepasaría su lealtad al Kremlin. Así pues, un elemento clave del reciente viraje de la mayoría del SU fue una claudicación en la cuestión rusa que tiene su paralelo en la previa socialdemocratización de su principal opositor fraccional, el SWP norteamericano, y facilitó la convergencia coyuntural.

La mayoría del SU ha abrazado recientemente el cretinismo parlamentario antisoviético de los eurocomunistas. Este continuo deslizarse político ha sido acompañado por el crecimiento de un ala derecha importante, abarcando un apoyo significante dentro de la LCR para las tendencias pro-OCI. La OCI ya se ha convertido esencialmente en reformista. De esta manera el que la mayoría del SU ha abandonado, hasta formalmente, el reconocimiento de la posición trotskista sobre la cuestión rusa, deja a la TEI como sola representante de la herencia del defensismo soviético.

Como lo demostró la dramática polarización sobre el Portugal y Angola, las contradicciones entre los centristas y los reformistas en el SU todavía tienen gran potencial centrífugo a pesar de lo que hoy parece ser una convergencia política. Cuando la lucha de clases alcance una situación prerrevolucionaria aguda, la unidad de papel entre los centristas, cuyos apetitos omnívoros persiguen cualquier oportunidad, y los reformistas, quienes van tras la mayor posibilidad – conciliación con su propio poder estatal (frecuentemente tras la hoja de parra del frente popular) – tenderá a estallar en todas direcciones. El método pablista de reemplazar el partido proletario revolucionario internacionalista con fuerzas de clase ajenas, es por supuesto el mismo para ambas alas del SU. Sólo los apetitos particulares, condicionados por el terreno nacional, son distintos. Los centristas basados en Europa se adaptan a los estalinistas quienes a su vez capitulan ante su propia burguesía. El SWP norteamericano, en ausencia de un partido reformista de masas, capitula directamente ante el ala liberal de la burguesía.

En caso de que las fuerzas centristas o reformistas adquieran un peso real en una situación nacional particular, la conveniencia del “internacionalismo” será prescindible. El sectoralismo puede tirarse por la ventana conforme se van encontrando sectores que son “más iguales que otros”. La vergonzosa revocación por el SWP norteamericano de su entusiasmo por el “poder gay”, a fin de preparar su entrada a la burocracia sindical, no es sino una indicación — y esto sin una posibilidad real inmediata de consumar la traición dentro del movimiento obrero.

La presión por revisar la caracterización de Cuba como un estado obrero sano ha sido un irritante continuo entre las dos alas del SU. En claro contraste con su antisovietismo socialdemócrata, el SWP ha optado por continuar e intensificar su adoración de los estalinistas cubanos. La mayoría del SU, habiendo perdido su interés en el seguidismo tras el guerrillerismo pequeñoburgués, preferiría llamar a Cuba un “estado obrero burocratizado”. La discusión sobre Cuba indica la fundamental desorientación del SU sobre el estalinismo y desenmascara de nuevo las bases de la reunificación de 1963. Debido a la posición única y tajante de la TEI sobre el estalinismo de la postguerra, debemos dirigir nuestra polémica hacia este punto débil del SU. Ningún marxista serio puede analizar Cuba sin referencia a los materiales de la TEI sobre la cuestión.

Pero la actual discusión sobre Cuba es puramente teórica comparada con el asqueroso espectáculo del SU entero postrándose ante los ayatolás en Irán. El SU ha ido tan lejos en su clamor por los mulahs que se ha; rehusado, en los EE.UU. y Australia, a llevar a cabo una defensa unida de sus camaradas en las cárceles de Jomeini en conjunto con todo aquel que ataque a sus carceleros. La línea única de la TEI de “¡Abajo el sha — Abajo los mulahs!” tan evidente desde un punto de vista marxista o incluso democrático, sigue recibiendo de los hechos una poderosa confirmación que debemos aprovechar al máximo. Además, la lucha iraní ha demostrado el papel más fundamental de la cuestión de la mujer en los países del Este. Las consecuencias programáticas de la consigna “¡N o al velo!” deben ser parte de nuestras perspectivas de reagrupamientos. Igualmente, sobre la invasión china de Vietnam, la línea del TEI no sólo fue correcta sino también persuasiva y atractiva. Dio razón a dos décadas de lucha principista de nuestra  tendencia por un análisis trotskista del estalinismo de la postguerra. Para el SU, sin embargo, la invasión de Vietnam por China provocó un recrudecimiento de los viejos alineamientos fraccionales en un continuo y prolijo debate en el cual los dos lados están unidos por su acuerdo de evitar la cuestión del defensismo soviético, puesto claramente a la orden del día por la alianza EE.UU./China y la confabulación estadounidense con la invasión china.

El desplazamiento a la derecha dentro del movimiento que se reclama del trotskismo ha significado que pequeños grupos con conexiones internacionales que en un momento existieron a la izquierda del SU —Massari, la “tercera tendencia”, el Spartacusbund— todos han hecho las paces con el pablismo o se han desintegrado. En Gran Bretaña todavía hay varios pequeños grupos a la izquierda del IMG [International Marxist Group] que se reclaman del trotskismo y que siguen ofreciendo a la SL/B blancos de reagrupamiento y reclutamiento lineal.

En Alemania nuestros esfuerzos recientes en desenmascarar las pretensiones trotskistas del GIM [Gruppe Internationale Marxisten] han producido unos pocos miembros nuevos. Pero el GIM es tan miserable que toda una generación de jóvenes subjetivamente revolucionarios, confundiendo al GIM con el trotskismo, se ha dirigido al maoísmo. Dada la política exterior claramente contrarrevolucionaria de China, este ambiente maoísta ha estado en una crisis en la que la TLD debe buscar una intervención. Con respecto a Francia,  la LTF está en una situación bloqueada por razones históricas. Se enfrenta a tres organizaciones pretendidamente trotskistas con miles de militantes. Y tras de ellos está la clase obrera industrial dominada por el PC/CGT [Parti Communiste/Confederatión Générale des Travailleurs] que tiene la apariencia, a veces aún para nuestros propios camaradas, de un monolito inexpugnable. Pero desde 1789 en adelante ha habido en Francia una explosión social masiva con casi cada generación. La LTF debe prepararse para la próxima explosión con enérgicos esfuerzos de reclutamiento y la estabilización de un verdadero periódico. Si sabe actuar correcta y vigorosamente, debería poder explotar las oportunidades de reagrupamientos que se presenten para quizás salir con unas centenas de nuevos miembros y hacerse un factor significante en la izquierda francesa.

Ya no estamos en ese período, luego del “X Congreso Mundial” del SU en 1974, cuando las dos principales fracciones del SU se encontraban en lados opuestos de las barricadas en Portugal. En ese entonces pudo haber surgido del SU una oposición de izquierda contrapuesta a ambas alas, tanto a la mayoría centrista como a la minoría reformista, una oposición que tomara una posición revolucionaria principista contra el frentepopulismo. Pero, aunque el momento de tal oportunidad haya pasado, la base programática modelo para un reagrupamiento revolucionario presentada entonces retiene su validez para aquellos grupos en desarrollo hacia la izquierda en busca del trotskismo auténtico. Estas bases fueron presentadas en un proyecto de declaración por cuadros expulsados del SU quienes hoy se adhieren o apoyan a la TEI:

• No a cualquier apoyo electoral o político a los frentes populares; por una oposición condicional a los partidos obreros en coaliciones explícitas o implícitas de colaboración de clases;

• Mantener la teoría trotskista de la revolución permanente; por una dirección proletaria de la lucha nacional/social;

• Apoyo militar a las fuerzas nacionalistas pequeñoburguesas en lucha contra el imperialismo, pero ningún apoyo político en absoluto a tales fuerzas; por partidos trotskistas en todos los países;

• Defensa incondicional de todos los estados obreros deformados/degenerados contra el imperialismo; por la revolución política contra las burocracias; ningún apoyo político a fracciones y camarillas estalinistas en pugna;

• Contra la violencia dentro del movimiento obrero;

• Por fracciones comunistas en los sindicatos, basadas en el Programa de Transición;

• Por la táctica comunista del frente unido desde arriba; por la táctica de reagrupamientos para unir a los revolucionarios subjetivos en el partido de vanguardia; por el desenmascaramiento intransigente del centrismo;

• Rechazo a las pretensiones de las “internacionales” pretendidamente trotskistas de representar la IV Internacional destruida por el pablismo en 1951-53;

• Reforjar una IV Internacional democrático-centralista que no se detendrá hasta alcanzar la dictadura del proletariado.

Secretariado Interino

Nueva York,

10 de agosto de 1979

Introducción a ESPARTACO

Introducción a ESPARTACO

Publicado en ESPARTACO Vol. 1 No. 1, por la Spartacist League de los EE.UU. en octubre de 1966.

ESPARTACO –publicación mensual en espanol de Spartacist League, Box 1377, G.P.O., New York, N.Y. 10001. ESPARTACO se dirige en primer lugar al proletariado de habla hispana en los Estados Unidos. Asimismo, queremos llegar a aquellas masas latinoamericanas y filipinas que se encuentran en estado de sitio desde hace 400 años.

Queremos comunicarnos también con los obreros españoles tanto en la España fascista como con los que han inmigrado a Bélgica, Francia y a otros paises europeos.

Siendo el español uno de los idiomas más hablados en el mundo, ESPARTACO piensa hacer uso de el para difundir la continuidad revolucionaria del trotskismo.

¡Obreros del mundo, uníos!

La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad

La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad

por George Novack

[Publicado por primera vez como una serie en Labour Review, 1957. Copiado dehttp://www.marxists.org/espanol/novack/1957/desigual.htm ]

EL CURSO DESIGUAL DE LA HISTORIA

Este ensayo pretende dar una explicación comprensible y coherente de una de las leyes fundamentales de la historia humana, la ley del desarrollo desigual y combinado. Es la primera vez, en mi opinión, que se intenta hacer esto. Tratare de demostrar que es esta ley, como ha operado en las principales etapas de la historia y también como puede clarificar algunos de los más importantes fenómenos sociales y problemas políticos de nuestra época.

LA DOBLE NATURALEZA DE LA LEY

La ley del desarrollo desigual y combinado es una ley científica de la más amplia aplicación en el proceso histórico. Tiene un carácter dual o, mejor dicho, es una fusión de dos leyes íntimamente relacionadas. Su primer aspecto se refiere a las distintas proporciones en el crecimiento de la vida social. El segundo, a la correlación concreta de estos factores desigualmente desarrollados en el proceso histórico.

Los aspectos fundamentales de la ley pueden ser brevemente ejemplificados de la siguiente manera:

El factor más importante del progreso humano es el dominio del hombre sobre las fuerzas de producción. Todo avance histórico se produce por un crecimiento más rápido o más lento de las fuerzas productivas en este o aquel segmento de la sociedad, debido a las diferencias en las condiciones naturales y en las conexiones históricas. Estas disparidades dan un carácter de expansión o compresión a toda una época histórica e imparte distintas proporciones de crecimiento a los diferentes pueblos, a las diferentes ramas de la economía, a las diferentes clases, instituciones sociales y campos de cultura. Esta es la esencia de la ley del desarrollo desigual. Estas variaciones entre los múltiples factores de la historia dan la base para el surgimiento de un fenómeno excepcional, en el cual las características de una etapa mas baja del desarrollo social se mezclan con las de otra superior.

Estas formaciones combinadas tienen un carácter altamente contradictorio y exhiben marcadas peculiaridades. Ellas pueden desviarse mucho de las reglas y efectuar tal oscilación como para producir un salto cualitativo en la evolución social y capacitar a pueblos antiguamente atrasados para superar por un cierto tiempo a los mas avanzados. Esta es la esencia de la ley del desarrollo combinado. Es obvio que estas dos leyes estos dos aspectos de una sola ley, no actúan al mismo nivel. La desigualdad del desarrollo precede cualquier combinación de factores desarrollados desproporcionalmente. La segunda ley crece sobre y depende de la primera. Y a su vez esta actúa sobre aquella y la afecta en su posterior funcionamiento.

EL TRASFONDO HISTORICO

El descubrimiento y formulación de esta ley es el resultado de mas de 2.500 años de investigaciones teóricas sobre las formas del desarrollo social. Las primeras observaciones sobre ella fueron hechas por los filósofos e historiadores griegos. Pero la ley misma fue llevada a un primer plano y efectivamente aplicada por primera vez, por los fundadores del materialismo histórico, Marx y Engels, aproximadamente un siglo atrás. Esta ley es una de las más grandes. contribuciones del marxismo para la comprensión científica de la historia y uno de los más poderosos instrumentos de análisis histórico.

Marx y Engels derivaron la esencia de esta ley, a su vez, de la filosofía dialéctica de Hegel. Hegel utilizó la ley en sus obras sobre la historia universal y la historia de la filosofía sin darle no obstante, un nombre especial o un reconocimiento explícito.

De la misma manera, muchos pensadores dialécticos, antes y después de Hegel, usaron esta ley en sus estudios y la aplicaron mas o menos concientemente para la solución de complejos problemas histórico-sociales y políticos. Los mas destacados teóricos del marxismo, desde Kautzky y Luxemburgo hasta Plejanov y Lenin, advirtieron su importancia, observaron su funcionamiento y consecuencias y la usaron para la solución de problemas que confundían a otras escuelas de pensamiento.

UN EJEMPLO DE LENIN

Déjenme citar un ejemplo de Lenin, quien basó su análisis de la primera etapa de la revolución rusa en 1917 en esta ley. En sus “Cartas desde Lejos” escribió a sus colaboradores bolcheviques desde Suiza: “El hecho de que la revolución (de febrero) haya ocurrido tan rápidamente… es debido a una coyuntura histórica inusual donde estaban combinados, de una manera “altamente favorable”, movimientos absolutamente distintos, intereses de clases absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente opuestas” (Collected Works, Book I, pag. 31).

¿Que había ocurrido? Una sección de la nobleza y terratenientes rusos, la oposición burguesa, los intelectuales radicales, los obreros y soldados insurgentes, junto con los aliados del imperialismo-fuerzas sociales absolutamente disimiles”- se habían unido momentáneamente contra la autocracia zarista. Cada una por sus propias razones. Todas juntas sitiaron, aislaron y voltearon al régimen de Romanov. Esta extraordinaria coyuntura de circunstancias y combinaciones de fuerza irrepetible surgió de la totalidad de desigualdades previas del desarrollo histórico ruso por sus largamente pospuestos y no resueltos problemas sociales y políticos exacerbados por la primera guerra imperialista mundial.

Las diferencias, que habían desaparecido superficialmente en la ofensiva contra el zarismo, se manifestaron inmediatamente y no pasó mucho tiempo antes de que esta alianza de facto, de fuerzas opuestas por naturaleza, se desintegrara y rompiera. Los aliados de la revoluci6n de febrero de 1917 se transformaron en los irreconciliables enemigos de octubre de 1917. ¿C6mo se llegó a esto? La caída del zarismo, en su momento, produjo una nueva y superior desigualdad en la situación, que puede ser sintetizada en la fórmula siguiente: Por un lado, las condiciones objetivas estaban maduras para la toma del poder por los obreros; por el otro, la clase obrera rusa -y sobre todo su dirección-no habían apreciado correctamente la situación real ni probado la nueva relación de fuerzas. O sea que, subjetivamente, no estaban maduros para realizar la tarea suprema. El desarrollo de la lucha de clases, desde febrero a octubre de 1917, se puede decir que consistió en el reconocimiento creciente, por parte de la clase obrera y sus líderes revolucionarios, de lo que debía hacerse y de las condiciones objetivas y la preparación subjetiva. La brecha abierta entre ellos fue cerrada en la acción por el triunfo de los bolcheviques en la revolución de Octubre, que combino la conquista obrera del poder con el más amplio levantamiento campesino.

EL FORMULADOR DE LA LEY

Este proceso esta totalmente explicado por Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa. La revolución rusa misma fue el ejemplo mas claro del desarrollo desigual y combinado en la historia moderna. En su análisis clásico de este acontecimiento Trotsky dió al movimiento marxista la primera formulación explícita de la ley.

Trotsky, el teórico, es mas celebrado por la formulación de la teoría de la Revolución Permanente. Sin embargo, su exposición de la Ley del desarrollo desigual y combinado podría ser aparejada a aquella en cuanto a su valor. No solo puso nombre a esta ley sino que también fue el primero que la expuso en su pleno significado y le dió una expresión redondeada.

Estas dos contribuciones a la comprensión científica de los movimientos sociales están, de hecho, íntimamente ligadas. La concepción de Trotsky de la Revolución Permanente resultó de su estudio de las peculiaridades del desarrollo histórico ruso, a la luz de los nuevos problemas que se le presentaban al socialismo mundial en la época del imperialismo. Estos problemas eran particularmente agudos y complejos en piases atrasados donde la revolución democrático-burguesa no se había dado, y planteaban la solución de sus tareas más elementales en un momento en que estaba planteada la revolución proletaria. Los frutos de sus ideas sobre esta cuestión, confirmados por el desarrollo actual de la Revolución Rusa, prepararon y estimularon su subsecuente elaboración de la ley del desarrollo desigual y combinado.

Por cierto, la teoría de Trotsky de la Revolución Permanente es la aplicación más fructífera de esta verdadera ley a los problemas claves de la lucha de clases internacional de nuestro tiempo-época de transición de la dominación capitalista al mundo socialista-y ofrece el mas alto ejemplo de su penetrante poder. Sin embargo, la ley misma no sólo es aplicable a los acontecimientos revolucionarios de la época presente sino, como veremos, para toda la evolución social. Tiene también aplicaciones más amplias.

DESARROLLO DESIGUAL EN LA NATURALEZA

Dejando de lado el trasfondo histórico del cual ha surgido la ley del desarrollo desigual y combinado, vayamos ahora a la consideración del alcance de su aplicación.

Aunque directamente originada en el estudio de la historia moderna, la ley del desarrollo desigual y combinado tiene raíces en acontecimientos comunes a todos los procesos de crecimiento en la naturaleza como así también en la sociedad. Los investigadores científicos han puesto énfasis en la prevalencia de las desigualdades dominantes en muchos campos. Todos los elementos constituyentes de una cosa, todos los aspectos de un acontecimiento, todos los factores de un proceso en desarrollo no se realizan en la misma proporción o en igual grado. Mas aun, bajo diferentes condiciones materiales, las mismas cosas exhiben diferentes proporciones y grados de crecimiento. Cualquier campesino o jardinero urbano conoce esto.

En “Life of the Past”, G. G/ Simpson, una de las autoridades más notables en materia de evolución, desarrolla este mismo punto, diciendo:

“Lo más importante con respecto a las proporciones de evolución es que varían enormemente y que las mas rápidas de ellas parecen al mismo tiempo las más lentas para los seres humanos (incluyendo a los paleontólogos, podría decir). Si seguimos una línea de filogenia en su registro fósil, es casi seguro que encontraremos que distintos caracteres y partes evolucionan en proporciones bastante diferentes, y en general que ninguna parte evoluciona por un largo tiempo en la misma proporción. El cerebro del caballo evoluciona rápidamente mientras el resto del cuerpo cambia muy poco. La evolución del cerebro es mucho más rápida durante un espacio de tiempo relativamente corto, que en ningún otro momento. La evolución del pie queda prácticamente estacionada durante toda la evolución del caballo pero en tres oportunidades sufre relativamente rápidos cambios en su mecanismo.

“Las proporciones de evolución varían aun mucho de una familia a otra, e igualmente entre familias ligadas. Hay un numero de animales que viven actualmente, que han cambiado muy poco en largos periodos de tiempo: un pequeño branquiopodo llamado Lingula, en alrededor de 400 millones de años; el Limidus, el “cangrejo” herradura-mas bien un escorpión que un cangrejo-, en 175 millones de años o más; el Esphenodon-un reptil parecido a una lagartija-ahora confinado a Nueva Zelandia, en alrededor de 15 millones de años; el Didelphis -una zarigüeya americana en alrededor de 75 millones de años. Estos y otros animales, para los cuales la evolución se detuvo mucho tiempo atrás, han tenido que evolucionar todos a una proporción común relativamente rápida.

“Hay, por otra parte, diferencias características de proporciones en los distintos grupos. La mayor parte de los animales terrestres ha evolucionado más rápido que la mayor parte de los acuáticos -esta generalización no contradice el hecho de que algunos animales acuáticos hayan evolucionado más rápido que algunos terrestres” (p. p. 137-138). La evolución de un orden entero de organismos ha pasado, durante un ciclo marcado, por una fase inicial de crecimiento lento, restringido, seguido por un periodo mas corto pero intenso de “expansión explosiva”, la que vuelve a caer en una prolongada fase de cambios menores.

En “El significado de la Evolución” (p. p. 72-73), G. G. Simpson señala: “El tiempo de expansión rápida, alta variabilidad y comienzo de radiación adaptativa…… son periodos que alargan las oportunidades que se presentan a los grupos capaces de continuarla”. Tal oportunidad para una expansión explosiva se abrió a los reptiles cuando evolucionaron, al punto de independizarse del agua como medio de vida y entrar en la tierra, en la árida vida de los vertebrados. Cuando un “periodo más tranquilo siguiente a la radicación ha sido completado”, el grupo puede entrar indulgentemente en el “goce progresivo de la conquista lograda”.

La evolución de nuestra propia especie ha llegado, a través de la primera fase de tal ciclo, a entrar en la segunda. Los antecesores animales inmediatos del genero humano pasaron por un prolongado periodo de crecimiento restringido, como lo demuestra su pequeño cerebro comparado a otros. El género humano arribo a su fase de “expansión explosiva” solo en el último millón de años aproximadamente, después de que el primate de que descendemos adquirió los necesarios poderes sociales. Sin embargo, el posterior desarrollo del género humano no duplicó su ciclo de evolución animal, porque el crecimiento de la sociedad procede de una base cualitativamente diferente y es gobernado por sus leyes específicas.

La evolución de los distintos organismos humanos esta marcada por una considerable irregularidad. El cráneo desarrolló sus presentes características entre nuestros antecesores monos, mucho antes que nuestras manos flexibles con el pulgar opuesto. Solamente después que nuestros prototipos hubieran adquirido la postura erecta y las manos para trabajar, el cerebro dentro del cráneo desarrollo sus presentes proporciones y complejidades.

Lo que es válido para órdenes enteros, y especies de animales y plantas también lo es para especímenes individuales. Si la igualdad prevaleciera en el crecimiento biológico, cada órgano del cuerpo podría desarrollarse simultáneamente y en el mismo grado de proporciones, pero tan perfecta simetría no se encuentra en la vida real. En el crecimiento del feto humano, algunos órganos emergen y maduran antes que otros. La cabeza y el cuello se forman antes que los brazos y piernas, el corazón en la tercera semana y los pulmones después. La culminación de todas estas irregularidades se manifiesta en los recién nacidos, que salen de la matriz en diferentes condiciones, con deformaciones y en distintos intervalos entre la concepción y el nacimiento. El periodo de nueve meses de gestación no es mas que un promedio estadístico. La fecha de nacimiento puede divergir por días, semanas o meses de este promedio. El sinus frontal, un desarrollo tardío que solo poseen los primates y los hombres, no se da en los jóvenes humanos, sino después de la pubertad y, en mucho casos, nunca se produce este desarrollo.

LA EVOLUCION DESIGUAL DE LAS SOCIEDADES PRIMITIVAS

El desarrollo de la organización social y de las estructuras sociales particulares exhibe desigualdades no menos pronunciadas que la historia biológica de los antecesores de la raza humana. Los diversos elementos de la existencia social han aparecido en tiempos diferentes, evolucionado en proporciones enormemente distintas y desarrollado en grados diferentes bajo distintas condiciones. Los arqueólogos dividen la historia humana en edad de Piedra, de Bronce e Hierro, teniendo en cuenta los principales materiales usados en la fabricación de herramientas y armas. Estas tres etapas del desarrollo tecnológico han tenido inmensas diferencias temporales de vida. La edad de Piedra tuvo alrededor de 900 mil años; la edad de Bronce de 3.000 a 4.000 años a. C; la edad de Hierro tiene menos de 4.000 años. Sin embargo, los distintos grupos del género humano han atravesado estas etapas en diversas fechas, en distintas partes del mundo. La edad de Piedra finalizó 3.500 años a. C., en la Mesopotamia, alrededor de 1.600 años a. C., en Dinamarca, en 1492 en América y no había terminando todavía en 1.800 en Nueva Zelandia.

Una desigualdad parecida se puede señalar en la organización social. El salvajismo, basado en la recolección de alimentos; hierbas, caza y pesca, se extiende alrededor de muchos centenares de miles de años, mientras que el barbarismo, fundado en la crianza de animales y el cultivo y cosechas de cereales, data de 8.000 años a. C. La civilización tiene menos de 6.000 años de vida.

La producción regular, amplia y creciente de alimentos produjo un avance revolucionario en el desarrollo económico, y elevo la producción alimenticia de los pueblos muy por encima de la de las tribus atrasadas, que continuaban subsistiendo en base a la recolección de alimentos. Asia fue el lugar de nacimiento de la domesticación de animales y la horticultura. Es incierto cual de estas ramas de la producción se desarrollo antes, pero los arqueólogos han descubierto remanentes de comunidades campesinas mixtas, que llevaban ambos tipos de producción de alimentos, tan tempranamente como 8.000 años a. C.

Existen tribus puramente pastoras que dependen exclusivamente del stock de animales para su existencia, como también pueblos completamente agrícolas, cuya economía esta basada sobre el cultivo de cereales o tubérculos.

La cultura de estos grupos especializados tiene un desarrollo unilateral por virtud de su tipo particular de producción de los medios básicos de vida. El modo de subsistencia puramente pastoral no tiene, sin embargo, las potencialidades inherentes al desarrollo de la agricultura. Las tribus pastoras no pueden incorporar a su economía los tipos más altos de producción de alimentos en ninguna escala sin dejar de lado y cambiar enteramente sus modos de vida. Esto se cumple especialmente después de la introducción del arado, que supera las técnicas de quemar y cavar de la horticultura. No podían desarrollar una división extensa del trabajo ni avanzar desde la aldea a la vida de la ciudad en tanto continuaran como simples cuidadores de su stock de ganado

La superioridad inherente a la agricultura sobre la cría de ganado fue demostrada por el hecho de que las poblaciones densas y las más avanzadas civilizaciones, como la azteca, inca y maya lo han probado, se desarrollaron sobre la base de la agricultura.

Los agricultores han podido incorporar fácilmente animales domesticados a su modo de producción mezclando o combinando el cultivo del alimento con el pastoreo de animales como también transfiriendo animales de tiro a la tecnología de la agricultura, con la invención del arado.

Fue la combinación de la ganadería con el cultivo de cereales en chacras mixtas lo que ayudó, dentro de la sociedad bárbara, a pueblos agrícolas a superar a las tribus meramente pastoras, y a transformarse, en las condiciones favorables de los valles de los ríos de la Mesopotamia, Egipto, India y China, en las niñeras de la civilización.

Desde el advenimiento de los pueblos civilizados han existido tres diferentes niveles esenciales de progreso, que corresponden a sus modos de asegurarse las necesidades vitales: la recolección de alimentos, la producción elemental de alimentos y la producción mixta con un alto desarrollo de la división del trabajo y un creciente cambio de mercaderías.

Los griegos de la época clásica eran altamente conscientes de esta disparidad del desarrollo entre ellos mismos y los pueblos que aun se mantenían en una etapa mas atrasada del desarrollo social. Señalaron esta diferencia haciendo una distinción tajante entre griegos civilizados y bárbaros. La conexión y distancia histórica entre ellos fue explícitamente señalada por el historiador Tucídides cuando dijo: “Los griegos vivían anteriormente como los bárbaros viven ahora”.

EL NUEVO Y EL VIEJO MUNDO

La desigualdad del desarrollo histórico mundial raras veces ha sido más notable que cuando los habitantes aborígenes de América se enfrentaron por primera vez con los invasores blancos que venían de Europa. Se encontraron allí dos rutas de evolución social completamente separadas, productos de diez a veinte mil años de desarrollo independiente en dos Hemisferios. Ambas se vieron obligadas a comparar sus proporciones de crecimiento y medir sus respectivos logros totales. Esta fue una de las más tajantes confrontaciones de diferentes culturas en toda la Historia.

En este momento la Edad de Piedra choc6 con los finales de la Edad del Hierro y el comienzo del Maquinismo. En la caza y en la guerra, el arco y la flecha tuvieron que competir con el mosquete y el cañón; en la agricultura, la azada y el bastón, con el arado y los animales de tiro; en el transporte acuático, la canoa con el buque; en la locomoción terrestre, las piernas humanas con el caballo y el pie descalzo con la rueda. En la organización social, el colectivismo tribal contra las instituciones y costumbres feudal burguesas; la producción para la consumisión inmediata de la comunidad contra una economía monetaria y el comercio internacional.

Podrían multiplicarse estos contrastes entre los indios americanos y los europeos occidentales. Sin embargo, la desigualdad de los productos humanos de tan amplias etapas separadas de desarrollo económico fue, aparentemente, demasiado violenta. Surgieron grandes antagonismos; trataron de apartarse cada uno del otro, y así como al principio los jefes aztecas identificaron a los recién llegados blancos con dioses, los europeos, recíprocamente, miraron y trataron a los nativos como a animales.

La desigualdad en productividad y poder destructivo en Norteamérica no fue superada, como sabemos, por la adopción por los indios de los métodos de los blancos y su asimilación gradual y pacífica a la sociedad de clases. Por el contrario, en los cuatro siglos siguientes se llegó a la desposesión y aniquilación de las tribus indias.

EL RETRASO DE LA VIDA COLONIAL

Si los colonizadores blancos desarrollaron su superioridad material sobre los pueblos nativos ellos mismos estaban atrasados en relación a su madre patria.

El retraso general del continente norteamericano y sus colonias, comparado con el occidente europeos predetermino las principales líneas de su desarrollo desde el comienzo del siglo XV hasta mediados del siglo XIX. En este periodo, la tarea central de los americanos fue alcanzar a Europa y superar la disparidad en el desarrollo social de los dos continentes. Cómo y por quiénes fue hecho esto es el principal tema de la Historia Norteamericana a través de estos tres siglos y medio.

Ello requirió, entre otras cosas, dos revoluciones para completar la tarea. La revolución colonial, que corono la primera etapa de progreso que dió al pueblo americano instituciones políticas más avanzadas que las de cualquier otro lugar del viejo mundo y allano el camino para la rápida expansión económica. De todos modos, después de haber ganado la independencia nacional, los EE.UU., todavía tuvieron que conquistar la independencia económica dentro del mundo capitalista. La diferencia económica entre este país y las naciones del occidente de Europa fue limitada en la primera mitad del siglo XIX y virtualmente cerrada por el triunfo del capitalismo industrial del Norte sobre los poderes esclavistas en la guerra civil. No fue necesario mucho tiempo para que los Estados Unidos superaran a la Europa occidental.

LA DESIGUALDAD DE LOS CONTINENTES Y PAISES

Estos cambios en la posición de Estados Unidos ilustran la desigualdad del desarrollo entre los centros metropolitanos y las colonias, entre los diferentes continentes y entre los países de un mismo continente.

Una comparación entre los diversos modos de producción en los distintos países demostraría mas abruptamente sus desigualdades. La esclavitud había virtualmente terminado como modo de producción en los países de Europa antes que fuera introducida en América, en virtud de las necesidades de los mismos europeos. La servidumbre había desaparecido en Inglaterra antes que surgiera en Rusia y se hubieran hecho intentos de implantarla en las colonias norteamericanas después que había sido barrida en la madre patria. En Bolivia, el feudalismo floreció bajo los conquistadores españoles y languideció la esclavitud, mientras en Estados Unidos esta surgió cuando el feudalismo era frenado.

El capitalismo estaba altamente desarrollado en el occidente de Europa, en tanto que en el Este era implantado sólo superficialmente. Una disparidad similar en el desarrollo capitalista prevaleció entre los Estados Unidos y México.

La desigualdad es la “ley mas general del proceso histórico” (Historia de la Revolución Rusa p. 5). Estas desigualdades son la expresión especifica de la naturaleza contradictoria del progreso social y de la dialéctica del desarrollo humano.

DESIGUALDADES INTERNAS

La desigualdad del desarrollo entre los continentes y países es acompañada por un semejante crecimiento desigual de los distintos elementos dentro de cada grupo social u organismo nacional.

En una obra sobre la clase obrera norteamericana, escrita por Karl Kautzki a principios de siglo, el marxista alemán señalaba algunos de los contrastes marcados en el desarrollo social de Rusia y de los Estados Unidos en ese tiempo. “Dos estados existen”-escribió-“diametralmente opuesto el uno al otro. Cada uno de ellos contiene un elemento extraordinariamente desarrollado en comparación con su standard capitalista. En un estado-Norteamérica-es la clase capitalista. En Rusia es el proletariado. En ningún otro país como en Norteamérica se puede hablar con tanta propiedad de la dictadura del capital, mientras el proletariado en ninguno ha adquirido tanta importancia como en Rusia”. Esta diferencia en el desarrollo, que Kautzki describe en su comienzo, se acentuó enormemente en sus etapas ulteriores. Trotsky hizo un análisis extraordinario del significado de tales desigualdades para explicar el curso de una historia nacional, en el primer capítulo de su Historia de la Revolución Rusa, sobre “las peculiaridades del desarrollo ruso”. La Rusia zarista contenía fuerzas sociales que pertenecían a tres diferentes etapas del desarrollo histórico. En las alturas, estaban los elementos feudales: una monstruosa autocracia asiática, un clero estatal, una burocracia servil, una nobleza territorial favorecida. Mas abajo había una débil, impopular burguesía, y una intelectualidad cobarde. Estos fenómenos opuestos estaban orgánicamente interrelacionados. Constituían distintos aspectos de un proceso social unificado. Las condiciones históricas que fortificaron y preservaron el predominio de las fuerzas feudales -la lentitud del desarrollo ruso, su economía atrasada, el primitivismo de sus formas sociales y su bajo nivel de cultura-habían frenado el crecimiento de las fuerzas sociales y acentuado su debilidad social y política.

Este fue un aspecto de la situación. Por el otro lado, el extremo retraso de la historia rusa había dejado los problemas agrarios y nacionales sin resolver, provocando descontento, hambre de tierra en el campesinado y ansias de libertad en las nacionalidades oprimidas. Mientras tanto aparecía la industria capitalista, dando nacimiento a empresas altamente concentradas, bajo la dominación del capital financiero extranjero, y a un no menos concentrado proletariado, armado con las últimas ideas, organizaciones y métodos de lucha. Esta violenta desigualdad en la estructura social de la Rusia zarista proveyó la base para los acontecimientos revolucionarios que estallaron cuando la caída de la decadente estructura medieval en 1917, y concluyo en unos pocos meses poniendo al proletariado y al partido bolchevique en el poder. Solamente analizando y comprendiendo esto, es posible captar por que la revolución Rusa se dió de esta manera.

IRREGULARIDADES EN LA SOCIEDAD

Las pronunciadas irregularidades que se han producido en la historia han inducido a algunos pensadores a negar que haya o pueda haber alguna causalidad o ley en el desarrollo social. La escuela mas conocida de los antropólogos norteamericanos, encabezada por el desaparecido Franz Boas, explícitamente niega que pueda haber alguna secuencia determinada de etapas que puedan descubrirse en la evolución social, o que las expresiones culturales estén ligadas a la tecnología o economía. De acuerdo a R. H. Lowitt, el expositor mas conocido de este punto de vista, los fenómenos culturales presentan meramente el carácter de “un caos sin plan”, una “jungla caótica”. La “jungla caótica” esta en la cabeza de este anti-materialista y antievolucionista, no en la historia o en la constitución de la sociedad.

Es posible que los pueblos que viven bajo las condiciones de la edad de Piedra en el siglo XX posean una radio-resultado del desarrollo combinado-. Pero es categóricamente imposible encontrar tal producto de la electrónica contemporánea enterrado con los remanentes humanos de la edad de Piedra depositados muchísimos años atrás.

No se necesita mucha penetración para ver que un recolector de alimentos, de hierbas, cazador, pescador o cazador de pájaros existieron mucho antes que la producción de alimentos en forma de horticultura o ganadería. O que las herramientas de piedra precedieron a las de metal; que la palabra precedió a la escritura; que las cavernas existieron antes que las aldeas; que el trueque de bienes precedió a la moneda. A una escala histórica general estas secuencias, son absolutamente inviolables.

Las principales características de la estructura social simple de los salvajes están determinadas por sus primitivos métodos de producir los medios de vida, que dependen a su vez del bajo nivel de sus fuerzas productivas.

Se estima que los pueblos recolectores de alimentos requieren un promedio de 40 millas cuadradas per capita para mantenerse. No pueden ni producir, ni mantener grandes concentraciones de población sobre tales fundamentos económicos. Generalmente agrupan un numero de personas menor de 40 y raras veces exceden de 100. La ineludible pequeñez de su producción de alimentos y la dispersión de su fuerza limitan estrictamente su desarrollo.

DEL BARBARISMO A LA CIVILIZACION

¿Qué se puede decir con respecto a la próxima etapa del desarrollo social, el barbarismo? El notable arqueólogo V. Gordon Childe ha publicado recientemente, en un libro llamado Evolución Social, un informe de los “sucesivos pasos a través de los cuales las culturas barbaras entran en la vía de la civilización, en contraste con su ambiente natural”. Childe reconoce que el punto de partida en la esfera económica fue idéntico en todos los casos, “en la medida en que las primeras culturas barbaras examinadas estaban basadas en el cultivo de los mismos cereales, y el pastoreo de las mismas especies de animales” Es decir, el barbarismo esta separado de las formas salvajes de vida por la adquisición y aplicación de mas altas técnicas productivas para la agricultura y la ganadería.

La llegada al resultado final-la civilizaci6n -exhibe diferencias concretas en cada caso, “sin embrago, en todos lados, ello significa el agregado de grandes poblaciones en las ciudades, como la diferenciación entre la producción primaria (pescadores, cultivadores, etc.) de artesanos especializados full-time, mercaderes, burócratas, curas y gobernantes; una efectiva concentración del poder político y económico, el uso de símbolos convencionales para recordar y transmitir informaciones (escritura) e igualmente standards convencionales de pesos y medidas, y de medidas de tiempo y espacio que llevan a un tipo de ciencia matemática y calendario”.

Al mismo tiempo, Childe señala que “los pasos que integran este desarrollo no presentan igualmente, un paralelismo abstracto” La economía rural de Egipto, por ejemplo, tiene un desarrollo diferente del de Europa templada. En la agricultura del viejo mundo la azada fue reemplazada por el arado, herramienta que no fue conocida por los mayas.

La conclusión general que Childe saca de estos hechos es que “el desarrollo de la economía rural barbara de las regiones estudiadas no presenta paralelismos sino convergencias y divergencias” (p. 162). Pero esto no es suficiente. Considerados en su totalidad y en su interrelación histórica, la mayoría de los pueblos que entran en el barbarismo surgen de las mismas actividades económicas esenciales, el cultivo de cereales y la ganadería. Han logrado un desarrollo diversificado de acuerdo a los diferentes habitats naturales y circunstancias históricas y prueban, al atravesar el camino hacia la civilización, que no fueron detenidos en la ruta u obliterados, y arribaron por fin al mismo destino: la civilización.

LA MARCHA DE LA CIVILIZACION

¿Qué ocurrió con la evolución de la civilización? ¿Es un “caos sin plan”? Cuando analizamos la marcha del género humano a través de la civilización, vemos que sus segmentos avanzados pasaron sucesivamente a través de la esclavitud, feudalismo y capitalismo y ahora están en camino hacia el socialismo. Esto no significa que cada sector de la humanidad haya pasado por esta invariable secuencia de etapas históricas, de la manera que cada uno de los bárbaros pasó a través de la misma secuencia de etapas. Pero su verdadero logro capacita a quienes llegan mas tarde a combinar o comprimir etapas históricas enteras.

El real curso de la historia, el pasaje de un sistema social a otro, de un nivel de organización a otra, es mucho más complicado, heterogéneo y contradictorio que el que se puede dar en un esquema histórico general. El esquema histórico universal de las estructuras sociales -salvajismo, barbarismo, civilización-con sus respectivas etapas, es una abstracción. Es una abstracción indispensable y racional que corresponde a las realidades esenciales del desarrollo y sirve como guía para la investigación, pero no puede sustituir directamente el análisis de ningún segmento concreto de la sociedad.

Una línea recta puede ser la distancia mas corta entre dos puntos, pero la humanidad ha dejado de lado frecuentemente este adagio y ha seguido a menudo aquel que dice que “el camino más largo es el mas corto a casa”.

En la historia se mezclan ambas: regularidades e irregularidades. La regularidad es fundamentalmente determinada por el carácter y desarrollo de las fuerzas productivas y el modo de producir los medios de vida. Sin embargo, este determinismo básico no se manifiesta en el actual desarrollo de la sociedad de una manera simple, directa y uniforme, sino por medios extremadamente complejos, desviados y heterogéneos.

LA EVOLUCION DESIGUAL DEL CAPITALISMO

Esto esta ejemplificado con mayor énfasis en la evolución del capitalismo y sus partes componentes. El capitalismo es un sistema económico mundial. En los últimos cinco siglos se desarrollo de país a país, de continente a continente, y pasó a través de las sucesivas fases del capitalismo comercial, industrial, financiero y el capitalismo estatal monopolista. Cada país, aunque atrasado, ha sido llevado a la estructura de las relaciones capitalistas y se ha visto sujeto a sus leyes de funcionamiento.

Mientras cada nación ha entrado en la divisi6n internacional del trabajo sobre la base del mercado mundial capitalista, cada una ha participado en una forma peculiar y en un grado diferente en la expresión y expansión del capitalismo, y jugó diferente rol en las distintas etapas de su desarrollo.

El capitalismo surgió con mucha mayor fuerza en Europa y Norteamérica que en Asia y Africa. Estos fueron fenómenos interdependientes, lados opuestos de un solo proceso. El bajo desarrollo capitalista en las colonias fue un producto y una condición del super desarrollo de las áreas metropolitanas, que se realizó a expensas de las primeras.

La participación de varias naciones en el desarrollo del capitalismo ha sido no menos irregular. Holanda e Inglaterra tomaron la dirección en el establecimiento de las formas y fuerzas capitalistas en el siglo XVI y XVII, mientras Norteamérica estaba aun en gran medida en posesión de los indios. Sin embargo, en la fase final del capitalismo, en el siglo XX, los Estados Unidos superaron ampliamente a Inglaterra y Holanda. A medida que el capitalismo iba captando dentro de su órbita a un país tras otro, aumentaban las diferencias mutuas. Esta creciente interdependencia no significa que siguen idénticas pautas o poseen las mismas características. Cuando más se estrechan sus relaciones económicas surgen profundas diferencias que los separan. Su desarrollo nacional no se realiza, en muchos aspectos a través de líneas paralelas, sino a través de líneas de ángulos, algunas veces divergentes como ángulos rectos. Adquieren trazos no idénticos, sino complementarios.

A IGUALES CAUSAS DIFERENTES EFECTOS

La regla que dice que las mismas causas producen los mismos efectos no es incondicional y general. La ley es sólo valida cuando la historia produce las mismas condiciones, pero generalmente hay diferencias para cada país y constante cambio e intercambio entre ellos. Las mismas causas básicas pueden conducir a muy diferentes y aun opuestos resultados.

Por ejemplo, en la primera mitad del siglo XIX, Inglaterra y EE. UU. eran ambos gobernados por las mismas leyes del capitalismo industrial. Pero estas leyes operaban bajo diferentes condiciones en los dos países y produjeron muy diferentes resultados en el campo de la agricultura. Las enormes demandas de la industria británica de algodón y alimento barato estimularon poderosamente la agricultura norteamericana, al tiempo que los mismos factores económicos estrangularon a los campesinos de Inglaterra. La expansión de la agricultura en un país y su contracción en el otro fueron consecuencias opuestas pero interdependientes de las mismas causas económicas.

Pasando del proceso económico al intelectual, el marxista ruso Plejanov señalaba, en su notable trabajo “En defensa del materialismo” (p. 126), como el desarrollo desigual de los diversos elementos que componen una estructura nacional permite al mismo conjunto de ideas producir muy diferente impacto social sobre la vida filosófica. Hablando del desarrollo ideológico en el siglo XVIII, Plejanov señalaba: “El mismo conjunto de ideas llevo al ateísmo militante de los materialistas franceses, al indiferentismo religioso de Hume, y a la religión “práctica” de Kant. La razón fue que la cuestión religiosa en Inglaterra, en ese tiempo, no jugaba el mismo rol que en Francia, ni en Francia que en Alemania. Y esta diferencia en el significado de la cuestión religiosa tenia sus raíces en la distinta relación en que estaban las fuerzas sociales en cada uno de esos países. Similares en su naturaleza, pero disimiles en su grado de desarrollo, los elementos de la sociedad se combinaban de modo diferente en los distintos países europeos y conducían a hacer de cada uno de ellos un muy particular estado de conciencia que se expresaba en la literatura nacional, la filosofía, el arte, etc. Como consecuencia de esto, una misma cuestión puede excitar a los franceses a la pasión y dejar fríos a los británicos. Un mismo argumento puede ser considerado con respeto por un alemán progresivo, mientras un francés progresivo lo verá con un odio amargo”.

PECULIARIDADES NACIONALES

Desearía cerrar este examen del procese de desarrollo desigual con una discusión del problema de las peculiaridades nacionales. Los marxistas son a menudo acusados por sus enemigos de negar, ignorar o subestimar las peculiaridades nacionales en favor de las leyes históricas universales. No es verdad. No es correcta esta crítica. Aunque algunos marxistas individualmente puedan ser acusados de tales errores.

El marxismo no niega la existencia y la importancia de las peculiaridades nacionales. Sería teóricamente estúpido y prácticamente sin valor si lo hicieran, desde que las diferencias nacionales pueden ser decisivas para dar la política del movimiento obrero, de una lucha nacional o de un partido revolucionario, durante un cierto período en un país dado. Por ejemplo, la mayor parte de los activistas obreros en Gran Bretaña siguen al partido laborista. Este monopolio es una peculiaridad primaria de Gran Bretaña y del desarrollo político de sus trabajadores. Los marxistas que no tomen en cuenta este factor como la clave de su. orientación organizativa violarán el espíritu de su método. Hay otro remoto ejemplo: en la mayor parte de los países coloniales hoy día las razas de color están luchando contra el imperialismo por la independencia nacional de la opresión de las naciones blancas. En los Estados Unidos, por el contrario, la lucha de los negros contra su carácter de ciudadanos de segunda clase se caracteriza por no ser un movimiento hacia la separación sino por la demanda de la integración incondicional en la vida americana sobre bases iguales. Sin tener en cuenta este carácter especifico es imposible comprender las principales tendencias de la lucha de los negros americanos en la presente etapa. Lejos de desechar las diferencias nacionales el marxismo es el único método histórico, la única teoría sociológica que las explica adecuadamente, demostrando cuales son sus raíces en las condiciones materiales de vida y considerando sus orígenes históricos, desarrollo, desintegración y desaparición. Las escuelas burguesas de pensamiento miran las particularidades nacionales con un criterio distinto, como accidentes inexplicables, como producto de la voluntad divina o características fijas y finales de un pueblo particular. El marxismo las ve como un producto histórico que surge de combinaciones concretas de fuerzas y condiciones internacionales.

Este procedimiento de combinar lo general con lo particular, y lo abstracto con lo concreto concuerda no solamente con las exigencias de la ciencia sino con nuestros hábitos diarios de juicio. Cada individuo tiene una distinta expresión facial, lo que nos permite reconocerlo y separarlo de los otros. Al mismo tiempo, comprendemos que este individuo tiene el mismo género de ojos, oídos, boca, frente y otros órganos que el resto de la raza humana. De hecho, la fisonomía particular que produce su expresión distinta es solo la manifestación fundamental de un específico complejo de estas estructuras y características humanas comunes. Así ocurre con la vida y la fisonomía de una nación dada.

Cada nación tiene sus propios rasgos distintivos. Pero estas peculiaridades surgen como consecuencia de la modificación de leyes generales por el material específico y las condiciones históricas. Son, en ultima instancia, la cristalización individual de un proceso universal.

Trotski concluyó que las peculiaridades nacionales son el producto más general del desarrollo desigual histórico, su resultado final.

LOS LIMITES DE LAS PECULIARIDADES NACIONALES

Sin embargo, por profundamente asentadas que estén estas peculiaridades en la estructura social y por poderosa que sea su influencia sobre la vida nacional, ellas son limitadas. En primer lugar, son limitadas en la acción. No reemplazan el proceso superior de la economía y política mundial ni pueden abolir el funcionamiento de sus leyes.

Consideremos, por ejemplo, las diferentes consecuencias políticas de la crisis mundial de 1929, en EE.UU. y Alemania, debidas a su diferente trasfondo histórico, especifica estructura social y evolución política nacional. En un caso, el New Deal de Roosevelt llegó al poder, en el otro el fascismo de Hitler. El programa de reforma bajo los auspicios democrático-burgueses, y el programa de la contrarrevolución bajo la desnuda dictadura totalitaria, fueron métodos totalmente diferentes utilizados por las respectivas clases capitalistas para salvar su pellejo.

Este contraste entre las formas capitalistas americana y alemana de auto preservación fue explotada hasta la saturación por los apologistas del capitalismo norteamericano, quienes lo atribuyeron al espíritu democrático inherente a la nación americana y a sus gobernantes capitalistas. En realidad, la diferencia se debió a la mayor riqueza y fuentes del imperialismo de EE. UU., por un lado y a la inmadurez de las relaciones de clase y conflictos, por el otro. Sin embargo, en la etapa siguiente y antes de que sobreviniera la decadencia, el proceso del imperialismo llevó a ambos poderes a una Segunda Guerra Mundial, para determinar quién dominaría el mercado mundial. A pesar de significativas diferencias en sus regímenes políticos internos, ambos llegaron al mismo destino. Continuaron subordinados a las mismas leyes fundamentales del imperialismo capitalista y no pudieron impedir su funcionamiento, o evitar sus consecuencias.

En segundo lugar, las peculiaridades nacionales tienen límites históricamente definidos. No están fijados para siempre ni tienen un destino absolutamente determinado. Condiciones históricas las generan y las suplantan; nuevas condiciones históricas pueden alterarlas, eliminarlas e igualmente transformarlas en sus opuestos.

En el siglo XIX Rusia era el país mas reaccionario de Europa y de la política mundial; en el siglo XX se transforma en el más revolucionario. A mediados del siglo XIX los Estados Unidos eran la nación más revolucionaria y progresiva; a mediados del siglo XX, le tomó a Rusia su lugar como fortaleza de la contrarrevolución mundial. Pero este rol tampoco puede ser eterno, como lo señalaremos en el próximo capítulo, donde estudiaremos el carácter y consecuencias del desarrollo desigual y combinado.

EL DESARROLLO COMBINADO Y SUS CONSECUENCIAS.

Analizaremos ahora el segundo aspecto de la ley de desarrollo desigual, y combinado. Su nombre indica de qué ley general es ella una expresión particular -verbigracia, la ley de la lógica dialéctica llamada Ley de la interpenetración de los opuestos-. Los dos procesos- desigualdad y combinación–que están unidos en esta formulación representan dos diferentes y opuestos y, no obstante, íntegramente relacionados e interpenetrados aspectos o etapas de la realidad.

La ley del desarrollo combinado parte del reconocimiento de la desigualdad en las proporciones de desarrollo de varios fenómenos del cambio histórico. La disparidad en el desarrollo técnico y social y la combinación fortuita de elementos, tendencias y movimientos pertenecientes a diferentes etapas de la organización social, dan la base para el surgimiento de algo nuevo y de más alta cualidad.

Esta ley nos permite observar cómo surge la nueva cualidad. Si la sociedad no se desarrollara en un camino diferencial, es decir, a través del surgimiento de diferencias, por momentos tan agudas que se vuelven contradictorias , la posibilidad para la combinación e integración de fenómenos contradictorios no se daría. Sin embargo, la primera fase del proceso evolutivo -desigualdad- es la indispensable precondición para la segunda fase: la combinación de características que pertenecen a diferentes etapas de la vida social en las distintas formaciones sociales, desviándose de los standards deducidos abstractamente o tipos “normales”.

Esta combinación llega como la necesaria superación de la pre-existente desigualdad. Podemos ver como se dan juntas casi siempre y ligadas en la simple ley de la combinación y desigualdad del desarrollo. Partiendo del hecho de los niveles dispares del desarrollo que resultan de la progresión desigual de los distintos aspectos de la sociedad, podremos ahora analizar la próxima etapa y la necesaria consecuencia de esta situación: su combinación.

FUSION DE DIFERENTES FACTORES HISTORICOS

Ante todo debemos preguntarnos que significa Combinado. Hemos podido ver como características que pertenecen a un estado de la evolución se ligan a otras que son esencialmente propias de una etapa más alta. La Iglesia Católica, cuyo centro está en el Vaticano, es una característica institución feudal. En la actualidad, el Papa usa radio y televisión-invenciones del siglo XX-para diseminar la doctrina de la Iglesia. Esto conduce a una segunda cuestión: ¿Cómo se combinan las diferentes características? Aquí, las combinaciones de los metales nos proporcionan una analogía útil. El bronce, que juega un gran rol en el desarrollo de las más tempranas construcciones de herramientas, que ha dado su nombre a toda una etapa del desarrollo histórico, se ha compuesto de dos metales elementales, el cobre y el estaño, mezclados en proporciones especificas. Su fusión produce una aleación con propiedades importantes que difieren de ambos constituyentes.

Algo parecido ocurre en la historia cuando se unen elementos que pertenecen a diferentes etapas de la evolución social. Esta fusión da origen a un nuevo fenómeno con sus propias características especiales. El período colonial de la historia Norteamericana se une al salvajismo y barbarismo, cuando la civilización europea cambiaba del feudalismo al capitalismo. De este modo, proveyó un magnifico caldo de cultivo para las combinaciones y dio el más instructivo campo para su estudio. Casi todos los géneros de relaciones sociales conocidos, desde el salvajismo a las compañías por acciones, se pueden encontrar en el nuevo mundo durante el periodo colonial. Varias colonias, como Virginia y Carolina del Norte y del Sur, fueron originalmente colonizadas por empresas capitalistas de acciones, cuyas cartas habían sido garantizadas por la Corona. Las formas mas avanzadas de capitalismo regían la firma accionaria que tomó contacto con los indios que vivían aun bajo primitivas condiciones tribales.

Las formas precapitalistas de vida con las que se encontraron fueron combinadas en un grado u otro con las características fundamentales de las civilización burguesa. Tribus indias, por ejemplo, fueron anexadas al mercado mundial a través del comercio de pieles; y es verdad que los indios se volvieron, en cierta medida, civilizados. Por otro lado, los colonos blancos europeos, cazadores, leñadores y pioneros de la agricultura se barbarizaron parcialmente por haber sobrevivido en el desierto de las planicies y montañas de los campos “vírgenes”. Sin embargo, el leñador europeo que penetraba en los desiertos de América, con su rifle y su hacha de hierro, y también con su concepción y hábitos de civilización, fue muy diferente del indio tribal Piel Roja, aunque muchas de las actividades de la sociedad barbara del leñador también le correspondían.

En su obra sobre las fuerzas sociales en la historia Norteamericana, A. M. Simon, uno de los primeros historiadores socialistas, escribió: “El curso de la evolución siguió en cada colonia una línea de desarrollo muy parecida a la que la raza había seguido (p. 30-31). En el comienzo, -señalo-hubo un comunismo primitivo. Después, una pequeña producción individual, y así se siguió hasta llegar al capitalismo.

Sin embargo, la concepción según la cual la colonia americana, o algunas de ellas, sustancialmente repitieron las secuencias de las etapas que las sociedades avanzadas habían atravesado antes de ella, es excesivamente esquemática e ignora el principal punto respecto a su desarrollo y estructura. La peculiaridad más significativa de la evolución de las colonias británicas en América se deriva del hecho de que todas las formas de organización y las fuerzas impulsoras pertenecientes a las primeras etapas del desarrollo social, desde el salvajismo, igualmente en el caso de la esclavitud, fueron incorporadas en, y condicionadas por el sistema en expansión del capitalismo internacional. No hay, en el suelo americano, repetición mecánica de las etapas hist6ricamente superadas. Por el contrario, la vida colonial testimonia una dialéctica mezcla de todos estos variados elementos, de la que resultan deformaciones sociales combinadas de un tipo nuevo y especial. La esclavitud de las colonias americanas fue muy distinta de la esclavitud de la Grecia clásica y de Roma. La esclavitud norteamericana fue una esclavitud burguesificada; que no fue solamente un brazo subordinado del mercado capitalista mundial, sino que cada ramificación de esta fusión de esclavitud y capitalismo fue la aparición de traficantes de esclavos entre los indios Creek, en el Sur. ¿Podría encontrarse algo más contradictorio que indios comunistas, ahora propietarios de esclavos, vendiendo su producto en un mercado burgués?

LA DIALECTICA DE LA COMBINACION

El resultado de esta fusión de diferentes etapas o elementos del progreso histórico es, en consecuencia, una mezcla o aleación particular de cosas. En la unión de diferentes y opuestos elementos, la naturaleza dialéctica de la historia se manifiesta por sí misma más poderosa y prominente. Aquí la contradicción, simple, obvia, flagrante, predomina. La historia le hace todo tipo de travesura a todas las formas rígidas y las rutinas fijas. Surgen todos los géneros de desarrollos paradójicos que confunden y dejan perplejas las mentes limitadas y formalizadas.

Como un importante ejemplo de esto, permítasenos considerar la naturaleza del stalinismo. En la Rusia actual, la más avanzada forma de propiedad -la propiedad nacionalizada- y el más eficiente modo de organización industrial, la economía planificada, ambos logrados a través de la revolución proletaria de 1917, se han unido en una sola masa con el tipo más brutal de tiranía, creada por una contrarrevolución política de la burocracia soviética. Los fundamentos económicos del régimen stalinista históricamente pertenecen a la era socialista del futuro. Sin embargo. este fundamento económico esta unido a una superestructura política que muestra los aspectos mas malignos de las dictaduras de clase del pasado. No debemos maravillarnos de que este fenómeno extraordinariamente contradictorio haya confundido a mucha gente y los haya llevado por mal camino.

El desarrollo desigual y combinado se nos presenta como una mezcla particular de elementos atrasados con los factores más modernos. Muchos píos católicos llevan imágenes en sus coches, que se supone los protegerán contra los accidentes. Esta costumbre combina el fetichismo de los crédulos salvajes con el producto de la industria automovilística, una de las industrias automatizadas más avanzadas del mundo moderno.

Por otra parte, estas anomalías son especialmente pronunciadas en los países más atrasados. Existen curiosidades tales como harenes con aire acondicionado!

“El desarrollo de las naciones históricamente atrasadas lleva necesariamente a una combinación peculiar de diferentes etapas del desarrollo histórico”, escribió Trosky en la Historia de la Revolución Rusa (p. 5).

Carlton S. Coone escribe: “…… Hay todavía regiones marginales donde la difusión cultural es desigual, donde simples cazadores de la Edad de Piedra están enfrentados sorprendentemente con extraños cazadores con rifles, donde jardineros neolíticos están cambiando sus hachas de piedras por otras de acero y sus cacharras de agua por descartados de hojalata, donde orgullosos ciudadanos de los antiguos imperios acostumbraban recibir las novedades algunas semanas después de las caravanas de camellos, se encuentran oyendo la propaganda radial de radios públicas. Y en el paseo de baldosas azules y blancas de las ciudades el claro llamado de los muslim pidiendo la fe del creyente es reemplazada un día una caja metálica colgada del alminar. Afuera, en el aeropuerto, los peregrinos de los lugares santos, saltan directamente del lomo de sus camellos a los asientos del DC4. Estos cambios en la tecnología conducen al nacimiento de nuevas instituciones en estos lugares como en cualquier otro, pero el recién nacido es a menudo una criatura no familiar, que no recuerda ni los parientes cercanos ni los alejados, superando a ambos”. The History of man, (pp. 113-114).

En el Africa actual, entre los kikuyos de Kenya, como también entre los pueblos de la Costa de Oro, las antiguas ligazones y costumbres ayudan a fortalecer su solidaridad en la lucha por el avance social y la independencia nacional contra el imperialismo británico. En el Movimiento Nacionalista del Premier Nkrumah’s el partido parlamentario nacional esta ligado con los sindicatos y el tribalismo-los tres pertenecen a diferentes etapas de la historia social.

La mezcla de elementos atrasados con los más modernos factores puede verse cuando comparamos la China moderna con los Estados Unidos de América. Actualmente muchos campesinos chinos en pequeñas aldeas tienen retratos de Marx y Lenin en sus paredes y se inspiran en sus ideas. El obrero norteamericano medio vive en ciudades más modernas y tiene, por contraste, pinturas de Cristo o fotografías de Eisenhower o del Papa sobre sus paredes prefabricadas. Sin embargo los campesinos chinos no tienen el agua corriente, caminos pavimentados, automóviles, radios o televisión, que tienen los obreros norteamericanos.

De esta manera, aunque los Estados Unidos y su clase obrera han progresado mucho más que China en su desarrollo industrial y standard de vida y de cultura, en ciertos aspectos los campesinos chinos han superado al obrero norteamericano. “La dialéctica histórica no conoce nada semejante al atraso desnudo o al progreso químicamente puro” como señalara Trotsky.

LA ESTRUCTURA SOCIAL DE GRAN BRETAÑA

Si analizamos la estructura social de la Gran Bretaña contemporánea, podremos ver que conserva características de tres periodos histórico-sociales distintos, inextricablemente relacionados. En las alturas de su sistema político hay una monarquía y una Iglesia establecida, ambas heredadas del feudalismo. Estas están conectadas a una estructura de propiedad capitalista monopolista perteneciente a la etapa más alta del capitalismo. Junto a esta industria capitalista existen la industria socializada, sindicatos y un partido laborista, todos precursores del socialismo.

Es significativo que esta particular combinación contradictoria en Gran Bretaña, deje perplejos a los norteamericanos. Los norteamericanos liberales no pueden comprender por qué los ingleses tienen una monarquía y una Iglesia establecida. Los norteamericanos con mentalidad capitalista se sorprenden de que la clase dominante británica tolere al Partido Laborista.

Al mismo tiempo, Gran Bretaña está golpeada por el más formidable de todos los movimientos combinados de fuerzas sociales de nuestro tiempo a escala mundial, verbigracia, la combinación del movimiento anticapitalista de la clase obrera con la revolución anticolonial de los pueblos de color. Estos dos movimientos muy diferentes, opuestos ambos al dominio imperialista, se refuerzan mutuamente.

Sin embargo, estos dos movimientos no tienen el mismo efecto en todos los países imperialistas. Se sienten, por ejemplo, más fuerte y directamente en Francia y Gran Bretaña que en EE. UU. No obstante, en EE. UU. la lucha de los pueblos coloniales por la independencia y de la minoría negra por la igualdad se influencian mutuamente.

LOS SALTOS PROGRESIVOS EN LA HISTORIA

La manifestación más importante de la interacción del desarrollo desigual y combinado es el surgimiento de “saltos” en el flujo histórico. Los más grandes saltos se hacen posibles por la co-existencia de pueblos de diferente nivel de organización social. En el mundo actual, estas organizaciones sociales cubren toda la gama, desde el salvajismo hasta el verdadero umbral del socialismo. En Norteamérica, mientras los esquimales en el Artico y los indios Seri en la Baja California viven aun en el salvajismo, los banqueros de Nueva York y los obreros de Detroit operan en la más alta etapa del capitalismo monopolista. Los “saltos” históricos se tornan inevitables porque los sectores retrasados de la sociedad se ven enfrentados a tareas que solo pueden resolver utilizando los métodos más modernos. Bajo la presión de las condiciones externas, se ven obligados a saltar o precipitar etapas de evolución que originalmente requirieron un período histórico entero para desarrollar sus potencialidades.

Cuando más amplias son las diferencias del desarrollo y mayor el numero de etapas presentes en un periodo dado, mas dramáticas son las posibles combinaciones de condiciones y fuerzas, y más rápida la naturaleza de los saltos Algunas combinaciones producen extraordinarias erupciones y rápidos movimientos en la historia. El transporte ha evolucionado lentamente la locomoción humana y animal, a través de los vehículos a rodado hasta el tren, automóviles y aeroplanos. En época reciente, sin embargo, los pueblos de Sudamérica y Siberia han pasado directamente y de un solo salto desde el animal al uso de los aviones.

Tribu, nación y clase son capaces de comprimir etapas o de saltar sobre ellas, asimilando los logros de los pueblos mas avanzados. Usan esto como una picana para encaramarse sobre las etapas intermedias y sobrepasan obstáculos de un solo salto. Pero no pueden hacer nada hasta tanto los países pioneros a la vanguardia del genero humano, hayan previamente allanado el camino, prefabricando las condiciones materiales. Otros pueblos preparan los medios y modelos para, una vez maduros, adaptarlos a sus condiciones peculiares.

La industria soviética fue capaz de hacer tan rápido progreso porque, entre otras razones, pudo importar las técnicas y maquinarias del Oeste. Ahora también China puede marchar a un ritmo más acelerado en su industrialización porque no solamente se basa en los logros técnicos de los países capitalistas avanzados, sino también sobre los métodos de planificación de la economía soviética.

En sus esfuerzos para superar a la Europa Occidental, los colonizadores de la costa del Atlántico Norte, pasaron a través del “barbarismo salvaje”, virtualmente saltando por encima del feudalismo, implantando y extirpando la esclavitud, constituyendo grandes pueblos y ciudades sobre una base capitalista. Esto se hizo a un ritmo acelerado. A los pueblos europeos les llevo 3000 años saltar de la etapa superior del barbarismo de la Grecia homérica a la Inglaterra triunfante de la revolución burguesa de 1849. Norteamérica cubrió las mismas transformaciones en 300 años, o sea a un ritmo de desarrollo diez veces más rápido. Pero esto fue posible por el hecho de que Norteamérica pudo beneficiarse con los logros previos de Europa, combinados con la impetuosa expansión del mercado capitalista en todos los rincones del globo.

A lo largo de esta aceleración y compresión del desenvolvimiento social se fue acelerando también el tiempo de desarrollo de los acontecimientos revolucionarios. El pueblo británico tardó ocho siglos desde el comienzo del feudalismo en el siglo IX, hasta su revolución burguesa triunfante en el siglo XVII. Los colonos norteamericanos solamente en ciento setenta y cinco años pasaron de sus primeros asentamientos en el siglo XVII a su revolución victoriosa en el ultimo cuarto del siglo XVIII.

En estos saltos históricos las etapas del desarrollo son algunas veces comprimidas y otras omitidas, lo que depende de las condiciones particulares y las fuerzas. En las colonias norteamericanas, por ej. el feudalismo, -que floreció en Europa y Asia por muchos siglos- logro apenas asentarse Las instituciones características del feudalismo (feudo, siervos, la monarquía, la iglesia establecida y las corporaciones medievales) no tuvieron un ambiente favorable y fueron comprimidas entre la esclavitud comercial por un lado, y la sociedad burguesa injertada por el otro. Paradójicamente, al mismo tiempo que el feudalismo iba siendo atrofiado y estrangulado en las colonias norteamericanas, adquiría una vigorosa expansión en el otro lado del mundo, Rusia.

REVERSIONES HISTORICAS

La historia tiene sus reversiones, así como sus movimientos hacia adelante; sus periodos de reacción; formas infantiles y características caducas propias de etapas primitivas de desarrollo pueden unirse con estructuras avanzadas para generar formaciones extremadamente regresivas e impedir el avance social. Un ejemplo primario de tal combinación regresiva fue la esclavitud en Norteamérica, donde un modo de propiedad y una forma de producción anacrónica, perteneciente a la infancia de la civilización, se inserto en un ambiente burgués que pertenecía a una sociedad de clase madura.

La reciente historia política nos ha hecho familiarizar con los ejemplos del fascismo y el stalinismo, que son fenómenos históricos del siglo XX simétricos, aunque no idénticos. Ambos representan reversiones de formas de gobiernos democráticos preexistentes que tenían bases sociales completamente diferentes El fascismo fue el destructor y reemplazante de la democracia burguesa en el periodo final de la destrucción y decadencia del imperialismo. El stalinismo fue el destructor y reemplazante de la democracia obrera de la Rusia revolucionaria en el periodo inicial de la revolución socialista internacional.

De esta forma, nosotros vemos mezclados dos etapas en el movimiento dialéctico de la sociedad. Primero, algunas partes del genero humano y ciertos elementos de la sociedad, se mueven mas rápidamente y se desarrollan antes que otros. Mas tarde, bajo el choque de fuerzas externas se produce un retroceso, o una detención en relación al ritmo de progreso de sus precursores, por la combinación de las últimas innovaciones con viejos modos de existencia.

A DESINTEGRACION DE LAS COMBINACIONES

Pero a la historia no se detiene en este punto. Cada síntesis única, que ha surgido del desarrollo desigual y combinado engendra en si misma posteriores crecimientos y cambios, los que a su vez pueden llevar a una eventual desintegración y destrucción de la síntesis. Una formación combinada amalgama elementos derivados de diferentes niveles del desarrollo social. Su estructura interna es, por lo tanto, altamente contradictoria. La oposición de sus polos constituyentes no solamente imparte inestabilidad a la formación, sino que lleva directamente a posteriores desarrollos. Mas claramente que a cualquier otra formación, la lucha de los opuestos caracteriza el curso de vida de una formación combinada.

Hay dos tipos principales de combinación. En un caso, el producto de una cultura avanzada es absorbido en la estructura de un organismo social arcaico. En otro, aspectos de un orden primitivo son incorporados a un organismo social mas altamente desarrollado.

El efecto que produce la asimilación de elementos más modernos en una estructura depende de muchas circunstancias. Por ejemplo, los indios pudieron reemplazar el hacha de piedra por el hacha de hierro sin dislocaciones fundamentales de su orden social, porque este cambio significó solamente una mínima dependencia de la civilización blanca de la cual el hacha de hierro fue tomada. La introducción del caballo cambio considerablemente la vida de los indios de las praderas, al extender el alcance de sus campos de caza y de sus habilidades guerreras Sin embargo, el caballo no transformo su relación tribal básica. Pero, en cambio, la participación en un naciente comercio y la penetración de la moneda tuvo consecuencias revolucionarias sobre los indios destruyendo su sistema tribal, oponiendo los intereses privados a las costumbres comunitarias, lanzando una tribu contra otra y subordinando los nuevos comerciantes y cazadores indios al mercado mundial.

Bajo ciertas condiciones históricas la introducción de nuevas cosas puede, también, prolongar por un tiempo la vida de las instituciones más arcaicas. La entrada de los grandes consorcios capitalistas de petróleo en el Medio Oriente ha fortalecido temporariamente a los sheiks, dándoles enormes cantidades de riquezas. Pero a largo plazo, la invasión de técnicas e ideas modernas no puede ayudar, sino minar los viejos regímenes tribales, porque rompen las condiciones sobre las cuales ellos se apoyan y crean nuevas fuerzas que se les oponen para reemplazarlos.

Un poder primitivo puede afirmarse rápidamente sobre uno más moderno, ganando renovada vitalidad, y puede también aparecer por un tiempo como superior al otro. Pero el poder menos desarrollado llevara una existencia esencialmente parásita y no podrá sostenerse indefinidamente a expensas del mas desarrollado. Carece de adecuado terreno y atmósfera para su crecimiento, mientras las instituciones mas desarrolladas no solo son superiores por naturaleza, sino que además, pueden contar con un favorable ambiente para su expansión.

ESCLAVITUD Y CAPITALISMO

El desarrollo de la esclavitud en Norteamérica da una excelente ilustración de esta dialéctica. Desde el punto de vista de la historia mundial, la esclavitud fue un anacronismo desde su nacimiento en este continente. Como modo de producción pertenecía a la infancia de la sociedad de clases; había desaparecido prácticamente de la Europa Occidental. Sin embargo, la importancia de las demandas por parte de Europa Occidental, de materias primas como el azúcar, índigo y tabaco, combinada con la carencia de trabajadores para llevar a cabo operaciones agrícolas en gran escala, obligaron a implantar la esclavitud en Norteamérica . La esclavitud colonial creci6 como un brazo del capitalismo comercial. De esta manera un modo de producción y una forma de propiedad superadas mucho tiempo atrás, surgió de nuevo como consecuencia de las exigencias de un sistema más moderno y formó parte de el.

Esta contradicción se agudizo cuando el surgimiento del capitalismo industrial en Inglaterra y los Estados Unidos incrementó la producción de algodón de los estados del Sur hasta un lugar de primer rango en la vida económica y política de Norteamérica. Durante décadas los dos sistemas opuestos funcionaron como equipo. Cuando estalló la guerra civil norteamericana, rompieron. El sistema capitalista-que en una etapa de su desarrollo alentó el crecimiento de la esclavitud-creó en otra una nueva combinación de fuerzas que la destruyó.

La formación combinada de lo viejo y de lo nuevo, de lo mas bajo y lo mas alto, de la esclavitud y el capitalismo, demostró no ser permanente ni indisoluble; fue condicional, temporaria, relativa. La asociación forzada de las dos tendía hacia la disociación y un conflicto creciente. Si una sociedad marcha hacia adelante, la ventaja preponderante corresponderá, a larga escala, a la estructura superior, la cual prosperará a expensas de características inferiores, superándolas y dislocándolas eventualmente.

LA SUSTITUCION DE LAS CLASES

Una de las consecuencias más importantes y paradójicas del desarrollo desigual y combinado es la solución de los problemas de una clase a través de otra. Cada etapa del desarrollo social genera, pone y resuelve sus propios complejos específicos de tareas históricas. El barbarismo, por ejemplo, desarrollo las técnicas productivas del cultivo de las plantas, del pastoreo de animales y la labranza, como ramas de su actividad económica. Estas actividades fueron también prerrequisitos para suplantar al barbarismo por la civilización.

En la época burguesa, la unificación de provincias separadas en estados centralizados nacionales y la industrialización de estos estados fueron tareas históricas planteadas por el surgimiento burgués. Pero, en cierto numero de países, el bajo desarrollo de la economía capitalista y la consiguiente debilidad de la burguesía hace insostenible el logro de estas tareas históricas de la burguesía. En el corazón de Europa, por ejemplo, la unidad del pueblo alemán fue lograda desde 1866 hasta 1869 no por la burguesía o la clase obrera, sino por una casta social ya superada, los terratenientes Junkers prusianos, encabezados por la monarquía Hohenzollern y dirigida por Bismark. En este caso la tarea histórica de la clase capitalista fue llevada a cabo por fuerzas precapitalistas.

En el presente siglo China representa otro ejemplo opuesto, en un nivel histórico mas alto. Bajo la doble explotación de sus viejas relaciones feudales y de la subordinación imperialista, China no podía ser unificada ni industrializada. Se necesito nada menos que una revolución proletaria (aunque deformada en sus comienzos) que, apoyándose en una insurrección campesina? allano el camino para la solución de estas tareas burguesas largamente postergadas. Hoy día China esta unificada por primera vez y se esta industrializando rápidamente. Sin embargo, estas tareas no han sido llevadas a cabo por fuerzas capitalistas o precapitalistas, sino por la clase obrera y bajo su propia dirección. En este caso, las tareas no completadas de la abortada era de desarrollo capitalista han sido realizadas por una clase postcapitalisla.

El desarrollo extremadamente desigual de la sociedad hizo necesario este cambio de roles históricos entre las clases: la grandiosidad de la etapa histórica hizo posible la substitución. Como Hegel señalo, la historia a menudo recurre a los mecanismos más indirectos y astutos para lograr sus fines.

Uno de los mayores problemas que dejo sin resolver la revolución democrático-burguesa de los Estados Unidos fue la abolición de los viejos estigmas de la esclavitud, con la integración sin restricciones de los negros en la vida norteamericana. Esta tarea fue parcialmente solucionada por la burguesía industrial del norte durante la guerra civil. Este fracaso de la burguesía industrial ha sido igualmente una gran fuente de problemas y dificultades para sus representantes. La cuestión que ahora esta planteada es si los actuales gobernantes capitalistas ultrarreaccionarios de USA podrán llevar a cabo una tarea nacional que fueron incapaces de completar en su época revolucionaria.

Los portavoces de los demócratas y republicanos consideran necesario decir que ellos podrán de hecho cumplir esta tarea; los reformistas de todo pelaje juran que el gobierno burgués podrá hacerlo. Es nuestra opinión, sin embargo, que solo la lucha conjunta del pueblo negro y las masas obreras contra los gobernantes capitalistas será capaz de batallar contra los restos de la esclavitud hasta su conclusión victoriosa. En ese sentido, la revolución socialista completara lo que resta realizar de la revolución democratico-burguesa.

LOS CASTIGOS DEL PROGRESO Y LOS PRIVILEGIOS DEL ATRASO

Aquellos que hacen un culto del progreso puro creen que altos logros en un número de campos presuponen equivalente perfección en otros. Muchos norteamericanos sacan la conclusión inmediata de que los Estados Unidos sobrepasan al resto del mundo en todas las esferas de la actividad humana, justamente porque así ocurre en tecnología, producci6n material y standard de vida. Sin embargo, en política y filosofía, para no mencionar otros campos, el desarrollo general de Estados Unidos no ha ido mas allá del siglo XIX, mientras que países de Europa y Asia, mucho menos favorecidos económicamente, están mucho mas allá que USA en estos campos.

En los últimos años de su gobierno, Stalin trató de imponer la noción de que solamente “cosmopolitas sin raíces” podían sostener que el oeste superaba a la URSS en alguna rama del esfuerzo humano desde las invenciones mecánicas hasta la ciencia de la genética. Esta expresión del nacionalismo “pan ruso” no fue menos estúpida que la concepción occidental de que nada superior puede provenir del barbarismo asiático de la Unión Soviética.

La verdad es que cada etapa del desarrollo social, cada tipo de organización social, cada nacionalidad, tiene sus virtudes y defectos esenciales, ventajas y desventajas. El progreso tiene sus castigos: hay que pagar por él. Avances en ciertos terrenos pueden significar retrocesos en otros. Por ejemplo, la civilización desarrolló el poder de producción y la riqueza del genero humano sacrificando la igualdad y la fraternidad de las sociedades primitivas que suplantó. Por otro lado, bajo ciertas condiciones el atraso tiene sus beneficios. Mas aun, lo que es progresivo en una etapa de desarrollo puede volverse una precondición para el establecimiento de un retraso en una etapa subsiguiente o en un terreno a el ligado. Y lo que es un atraso puede volverse la base para un salto hacia adelante.

Parece ridículo decir a pueblos que están oprimidos por el atraso y están deseando vivamente superarlo, que su arcaísmo tiene sus ventajas. Para ellos el atraso aparece como un mal evidente. Pero la conciencia de este “mal” aparece en primer lugar después que estos pueblos han tomado contacto con formas superiores del desarrollo social. Es el contacto de las dos formas, atrasada y adelantada, lo que demuestra las deficiencias de la cultura atrasada. En la medida en que la civilización es desconocida el salvaje primitivo se mantiene contento. Es solamente la yuxtaposición de los dos la que introduce la visión de algo mejor y alimenta las semillas del descontento. En ese sentido la presencia y conocimiento de la etapa superior se vuelve un motor del progreso.

La critica y condenación resultante de la vieja situación genera la urgencia de superar la disparidad en el desarrollo y lleva a los retrasados hacia adelante por el surgimiento en ellos del deseo de superar a los mas avanzados. Cada persona que conoce lo que es aprender ha sentido esto personalmente.

Cuando los pueblos atrasados hacen nuevas e imperativas demandas, la ausencia de instituciones acumuladas e intermediarias puede ser de un valor positivo, por los pocos obstáculos que se presentan para obstruir el avance y la asimilación de lo nuevo. Si las fuerzas sociales existen y actúan efectiva, inteligentemente y en el momento oportuno, lo que ha sido un castigo puede transformarse en una ventaja.

LOS DOS CURSOS DE LA REVOLUCION RUSA

La reciente historia de Rusia da el ejemplo más extraordinario de esta conversión de un castigo histórico en un privilegio. Al comienzo del siglo XX, Rusia era entre las grandes naciones de Europa la más atrasada. Este atraso abrazaba todos los estratos, desde el campesino abajo hasta la dinastía absolutista de los Romanov arriba. El pueblo ruso y sus nacionalidades oprimidas sufrían ambos las miserias del feudalismo decadente y del retraso del desarrollo burgués en Rusia.

Sin embargo, cuando llegó el momento de la solución revolucionaria de estos problemas acumulados, este retraso demostró sus ventajas en muchos terrenos. Primero, el zarismo estaba totalmente alienado de las masas. Segundo, la burguesía era muy débil para tomar el poder en su propio nombre y mantenerlo. Tercero, el campesinado, al no recibir satisfacción de la burguesía, fue obligado a replegarse sobre la clase obrera en busca de dirección. Cuarto, la clase obrera no tenía formas de actividad petrificadas o sindicatos frenadores y burocracias políticas que la hicieran retroceder. Fue más fácil para esta joven y enérgica clase que tenía muy poco que perder y mucho que ganar, adoptar rápidamente la más avanzada teoría, el más claro programa de acción y el mas alto tipo de organización partidaria. La revuelta campesina contra el feudalismo, un movimiento que en el occidente de Europa ha caracterizado el surgimiento de las revoluciones democrático-burguesas, se mezcló con la revolución proletaria contra el capitalismo, exclusiva del siglo XX. Como Trotsky señaló en la Historia de la Revolución Rusa, fue la conjunción de estas dos revoluciones diferentes lo que dio su poder expansivo al alzamiento del pueblo ruso y lo que explica la extraordinaria rapidez de su triunfo.

Pero los privilegios del atraso no son inagotables; están limitados por condiciones históricas y materiales. Efectivamente, el atraso heredado de la Rusia de los zares reaccionó, en la etapa siguiente de su desarrollo, bajo nuevas condiciones históricas y sobre una base social enteramente nueva. Los privilegios previos debieron ser pagados en las próximas décadas por los amargos sufrimientos, privaciones económicas y pérdida de las libertades que el pueblo ruso soportó bajo la dictadura stalinista. El gran atraso que había fortalecido la revolución y propulsado a las masas rusas a la cabeza del resto del mundo, se transformó entonces en el punto de arranque de la reacción política y de la contrarrevolución burocrática, a consecuencia de lo cual la revolución internacional fracasó en la conquista de los países industriales mas avanzados. El atraso económico y cultural de Rusia combinada con el retraso de la revolución mundial, fueron las condiciones básicas que permitieron a la camarilla stalinista romper al partido bolchevique y a la burocracia usurpar el poder político. Por estas razones, el régimen stalinista se convirtió en el más contradictorio de la historia moderna, una coagulación de las más avanzadas formas de propiedad y conquistas sociales surgidas de la revolución, con una resurrección de las más repulsivas características del dominio de clase. Fábricas gigantes, provistas con la maquinaria más moderna, eran atendidas por obreros a los que, al igual que a siervos, no se les permitía dejar sus lugares de empleo; aeroplanos que volaban por intransitables caminos llenos de barro; una economía planificada que funcionaba junto a campos “de trabajo esclavo”; colosales avances industriales paralelos a la regresión política; en fin, el prodigioso crecimiento de Rusia como poder mundial, acompañado por una igualmente prodigiosa decadencia interna del régimen.

Sin embargo, el desarrollo dialéctico de la revolución rusa no se detuvo en ese punto. La extensión de la revolución al oriente de Europa y Asia, después de la segunda guerra mundial, la expansión de la industria soviética y el ascenso en numero y nivel de cultura de los obreros soviéticos, prepararon condiciones para una transformación de las viejas tendencias, el renacimiento de la revolución sobre una etapa mas alta y la decadencia y parcial superación del azote del stalinismo. La primera manifestación de ese movimiento hacia adelante de las masas en Rusia y sus satélites, con la clase obrera en su dirección, ha sido ya anunciada al mundo.

Desde el discurso de Kruschev a la revolución húngara, se ha producido una serie continua de acontecimientos que demuestra la dialéctica del desarrollo revolucionario. A cada paso de la revolución rusa, podemos ver la interacción de su atraso y progreso con su conversión de uno en el otro, de acuerdo a las circunstancias concretas del desarrollo internacional y nacional. Solamente la comprensión de la dialéctica de esos cambios puede darnos una pintura exacta del desarrollo extremadamente complejo y contradictorio de la URSS, durante los 40 años de su existencia revolucionaria. Las docenas de ultrasimplificadas caracterizaciones de la naturaleza de la moderna sociedad rusa que sirven solo para confundir al movimiento revolucionario, derivan de una falta de comprensión de las leyes de la dialéctica, y del uso de métodos metafísicos en el análisis del proceso histórico.

 La ley del desarrollo desigual y combinado es una herramienta indispensable para analizar la revolución rusa y para precisar su crecimiento y decadencia a través de sus complejas fases, sus triunfos, su degeneración y su próxima regeneración.

Declaración de Relaciones Fraternales entre la OTR y la TEI

DECLARACIÓN DE RELACIONES FRATERNALES entre la Organización Trotskista Revolucionaria de Chile y la tendencia espartaquista internacional

El 17 de mayo de 1976

I

Los acontecimientos de los años 1970 a 1973 en Chile plantearon, y siguen planteando, una prueba fundamental de la capacidad revolucionaria de todos aquellos que pretenden hablar en nombre de los intereses históricos de la clase obrera. Los autodenominados socialistas que a través de la coalición Unidad Popular (UP) ataron las masas explotadas a los oficiales “constitucionalistas” y a la burguesía “antiimperialista” se erigieron en obstáculo a la revolución, y por consiguiente en cómplices de la contrarrevolución. La primera tarea de aquellos que buscan preparar una insurrección proletaria que derrumbará al estado burgués, hoy día en manos de la sangrienta dictadura de Pinochet, es de trazar las lecciones del frente popular de Allende. Sólo de este modo será posible hacer romper a las masas con esos dirigentes traidores reformistas y centristas que abrieron la vía para el golpe del 11 de septiembre de 1973. En ese entonces el frente popular burgués fue reemplazado por otra forma de dominio capitalista, la junta militar bonapartista, que se balancea entre las fracciones y clanes de la mediana y alta burguesía, y refleja la presión de los mayores poderes imperialistas.

Ya a finales de 1970 la tendencia espartaquista advertía:

“Es el deber más elemental de los marxistas revolucionarios el oponerse irreconciliablemente al frente popular en las elecciones y no tener absolutamente ninguna confianza en él una vez en el poder. Cualquier ‘apoyo crítico’ a la coalición de Allende sería una traición a la clase, abriendo el camino para una derrota sangrienta de los trabajadores chilenos cuando la reacción criolla, auxiliada por el imperialismo internacional, esté lista.”

Trágicamente no había en Chile un partido trotskista para galvanizar los obreros alrededor del programa marxista de independencia de clase, y los subsecuentes acontecimientos gráficamente corroboraron esta advertencia deSpartacist (ver “Frente popular en Chile”, Cuadernos Marxistas No. 3).

II

Como dijo Trotsky en 1937: “En realidad, el Frente Popular es la cuestión principal de la estrategia de clase proletaria de esta época. También ofrece el mejor criterio para distinguir entre el bolchevismo y el menchevismo.”

La organización más grande pretendidamente revolucionaria que se encontraba formalmente fuera de la coalición UP, el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), fue incapaz de presentar una oposición de clase al frente popular. Aunque atrajo una capa de juventud militante, fundamentalmente de la pequeña burguesía, y pese a sus críticas periódicas contra el Partido Comunista (PC), el MIR nunca rompió con la Unidad Popular. Después de las elecciones de septiembre de 1970 llamó a las masas a apoyar a Allende; hoy día, el MIR forma parte del frente popular en el exilio, buscando “ampliar” esta coalición de colaboración de clases al integrar aún a demócratas cristianos. El heroísmo individual de muchos militantes del MIR no puede ocultar la bancarrota política de estos castristas chilenos, la máscara de izquierda del frente popular.

Los discípulos chilenos de las varias autoproclamadas “Cuartas Internacionales” tampoco presentaron una política trotskista de hostilidad irreconciliable al frente-populismo. Los partidarios del Secretariado “Unificado” (SU), por una parte, quedaron atascados en el “entrismo profundo” perpetuo dentro del Partido Socialista (el cementerio tradicional de los falsos trotskistas en Chile); y por otra seguían desvergonzadamente al MIR. (El SU jugó un papel central en la creación del MIR, pero esto no les impidió a los castristas de expulsarlos sumariamente dos años más tarde por presunto trotskismo. ¡Tal es la recompensa del oportunismo!) Los partidarios del SU consideraron a los elementos burgueses de la UP como sin relevancia, ocultando el carácter de clase del régimen de Allende detrás de la etiqueta “reformista”, y exigiéndole cumplir con el programa burgués de la UP.

En cuanto a los dos grupos chilenos pertenecientes al “Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional” encabezado por la OCI francesa, ninguno caracterizó a la UP como frente popular hasta después del golpe de Pinochet. Finalmente, el minúsculo grupo pasadista consideró al régimen de Allende como “gobierno revolucionario”, una categoría en la cual también incluye las juntas militares del Perú y del Panamá.

III

Sin embargo, algunos militantes en Chile buscaban oponerse al colaboracionismo de clases de los dominantes partidos obreros reformistas – o como lo expresó Lenin, partidos obreros burgueses – el PC y el PS. A finales de 1972, elementos de la Tendencia Revolucionaria de Octubre (TRO, aliada con la minoría internacional reformista del SU) se rehusaron acceder a una fusión con el Frente Revolucionario Trotskista (FRT, liderado por L. Vitale y aliado con la mayoría centrista del SU) a causa de la no-resolución (y ni siquiera discusión) de diferencias sobre Cuba y el guerrillerismo, y de la ausencia de una política revolucionaria frente a la UP. Por consiguiente, esta agrupación fue inmediatamente expulsada por el comité central elegido en el congreso de fundación del Partido Socialista Revolucionario (PSR) con acusaciones de “ultra-izquierdismo”.

En la dirección central de la tendencia expulsada, que luego se transformó en la Organización Trotskista Revolucionaria (OTR), se encuentran dirigentes sindicales con muchos años de experiencia en la dirección de las luchas de los mineros chilenos, tanto contra los monopolios norteamericanos como las empresas estatales de la burguesía chilena. Habiendo roto con el PS, en las elecciones legislativas de marzo de 1973 se llamó a votar por la Unión Socialista Popular (USOPO), una escisión del PS, sin darle ninguna confianza política. Aunque los dirigentes de la USOPO eran reformistas, habían sido forzados a romper con el frente popular a causa de la oposición de izquierda a la UP entre los mineros del cobre, la base de la USOPO. Poco antes del golpe, dirigentes de la OTR encabezaron una marcha obrera en Santiago exigiendo “Romper con la burguesía”.

Más tarde, en un documento aprobado por su congreso de octubre de 1974, “Una derrota política y la necesidad de un balance”, la OTR escribió:

“Decir que el carácter de la UP es reformista, significa ser cómplice de la traición cometida… La UP se inscribe así en la lista de los viejos Frentes Populares, que fueron el modelo diseñado para traicionar a la clase obrera.”

IV

A la época del matrimonio a la fuerza que resultó en el PSR en noviembre de 1972, la tendencia que más tarde será la Organización Trotskista Revolucionaria de Chile ya tuvo experiencia con las maniobras sin principios de las fracciones competidoras del SU. En el exilio, la OTR tomó contacto directo con la dirección del Secretariado Unificado. Aunque invitada al “Décimo Congreso Mundial” del SU, ¡la OTR fue informada de que no habría discusión sobre Chile! Esto era de esperar lógicamente de esta falsa Internacional que había clasificado de frente popular al régimen de Allende en 1971, mientras que esta posición no fue compartida por sus grupos simpatizantes en Chile. Luego, después del golpe de 1973, rehabilitó la UP al rango de “reformista”. Evidentemente, cualquier balance honesto de los acontecimientos chilenos sólo puede condenar el propio oportunismo del SU y su falla de presentar una oposición revolucionaria al colaboracionismo de clases.

La OCI, como el SU, había calificado al régimen de Allende de frente popular (aunque no tomó el paso decisivo de llamar a la oposición electoral a todos los partidos de la coalición UP) mientras sus partidarios chilenos se negaron a hacer esta caracterización. En discusiones con la OCI, la OTR rechazó terminantemente la llamada de la OCI a votar por Mitterrand (el candidato del frente popular Unión de la Izquierda en las elecciones presidenciales francesas de 1974) y se opusieron a la política de la OCI seguidista al Partido Socialista portugués. En 1971, después de haber desempeñado un papel fundamental en la frustración de las oportunidades para una revolución boliviana por su claudicación centrista, el principal aliado latinoamericano de la OCI, el POR de G. Lora, firmó un pacto político con el desalojado ex-presidente boliviano, el general Torres. Más tarde, la OCI llamó por la extensión de esta alianza con la burguesía “antiimperialista” a la escala continental – un súper-Kuomintang latinoamericano. Tal política traidora demuestra los apetitos de estos pretendidos trotskistas a cometer traiciones igualmente monstruosas que aquellas del PS y del PC chilenos.

Al tomar contacto con la tendencia espartaquista internacional (TEI), la OTR estuvo fundamentalmente de acuerdo con la consecuente oposición de clase de la TEI al frente popular chileno, planteado en posiciones tomadas incluso a la altura de la popularidad de Allende y expresadas en los artículos recolectados en Cuadernos Marxistas No. 3. El acuerdo inicial fue extendido al incluir la comprensión de la naturaleza de Cuba como estado obrero burocráticamente deformado. Los oportunistas del Secretariado Unificado formaron su falsa Internacional sobre la base de la claudicación frente a la popularidad de Castro entre los radicales pequeñoburgueses, calificando a Cuba de estado obrero sano que meramente “carecía de las formas” de la democracia proletaria. Al contrario, el precursor de la Spartacist League/EE.UU., la Tendencia Revolucionaria (TR) del Socialist Workers Party (SWP) de los EE.UU., insistió que Cuba era un estado obrero deformado y la democracia obrera sólo se lograría a través de una revolución política bajo la dirección de un partido trotskista. Fue justamente por la defensa de este programa marxista que la TR era expulsada del SWP, como parte de la degeneración del SWP en su paso rápido por el centrismo en camino hacia el reformismo socialdemócrata servil. A través de una discusión de la historia del movimiento trotskista internacional, la claudicación del SU frente al castrismo fue remontada hasta sus orígenes en el liquidacionismo pablista que había destruido a la Cuarta Internacional en 1951-53.

V

Entre sus antiguas posiciones políticas, heredadas del pablismo, que la OTR tuvo que revisar, la cuestión del guerrillerismo fue la más dificultosa. Dentro-de la TRO, la tendencia que después sería la OTR había sido marcado por un guerrillerismo fuerte; acusó la dirección de la TRO de no haber cumplido con la decisión sobre la “lucha armada” en América Latina aprobada por el “Noveno Congreso” del SU. Mientras la OTR rechazaba la guerra de guerrillas foquista, basada sobre el campesinado, planteaba la guerrilla obrera.

Durante las discusiones con la TEI, la OTR llegó a la conclusión de que los marxistas deben oponerse al guerrillerismo. Como declaró la Tendencia Revolucionaria en 1963, “La experiencia después de la Segunda Guerra Mundial ha demostrado que la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeñoburguesa no puede llevar más allá de un régimen burocrático antiobrero”  (“Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional”). Además, sea en su forma rural o urbana (Tupamaros), sea como guevarismo, la “guerra del pueblo” maoísta o bajo un disfraz “trotskista” (como en el caso del PRT/ERP argentino), el guerrillerismo es hostil a la revolución proletaria y conduce inevitablemente a – o es el reflejo de – concepciones estalinistas de “dos etapas” o hasta el abierto nacionalismo pequeñoburgués.

El proletariado no puede sostener una guerra de guerrillas, por lo que el mismo concepto implica la ausencia de una situación revolucionaria y la lucha irregular que requiere una capacidad de repliegue rápido. Además de su claro interés de clase, es la organización del proletariado la que le da una superioridad política sobre el campesinado atomizado. Pero esta organización resulta de la posición de la clase obrera en la estructura de la sociedad capitalista; replegarse a las montañas en el fin destruiría la clase o el carácter de clase de su vanguardia.

No hay mejor ejemplo de la impotencia del guerrillerismo enfrentado por una ofensiva concertada por parte de la burguesía que el reciente fracaso en Argentina. Aunque el guerrillerismo (tanto urbano como rural) fue más extenso, mejor financiado y equipado, de más larga duración y con más variedades diferentes que en cualquier otra parte de América Latina, ningún grupo guerrillero podía ofrecer la más mínima resistencia al golpe de Videla, o aún detener las notorias escuadras de muerte de las AAA que han asesinado con impunidad a miles de militantes de izquierda y dirigentes obreros durante tos últimos tres años.

El partido revolucionario debe, por supuesto, tomar un papel activo en organizar la autodefensa de las masas trabajadoras, y en muchas ocasiones es vital el uso de tácticas guerrilleras como un elemento subordinado de guerra civil. No obstante, para el proletariado el camino al poder es por medio de una insurrección de masas contra el estado burgués; la organización militar central del levantamiento debe ser un brazo de, y dirigido por, las organizaciones de masas de la clase obrera, dirigidas por el partido de vanguardia leninista.

VI

En América Latina el guerrillerismo de inspiración castrista ha llevado una generación de militantes subjetivamente revolucionarios a una derrota tras otra, resultando en una carnecería sin sentido de muchos de los más dedicados y valientes luchadores. En numerosos países, miles de militantes han sido vilmente engañados por las pretensiones trotskistas de los pablistas y demás revisionistas, llevándoles a la capitulación frente a las direcciones no-proletarias.

Rechazamos las pretensiones de las varias agrupaciones internacionales que tratan de presentarse como la Cuarta Internacional, de ser la continuidad, sea organizacional o política, de la organización revolucionaria fundada por León Trotsky en 1938. La experiencia chilena ha demostrado una vez más la bancarrota de estos impostores falso-trotskistas. Aquellos que durante los años 1970 a 1973 proveyeron una máscara de izquierda a la Unidad Popular de Allende, solo un año después estaban sembrando ilusiones en el Movimiento de las Fuerzas Armadas portugués y/o en sus colaboradores del PC y del PS. Después de desempañar un papel central en la creación del MIR, para verse expulsado de su propio engendro poco después, el SU repitió este curso desastroso con el fracaso del PRT/ERP guerrillerista, sosteniendo al mismo tiempo al PST socialdemócrata, que apoyó políticamente al gobierno peronista. Sólo una Internacional auténticamente trotskista, basándose firmemente en la teoría de la revolución permanente y dedicada a la destrucción de la autoridad de todos los dirigentes reformistas y centristas de la clase obrera, puede resolver la crisis de la dirección proletaria.

Dado el gran número de militantes subjetivamente revolucionarios dentro de las filas de las varias organizaciones pretendidamente revolucionarias y la importancia central de destruir al pablismo a escala mundial, la Organización Trotskista Revolucionaria y la tendencia espartaquista internacional, en esta declaración de relaciones fraternales, se comprometen a emprender trabajo conjunto hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional. Buscamos reforjar la Cuarta Internacional al ganar los mejores cuadros y militantes a través de un proceso de reagrupamiento revolucionario. Sobre la base de los puntos arriba mencionados y de acuerdo con la declaración de principios de la Spartacist League/EE.UU., adoptada subsecuentemente por la TEI, los firmantes de la presente declaración expresan su intención de lograr la unificación de la Organización Trotskista Revolucionaria de Chile con la tendencia espartaquista internacional; a su vez, esto representará un gran paso hacia la formación de la Liga Trotskista Internacional, de envergadura mundial.

[Impreso en Spartacist No. 4, mayo de 1977]

EL MARXISMO Y EL RACISMO

EL MARXISMO Y EL RACISMO

Esto fue impreso en ESPARTACO Vol. I, No.3 en febrero-marzo de 1967.

PARTE PRIMERA ― En el próximo número: La Unión de Obreros Negros y Puertorriqueños en la Revolución

En un artículo titulado “Boricuas y Negros” (Desafío, septiembre 13, 1966), Juan A. Corretjer, secretario de la Liga Socialista de Puerto Rico, titubea ante la necesidad de una crítica pertinaz; retrocede torpe … y cae pesadamente en un lodazal idealista. En vez de analizar, en términos marxistas, las razones por las cuales existe la hostilidad racial, etc., entre los obreros negros y puertorriqueños del gueto estadunidense, se dedica a defender una tesis puramente racionalista; es decir, en vez de sacar a la luz los orígenes materiales, clasistas, que engendran diversos fenómenos sociales como la hostilidad mutua de los grupos minoritarios, Corretjer “sermonea” como un vulgar filisteo en una conferencia contra el amor premarital.

Veamos, entonces, qué dice Corretjer: “Un día la pesadilla de la división habrá pasado. La sensatez vencerá sobre la locura y la tontería… La triste verdad es que tanto los unos como los otros andan mal de la cabeza. Ser obrero, y encima negro o puertorriqueño, y no pensar como obrero, es cosa triste. Tan triste que es irracional.” Y agrega: “Así es de irracional la conducta de los obreros puertorriqueños y negros en Estados Unidos, desorientados porque no piensan con ideas de su clase, sino con las ideas que sus explotadores les ponen en la cabeza. Sacarse de la cabeza esas ideas es lo que tienen que hacer ambos grupos.” Corretjer finaliza diciendo que lo que se necesita es “una buena educación marxista,” sin olvidar añadir, naturalmente, ¡cómo hacerlo! Un poco de “pelea” contra los patrones… “hasta dejar establecido el socialismo.”

Indudablemente Corretjer repite lo mismo que diría un rector a sus bachilleres durante la ceremonia de graduación, con la diferencia que Corretjer usa diferentes adjetivos de vez en cuando.

Examinemos la lógica de Corretjer, o sea, su silogismo implícito. Esto nos expone lo siguiente: a) Los obreros negros y puertorriqueños pertenecen a la misma clase; b) los citados obreros luchan entre sí, cosa que no debe de suceder entre los proletarios; c) por lo tanto, algo anda mal entre los dos grupos. Elemental, elemental, dirá Corretjer. ¡Qué sencilla sería la vida ―la teoría marxista incluida― si todos los problemas se solucionasen con un texto de lógica elemental!

Al hallarse prisionero de su propio silogismo, Corretjer sólo puede hallar la siguiente explicación: “algo anda mal en la cabeza.” Pero, ¿es ésta una explicación marxista? ¿Por qué, si aceptamos el veredicto de Corretjer, no aceptamos que el proletariado tiene fallas en la cabeza ―no sólo por pelear entre sí― sino también porque no ha hallado todavía medios para deshacerse de la burguesía? Si es que el proletariado, según Corretjer, debe tener “ideas de su clase,” ¿por qué no le es posible, por sí solo, el derribar a la burguesía? No, el silogismo de Corretjer es un raciocinio derrotista, presentado para excusar la esterilidad política de su partido; para excusar de esta manera su incapacidad para servir como partido de la clase obrera; para distraer la atención de la cruz de las cosas: que el proletariado se encuentra bajo el control material, psicológico, ideológico, etc., de la burguesía mientras no tenga una dirección marxista que lo guíe hacia una política de inconciliabilidad clasista, de conciencia clasista definida. Sin un partido marxista, el proletariado sucumbe bajo el control burgués pese a todos los estudios psicológicos de Corretjer, el cual trata de lavarse las manos usando la falsificación teórica y echando la culpa al proletariado por su “falta de consciencia”.

La lógica formal ―método de insolventes― no refleja el desarrollo social sino de una manera deforme e incompleta; o sea, estática. Esta lógica, que esencialmente se encuentra arraigada en la manera de pensar burguesa, debe ser extirpada de los partidos y movimientos obreros, ya que el basarse en ella sólo revela síntomas de profunda degeneración política, propios de organizaciones que hace tiempo han aprendido a separar la teoría de la práctica, y el marxismo revolucionario del alcance de las masas.

El análisis marxista exige que, para descubrir las causas de la hostilidad mutua de los obreros negros y puertorriqueños, examinemos las razones materiales de tal hostilidad; tratando de predecir objetivamente el desarrollo de las relaciones entre estos grupos minoritarios. Descubriremos entonces que los obreros negros y puertorriqueños no luchan entre sí porque son “insensatos” y descubriremos ―y esto es más importante― que no necesitan de la tal “campaña de educación marxista”; al menos no como la vislumbra Corretjer, sino que requieren de acciones y perspectivas mucho más amplias y fundamentales.

El racismo es un producto histórico del capitalismo, sociedad basada en la más despiadada explotación clasista; es un resultado social que se nutre de las diferencias de clase y de la división clasista de la labor. En otras palabras, la burguesía no “planeó” el origen del racismo; por lo tanto, éste no existe debido solamente a las campañas racistas que la burguesía perpetúa en su radio, revistas, televisión, etc. Nadie niega que la burguesía, una vez enterada del miasma que ha creado en su seno, no la usa con toda premeditación, moldeando al racismo, agravándolo, extendiéndolo, con el fin de continuar embruteciendo y dividiendo al proletariado. Pero esta faz es la única que Corretjer toma en cuenta en su estudio “marxista.” Ésta es sólo una cara de la moneda; es el plano superestructural que la burguesía si controla científicamente de miles de maneras. Pero esta faz no es criticada solamente por Corretjer; cualquier pequeñoburgués liberal lo hace y con más maestría.

Corretjer, al decir que la hostilidad racista de los obreros puede ser eliminada con una “campaña de educación marxista,” comete un grave error que puede ser usado de la misma manera por la burguesía. Haciendo un paralelo obvio, podríamos decir que si la burguesía decide “ser sensata,” si decide acabar de un golpe con el racismo, podría aliviar su estado de descomposición social tal vez por largo tiempo. Al situar y aislar el racismo puramente en el plano de la superestructura, Corretjer descubre un flanco al reformismo: la burguesía, que controla la superestructura en gran manera, podría también, “racionalmente,” eliminar el racismo ya que éste refleja la profunda descomposición capitalista.

Pero así como no es posible eliminar el racismo de las filas del proletariado, ya sea puertorriqueño o negro, por medio de  “una educación marxista”, la burguesía tampoco puede eliminarlo en la sociedad; por el contrario, lo aumenta en proporciones cada vez más denigrantes y totales. La burguesía, que ha entrado en su etapa de imperialismo en podredumbre, no podrá sino, en el futuro próximo, agrandar el número de desempleados en proporciones cada vez también más alarmantes. Y al hacer esto, deberá de fomentar aún más el racismo entre la clase obrera, para posponer una confrontación unida con la misma que señalaría el fin de la sociedad de clases.

La burguesía simplemente no puede controlar su modo de producción, que es el origen irracional del racismo y todas las excrecencias que existen, íntimamente ligadas, en el sistema de la propiedad privada. Del mismo modo, el proletariado no puede curarse del racismo que la burguesía estimula en la fábrica o el gueto, sin antes destruir totalmente el aparato estatal burgués.

Esta tarea histórica del proletariado norteamericano, aliado con grandes masas de obreros puertorriqueños residentes, puede hallar eco en el proletariado puertorriqueño y negro sólo a través de largas y duras experiencias en la lucha organizada de clases. Esta lucha organizada sólo puede ser dirigida por un partido marxista-leninista que marque resolutamente los pasos de la clase; organizando a los obreros negros, puertorriqueños y blancos; enlazando el gueto con el proletariado unido, poniendo a la orden del día demandas transicionales con la intención irrevocable de despedazar de una vez por todas al capitalismo. Sólo así es posible combinar la educación marxista de las masas, haciéndoles accesible por primera vez en la historia el antirracismo y el internacionalismo proletario. Semejantes perspectivas no podrán ser enarboladas por un club de académicos en tours de educación “marxista”; en otras palabras, tales perspectivas están ocultas, como si en otra dimensión, para el Partido Laboral Progresista, la Liga Socialista de Puerto Rico y… Corretjer.

¡SUELTEN A BLANCO!

¡SUELTEN A BLANCO!

Originalmente publicado en ESPARTACO Vol. 1 No. 2, Diciembre 1966

Hugo Blanco, el líder campesino peruano, se encuentra en peligro mortal mievamente. Inicialmente sentenciado a 25 afios de cárcel por la muerte de tres guardas que murieron en una lucha con los campesinos a los que explotaban horrorosamente, Blanco enfrenta ahora a un fiscal que clama por su muerte en un tribunal militar.

Todos los que se preocupen por el bienestar de Hugo Blanco deben de escribir inmediatamente, por medio de cartas o telegramas, al Consejo Supremo de Justicia, o al Presidente Belaúnde Terry, en Lima, Perú. Un comité unido para la defensa de los prisioneros políticos latinoamericanos está en proceso de formación aquí en los Estados Unidos. La direccion del comité es:

USLA Justice Committee
P. O. Box 2303
New York, N. Y. 10001

Estes el texto del telegrama enviado el 11 de noviembre de 1966 por la Liga Spartacist:

“CONSEJO SUPREMO DE JUSTICIA LIMA, PERU

HUGO BLANCO SE HA VUELTO EL DEDICADO SIMBOLO DE LOS OPRIMIDOS. SI USTEDES LO MATAN, DESAPARECERÁN MALDICIENDO SU ACCIÓN. ¡SUELTEN A HUGO BLANCO!

LIGA SPARTACIST”

Comuna de Santo Domingo

Comuna de Santo Domingo

Traición Reformista

Primera impresión en Spartacist (Inglés) No. 7, de septiembre-octubre de 1966. Traducido en Spartacist No. 15, julio de 1984]

Tratando de explicarse la victoria de Joaquín Balaguer en las elecciones presidenciales del 10 de junio en la República Dominicana, los apologistas de las direcciones de la izquierda dominicana han elaborado la excusa de unas elecciones falsificadas por los EE.UU. (ver por ejemplo el artículo de Juan Antonio Corretjer enChallenge/Desafío del 5 de julio de 1966). Pero la derrota de Juan Bosch en un país recientemente desgarrado por un alzamiento producido con la evidente intención de devolverlo al poder, no puede ser explicada con devaneos mitológicos. (Los mismos apologistas vieron erróneamente a la traición en Indonesia como una simple “maquinación de la CIA”.) No negamos el criminal papel desempeñado por la burguesía internacional, pero sí decimos que éste no puede ser usado para encubrir la podrida política de los revisionistas. Una contrarrevolución exitosa sigue usualmente a la conciliación de clases perpetrada por “izquierdistas” pequeñoburgueses a costa de las masas.

La insurrección fue inicialmente de naturaleza democrático-burguesa, proponiéndose restaurar la constitución de 1963. Cuando en abril de 1965 oficiales “progresistas” del ejército exigieron el retorno a la constitución, la clase obrera y los estudiantes (sobre todo en los barrios obreros de Santo Domingo) se unieron a la rebelión y apoyaron sus demandas. Pero las masas de Santo Domingo también crearon una situación potencialmente revolucionaria. Para el 28 de abril, Santo Domingo estaba en manos de las masas, organizadas en comités de barrio y organizaciones político-militares similares. Estas constituían formas potenciales de poder obrero.

Invasión estadounidense

Es entonces que invaden los marines y paracaidistas estadounidenses. Rápidamente reforzando la débil resistencia de la junta militar, cortaron Santo Domingo en dos, forzando a los rebeldes hacia el barrio obrero de Ciudad Nueva y permitiendo que las tropas del Gral. Elías Wessin y Wessin “limpiasen” el sector rebelde del norte, aislado de Ciudad Nueva por las tropas imperialistas.

Para todos los revolucionarios latinoamericanos, la lección de esta invasión es clara: el imperialismo nunca puede actuar de mediador. Sólo puede reaccionar brutalmente en un intento de aplastar revoluciones, incluso las que empiezan con fines democrático-burgueses. La única excusa que necesita el imperialismo es una llamada de cualquier apariencia de “gobierno legal” (creado por el mismo imperialismo) comprometido a la defensa de la propiedad privada.

Aunque esto queda claro para los que predican la “teoría” de la contrarrevolución por medio de maquinaciones imperialistas, estos parecen ignorar que una dirección corrupta también puede derrotar a una situación revolucionaria potencialmente viable. El mismo hecho de darle tanta importancia a la derrota electoral de Bosch prueba que no ven la necesidad de una dirección revolucionaria. La carrera política de Bosch es la de un reformista gubernamental: sus posiciones antes de 1961 simultáneamente anti-Trujillo y anticomunistas; su programa, cuando presidente, para establecer una burguesía nacional, reformando las relaciones feudales de tenencia de tierra y democratizando la sociedad dominicana; su postura durante el golpe de 1963, cuando dimitió a fin de mantener el orden; y su repudio a los grupos de izquierda durante la reciente campaña electoral.

Frente popular

Sin embargo, la lección más importante de la insurrección y su desarrollo es la de reconocer el papel traicionero de los dirigentes de izquierda, cuyas acciones revelaron su perspectiva pequeñoburguesa. Los líderes del Partido Socialista Popular (PSP, comunistas pro-Moscú), del Movimiento Popular Dominicano (MPD, comunistas pro Pekín) y los del Movimiento 14 de Junio (M1J4, nacionalistas) trataron de castrar la acción auténticamente revolucionaria de las masas en armas durante el alzamiento. Estas direcciones adoptaron una táctica de frente popular, sosteniendo al principio que la lucha era por la legalidad constitucional y, cuando entraron las tropas estadounidenses, por la liberación nacional. Es curioso que estos “izquierdistas” en un principio trataran de denominar esta táctica un frente unido, como si el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) no tuviera un largo historial político burgués tradicional de campañas anticomunistas. Contentos de poder trabajar bajo el PRD de Bosch, jamás se opusieron a su mandato. Cualquier perspectiva de lucha de clases restante se disolvió en la mesa de negociaciones entre Caamaño, el nuncio papal y la “Fuerza Pacificadora” de la OEA.

Fusionándose con los constitucionalistas, fueron incapaces de empujar el alzamiento hacia una revolución socialista. No conectaron a Santo Domingo con otras ciudades del país o con el campo; ni tampoco apelaron a los obreros latinoamericanos a apoyar su lucha.

Como frentepopulistas no distinguieron una clase de otra. Estos “izquierdistas”: ni siquiera se dieron cuenta de que la rebelión era parte de la lucha de clases internacional. El pueblo estaba armado y listo para luchar. El que su conciencia y sus consignas fueran nacionalistas y no proletarias no era importante para las direcciones pequeñoburguesas de la “izquierda”. Jamás intentaron lanzar un concepto radicalmente distinto, el de la lucha revolucionaria de clases, con el cual pudieran desarrollar la conciencia de clase del proletariado en preparación para una lucha prolongada contra la burguesía, tanto nacional como internacional.

Hegemonía burguesa

Una vez colocados bajo la hegemonía del PRD burgués y de su política, el M1J4, PSP y MPD participaron en su autoliquidación como posibles partidos revolucionarios. (A fines de 1961 ya principios de 1962 el M1J4 era el tercer partido dominicano en tamaño, con amplio apoyo de masas. Hoy día ha vuelto a su anterior base estudiantil pequeñoburguesa.) Su completo servilismo ante la política democrático-burguesa y nacionalista de palabra del PRD fue el resultado lógico de sus respectivas carreras oportunistas. Se acomodaron anteriormente a Bosch y, en el caso del PSP, incluso a Trujillo; y el M1J4 se acomodó a la neotrujillista Unión Cívica Nacional que hizo campaña bajo la consigna, “Dios jamás se equivoca”.

Aunque esta dirección nunca rechazó la colaboración con el enemigo de clase, la burguesía y sus representantes políticos no perdieron ninguna oportunidad para atacarlos. Por ejemplo, Gastón Espinal, dirigente del PRD en Nueva York, dijo al comienzo de la insurrección de 1965: “Ellos [los izquierdistas] no tienen ninguna influencia y jamás la tendrán.” Pero obviamente consideró que el imperialismo norteamericano sí debía tener influencia, porque al ser preguntado acerca del desembarco de los marines respondió: “¿Cómo se puede objetar el salvar vidas?” No obstante, Manuel Tavares, uno de los dirigentes del M1J4, caracterizó al PRD como “el agente de una revolución nacional, democrática, antimperialista y antifeudal”. Esta caracterización fue hecha con tono aprobatorio, como si una revolución democrático-burguesa fuese la solución para todos los problemas de América Latina.

Consignas nacionalistas

Con semejante historial de colaboración de clases, el resultado final de las elecciones (de 1966) es más comprensible. Cuando el último reducto rebelde fue “limpiado” después de la tregua de agosto, el liderato de la izquierda dominicana siguió luchando bajo las mismas consignas nacionalistas que ya habían probado ser inútiles en las luchas insurreccionales. Siguiendo esta línea, continuaron apoyando a Bosch en las elecciones en vez de contraponerles una alternativa de clase a ambos candidatos de la reacción burguesa, Prefirieron la posibilidad inmediata de una victoria (electoral) de Bosch a la lucha continua para elevar la conciencia de clase a su conclusión de revolución proletaria. Sin embargo, como en 1962, Bosch rehusó su apoyo. Proclamó oficialmente su oposición a una huelga general llamada por el MPD en noviembre de 1965, diciendo que el “deber” de los trabajadores era el de ignorar el llamado a la huelga y apoyar al régimen de García Godoy respaldado por la OEA. Aparentemente sorprendido por este paso, el MPD, sin nombrar a Bosch, lo acusó de “sabotaje” y de “seguirle el juego al Gobierno Provisional y al imperialismo yanqui.”

Pero si nos fijamos en la llamada a la huelga, nos damos cuenta de que es el mismo MPD el culpable del fracaso. Después de una larga serie de claudicaciones ante Bosch y sin preparación táctica realmente revolucionaria, llamaron en forma aventurera a una “huelga patriótica” contra el “imperialismo yanqui… que quiere transformar a este país en una colonia de los Estados Unidos igual a Puerto Rico.”

Naturalmente, apoyamos la autodeterminación nacional como aspecto de la revolución proletaria en el mundo “colonial”, pero el MPD no había construido una base proletaria para permitir semejante llamada. Su aventurerismo permitió que Bosch disipara la huelga, también en nombre del nacionalismo.

Victoria de Balaguer

Esta bravata aventurerista, después de la prolongada, traidora y conveniente coalición, no podía sino obscurecer la base clasista de la lucha. Las masas llevaron la lucha hasta donde pudieron, sólo para verse traicionadas por la dirección de la izquierda que buscó la conducción de Bosch. El consiguiente sentimiento de haber sido vendidos debe haber contribuido a la victoria de Balaguer en los comicios.

Balaguer representaba el “orden” después de largos meses de vano derramamiento de sangre. Por supuesto las masas no confiaban ni respetaban a Balaguer, pero los que decían ser los dirigentes de las masas no habían despertado ninguna conciencia de clase; la situación revolucionaria había languidecido y muerto. En el campo, Balaguer desarrolló su campaña bajo los lemas de “orden” y “unidad”, la fachada electoral del capitalismo. No había nadie con la autoridad y la fuerza para desenmascararlo. Y la población rural, que en las elecciones de 1962 dió un apoyo abrumador a Bosch, esta vez dió la victoria a Balaguer.

El papel de Cuba

Mientras el papel de la dirección de la izquierda fue, en última instancia, contrarrevolucionario dentro de la República Dominicana, así también el papel de la burocracia cubana fue de expresar un apoyo vacío. El liderato cubano, con su principal portavoz Fidel Castro, no prestó una ayuda eficaz al alzamiento dominicano. Lo que sí hicieron fue pronunciar sus acostumbradas protestas en nombre de la “soberanía popular” a través de canales respetables de protesta como las Naciones Unidas. Al mismo tiempo, Castro anunció que la insurrección no era comunista y que Cuba no tenía nada que hacer con ella. Aunque semejante declaración no sería una táctica diplomática incorrecta, la burocracia cubana no mentía, y estaba dispuesta a probárselo al mundo. Al mismo tiempo Castro tenía que dar una apariencia de combatividad, al menos en palabras. Así elogió al reaccionario presidente chileno Frei por “exigir que los Estados Unidos cesen su intervención armada en la República Dominicana.”

En un artículo aparecido en Monthly Review (abril de 1966), Adolfo Gilly sugiere un tipo de apoyo revolucionario que difiere sustancialmente del de la burocracia cubana: “El apoyo activo significa movilizar a las masas cubanas por todos los medios posibles con el propósito de demostrar su apoyo a los dominicanos, y no la mera emisión de declaraciones. Significa llamar a las masas latinoamericanas a movilizarse, significa asesorar la lucha por la defensa de la República Dominicana y proveer en Cuba un centro para todas las movilizaciones espontáneas que sacudían América Latina. El liderato cubano no hizo ni una sola de estas cosas.”

Pero la burocracia cubana no podía hacer ninguna de estas tareas, puesto que sigue la política de Moscú. Las debilidades económicas de Cuba la fuerzan a depender políticamente de la burocracia rusa y la política de Moscú es la coexistencia pacífica. Todo esto agrava la crisis de dirección en Cuba. Bajo semejantes condiciones, la reacción de la burocracia cubana frente a la insurrección dominicana es lógica, derivada de la composición social de tal burocracia. Esta casta burocrática-nacionalista, pequeñoburguesa y conservadora está formada principalmente por aquellos ex amigos de Batista, el PC cubano.

El ataque sin principios de Fidel Castro contra el Movimiento I3 de Noviembre en Guatemala, un grupo guerrillero que hasta ahora ha luchado por una revolución obrera y campesina, en vez de un “frente popular” con la burguesía, confirma la incapacidad de la burocracia cubana para dar dirección a cualquier sector de la lucha latinoamericana.

Apologías de “izquierda”

La dirección de la izquierda que tomó parte en la insurrección dominicana ya ha emitido sus apologías por sus acciones. Un portavoz del M1J4, el Dr. Emilio Cordero Michel, al igual que Castro, muestra su agradecimiento a los gobiernos de México y Chile por su “defensa resuelta del principio de la no intervención” (PL, diciembre de 1965). Cordero Michel oculta el verdadero propósito de estos gobiernos reaccionarios: declararse partidarios de esta u otra legalidad burguesa. Los gobiernos reaccionarios de México y Chile no hacen sino defender sus propios intereses burgueses nacionales contra una posible intervención de los EE.UU. Pero la burguesía imperialista es del mismo género que la colonial: fundamentalmente sus intereses son los mismos. El revolucionario doctor olvida mencionar que el “resuelto” gobierno mexicano tortura a los revolucionarios y ametralla a dirigentes campesinos sin ninguna apariencia de legalidad; y que el gobierno pro “no intervención” de Chile asesina a los mineros en rebelión contra las compañías mineras norteamericanas. Aunque México y Chile pueden permitirse demandas “resueltas” dirigidas al imperialismo, le permiten saquear a su proletariado y campesinado por medio de una explotación semicolonial.

Cordero Michel demuestra una gran desconfianza hacia la clase obrera al decir que tiene “una débil concepción de sus objetivos”. También la caracteriza de políticamente aturdida por la tiranía trujillista. Todas estas caracterizaciones fallan, basándose en un sofisma pequeñoburgués. Si las masas tenían “concepciones débiles”, fue porque el MlJ4 y los demás movimientos no elevaron el nivel de conciencia de las masas. Al contrario, su conciliación con la burguesía desarmó a la clase obrera y la “aturdió políticamente”. Los izquierdistas nunca construyeron un partido capaz de dirigir a las clases oprimidas dominicanas a la conquista del poder. Llegaron a las masas a través del PRD, nunca como la vanguardia de la clase. Más aun, compartieron el mismo miedo ante las masas propio de los políticos burgueses.

Necesidad del partido de vanguardia

La insurrección dominicana muestra cuan urgente es la necesidad del partido proletario de vanguardia hoy día. Ningún acontecimiento de los últimos 40 años ha desmentido este histórico y primordial principio revolucionario. Todavía no ha desaparecido la necesidad de “una revolución que no se aviene a ninguna de las formas de predominio de clase, que no se detiene en la etapa democrática y pasa a las reivindicaciones de carácter socialista, abriendo la guerra franca contra la reacción, una revolución en la que cada etapa se basa en la anterior y que no puede terminar más que con la liquidación completa de la sociedad de clases” (de la introducción a La revolución permanente, León Trotsky). Este es el único camino al comunismo.

Es debido a que los mismos errores y traiciones criminales de más de 40 años de revisionismo siguen repitiéndose que podemos afirmar que no hay “nuevas realidades” en la lucha de clases. Es porque las mismas circunstancias (es decir, agudas confrontaciones de clases) siguen presentándose, que insistimos en seguir el curso trazado por el partido que tomó el poder en Rusia en octubre de 1917. Es porque el estalinismo y otras ideologías pequeñoburguesas no han aprendido esas lecciones que tales circunstancias siguen repitiéndose y la clase obrera sigue siendo traicionada por los revisionistas.

Las palabras de leguleyos políticos como Juan Antonio Corretjer y el Dr. Emilio Cordero Michel nos recuerdan disculpas similares balbucidas por algunos de los que traicionaron al proletariado español durante la Guerra Civil de los años 30. Aunque ese conflicto fue un evento más decisivo en el plano internacional de la lucha de clases, la comparación con la Comuna de Santo Domingo de 1965 no es totalmente inaplicable.

La respuesta de Trotsky al POUM

Reproducimos a continuación algunos párrafos tomados de “Clase, partido y dirección”, de Trotsky, que bien podrían referirse tanto al papel del liderato de la izquierda dominicana en la insurrección de Santo Domingo en 1965 como a la dirección del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) durante la Guerra Civil española:

“Ahora bien, este partido [el POUM] desempeñó, precisamente, un papel funesto en el desarrollo de la revolución española. No ha conseguido convertirse en un partido de masas, porque para conseguirlo hubiese tenido que destruir antes a los otros partidos, y esto sólo era posible mediante una lucha sin compromisos, una denuncia implacable de su carácter burgués. Ahora bien, el POUM, aunque criticaba a los antiguos partidos, se subordinaba a ellos en todas las cuestiones fundamentales. Participó en el bloque electoral ‘popular’; entró en el gobierno que acabó con los comités obreros: luchó por reconstruir esta coalición gubernamental…”

“… las masas catalanas eran mucho más revolucionarias que el POUM, que a su vez era mucho más revolucionario que su dirección. En estas condiciones hacer recaer el peso de la responsabilidad de la política errónea seguida sobre la ‘irresponsabilidad’ de las masas, es meterse en la más pura charlatanería – un camino al que frecuentemente recurren los fracasados de la política.”

“La falsificación histórica consiste en hacer recaer la responsabilidad de la derrota española sobre las masas obreras y no sobre los partidos que han paralizado, o pura y simplemente aplastado, el movimiento revolucionario de las masas. Los abogados del POUM responden sencillamente que los dirigentes siempre tienen alguna responsabilidad, con el fin de evitar así tener que asumir sus propias responsabilidades. Esta filosofía de la impotencia, que intenta que las derrotas sean aceptables como los necesarios eslabones de la cadena en los desarrollos cósmicos, es incapaz de plantearse, y se niega a plantearse, la cuestión del papel desempeñado por factores tan concretos como son los programas, los partidos, las personalidades que fueron los responsables de la derrota. Esta filosofía del fatalismo y de la postración es diametralmente opuesta al marxismo, teoría de la acción revolucionaria.”

1964: Samarakkody contra el Frente Popular

1964: Samarakkody contra el Frente Popular

Informe de la delegación de la tendencia Espartaquista internacional [TEI] a Sri Lanka ante el comité local de Nueva York de la SL/U.S., 8 de julio de 1979. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No 08, agosto de 1980.

“En 1964 cuando el frente popular entró en funciones, lo hizo con una mayoría muy reducida; el ala derecha del Sri Lanka Freedom Party se escindió; y mediante una serie de maniobras, el discurso del trono ―que es el principal discurso e incluye el programa declarado del frente popular― fue rechazado en base a una enmienda propuesta por un derechista independiente animado por el UNP [United National Party]. Dicho sea de paso, era una enmienda muy bien hecha. Decía: condenamos el gobierno entrante por no haber sido capaz de proteger el nivel de vida de las masas trabajadoras. Los dos camaradas de la fracción parlamentaria del LSSP(R) [Lanka Samasamaja Party (Revolutionary)], Edmund [Samarakkody] y Meryl [Fernando] [ambos luego del RWP], votaron a favor de la enmienda. Pero, ¡oh sorpresa! de repente todos los demás en la sala votaron a favor de la enmienda y el gobierno, aunque no cayó, sufrió un voto de no confianza y decidió convocar a nuevas elecciones. Inmediatamente el viejo LSSP se dirigió a Edmund y Meryl y les dijo: Uds. entregaron el país al capitalismo de la CIA, imperialista, fascista, y ¿cuánto les pagan por esto?… Esto les afectó mucho, porque aun cuando se habían comportado en forma principista, todavía estaban muy metidos en el ambiente del LSSP.

“Pero no tenían ninguna salida, habían votado y defendieron su voto durante casi diez años; pero luego quisieron abandonarlo y dijeron que fue un error táctico. Justo en el momento en que los jóvenes eran masacrados por el frente popular, en que los tamiles odiaban al frente popular, y todas esas fuerzas que buscaban un cambio en la sociedad despreciaban al frente popular… nuestros camaradas no podían ver sino el LSSP…

“Así que en los momentos difíciles, nuestros camaradas fueron muy principistas y fuertes y francos, pero dada una pequeña oportunidad, porque hubo una escisión en el LSSP, ellos dijeron: oh, fue un error táctico….

“Si los camaradas en Ceilán pueden ser convencidos de la contradicción entre lo que hicieron y sus posiciones ―no olvidéis, ellos lo hicieron; no es algo que estamos tratando de forzarlos a conceder que debieron haber hecho― eso tendería a deshacer todo su seguidismo tras los frentes populares.”

“Extrema izquierda” y las elecciones Suárez

“Extrema izquierda” y las elecciones Suárez

Traducido de Workers Vanguard No. 167, 22 de julio de 1977. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 5, octubre de 1977.

Las elecciones parlamentarias españolas del 15 de junio marcaron un paso adelante hacia la realización de los planes del primer ministro Adolfo Suárez de reformar la dictadura franquista en un régimen semibonapartista, eufemísticamente denominado “Democracia Española”. Esto debe ser reconocido como una victoria para un régimen anteriormente desacreditado, que durante meses se había balanceado al borde de una explosión de las masas proletarias, que habrían podido derrocarlo en pocas horas. La burguesía ibérica dio un suspiro de alivio colectivo cuando cerraron las urnas sin mayor incidente y el escrutinio dio una mayoría a la Unión del Centro Democrático (UCD) de Suárez y al Partido Socialista Obrero (PSOE) de Felipe González.

Que estas elecciones cuidadosamente orquestadas se hayan realizado con éxito fue ante todo debido a los esfuerzos de los partidos obreros reformistas, el PSOE socialdemócrata y el Partido Comunista (PCE), quienes sistemáticamente frustraron las manifestaciones masivas y acciones de huelga general para no poner en peligro la inestable monarquía de Juan Carlos. Aunque su propia legalización se debía precisamente a estas movilizaciones ilegales del combativo proletariado español, estas fueron canceladas tan pronto amenazaban ir más allá de los límites de una mera protesta.

Pero la elección de las primeras Cortes postfranquistas de ninguna manera señaló el fin de los problemas del régimen de Juan Carlos/Suárez, como se vio con la devaluación en un 20 por ciento de la peseta el 12 de julio. Esta acción, que causará un incremento drástico en el costo de vida de las masas obreras, es sólo una de una serie de medidas de austeridad que poderosas casas bancarias han estado reclamando y que el gobierno debe implementar para evitar una fuga masiva de capital.

Después de las elecciones, Felipe González había proclamado que los socialistas no admitirían una política clásica de austeridad. Pero al ser consultado por Suárez sobre la devaluación, el líder del PSOE jugó el rol de “la oposición leal de su majestad”, declarando que su reacción fue “positiva” (Le Monde, 13 de julio). Sin embargo, esta aprobación no garantiza que los obreros no tratarán de recuperar sus pérdidas por medio de demandas salariales masivas durante el otoño.

El oportunismo vacilante de González sobre la política de austeridad del gobierno fue típico de la conducta tanto del PSOE como del PCE durante la campaña. El PSOE se dio un cierto tono izquierdista, acusando a la UCD de ser casi igual que los franquistas duros de la Alianza Popular (AP), y tachando al Partido Comunista de pro-monárquico. El PCE, a su vez, trató de parecer “moderado” al proclamar agresivamente su “eurocomunismo” y al concentrar sus ataques contra el “bunker” de la AP. Sin embargo, una vez terminadas las elecciones ambos partidos reformistas dejaron claras sus intenciones de cooperación con el gobierno.

El eje frente populista

Durante los últimos años, cuando la dictadura comenzó a resquebrajarse y se abrió una situación prerrevolucionaria, el eje del desarrollo político de la oposición ha sido el frente popular. Uniendo y subordinando los partidos obreros a los sectores liberal/“progresistas” de la burguesía, los Carrillo y González podrían contener, la combatividad del proletariado “para no asustar a nuestros aliados y así romper el frente democrático”. Empezando en 1971 con alianzas regionales (la Assemblea de Catalunya) y políticos destacados (en el Pacto por la Libertad), surgieron dos frentes populares distintos (dominados respectivamente por el PCE y el PSOE) los cuales se unieron a principios del año pasado en la Coordinación Democrática. Durante este período la mayor parte de las grandes manifestaciones fueron convocadas en el nombre de los varios frentes populares en vez de los partidos obreros.

Pero después de este período de ampliación y unificación de las formaciones frentepopulistas, a finales de 1976 estas súbitamente se “marginalizaron”. Así en las elecciones de junio el PSOE y el PCE participaron en forma independiente el uno del otro y de sus aliados antiguos de la democracia cristiana. ¿Indica esto un giro hacia la izquierda? De ninguna manera. Por el contrario, era tan delicada la situación que cualquier movilización de la izquierda podía derribar el aislado gabinete de Suárez. En consecuencia, González y Carrillo optaron por limitarse a la negociación directa con el gobierno.

En el referéndum del 20 de diciembre de 1976, sobre un programa impreciso de “democratización”, los partidos de la Coordinación Democrática llamaron a la abstención. Pero en lugar de luchar por un boicot activo -llamando a una huelga general política contra el referéndum falso, realizando manifestaciones masivas exigiendo la garantía inmediata de los derechos democráticos, etc.- los reformistas y sus socios de la coalición burguesa nada hicieron. Como resultado, estando planteado el problema ante las masas como una elección entre la “reforma” y el franquismo, sin la existencia de una alternativa revolucionaria, Suárez pudo ejecutar exitosamente su maniobra del referéndum.

A principios de febrero, después del asesinato a sangre fría de cinco abogados vinculados con las Comisiones Obreras (CC.OO.), el Partido Comunista suspendió las protestas después del segundo día, alegando la amenaza de un golpe de estado. Su respuesta fue la política tradicional de todos los reformistas: si no lucháis, el enemigo de clase no atacará. En justificación posterior a esta orden traidora que detuvo el ímpetu creciente hacia una huelga general a escala estatal, el dirigente del PCE Simón Sánchez Montero declaró: “¿Qué hubiera pasado si el PCE hubiera reaccionado violentamente al asesinato de los abogados de Atocha? Es evidente que si nos hubiéramos lanzado a la calle no tendríamos ahora la legalidad” (citado en Combate [LCR], 26 de mayo de 1977).

Siendo que el objetivo [de los reformistas] ya era de “negociar” con el gobierno, una forma más apropiada fue encontrada eh la selección de una “comisión de los diez” que supuestamente representaba a la Coordinación Democrática, pero en realidad la hizo aceptable para Suárez con la supresión de los pequeños grupos a la izquierda del PCE. Con la negativa del gobierno a negociar un programa mínimo -ni siquiera la legalización de todos los partidos o las normas para una elección democrática- esta comisión también se desintegró, mientras cada grupo buscaba audiencias separadas con el primer ministro para obtener su legalización.

Pero una vez adquirida la legalización -debido al temor del régimen de una explosión masiva en las calles si no era concedida- ¿por qué el PCE y el PSOE no renovaron las previas alianzas de colaboración de clases? “Primero, para evitar despertar recuerdos del Frente Popular de 1936, que condujo a la Guerra Civil; segundo, para no provocar una bipolarización de la vida política española. Un frente de las izquierdas habría sin duda provocado un frente de las derechas, y el país estaría de nuevo dividido en dos.” (Le Monde, 19-20 de junio). ¡Era necesario no solamente no amedrentar a la “burguesía democrática”, sino tampoco al ejército y a los ultras franquistas! Subsiguientemente, los demócratas cristianos -compitiendo por el mismo espacio político que el Centro Democrático de Suárez- perdieron su papel de garante de la burguesía dentro del frente popular, desapareciendo prácticamente como una fuerza política viable.

En tales condiciones la ausencia de un frente popular formalmente constituido durante la campaña electoral de mayo/junio no significó en absoluto un paso hacia la independencia de clase por parte de los partidos reformistas. Por el contrario, se consideró al frente popular demasiado “avanzado” y una amenaza a los planes de “reforma” de Suárez. (Indudablemente habría disminuido significativamente los votos de la UCD.) Durante esta campaña el eje principal de colaboración de clases del PCE/PSOE fue su acuerdo implícito con el gobierno de no agitar las elecciones. No obstante, el marco fundamental de la política reformista continúa siendo el frente popular, y sin duda veremos pronto su reaparición formal. Dado el 40 por ciento del voto popular ganado por el PCE/PSOE, los burócratas comunistas y socialistas necesitan de manera urgente la cubierta del frente popular para encubrir su rechazo a luchar por la supuesta meta del socialismo.

Debido a las políticas frentepopulistas y al apoyo al gobierno de Suárez ofrecido por los partidos obreros reformistas, la tendencia espartaquista llamó a una oposición condicional a los candidatos del PCE y del PSOE en las elecciones del 15 de junio. Llamamos a la base obrera de estos partidos a obligar a sus dirigentes a romper con sus aliados burgueses como condición para cualquier apoyo electoral. La clave es el frente popular.

¿Boicotear las elecciones?

Aunque [en la fecha de publicación de este artículo] toda la “extrema izquierda” española permanece ilegal, en los dos meses previos a las elecciones se hizo claro que les sería permitido presentar candidatos por medio de frentes electorales. (No obstante, esto requeriría bastante trabajo y gastos en la obtención de los millares de firmas necesarias para lograr la autorización de participaren los comicios.) La nueva situación dividió profundamente a los grupos a la izquierda del PCE sobre la cuestión de participar o no en las elecciones, y en caso afirmativo bajo qué programa. Varias organizaciones de la llamada “extrema izquierda” respondieron con una llamada al boicot de las elecciones a las Cortes. Entre ellas se contaba el Partido Obrero Revolucionario de España (PORE) varguista, el Partido Comunista de España (Reconstituido) (PCE-R) maoísta, el cascarón de la antigua central sindical anarquista CNT, un ala del fracturado Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), la Organización Cuarta Internacional (OCI) lambertista, y la Liga Comunista de España (LCE, una sección simpatizante del “Secretariado Unificado” [SU] pablista).

La posición de boicot de la CNT se basó en las tradiciones anarquistas del abstencionismo electoral, y el PCE-R (que apoya al misterioso grupo terrorista GRAPO) fundamenta su posición sobre el postulado aventurista de que “no es hora de votos sino de barricadas” (Bandera Roja, mayo de 1977). El POUM, el PORE, la OCI y la LCE, sin embargo, argumentan todos a favor del boicot sobre la base de que las elecciones eran evidentemente antidemocráticas, además de ser parte integral de los planes para la “reforma” franquista de Suárez. Un comunicado conjunto de la LCE y la OCI española declara:

“…estas elecciones son el último intento desesperado de la burguesía española, de las burguesías imperialistas que la apoyan, de la burocracia del Kremlin y sus burocracias satélites, para mantener la continuidad del estado de Franco y dar una legitimación vergonzosa a Juan Carlos.” *

Informations Ouvrieres, 2 de junio de 1977

Es correcta la premisa de que estas elecciones son un elemento clave en los planes de Suárez para la consolidación de un régimen de estado fuerte arraigado en la dictadura de Franco. Es por ello que escribimos en “¡No al franquismo ‘reformado’!” [reproducido en este número de Spartacist] que “un partido revolucionario de masas buscaría acabar con esta abominación de seudoparlamento, luchando por una asamblea constituyente plenamente democrática.” Agregamos que, “si el sentimiento popular fuera tal como para asegurar un gran impacto, los comunistas llamaríamos por un boicot activo de elecciones como las del 15 de junio.”

Sin embargo, estaba claro mucho antes de la votación que las direcciones reformistas habían asegurado que, con la posible excepción del País Vasco, los obreros votarían en las elecciones de Suárez. Si un boicot masivo se presentara en Euzkadi, dijimos, los trotskistas nos uniríamos a los obreros en protesta contra el régimen de terror policial en dichas provincias. Pero insistimos en que “no tiene sentido llamar a un boicot a menos que haya posibilidad real de éxito”. Para un pequeño grupo revolucionario, hacer tal cosa por sí solo significaría un autoaislamiento sectario. Como resultó, la participación electoral en las provincias vascas fue fuerte y las llamadas de boicot emitidas por algunas organizaciones nacionalistas fueron ignoradas.

La posición de boicot de una parte de la “extrema izquierda” española ignoró la cuestión fundamental de si las elecciones del 15 de junio podrían ser descarriladas y/o desacreditadas. Siendo que de todas maneras los obreros iban a votar, esto significaba la pérdida de una oportunidad importante para presentar su programa ante las masas mediante sus candidatos. Igualmente se negaron a apelar a las bases comunistas y socialistas a obligar a sus líderes a romper con sus aliados burgueses como una condición para el apoyo crítico. Así, la llamada al boicot de estas elecciones lanzada por un reducido grupo de propaganda en la práctica viene a ser lo mismo que la postura de “boicot como principio” de corrientes ultraizquierdistas tales como los bordiguistas.

En contraste, la posición leninista sobre la participación en los parlamentos y las elecciones burgueses está basada fundamentalmente en el análisis de las posibilidades de sobrepasar dichas instituciones. Así escribió Lenin sobre la táctica de los bolcheviques hacia la duma tsarista de 1905: “El boicot fue correcto en ese entonces, no porque sea correcto en general la no participación en los parlamentos reaccionarios, sino porque apreciamos con exactitud la situación objetiva que estaba conduciendo a un rápido desarrollo de las huelgas de masas, primero hacia la huelga política, luego hacia la huelga revolucionaria y finalmente hacia la insurrección” (“El izquierdismo: una enfermedad infantil del comunismo”, abril-mayo de 1920).

Este no fue el caso, sin embargo, en 1906 y particularmente en 1907 y 1908. Lenin consideró el boicot  bolchevique de la duma en los años posteriores “un grave error” como escribió en 1907:

“…para tener éxito el boicot requiere una lucha directa contra el antiguo régimen, un levantamiento contra él y la desobediencia masiva en gran número de casos (tal desobediencia masiva es una de las condiciones para preparar el levantamiento). El boicot es la negativa a reconocer al antiguo régimen, una negativa, por supuesto, no en palabras sino en acciones; por ejemplo, es algo que encuentra su expresión no solamente en los gritos y consignas de organizaciones, sino en un movimiento real de la masa del pueblo, que sistemáticamente desafía las leyes del antiguo régimen, sistemáticamente organiza nuevas instituciones, las cuales, aunque ilegales, existen realmente, etc., etc…. A menos que exista un amplio auge revolucionario, a menos que exista una agitación masiva que desborda, por así decirlo, los límites de la antigua legalidad, no hay posibilidad de un boicot exitoso.”

— “Contra el boicot”

Frentepopulismo, estilo maoísta

La continua trayectoria del PCE hacia la derecha (aceptación de la monarquía. apoyo a las bases norteamericanas en España, alabanza de la cruzada antisoviética de Jimmy Carter sobre los “derechos humanos”, etc.) y la desenfrenada demagogia del PSOE dan una oportunidad a un núcleo revolucionario de utilizar las elecciones para dirigirse a los obreros militantes de dichos partidos. Donde a los trotskistas no les está permitido participar, deberían buscar oportunidades para ofrecer apoyo crítico a grupos del movimiento obrero que en las cuestiones claves se alinean contra la colaboración de clases de los reformistas.

Todas las mayores organizaciones a la izquierda del PCE se aprovecharon del reglamento electoral para presentar candidatos bajo los rótulos de varios frentes electorales. Los mayores grupos mao-sindicalistas -el Partido del Trabajo de España (PTE), la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) y el Movimiento Comunista de España (MCE)- iniciaron cada uno un frente electoral, respectivamente el Frente Democrático de Izquierdas (FDI), la Agrupación Electoral de los Trabajadores (AET) y la Candidatura Unitaria y Popular (CUP). Pero a pesar de ser todos fuertemente anti-Suarez,  ninguno de ellos rompió en forma alguna con el frentepopulismo del PCE/PSOE.

El hecho más significativo en la evaluación de sus campañas es que el PTE, la ORT y el MCE pertenecieron todos a la Coordinación Democrática. Mientras generalmente abogaron por acciones más combativas y ocasionalmente condujeron acciones huelguísticas importantes, los tres grupos reivindican la alianza con la burguesía “democrática”. Así, por ejemplo, el PTE condenó a Carrillo por abandonar la Plataforma de Organizaciones Democráticas (POD), una reencarnación de los frentes populares anteriores, y la “comisión de los diez”. La POD, escribió: “por la amplitud de fuerzas que abarcaba, por su programa político democrático y sus ofertas de negociación con el Gobierno entorno a ese programa, representaba una alternativa y un peligro serio a la política reformista del Gobierno de Suárez” (Correo del Pueblo, 3 de marzo de 1977). La ORT ha mantenido una línea similar de servil colaboración de clases, y por varias semanas durante esta primavera su principal demanda fue ¡que se reúna el POD!

Con la capitulación tanto del PCE como del PSOE ante la monarquía juan carlista, la CUP y la AET centraron sus programas electorales en la consigna de una “república democrática”. El FDI, conducido por el más agresivamente oportunista PTE, pidió un plebiscito para decidir entre la monarquía y la república. En el mejor de los casos estas consignas representan simplemente la fórmula clásica estalinista de una revolución en “dos etapas”, según la cual la primera (léase, la única) etapa es la república burguesa. Consecuentemente, estos mao-sindicalistas están activamente buscando aliados burgueses para sus frentes populares “mini” y “maxi”. A pesar de su combatividad esporádica en las luchas laborales, ellos son necesariamente hostiles a la perspectiva de la generalización de las luchas obreras en una revolución proletaria contra el régimen. Aun cuando en la actualidad son pequeños en tamaño (su militancia conjunta se calcula en unos 30.000), estos presuntos “izquierdistas” solo podrían repetir la tragedia de la Guerra Civil o del Chile de Allende, donde la clase obrera sufrió sangrientas derrotas porque se encontraba atada a su enemigo de clase mediante el frente popular.

Los tres grupos recibieron pocos votos, a pesar de una considerable campaña electoral, logrando un promedio de 0,5 por ciento cada uno. Más aún, su oportunismo les venció, ya que perdieron a manos de sus aliados los pocos escaños parlamentarios adquiridos. Así en Cataluña el PTE se presentó bajo el rótulo dé Esquerra de Catalunya junto con Esquerra Republicana y Estat Català, dos partidos nacionalistas burgueses que hoy son sólo el cascarón de su antigua identidad. Esta coalición obtuvo un solo escaño, que correspondió al líder de la Esquerra Republicana. El MCE, a su vez, participó en las provincias vascas (su propio territorio, donde desempeña un papel dirigente en las CC.OO,) en la alianza Euzkadiko Ezquerra junto con la EIA, un partido político de reciente formación, asociado con la ETA-V. Al obtener un 9,3 por ciento en la provincia de Guipúzcoa, la coalición eligió un diputado y un senador, el primero cercano a la EIA y el segundo un abogado independiente. La AET, dirigida por la ORT, obtuvo en todas partes pobres resultados.

Capitulación al frentepopulismo, estilo “trotskista”

La única agrupación electoral no involucrada, directamente o a través de su partido-guía, en las diversas coaliciones frentepopulistas fue el Frente de la Unidad de los Trabajadores (FUT), encabezado por la Liga Comunista Revolucionaria (LCR — otra sección simpatizante del SU pablista). El FUT se colocó a la izquierda de las otras tres listas electorales ya mencionadas. Su programa incluye la consigna de un gobierno de los trabajadores y presenta la perspectiva de “la conquista de Socialismo edificando un Estado de nuevo tipo basado en los Consejos de Trabajadores”. Igualmente reivindica la disolución de las actuales Cortes y elecciones libres para una asamblea constituyente, y la nacionalización de los bancos y las grandes empresas.

Pero el programa del FUT de ninguna manera puede calificarse de revolucionario. Entre sus artículos se incluye una solicitud al estado de disolver las bandas fascistas (una reivindicación descartada por Trotsky por sembrar las peores ilusiones democráticas) y la demanda “¡Por la República!” (Combate [LCR], edición especial para Francia, sin fechas [mayo de 1977]). Mientras los trotskistas estamos dispuestos a defender la república contra intentos militaristas, monarquitas o fascistas de tomar el poder (como en la Guerra Civil), el enarbolar la bandera de la república (burguesa) significa aprobar el dominio del poder estatal en manos de la clase capitalista.

Además de la LCR, el FUT abarcaba a tres grupos más pequeños de la “extrema izquierda”: Acción Comunista, una tendencia surgida en torno a las teorías de una “nueva clase trabajadora” en los años 60; la Organización de la Izquierda Comunista (OIC); que se define como “consejo-comunista” y sostiene la existencia de un “capitalismo de estado” en la Unión Soviética; y la principal ala sobreviviente del POUM, que todavía alaba su “gloriosa” acción durante las Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona. Las maniobras entre estos grupos tan diversos hundieron el FUT en un desorden caótico, sobre todo en Barcelona donde la LCR era débil y dominaron la alianza electoral sus irresponsables compañeros de cama.

Así, por ejemplo, el día anterior a las elecciones, Acción Comunista se retiró de frente (alegando que siempre había pensado hacerlo), ¡invalidando por lo tanto las listas del FUT en varias provincias! Otro ejemplo: durante la última semana de la campaña, la OIC lanzó un proyecto de convertir el FUT en un “movimiento popular anticapitalista”, la concepción-guía detrás de la CUP del MCE (modelada, a su vez, sobre la campaña presidencial de 1976 por el General Otelo Saraiva de Carvalho en Portugal). Al mismo tiempo, la OIC rompió toda comunicación con la LCR, y al día siguiente de la votación abandonó el FUT para entablar discusiones con el MCE. Conforme a un artículo en el órgano de la LCR francesa, Rouge (24 de junio de 1977), “el desarrollo y la expresión pública de estas diferencias y los elementos de confusión política que engendraron han llevado a los camaradas de la LCR española a la conclusión de que los aspectos negativos del FUT superan a los positivos.”

La falta de seriedad del FUT, el resultado de vanos intentos por reunir grupos tan dispares bajo un programa común, fue suficiente motivo para los marxistas de negarse a apoyar sus candidatos. En casi todos los aspectos, el fracaso del FUT se asemeja al fallido intento de la LCI y del PRT portugueses de presentar una candidatura presidencial única en 1976; tuvieron que retirarla pocos días antes de las elecciones cuando se descubrió que su candidata había sido condenado por robo de artículos electrodomésticos. Pero el problema fundamental del FUT desde la perspectiva trotskista fue su falla en enfocar su lucha sobre el rechazo del frentepopulismo. Así, en la edición del programa del FUT publicada en Francia, ¡ni siquiera se menciona la colaboración de clases! Se limita simplemente a un programa de derechos democráticos más combativo de lo que apoyaría el PCE, con unas cuantas palabras al final sobre el socialismo del futuro; en resumen, podría haber sido firmado por un Allende español.

Una versión posterior del programa del FUT en lengua catalana incluye una renuncia de los “acuerdos orgánicos con fuerzas burguesas, tales como la Coordinación Democrática, el POD, la ‘comisión de los nueve’ etc.” Sin embargo, ni una sola vez menciona la palabra frente popular, ni las lecciones de la Guerra Civil, y no hace mención del más importante frente popular local, la Assemblea de Catalunya. Esto es consecuente con toda la historia de la LCR, que ha sido de constantes giros y capitulación en la cuestión del frentepopulismo. Así, en enero de este año, la LCR firmó un comunicado en Barcelona [reproducido en este número de Spartacist] junto con liberales burgueses e incluso con los carlistas lamentando el asesinato de varios policías, exigiendo la detención de los fascistas por la policía (siendo muchos de ellos policías de Franco), y concluyendo con una súplica miserable al estado franquista para que introduzca la “democracia”.

En febrero, la LCR participó activamente en negociaciones para la formación de un amplio frente popular en el País Vasco. Se le pidió firmar una plataforma común con otros grupos de la “extrema izquierda”, nacionalistas vascos pequeñoburgueses y formaciones burguesas. La LCR se rehusó a firmar, pero sólo a causa de su desacuerdo con dos cláusulas de la plataforma, una que pide un gobierno provisional y la otra pidiendo el retorno al estatuto republicano de autonomía para la región vasca. Lejos de romper con el frentepopulismo, la LCR se declaró dispuesta a firmar el pacto si estos dos puntos eran removidos.

Debe recordarse que el FUT era tan sólo la opción de recambio para la LCR. Al principio la LCR abogaba por una lista electoral común de los partidos obreros y “nacionalistas revolucionarios” que se basaría en un programa democrático mínimo: “Amnistía, legalización [de los partidos] sin excepciones, autodeterminación, elecciones para una asamblea constituyente, la República, apoyo a las luchas de masas, rechazo del ‘pacto social’ [congelación de salarios]” (Inprecor [edición en inglés], 28 de abril de 1977). Así, los pablistas anhelaban publicar propaganda electoral junto con el PCE y el PSOE -los traidores históricos del proletariado español- sobre la base de un programa cuya reivindicación “máxima” es la inauguración de… ¡la república burguesa!

La ausencia de toda oposición al frentepopulismo como punto clave del programa del FUT, la propia capitulación repetida de la LCR en esta misma cuestión y su continuo deseo de formar bloques programáticos con organizaciones (PCE, PSOE, MCE) integrantes de los frentes populares demuestran que era imposible para los revolucionarios el combatir la colaboración de clases de los reformistas estalinistas y socialdemócratas llamando a votar por el FUT.

La falla de las diferentes tendencias de la llamada extrema izquierda española en delinear un curso revolucionario en las elecciones de junio de 1977 subraya la apremiante necesidad de construir un auténtico partido trotskista en España. Únicamente al trazar rigurosamente las lecciones de la Guerra Civil, señalando el papel decisivo del Frente Popular que preparó el camino para la victoria de Franco, y demostrando como durante los últimos dos años una serie de frentes populares han reforzado el régimen franquista en plena descomposición, una vanguardia trotskista puede conducir al proletariado español a la victoria. Sólo como parte de una Cuarta Internacional renacida puede dicho partido adquirir la vital expansión internacional de la revolución, a través de una Federación Ibérica de Repúblicas Soviéticas en los Estados Unidos Socialistas de Europa.

* Todas las citas seguidas de un asterisco han sido traducidas de una transcripción en inglés o francés, y pueden no coincidir con el original.

Nota de introducción

Nota de introducción

(Al documento “Cuba y los estados obreros deformados”)

por James Robertson

9 de junio de 1966

Publicado Originalmente en Marxist Bulletin No. 8. Esta versión fue impresa en español en Cuadernos MarxistasNo. 2.

El documento que a continuación sigue fue escrito en julio de 1961 por Tim Wohlforth que se separó en 1962 de la tendencia que más tarde se transformó en el grupo espartaquista. La posición que aquí reimprimimos fue mantenida por Wohlforth durante solo unos meses, ya que después volvió a defender variantes de las posiciones de la Socialist Labor League (SLL “Liga Laborista Socialista”) británica. A pesar de todo, Wohlforth ha legado una contribución meritoria al exponer en forma escrita el entendimiento de cómo la Revolución Cubana condujo aún estado obrero deformado.

Resumimos aquí, a partir de documentos posteriores, las opiniones que Wohlforth desarrolló ulteriormente y que presumiblemente todavía están en vigor. En su carta a James Robertson del 12 de agosto de 1964, en la que presentaba objeciones a la propuesta de Robertson de reunificar a los dos grupos, Wohlforth declara:

“Debemos, empezar por entender el proceso que se está desarrollando en Cuba. Una vez que entendamos este proceso dentro del marco de los hechos sociales mundiales, no tendremos entonces ninguna dificultad en caracterizar correctamente a Cuba.

“Hemos analizado este proceso con considerable detalle en nuestro artículo ‘La vía cubana — ¿un modelo para el futuro?’ en el boletín de discusión del SWP en 1963. Se puede encontrar un análisis más actualizado en el artículo de Ed Stillwell, en el número del 18 de julio del Newsletter. En ningún momento en el proceso revolucionario cubano ha llegado el proletariado a la dictadura, deformadamente o de ninguna otra manera. Desde el principio hasta el final el proceso fue llevado a cabo con el control estatal en manos de la formación pequeño-burguesa de Castro. Por lo tanto bajo ninguna condición podemos considerar a Cuba como un estado obrero de ningún tipo. Los pasos que está dando actualmente Castro hacia la reintegración al mercado capitalista confirman plenamente nuestra posición.

“Se desprende claramente de nuestro análisis que no creemos que haya habido una revolución socialista en Cuba. Por lo tanto es obvio que debemos continuar la lucha por una revolución social en Cuba que conducirá a la clase obrera al poder. ¿Cómo puedes pretender tener unas opiniones similares a las nuestras sobre las tareas políticas en Cuba?”

En los otros lugares a los que Wohlforth se refiere más arriba, centra su argumentación alrededor de los siguientes puntos:

“La Revolución Cubana tuvo en sus primeras etapas un aparato estatal capitalista, debilitado, sí, pero capitalista…. Este aparato estatal ha sido profundamente socavado bajo el impacto de profundos sucesosrevolucionarios…. Así pues debemos caracterizar este estado como un estado capitalista en descomposición,parcialmente corroído, y susceptible de ser presionado por la clase obrera tanto como por otras fuerzas sociales, pero no bajo el control directo o indirecto de la clase obrera.” [“La vía cubana — ¿un modelo para el futuro?” 17 de abril de 1963.]

“Cuba puede ser y será definida como un estado obrero solamente cuando un partido revolucionario basado sobre el programa de la Cuarta Internacional haya derrotado con éxito al estado capitalista —actualmente representado por la dictadura bonapartista de Castro— y lo haya remplazado por la dictadura de la clase obrera.” (“Un corrompido programa de clase media lleva a Castro a las manos de los Estados Unidos,”Newsletter; 18 de julio de 1964.]

La contestación de Robertson en representación del comité de redacción de Spartacist a la carta de Wohlforth de 12 de agosto del 1964, manifiesta:

“Aunque no ha surgido un enfrentamiento programático inmediato entré nosotros a causa de tu reciente y mucho más dura posición (ya que tu continúas manteniendo tu posición de defensa de Cuba contra el imperialismo norteamericano basándote en otros argumentos), la tendencia de tu proposición sobre este problema nos perturba considerablemente ya que constituye una negación burda de la realidad al tratar del desarrollo de la Revolución Cubana. Aún más, tu posición está a un paso de poner también en duda el carácter proletario básico del estado chino actual.

“Queremos llamar tu atención sobre nuestras propias opiniones sobre la cuestión cubana. Creemos que estas opiniones son una contribución importante al necesario rearmamento teórico del movimiento trotskista en el periodo desde la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra el revisionismo pablista y contra reacciones sectarias hacia semejante revisionismo. Vemos que, de acuerdo con el resto de tu carta del 12 de agosto, prefieres caracterizar nuestra orientación hacia la Revolución Cubana como una calificación estática y externa. Tienes derecho a creer, si quieres, que estamos equivocados, en nuestras conclusiones sobre la cuestión cubana. Pero tú mismo participaste en nuestro entonces común esfuerzo para entender las dinámicas internas de clase de la revolución que conducirían a un estado obrero deformado. De hecho, fue considerablemente inspirado por mí como entonces escribiste un importante borrador [“Cuba y los estados obreros deformados”] en el que esbozaste el curso de la revolución y sus implicaciones para los revolucionarios proletarios. Entiendes así por qué nosotros hemos llegado a creer que tu caracterización de nuestra posición fue deliberadamente concebida para engañar a los incautos y a los ignorantes. Lo que nos molesta particularmente de tu procedimiento en el presente contexto es que refuerza nuestras dudas sobre la seriedad de tus pretensiones de unidad.” [22 de diciembre de 1964].

El grupo de Wohlforth respondió en una carta del 25 de enero de 1965 admitiendo la previa adhesión de Wohlforth al concepto del estado obrero deformado: “Hemos adoptado un método diferente, después de haber compartido por supuesto con vosotros vuestra incorrecta orientación metodológica.” Después demostraron su miedo latente al decir que: “En verdad vuestra, teoría no deja en absoluto ningún papel al proletariado en los cambios sociales en las regiones atrasadas, y lo mismo que el pablismo, abre el camino hacia el rebajamiento del papel del proletariado en los países avanzados.” Aquí Wohlforth comete un error de entendimiento intencionado. El bien sabe que nuestro reconocimiento de la deformación fundamental de una revolución social en desarrollo, que se mantiene dentro de un marco maoísta, no nos lleva a apoyar pasivamente la lucha armada de los estalinistas basados en el campesinado, sino a todo lo contrario. Nuestra posición da una base teórica a la necesidad urgente, como hoy en Vietnam, de que el proletariado se reagrupe baj0 su vanguardia revolucionaria e intervenga para tomar el mando de la lucha, dando así forma concreta a la perspectiva de la Revolución Permanente.

Lo que esta afirmación de Wohlforth indica en el fondo es que él cree o teme que el estado de Lenin y el estado de Stalin son idénticos en cuanto a sus posibilidades para avanzar hacia el socialismo. Así las ideas actuales de Wohlforth son metodológicamente idénticas a las de Joe Hansen del SWP, cuya contribución a la teoría de la Revolución Cubana fue defender el que la democracia obrera es un concepto de carácter meramente normativo. Por consiguiente la democracia obrera variaría sólo cuantitativamente: mucha en los estados obreros muy buenos (la Rusia de Lenin), y muy poca en los malos (como la de Stalin). Así Hansen trató de negar la diferenciacualitativa entre el ejercicio del poder político por las propias masas trabajadoras, o por una burocracia bonapartista. De esta manera trató de hacer pasar a la Cuba de Castro por un estado obrero muy bueno “aunque faltándole todavía las formas de democracia obrera” o La historia ha dado ya su veredicto en contra de las teorías pablistas de Hansen. En su método Wohlforth sigue de cerca los pasos de Hansen sólo que invirtiendo completamente sus conclusiones.

La justificación básica para la revolución política proyectada por L. D. Trotsky no existe para Wohlforth. De otra manera ¿cómo Wohlforth podría afirmar que la transformación de Cuba en un estado obrero deformado “como China” elimina cualquier papel de la clase obrera? Nosotros insistimos en que los regímenes en Yugoeslavia, Cuba, China, etc., requieren por su carácter nacionalmente limitado y burocráticamente deformado tal revolución política por los obreros, igual que la requiere Rusia. La burocracia estalinista debe ser aplastada para abrir el camino hacia el desarrollo socialista.

Addendum al Prefacio

Addendum al Prefacio (a Cuba y la Teoría Marxista)

Con el paso del tiempo, ocurre dentro del movimiento marxista una lenta modificación en la apreciación de los sucesos pasados que conduce en ciertos momentos a abandonar radicalmente lo que antes se había dado por seguro. Po veces se llega a lo que es esencialmente una síntesis más profunda y completa con sólo una posible pérdida de pequeños detalles conocidos en un período previo; y a veces desaparece lo que era una comprensión esencial de la realidad. Lo que predomina depende de consideraciones que son mayores y a veces completamente ajenas al suceso que se está estudiando.

Tesis de Haston/Vern

Ciertamente el enorme entusiasmo hacia Fidel Castro de aquellos con pretensiones de ser marxistas revolucionarios ha sido hoy disipado, o más generalmente, desplazado. Pero las explicaciones, racionalizaciones, y substitutivos de todas las corrientes centristas, revisionistas y reformistas no han supuesto ninguna mejora. Por ejemplo, diversos elementos izquierdistas, existentes ahora o recientemente en el Socialist Workers Party, han descubierto últimamente en antiguos boletines del SWP los escritos sobre Europa Oriental de la tendencia Vern/Ryan de principios de los años 50, una facción en Los Angeles que se fundió hace mucho tiempo con el Independent Socialist League de Max Schachtman (disuelta a su vez desde hace mucho tiempo en el Socialist Party/Social Democratic Federation). Dennis Vern había tomado prestado a su vez el punto central de suposición de la facción mayoritaria (dirigida por Jock Haston) del Revolutionary Communist Party, el entonces partido trotskista inglés, hasta que los partidarios de Haston se disolvieron esencialmente en un laborismo de derechas. Lo que no se aprecia hoy necesariamente es que la tesis de Haston/Vern -que decía que allí donde el Ejército Rojo llegaba al final de la Segunda Guerra Mundial, por el mero hecho de su presencia, ese trozo de tierra se convertía en un estado obrero deformado- fue una liquidación consciente del trotskismo, no como la lógica indicaría hacia los estalinistas, débiles en Inglaterra y en los Estados Unidos, sino finalmente hacia los agentes reformistas de la propia clase burguesa.

Pero Haston y Vern sí que se dieron cuenta de un aspecto de la transformación social en Europa Oriental que se les había escapado a los perplejos teóricos trotskistas de la época, como Hansen y Germain/Mandel para ser más precisos, el hecho de que se deben tener en cuenta las fuerzas armadas existentes como una consideración básica para tratar de entender lo que está pasando. Pero Haston y Vern se pararon en el umbral del saber. Y encima desfiguraron completamente ese jirón de sabiduría. El carácter de clase definido de un estado hasta que, o a menos que, sea derrocado ciertamente determina la dirección del desarrollo social dentro de la sociedad que ese estado protege. Sin embargo, en Europa Oriental el núcleo del estado era el Ejército Ruso, agente del estado obrero degenerado estalinista ruso.

Durante un tiempo la dirección estalinista rusa pudo elegir y eligió (elección a la que no llegó libremente) el resultado social – de aquí el error elemental en el silogismo de Haston/Vern de que “el carácter de clase del estado equivale a la dominación de esa clase en la sociedad” cuando el estado (ejército) es ruso y la sociedad es, por ejemplo, austriaca o húngara. Los rusos evacuaron las áreas que controlaban en Austria e Irán pero dirigieron la transformación de la mayor parte de Europa Oriental hacia copias sociales y políticas de la Unión Soviética – o sea,consolidación en la estela de la conquista rusa.

Una excepción fue el caso particular, pero no evidente en ese momento, de Yugoeslavia, a cuya transformación social se llegó esencialmente de una manera interna. A pesar de la ruptura entre Tito y Stalin el significado de Yugoeslavia sólo llegó a ser plenamente, evidente a la luz de la revolución china, y también la cubana.

Wohlforth

Las revoluciones yugoeslava, china y cubana no se pueden explicar de ninguna manera en términos de una imposición directa del dominio ruso por nadie que esté a la izquierda del John Birch Society [un grupo de presión política de extrema derecha];  eso sí, con la excepción de Tim Wohlforth de la Workers League/“International (Healy) Committee” [Comité Internacional de Healy]. Y hasta los torturados dogmas de Wohlforth -esa parodia trivial del marxismo titulada “La teoría de la asimilación estructural” (una publicación del Bulletin de 1964)- se derrumbaron ostensiblemente por la inhabilidad del autor de incorporar a Cuba en su esquema. Como apuntó Wohlforth en su prefacio

“En el verano de 1961 escribí un borrador preliminar sobre la naturaleza del estado cubano y las implicaciones que de ella se derivaban [“Cuba y la teoría marxista”, reimpreso en este cuaderno]. Las primeras discusiones de este documento me convencieron inmediatamente de que iba completamente por camino errado. Como la dirección misma del SWP, estaba mezclando trozos de teorías para ‘explicar’ una impresión de la realidad en Cuba y para justificar una conclusión política -por supuesto una conclusión mucho más crítica del liderato cubano que la de la mayoría del SWP. Si queda siquiera empezar a entender el problema de Cuba estaba claro que debía encajarlo en un entendimiento teórico general de los sucesos de la postguerra en su conjunto. Por lo tanto primero tenía que entendérmelas con los problemas teóricos planteados por Europa Oriental, Yugoeslavia y China antes de poder llegar a ninguna conclusión sobre sucesos más recientes. Irónicamente, cuanto más entendía estos sucesos, menos relacionados con Cuba los hallaba. Así, un documento que empezó como un análisis de Cuba ni siquiera trata directamente de la cuestión. Publicaremos por separado un análisis del problema cubano.”

La “teoría” de Wohlforth viene a ser lo siguiente: primero, absorción de los estados adyacentes al estado obrero degenerado ruso; segundo, transformación, social de la región nuevamente adquirida; tercero, y último, su liberación posterior como un estado obrero deformado independiente – todo esto a causa de un impulso “expansionista defensivo” de la burocracia estalinista rusa en respuesta a la amenaza urgente del imperialismo capitalista. Wohlforth explicaba hasta el hecho de que Vietnam del Norte se transformase en un estado obrero deformado por su versión propia de la “teoría del dominó”: primero Rusia absorbe a China y luego la regurgita, y luego China hace lo mismo con Vietnam del Norte.

Pero al mirar el mapa Wohlforth se dio cuenta de que Cuba está bastante lejos de Rusia y para colmo es una isla…. Así fue como Wohlforth se encontró con que tenía que mantener la posición que la Workers League aún propone hoy, con más o menos vergüenza – que el estado cubano gobernado por Fidel Castro es capitalista. Y esto es probablemente por lo que el tan prolífico Wohlforth nos ha dejado a la espera todavía en 1973 del prometido “análisis del problema cubano por separado”. (Pensándolo bien, no hemos visto tampoco ninguna reimpresión reciente de la “Teoría de la asimilación estructural”).

***

Al oponerse al revisionismo de la mayoría del SWP nuestra tendencia original nació y luchó por mantener tres principales puntos programáticos en su orientación hacia la revolución cubana y su defensa: insistir en la Revolución Permanente, o sea, el punto de vista de que ninguna tarea esencial de la revolución puede ser llevada a cabo sin llegar a la victoria y consolidación de un estado obrero; y, correspondientemente, insistir en la lucha por la hegemonía de la clase obrera en la revolución; junto con la necesidad de un partido trotskista consciente como la vanguardia proletaria que debe dirigir esa lucha.

¿“Estado transicional”?

Como se ha visto en nuestro prefacio anterior, Shane Mage en 1961 -con el visto bueno de Wohlforth y con el apoyo disciplinado de otros en nuestra entonces común tendencia- propuso una posición basada en principios correctos pero teóricamente todavía vaga e indefendible: a saber, que el estado cubano todavía no tenía un carácter de clase definido, que era “un estado transicional”. Este punto de vista, junto con la manera en que fue impuesto sobre la tendencia, constituyó uno de los primeros puntos de rozamiento que finalmente provocó, un año y medio más tarde, la separación de Wohlforth de lo que más tarde sería la tendencia espartaquista. La resolución de Mage de 1961 sobre la cuestión cubana fue llevada, sin haber la hecho circular antes dentro de la tendencia, a una sola conferencia de la tendencia en Nueva York con una declaración de Wohlforth de que, de todas maneras, debía ser, entregada al boletín interno del SWP a la mañana siguiente. Ya que una posible mayoría de la tendencia en Nueva York y nacionalmente consideraba que Cuba se había vuelto ya un estado obrero deformado, muchos de nosotros seguimos la corriente sólo impulsados por un profundo sentido de la disciplina dentro de la tendencia impuesto por la lucha programática en el seno del SWP.

Durante el periodo siguiente e inmediato, la discutida cuestión de cual era en la actualidad el carácter de clase del estado cubano -el  “estado transicional” de Mage, el “estado obrero deformado” de la mayoría de la tendencia, o el “estado capitalista” de Wohlforth (después de que abandonó la posición de Mage y de que intentó durante un breve periodo de tiempo unirse al punto de vista de la mayoría de la tendencia)- tendía a dejar en las sombras ciertos aspectos teóricos, particularmente un análisis preciso, cronológicamente especifico, de los primeros periodos de la revolución cubana. Estas diferentes interpretaciones, aunque estuvieran todas de acuerdo con nuestra base programática común, constituyeron sin embargo una fuente de tensión en el seno de la tendencia.

Entonces, en noviembre de 1962 Wohlforth, aconsejado por A. Phillips y Gerry Healy, se separó de la tendencia principalmente porque insistía en perseguir un bloque con la mayoría del SWP para impedir la amenazada unificación -de este último con los pablistas europeos- una línea de conducta que Wohlforth y Healy intentaron imponer engañosamente sobre la tendencia bajo el disfraz de un debate sobre la naturaleza del SWP (ver Marxist Bulletin no.2). Nuestra lucha política sobre las, cuestiones planteadas por la Convención del SWP en 1963 y nuestra lucha infructuosa para prevenir nuestra expulsión del SWP (precipitada por las falsas “revelaciones” sobre nosotros de Wohlforth a la mayoría) preocuparon a nuestra tendencia durante un año.

En 1964 una extensa discusión oral en la sección de Nueva York de la tendencia condujo a Mage a abandonar prácticamente su posición y a llegar por consentimiento a la siguiente proposición central: Cuba se transformó en un estado obrero deformado al tiempo de las extensas nacionalizaciones en el verano y otoño de 1960, las cuales liquidaron a la burguesía como clase.

Ya que la mayoría de nuestros argumentos estaban dirigidos a la mayoría del SWP, que concebía a Cuba como una evolución que partía de un “gobierno obrero y campesino” y llegaba, aun estado obrero “sano” pero que “todavía no poseía las formas de la democracia obrera” y que estaba dirigido por el “marxista inconsciente Fidel Castro” (la posición de Joseph Hansen), la mayor parte de nuestra verificación se centró alrededor del carácter cualitativamente deformado, es decir estalinista, del estado obrero cubano: el apremio de Castro de descubrir y declarar que era un “marxista-leninista” y de los fidelistas de fundirse con el partido estalinista cubano preexistente, depurándolo al mismo tiempo de su lealtad a la burocracia rusa; la existencia de un aparato de represión estatal poderoso y separado de las masas, como fue revelado por la encarcelación masiva (y completamente justificada) de secciones sospechosas de la sociedad cubana durante la invasión de la Playa Girón en 1961; el papel bonapartista de Fidel Castro, admitido por él mismo, al llegar él solo a decisiones cruciales durante la crisis de los misiles, una cuestión de vida o muerte para todo el pueblo cubano.

Un gobierno pequeñoburgués

Considerábamos incontestable que los rebeldes armados cubanos que bajaron a tierra del Granma eran unaformación pequeño-burguesa en todos sus aspectos. Su lucha militarmente marginal fue la gota de agua que hizo desbordar el vaso del régimen de Batista que era odiado por las masas, que estaba cada vez más aislado de las capas altas de la sociedad cubana y que fue finalmente abandonado por el imperialismo yanqui. El ejército rebelde que ocupó La Habana el 1 de enero de 1959 continuó como una formación pequeñoburguesa políticamente heterogénea que poseía un apoyo popular masivo.

El inicial gobierno de coalición con políticos auténticamente burgueses-liberales se formó en el contexto de un viejo aparato estatal burgués completamente destruido. En el curso de la previa guerra de guerrillas -una especie de guerra civil- los jefes de ese ejército rebelde habían roto sus previas conexiones directas con los burgueses liberales de la oposición y habían adquirido una autonomía episódica de sus padres de clase (y en muchos casos biológicos), la burguesía cubana. Después de tomar el poder, se vieron enfrentados por los torpes y crecientes intentos del imperialismo estadounidense de echarles a pique a través de presión económica bruta sobre Cuba sin que hubiera un correspondiente intento por parte de la despreciativa administración de Eisenhower de crear las condiciones y conexiones necesarias para imbricar a los nuevos gobernantes en la vieja red social, y así facilitar su acomodo a las brutales demandas de los imperialistas.

No menos crucial que la tirantez creada por las condiciones de la guerra civil entre los guerrilleros pequeñoburgueses y el orden burgués era la ausencia de un proletariado combativo con conciencia de clase que hubiera polarizado invariablemente a estos militantes pequeñoburgueses, atrayendo a unos hacia el lado de los obreros y repeliendo a otros de vuelta a los brazos del orden burgués. De aquí el excepcional campo a disposición de este gobierno pequeño-burgués enfrentado a una lucha económica de toma y daca cada vez mayor del gobierno norteamericano en ese periodo y bajo el enorme entusiasmo popular y patriótico de las masas cubanas indiferenciadas.

Estado obrero deformado

Pero cuando llegó el final con la liquidación económica de la burguesía cubana (mucho más, sistemática y completa que la que los maoístas chinos han instituido basta hoy – incluyendo hasta la nacionalización de los vendedores de helado callejeros), este gobierno pequeñoburgués, aún pajo estas condiciones altamente favorables, fue incapaz de encontrar una tercera vía entre trabajo y capital para la organización característica de la sociedad, y en virtud de su posición social recientemente adquirida -como un monopolio político a la cabeza de una economía nacionalizada- se vió forzado a adoptar ese marxismo postizo que es la expresión ideológica necesaria de una burocracia estalinista: por muy nueva que sea.

De seguro la existencia de un estado obrero degenerado ruso suponía el incentivo de un modelo y, aún más importante, el apoyo material que hacía viable el resultado. Pero no fueron de ninguna manera los rusos ni sus entusiastas domésticos los que crearon directamente el proceso real dentro de Cuba misma. La alianza con los rusos fue un resultado, no una condición previa dé la formación de un estado obrero deformado en Cuba.

En ningún momento hubo en Cuba “un estado transicional” por encima de las diferencias de clase. Repitiendo, en el periodo de transición entre la destrucción del antiguo estado capitalista de Batista, compradores del imperialismo norteamericano, y la consolidación de un estado obrero deformado, existió un gobierno pequeñoburgués -no uno de clase neutra- con el eje de su poder constituido por el Ejército Rebelde pequeñoburgués. Este régimen había adquirido una independencia temporal, del orden burgués a través de la polarización violenta de la guerra de guerrillas, pasando por un periodo de gran agitación de las masas populares (no específicamente proletarias), pero todavía no comprometido a crear una economía nacionalizada. Aún más, su existencia separada en ciertos momentos de las clases sociales fundamentales -la burguesía y el proletariado- fue posible gracias al fracaso de la clase obrera de presentarse a sí misma como una alternativa al dominio capitalista.

En consecuencia este régimen contenía en su seno la imprecisión de resultado y la tensión interna de ser capaz o bien de regenerar y consolidar un estado capitalista, o bien de que una sección de este régimen se ligase a la fórmula de propiedad nacionalizada, y así verificar a través de un proceso vivo la validez de la caracterización trotskista de que, desde un punto de vista general, la burocracia estalinista rusa es, en uno de sus aspectos contradictorios centrales -o sea, el de ser la correa de transmisión de la presión del mundo burgués sobre un estado obrero- una formación pequeñoburguesa. La parte decisiva de los castristas pudo hacer la transición hacia la dirección de un estado obrero deformado porque, en ausencia del igualitarismo y la democracia proletaria de un estado ganado directamente por la clase obrera, nunca tuvieron que transcender o alterar fundamentalmente sus propios apetitos sociales pequeñoburgueses radicales, sino sólo transformarlos y redirigirlos. Entre paréntesis, en esto consiste el significado decisivo de una revolución política enfocada desde el punto de vista de la experiencia cubana, es decir, desde un aspecto diferente de aquella larga y desgraciada acción de retaguardia que Trotsky combatió en Rusia en los años 20.

***

(De las notas del Buró Político No. 7, 8 de julio de 1973: “Moción: adoptar la línea general política del Addendum al Prefacio del CM no. 2 – aprobada”)

[Extensiones y correcciones, 8 de agosto de 1973].

Guevarismo vs. socialdemocracia en el S.U.

Guevarismo vs. socialdemocracia en el S.U.

[Extracto de Workers Vanguard No. 23, 22 de junio de 1973.  Traducido en Spartacist No. 11, diciembre de 1982]

Los “trotskistas” II: El PST y el pantano socialdemócrata

Asi hemos explicado que las teorias “trotskistascastristas” de los guerrilleristas del PRT/ERP no tienen nada en común con un trotskismo auténtico. En la lucha fraccional dentro del S.U. la oposición a los terroristas radicales del PRT y a sus partidarios europeos está encabezada por el SWP reformista de los EE.UU., que por su lado apoya al PST argentino de Nahuel Moreno, seudotrotskista y revolucionario de cafetín sui generis, quien hasta 1969 fue el principal vocero del Secretariado Unificado en América Latina. Aunque la tendencia SWP/Moreno ahora intenta disfrazarse como defensora de los principios del trotskismo ortodoxo en contra del guerrillerismo castrista, la verdadera base de su oposición a la tendencia Mandel/Maitan/Frank (personificada por el PRT/ERP) es hacia laderecha, procedente del apetito por una colaboración reformista directa con sus “propias” burguesias.

Podemos señalar esto mediante un examen de la historia de Moreno y de sus actuales posiciones sobre Argentina. En 1961 Moreno escribia:

“Desde luego, la vida, ha puesto enevidencia las lagunas, omisiones y errores del programa de la Revolución Permanente. … El dogma de que la única cIase que puede cumplir las tareas democráticas es la obrera, es falso. Sectores de la cIase media urbana y el campesinado son, en ocasiones, los caudillos revolucionarios. … La historia … ha dado un mentis a la teoría de que el proletariado, en los países atrasados, es la dirección revolucionaria. … El maotsetunismo o teoría de la guerra de guerrilIas es la refracción particular en el campo de la teoría de la actual etapa da revolución mundial. … [Hay que] sintetizar la teoría y el programa general correcto (trotskista) con la teoría y el programa particular correcto (maotsetunista o castrista). … [El estado] conserva relativa autonomía y puede jugar entre distintas cIases sociales. … Hay dictaduras revolucionarias democráticas (apoyadas en el campesinado, el pueblo y el proletariado).”.

– N. Moreno, La revolución latinoamericana (1962), citado por J. Magri, “El revisionismo en el trotskismo” (1972).

Esta es sencillamente una encarnación temprana de la ideología del PRT/ERP: el papel revolucionario del campesinado, la bancarrota del programa de la revolución permanente, la teoría de la nueva democracia – alli encontramos todo, tal vez expresado con un poco más de crudeza. Fue sobre la base de estas teorías que el grupo de Moreno que hasta entonces había estado profundamente sumergido dentro del movimiento peronista – publicando su revista Palabra Obrera “bajo la disciplina del Gral. Perón y del Consejo Superior Peronista” – se fusionó con un grupo castrista pequeño burgués (el FRIP), el cual habia sido muy activo entre los trabajadores azucareros de Tucumán, a fin de constituir en 1964 el PRT, sección oficial del “Secretariado Unificado de la IV Internacional”.

Durante el periodo 1964-68 el PR T siguió con esta política guerrillerista, sin que hubiera ni una sola palabra de protesta por parte de los dirigentes del S.U. Sin duda alguna aun estaria haciéndolo hoy día si no fuese que algunos bien intencionados aunque ingenuos militantes del PRT decidieron poner en práctica las palabras de Moreno, haciendo un llamamiento en favor de una transición hacia la lucha armada en el norte. Durante algún tiempo Moreno se dejó llevar por la corriente, llegando inclusive hasta el punto de anunciar que “hoy día la OLAS [la “Internacional” guerrillerista de Castro], con sus organizaciones nacionales de combate para la lucha armada, es el unico vehículo organizativo para el poder” (N. Moreno, “La revolución latinoamericana, Argentina y nuestras tareas”,Estrategia No. 7, septiembre de 1968).

Pero la “lucha armada” suele volverse peligrosa, de manera que cuando una porción apreciable del PRT se dirigía de hecho hacia la formación de un “ejército guerrillero”, Moreno escindió el partido (1968). Hasta finales de 1971 el grupo de Moreno mantuvo el nombre del PRT y de su periódico (La Verdad), mientras que los guerrilleristas dirigidos por Carlos Ramírez fueron conocidos por el nombre de su órgano (El Combatiente). Sin embargo, habiendo agotado ya la política de sumersión profunda en el peronismo y el castrismo, Moreno percibió la posibilidad de participar en las elecciones como un partido respetable de izquierda (todos los partidos comunistas están prohibidos en Argentina y lo han sido tanto bajo Perón como bajo los militares) y comenzó la búsqueda de un nuevo pantano en el cual enterrar al PRT (La Verdad). Este fue rápidamente encontrado bajo la forma de un sector del antiguo Partido Socialista Argentino (afiliado a la Il Internacional), dirigido por Juan Carlos Coral. Las formalidades de un programa común fueron ajustadas “adecuadamente” en la forma de unas “Bases de la Unificación”, descritas por Joseph Hansen y sus copartidarios como “constituyendo esencialmente un resumen de las posiciones trotskistas basadas en la teoría de la revolución permanente” (Argentina and Bolivia The Balance Sheet, 1973).

Veamos como suena la revolución permanente en las bocas de estos socialdemócratas. En primer lugar, parece que el partido debe “luchar sin cansancio a fin de lograr un gobierno obrero y popular que asegure la liberación nacional y la construcción revolucionaria del socialismo”. Esto parece bien sencillo: si el trotskismo propone un gobierno obrero para alcanzar el socialismo, y el estalinismo aboga por un gobierno popular de liberación nacional, entonces ¡combine los dos para lograr el mejor de los resultados posibles! Sesenta años de lucha entre el estalinismo y el trotskismo, el asesinato de decenas de miles de oposicionistas de izquierda, el estrangulamiento de las revoluciones china, alemana, francesa, española y vietnamita – ¡no son sino meras bagatelas cuando la respetabilidad se puede alcanzar por medio de una fusión sin traumas con la socialdemocracia!

¿Y qué hay del internacionalismo? ¿Qué hay de la IV Internacional en particular? Parece que aunque “reconociendo la necesidad de una Internacional,” el PSA “no abdica de su inalienable derecho a determinar sus estrategias y tácticas a dirección alguna que no emane de las entrañas del proletariado y del ptleblo argentino.” ¿Y con respecto al programa? Como buenos reformistas el PST tiene dos: un programa máximo y un programa mínimo, que aparecen bajo la forma de un conjunto de “demandas para la lucha inmediata” y otro para la “lucha sobre una base permanente” (esto es, el socialismo). Una de las demandas inmediatas más interesantes es aquella que pide “la supresión del rol represivo de las fuerzas armadas y su utilización al servicio de los intereses del capital. … Por el derecho constitucional de los soldados y oficiales de participar en la política” (subrayado nuestro). El PSA tiene como visión la reforma de la esencia misma del estado capitalista, evitando por tanto el mencionar puntos tan delicados como la lucha armada, las milicias obreras, etc.

En otra parte Moreno se refiere a este pantano oportunista como “95 por ciento trotskista”. Tal vez nos pueda ayudar a encontrar al 5 por ciento restante. ¿Se encuentra en la referencia a un “gobierno obrero y popular”? ¿Quizás en el rechazo a reconocer la autoridad de cualquier Internacional que “no [esté] arraigada en el proletariado y el pueblo argentino”? ¿O tal vez es el programa máximo-mínimo, sello del reformismo? ¿Es “la supresión del rol represivo de las fuerzas armadas” bajo el capitalismo? ¿O el hecho de no decir ni una sola palabra sobre la lucha armada en un país que se encuentra en una situación prerrevolucionaria desde have cuatro años?

Habiendo logrado una cubierta respetable, el “revitalizado” PSA – ahora “95 por ciento trotskista” (y rebautizado como el PST) – se lanzó con todos sus recursos a la campaña electoral. En una situación que el mismo PST caracterizaba como “prerrevolucionaria”, a este enfoque exclusivamente electoral sólo puede llamársele cretinismo parlamentario clásico. Más aun, en vez de presentar su candidatura con su propio programa, el PST inventó una táctica nueva, el “polo obrero”. “Tomen ventaja de nuestra personería jurídica,” declaró, mientras ofrecía incluir a cualquier obrero auténtico en su lista electoral. ¿Es ud. peronista de izquierda, adicto al PC, sindicalista? No importa, podemos juntarnos en la misma lista y, ¿quién sabe?, quizás algún día todos podamos formar parte de un gran partido de la clase entera, como el que construyó Kautsky – la socialdemocracia.

Desafortunadamente, esto todavía es de muy poca monta y aún deja a las masas obreras bajo el control del peronismo. En vez de llamar a los obreros a que rompan con el peronismo (¡qué vulgar y sectario!), ¡el PSA ofreció votar por los candidatos justicialistas si la lista del Frejuli se componía de por lo menos un 80 por ciento de obreros, en vez de sólo el 25 por ciento! (Avanzada Socialista, 22 de noviembre de 1972). En respuesta al retorno de Perón el noviembre pasado, el titular de primera plana del periódico del PST decía: “¿Para qué viene Perón? Ojalá sea para imponer candidatos obreros luchadores y no para pactar con la oligarquía” (Avanzada Socialista, 8 de noviembre de 1972).

Si confiamos en las palabras de Moreno y su grupo, sólo podemos concluir que el trotskismo y toda la ciencia del marxismo se reduce al método más fácil de venderse al mejor postor. En un país donde el peronismo, un movimiento burgués, es dominante en la clase obrera, es necesario plantear una clara alternativa de clase al populismo, ¡y no darle el voto porque el 80 por ciento de sus candidatos son burócratas sindicales! Para que los obreros rompan con Perón, los comunistas revolucionarios pueden proponerle un frente unido de clase hasta a la misma dirección traidora de la CGT; podemos exigir la formación de un partido obrero con un programa de lucha de clases; podemos exigir huelgas generales para imponer las urgentes reivindicaciones de los obreros. ¡Pero nunca se puede realizar un frente unido obrero contra la burguesía formando un bloque (abierto o secreto, no hay diferencia) con el político burgués más prominente, el general Perón!

La mujer y la revolución permanente

La mujer y la revolución permanente

Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 16. ADAPTADO DE  WORKERS VANGUARD NO. 17, MARZO DE 1973. 

Para los marxistas la emancipación de la mujer de su opresión especial es un indicador preciso del grado en el que una sociedad ha sido purgada de la opresión social en general. Esta interrelación fue formulada por primera vez por el socialista utópico Fourier:

“El cambio en una época histórica siempre puede determinarse por el progreso de la mujer hacia la libertad, porque en las relaciones de la mujer con el hombre, del débil con el fuerte, es más evidente la victoria de la naturaleza humana sobre la brutalidad. El grado de emancipación de las mujeres es la medida natural de la emancipación general.”

—Theorie des quatre mouvements

Fourier fue parafraseado por Marx en La sagrada familia (1845):

“La relación del hombre con la mujer es la relación más natural de un ser humano con otro. Indica por tanto en qué medida el comportamiento natural del hombre se ha vuelto humano, y en qué medida su esencia humana se ha convertido en una esencia natural para él, hasta qué punto su naturaleza humana se ha convertido en lonatural para él.”

En una forma más directa y más sucinta. Marx repitió el mismo punto 23 años después en una carta a Kugelmann: “…el progreso social puede medirse con exactitud por la posición social del sexo bello (incluidas las feas).”

Emergencia de la familia monógama

Una de las ironías de la historia es que el origen de la opresión especial de la mujer tiene sus raíces en uno de los primeros avances sociales: el desarrollo de la tecnología humana más allá de la lucha cotidiana por la mínima subsistencia característica de las sociedades cazadoras y recolectoras. Al introducirse la cría de ganado, el forjamiento de los metales, los hilados, y finalmente la agricultura, la fuerza de trabajo humana se volvió capaz de producir un excedente social importante. Bajo el impacto de estos avances tecnológicos, la institución bajo la cual se reproduce la fuerza de trabajo, la familia, sufrió una profunda transformación. Como señalaron Marx y Engels enLaideología alemana, la propagación de la especie engendró la primera división del trabajo entre hombre y mujer. Debido a las funciones procreativas de las mujeres, la carga del alumbramiento, la crianza y las tareas domésticas en general recayeron sobre ellas. La casa era la esfera general de la actividad de la mujer. Sin embargo. El avance de la tecnología, la domesticación de animales (incluyendo otros seres humanos, usualmente prisioneros de guerra o esclavos) y la labranza de la tierra, así como el desarrollo de las herramientas tuvo lugar en la esfera general de la actividad del hombre, y fue él quien se apropió de la expansión concomitante en la riqueza social. Así, el advenimiento de la propiedad privada y la necesidad de transferir esta propiedad a los descendientes dio origen a la ley patriarcal de herencia y de línea de descendencia. La familia monógama fue instituida para asegurar la paternidad de los hijos, con la obligada reclusión de la esposa para garantizar su fidelidad. La reclusión significó su apartamiento de la vida pública y la producción social.

“La monogamia fue un gran progreso histórico, pero al mismo tiempo inaugura, juntamente con la esclavitud y con las riquezas privadas, aquella época que dura hasta nuestros días y en la cual cada progreso es al mismo tiempo un regreso relativo y el bienestar y el desarrollo de unos verifícanse a expensas del dolor y de la represión de otros.”

 —    Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado

Antes de la emergencia de la propiedad privada y de la familia monógama, las armas, al igual que los instrumentos de trabajo y la propiedad, eran propiedad común. Sin embargo, con el desarrollo de la propiedad privada de los medios de producción y de procreación, y la polarización de la sociedad en clases económicas, las armas fueron monopolizadas por cuerpos de hombres separados del resto de la sociedad. Estos cuerpos armados de hombres constituyeron la esencia del estado. Aunque aparentando estar por encima de las clases, el estado es en realidad el instrumento por medio del cual la clase económica dominante en cada época mantiene su hegemonía. El estado antiguo era el estado de los esclavistas para mantener sometidos a los esclavos; el estado feudal era el órgano de la nobleza para someter a los campesinos siervos y peones; y el estado “democrático” moderno es el instrumento de la clase capitalista para mantener su dominio y capacidad de explotar a los trabajadores.

En cada época, la familia, al igual que el estado, ha sido principalmente una institución para perpetuar la forma de propiedad dominante y a la clase económica dominante. Para el esclavo, el siervo y el esclavo asalariado -es decir, para aquellas clases sociales carentes de propiedad que heredar o defender- las instituciones sociales de la herencia y la defensa, la familia y el gendarme, son principalmente instituciones de sojuzgamiento.

Limitaciones del progresismo burgués

Con el arribo del capitalismo industrial, la familia entró en un estado de disolución relativa. Para bajar los salarios, el capitalismo trató de reducir el costo de producción y reproducción de la fuerza de trabajo integrando a la familia entera en el proceso productivo. Esto significó el desmantelamiento de la estructura de los gremios de artesanos, en un principio mediante la distribución de “trabajo a destajo” a familias individuales, y luego mediante su concentración en zonas industriales y caseríos de propiedad de la empresa. En países con desarrollo capitalista retardado, como la Rusia zarista, los gremios y el desarrollo de la industria de trabajo a domicilio fueron omitidos, y los siervos atraídos directamente a grandes y desolados pueblos patronales.

El retorno de la mujer a la producción social es la precondición para su emancipación social, pero bajo el capitalismo ello significó una mayor esclavización y degradación de la mujer, al ser forzada a agregar la esclavitud asalariada a su esclavitud doméstica. Incapaces y reacios a ofrecer sustitutos sociales para el papel económico de la familia, sin embargo, los capitalistas alentaron a las mujeres a regresar a la casa y a la cocina con propaganda conscientemente elaborada a favor de la familia y la religión. De esa manera el capitalismo expandió las fuerzas productivas y sentó las bases tecnológicas para la socialización del trabajo doméstico y la sustitución de la familia como unidad económica, pero fue y sigue siendo incapaz de lograr esta sustitución, de la misma manera que sentó las bases para la socialización internacional de los medios de producción, pero aún no puede eliminar las fronteras nacionales.

Para su supervivencia el capitalismo depende de las tradicionales y arcaicas instituciones sociales del dominio de clase: la propiedad privada, la familia monógama y el estado-nación. Conforme las fuerzas productivas generadas por el capitalismo crecen, presionan contra los límites impuestos por las instituciones sociales sobre las que se basa el sistema, y la clase capitalista se vuelve más virulenta en su afán por apuntalar y reforzar instituciones que se tornan cada vez más reaccionarias. La tendencia de las mujeres a salir de las fábricas y volver a los hogares, respaldada por los capitalistas, alcanzó su punto culminante en la campaña Nazi para la esclavización de la mujer a “Kinder, Kirche, Küche” – “niños, iglesia, cocina”.

Las revoluciones burguesas de los siglos XVII y XVIII, que limpiaron de instituciones feudales el camino del desarrollo capitalista, reemplazaron las relaciones sociales basadas sobre obligaciones y privilegios con aquellas que se basan en la igualdad contractual, y de ese modo tuvieron un profundo efecto sobre la familia. La igualdad de derechos entre los sexos fue voceada por los partidarios ideológicos más radicales de la revolución burguesa, especialmente con respecto a la posesión y a la transmisión hereditaria de la propiedad. Pero aun en el marco de la legalidad formal, la burguesía se asustó con las consecuencias de su propia revolución e inmediatamente escudriñó en el pasado medieval en busca de instituciones arcaicas con las cuales estabilizar su dominio. Así, la Revolución Francesa fue seguida por una contrarrevolución política, un Termidor en el cual los agentes de la revolución burguesa, los pobres del campo y los sansculottes urbanos, fueron desheredados. El Termidor en términos de la familia y la opresión especial de la mujer lo proveyó el Código Napoleónico, el cual convirtió a la mujer en propiedad de su esposo, requiriendo de una mujer la obtención del permiso de su marido para, por ejemplo, conseguir un pasaporte, elaborar un testamento o firmar un contrato.

En forma similar, la igualdad de las naciones proclamada por la revolución burguesa fue subordinada al empuje de los países industrialmente avanzados para someter a las naciones menos desarrolladas en la lucha por los mercados y las materias primas. La interrelación entre la subordinación de la igualdad de los sexos y la igualdad de las naciones es demostrada gráficamente por el imperialismo francés. Cuando Napoleón III consideró que un índice mayor de nacimientos era esencial para el suministro de obreros y soldados para la expansión del Imperio Francés, recurrió a Roma y logró que el papa redefiniera el comienzo de la vida – reemplazando el punto de vista católico tradicional según el cual la vida comienza cuando el feto puede sobrevivir fuera de la matriz, con la opinión actual que sostiene que la vida se inicia inmediatamente después de la concepción. Esto convirtió al aborto de pecado venial en pecado mortal, y sobre esta base Napoleón III redactó la restrictiva ley del aborto que tiene Francia en la actualidad.

Las mujeres bajo el capitalismo decadente

De tal manera que la burguesía nunca fue consecuentemente democrática, ni siquiera cuando las tareas democráticas necesarias para consolidar su dominio de clase se encontraban a la orden del día. En la época del imperialismo, los países imperialistas tienen un interés directo adicional en suprimir las aspiraciones democráticas y nacionales de las masas coloniales y semicoloniales. Si las potencias imperialistas en China hubieran apoyado la Rebelión Taiping (en la cual las brigadas de mujeres armadas jugaron un papel importante), una moderna nación protestante podría haber surgido ahí. En lugar de ello respaldaron a los Manchú, de los cuales dependían ya para asegurar la estabilidad. El camino hacia el sojuzgamiento imperialista pasaba por el reforzamiento de los aspectos más reaccionarios y represivos de la sociedad semifeudal combinado con la penetración de esa sociedad por la técnica capitalista más avanzada.

La incapacidad de las “burguesías nacionales” de estos países coloniales para destruir el pasado feudal – y llevar a cabo hasta su culminación una revolución democrático-burguesa fue demostrada definitivamente en el curso del siglo pasado. La burguesía nacional, generalmente salida directamente de la vieja nobleza, y dependiendo de las reliquias del pasado feudal para su supervivencia, se desarrolló como un agente dependiente del imperialismo. Las clases burguesas nativas en el mundo colonial fueron incapaces de separarse de la maraña que las enreda al dominio imperialista por temor a desatar fuerzas, principalmente la lucha anticapitalista de los obreros, en alianza con el campesinado – que también las expulsaría del poder.

Al analizar las tareas de una revolución en la Rusia zarista y los medios para llevarlas a cabo, Trotsky formula la teoría de la Revolución Permanente. Concluyendo no solamente que se requeriría una dirección proletaria para alcanzar los objetivos básicos democrático-burgueses de la revolución en vista de que la burguesía era incapaz de optar por una vía revolucionaria contra la autocracia – sino también que el proletariado tendría que poner sus propios objetivos socialistas inmediatamente a la orden del día para que la revolución tuviera éxito. Para poder desarraigar a la autocracia feudal y a la dominación colonial, la clase obrera tendría que extirpar el orden burgués que apuntala estas instituciones en las cuales se originó.

La cuestión de la emancipación de la mujer en el Tercer Mundo continúa demostrando la veracidad de las conclusiones de Trotsky y las lecciones de la Revolución Rusa previstas en ellas. La igualdad de derechos para la mujer es un derecho democrático elemental, reconocido por todas las democracias y aceptado como una meta por todos los movimientos de “liberación nacional”. Pero la opresión especial de la mujer está arraigada en los fundamentos del sistema de propiedad privada. De la misma manera que la lucha anticolonial que limita sus objetivos al establecimiento de un estado independiente es incapaz de ofrecer una verdadera independencia del dominio imperialista, así también la “revolución” que se detiene antes de derribar al capitalismo se ha mostrado impotente para acabar con la opresión de la mujer.

Bangladesh ofrece ejemplos tan repugnantes del proceder inhumano burgués que se pasa por alto el hecho de que la lucha de “liberación nacional” contra Pakistán está totalmente controlada por la igualmente reaccionaria burguesía de India. Sin embargo este hecho fue definitivamente lo que determinó que ese movimiento no lograra realizar ni una sola tarea democrática (Workers Vanguard No. 16. febrero de 1973). Entre las víctimas de la lucha por Bangladesh hubo unas 200.000 mujeres bengalíes múltiple y sistemáticamente violadas por el ejército de Pakistán Occidental. Luego, las tropas del Mariscal Khan les trasquilaron los cabellos, una marca de deshonra en la sociedad bengalí. Finalmente fueron puestas en libertad, para ser rechazadas y masacradas por sus esposos, hermanos y padres cuando el jeque Rahman, fiel senescal (mayordomo) de la otrora feminista Indira Gandhi. Tomó el poder. El estado surgido al amparo de las bayonetas del ejército de la India demostró ser no más liberador de las mujeres de Bangladesh que el régimen que perpetró las salvajes violaciones múltiples.

Independencia argelina – pocos avances para las mujeres

Cuando la “liberación nacional” no se limita simplemente a reemplazar a un soberano imperialista por otro, sino que resulta en un cierto grado de verdadera independencia política dentro del contexto de la continuación del dominio económico imperialista – v.gr. Argelia – la falta de mejora en la condición de la mujer refleja su continua incapacidad para completar las tareas democráticas elementales de la revolución para las masas. El Programa de Trípoli, manifiesto fundamental de la Revolución Argelina, prometía vagamente una igualdad formal, pero aun la legislación del nuevo régimen codifica la desigualdad sexual para las mujeres, muchas de las cuales lucharon en el FLN [Frente de Liberación Nacional] como auxiliares y comandos. Por ejemplo, la pena máxima por el delito de adulterio cometido por hombres es un año de cárcel – para las mujeres, dos años. Y la realidad es mucho peor de lo que la ley expresa en papel – aunque el matrimonio obligado es ahora ilegal, año tras año hasta el gobierno se ve obligado a admitir que muchas mujeres se suicidan para evitar dichos matrimonios. Esto podría ser atribuido a la dificultad en vencer la tradición, sin embargo la actitud del régimen argelino es hostil a la superación de la tradición. Boumedienne, presidente del Consejo “Revolucionario” de Argelia, declaró:

“Decimos ‘no’ a este tipo [occidental] de evolución, porque nuestra sociedad es una sociedad socialista e islámica. Aquí existe un problema. Tiene que ver con el respeto a la moral …. Porque hemos visto entre varios pueblos que han sido recientemente liberados, que la mujer, una vez libre. Se apresura a pensar en cosas que no viene al caso mencionar aquí …. La evolución de la mujer argelina y el disfrute de sus derechos debe darse dentro del marco de la moral de nuestra sociedad”.

—    8 de marzo de 1966

¡Y este discurso fue pronunciado en el Día Internacional de la Mujer! El discurso ocasionó que algunas mujeres abandonaran el recinto. En la Argelia “socialista”, donde todos los estudiantes reciben educación religiosa, las mujeres han sido excluidas de la política, generalmente de la educación superior, y además obligadas a cubrirse con el velo.

En la sociedad argelina no han faltado ciertas reformas democráticas, incluyendo reformas que tocan la familia. Pero cada reforma es laboriosamente justificada únicamente después de un tortuoso debate religioso y tediosa reinterpretación del Corán. El imperialismo moderno no ha olvidado a su Rudyard Kipling, no ha olvidado como cubrirse bajo el manto de una “misión civilizadora”, especialmente en lo que se refiere al “sexo débil” – mientras ultraja tanto a las mujeres como a los recursos naturales de las naciones sojuzgadas. Los imperialistas franceses, cuyo Código Napoleónico hasta 1966 no le permitía a una mujer abrir una cuenta bancaria o aceptar un empleo sin el permiso de su marido, se ostentaban en Argelia como defensores y liberadores de la mujer musulmana. Quizá la expresión más absurda de esta piadosa hipocresía fue la llamada “Batalla de los Velos”. Después del 13 de mayo de 1958, cuando los colons franceses saquearon el cuartel general del gobernador, forzando la caída de la IV República, una mujer colon prominente organizó el Movimiento de Solidaridad Femenina, que exhibía a mujeres musulmanas desprovistas de velo dando discursos elogiosos sobre lo bueno que era ser liberadas por la sociedad de la liberté, égalité,  fraternité – ¡la consumación del matrimonio del feminismo con el imperialismo! Como reacción, el velo se convirtió en un símbolo de la resistencia al imperialismo francés, al igual que la familia musulmana, las costumbres tradicionales, etc. Así, las costumbres milenarias de la esclavitud y la opresión domésticas no solamente no fueron abolidas, ¡sino que los símbolos de esas mismas costumbres fueron adoptados por la “Revolución”! Por tanto Boumedienne no dice “no” a la hipocresía de los imperialistas franceses a quienes finge odiar – sino a las conquistas fundamentales de la Revolución Francesa.

La expresión más clara del nacionalismo tercermundista que, al igual que los narodniki [populistas] rusos, reduce el “socialismo” y la “revolución” al resurgimiento feudalista, se encuentra en ese favorito de los revolucionarios de café, Franz Fanon, ideólogo oficial del FLN argelino. Aunque su libro L’an cinq de la Révolution Algérienne testimonia el valor y la fortaleza de la mujer revolucionaria argelina – mostrando cómo la integración en el FLN revolucionó su posición social, Fanon ve su fuerza no en la experiencia liberadora de la igualdad impuesta por la vida de comandos, sino en la tradición patriarcal musulmana:

“La verdad es que bajo condiciones normales, debe haber una interacción entre la familia y la sociedad en general. El hogar es el fundamento de la verdad de la sociedad, pero la sociedad autentifica y legitima la familia. La estructura colonial es la negación misma de esta justificación recíproca. La mujer argelina, al imponerse a si misma tal restricción, al escoger una forma de existencia de alcances limitados; profundizaba su conciencia y se preparaba para el combate.”

Fanon tiene razón al afirmar que después de participar en la lucha de liberación nacional la mujer argelina “no podía volver a su antigua manera de pensar y revivir su comportamiento del pasado.” Pero para Fanon, como para los narodniki, el mismo atraso social y cultural de las masas es una fuente de su capacidad revolucionaria. Los narodniki, los demócratas radicales pequeñoburgueses por excelencia, negaban el carácter burgués de la revolución democrática, es decir, la revolución agraria, la independencia nacional y los derechos democráticos, que constituían los parámetros de su programa. Para los narodniki, para Fanon y el régimen oficial argelino y para sus varios apologistas estalinistas-maoístas-pablistas, tales regímenes son “socialistas” a pesar de su incapacidad para llevar a cabo tan siquiera las tareas democráticas elementales de la revolución burguesa. Lo que resulta es un nacionalismo tercermundista, profundamente antidemocrático, feudalista y en este caso integralista islámico.

La mujer y la Revolución Rusa

Si la experiencia de la revolución argelina es la confirmación negativa de la Revolución Permanente, la Revolución Bolchevique de 1917 fue una confirmación tanto positiva como negativa. La Revolución Rusa surgida de la experiencia cataclísmica de la guerra mundial en un país que, como los países coloniales, combinaba la más avanzada tecnología capitalista – industrias que se encontraban completamente fusionadas con el capital financiero y como tales en última instancia controladas por las bolsas de Europa Occidental – con las instituciones medievales más retrógradas. A la vez Rusia misma era la prisión de naciones, una potencia imperialista con apetitos expansionistas en el Asia Menor y los Balcanes. Dado el retraso de su desarrollo burgués, Rusia se saltó la fase que nutre a una pequeña burguesía urbana vigorosa con instituciones e ilusiones democráticas fuertes. Cuando la mujer radicalizada de la intelligentsia entraba en la política, no lo hacía como feminista o sufragista, sino como terrorista. Según los informes del ministro de justicia zarista, el conde Pahlen, de las 620 personas que comparecieron ante los tribunales por actividades revolucionarias durante la década de los 70 del siglo pasado, 158 eran mujeres. Entre los 29 miembros integrantes del Comité Ejecutivo Central de Narodnaya Volya (Libertad Popular) en 1879 había diez mujeres. Uno de los miembros de este grupo, Sofya Peroskaya, dirigió el asesinato de Alejandro II.

La actividad terrorista de las mujeres radicalizadas provenientes de la clase media fue el preludio de las combativas batallas de clase de las trabajadoras rusas. Concentradas principalmente en las industrias textiles, estuvieron a la vanguardia del movimiento huelguístico de finales de la década de 1890. A principios del siglo, feministas burguesas organizaron “Círculos Políticos de Mujeres” en San Petersburgo. En el invierno de 1907-1908 los socialdemócratas rusos organizaron la “Mutualidad de Trabajadoras”. Cuando las feministas burguesas organizaron el primer Congreso de Mujeres de Toda Rusia en 1908, las “mujeres socialdemócratas estaban representadas por su propio grupo de clase aparte, en número de 45. Habiendo aprobado sus propias resoluciones independientes en todas las cuestiones, las trabajadoras finalmente abandonaron ese congreso de ‘damas’” (A. Kollontai, La lucha de las mujeres trabajadoras por sus derechos, 1918).

Una de las diferencias entre los Bolcheviques y Mencheviques era si debería organizarse un grupo independiente de mujeres proletarias o participar en los grupos de feministas burguesas. Después de la escisión final entre Bolcheviques y Mencheviques en 1912, los Bolcheviques se distinguieron por continuar la lucha por atraer a las mujeres proletarias al movimiento revolucionario. Los Bolcheviques iniciaron la publicación de Rabotnitsa (Obrera)en 1914 para el Día Internacional de la Mujer. Originado en 1908 en el barrio Lower East Side de Manhattan (Rutgers Square) por trabajadoras de la industria del vestido, su conmemoración fue adoptada por la Segunda Internacional bajo la dirección de Clara Zetkin en 1911. Este día fue celebrado por primera vez en Rusia a instancias de las obreras textiles de San Petersburgo en 1913 y de nuevo en 1914 con marcha y mitin de masas y la primera aparición de la bandera roja en San Petersburgo. La siguiente celebración fue en 1917 y señaló la apertura de la revolución rusa.

Los estalinistas que tratan de meter a la revolución rusa en su esquema etapista pretenden que la Revolución de Febrero fue la etapa democrático-burguesa de la revolución. Aunque la Revolución de Febrero fue burguesa ya que puso a la burguesía en el poder, tuvo muy poco de democrática,  especialmente en lo que respecta a la emancipación de la mujer. La exclusión de la Iglesia y los tribunales eclesiásticos de los asuntos privados del matrimonio y el divorcio no fue logrado sino después, con la dictadura del proletariado. Asimismo, no fue sino hasta después de la Revolución Bolchevique que se hicieron esfuerzos reales por aliviar la esclavitud doméstica de la mujer mediante el establecimiento de guarderías, casas de cuna, atención pre y post natal, comedores y lavaderos públicos.

La Revolución Bolchevique estableció otro principio básico de la Revolución Permanente – la necesidad de dirección proletaria sobre el movimiento campesino. Aunque la revolución agraria fue espontánea, la lucha por incorporar plenamente a las campesinas a la vida pública y política no lo fue. La movilización política de las campesinas requirió valientes y persistentes esfuerzos de las mujeres del partido Bolchevique, muchas de ellas reclutadas de las fábricas textiles de San Petersburgo que habían estado a la vanguardia de la lucha de clases rusa durante las tres décadas previas a la Revolución. Organizadas en las secciones especiales del Partido Comunista dedicadas a arrastrar a las masas de mujeres oprimidas a la causa de la revolución, cuadros del partido, frecuentemente vestidas de paranyas y eluchvons (la indumentaria con el velo usado por las mujeres en los territorios musulmanes de la Unión Soviética) llevaban el mensaje de la revolución a las regiones más atrasadas de Rusia. Para llegar a las mujeres de las tribus nómadas, las secciones de mujeres del PC organizaban “Yurtas Rojas”, grandes tiendas de campaña que dispensaban propaganda tanto médica como política. Sus esfuerzos culminaron con la Primera Conferencia de Mujeres Proletarias y Campesinas de Toda Rusia en noviembre de 1918, a la cual asistieron 1.700 delegadas. Una de las participantes describió la conferencia como sigue:

“En 1918, cuando ardía la guerra civil, cuando todavía teníamos que luchar contra el hambre, el frío y devastación sin precedente, cuando aún era necesario derrotar al enemigo en innumerables frentes, en esta coyuntura se convocó a la conferencia de mujeres proletarias y campesinas. Centenares de trabajadoras, de las fabricas y aldeas más remotas habían venido a Moscú con sus quejas, reclamos e duda, con todas sus aflicciones grandes y pequeñas…”

—F.W. Halle, Women in Soviet Russia, 1933.

Termidor revierte las conquistas

Mas la Unión Soviética, país económicamente atrasado para empezar, azotado por la intervención imperialista y la guerra civil, acorralado y bloqueado por potencias capitalistas hostiles, fue incapaz de sentar las bases económicas para la construcción del socialismo; sólo podía “generalizar la miseria”. Lenin y Trotsky comprendían que, de la misma manera que la revolución democrática debe devenir en revolución socialista para realizar las tareas democráticas de la revolución, la revolución socialista debe devenir directamente en revolución mundial. El no haberse extendido la revolución condujo a la toma del poder por la conservadora burocracia estatal bajo Stalin que convirtió el aislamiento de la Unión Soviética de una profunda derrota en una “victoria” retórica con la doctrina nacionalista y antimarxista del “socialismo en un solo país”. Al consolidarse Stalin en el poder, la nueva élite gobernante requirió también del resucitamiento de la familia monógama como baluarte de este “socialismo” nacional – de la misma manera que constituyó un baluarte de la contrarrevolución política fascista en los países capitalistas.

La contrarrevolución política estalinista sencillamente echó a rodar en reversa la película de la revolución sobre la cuestión de los derechos de la mujer. Las secciones del partido para el trabajo entre mujeres fueron liquidadas en 1934; la homosexualidad se convirtió en delito en 1934; el aborto, que había sido legalizado en 1920, fue proscrito en 1936; de 1935 a 1944 el divorcio se hizo cada vez más oneroso y complicado; y en 1944 fue abolida incluso la educación mixta. Para lograr estas medidas. Stalin se basó en la influencia conservadora de los campesinos, que en general fueron los únicos que les dieron buena acogida.

Naturalmente, a cada etapa los apologistas estalinistas se las arreglaban para encontrar razones sociales y económicas para cada una de las medidas contrarrevolucionarias de Stalin. Como dijo Trotsky en La revolución traicionada, “La familia no puede ser abolida: hay que reemplazarla. La emancipación verdadera de la mujer es imposible en el terreno de la ‘miseria generalizada’.” Así que incluso el gobierno revolucionario de Lenin y Trotsky tuvo que enfrentarse a problemas horrendos, especialmente en lo concerniente a la familia y la emancipación de la mujer. Por ejemplo, en 1922 Krupskaya, esposa de Lenin, calculaba que había siete millones de niños sin hogar, en tanto que Lunacharsky, Comisario de la Educación, estimaba que había nueve millones. ¡Y la adopción tuvo que ser proscrita en 1926 para impedir la explotación de la mano de obra infantil por el campesinado! La principal “conquista” de Stalin fue el convertir las condiciones difíciles en la excusa para entregar todo el poder a una camarilla gobernante conservadora y contrarrevolucionaria que se adaptó al atraso para sobrevivir.

La mujer bajo el estalinismo tercermundista

En Yugoslavia, China, Vietnam del Norte y Cuba, direcciones pequeño burguesas al mando de ejércitos basados en el campesinado lograron destruir el capitalismo debido a circunstancias históricas excepcionales, a pesar de sus programas “democráticos” totalmente procapitalistas. Este sólo hecho les ha permitido a estos países jugar un papel independiente de la subordinación económica y política directa al imperialismo; esto es, les ha permitido cumplir la tarea fundamental de la revolución anticolonial. Mas estas victorias ocurrieron como confrontaciones militares en las que las fuerzas aliadas de los imperialistas y las burguesías nativas fueron derrotadas a pesar del empeño de las direcciones “revolucionarias” por traicionar la lucha a cambio de una “revolución” prudentemente contenida dentro de los límites del capitalismo (tal como sucedió en Argelia y en la mayoría de las situaciones similares). El proletariado, víctima de anteriores derrotas, carecía de dirección y no pudo participar como contendiente activo por el poder en estas revoluciones.

Como consecuencia, lo que resultó no fue la democracia proletaria, sino regímenes tan burocráticamente deformados como el que surgió de la degeneración de la revolución en la Unión Soviética – es decir, estados obreros deformados. Dentro de estos regímenes, una vez más la emancipación de la mujer resulta el indicador más exacto para medir la emancipación general. Aunque se ha otorgado la igualdad formal a las mujeres, no se ha hecho ningún esfuerzo concertado y consecuente por liberarlas de la esclavitud doméstica. A pesar de que las mujeres han ampliado su acceso a actividades socialmente productivas, se les restringe generalmente a aquellas áreas que son una simple extensión de las labores domésticas, tales como los textiles y la enfermería. En Vietnam del Norte, después de 26 años de guerra, a las mujeres aún no se les permite desempeñar posiciones de combate en el ejército regular. Y únicamente las exigencias de la guerra han obligado a la burocracia norvietnamita a establecer guarderías. El control de la natalidad y el aborto se legalizan o se proscriben al antojo de la burocracia.

Políticamente, las mujeres no se encuentran ni más ni menos privadas de derechos que sus esposos en ausencia de la democracia proletaria. Debido a la inexistencia de secciones especiales del partido para el trabajo entre las mujeres, no hay vehículos idóneos para prepararlas y equiparlas para ingresar al partido. El reclutamiento de mujeres se hace generalmente por medio de la exhortación moral. La gran mayoría de las mujeres son apartadas a la Federación Democrática de Mujeres de la localidad donde pueden difundir peticiones a favor de la paz, la justicia y la igualdad. En China, la Federación Democrática de Mujeres, que en un tiempo decía contar con una militancia de 70 millones, era encabezada por la esposa de Liu Shao-chi, ¡fue por tanto abolida por la Revolución Cultural!

En los países coloniales y atrasados, las clases pequeñoburguesas oprimidas por el feudalismo y el imperialismo, particularmente el campesinado, son más numerosas que el proletariado. Para llegar al poder, el proletariado debe movilizar a estas clases tras de sí en la lucha contra el imperialismo y por los derechos democráticos elementales. Sin embargo, el proletariado es la única fuerza consecuentemente revolucionaria y anticapitalista en estos países. Para derrocar al capitalismo e iniciar un camino sin obstáculos hacia el socialismo, la revolución debe hacerse bajo las condiciones dictadas por el proletariado y con su programa. La familia como unidad económica que sojuzga a la mujer podría entonces ser sustituida a través de la socialización de los medios de producción y reproducción de la fuerza de trabajo. Pero la revolución que se basa en el campesinado o en una engañosa amalgama de los intereses de campesinos y obreros (es decir, sobre un programa modificado de un sector de la pequeña burguesía), se encuentra con que para el campesinado la familia es la unidad económica existente de la agricultura en pequeña escala, en contraposición a las fábricas e industrias socializadas del proletariado. Al contrario de los obreros, los intereses de clase de los campesinos están basados en la profundización de la propiedad privada de pequeñas parcelas, lo cual implica la retención de la estructura familiar. Pero los campesinos son incapaces de reorganizar la sociedad. Su influencia conservadora solo puede ser contrarrestada mediante la dirección obrera.

De modo que la interrelación entre la cuestión de la tierra y la familia es una cuestión clave para entender el zigzagueo de los estados obreros degenerado y deformados. Porque la industrialización requiere un excedente de alimentos; un excedente de alimentos requiere la mecanización; la mecanización requiere la industrialización, etc. ¿Como romper este círculo vicioso? La Nueva Política Económica (NEP), acumulación socialista primitiva (el impuesto en especie), la persuasión y el ejemplo fueron los métodos de Lenin y Trotsky. El fíat burocrático, cuyos parámetros son solamente los precipicios de la catástrofe, es el método del estalinismo, que vira del “kulaks, enriquecéis” de Bujarin/Stalin y la Nueva Democracia de Mao a la colectivización forzada y al Gran Salto Adelante. Durante el Gran Salto Adelante y la colectivización forzada de Stalin, las mujeres fueron alentadas a participar en la producción social, y la familia tendió a ser subordinada. Pero estas medidas no correspondían al ritmo real del desarrollo económico, y no se crearon sustitutos para reemplazar a la familia como unidad económica. Los regímenes estalinistas se vieron así obligados a fortalecer la estructura familiar como la única forma no revolucionaria de salir del caos que habían creado y para conciliar a los campesinos enfurecidos. El proletariado, precisamente la clase para la cual la familia no desempeña ningún papel económico, está destinada por la historia a encabezar la lucha por la emancipación de la mujer.

La mujer y la revolución permanente

Aunque la explotación de clase es el eje principal de la lucha social, no es ésta la única forma de opresión social. La insensibilidad a las formas especiales de opresión -nacional, racial y generacional así como sexual- es una forma de oportunismo. El economicismo, la ideología de los burócratas de los sindicatos y sus acólitos, prospera en tal oportunismo. Sin embargo, el negarse a ver la trabazón existente entre la opresión especial y la lucha de clases, el proponer otras vías (como el feminismo burgués) que la lucha de clases para resolver la cuestión de la opresión especial, es a la vez reaccionario y utópico. Debido a que la cuestión de la familia y de la opresión de la mujer es fundamental a la sociedad de clases, la solución sólo puede ser la extirpación global de la propiedad capitalista y la preparación para la sociedad comunista sin clases. Solamente un partido proletario internacional, consciente de sus tareas y su misión, puede ofrecer la dirección necesaria para tal levantamiento.

El frente popular: peligro para la clase obrera

El frente popular: peligro para la clase obrera

Esto fue originalmente impreso en inglés en Workers Vanguard no. 14, diciembre de 1972. Esta versión fue impresa en español en Cuadernos Marxistas no. 3

Ante las continuas concesiones del gobierno del frente popular, la burguesía chilena se está movilizando para la contrarrevolución. Tras una fachada de evolución, la sociedad chilena se ha polarizado hondamente y está avanzando hacia una explosión, una embestida contrarrevolucionaria frente a la cual el proletariado está indefenso. Mientras que las fuerzas de la represión se preparan para el enfrentamiento y la pequeña burguesía se pasa al campo de la reacción, la clase obrera está desnuda, sin órganos de doble poder, sin armas, sin vanguardia.

El gobierno de la Unidad Popular (UP) de Salvador Allende no defenderá a las masas proletarias y campesinas contra la salvaje movilización reaccionaria, porque la única defensa es la movilización independiente del proletariado en su propio interés de clase revolucionario, y el gobierno de la Unidad Popular está dedicado a la subordinación del proletariado a los llamados “sectores progresivos de la burguesía nacional”. La trágica derrota que amenaza a las masas chilenas tiene muchísimos precedentes: la desastrosa política de Stalin de alianza con Chiang Kai-shek, que llevó directamente a la estrangulación de la Revolución China en las masacres de Shanghai y Cantón en 1927; la sangrienta derrota de la revolución española de 1937 y la firme instalación de la dictadura de Franco; la matanza de más que medio millón de obreros y campesinos indonesios en 1965 resultado de la política maoísta de “coexistencia pacífica” con Sukarno; la traición inminente por el FLN/ RDV estalinista de los veinticinco años de lucha de las masas vietnamitas.

En Chile se puede ya mascar lo que se avecina al poner Allende a veinticuatro provincias bajo control militar (diciéndole a los obreros que se queden en casa) cuando capitula ante la movilización reaccionaria de la pequeñaburguesía, cuando consolida la posición de la élite militar, cuando dispara contra los campesinos que están cogiendo las haciendas abandonadas, y cuando arresta a obreros y estudiantes que tratan de impedir que manifestaciones fascistas invadan las calles. Como Torres en Bolivia, Allende está demostrando que su lealtad fundamental está con la burguesía y como Torres permitirá que tanto él como su coalición de frente popular sean eliminados del poder antes que desatar las fuerzas de la clase obrera.

Revolución por etapas

Uno de los mitos alentados por los mencheviques chilenos de última hora (el PC y el PS de Allende) es que la clase dirigente chilena es una aristocracia feudal terrateniente. A partir de esta suposición deducen que es necesaria una revolución en dos etapas: “primero” una alianza anti-feudal con la burguesía nacional “progresista” para realizar las tareas democráticas y nacionales, y “más tarde” (es decir, nunca) una revolución socialista. ¡Pero hasta la suposición es falsa! Chile, como la mayoría de las naciones latinoamericanas, logró su independencia de España en las guerras nacionales que siguieron a los levantamientos de 1810. Estas guerras fueron dirigidas por hombres como Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar y Antonio Sucre. Fueron revolucionarios burgueses, casi todos francmasones; ligados íntimamente al imperialismo británico. Representaban los intereses de una burguesía comerciante, minera y terrateniente que tenía conexiones íntimas con el mercado mundial. Durante este siglo, esta misma clase se extendió a la industria ligera, pero sin dividirse en sectores agrarios e industriales, y aún menos en segmentos “oligárquicos” y “progresistas”. La familia Edwards en Chile, símbolo de los monopolistas, es un gran terrateniente (capitalista), dueña de varias industrias, accionista mayor del Banco de Londres y Sudamérica, dueña del periódico El Mercurio y una fuerza importante en el Partido Nacional.

Chile es un país predominantemente urbano con un fuerte movimiento obrero desde hace 100 años. Ya en 1907 un 43 por ciento de la población era urbana; hoy es más de tres cuartos urbana. El primer sindicato (el de los obreras del ferrocarril) fue fundado en 1852, y la base principal del movimiento obrero fue asentada en las “sociedades de resistencia” de los mineros del nitrato construidas en las regiones norteñas durante la década de 1890. La primera federación nacional de obreros, la Gran Federación Obrera Chilena, fue establecida en 1909, y en 1912 el Partido Socialista Obrero fue fundado por Luis Emilio Recabarren, un socialista de izquierdas semejante al norteamericano Eugenio Debs. En 1921 Recabarren llevó al partido a la Internacional Comunista, convirtiéndose en el primer y mayor PC en Latinoamérica (tenia aproximadamente cincuenta mil miembros antes de la elección de Allende). Hoy, aproximadamente 35 por ciento de los obreros están sindicados (comparado con aproximadamente 25 por ciento en los Estados Unidos), y casi un 20 por ciento están en la Central Única de Trabajadores (CUT), dirigida por el PC con grandes minarlas del PS y del PDC.

En contradicción con lo que pretende la mitología burguesa, la historia de la lucha de clases en Chile está impregnada de violencia. Desde la masacre de los mineros del nitrato en Iquique en 1907 (más de 2.000 fueron segados por las ametralladoras) al ataque de la Democracia Cristiana contra los huelguistas de El Teniente en 1966, la clase dirigente de Chile nunca ha titubeado en utilizar al ejército y a la policía para proteger sus intereses de clase. Aún más, el PC fue declarado ilegal durante la mayor parte de su historia, durante los años 1925-35 y 1948-58.

El gobierno de frente popular

El gobierno de la UP de Allende es el producto de una coalición electoral entre el Partido Socialista, el Partido Comunista, el Partido Radical (el partido clásico de la burguesía liberal en Chile) y varios partidos menores de la pequeña burguesía (el MAPU, el API, el PSD). Es un frente popular clásico ― esto es, una coalición de partidos obreros y partidos burgueses “progresistas”. A pesar de la base obrera del gobierno de la Unidad Popular (el voto por los partidos burgueses es apenas un quinto de los votos combinados de los partidos obreros), la burguesía está fuertemente representada. La coalición no podría haber ganado una pluralidad sin los radicales, incluyendo y especialmente su ala derecha. A pesar del pequeño número de votos por el Partido Radical, el primer gabinete de Allende contuvo una mayoría de ministros burgueses.

Para poder tomar posesión de su cargo Allende tuvo que llegar a un compromiso con la Democracia Cristiana, el partido burgués dominante hoy en día. (La UP obtuvo sólo una pluralidad ―36 por ciento del voto― y la elección de Allende por el Congreso dependía del apoyo del PDC.) Este compromiso fue codificado en un “Estatuto de Garantías Constitucionales” ― enmiendas constitucionales que declaraban ilegal el formar milicias privadas (tales como milicias obreras) o dar puestos a oficiales de la policía o militares que no se hubieran entrenado en las academias oficiales (asegurando así el firme control de las fuerzas armadas por la élite militar establecida). En el Congreso, ningún programa de Allende puede ser aprobado sin el apoyo del PDC, y desde junio de 1972 la UP ha tratado repetidamente de inducir a la Democracia Cristiana a que entre en el gobierno. Y de postre, Allende nombra ahora a unos generales para encabezar tres ministerios claves, incluyendo al comandante en jefe del Ejército, el General Prats, como Ministro del Interior (encargado de la policía).

La mejor expresión del carácter del gobierno de Allende viene dada por el PC, el partido más consistente de la coalición. En un importante reciente artículo Orlando Millas, miembro del Comité Político del PC, escribe:

“Chile se ha dado un Gobierno Popular correspondiente a una democracia avanzada que asegura condiciones favorables a la lucha por el socialismo. En esta democracia avanzada, con este Gobierno Popular… se requiere una política certera… de alianza suyas con las masas populares de la ciudad y del campo y con la pequeñoburguesía y la burguesía pequeña y media. Para aislar al imperialismo, a los terratenientes y a la oligarquía financiera.

“El Gobierno Popular es la resultante de la política patriótica de vinculación del proceso revolucionario con el desarrollo democrático en el curso de cuya aplicación la clase obrera… tomó en sus manos las reivindicaciones legítimas de todas las clases y capas sociales antiimperialistas y antioligárquicas.”

Punto Final 23 de junio, 1972

Frentes populares no son nada nuevo en la historia de Chile; el país ha pasado por varios entre los años 1938 a 1948, empezando por la coalición PC-PS-Radical bajo Pedro Aguirre Cerdá (en el cual Allende mismo fue ministro por el PS). Varias reformas de la beneficencia social fueron llevadas a cabo bajo estos gobiernos de colaboración de clases, pero el resultado neto para el proletariado chileno fue la derrota: los sueldos cayeron de 27 por ciento a 21 por ciento de la renta nacional durante 1940-1963, mientras que los beneficios aumentaron tremendamente; se fortalecieron los partidos de la derecha y se desorganizaron los sindicatos. El principio del fin vino en 1947 cuando el Presidente Videla proscribió a su asociado en la coalición, el PC, (supuestamente a causa de la huelga de los mineros) y detuvo a cientos de líderes obreros en campos de concentración. (El PS ayudó a romper la huelga y después entró en el gobierno de Videla.) Durante todo el período no se hizo nada sobre la reforma agraria.

Allende, por supuesto, aduce que este frente popular actual es diferente:

“… sí bien es cierto que estábamos los mismos partidos que hoy día, la hegemonía la tenía el Partido Radical, que era el partido de la burguesía y ésa es la diferencia que existe hoy día entre la Unidad Popular y el Frente Popular: en la Unidad Popular… hay una clase hegemónica, la clase obrera, y hay un presidente socialista marxista.”

― R. Debray, Conversación con Allende

Pero ni esto es nuevo. Exactamente esta misma situación existió en el gobierno del frente popular español bajo el “socialista de izquierdas” Largo Caballero. Como Trotsky señaló:

“El hecho que más sorprende políticamente, es que en el Frente Popular Español no hay siquiera, en esencia, paralelogramo de fuerzas: el lugar de la burguesía está ocupado por su sombra. Por intermedio de los estalinistas, de los socialistas y de los anarquistas, la burguesía española ha subordinado a su control al proletariado, sin tomarse el trabajo de participar en el Frente Popular… No quedaron en el campo republicano más que los deshechos insignificantes de las clases poseedoras, los señores Azaña, Companys y sus semejantes, abogados políticos de la burguesía, pero de ningún modo ella misma… No representaban más que a ellos mismos. No obstante, gracias a sus aliados socialistas, estalinistas y anarquistas, esos fantasmas políticos jugaron en la revolución un rol decisivo. ¿Cómo? Simplemente, en tanto que encarnación del principio de la ‘revolución democrática’, esto es, de la inviolabilidad de la propiedad privada.”

― Trotsky, Lecciones de España – Ultima advertencia, 1937

Un frente popular con la “sombra” de la burguesía es todavía un frente popular. La “Revolución Española” murió en su infancia, a pesar de la lucha heroica de las masas, porque los dirigentes de las organizaciones obreras tradicionales rehusaron romper con la burguesía y movilizar al proletariado por el socialismo.

Fueron los socialdemócratas Scheidemann y Noske, los verdugos de la revolución alemana, los que llamaron a la unidad de explotadores y explotados. Fue Stalin el que inventó la “teoría” del frente popular en su pánico por obtener una alianza con las burguesías “democráticas” de Inglaterra y Francia contra Hitler. En 1917 fueron los mencheviques los que se aliaron con los Kadetes burgueses (el Partido Democrático Constitucional) en el Gobierno Provisional. Lenin denunció esta traición terminantemente, contraponiendo la demanda “Abajo los diez ministros capitalistas” ― por un gobierno de los partidos obreros únicamente. El Cuarto Congruo de la Internacional Comunista insistió claramente en este punto:

“Los partidos de la Segunda Internacional tratan de ‘salvar’ la situación… aconsejando y formando un gobierno de coalición de partidos burgueses y socialdemócratas… A esta coalición burguesa socialdemócrata abierta o escondida, loa comunistas contraponen el frente único de todos los obreros y una coalición de todos los partidos obrero en la arena económica y política para la lucha contra el poder burgués y por su derrocamiento final… Los deberes primordiales del gobierno obrero deben ser armar al proletariado, desarmar las organizaciones burguesas contrarrevolucionarias, introducir el control de la producción… y romper la resistencia de la burguesía contrarrevolucionaria.

― “Tesis sobre tácticas, 1922

El simple hecho de enunciar la posición leninista revela cuán lejos del leninismo están el gobierno de Allende y sus apologistas.

Las nacionalizaciones de la UP

El programa de la Unidad Popular propugna extensas nacionalizaciones. El “Programa de Gobierno” de la Unidad Popular de 1970 declara:

“Las fuerzas populares unidas buscan como objeto central de su política remplazar la actual estructura económica, terminando con el poder del capital monopolista nacional y extranjero y del latifundio, para iniciar la construcción del socialismo….

“El proceso de transformación de nuestra economía se inicia con una política destinada a construir un área estatal dominante… Así, quedarán integrando este sector de actividades nacionalizadas las siguientes:

1) La gran minería del cobre, salitre, yodo, hierro y carbón mineral.2) El sistema financiero del país, en especial la banca privada y seguros.

3) El comercio exterior.

4) Las grandes empresas y monopolios de distribución.

5) Los monopolios industriales estratégicos.

6) En general, aquellas actividades que condicionan el desarrollo económico y social del país, tales como la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución del petróleo y sus derivados, incluido el gas licuado; la siderurgia, el cemento, la petroquímica y química pesada, la celulosa, el papel.”

Y muchas de estas nacionalizaciones han sido llevadas a cabo. Las grandes minas del cobre (El Teniente, Chuquicamata, El Salvador, Exótica) de los monopolios Kennecott y Anaconda son hoy propiedad del estado. También han sido nacionalizadas las minas de nitrato, hierro, yodo y carbón de piedra; casi todos los bancos privados (domésticos y extranjeros); el comercio exterior; varias grandes fábricas papeleras, textiles y del auto.

Pero este programa no sobrepasa los límites del capitalismo. De hecho, este programa ayuda a ciertos sectores de la burguesía industrial. El programa mismo subraya que no se nacionalizarían más que 150 de las 30.500 empresas ―y los dueños serían compensados. La industria quedaría en gran parte intacta. La reforma agraria es simplemente la ley del previo gobierno de Frei (PDC), que deja exenta 80 hectáreas de tierra de regadío (o su equivalente, que son 800 hectáreas en las regiones ganaderas), también proveyendo compensación total. La primavera pasada, cuando el Ministro de Economía Vuskovic (PS) propuso una lista de 91 grandes compañías que deberían ser nacionalizadas, esto provocó una alborotada protesta por parte de la Democracia Cristiana y finalmente su caída. La lista fue olvidada. El programa de la UP no expropia a la burguesía como clase.

Reclamamos, en palabras del “Programa de Transición” de Trotsky, “el programa socialista de la expropiación, vale decir, de la destrucción política de la burguesía y de la liquidación de su dominación económica.” Como señala el “Programa de Transición”:

“La diferencia entre estas reivindicaciones y la consigna reformista demasiado vieja de ‘nacionalización’ consiste en que 1) Nosotros rechazamos la indemnización; 2) Prevenimos a las masas contra los charlatanes del Frente Popular que mientras proponen la nacionalización en palabras, siguen siendo, en los hechos, los agentes del capital; 3) Aconsejamos a las masas a contar solamente con su fuerza revolucionaria; 4) Ligamos el problema de la expropiación a la cuestión del poder obrero y campesino.”

En Ghana, bajo Nkrumah, o en Argelia y Egipto hoy, se han llevado a cabo reformas agrarias en gran escala, y el control estatal de la banca, del comercio exterior y de gran parte de la industria. En Italia la mayor parte de la industria está en manos de gigantescos trusts de estado, el IRI y el ENI, como herencia del fascismo. Pero mientras la burguesía siga existiendo como clase, controlando los medios de producción importantes, ningún número de nacionalizaciones cambiará el carácter de la economía: es capitalista.

El carácter de clase del estado

El programa de la UP reclama una “Asamblea Popular”:

“Una nueva Constitución Política institucionalizará la incorporación masiva del pueblo al poder estatal. Se creará una organización única del Estado estructurada a nivel nacional, regional y local que tendrá a la Asamblea del Pueblo como órgano superior de poder…. Los integrantes de la Asamblea del Pueblo y de todo organismo de representación popular estarían sujetos al control de los electores… que podrán revocar sus mandatos.”

― “Programa de Gobierno” de la UP, 1970

Pero esto es solamente un gesto para encauzar el odio que las masas tienen por el estado de los patronos hacia el reformismo. Mientras que el ejército burgués y la policía reinen supremos y la clase obrera permanezca desarmada, mientras que el proletariado no esté organizado en sus propios órganos de poder de clase (soviets), independientes del estado burgués, no existirá ni siquiera un doble poder, mucho menos un estado obrero. Una “Asamblea Popular” sería un parlamento burgués modificado y nada más.

En el centro está la cuestión del poder estatal. El ejemplo chileno es la encarnación de la llamada “vía pacifica al socialismo”. Allende se refiere a esto como la esencia de la “vía chilena”:

“Las circunstancias en Rusia en 1917 y las de Chile ahora son muy diferentes. Nuestro método revolucionario, el método pluralista, fue anticipado por los teóricos marxistas clásicos pero nunca ha sido puesto en práctica antes… Chile hoy es la primera nación en el mundo que ha puesto en práctica el segundo modelo de transición a una sociedad socialista….

“Los escépticos y los profetas de la ruina dirán que esto no es posible. Dirán que un parlamento que ha servido a las clases dirigentes con tanta eficacia no puede transformarse en el Parlamento del Pueblo Chileno. Aún más, han declarado enfáticamente que las Fuerzas Armadas y el Cuerpo de Carabineros… no consentirán en garantizar la voluntad del pueblo si éste se decidiera al establecimiento del socialismo en nuestro país…

“Ya que el Congreso Nacional está basado en el voto del pueblo, no existe nada en su naturaleza que impida que se transforme para volverse, de hecho, el Parlamento del Pueblo. Las Fuerzas Armadas y los Carabineros, fieles a su deber y a su tradición de no-intervención en el proceso político, apoyarán a una organización social que corresponde con la voluntad del pueblo…

“Si no se desata la violencia contra el pueblo, seremos capaces de cambiar las estructuras básicas sobre las que descansa el sistema capitalista en una sociedad democrática, pluralista y libre, y de hacer esto sin la innecesaria fuerza física, sin desorden en las instituciones, sin desorganizar la producción…”

― “Primer mensaje al Congreso”, 1970

No hay nada nuevo en esta “teoría” de la “vía chilena”. El himno triunfal de Allende a una “sociedad democrática pluralista y libre”, la descripción de Millas de Chile como una “democracia avanzada” ― que lindamente corren parejas estas ideas con la declaración del revisionista Kautsky de que “la dictadura del proletariado era para Marx una condición que necesariamente se desarrolla dé la democracia pura, si el proletariado forma la mayoría”. Marx sin embargo, desautorizó este concepto en una sola frase:

“La Comuna ha demostrado, sobre todo, que ‘la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios fines’.”

― Marx y Engels, Prefacio a la edición alemana de 1872 del Manifiesto Comunista

Y Engels podía haber estado hablando específicamente a los reformistas chilenos cuando escribió:

“¿Han Visto estos caballeros alguna vez una revolución? Una revolución es ciertamente la cosa mis autoritaria que existe; es un acto por el cual una parte de la población impone su voluntad sobre la otra por medio de rifles, bayonetas y cañones ― siendo todos ellos medios muy autoritarios. Y el grupo que triunfa tiene que mantener su mandato por medio del terror que sus armas inspiran en los reaccionarios.”

― Engels, “Sobre la autoridad”

Chile ―esta “democracia avanzada”― tiene el ejército más grande, en comparación con su población, de cualquier país en Latinoamérica, y una de las mayores burocracias. En Chile hoy existe la dictadura de la burguesía, presidida por un gobierno de frente popular que incluye los partidos obreros más grandes. Hasta que sea aplastadopor una clase obrera armada y políticamente consciente, seguirá reprimiendo a las masas explotadas en interés del capital.

Después de las elecciones de septiembre de 1970, existía una actividad considerable de la derecha que trataba de impedir que Allende tomase el poder. Como establecieron los documentos de la ITT, el embajador de los EE.UU. y la CIA estaban en contacto estrecho con el General Viaux, que a su vez estaba implicado en el asesinato del General Schneider, el jefe de las fuerzas armadas, en un intento de provocar un golpe militar. Los demócratas cristianos, sin embargo, pusieron todo su empeño en domesticar a Allende. Cuando la UP, después de protestas iniciales, firmó el “Estatuto de Garantías Constitucionales”, aún el reaccionario Partido Nacional apoyó su elección en el Congreso. En su mensaje inaugural, Allende prometió respetar la “legalidad” y exhortó al “trabajo y sacrificio” a las masas en el “nuevo” Chile.

Durante 1971 el gobierno de la UP llevó a cabo varias medidas progresivas. Con el consentimiento del PDC Allende nacionalizó las minas de cobre, hierro, salitre y otras minas en manos de monopolios extranjeros. Utilizando leyes que han estado en los libros desde los años 30, decretó la nacionalización de varias fábricas textiles e industrias ligeras en manos de compañías estadounidenses. Por medio de negociaciones el gobierno compro las acciones de casi todos los bancos privados, y por decreto nacionalizó el comercio exterior.

Envalentonadas, la clase obrera y las masas campesinas tomaron centenares de haciendas y fábricas. Un grupo medio castrista, medio “nueva izquierda”, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) dirigió mis de 300 tomas de haciendas en los primeros meses del gobierno de la UP, y organizó muchas de las “poblaciones callampas” (barriadas pobres ilegales) alrededor de la capital. Los obreros industriales, casi todos bajo la dirección sindical del PC tomaron varias fábricas, destacándose una fábrica de asamblaje de la Ford y catorce fábricas textiles. A principios de 1971 subieron los sueldos mientras que los precios permanecieron en su mayor parte bajo control. Resultando en un aumento real de salarios de 30-40 por ciento.

Pero el gobierno de la UP pronto quedó desenmascarado como el agente de la clase capitalista, defensor de la propiedad privada y de la legalidad burguesa. En respuesta a una campaña de presión de las derechas, el gobierno, comenzando a mediados de 1971, se ha opuesto por la fuerza a las invasiones de tierra de los campesinos, produciendo seis muertos y decenas de presos solamente en la provincia de Cautín. El 22 de mayo de este año los Carabineros (la policía nacional) atacaron en Concepción a una importante contramanifestación anti-derechista compuesta de los partidos de la UP, la federación laboral, y el MIR y detuvieron a 80, casi todos miristas. El ataque fue dirigido por el “Grupo Móvil” la elite de la policía que el programa de la UP había prometido desmantelar. Durante los recientes motines de las derechas el gobierno una vez más se concentró en arrestar a izquierdistas, y puso al país bajo control militar. (En ese mismo momento las marinas chilena y norteamericana llevaban a cabo maniobras conjuntas a corta distancia de la costa.) El día después de que Allende instalara a tres ministros militares, las oficinas centrales de su propio PS sufrieron una redada de la policía en busca de armas ― con una autorización obtenida por el grupo fascista Patria y Libertad. Frente a estos ataques crecientes de la derecha, la UP mantiene solemnemente que la tarea principal es ¡“ganar la batalla de la producción”!

Allende se ha echado atrás en varios puntos del programa de la UP, capitulando bajo la presión de las derechas. Proyectos de ley que reclamaban una  “Asamblea Popular” y “Tribunales Comunales” fueron dejados a un lado a causa de la resistencia del PDC. En febrero de 1972 Allende consintió a pagar 85 millones de dólares en bonos emitidos por el previo gobierno de Frei:

“La razón es que Chile está intentando organizar un nuevo programa de balanza de pagos de más de 2.000 millones de dólares a sus acreedores de los Estados Unidos y Europa Occidental…. Según fuentes financieras, Chile ha accedido de mala gana a permitir que el Fondo Monetario Internacional revise periódicamente su situación monetaria de créditos y comercial, como parte de un arreglo para obtener el refinanciamiento de su deuda.”

New York Times, 26 de febrero de 1972

Allende todavía se negaba a pagar compensación por las nacionalizaciones de la UP. Pero dos meses más tarde:

“Los Estados Unidos y otras 11 naciones acreedoras han accedido a primeras horas de hoy a conceder a Chile un grado mayor de crédito obteniendo a cambio una promesa de compensación justa por todas las nacionalizaciones conforme a las leyes chilenas e internacionales.”

New York Times, 20 de abril de 1972

Chile en crisis

Al llegar el verano de 1972 el gobierno de la UP había alcanzado una situación de crisis, el apoyo del que gozaba claramente en disminución, como se demostró por las elecciones especiales al Congreso y un aumento dramático en el apoyo a la Democracia Cristiana en la principal federación obrera. Mientras que algunos en el Partido Socialista apremiaron hacia una “aceleración en el ritmo de la transformación revolucionaria” (es decir, más nacionalizaciones), el Partido Comunista reclamó más concesiones:

“Cabe, entonces, poner el acento en la defensa del Gobierno Popular, en su mantenimiento y en la continuidad de su obra. Sería funesto seguir ampliando el número de los enemigos y, por el contrario, deberán hacerse concesiones y, al menos, neutralizar a algunas capas y determinados grupos sociales, enmendando desaciertos tácticos.”

― Orlando Millas, Punto Final, 20 de junio de 1972

Fiel a su tradicional línea reformista Allende remplazó al Ministro de Economía Vuskovic, del PS, por un socialista “menos dogmático” y abandonó la lista de 91 compañías que debían ser nacionalizadas, para “tranquilizar a los círculos financieros” El New York Times, órgano central del imperialismo yanqui, se explayó en hipócritas alabanzas de estas medidas:

“El Presidente Allende ha comenzado a resolver la severa crisis en el seno de la coalición de la Unidad Popular rechazando el consejo radical de su propio Partido Socialista y adoptando el enfoque más moderado y conciliatorio a que apremiaban los comunistas… [Los comunistas] apremian a la consolidación, en vez de la rápida extensión, de los programas sociales y económicos del gobierno de Allende, a negociaciones sobre reforma constitucional con la Democracia Cristiana y a una relación de cooperación con el comercio privado…. Esta decisión puede forzar al presidente a reprimir duramente al MIR… pero esto es infinitamente preferible a una continuación de la polarización… El objetivo de la oposición democrática chilena hoy unida, debe ser siempre no el forzar al Dr. Allende a que abandone la presidencia, sino hacer que su gobierno se adapte a las reglas establecidas del juego.”

New York Times, 20 de junio de 1972

Desde entonces, la UP ha intentado repetidamente convencer a la Democracia Cristiana a entrar en la coalición. El PDC, sin embargo, se está inclinando cada vez más hacia la derecha a medida que la situación se polariza. El crecimiento del grupo fascista Patria y Libertad, y de los comandos armados anticomunistas en el campo y en los barrios urbanos ricos, son otras tantas indicaciones de esta polarización.

Recientemente, una protesta por los propietarios pequeñoburgueses de camiones sobre un plan del gobierno para crear una compañía estatal de transporte se extendió hasta convertirse en una movilización en contra del gobierno por los propietarios de tiendas, los médicos y otros profesionales, los autobuses privados, los dueños de taxis, las compañías constructoras y las escuelas católicas en respuesta a una llamada a “huelga general” de los “sindicatos” y las asociaciones comerciales del PDC. Sus demandas incluían: la supresión de las Juntas de Abastecimiento Precios (las JAP) y de los “comités para la defensa de la revolución” (guardias obreras sin armas); una enmienda constitucional prohibiendo las nacionalizaciones sin aprobación del Congreso; la expulsión de “extremistas” extranjeros; el abandono de los planes para un banco estatal unificado y una compañía estatal de transporte; la reapertura de las emisoras de radio de la derecha; la anulación de todas las sanciones contra los que habían participado en el “paro patronal”.

Frente a esta movilización abiertamente contrarrevolucionaria, Allende abandonó su plan para una compañía estatal de transporte, metió a los militares en el Gabinete e y movilizó al Ejército. En medio de esta crisis, anunció:

“Ya no estamos al borde de la guerra civil… Si quisiéramos, podríamos tener 150.000 personas aquí. La más mínima palabra traería a 15 o 20.000 obreros de la periferia industrial de Santiago para abrir las tiendas. Les hemos dicho que no. La fuerza de este gobierno está en el respeto por la Constitución y la ley.”

Le Monde, 24 de noviembre de 1972

“No espantemos a la burguesía progresista hacia el campo de la reacción”, gritan los estalinistas y los socialdemócratas (aparentemente no se han dado cuenta de que la clase capitalista en su totalidad se pasó al campo reaccionario hace mucho tiempo). Allende está intentando un acto de equilibrio bonapartista sobre una olla hirviendo de antagonismos de clase al rojo. Pero no puede agitar indefinidamente una bandera roja ante la carga de la derecha. Como todo bonapartista, Allende y su gobierno de la UP están descubriendo que tienen que cimentar sus lazos con una de las clases fundamentales de la sociedad: la burguesía o el proletariado.

Sólo la movilización revolucionaria independiente de la clase obrera puede defender aún los derechos democráticos burgueses de las masas contra la brutal reacción. Los revolucionarios tienen que exigir de los partidos obreros: ¡Ruptura con el frente popular ― dividirlo a lo largo de líneas de clase; por la formación de consejos obreros; sólo una política proletaria independiente puede movilizar el apoyo de las masas trabajadoras por un gobierno obrero! Los izquierdistas revisionistas de los EE.UU. y de otras partes, que inicialmente profesaron el agnosticismo como un parapeto tras del cual buscaban perseguir a las masas en que se apoyaba la UP (ver “Frente popular en Chile”,Spartacist no. 19, noviembre-diciembre de 1970) puede que se encuentren pronto con la lección escrita en la sangre de las masas trabajadoras de Chile.

La destrucción del frente popular requiere antes que nada una lucha resuelta en contra de la política reformista del PC y del PS. Algunos quizás esperaban esto de los fidelistas, que hace unos pocos años proclamaban a voces la necesidad de una guerra de guerrillas por todo el continente. La “Declaración General” de la Organización Latinoamericana de Solidaridad de Castro proclamó en 1967:

“5. Que la lucha armada revolucionaria constituye el curso fundamental de la Revolución en América Latina; 6. Que todas las otras formas de lucha deben servir para avanzar y no para retrasar el desarrollo de este curso fundamental, que es la lucha armada.”

Pero en el preciso momento en que importa se ponen a cantar otra canción. Hablando ante los dirigentes sindicales de la CUT en noviembre de 1971, Castro declaro:

“… en los numerosos pronunciamientos que realizó la Revolución en relación al panorama general de América Latina, nosotros siempre veíamos la situación chilena con un carácter diferente… De manera que nunca hubo contradicción alguna entre las concepciones de la Revolución Cubana y los caminos que seguía el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile…”

Hablando ante los obreros de la mina de cobre de Chuquicamata el 14 de noviembre, Castro les exhortó a que moderasen sus demandas salariales y a que trabajasen más duro ya que la mina habla sido nacionalizada.

El MIR: la “nueva izquierda” chilena

En el mismo Chile, la mayor organización política de izquierdas que queda fuera del gobierno de Allende es el MIR, que hasta las elecciones de la UP era un grupo relativamente pequeño. Pero a medida que grandes masas de trabajadores, ilusionados por la victoria de la UP, se fueron desencantando con la política conciliatoria de Allende, el MIR empezó a experimentar un crecimiento importante, y estableció un “Movimiento Campesino Revolucionario” (MCR) y un “Frente de Trabajadores Revolucionarios” (FTR). Aunque ha dirigido combativamente varias demonstraciones de masas y algunas expropiaciones de tierras, el MIR mantiene una actitud ambigua hacia el frente popular de la UP y no puede proveer ninguna claridad política para el movimiento obrero.

Formado en 1965 de una unificación de fidelistas, maoístas y ex-trotskistas (del Secretariado Unificado), las posiciones principales del MIR eran oposición a las elecciones y apoyó a la guerra de guerrillas. En 1961 el MIR se alineó formalmente junto a OLAS, y en 1969 se sumió en la clandestinidad para preparar operaciones de tipo de guerrillas. En abril de 1970 caracterizó al programa de la UP como de “esencialmente reformista de izquierdas”. Pero después de la elección de Allende exhortó a dar apoyo crítico a la misma UP, pidiendo que la UP implementase el programa que el MIR había condenado cinco meses antes.

Inicialmente el MIR se opuso a toda participación en actividades electorales o parlamentarias por principio (una posición que Lenin denominó “infantilismo ultra-izquierdista”), con el eslogan “Fusil, no elecciones”. En abril de 1970 el Secretariado Nacional del MIR declaró que las elecciones no son “más que un mecanismo de auto preservación de la clase dirigente, un método más refinado que la coerción bruta”, y exhortó a la abstención. Pero después de la victoria de Allende, adoptaron un análisis diferente:

“Sostenemos que la victoria electoral de la izquierda constituye un inmenso avance en la lucha del pueblo por la conquista del poder, y objetivamente favorece el desarrollo de un camino revolucionario en Chile…”

Punto Final, 13 de octubre de 1970

En la manera típica de la pequeñaburguesía radical, el MIR sucumbió a la “adoración del hecho consumado”, pasándose del abstencionismo sectario a la capitulación frente a un ejemplo craso de “cretinismo parlamentario”.

A veces el MIR ha llegado a un entendimiento parcial de la tarea fundamental: la expropiación de la burguesía como clase y la destrucción del estado burgués. Los slogans del MIR incluyen: “A Conquistar el Poder para los Trabajadores, A Instaurar un Gobierno Revolucionario de Obreros y Campesinos”. En un discurso el Secretario-General del MIR, Miguel Enríquez, declaró:

“Así, el gobierno de la Unidad Popular si bien hirió intereses de la clase dominante, si bien comenzó a tomar medidas positivas en el terreno económico en general… al no incorporar las masas al proceso y al no golpear el aparato del Estado y sus instituciones…, se hizo cada vez más débil. Ahora bien, son precisamente estas dos medidas: la incorporación de las masas al proceso y los golpes al aparato del Estado, las que definen a un proceso, como revolucionario….”

Punto Final, 9 de noviembre de 1971

Pero el MIR consistentemente pasa por alto el carácter de frente popular de la UP; ignora el hecho crucial de que una alianza con la democracia cristiana y los radicales, abierta o indirecta, es un aspecto básico del programa de la UP. Así, hace extraordinarias declaraciones tales como, “para poder aliarse con el PDC, es necesario frenar el proceso” (Punto Final, 6 de junio de 1972). Pide de Allende que lleve a cabo varios puntos del programa de la UP; le critica con camaradería. En vez de desenmascarar a los reformistas del PC y el PS como los enemigos más perniciosos de las masas chilenas, el MIR vacila y, finalmente, se alinea bajo la bandera de la UP: “El Movimiento de Izquierda Revolucionaria sostiene que a pesar que no concordamos con cada paso de la Unidad Popular, que a pesar de que tengamos diferencias con aspectos de su política, ello no significa que tengamos que ir a una ruptura definitiva con la Unidad Popular” (Punto Final, 9 de noviembre de 1971).  El MIR no ataca directamente la ilusión de una “vía pacífica al socialismo”, simplemente declara de pasada que en algún momento se hará necesaria la lucha armada. De hecho, el MIR ¡ni siquiera reclama el armamento de los obreros!

El MIR se basa principalmente en los campesinos y los pobladores y no en la clase obrera. En el campo, se orienta principalmente hacia los indios y los campesinos pobres y medios, no hacia el proletariado agrícola; entre los obreros, hacia sectores marginales de la clase en vez de los grandes centros mineros. Como los socialistas italianos en 1920, el MIR se concentra en ocupaciones de fábricas y de haciendas, aparentemente ignorando la necesidad decisiva de una lucha política en el movimiento obrero contra la traidora dirección del PS y el PC. En el fondo, el MIR no es una oposición revolucionaria contra el gobierno de frente popular, sino un grupo militante de presión (como lo llamó el New York Times, “un grupo militante operando en la periferia del gobierno de la UP”). Aún las combativas ocupaciones de las haciendas en el Sur de Chile se hicieron con la aprobación de la agencia de reforma agraria.

Un programa revolucionario para Chile

“La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria.” Estas palabras del programa de la Cuarta Internacional, escritas por Trotsky hace casi 35 años, han sido completamente confirmadas en Chile hoy. Las condiciones objetivas para una revolución socialista han existido durante décadas. Por medio de ocupaciones de tierras y de fábricas, movilizaciones de masas contra las fuerzas contrarrevolucionarias, aún en las olas iniciales de entusiasmo con que fueron acogidas las promesas de Allende, los obreros han mostrado repetidamente su deseo por un gobierno propio, por su propia dirección de clase. Pero los líderes tradicionales del movimiento obrero se esfuerzan por encima de todo en atar a las masas a su enemigo de clase. Lo que se necesita es una dirección bolchevique, un partido de vanguardia proletario.

El logro de este lema plantearía a quemarropa una elección perentoria: la dictadura del proletariado o la contrarrevolución burguesa ― guerra de clases abierta. Un arma poderosa para romper el yugo de los traidores de clase es la demanda que los partidos obreros deben “ROMPER CON LA BURGUESIA y SUS PARTIOOS ― FORMAR UN GOBIERNO OBRERO Y CAMPESINO BASADO EN UN PROGRAMA REVOLUCIONÁRIO”. Este slogan pone en evidencia la negativa de los reformistas a romper con el enemigo de clase. Sin expresar ninguna confianza en el deseo de los reformistas de tomar el poder y gobernar en su propio nombre, los bolcheviques deben al mismo tiempo continuar su propia agitación a favor de demandas de transición que constituyen un programa revolucionario para un gobierno obrero. Si se formase un tal gobierno, sería sólo un episodio breve en el camino hacia la dictadura del proletariado; el paso siguiente seria la guerra de clases abierta.

En Chile hoy, como el resultado de más de un siglo de desarrollo capitalista, la clase dirigente en el campo es una burguesía agraria; aparte de las comunidades indígenas hay pocas restricciones feudales en la propiedad de la tierra. El campesinado se caracteriza por un pequeño sector de campesinos medios (19 por ciento de la población agraria), comparado con los campesinos pobres (32 por ciento), los semi-proletarios (inquilinos) (26 por ciento) y el proletariado agrícola (14 por ciento). Por eso la dirección básica en el campo debe ser hacia la organización de los campesinos pobres, los semi-proletarios y el proletariado rural en alianza con la clase obrera urbana. El lema principal debe ser por la “EXPROPIACIÓN INMEDIATA DE LA BURGUESÍA AGRARIA, SIN COMPENSACION”. La forma inmediata de explotación de las haciendas expropiadas sería decidida por comités de campesinos pobres y obreros agrícolas, aunque probablemente comprendería cierto grado de producción colectiva. (La mayoría de los asentamientos de la reforma agraria son cultivados colectivamente, así como las haciendas tomadas.)

Un importante punto en discusión en Chile hoy es la actitud hacia la pequeñaburguesía. Frente a los esfuerzos de la burguesía para atraerse a la clase media a través de su respeto por la propiedad privada, Allende sólo sabe capitular. Como marxistas, nosotros buscamos ganar a los sectores más bajos y más explotados de la pequeñaburguesía por medio de un audaz programa de expropiaciones, planteando la dictadura del proletariado como la garantía de una sociedad estable y democrática, en contra de la anarquía burocrática desenfrenada en Chile hoy. Buscamos el neutralizar a otros sectores de la pequeñaburguesía, incluyendo a los campesinos medios, con garantías contra la colectivización forzada y por medio de crédito barato y un mercado cooperativo. Sin embargo, hacia la burguesía en sí, sólo una actitud es posible: “EXPROPIACIÓN TOTAL DE LA BURGUESÍA, COMENZANDO CON LOS SECTORES CLAVES, NINGUNA COMPENSACIÓN.”

Pero la clave de un programa revolucionario en Chile es la cuestión del poder estatal ― la dictadura del proletariado. Por lo tanto, requerimos la creación de “MILICIAS OBRERAS ARMADAS BASADAS EN LOS SINDICATOS”. Inicialmente dirigidas contra las bandas fascistas, estos serán los instrumentos decisivos para dividir el ejército y derrumbar el estado burgués.

Para movilizar a la clase obrera en su totalidad, y a sus aliados entre los otros sectores explotados de la población, reclamamos la creación de soviets de delegados obreros y campesinos pobres. Como instrumentos para organizar la conquista del poder. Se transformarán en la semilla de la dictadura del proletariado.

El camino a la victoria será arduo. La ausencia de un partido revolucionario de vanguardia es hoy el problema fundamental que afrontan los obreros chilenos. Esta vanguardia debe ser forjada a través de una lucha acerba por un programa de clase, contra el frente popular y los reformistas de la UP que están haciendo lo imposible por estrangular la revolución. Como Trotsky escribió sobre España: “PARA TENER EXITO EN TODAS ESTAS TAREAS, TRES CONDICIONES SON NECESARIAS: UN PARTIDO; OTRA VEZ UN PARTIDO; Y DE NUEVO, UN PARTIDO.”

*Todas las citas seguidas de un asterisco han sido traducidas de una transcripción en inglés, y pueden no coincidir con el original en español.

El trotskismo mundial se rearma

El trotskismo mundial se rearma (extracto)

[extracto de Spartacist (edición en inglés) No. 20, abril-mayo de 1971. En primer lugar tradujo en Spartacist (español) No. 11, diciembre de 1982]

El movimiento trotskista internacional se encuentra frente a una encrucijada definitiva. Las corrientes revisionistas que han dominado al trotskismo mundial en el período pasado están en crisis. Como resultado de desarrollos recientes, más particularmente la explosión de la clase obrera francesa de mayo/junio de 1968 que demostró en forma dramática y nueva la bancarrota de los impresionistas que habían abandonado la estrategia internacionalista proletaria de la revolución, los revisionistas son tan desafiados por el auténtico trotskismo como los maoístas y otras corrientes no marxistas. Aun los más dedicados revisores de la teoría trotskista ahora se ven obligados a discutir en el terreno del leninismo, carcomido y desfigurado en sus mentes por años de abuso, abandono y traición. Los conglomerados que durante años se han disfrazado como tendencias políticas internacionales se han visto forzados, quieran o no quieran, a reabrir los desacuerdos que, de común acuerdo, habían enterrado hace mucho. Nuevas corrientes andan en busca de respuestas a sus preguntas: ¿Qué le sucedió a la IV Internacional? ¿Cómo puede una auténtica política trotskista construirse sobre las cenizas teóricas del revisionismo? Tales corrientes están emergiendo aun en el seno mismo de las llamadas “internacionales” revisionistas.

Los archirevisionistas del Secretariado Unificado (que prefieren ser conocidos como “la IV Internacional”) ya han experimentado escisiones en sus secciones en Alemania, Inglaterra, Argentina, Ceilán y Bélgica. Pero aun más serio en sus términos es la guerra fraccional que se vio en su “IX Congreso Mundial”, celebrado a principios de 1969, oponiendo en primer lugar los grupos europeos (cuya mayor fuerza es la Liga Comunista francesa) a su asociado político en Estados Unidos, el Socialist Workers Party (SWP), una lucha entre el agresivo centrismo de la Liga y el profundo impulso reformista del SWP.

Livio: un “Che” de cafetin 

La disputa principal en el Congreso se centró alrededor de un proyecto de resolución sobre América Latina, entregado por los europeos, cuyo eje fue que el Secretariado Unificado (S.U.) mismo busque manera de iniciar una guerra de guerrillas en un país seleccionado de América Latina. Esta proposición no fue sino la realización lógica de la capitulación política y teórica al castrismo, datando de mucho tiempo atrás, del S. U. Este sostiene que Cuba, después de haber roto con el capitalismo bajo el liderazgo de una formación radical pequeñoburguesa había establecido un estado obrero esencialmente sin deformaciones, a pesar de la falta de una intervención consciente por parte de la clase trabajadora cubana, como clase, y sin la dirección revolucionaria de un partido de vanguardia trotskista. Cuba era, de acuerdo al S.U., una dictadura del proletariado faltándole sólo las formas de la democracia obrera; y Castro era “un marxista inconsciente”. Los europeos proponen ahora extender este modelo al resto del “Tercer Mundo” y propusieron la guerra de guerrillas campesina como una nueva estrategia de la “IV Internacional”. Livio Maitan, el líder de la sección italiana y uno de los principales defensores de este viraje, se entusiasmó por las ventajas que le proporcionaría a la “IV Internacional” el tener su propio estado para darle relevancia y prestigio. Y tiene una lógica acabada. ¿Qué relevancia puede tener el trotskismo auténtico para estos revisionistas que en el fondo desesperan de una revolución proletaria?

Hansen: lider del ala derecha 

Una minoría del Congreso, liderada por Joseph Hansen del SWP, se oponía al viraje propuesto. Pretendiendo redescubrir la “ortodoxia”, Hansen sostuvo que toda clase de lucha armada debe verse como una táctica subordinada a la construcción de un partido trotskista de vanguardia. Pero la iniciativa de Hansen y el SWP en la capitulación al castrismo del S.U. y la política colaboracionista de clases y nacionalista de “Tercer Mundo” en el terreno nacional del SWP, revelan el impulso reformista fundamental que lleva al SWP a oponerse a la línea de guerra de guerrillas en nombre de la ortodoxia. De la misma manera como los partidos comunistas rechazan las proposiciones confrontacionistas de los radicales pequeño burgueses impacientes citando a Lenin en contra del aventurerismo, no con el propósito de defender al leninismo sino para practicar el reformismo, así hoy día el SWP have uso de su tradición trotskista formal mientras se opone a sus adversarios fraccionales desde la derecha.

El S.U. europeo, que compite con los maoístas de izquierda y los sindicalistas radicales, en el medio europeo más radicalizado y consciente, va en forma impresionista a la caza de una línea más de izquierda. Pero el SWP se orienta hacia una audiencia diferente: una base de jóvenes de clase media reclutada en base al “éxito” del SWP en construir un frente popular reformista, con el solo punto de oposición a la guerra de Vietnam. A la larga los antagonistas del SWP son los demás supuestos trotskistas, ni los confrontacionistas maoístas y semi maoístas, sino el fantasma de la socialdemocracia norteamericana. La Young Socialist Alliance del SWP en realidad ocupa el espacio dejado por la SP/YPSL, no teniendo que soportar el peso del anticomunismo árido de la socialdemocracia oficial, que hoy en día perjudica más que ayuda a construir el partido reformista de masas de los Estados Unidos. Con tal perspectiva, reconocida más o menos conscientemente por al menos un sector de la dirección del SWP, ¿qué podría resultar más catastrófico que una amenaza a su preciosa legalidad y respetabilidad a raíz de la partipación en algo tan ilegal como la guerra de guerrillas?…

TESIS SOBRE LAS GUERRILLAS

TESIS SOBRE LAS GUERRILLAS

LIGA SPARTACIST DE EE.UU.

ABRIL 1967

UNA RESPUESTA A LOS PEQUENOBURGUESES QUE DENIGRAN DEL ROL FUNDAMENTAL DEL PROLETARIADO INDUSTRIAL DE AMERICA LATINA

INTRODUCCIÓN

Todos los movimientos guerrilleros de America Latina incluyen en sus programas un “lugar” para el proletariado, principalmente como si fuese otro segmento “patriótico” de la tal lucha armada por “la liberación nacional”.

Ningún marxista, con seguridad, hará simplemente una reverencia china a este designio reformista imaginado por los adherentes del Frente Popular rural. En vez, los revolucionarios deben tratar de comprender el fenómeno del guerrillerismo si se va a aprender cómo avanzar el rol independiente del proletariado latinoamericano, ya sea interviniendo en ciertas condiciones en un movimiento de guerrillas, y/o luchando resolutamente contra su dirección reformista. De cualquier manera, se trata de intervenir como una fuerza política independiente y nunca como un segmento “patriótico” trabado en el seguidismo.

LOS RESULTADOS

Si un movimiento de guerrillas logra destruir, parcial 0 completamente, a la burguesía nacional y la garra imperialista en el país, las siguientes convulsiones políticas y sociales pueden desarrollar hacia un estado obrero deforme como Yugoslavia, China, Cuba, etc., 0 quedara dentro de las cadenas imperialistas como Argelia con respecto al imperialismo francés. Los eventos de Malaya, las Filipinas y Grecia, donde movimientos guerrilleros encabezados por stalinistas fueron aplastados, probablemente habrían evolucionado por el mismo camino de las transformaciones sociales ocurridas en los estados obreros deformes.

Movimientos de guerrillas no hacen más que causar un vacío pasajero en el mandato del estado gobernante burgués. De esta manera se puede decir que un victorioso ejército guerrillero se vuelve el único soberano del país debido a la huida del gobierno burgués. Antes que esto suceda, la dirección del movimiento guerrillero usualmente tratará de establecer una coalición con un estrato de la clase mandante. Al no hacerse posible dicha coalición, el movimiento guerrillero tiene que aceptar la totalidad del poder estatal en sus manos. La burguesía y el imperialismo estarán en este caso muy débiles y confusos temporalmente para aceptar tal coalición y simplemente cesarán de resistir el momento que la dirección guerrillera se vea forzada —debido a presiones de abajo— a ocupar las oficinas del gobierno.

Más, este es un periodo momentáneo —aunque decisivo— de incapacidad burguesa. Durante dicho momento el movimiento guerrillero puede consolidarse enteramente en el aparato estatal de manera que sea garantizada su permanencia; 0 puede fallar en hacerlo. De ser este último el caso, la vuelta de la burguesía será despiadada y pronta. Si el caso es el primero, 0 sea, si el movimiento guerrillero prueba a las masas ser capaz de mantenerse en el poder, los ataques de la burguesía en proceso de recuperación y del imperialismo sólo servirán para avanzar y fortalecer al victorioso movimiento guerrillero.

Esto, naturalmente, significa una creciente orbita hacia Rusia y el bloque soviético o China, con los cambios de organización que esto acarrea, por ejemplo, en la ideología del estrato pequeñoburgués mandante. Esto es inevitable; no puede haber un “tercer camino” para un estado obrero deforme; en otras palabras, no puede “crear” su propio camino “independiente” de desarrollo fuera del dominio del mundo imperialista sin el apoyo económico, político-militar de Rusia, el bloque soviético y/o China.

Huelga decir que grandes masas de campesinos y considerables segmentos de la clase obrera apoyarán enérgicamente la consolidación de una dirección guerrillera que se ve obligada a chocar abiertamente con la burguesía lacaya y el imperialismo. Significa esto que el movimiento guerrillero, ahora recién en el aparato estatal, responderá cada agresión imperialista con más confiscaciones, nacionalizaciones, formación de milicias, etc. Es decir, al principio responderá golpe con golpe. Estas acciones, sin embargo, no fluyen de ningún programa marxista, sino de la reacción burocrática y oportunista de la dirección pequeñoburguesa, fuertemente presionada desde abajo. Esto permite que el gobierno, desde el principio una formación bonapartista, mantenga la confianza de las masas de campesinos y obreros que lo apoyan, al mismo tiempo que ordena medidas realmente fundamentales que golpearán al imperialismo, obligándolo a retirar su dominio de una vez. Pero pronto las masas se agotarán y se retirarán, calladas aceptando el gobierno pequeñoburgués que se ha probado capaz de resistir los embates imperialistas estableciendo reformas fundamentales y algunos cambios bastante revolucionarios aunque nunca suficientes. Cuando esta retirada pasajera de las masas ocurre, la dirección pequeñoburguesa, cada momento más atrincherada burocráticamente, puede empezar a desarmar a los campesinos y a los obreros y consolidar su poder de forma bonapartista y neostalinista.

Debido a que el nuevo gobierno no representa —esencialmente—ninguna clase revolucionaria, peor un partido, sus reacciones contra el imperialismo serán siempre limitadas y mediorrevolucionarias. Hará solamente lo que “tiene que hacer”, y nunca lo que una perspectiva proletaria histórica requiere en los intereses de la clase obrera internacional. Las reacciones del pequeñoburgués, ya sea cuando existe en la forma de un tendero o de Fidel Castro, serán siempre [pequeños] manipuleos que no hallan su contenido ni razón de ser en la democracia proletaria o el marxismo. Así, la burocracia bonapartista, al atentar salvar su pescuezo a toda costa, amenaza los mismos beneficios que ayudó procurar para las masas en los primeros estadios del desarrollo del estado obrero deforme. Ciertos filisteos dirán: “Pero, es mejor que nada, ¿no es verdad?”

¿PARA LOS OBREROS, QUE?

El peor enemigo interno del modo de producción planificada y centralizada —ya no capitalista— de un estado obrero deforme es la burocracia que controla el aparato del estado. Esta casta mandante, que depende de su despótica y burocrática máquina para sobrevivir, representa intereses extraños a los obreros y campesinos pobres. El modo no-capitalista de producción —poniendo de por sí a la orden del día el control obrero de la producción, fundamentalmente amenaza el reinado de la burocracia. El nuevo sistema social, aunque deforme y profundamente contradictorio, representa la posibilidad de avanzar hacia una nueva y mejor sociedad revolucionaria con metas internacionalistas. La consolidación de estas tareas, que están a la orden del día, hallan su obstáculo histórico en la reaccionaria y profundamente chovinista burocracia que rige —más bien usurpa— la maquinaria estatal, deformándola horriblemente.

Claro que la burocracia percibe este peligro. Sin embargo, al mismo tiempo, no puede dejar de ayudar a mantener un sistema social que puede finalmente destruirla; por necesidad la destrucción de las castas pequeñoburguesas se presenta como la lógica y próxima etapa del proletariado en los estados obreros deformes. Pero hasta que sean destruidas, las burocracias continuarán estorbando la igualdad, interfiriendo con directivas tiránicas desde arriba, permitiendo desgaste y malfuncionamiento en todas las esferas; también —y esto es muy importante— resistirán brutalmente cualquier intento proletario de intervenir directamente en la dirección del estado obrero deforme. Es de esta manera que la burocracia asistirá a la influencia del imperialismo y ayudará a arrastrar todo el estado a la ruina social y restauración capitalista.

El guerrillerismo sólo puede ocurrir como una reacción pequeñoburguesa a la ausencia y tardanza de la intervención revolucionaria independiente del proletariado. En los países subdesarrollados por el dominio imperialista, el proletariado ha sufrido innumerables derrotas y traiciones en manos de estafadores nacionalistas y direcciones estalinistas. Con diferentes resultados, la misma crisis de dirección se presenta en el proletariado de los países desarrollados capitalistas y metropolitanos.

La pequeñoburguesía colonial y semicolonial, explotada y tremendamente alocada dada la creciente crisis de la vida cultural y el estancamiento económico de sus países, decide tomar la iniciativa revolucionaria y dirige a las masas desposeídas de campesinos. Pero, lástima; la pequeñoburguesía es políticamente estéril debido a su perspectiva anti-proletária y no tiene una base material propia, ni en su clase ni en su programa, con que poder efectuar fundamentales e históricos cambios contra la sociedad burguesa.

No se entienda aquí que la pequeñoburguesía no va a tratar de luchar por su salvación de la ruina imperialista por todos los medios que le sean posibles. La creación de numerosos estados obreros deformes en parte atestigua el fervor y energía de las grandes masas pequeñoburguesas. ¡Pero el sistema social que ha resultado, las relaciones de propiedad aparecidas en el proceso de formación de estos estados, no es bajo ningún punto un sistema social pequeñoburgués! Consecuentemente, la pequeñoburguesía amenaza esta creación que no es suya históricamente. EI guerrillerismo, partido de la desesperanza revolucionaria, no es la respuesta ni el substituto del partido revolucionario de la clase proletaria.

EL GUERRILLERISMO, ¿ES UN CAMPO NOALINEADO?

¿Qué? En verdad que uno se ve forzado a pegar el oído al escuchar semejante tontería. Huelga decir que el atraso económico, político y cultural de los estados obreros deformes no les permite jugar un rol de “tercer” campo. Las terriblemente bajas condiciones de productividad social enmarcadas en la estructura reaccionaria del “socialismo en un país” son, usualmente, “compensadas” por el mito de “política exterior independiente”. Los bonapartistas a menudo sienten la necesidad de expresar su bancarrota por medio de fraseología ultraizquierdista. Pero cualquiera que crea que a una economía muy comprometida, dependiente de la benevolencia de burocracias más poderosas, es aún posible darse el lujo de una “política exterior independiente”, es un incurable subjetivista.

Los señores que creen que esta tontería es posible, almas zonzas como los editores de Monthly Review, Posadas, Pablo, Germain, Hansen y Frank, también creen —y esta creencia es aún más tonta y utópica— que el guerrillerismo tiene casi un camino “eterno” de desarrollo en las colonias y semicolonias del imperialismo. ¡Un cínico escapismo de las tareas de construir organizaciones proletarias independientes! ¡Es muy fácil rechazar el marxismo cuando el “constructivismo-campesino” parece ser tan exótico! ¿Que se les puede decir a estos señores? Ellos simplemente vuelven a picar, de manera menchevique, las teorías de literatos burgueses a la I.L. Horowitz y Robert Alexander.

¿Nuevas realidades…?

En 1932, Leon Trotsky evaluaba el peligro que corría el rol independiente del proletariado en la China: “Es una cosa cuando el partido comunista, firmemente basado en la flor del proletariado urbano, lucha por dirigir la guerra campesina a través de los obreros. Es otra cosa, del todo diferente, cuando unos cuantos miles 0 aun decenas de miles de revolucionarios asumen la dirección de la guerra campesina y son en realidad comunistas 0 toman ese nombre, sin contar con apoyo serio del proletariado…. La ausencia de un robusto partido revolucionario y de organizaciones de masas proletarias hace que el control sobre el estrato comandante sea virtualmente imposible. Los comandantes y los comisarios se presentan como amos absolutos de la situación y al ocupar ciudades serán más bien aptos a despreciar a los obreros. Las demandas de los obreros les parecerán inoportunas 0 imprudentes…. El movimiento campesino es un poderoso factor revolucionario mientras se dirige contra los grandes terratenientes, los militaristas, feudalistas y usureros. Pero en el mismo movimiento campesino existen poderosas tendencias propietarias y reaccionarias y en cierto momento puede volverse hostil a los obreros, sosteniendo tal hostilidad equipado ya con armas. Aquél que olvida la naturaleza dual del campesinado no es un marxista.” (La Guerra Campesina en China.)

Y esto es lo que olvidan los “modernos” guerrilleristas latinoamericanos. Creen que “hay nuevas realidades” en el mundo que señalan un revisionismo total de los fundamentos del marxismo. En realidad, sus “nuevas realidades” se basan en un impresionismo pequeñoburgués que no le interesa ni analizar, ni estudiar, ni comprender la realidad histórica de la lucha de clases señalada por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Pero los hechos y las necesidades históricas del desarrollo capitalista y semicolonial de America Latina se ocuparán, en gran manera, de desbaratar todo el aventurismo, la charlatanería y la estrecha mentalidad menchevique de los “modernos” teóricos del viejo populismo.

LA TENDENCIA HISTORICA DEL GUERRILLERISMO (LAS TESIS)

Los siguientes puntos fluyen de un estudio sobre movimientos guerrilleros en America Latina:

1) EI fidelismo, 0 movimientos guerrilleros con un programa de “liberación nacional”, sucumbirán más y más al reformismo y el nacionalismo burgués. Tal parece ser el curso de las FALN venezolanas, las FAR guatemaltecas, las FARC colombianas, etc.

2) Debido a la obvia imposibilidad de desarrollo burgués bajo programa y dirección burgueses, el fidelismo continuará sufriendo las consecuencias naturales de su reformismo a través de persecuciones brutales “inesperadas”, al mismo tiempo que 0pondrá, en aumento, las necesidades revolucionarias de las masas que dirige.

3) EI guevarismo, la aplicación estratégica del estalinismo maoísta en Latinoamérica, hace alardes de ser “socialista” y hasta —en algunos casos— habla acerca de sus propósitos socialistas más 0 menos inmediatos. Se las da de independiente, no sectario y “libre” de dogmatismos, pero en la realidad sus utopías pequeñoburguesas tienen que morder el polvo del reformismo.

4) Así, en vista de la desesperada situación mantenida por el reformismo aún en las áreas rurales latinoamericanas, la iniciativa caerá tal vez en el guevarismo y no en el obvio reformismo fidelista. Este último tratará de posponer este desarrollo “posando” como guevarista y adoptando posiciones “ultraizquierdistas” contra la “vía pacífica”. Pero el guevarismo también tomará posiciones fidelistas cuando así lo requieran las necesidades del reformismo durante la lucha.

5) Movimientos guevaristas (el MR-13 guatemalteco era una fuerza guevarista par excellence) tienen más posibilidades de triunfo debido a su línea aparentemente más militante, atrayente para las grandes masas campesinas y capas de obreros disgustados y traicionados por sus propias direcciones. Pero es precisamente esta base masiva campesina lo que forza —bajo presión— a un movimiento guevarista a orbitar hacia el fidelismo y el peor de los oportunismos. En ninguna circunstancia se puede decir, categóricamente, que el fidelismo y el guevarismo son oponentes irreconciliables. La degeneración del MR-13 guevarista lo prueba. No debe sorprender que el movimiento fidelista FAR, ahora bajo persecución de su ex-amigo burgués Méndez Montenegro, haya adoptado una línea “intransigente”, guevarista, en momentos de crisis. Estas crisis son en gran parte ayudadas por la misma imbecilidad e incurable reformismo pequeñoburgués —inevitable cuando se desliga del proletariado— típico de las direcciones guerrilleras. Esperar cualquier tipo de principios científicos y revolucionarios por parte de estos movimientos pequeñoburgueses invertebrados es ciertamente típico de una variedad del pensar subjetivista y que refleja —últimamente—profunda ignorancia acerca de la manera que proceden las direcciones en relación a la clase que representan, los intereses, presiones internacionales, etc.

6) Cuando más se pudra el imperialismo, cuando más entre en profundas crisis de mandato clasista y estancamiento económico, mayor será la posibilidad de movimientos guerrilleros victoriosos.

7) Las burocracias rusa, del bloque soviético y china, tenderán, por otra parte, entrar en profunda desintegración y crisis de mandato de casta en relación a la creciente podredumbre y disgregación imperialista. La restauración del capitalismo es una posibilidad que existe en variados grados en estos países. Claramente, todos presentan diferentes épocas y estadios políticos y económicos, pero sólo apologistas “bona fide” pueden imaginar que una burocracia puede ser “mejor” 0 “más revolucionaria” que esta u otra. Es muy fácil para simplones “teóricos” defender a Mao Tsetung, por ejemplo, sin tomar en cuenta ningún análisis marxista de la situación del estado obrero chino en el mundo, la ideología de la casta reinante, sus orígenes, composición clasista y sus tendencias sociales.

8) Un estado obrero surgente, todavía en proceso de desarrollo, tiene que depender de Rusia, el bloque soviético y/o China para obtener apoyo político, económico y militar. Pero si los primeros países están pasando por crisis mayores en el plano interno e internacional, no mucha ayuda, y tal vez ninguna, será obtenida de ellos.

9) Por lo tanto, se presenta la siguiente contradicción: Por un lado, aunque objetivamente habrán muchas oportunidades para que ejércitos guerrilleros tomen militarmente el poder estatal en vista de la desintegración imperialista en el mundo, por el otro lado habrá creciente imposibilidad de poder consolidar más estados obreros deformes.

10) Los Partidos Comunistas alrededor del mundo se opondrán fieramente y aun sabotearán movimientos guerrilleros que no puedan ser controlados por el Kremlin. (El PGT guatemalteco, según información del MR-13, sopló a la policía información sobre miembros del MR-13, causando su muerte. El PC venezolano trató de asesinar a Douglas Bravo junto a la policía. La lista casi no tiene fin.)

11) Muchos PC se dividirán en dos alas: una palpablemente pro-Pekín y otra, la “ortodoxa” pro-Moscú. La primera apoyará la “lucha armada” nacionalista y la segunda ayudará, como siempre, a la burguesía en el asesinato de obreros y campesinos pobres en nombre de la “coexistencia pacífica”.

12) En algunos países (como las Filipinas) los PC pro-Moscú controlarán y aun tomarán parte en movimientos guerrilleros. Así, estos movimientos serán reformistas abiertamente desde el principio. En America Latina las FARC colombianas son un caso clásico.

13) En estas condiciones generales de podredumbre imperialista, cualquier victoria de un movimiento guerrillero marcará sólo la subida eventual al poder de un bonapartista pró-capitalista que tratará de establecer contactos con el imperialismo durante momentos de inminente barbarismo y total dislocamiento de fuerzas productivas. Puede también significar la subida al poder de una formación pequeñoburguesa guevarista. Cuba será “saludable” en comparación a lo que surgirá en ciertos países. Pero este estado de cosas simplemente se derrumbará bajo la menor presión y una dictadura pro-capitalista subirá al poder.

14) Tendencias hacia la formación de movimientos guerrilleros son posibles en todas las naciones latinoamericanas con bajo nivel industrial y con escasa población urbana. En países más desarrollados, como Chile, Uruguay, Argentina, etc., las tentaciones de iniciar guerras de guerrillas tienen objetivos totalmente impracticables, y en muchos casos son tentaciones que se añejan en escritorios y salones de café.

15) Movimientos de guerrillas aparecen debido a la ausencia de organizaciones proletarias marxistas y como substitutos de la aparente “inactividad” del proletariado en las ciudades. Este proletariado generalmente ha sido traicionado y vendido precisamente por aquellos que se ocupan ahora de buscar “nuevas vías” en las montañas y las junglas.

16) Avanzad0s estadi0s de lucha guerrillera tenderán a polarizar la lucha de clases en un país, posponiendo con eso la necesaria formación de un partido independiente, con conexiones en el campo, de la clase obrera en los centros urban0s. La preparación de organizaciones de la clase obrera es absolutamente esencial e indispensablebajo cualquier circunstancia de la lucha de clases.

17) En períodos de aguda crisis mundial el guerrillerismo dejará de aparecer como “el único camino”. Aparecen las tendencias de luchas guerrilleras durante períodos de estabilización imperialista en la arena mundial, períodos que se distinguen en los dominios del imperialismo por su creciente explotación, estancamiento social, gobiernos ultrarreaccionarios y brutal opresión de las masas obreras y pequeñoburguesas. Mas, al entrar todo el sistema imperialista en sus periódicas crisis —que las burocracias reflejaran cada vez mayormente— el guerrillerismo será hecho a un lado con desprecio por la magnitud de los eventos históricos.

18) La intervención proletaria en tales condiciones —si imposible antes— será la única alternativa al barbarismo. De probarse el proletariado latinoamericano incapaz de dirigir su sociedad fuera del callejón sin salida de la agonía imperialista, ninguna fuerza en la historia será capaz de hacerlo. La lucha contra el estalinismo en los sindicatos y contra las tendencias pequeñoburguesas que se concentran en el guerrillerismo, serán algunas de las tareas más importantes para ganar al proletariado y las grandes masas campesinas al internacionalismo marxista.

19) La intervención triunfante del proletariado norteamericano y europeo, destruyendo la burguesía imperialista, claramente dará al guerrillerismo mundial —especialmente en Latinoamérica— un inevitable carácter utópico y reaccionario. Tal perspectiva, sin embargo, no significa que el proletariado latinoamericano debe “esperar” que así suceda. Acerca de esto, León Trotsky señaló: “Una victoria del proletariado internacional librará a los países coloniales de la alargada jornada del desarrollo capitalista abriendo la posibilidad de arribar al socialismo mana a mana con el proletariado de los países adelantados. La perspectiva de la revolución permanente no significa en ningún caso que los países atrasados deban esperar la señal de los adelantados, 0 que los pueblos coloniales deban esperar pacientemente que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. La ayuda llega al que se ayuda. Los obreros deben desarrollar la lucha revolucionaria en cada país, colonial 0 imperialista, dónde se hayan establecido circunstancias favorables, y por medio de esto dar un ejemplo a los obreros de otros países. Sólo iniciativa y actividad, determinación y arrojo pueden dar realidad al llamado de ‘¡Obreros del mundo, uníos!’” (ElFuturo de Latinoamérica.)

NUESTRAS TAREAS

Construir y preparar partidos leninistas, 0 sea, partidos basados orgánicamente en el proletariado latinoamericano y educados en el internacionalismo proletario, son tareas fundamentales. El hecho que existan en un país dados movimientos guerrilleros no niega —en ningún momento— esta necesidad irremplazable de dirección proletaria. La existencia misma de movimientos guerrilleros refleja el fracaso de pasadas direcciones proletarias, usualmente estalinistas, pseudosindicalistas, etc.

El partido trotskista, el partido de los más avanzados y consientes proletarios, no debe titubear intervenir en organizaciones que tienen la perspectiva de lucha de guerrillas. Las tareas de ganarnos a las grandes masas de campesinos pobres y trabajadores agrícolas es absolutamente esencial para luchar por el poder del estado. Sin embargo, no vamos a intervenir como hacen los liquidadores de Pablo y Posadas, “consejeros” del estado mayor de direcciones guerrilleras. En la eventualidad de confrontar movimientos de guerrillas, oportunidades de intervenir serán las siguientes:

1) Durante la formación del movimiento guerrillero. Esto entraña la existencia de una organización trotskista, usualmente también embrionaria en estos momentos. Vale advertir que nuestra participación en el movimiento guerrillero será siempre parcial y superficial, jamás una entrada de lleno 0 una inmersión in toto. Hacer esto sería liquidar nuestros cuadros así como la preparación de nuestra organización disciplinada e independiente.

En estos momentos estableceremos contacto con un campesinado más 0 menos receptivo y que puede ser ganado a nuestro programa si demostramos ser resolutos, serios y perseverantes en nuestras luchas, más que todo en los centros urbanos. No olvidar que en America Latina, así como en todo el mundo, es la ciudad la que dirige al campo en cuestiones fundamentales. Sól0 nuestras luchas en los centros urbanos convencerán a los más despiertos valiosos y leales segmentos campesinos y trabajadores agrícolas. Ganar estos elementos significa que las formaciones independientes de la pequeñoburguesía deben ser políticamente derrotadas y disueltas enérgicamente por el proletariado. El partido de la clase obrera no puede aceptar rivales que a la larga —si triunfantes— se mostrarán incapaces de llevar a cabo mínimas reformas sociales, 0 si lo hacen, al mismo tiempo se consolidan burocráticamente en el estado, oprimiendo a los obreros y aniquilando su dirección. El movimiento guerrillero no es una formación obrera; es una entidad paramilitar pequeñoburguesa; por lo tanto el proletariado debe comprender que no se trata de una organización “revolucionaria” sui generis. El proletariado debe de apoyar la lucha del movimiento guerrillero mientras esta sea antiimperialista y antiburguesa. Pero nunca debe apoyar a la direcciónbonapartista que dirige el movimiento, porque dicha dirección contiene —aun en su programa escrito— semillas reformistas, claudicantes y antiproletárias. Debemos los marxistas confiar en nuestras propias fuerzas, sólo nuestros partidos proletarios son históricamente capaces de preparar el camino del socialismo en el continente aliándose al proletariado de los países metropolitanos. Debemos ver a las direcciones pequeñoburguesas guerrilleras como lo que son: variedades resucitadas del narodnismo ruso, el voluntarismo maoísta y la tradición neoanarquista de los social-revolucionarios antibolcheviques.

2) Durante estadios avanzados de las luchas del movimiento guerrillero. Será siempre posible atentar ganarse las masas campesinas no influidas por el movimiento guerrillero presente en otras regiones del país. Pero en las últimas regiones, oportunidades para atraer elementos revolucionarios del campesinado serán casi nulas. EI campesinado estará, en estas regiones, falsamente (de manera puramente militar) convencido de su capacidad como fuerza política independiente. Un campesinado endurecido de esta manera será una fuerza totalmente reacia al programa del proletariado. Estalinistas en las filas guerrilleras, indudablemente abundantes, tratarán de obstruir y eliminar nuestra influencia en el campesinado. Pese a las dificultades, nuestros cuadros deben tratar a toda costa de ganar aliados revolucionarios en el campo para el proletariado.

3) Después de una inmediata victoria del movimiento guerrillero. Los zigzags oportunistas y las vacilaciones de la dirección del movimiento guerrillero, que casi siempre habrá tratado de acomodarse en materias fundamentales a la burguesía nacional y el imperialismo, abrirán oportunidades para agitar y propagandizar en el seno del campesinado pobre y los trabajadores agrícolas. Esto significará un cambio en la iniciativa revolucionaria, del campesinado guiado por una dirección tímida al proletariado y sus aliados en el campo y plantaciones. El triunfo pasará entonces del partido de la desesperanza revolucionaria a la clase del internacionalismo proletario.

4) El derrocamiento de la burguesía por el proletariado urbano antes de la posible victoria del ejército guerrillero. (No es esta una variante probable dada la fragmentación de la lucha de clases causada por las luchas de guerrillas.) De hacerse esta variante realidad, toda la lucha contra el imperialismo y sus lacayos será polarizada definitiva y resolutamente por el proletariado. Una intensa campaña de agitación en el campo se haría en estos instantes necesidad suma. De no hacer esto, corre el peligro ya conocido por el proletariado internacional: el holocausto de una comuna como la de Paris en 1871, Santo Domingo en 1965, etc. Tal campana de agitación se vería asistida por el creciente reformismo —agudizado por la victoria proletaria— de la dirección guerrillera. Si el proletariado y su partido se muestran valerosos y decididos, gran parte del campesinado pasará a su lado. De pasar así en Sur Vietnam, el lmper1alismo yanqui sufriría una derrota total en todos los frentes.

Huelga recalcar la importancia fundamental de una dirección trotskista de la clase obrera. Sólo el joven proletariado latinoamericano puede luchar por el socialismo en America Latina. Sólo sus auténticos partidos, arraigados en los principios del Programa de Transición y su aplicación contemporánea, serán capaces de tumbar a las burguesías latinoamericanas y la dominación del imperialismo decrepito. Finalmente, solo el proletariado latinoamericano puede iniciar y dirigir la colosal construcción de LA UNIÓN DE REPÚBLICAS SOVIÉTICAS DE AMERICA LATINA, eslabón necesario para juntar nuestros destinos al de todos los proletariados revolucionarios del mundo. ¡Adelante obreros latinoamericanos, ni un paso atrás, contra el reformismo, por la victoria del marxismo!

NUEVA YORK: ¿QUIEN MATÓ A LA JUNTA?

NUEVA YORK:

¿QUIEN MATÓ A LA JUNTA?

Esto artículo fue publicado en Espartaco Vol. I No. 2, Diciembre 1966.

La Junta Civil de Querellas Policiacas ha muerto. El pasado 8 de noviembre la reacción, chasqueando la lengua, le asestó un golpe mortal. ¿Pero quiénes lloran a la Junta? ¿El gueto puertorriqueño y negro? ¿O los camaleones de Lindsay y Kennedy? ¿Qué perdían las clases oprimidas con la muerte de la Junta? No mucho, pero no la lloran como estos sagaces camaleones.

Aunque la muerte de la Junta no cambiará nada fundamental que no estaba ya pasando, había que defenderla cuando estaba viva. La Junta representaba, indirectamente, una pequeña y débil voz de protesta contra la brutalidad de los polizontes. Naturalmente que fue creada para servir los intereses primordiales de la clase opresora, pero en su estructura había una posibilidad de que el gueto se hiciese sentir, aunque indirectamente y de manera reformista. La Junta contenía, de siete miembros, tres policías. Las recomendaciones que la Junta hacía (bajo ningún punto eran sanciones u órdenes) podían ser rechazadas por el Comisionada Policiaco según le era conveniente. Desde julio la Junta había investigado 113 casos pero sólo había recomendado tres para que fuesen sancionados disciplinariamente. Ni siquiera estos tres casos fueron tomados en serio por la policía.

La Junta probó ser inútil en evitar las represiones policiacas del verano pasado en el Este de Nueva York. No hizo nada para defender al joven negro Ernest Gallashaw contra una cruda y racista trama policiaca. Como es lógico, ninguna junta dijo ni pío contra las múltiples represiones ocurridas a través del país en Filadelfia, Chicago, etc.

Pero examinemos lo que provocó el lagrimeo delos reptiles Lindsay y Kennedy. Cuando no hay una conciencia clasista en la clase obrera, una conciencia capaz de tomar cuerpo en movimientos radicales contra el sistema opresor, los capitalistas “progresistas” se ufanan en respaldar medidas “democráticas” que distraigan la ira de los explotados, canalizándolos hacia el reformismo, el paternalismo y una “esperanza” en el sistema que los explota. La Junta, así como el HARYOU-ACT, la Guerra contra la Pobreza y todos los otros trucos dadivosos tienen una labor que realizar: engañar a la clase obrera y castrar el sentimiento radical de las masas explotadas en el infierno del gueto.

Por eso la Junta era una “buena idea” para los reptiles aunque no para la crasa estupidez e imbecilidad de los polizontes. Los polizontes habían probado ya el sabor de sangre en 1963-1964, cuando los reptiles los lanzaron en contra del movimiento de los Derechos Civiles. Ahora que los Lindsay y los Kennedy quieren emplear los trucos reformistas, los polizontes no son de la misma opinión. Es más, el movimiento de Black Power los ha aterrorizado enormemente y quieren tener las manos en paz para poder aplastar más criminalmente al gueto. La Junta, en este caso, es un estorbo idealista. Al menos así lo pensaron la Sociedad John Birch, el Partido Conservador, la Asociación Benévola (?) Patrullera y otros grupos reaccionarios que, unidos políticamente, mataron a la Junta Civil de Querellas Policiacas.

¿Qué puede hacer el gueto, entonces, si ya no tiene ni la voz indirecta de una junta? Pues debe de organizarse por su propia cuenta así como lo han hecho los Deacons Armados en el sur. Las clases oprimidas en este país no pueden sino unirse en contra de lo que se viene encima. La reacción ha realizado una ofensiva rápida y muy peligrosa. Pero no solamente la defensa en contra de la brutalidad policiaca es lo requerido. A la organización de las masas oprimidas debe de ser sumada la acción política, contra la clase opresora que dio a luz a la policía, caseros y tanto otro explotador.

La Revolución Cubana

La Revolución Cubana

por Shane Mage

21 de diciembre de 1961

[Resolución de la minoría presentada a la Convención de 1961 de la YSA, extraído de Spartacist (Inglés) No. 2 Traducido en Cuadernos Marxistas No. 2]

“El documento siguiente, presentado en 1961 a la Young Socialist Alliance [la organización de juventud del SWP] por nuestra tendencia, ha sido confirmado desde entonces de una manera notable. El pronóstico que planteaba – por ejemplo los fines contrarrevolucionarios de la burocracia estalinista rusa en Cuba – ha sido confirmado por sucesos posteriores: la crisis de los misiles; el tratado del azúcar con Moscú (ver Spartacist No. 1); y más recientemente la oferta de Castro de llegar a un entendimiento con el imperialismo norteamericano.

“La resolución también declara que ‘en su conjunto el proceso que se está desarrollando hoy en Cuba es el de formación de un estado obrero deformado – esto es, la creación de una sociedad como la que existe en la Unión Soviética, Europa Oriental y China.’ Ha sido nuestra opinión durante más de un año que este proceso ha llegado a un punto de consolidación tal que Cuba se ha transformado ya en un estado obrero deformado.”

1. La Revolución Cubana, constituye el punto más alto del desarrollo revolucionario alcanzado hasta ahora en el hemisferio occidental; es, en potencia, el comienzo de la revolución socialista en América. La conversión de este potencial en una realidad es sólo posible si la Revolución Cubana avanza de nuevo hacia delante, externa e internamente, hacia el establecimiento de la democracia obrera en Cuba y la expansión de la revolución por lo menos a los países decisivos de América Latina.

2. A pesar de un enorme progreso Cuba sigue siendo económicamente atrasada y permanece aislada en el hemisferio occidental bajo la dominación del imperialismo estadounidense. Esta situación es la causa directa no sólo de los obstáculos al continuado progreso de la Revolución Cubana sino también de sus fuertes tendencias hacia la degeneración.

Rebelión Social

3. Para las masas cubanas la conquista económica más significativa de la revolución ha sido un aumento substancial del nivel de vida. Esto ha sido conseguido a través de una redistribución radicalmente igualitaria de los ingresos y de las riquezas, y de una reorientación del patrón de inversión que da prioridad a la construcción de escuelas, casas, y facilidades culturales y recreativas. Al mismo tiempo, se ha empezado a diversificar la agricultura cubana. La acción directa de la clase obrera al apoderarse de la industria y en muchos casos, al ejercer control democrático sobre esta industria; la organización del campesinado en cooperativas organizadas democráticamente; el armamento de las masas con la formación de milicias – todo esto, aunque no se consumó en el dominio real sobre el estado por parte de la clase obrera, sí que dio a las masas un peso considerable en la vida política del país. Esto fue una importante ganancia de las masas cubanas y caracterizó a la revolución como un profundo trastorno social que llevó a las masas cubanas por primera vez en la historia a tener un control parcial sobre su propio destino.

4. La revolución ha trastornado básicamente las previas formas de propiedad cubanas. Los latifundios propiedad de estadounidenses y cubanos se han convertido en propiedad o bien del campesinado trabajador o bien del estado. Todas las posesiones industriales de los Estados Unidos han sido confiscadas y las posesiones de una porción considerable de la burguesía cubana han sido así mismo expropiadas. Ya que Cuba sigue libre de la carga de hacer pagos de compensación y de indemnización importantes, estas medidas pueden proveer la base estructural para una economía planificada de tipo no capitalista.

5. La rapidez y profundidad de la revolución en las formas de propiedad ha sido esencialmente una respuesta a las acciones del imperialismo de los EE.UU. Aunque la Revolución Cubana empezó teniendo una finalidad puramente democrático-burguesa (reforma agraria, derrocamiento de la dictadura de Batista, independencia nacional) esto no podía conseguirse sin una lucha feroz contra el imperialismo estadounidense y sus cómplices burgueses cubanos. El hecho de que el régimen de Castro rehusó echarse atrás ante el chantaje y la agresión económica de los EE.UU. le llevó a movilizar las masas cubanas y a asestar un golpe definitivo a las bases económicas, del dominio imperialista y burgués. Su propia supervivencia le forzó a destruir el ejército y la policía previos que habían sido el sostén de la “democracia” de Grau y Prío así como de la dictadura de Batista, y a remplazarlas con un nuevo ejército revolucionario y con una extensa milicia popular.

Imperialismo estadounidense 

6. La principal preocupación del imperialismo estadounidense en su encarnizada hostilidad hacia la Revolución Cubana ha sido el salvaguardar las posesiones económicas de los EE.UU. en toda Latinoamérica. Los Estados Unidos se han contenido ante la invasión militar de Cuba sólo por la probabilidad de que dicha acción pudiera extender la revolución en vez de suprimirla y por la certidumbre de que el intento de los Estados Unidos de ocupar Cuba se vería enfrentado con una resistencia feroz por parte del pueblo cubano. La línea de conducta de los Estados Unidos hacia Cuba ha sido por lo tanto el intentar estrangular y deformar la economía cubana a través de la combinación de presión militar y política con una agresión económica abierta.

7. La economía cubana ha sido capaz de continuar funcionando bajo estos golpes sólo porque la Unión  Soviética vino en su ayuda al cambiar azúcar cubana por gasolina, municiones y productos industriales esenciales. Lejos de ser altruista, esta acción redunda enteramente en beneficios económicos y políticos para la burocracia estalinista-contrarrevolucionaria que gobierna en la Unión Soviética y en los otros países del “campo socialista”. Su meta es controlar la Revolución Cubana y usarla en un último pacto de “coexistencia pacífica” para presionar a los Estados Unidos a dar más concesiones.

8. El desarrollo político de la Revolución Cubana se ha caracterizado a todo lo largo por la ausencia de un partido político marxista revolucionario de importancia y la falta total de estructuras democráticas por las cuales el gobierno sería responsable ante, y controlado por, los obreros y los campesinos. Durante un período de tiempo considerable estos factores fueron obscurecidos por las acciones revolucionarias del régimen de Castro y por su amoldamiento a la presión de las masas. De todas maneras, el hecho era que el estado cubano y la economía estaban en manos de un aparato administrativo separado e independiente de los obreros y de los campesinos ya que no estaba sujeto a elecciones ni podía ser disuelto por ellos. Hasta la más democrática de las instituciones, la milicia popular, estaba privada del derecho democrático esencial de elegir a sus propios oficiales.

Burocratismo

9. Hasta en el período de la agitación revolucionaria hubo fuertes tendencias hacia la imposición de estructuras burocráticas sobre la revolución. Esto fue claramente evidente en el caso de los sindicatos cubanos cuyos líderes elegidos democráticamente, cualesquiera que fueran sus vicios, eran fidelistas que habían expulsado a los antiguos burócratas pro-Batista en 1959. Durante 1960 estos líderes fueron expulsados arbitraria y antidemocráticamente y remplazados por unos nuevos líderes, de origen principalmente estalinista, serviles al gobierno. Seguidamente la estructura del movimiento sindical fue transformada para eliminar la autonomía de los sindicatos únicos, llevando el control centralizado a las manos de un pequeño grupo burocrático.

10. Desde la invasión del 17 de abril ha existido una verdadera intensificación y aceleración de la tendencia hacia la burocratización y autoritarismo. La mayoría de las cooperativas agrícolas, teóricamente controladas por sus miembros campesinos han sido transformadas en “granjas del pueblo” bajo la administración centralizada del estado. Los intentos de control obrero sobre la industria, los “comités de ayuda técnica”, han sido abandonados a la inactividad. La línea de conducta del gobierno, representada por Che Guevara, se opone específicamente al control obrero y asigna a los sindicatos cubanos el exclusivo papel de aumentar la producción sin defender los intereses de clase específicos de los obreros.

11. A medida que el régimen cubano desarrolla sus estructuras políticas éstas tienden así mismo a ser burocráticas y autoritarias. Después del 17 de abril, camuflados con frases sobre “la revolución socialista”, se ha desarrollado el sistema de partido único a través del amalgamiento del resto de los grupos políticos para formar las “Organizaciones Revolucionarias Integradas”. El aparato estalinista del previo “Partido Socialista Popular” juega un papel importante en la ORI, que fue representado en el reciente “Congreso Nacional de Producción” por el veterano dirigente estalinista Carlos Rafael Rodríguez.

12. Lejos de garantizar la libertad de palabra a todas las tendencias que apoyaban la revolución, el gobierno cubano desde el 17 de abril ha empezado a llevar a cabo enormes represiones. La más importante ha sido la supresión del periódico trotskista “Voz Proletaria” y el libro “La Revolución Permanente” de León Trotsky. Se ha impuesto la censura política a películas, y la publicación cultural independiente “Lunes” ha sido eliminada. Los arrestos arbitrarios, las largas detenciones sin cargos de socialistas revolucionarios norteamericanos indican llamativamente la existencia de un aparato secreto policíaco extremadamente bien establecido, libre de frenos legales o democráticos.

Estado obrero deformado

13. Tomado en su conjunto el proceso que se está desarrollando hoy en Cuba es el de formación de un estado obrero deformado – esto es, la creación de una sociedad como aquellas que existen en la Unión Soviética, Europa Oriental y China. Al disminuir la influencia de la clase obrera en la revolución, al limitar el atractivo de la revolución para obreros de otras tierras, al tener la tendencia de dar el poder a una burocracia incontrolable, y al someter el futuro de Cuba a la diplomacia contrarrevolucionaria del Kremlin, este proceso hace surgir el peligro de la restauración del capitalismo en Cuba. Sin embargo, esto no significa que en la Cuba de hoy el aparato burocrático esté tan consolidado o sea tan dominante como en los países del bloque soviético. La movilización democrática de las masas y la participación en la revolución de los obreros y campesinos han sido tan importantes y han llegado tan lejos, que se encuentra una fuerte resistencia a todos los niveles en contra del proceso de burocratización.

Democracia obrera

14. Los obreros y campesinos cubanos se enfrentan hoy en día a una doble tarea: defender su revolución contra los ataques de los EE.UU. y de los contrarrevolucionarios nativos, y derrotar e invertir las tendencias hacia la degeneración burocrática de la revolución. Para llevar a cabo está tarea necesitan crucialmente del establecimiento de la democracia obrera.

15. La democracia obrera, para nosotros, significa que todos los oficiales administrativos y estatales son elegidos por, y son responsables ante las masas trabajadoras, de la ciudad y el campo a través de instituciones representativas de gobierno democrático. Los mejores modelos históricos de tales instituciones fueron los sovietsde la Revolución Rusa de 1917 y los Consejos Obreros de la Revolución Húngara de 1956. Los obreros y campesinos cubanos pueden, sin duda alguna, desarrollar sus propias variantes originales de estas formas. Hay solamente un atributo sin el cual ninguna forma democrática no es sino una pretensión y una burla: debe existir una completa libertad de expresión y organización para todos los grupos políticos y tendencias que dan apoyo a la revolución, sin que haya ninguna concesión al monolitismo estalinista del sistema de partido único.

Partido revolucionario

16. La victoria completa de toda revolución moderna, la Revolución Cubana inclusive, requiere el surgimiento de un partido revolucionario de masas en el puesto dirigente. Los pequeños grupos trotskistas, en Cuba y en otras partes, tienen un papel vital como núcleos de tales partidos. Ellos pueden ejercer este papel si continúan preservando su independencia política y su capacidad de acción, y si evitan el peligro de ceder sus responsabilidades ideológicas y la misión histórica de la clase obrera a líderes no marxistas y no proletarios.

Defendamos la revolución

17. En su relación con la revolución cubana la YSA, como todo grupo revolucionario, tiene dos tareas principales:

(a) realizar el máximo esfuerzo para defender la revolución cubana no sólo contra los ataques militares y de toda otra índole del imperialismo de los EE.UU., sino también contra los ataques políticos de los agentes social-demócratas del imperialismo.

(b) luchar por el desarrollo y la extensión de la Revolución Cubana y en contra de los intentos del estalinismo contrarrevolucionario para corromper la revolución desde dentro. Nosotros buscamos el impulsar hacia delante este desarrollo y esta extensión tanto dando apoyo a las acciones revolucionarias de la dirección existente como criticando constructivamente, de una manera abierta y franca, los errores y las insuficiencias de la dirección. Para desarrollar la Revolución Cubana y extenderla a todo el hemisferio nos basamos sobre la imperiosa necesidad de establecer la democracia obrera y de formar un partido de masas del marxismo revolucionario.

James P. Cannon sobre “pablismo”

James P. Cannon sobre “pablismo”

[Una sección del discurso de James P. Cannon al pleno del Comité Central del Socialist Workers Party (Partido de los Trabajadores Socialistas) de los EE.UU. en 3 de noviembre de 1953.]

La dirección es el problema por resolver de la clase obrera de todo el mundo. El único obstáculo entre la clase obrera del mundo y el socialismo es el problema por resolver de la dirección. Eso es lo que significa “la cuestión del partido”. Eso es lo que el Programa de transición quiere decir cuando declara que la crisis del movimiento obrero es la crisis de la dirección. Eso significa que hasta que la clase obrera resuelva el problema de crear el partido revolucionario, la expresión consciente del proceso histórico que pueda dirigir a las masas en lucha, la cuestión seguirá sin resolverse. Es la cuestión más importante de todas: la cuestión del partido.

Y si nuestra ruptura con el pablismo -como lo vemos ahora claramente- se reduce a un solo punto y se concentra en un solo punto, es ese: la cuestión del partido. Eso nos parece claro ahora que hemos visto el desarrollo del pablismo en acción. La esencia del revisionismo pablista es el echar abajo aquella parte del trotskismo que es hoy su parte más vital: el concepto de la crisis de la humanidad como la crisis de la dirección del movimiento obrero resumida en la cuestión del partido.

El pablismo no sólo aspira a echar abajo al trotskismo, sino que aspira a echar abajo aquella parte del trotskismo que Trotsky aprendió de Lenin. La mayor contribución de Lenin a su época entera fue su idea y su lucha resuelta por construir un partido de vanguardia capaz de dirigir a los obreros en la revolución. Y no limitó su teoría a los confines del tiempo de su propia actividad. Fue hacia atrás hasta 1871, y dijo que el factor decisivo en la derrota de la primera revolución proletaria, la Comuna de París, fue la ausencia de un partido de la vanguardia marxista revolucionaria, capaz de dar al movimiento de masas un programa consciente y una dirección resuelta. Y lo que convirtió a Trotsky en leninista fue su aceptación de esta parte de Lenin en 1917.

Esto está inscrito en el Programa de transición, ese concepto leninista del papel decisivo del partido revolucionario. Y eso es lo que los pablistas están tirando por la borda, en favor del concepto de que las ideas de algún modo se van a filtrar dentro de la burocracia traidora, los estalinistas o los reformistas, y de alguna u otra manera, “en el día del cometa”, la revolución socialista se realizará y se llevará a su conclusión sin un partido marxista revolucionario, es decir leninista-trotskista. Esa es la esencia del pablismo. El pablismo es la sustitución de un partido y un programa por un culto y una revelación.

¿Pedimos de la burguesía que proscriba al fascismo?

¿Pedimos de la burguesía que proscriba al fascismo?

[Originalmente publicado en Workers Vanguard no. 27, 17 de agosto de 1973. Traducido en Cuadernos Marxistas No. 3.]

En el artículo “Falla un golpe de las derechas en Chile” se pide “la proscripción y el desarme de todas las organizaciones fascistas”. La línea política general del artículo es claramente una de lucha de clases sin compromisos, reclamando la distribución de armas a los obreros; la formación de milicias obreras basadas en los sindicatos; la abolición del ejército oficial y el cuerpo de oficiales y la organización de las tropas en comités de soldados aliados a los sindicatos; la formación de un comité central de las milicias obreras, los consejos de soldados y las organizaciones obreras (sindicatos y partidos). Sin embargo, aún en este contexto pedir al estado burgués(aún con un gobierno de frente popular como el de Allende) qué proscriba y desarme a los fascistas es sembrar ilusiones en las masas. Solamente la clase obrera puede aplastar el fascismo, a través de la revolución proletaria. El fascismo es otra forma de gobierno del capitalismo del que echa mano la burguesía si otras formas más democráticas se demuestran incapaces de reprimir al movimiento obrero. Por lo tanto los sectores decisivos de la clase capitalista no pueden permitir a su gobierno que elimine esta arma crucial en potencia.

Aunque el ex-trotskista Socialist Workers Party se concentró durante las recientes demostraciones en defensa de la Ligue Communiste en el eslogan “a la cárcel los fascistas, no la Ligue”, Trotsky mismo rechazó tales consignas que fueron elevadas por los estalinistas en Francia. Cuando Cachin, un líder del PC, exhortó a un bloque con los radicales socialistas de Daladier en 1934, uno de sus argumentos era que los radicales habían pedido el desarme de los fascistas. Trotsky replicó:

“Ciertamente, los radicales se declararan en favor de desarmar a todo el mundo-incluyendo las organizaciones obreras. Ciertamente, en las manos de un estado bonapartista; una medida semejante sería dirigida especialmente contra los obreros. Ciertamente, los ‘desarmados’ fascistas recibirían en el futuro sus armas, no sin la ayuda de la policía”

— “¿Adónde va Francia?”, noviembre de 1934

Trotsky contrapuso el desarme de los fascistas por las milicias obreras. En un sentido programático trató de la cuestión en la tesis “La guerra y la Cuarta Internacional” (1934) que declaraba:

“Volverse hacia el estado, esto es, al capital, con la demanda de que desarme a los fascistas significa sembrar las peores ilusiones democráticas, adormecer la vigilancia del proletariado, desmoralizar su voluntad.”

En un sentido más inmediato, el pedir al estado burgués que desarme y proscriba a los fascistas es una invitación a la burguesía a que apruebe leyes que proscriban a “grupos armados extra-legales tanto de la izquierda como de la derecha”. Una ley semejante fue promulgada en Francia durante el período del frente popular de 1936-38 y fue utilizada exclusivamente en contra de los trotskistas. Allende apoya un decreto similar hoy, y aunque el lenguaje suene imparcial, si se implementa con efectividad colocaría armas sólo en las manos del ejército burgués, dejando la clase obrera totalmente desarmada; y en la práctica se está utilizando exclusivamente contra los sindicatos y las organizaciones obreras, mientras que las organizaciones fascistas como Patria y Libertad continúan asando armas en cantidades ingentes.

Cuba exporta la traición estalinista

Lugarteniente del Kremlin en África

Cuba exporta la traición estalinista

Traducido de Workers Vanguard No. 219, 17 de noviembre de 1978. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 07, junio de 1979.

“La derrota del imperialismo en Angola es el golpe más fuerte por él sufrido en Occidente en toda la historia”, dijo el conocido novelista colombiano Gabriel García Márquez, dándoles el mérito a los dirigentes cubanos, a quienes elogió por “la velocidad y tranquilidad con que actuaron, dándose perfecta cuenta de las consecuencias”. Aun permitiendo la exageración literaria, la evaluación histórica es desproporcionada. Pero el entusiasmo de García Márquez por la “misión revolucionaria” de Castro en África es característico de toda una gama de izquierdistas, en búsqueda de una causa popular desde la terminación de la guerra de Vietnam.

Aunque esta reacción era más bien típica de los nacionalistas “tercermundistas” y los filoestalinistas, también se manifestó entre aquellos que reclaman la herencia revolucionaria del trotskismo. Entre los dirigentes del mal llamado “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional” (SU) de Ernest Mandel, el más atrevido fue el locuaz guerrillero de salón Livio Maitan quien proclamó que “el compromiso decisivo de Cuba con una crucial batalla antiimperialista tiene pocos precedentes en la historia de décadas pasadas…” (Inprecor, 18 de marzo de 1976).

Pero aún el ala, socialdemócrata y reformista del SU, encabezada por el Socialist Workers Party (SWP) de los Estados Unidos, corrió al lado de Castro. En las páginas centrales del Militant del 28 de julio de 1978, la introducción a un importante artículo por el veterano dirigente del SWP Joe Hansen —“Cuba y África”— declaraba que algo que no había cambiado durante los 20 años transcurridos desde la Revolución Cubana era “el apoyo de la dirección castrista a las luchas antiimperialistas alrededor del mundo.”

El artículo de Hansen sirve hoy día de introducción a un libro recopilando sus escritos sobre Cuba. Dynamics of the Cuban Revolution (New York, Pathfinder Press, 1978). Aquí Hansen caracteriza el último giro en la política exterior de Castro como una confirmación impresionante de su caracterización ya consagrada (tanto por él como el SU) de Cuba como un estado obrero sano y no estalinista, y de Castro como un marxista revolucionario. Hansen hace la pregunta:

“¿Qué demuestra la creciente influencia de La Habana en los asuntos africanos acerca del estado actual de la Revolución Cubana? ¿Se ha enquistado una casta parásita en Cuba? ¿Se ha degenerado la revolución hasta el punto de que hoy deba decirse que un régimen estalinista ha usurpado el poder? ¿Juzgando a posteriori debe reconocerse ahora que la Revolución Cubana tuvo una dirección estalinista desde el comienzo? ¿O es que los nuevos sucesos indican otra cosa, la continuación de una política de extender la revolución internacionalmente, de esta manera yendo en contra de la política estalinista de ‘coexistencia pacífica’ con las potencias imperialistas y el sistema capitalista?”

Su respuesta:

“Pero en África, las actividades cubanas han aumentado considerablemente la instabilidad a costa de las potencias imperialistas. Castro ha seguido un camino que cerraba, en vez de invitar, la posibilidad de un arreglo con el imperialismo norteamericano. Este solo hecho es prueba decisiva contra la aseveración de que los eventos en África significan que una casta burocrática endurecida se ha apoderado de Cuba.”

Algunos de los argumentos de Hansen son francamente ridículos, como su intento de atribuirle a Castro una independencia de iniciativa en África alegando que el Kremlin podría haber utilizado mejor letones, polacos o checos, siendo que “Cuba queda más distante del escenario”. Otros son descaradamente antimarxistas, como su “crítica fraternal” instando a Castro y Cía. a “ir hasta el final” en vez de limitar la política externa cubana al “antiimperialismo”:

“Los cubanos parecen estar principalmente interesados en reforzar los aspectos antiimperialistas de los trastornos en estas zonas [Angola y Etiopía]. Pero hacer caso omiso de la lucha por las metas socialistas sólo puede ser contraproducente.”

Esta distinción absoluta entre las metas antiimperialistas y socialistas es una expresión directa del desacreditado dogma estalinista de “revolución por etapas”. La teoría trotskista de la revolución permanente sostiene que en la época actual la lucha contra el imperialismo es imposible sin desafiar directamente el dominio capitalista.

Para poder proclamar que sus análisis a comienzos de los 60 habían resistido la prueba del tiempo, Hansen se ve obligado a falsificar abiertamente las posiciones anteriores del SU. De acuerdo con el “abandono del guerrillerismo” por el SWP a partir de 1969 (recientemente compartido por la mayoría mandelista del SU), en su introducción Hansen critica la línea guevarista de guerra de guerrillas a escala continental por “basarse en una apreciación equivocada de la experiencia cubana y las posibilidades de su repetición”:

“La conclusión general a sacar de este viraje es que para conducir la lucha por el socialismo se necesitan medios más efectivos que una simple banda guerrillera.”

Pero allá en 1963, cuando la primera ola de entusiasmo radical pequeñoburgués por el castrismo, el SU se fundó sobre la base del apoyo al guerrillerismo. Una de las principales lecciones a sacar de las experiencias china y cubana, escribió el SWP en el documento de fundación del SU, es que “la guerra de guerrillas conducida por campesinos sin tierra y fuerzas semiproletarias… puede jugar un papel decisivo en socavar y precipitar la caída de un poder colonial o semicolonial” (“Por la pronta reunificación del movimiento trotskista mundial”). Otro documento del congreso de reunificación del SU hablaba de la posibilidad de “tomar el poder aún con un instrumento desafilado” en los países atrasados.

Esta revisión de la historia no es casual, ya que para presentar la política exterior de Castro como “antiimperialista” el SU ha deformado y disimulado sistemáticamente la verdadera política de La Habana. Así, para responder a la apología “trotskista” del castrismo por Joseph Hansen, es necesario examinar los hechos. El primer período de 1961 a 1965 se analiza en nuestro artículo, “Castro en busca de la distensión hemisférica” (en este número). Aquí, al repasar el zigzagueo de la política exterior cubana desde el “periodo heroico” del guevarismo a mediados de los 60, mostraremos que a pesar de un matiz a menudo más militante, consecuencia de su condición de isla asediada, la política castrista siempre ha sido fundamentalmente nacionalista, circunscrita (cuando no dictada directamente) por la política de distensión de sus hermanos mayores de la burocracia del Kremlin.

De la Tricontinental a la OLAS

Hansen alega que en los primeros años el gobierno cubano apoyó “tanto política como materialmente” los intentos de extender la lucha guerrillera revolucionaria a lo largo y ancho de América Latina, culminando en la conferencia de la OLAS de 1967. Otros dirigentes del SU han alabado en forma similar las tesis de Guevara sobre una revolución continental:

“… este concepto, que es esencialmente trotskista y contrapuesto a la falsa teoría del ‘socialismo en un solo país’, ha sido adoptado por la dirección fidelista de la Revolución Cubana. El llamamiento en la Segunda Declaración de La Habana y la resolución del Congreso Tricontinental [1966] instando a las masas latinoamericanas a tomar el poder político son ejemplos de esto.”

— Hugo González Moscoso, “The Cuban Revolution and its Lessons”, en Ernest Mandel, Fifty Years of Revolutions, 1917-1967

Para comenzar,  las tesis de la Tricontinental no respaldan la revolución permanente como tampoco lo hizo la “Segunda Declaración de La Habana” con su llamado a la unidad con “las capas más progresistas de la burguesía”.

Las consignas más “avanzadas” en la declaración general de la Conferencia Tricontinental eran:

“… el derecho al control nacional de los recursos básicos a la nacionalización de los bancos y las empresas vitales, al control estatal del comercio exterior y del cambio, al crecimiento del sector público, a la reconsideración y repudio de las deudas espurias y antinacionales… a la realización de una verdadera reforma agraria que elimine la propiedad feudal y semifeudal…”

Tricontinental No. 3, noviembre-diciembre de 1967

No hay absolutamente nada en esta declaración que “socialistas africanos”, generales nacionalistas latinoamericanos u otros populistas y demagogos “tercermundistas” no pudieran aprobar —y buen número de ellos firmaron, entre ellos Sékou Toure de Guinea y Cheddi Jagan de Guayana. Entre los participantes de la conferencia también se incluyó varios de los partidos comunistas más derechistas de América Latina, y por un voto de 31 a 9 se respaldó la línea soviética de “coexistencia pacífica” (Adolfo Gilly, “A Conference Without Glory and Without Program”, Monthly Review, abril de 1966).

La afirmación más dramática del carácter estalinista de la dirección cubana en la Conferencia Tricontinental fue el ataque virulento de Castro al trotskismo. Su invectiva se dirigió contra la tendencia posadista —una escisión histérica del SU que después de década y media de una existencia marginal se ha fracturado y disuelto en los límites oscuros de la izquierda latinoamericana— denunciando la aseveración posadista de que Castro había aplastado una fracción guevarista y “eliminado” al “Che”. El “jefe máximo” sacó las viejas calumnias de que los trotskistas “están al servicio del imperialismo yanqui, igual que la Cuarta Internacional”. Y atacó virulentamente al MR-13 guatemalteco, que tenía vínculos con los posadistas y llamaron a la revolución socialista, mientras elogió a su rival, las FAR, orientadas por los estalinistas guatemaltecos, quienes sólo se pronunciaron por la revolución “democrática”.

La respuesta de Hansen (“Adolfo Gilly, Fidel Castro and the Fourth International”, reproducido en Dynamics of the Cuban Revolution) fue regañar amablemente a Castro por “repetir” calumnias estalinistas, expresando la esperanza de que su ataque al trotskismo fuera tan sólo “un episódico paso atrás”, y gastando la mayor parte del artículo ajustando cuentas con los posadistas, entre otras cosas por la insistencia de estos de que Cuba apoyaba la coexistencia pacífica estilo Kremlin. (A comienzos de los años 60, cuando Castro encarceló a los trotskistas cubanos y se destrozaron en la imprenta las planchas para el libro de Trotsky, La revolución traicionada, Hansen y Cía. mantuvieron un silencio criminal.) Solamente cuando el estalinista de vieja guardia Blas Roca (el “Earl Browder cubano”) se sumó a la campaña difamatoria antitrotskista es que Hansen por fin abrió fuego, pero aún entonces lo hizo con mucha cautela para evitar que sus comentarios pudieran interpretarse como un ataque al “equipo de Castro”, que por supuesto incluía a los Blas Roca.

De la Tricontinental emergieron dos organizaciones internacionales dirigidas por Cuba: la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAL) y la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Pronto se vio que la OSPAAL había nacido muerta y no hizo nada más que publicar su revista. Pero los cubanos al principio hicieron un esfuerzo de construir la OLAS, incluso formando comités nacionales. (El presidente del comité chileno de la OLAS fue Salvador Allende.) También se llevó a cabo una conferencia en 1967 aclamado por Hansen como “una realización alentadora y un paso hacia la revolución mundial.” Dos años más tarde, un congreso del seudotrotskista SU votó que su trabajo latinoamericano se basaría sobre todo en: “integrarse en la corriente revolucionaria histórica representada por la revolución cubana y la OLAS” (“Resolution on Latin America”, Intercontinental Press, 14 de julio de 1969).

Por esa época Hansen ya se había distanciado del guerrillerismo guevarista y se opuso a la resolución de la mayoría mandelista. Pero no fue esa la posición que él defendió en 1967. En un informe entusiasta (“The OLAS Conference: Tactics and Strategy of a Continental Revolution”, que también se incluye en el libro de Hansen), trató de congraciarse con Castro al “explicar” la andanada antitrotskista de éste en la Tricontinental. De acuerdo con la repugnante apología por el dirigente del SWP, ésta “fue interpretada por todos los elementos de vanguardia con algún conocimiento real del movimiento trotskista como una posible identificación equivocada del trotskismo con la extraña secta de Posadas o, en el peor de los casos, un simple eco tardío de las viejas calumnias estalinistas, cuyo propósito quedaba completamente oscuro.” Procedió a embellecer a la conferencia misma:

“… el significado político de la conferencia de la OLAS está totalmente claro. Marcó la diferenciación fundamental entre la Revolución Cubana y los viejos partidos comunistas y su política colaboracionista de clases.”

Para justificar esta interpretación, exageró el ataque de Castro al Partido Comunista venezolano. Convirtiéndolo en una ruptura con “todos los PC derechistas”. En primer lugar. Castro no rompió con todos los PC derechistas: con la excepción de los PC de Argentina y Brasil, todos los demás partidos pro-Moscú de América Latina asistieron a la conferencia de la OLAS. Y en cuanto al delito de los venezolanos, el líder cubano solamente les exigió que volvieran a sus posiciones de 1962-65, de apoyo a la guerrilla del MIR.

Luego Hansen postula que “Así la cuestión de la lucha armada fue considerada en la conferencia de la OLAS como la línea divisoria decisiva separando a los revolucionarios de los reformistas a escala continental. En este sentido recordaba la tradición bolchevique.” ¡Tonterías! Los bolcheviques consideraban a los narodniki y anarquistas rusos (quienes ciertamente creían en “la lucha armada”) como “liberales disfrazados”. Y un sinnúmero de movimientos populistas, nacionalistas y reformistas han estado dispuestos en determinadas circunstancias a embarcarse en la guerra de guerrillas. ¡El mismo J.V. Stalin no se distinguía precisamente por su reticencia a “empuñar el fusil”! La argumentación de Hansen es simple y llanamente contrabando Mao-castrista, una disculpa para el estalinismo “tercermundista”.

Bolivia-Praga: Castro gira a la derecha

Más aun, poco después de la conferencia de la OLAS el mismo régimen cubano bajó las armas, aunque fuera temporalmente. La catastrófica aventura del “Che” Guevara en Bolivia, aunque testimonia la dedicación del valeroso destacamento vilmente asesinado por la CIA y sus lacayos bolivianos, constituyó un fiasco político-militar desde todo punto de vista. En un emotivo discurso ante una multitud reunida en la Plaza de la Revolución, Castro responsabilizó al PC boliviano por no haber suministrado el respaldo prometido. Pero fue la dirección cubana la que decidió apoyarse en los agentes bolivianos del Kremlin —quienes sólo cumplieron con su papel de siempre— del mismo modo que constituyó las conferencias de la Tricontinental y de la OLAS sobre la base de la participación de los PC latinoamericanos, y rompió rotundamente con el grupo guerrillero guatemalteco MR-13 por su negativa a aceptar la dominación estalinista.

Tomada en conjunto con la aniquilación de los grupos guerrilleros castristas y maoístas en el Perú, así como la situación difícil de las FALN venezolanas y las FAR guatemaltecas, era evidente, aún para torpes empiristas que toda la estrategia guevarista de la guerrilla campesina era un fracaso. (Esta comprensión, sin embargo, no se extendió al SU cuyos apetitos seguidistas son tan fuertes como para cegarlos, no sólo a los principios marxistas sino también a los meros hechos. En 1969 proclamaron a la guerra de guerrillas rural como eje de las luchas, en América Latina por todo un período; cuando no ocurrió ni una sola de tales luchas, concluyeron en 1974 que “la lucha armada” debería incluir también a las guerrillas urbanas; y cuando éstas a su vez desaparecieron, en 1977 concluyen que habían malinterpretado el ritmo de los eventos. ¡Qué perspicacia! Aparentemente el régimen cubano concluyó que los masivos programas de contrainsurgencia del Pentágono y de la CIA habían dado resultado, y consecuentemente suprimió el exiguo suministro de armas a las aisladas bandas de sus partidarios perdidos en las faldas de los Andes.

Aún bajo una presión considerable por parte del coloso imperialista yanqui del norte (Castro una vez remarcó que los políticos norteamericanos se ponen histéricos porque Cuba está a solo 90 millas de Florida; deberían apreciar, dijo, como se sentía él con el estado imperialista más poderoso del mundo a escasas 90 millas de La Habana), los cubanos aparentemente decidieron mejorar sus relaciones con Moscú a cambio de un incremento en la ayuda militar y económica. Así, cuando el 23 de agosto de 1968 los tanques soviéticos entraron a Praga, Castro hizo un importante discurso radiodifundido para apoyar la invasión del Kremlin a Checoslovaquia. Su discurso fue una ducha fría para muchos castristas latinoamericanos y debió haber remecido aún al SU. Pero tanto se habían acostumbrado estos ex-trotskistas a excusar lo inexcusable que Joe Hansen escribió un largo artículo (“Fidel Castro and the Events in Czechoslovakia”, reproducido en su libro) en el cual “lamenta” de paso que Castro no haya visto la invasión checa como uno de los peores crímenes del Kremlin… ¡y a continuación dedica páginas enteras a elogiar las críticas de Castro a la coexistencia pacífica!

Salvo la introducción, el artículo más reciente en Dynamics of the Cuban Revolution data de 1970. De esa manera, más de media década de la política exterior cubana ni siquiera se menciona en el libro de Hansen. No es casual que éste sea el período en que fueron cometidos algunos de los más notorios actos oportunistas de Castro, traiciones que al SU le gustaría escamotear. Durante este tiempo Castro se acercó a cuanto populista aun medianamente nacionalista hubo en América Latina, con preferencia especial por los regímenes militares, alabando sus credenciales “revolucionarias” y “antiimperialistas”. Entretanto, los guerrilleros restantes fueron abandonados a su suerte. Douglas Bravo, dirigente de las FALN venezolanas, al romper con La Habana en 1970 denunció a los cubanos por “concentrarse exclusivamente en fortalecer su economía, suspendiendo toda ayuda a los movimientos revolucionarios latinoamericanos” (Le Monde, 15 de enero de 1970).

El gobierno peruano del General Juan Velasco Alvarado fue el favorito de Castro durante los primeros años de esta década. En 1969 saludó a la junta militar izquierdista en Lima como un “fenómeno nuevo”, es decir, “un grupo de oficiales progresistas jugando un papel revolucionario” (citado por Carmelo Mesa-Lago, Cuba in the 1970’s: Pragmatism and Institutionalization, 1974]). Otro de estos “progresistas pistoleros” fue el General Omar Torrijos del Panamá, que el año pasado hizo sensación al negociar con Jimmy Carter un nuevo tratado sobre el Canal de Panamá, permitiendo a los Estados Unidos mantener el control de la Zona del Canal hasta el año 2000, y otorgándole a partir de entonces un derecho ilimitado de invasión siempre y cuando afirme la existencia de una amenaza contra las operaciones del canal. Además de hacer pasar por revolucionario a este bonaparte entrenado en el ejército estadounidense, Castro le aconsejó a Torrijos tener paciencia, recordándole que los EE.UU. aún controlaba la base naval de Guantánamo y añadiendo, “no tenemos prisa” en recuperarla (New York Times, 13 de enero de 1976).

En otras partes del Caribe, los cubanos han estado cortejando al primer ministro jamaicano Michael Manley. Manley acompañó a Castro a la conferencia de países “no alineados” en Argelia en 1973, apoyó la intervención cubana contra el ataque imperialista de Sudáfrica y la CIA en Angola, y según informes tiene unidades policiales pretorianas entrenadas por La Habana (véase “Political Gang Warfare Escalates in Jamaica,” WV No. 118, 16 de julio de 1976). Y para demostrar que “lo pasado, pasado está”, en los últimos dos años Cuba ha mantenido relaciones de las más amistosas con el primer ministro de Guayana, Forbes Burnham. Este es el mismo individuo que en 1964 desalojó del poder al amigo de Castro, Cheddi Jagan ¡con la ayuda de la CIA!

Pero la mayor traición de todas fue el apoyo político dado por el dirigente cubano al gobierno de la Unidad Popular (UP) de Salvador Allende en Chile. Los dirigentes del SU bañaron en alabanzas a Castro por su denuncia en 1967, del PC venezolano que propiciaba una “vía pacífica” de la revolución; pero cuando tres años más tarde e frente popular chileno llegó al gobierno a través de las urnas, el protagonista histórico de la guerra de guerrillas no pronunció sino elogios a la UP de Allende. En electo cuando Castro visitó a Chile en noviembre de 1971 dijo en un discurso ante la federación sindical CUT: “… nunca hubo contradicción alguna entre los conceptos de la revolución cubana y el camino seguido por el movimiento de izquierda y los partidos obreros en Chile” (Fidel in Chile [1972]). Castro habría expresado críticas “confidenciales” a Allende sobre la falta de movilización de las masas, pero mientras tanto el gobierno frentepopulista, públicamente aclamado por el líder cubano, iba desarmando políticamente a los trabajadores al solicitarles depositar su confianza en el ejército “constitucionalista” y la burguesía “democrática”. El saldo de esta traición: más de 30.000 muertos, 500.000 exilados, una oportunidad revolucionaria aplastada.

Cuba en África

En forma similar a China durante el período anterior al giro en la política exterior de Nixon en 1971, los gobernantes del estado obrero deformado cubano han seguido una política exterior relativamente más agresiva que la de sus mentores del Kremlin, sin dejar de basarse en las estrechas consideraciones nacionalistas de toda burocracia estalinista. “Reformismo bajo el fusil”, lo calificábamos en el caso de los maoístas. Y cuando se presentó una oportunidad de recuperar la aureola de la combatividad revolucionaria y al mismo tiempo hacerle un favor a Brezhnev, Castro y Cía. la aprovecharon en seguida. La coyuntura fue la batalla por Angola a partir de la terminación del dominio colonial portugués a fines de 1975.

Es el nuevo papel de Cuba en África lo que ha motivado los panegíricos de todos los cansados izquierdistas de ayer, ahora personas respetables pero aún dispuestas a apoyar una causa buena. Mientras Washington discute si Castro es un simple peón de los rusos, los seudo marxistas hacen lo mismo. El novelista Gabriel García Márquez, quien cuando se aventura en política se muestra un servil adulador de “Fidel”, ha publicado una extensa entrevista con su “comandante supremo” en la que describe cómo Cuba decidió, independientemente, ayudar al MPLA angoleño contra el asalto de Sudáfrica y la CIA. Hansen también concluye que “el régimen de Castro ejerció cierta iniciativa al introducir la influencia cubana…” Quizás sí, pero obviamente no pudo haber actuado sin el visto bueno soviético (todo el armamento y gran parte del transporte de las tropas cubanas a Angola y Etiopía fueron suministrados por los rusos).

Para apoyar su premisa de que Cuba es un estado obrero no burocratizado con una dirección revolucionaria (aunque tal vez un poco torpe; se olvidan de que Castro ha sido un “trotskista inconsciente” durante casi 20 años, de acuerdo con el SU), Hansen trata de argumentar que la política de Castro consiste en “extender la revolución internacionalmente, oponiéndose de esa forma a la política estalinista de ‘coexistencia pacífica’ con las potencias imperialistas…”.Aquí sí que ha metido la pata pues los cubanos sostienen con insistencia que su política en África cabe dentro del marco de la distensión. Por cierto, en el primer (¡!) congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en diciembre de 1975 mientras los combates en Angola se libraban con toda fuerza y miles de soldados cubanos se encontraban a bordo de transportes en medio del Atlántico, la dirección castrista se pronunció formalmente por la distensión como política oficial del partido.

¿Por qué se muestra el SWP tan interesado en apoyar las aventuras cubanas en África? Sin duda hay varios motivos. Uno se desprende de la curiosa observación de Hansen: “Un nuevo aspecto de esta intervención es su legalidad… En respuesta al llamamiento [del MPLA], los cubanos actuaron de acuerdo con la ley internacional.” Contrariamente a la afirmación de Hansen antes citada, un importante sector de la burguesía norteamericana vio la influencia cubana como una fuerza estabilizadora en África. No deseando atar los intereses estadounidenses al destino del condenado régimen rodesiano ni a la odiada Sudáfrica, vieron en las tropas cubanas un factor que impedía una guerra civil sangrienta e inconclusa en Angola y refrenaba al voluble demagogo Mengistu en Etiopía. Así, el embajador norteamericano ante las Naciones Unidas, Andrew Young, declaró, en una entrevista televisada que “en un sentido los cubanos introducen cierta estabilidad y orden en Angola” (New York Times, 3 de febrero de 1977). Hansen tiene presente los tiempos cuando el SWP formó un bloque político sobre Vietnam con el ala derrotista del Partido Demócrata.

Ciertamente otro motivo es ocultar su infame neutralidad en el momento de la invasión sudafricana contra Angola en 1975-76. En ese entonces el SWP rehusó tomar partido por el MPLA, respaldado por la URSS-Cuba, contra el FNLA financiado por la CIA y el UNITA ayudado por Sudáfrica. En un informe al Comité Nacional del SWP publicado en el Militant del 23 de enero de 1976 (Sudáfrica lanzó la invasión a finales de octubre de 1975), Tony Thomas conjeturaba:

“Si la intervención imperialista aumenta, como parece altamente probable podríamos, por razones tácticas, decidirnos a favorecer la victoria de uno u otro de los grupos, pero por supuesto sin darle ningún respaldo político.”

En realidad, el SWP nunca llegó a ajustar su línea durante los combates, provocando cierto escándalo dentro del SU.

Los ex-socios latinoamericanos de Hansen (en la lucha fraccional de casi diez años dentro del SU), dirigidos por el camaleón Nahuel Moreno, condenaron al SWP por no haber apoyado al MPLA en este momento crucial y luego haber tratado de tergiversar los hechos para encubrir su posición. El SWP llegó a publicar una “versión final corregida” del informe de Thomas al Comité Nacional (en el libro Angola: The Hidden History of Washington’s War [1976]) en la cual omitieron sus apologías al FNLA y UNITA y añadieron, ex post, su línea revisada de que la invasión imperialista cambió el carácter de la guerra. Después de este escamoteo se atrevieron a publicar un documento interno deshonesto (Doug Jenness y Tony Thomas, “The SWP’s Policy in Relation to Angola: ‘Historic Error’ or a Record to Be Proud Of?”, SWP Discussion Bulletin, 1971) pretendiendo indignarse por la acusación morenista.

Últimamente el SWP fue criticado por la ex-mayoría mandelista (ahora formalmente disuelta, pero aun contando con su propia publicación internacional), que después de ocho años como castristas ligeramente disfrazados de repente descubre unas críticas “trotskistas” de la política exterior cubana en África. El mismo número de Inprecor (21 de septiembre de 1978) que publica una traducción de la introducción de Hansen presenta un contra-artículo del “experto” mandelista en asuntos Africanos Claude Gabriel sobre “El papel de Cuba en África”. Después de fustigar a Cuba por la brutal represión contra la izquierda por parte de sus aliados en Angola y Etiopía (un hecho que Hansen solo menciona de pasada), Gabriel anota:

“Seria, por consiguiente, erróneo concluir mecánicamente que debido a la existencia de conflictos entre Cuba y el imperialismo en África la dirección castrista está fuera del marco de la coexistencia pacífica.”

Los dos ataques a Hansen son, en lo fundamental, racionalizaciones a posteriori. Por su parte, los morenistas son verdaderos expertos en ocultamiento y falsificaciones (conferir sus repetidas autojustificaciones cínicas de su escandaloso apoyo político al gobierno peronista de Argentina en 1974-75) y simplemente quieren un garrote fraccional contra el SWP. Por otro lado, los mandelistas más extremos pasan su gota amarga luego de haberse quemado en su bravuconada guerrillerista.

A diferencia del SWP, cuya capitulación reformista ante los liberales imperialistas los condujo a adoptar una “neutralidad” en favor del FNLA y UNITA durante el asalto imperialista contra Angola en 1975-76, y a diferencia del ala mandelista del SU, que apoyó al MPLA en la riña nacionalista antes de que la invasión sudafricana cambiara el carácter de la guerra civil, la tendencia espartaquista ha mantenido una política principista de independencia política del proletariado con respecto a todos los rivales nacionalistas, a la vez que propugnábamos la victoria militar del MPLA (respaldado por Cuba y la URSS) contra la agresión imperialista (véase “Smash Imperialist Power Play in Angola”. Workers Vanguard No. 84, 14 de noviembre de 1975).

Hansen y Cía. se ven forzados a distorsionar sistemáticamente la política cubana y a reinterpretar solapadamente la propia porque ya hace rato que abandonaron el programa trotskista para ponerse a la cola del estalinismo “tercermundista” y posteriormente de su “propia” burguesía. La tendencia espartaquista ha sido única en sostener que el estado obrero cubano fue, desde sus comienzos, cualitativamente burocráticamente deformado. Aunque una casta burocrática endurecida no se había consolidado al principio, la prepotencia de una dirección bonapartista en la ausencia de formas soviéticas de democracia obrera fue decisiva, como escribimos hace más de 15 años (véase “Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional”, Cuadernos Marxistas No. 1), para determinar el carácter estalinista del régimen de Castro.

Llamando por la defensa combativa de la revolución cubana contra el ataque imperialista, señalábamos al mismo tiempo que la burocracia en vías de consolidación era programáticamente incapaz de dirigir la lucha antiimperialista que a lo largo constituye su única esperanza de victoria: tendrá que ser depuesta a través de una revolución política proletaria. En la medida en que Castro se ha visto cada vez, más enredado en las maniobras globales del Kremlin, abandonando a sus seguidores guerrilleristas, alabando a generales “antiimperialistas” y demás, nuestro análisis marxista se ha visto confirmado una y otra vez. La tentativa de Hansen de inventarle un imaginario papel revolucionario a Castro —cuyas intervenciones en África son simplemente parte del esfuerzo soviético a escala global por ganarse un poco más de espacio para maniobrar dentro del marco de la distensión— es factualmente inexacto, teóricamente fatal y políticamente liquidacionista.

Y no explica la política cubana, ni en África ni en ninguna parte.

“La Pasionaria”: ¿Voz de resistencia o eco de traición?

“La Pasionaria”:
¿Voz de resistencia o eco de traición?

Traducido de Workers Vanguard No. 161, 10 de junio de 1977. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 5, Octubre de 1977. * Todas las citas seguidas de un asterisco han sido traducidas de una transcripción en inglés o francés, y pueden no coincidir con el original.

El 13 de mayo Dolores Ibárruri, la oradora estalinista conocida como “La Pasionaria”, regresó a España después de 38 años de exilio en la Unión Soviética. Esposa de un minero asturiano, ella durante la guerra civil llegó a ser una dirigente del Partido Comunista Español (PCE); y fue nombrada presidente del partido durante los años de exilio. Su regreso a España ocurre un mes después de la legalización del PCE por el primer ministro Suárez. Ibárruri encabezará las listas del partido en Asturias en las elecciones parlamentarias de junio.

Ibárruri entró al país discretamente. Los militantes del partido recibieron instrucciones de no asistir al aeropuerto de Madrid para celebrar su llegada, y tan pronto como el avión aterrizó, fue trasladada sin ceremonias a un lugar desconocido. De acuerdo con el New York Times del 14 de mayo, el PCE había realizado lo que un representante llamó “un acuerdo de caballeros” con Suárez de no darle una bienvenida tumultuosa que podría “ofender” a los “franquistas atrincherados en la burocracia y el ejército”. Así, igual como durante la Guerra Civil Española los estalinistas lucharon para mantener la “legalidad republicana” (es decir, el orden capitalista), hoy el PCE mantiene la “tranquilidad” de la monarquía franquista “reformada”.

Pero si el PCE ha restado importancia al retornó de Ibárruri la prensa burguesa extranjera le ha puesto en primera plana. El New York Times, por ejemplo, anunció en tono sensacionalista el regreso de “una leyenda comunista viviente”. Estos mismos “demócratas imperialistas” que encabezaron la oposición al envío de armas a la República y luego apoyaron al régimen asesino de Franco por décadas, desean ahora limpiar sus nombres con un gesto vacío de “amnistía” periodística. Así, ahora se muestran hipócritamente nostálgicos por los buenos días del pasado cuando la ardiente voz de “La Pasionaria” era transmitida por altavoces a través de Madrid instando a la resistencia contra los fascistas. Con el retorno de Ibárruri y la legalización del PCE los liberales buscan pulir la imagen de “reforma” de Suárez, gravemente empañada cuando la policía reprimió brutalmente las manifestaciones del Primero de Mayo hiriendo a centenares en todo el país.

Para aquellos que vivieron las angustiosas semanas y meses del sitio de Madrid, y para el proletariado del mundo entero que compartió desde lejos la angustia de los mártires caídos, la memoria de aquella batalla heroica fue y continuará siendo una inspiración a la lucha. Lejos de los trotskistas estaría el denigrar el ardiente grito de desafío de “La Pasionaria”, “¡No pasarán!” Captada para la historia en el documental “Morir en Madrid”, la voz de Ibárruri resonando a través de la capital urgiendo a las mujeres de España a verter aceite hirviendo sobre el ejército invasor franquista no se olvidará. Pero detrás de la imagen de la elocuente “Pasionaria”, ahora tan cuidadosamente cultivada, se encuentra la otra faz de su papel que también debe ser recordada: aquella de verdugo perverso estalinista y rabioso lacayo anticomunista que no desperdició ocasión para calumniar y denunciar a todos aquellos que proclamaban la necesidad de una revolución para ganar la Guerra Civil.

Calumnia y asesinato de obreros barceloneses

Citando al revolucionario campesino mexicano, Emiliano Zapata, Ibárruri gritó en su famoso discurso, “¡Es mejor morir de pie que vivir de rodillas!” No obstante los fascistas pasaron para ahogar a los obreros españoles en ríos de sangre, y fueron los estalinistas quienes les abrieron la puerta. Con su negativa a formar milicias obreras unidas, sus llamadas de confianza en el ejército burgués, bajo los oficiales “leales”, muchos de los cuales pronto pasaron al lado de Franco, entregando ciudades enteras a los fascistas, el PCE preparó al proletariado para la derrota.

Desde el momento inicial de la sublevación del ejército, el Frente Popular, con la participación del Partido Comunista inició su labor de sabotaje de la resistencia obrera. Sólo el día anterior al discurso durante el cual “La Pasionaria” lanzó la consigna “¡No pasarán!” el 17 de julio de 1936 cuando Franco estaba a punto de sublevarse en el Marruecos español, ¡el gobierno del Frente Popular suprimía las noticias de la invasión como excusa para rehusar las demandas de miles de obreros que habían marchado al palacio presidencial a pedir armas! Cuando, aproximadamente un año después, durante las Jornadas de Mayo de 1937, el proletariado de Barcelona intentaba romper las cadenas del gobierno burgués ―que había guardado los fusiles bajo llave y había privado de materiales a las fábricas de municiones― fue únicamente el pequeño grupo trotskista, la sección Bolchevique-Leninista de España, y los “Amigos de Durruti”, anarquistas de izquierda, quienes pelearon hasta el final al lado de los obreros.

En ese tiempo una política revolucionaria habría movilizado las masas de obreros y campesinos en una enorme lucha social contra la explotación capitalista; tal política revolucionaria habría dividido el ejército de Franco en sus componentes de clase y dejado a los generales fascistas sin soldados. Pero el PCE y su componente catalán, el PSUC, leales a la garantía dada por Stalin a sus aliados burgueses del que no habría revolución social en España, se echaron al lado del gobierno para aplastar la sublevación. En su autobiografía escrita 30 años más tarde, Ibárruri trata de minimizar la acción nefasta del PCE en aplastar el levantamiento de Barcelona:

“Durante mis largos años de exilio, muchos camaradas me han preguntado con frecuencia: ¿Pudo el Partido Comunista haber tomado el poder en España? Y si pudo hacerlo, ¿por qué no lo hizo?…

“Si en un momento dado de la guerra, por ejemplo en 1937 cuando el gobierno de Largo Caballero estaba en crisis, ciertas condiciones existieron que habrían permitido la toma del poder, los comunistas no lo hicimos (aunque muchos de nuestros combatientes así lo deseaban) por una razón básica: ni la situación nacional ni la internacional eran favorables para el cambio.” *

― Dolores Ibárruri, They Shall Not Pass!, 1966

En retrospectiva Ibárruri adopta un tono blando. Este es un sonido muy distinto a la infamia y la calumnia que desató en su época contra los obreros revolucionarios y los trotskistas, y que ha sido conservado para la historia en su informe al Comité Central, presentado en Madrid el 23 de mayo de 1938:

“Fueron ellos, los criminales trotskistas quienes constantemente han soplado el fuego del desacuerdo entre las fuerzas antifascistas. Fueron ellos quienes organizaron el golpe contrarrevolucionario en mayo de 1937, con el fin de apuñalar a los defensores heroicos de Euskadi (la región vasca) por la espalda, cuando el enemigo había lanzado su brutal ataque contra ellos….

“Fueron ellos quienes han, figurado en el liderazgo del mayor número de organizaciones del espionaje fascista descubiertas hasta el presente por las autoridades de la República….

“Fueron ellos quienes, en aquellos pocos lugares donde pudieron engañar a unos pocos obreros, por Gerona, por ejemplo, los incitaron a conducir huelgas y así impedirle a la población la obtención de refugios para protegerse contra las agresiones desde el aire….

“No debe permitirse vacilación de ninguna clase, ni sentimentalismos en presencia de esta banda de criminales. Uno de los objetivos de la unidad total del pueblo debe ser aplastarlos de una vez por todas.” *

Pero los estalinistas hicieron más que calumniar a los obreros barceloneses. Un funcionario del PCE dirigió la unidad de Guardias de Asalto republicana que precipitó el levantamiento de las Jornadas de Mayo al intentar tomar posesión de la Telefónica de Barcelona de las manos del comité obrero dirigido por los anarquistas. Mientras la CNT (central obrera anarquista) se rehusó a apoyar la resistencia obrera, el centrista POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) peleó por varios días en las barricadas junto a los obreros barceloneses, hasta qué sus líderes asustados ordenaron a los militantes del POUM entregar sus armas. La traición de la dirección del POUM no protegió a sus militantes de ser el objeto de una persecución asesina, lanzada por los estalinistas, que eventualmente resultó en el asesinato del dirigente del POUM Andrés Nin, un ex-trotskista.

Hoy, el líder del PCE Santiago Carrillo quiere lavarse las manos del asesinato de Nin, llamando a éste en su libroEurocomunismo y Estado “un acto abominable e injustificable”, pero Carrillo estaba a la cabeza de la organización de la juventud estalinista en ese entonces, y Dolores Ibárruri era miembro del Buró Político del PCE. Su postura de Poncio Pilatos contradice la historia. En su libro, Yo fui ministro de Stalin, el ministro de educación del PCE en el gobierno republicano de Caballero y Negrín, Jesús Hernández, nos informa de la siguiente respuesta de “La Pasionaria” a una pregunta sobre quién ordenó el arresto de Nin: “Nosotros, como no era cuestión de molestarse por cosa tan intranscendente… ¿Qué importancia puede tener la detención por la policía de un puñado de provocadores y espías?”

El gobierno de la victoria

Además de su llamada “¡No pasarán!” Ibárruri se recuerda ante todo por haber inventado la frase “el Gobierno de la Victoria”, con referencia al gobierno de Negrín, y por su discurso a la salida de la Brigadas Internacionales de España. En ambas ocasiones sus ardientes palabras enmascaraban crímenes horrorosos perpetrados por los estalinistas contra los obreros de España.

El gobierno de Negrín (basado en sus famosos “13 puntos” garantizando protección de la propiedad capitalista, fin a la toma de tierras y retirada de todos los ejércitos extranjeros) se formó como resultado de la decisión del PCE de sustraer su apoyo del previo régimen, encabezado por el socialista Largo Caballero. Después del levantamiento de Barcelona los estalinistas habían decidido que no se podía confiar en Caballero para llevar a cabo la represión de la izquierda que ahora estaba a la orden del día. “El 9 de mayo de 1937” escribe Ibárruri en su autobiografía, “luego de que Largo Caballero se rehusara a castigar a aquellos que le estaban haciendo el juego al enemigo” (es decir, a lanzar una redada contra los dirigentes anarquistas y los del POUM) el PCE se rehusó a participar en el gobierno a menos que él dimisionara. Caballero aceptó y fue reemplazado por Juan Negrín López. Fue con ocasión de la formación del nuevo gabinete que Ibárruri bautizó al régimen de Negrín “el Gobierno de la Victoria” Este luego procedió a aplastar todo residuo de la rebelión obrera y a preparar la rendición final a Franco.

A finales de 1938 las Brigadas Internacionales fueron retiradas de España, una decisión resultante del deseo de Stalin de acordar el pacto Stalin-Hitler. Después de la capitulación de las potencias occidentales ante Hitler en Múnich, Stalin, viendo la futilidad de un acuerdo con las democracias imperialistas, cambió su orientación internacional y decidió entregar España a Franco. Fue en la última marcha de las Brigadas Internacionales, al salir de España, cuando Ibárruri pronunció el discurso ahora tan cariñosamente recordado por los liberales: “Os podéis ir con orgullo”, dijo a las Brigadas que estaban abandonando al proletariado español a su suerte. “Sois historia”, dijo “Sois leyenda, sois un ejemplo heroico de la solidaridad y universalidad democrática.” *

Así como casi 35 años más tarde, el Frente Popular chileno preparó el camino para el golpe pinochetista del 11 de septiembre de 1973, predicando la confianza en los cuerpos de oficiales “constitucionalistas” ― en España a principios de 1939, el coronel republicano Segismundo Casado, quien contaba con la confianza del PCE, realizó un golpe de estado en Madrid a fin de deponer al gobierno de Negrín quien todavía apoyaba, aunque débilmente, la resistencia armada contra Franco. El Partido Comunista que había colaborado con Casado en toda la línea fue desorientado profundamente por su “traición”. En sus memorias Ibárruri escribe que, “La formación de la junta de Casado con el propósito de entregar la república nos sorprendió debido a nuestra confianza mal merecida”. Ella describe un encuentro con Casado pocos días antes del golpe en el cual ella le pide su colaboración para el almacenaje de algunos embarques de alimentos que el PCE había recibido de una organización femenina antifascista en el exterior:

“Casado no solamente estaba deseoso de ayudarnos, se mostró incluso entusiasta con nuestros planes. Siguió hablando sobre la dificultad en conseguir alimentos para la población…

“Nuestra conversación fue tan cordial que antes de irme insistió en que yo viera a su hijito, y llamó a uno de los sirvientes de la casa para que trajera al niño, quien realmente era, como todo niño sano de dos años, un hermoso bebé…

“Que lejos estaba yo de imaginar que este hombre había hecho ya planes para traicionar a la República y entregar el pueblo al fascismo.” *

Sin embargo, incluso en este momento tardío la lucha todavía no estaba necesariamente perdida. En su libro LaGuerra Civil Española, Hugh Thomas escribe que en los días finales, mientras Casado estaba negociando los términos de la rendición con Franco, fuerzas dirigidas por los comunistas permanecían en control de Madrid y su fuerza durante este período era tal que, si el partido lo hubiera ordenado, el PCE podría haber derrotado fácilmente a las fuerzas de Casado e impedido la consolidación de la junta. Pero el Comité Central, profundamente desorientado por el golpe, se rehusó a ofrecer cualquier directivo a los generales.

Al conocer las órdenes de Casado de arrestar a los comunistas, el Comité Central ―incluida Ibárruri― se las arregló para escapar a una pequeña base aérea. Esperando frente a un avión la dirección partidaria recibió la noticia que Casado se negaba a una reconciliación con Negrín. Los miembros del Comité Central simplemente abordaron el avión y volaron a Francia dejando el ejército sin instrucciones. Así, los comandantes comunistas que tenían el control militar de la ciudad, ¡simplemente esperaron la derrota!

Hoy día, mientras asume una posición “ceremonial” como presidente del PCE “eurocomunista” de Carrillo, Dolores Ibárruri ha continuado alabando la “madre patria socialista” de Brezhnev y Stalin. Los trotskistas defienden incondicionalmente al estado obrero degenerado soviético contra el ataque imperialista, algo que es cada vez más dudoso que lo harían Carrillo y Cía. Pero continuamos denunciando los crímenes de la burocracia estalinista, que ordenó el asesinato de Nin y de Trotsky y que continúa suprimiendo la democracia proletaria en la Unión Soviética.

El New York Times informa que en la primera reunión pública de “La Pasionaria”, una manifestación en el País Vasco, un pequeño grupo (supuestamente trotskista) entre los asistentes gritó que Dolores Ibárruri debía ser enviada a un instituto siquiátrico ― una alusión a la práctica de la burocracia del Kremlin de encerrar disidentes, especialmente socialistas declarados, en los hospitales mentales. No creemos que los crímenes de Dolores Ibárruri contra el proletariado internacional sean una aberración mental, ni estamos dispuestos, como ella pide, a “olvidar esas pequeñas historias” de la Guerra Civil Española. Nosotros exigimos la formación de una comisión de investigación obrera para revelar los verdaderos hechos sobre los asesinatos viles llevados a cabo por los estalinistas, de trotskistas españoles y militantes anarquistas y del POUM, empezando con Nin. Sobretodo exigimos que se nos entregue ese hombre, Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky, quien hasta estos días sigue siendo miembro del Partido Comunista Español. ¡Nosotros sabremos qué hacer con él!

La Revolución Cubana y la teoría marxista

La Revolución Cubana y la teoría marxista

[Originalmente publicado en Marxist Bulletin 8. Esta versión fue impresa en Cuadernos Marxistas No.2. Documento sometido al Pleno del Comité Central del Socialist Workers Party [SWP – Partido Socialista de los Trabajadores] de enero de 1961).

La Revolución Cubana, tal y como se ha desarrollado en los últimos 19 meses, plantea algunos problemas teóricos difíciles para los marxistas. Por supuesto estos son problemas que nos deben llenar de alegría, porque nacen del hecho de que la Revolución Cubana ha llegado más lejos, más de prisa y a más profundidad que cualquiera de nosotros había anticipado, de hecho se ha convertido en una profunda revolución social. Sin embargo las paradojas y los problemas continúan y hasta pueden plantear ciertos peligros para nosotros.

Lo que es sorprendente de Cuba es ésto: el hecho de que es un movimiento revolucionario naciente de la clase media urbana y había conseguido el apoyo del campesinado, que subió al poder cuando los Estados Unidos dejaron caer finalmente a su antiguo títere, Batista, y que procedió, una vez en el poder, a seguir un curso auténticamente revolucionario. Desarmó al antiguo ejército y a las fuerzas de la policía y armó a los obreros y campesinos pobres, expropió las mayores posesiones económicas del capital estadounidense, rompió con los lideres políticos representativos de la burguesía liberal cubana. ¡Y todo ésto sin la existencia (por no hablar de la intervención) de un partido socialista revolucionario y sin ninguna acción autónoma de la clase obrera!

Es evidente la contradicción de todo ésto con lo que debíamos esperar de la Teoría de la Revolución Permanente. Si estamos en lo cierto de que toda revolución en nuestro tiempo debe ir más allá de los limites “democrático-burgueses” para llegar a un éxito real, y si podemos hallar plena comprobación de esta faceta de la teoría en la Revolución Cubana, también hemos creído que este proceso ¡solamente puede tener lugar bajo el liderato de la clase obrera y bajó la dirección del partido marxista!

Algunos camaradas han intentado hacer desaparecer esta dificultad aplicando a la Revolución Cubana un concepto prefabricado. Cuba, nos dicen, se ha convertido en un “estado obrero” o, si se quiere, es regido por “un gobierno obrero y campesino”. Desgraciadamente el sustituir un sistema de categorías prefabricadas por el análisis marxista en vez de resolver cualquier problema teórico, simplemente los generaliza, les da una urgencia y una importancia que abarca mucho más allá de su estado presente. ¿Debe llamarse a Cuba “un estado obrero”? ¿No es pues necesario resolver el problema general de cuales son las condiciones bajo las que podemos esperar el éxito derevoluciones proletarias bajo la dirección de la clase media y sin siquiera la participación de la clase obrera o de un partido de la clase obrera? ¿Es el régimen de Castro “un gobierno obrero y campesino”? ¿Y cual es entonces la naturaleza del estado cubano? En todo caso, la composición social del aparato del estado, de las fuerzas armadas y de la milicia, es más proletaria que la del gobierno – y así volvemos a nuestro previo problema. ¡Aunque pudiéramos evitar este problema inevitable, todavía estaríamos enfrentados con un bicho raro – un gobierno obrero y campesino en el cual no hay obreros ni campesinos, ni representantes de partidos independientes de obreros y campesinos! Desde luego ni el Cuarto Congreso de la Internacional Comunista (IC), ni el Programa de Transición previeron dicho fenómeno.

No contribuiremos en nada a la teoría marxista o a comprender la Revolución Cubana si partirnos de la base de que antes de que podamos apoyar una revolución debemos bautizarla como “proletaria” o si buscamos atajos no proletarios hacia la revolución socialista. Por encima de todo debemos rechazar la tendencia a pensar con conceptos abstractos, a buscar antes que nada un nicho ideológico en el cual embutir una realidad indomable. Toda teoría científica está perpetuamente en juicio ante los hechos y todo error en predecir y explicar correctamente los hechos sugiere la posibilidad de algo inadecuado en la teoría. Específicamente, si en ciertos determinados países en la presente coyuntura concreta, nuestras perspectivas teóricas sobre la necesidad  de una dirección proletaria para conseguir los fines de la revolución democrático-burguesa son rebatidas por la realidad, debemos reconocer que, aunque ésto no requiere una revisión general de la teoría, desde luego requiere examinar de nuevo y modernizar estos aspectos concretos de la teoría.

En este breve articulo no intentaremos llevar a cabo un tal reexamen, ni tenemos la intención de presentar aquí un análisis teórico desarrollado de la Revolución Cubana; lo que en realidad intentaremos es exponer un esquema teórico con el cual ese tipo de análisis podrá ser finalmente desarrollado.

Nuestro punto de partida debe ser la tarea histórica inmediata que tiene ante sí la Revolución Cubana: vencer el atraso y pobreza de las masas impuestos por siglos de colonialismo y más particularmente por los pasados cincuenta años de monocultura azucarera inspirados por, y que benefician sólo a los capitalistas estadounidenses. El hacer ésto requería una condición previa absoluta – una reforma agraria radical. Pero como las grandes plantaciones de azúcar y los ingenios estaban principalmente en manos de los capitalistas estadounidenses, no se podía emprender ninguna acción sin chocar inmediatamente con el imperialismo norteamericano y no se podía levar a cabo ninguna reforma profunda sin acabar con la dominación económica de los Estados Unidos en la isla.

Ahora bien, estos fines – modernización, reforma agraria, independencia nacional – desde luego no son reformassocialistas. Simplemente sientan las bases sobre las cuales será construida la Cuba del futuro. ¿Pero esa Cuba será capitalista o socialista? El plantear esta cuestión indica un aspecto esencial del problema cubano – el que la respuesta no será encontrada en Cuba. Una Cuba socialista independiente, aislada, sola frente al enorme poder de los Estados Unidos es un absurdo evidente. Pero no menos absurda es la idea de un desarrollo independiente del capitalismo cubano. Es por lo tanto falso argumentar que Cuba debe ser o bien un “estado capitalista” o “un estado obrero”; o bien “un gobierno capitalista” o “un gobierno obrero y campesino”. Estamos aquí ante un proceso extremadamente dinámico y contradictorio cuyo destino está unido con él de la revolución latinoamericana en su totalidad.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos, brutalmente ciego durante tanto tiempo en su política hacia Latinoamérica, se ha dado cuenta de repente de este hecho. El cambio brusco en 1959 de una línea pro-Castro a una línea violentamente anti-Castro no se debió precisamente a consideraciones limitadas a Cuba: lo esencial era que al expropiar bienes norte-americanos y, sobre todo, al reorientar su comercio de los Estados Unidos hacia el bloque soviético, Cuba había adquirido un papel decisivo a la cabeza de la revolución latinoamericana y estaba conduciéndola en una dirección extremadamente peligrosa.

Los fines de la política estadounidense han quedado finalmemte perfectamente claros: apuntalar, a cualquier coste, los regímenes burgueses más o menos “democráticos” mientras gradualmente liquida las dictaduras estilo antiguo; y al mismo tiempo intensificar hasta el punto máximo las presiones económicas sobre Cuba. Después de un cierto tiempo el régimen de Castro, por pura necesidad económica, sería forzado a venir a términos con el Departamento de Estado. La alternativa de una completa dependencia económica del bloque soviético no da de “hecho” una alternativa; como dice el New York Times en un reciente editorial, “Castro está en peligro de volverse un peón de Rusia y debería recordar que el destino de los peones es normalmente el de ser sacrificados”. ¿Quién puede dudar que Cuba estará sobre la mesa de negociaciones en una futura Conferencia Cumbre?

Esto no es una estrategia inverosímil; lejos de ello. Solamente una cosa la podría trastornar – una extensión dramática de la agitación revolucionaria que quebrantase la solidaridad de la burguesía latinoamericana con el imperialismo de los Estados Unidos y abriese una perspectiva para Cuba. Aunque revoluciones de tipo castrista siguen siendo una posibilidad en los países más retrasados, como Guatemala y Paraguay, países decisivos de Latinoamerica son aquellos que ya han experimentado el crecimiento inicial del capitalismo y en los que ya existe un contingente de la clase obrera industrial considerable: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Venezuela, y México. En estos países una revolución “popular” (que pretende superar las contradicciones de clase) es imposible – el peso de la dirección está ya sobre los hombros del proletariado. Así vemos las dos posibilidades abiertas a la revolución cubana – volver a un estado subordinado del hemisferio occidental dominado por el capitalismo di los EE.UU., o ser asimilada y llevada hacia adelante por una revolución socialista latinoamericana.

En este contexto ¿podemos decir algo concreto sobre la naturaleza del gobierno y estado cubanos? Desde luego, es demasiado pronto para contestar en términos de categorías determinadas, porque la naturaleza misma de la revolución no ha sido decidida aún por la historia. Dado el enorme prestigio de Fidel Castro y la influencia de los estalinistas cubanos dentro del gobierno, un trato entre Castro y Kennedy / Nixon con la bendición tácita de Krushchev, no requeriría que hubiera una contrarrevolución política en Cuba. Igualmente, si estallaran revoluciones proletarias triunfantes en los principales países de Latinoamérica no se necesitaría contrarrevolución para llevar a Cuba a una federación socialista cíe las Américas.

Debemos pues insistir en el carácter transicional y abierto de la Revolución Cubana. El estado cubano es un estado en desarrollo, escasamente de más de un año de duración: su carácter de clase será determinado por el desarrollo de la revolución. El gobierno cubano es un régimen democrático de la clase media basado sobre, y presionado constantemente por, los obreros y campesinos. ¿Es esta descripción, evidente en si misma, menos útil que el rótulo abstracto, arbitrario y falso de “gobierno obrero y campesino”?

Es precisamente porque el gobierno de Castro no es claramente un gobierno obrero por lo que es importante no calificarlo apresuradamente como un “estado obrero”. Si un partido obrero estuviera en el poder importaría poco la rapidez con que se procediera a la nacionalización de la industria. En la presente fluida situación la dirección pequeño-burguesa, de la revolución presenta el mayor peligro interno para el avance de la revolución. Esto hace perentorio que nosotros preconicemos hoy la creación de un genuino partido obrero revolucionario en Cuba.

Si decimos que la decisión final sobre la Revolución Cubana se hará a escala latinoamericana, ésto no quiere decir que aconsejemos pasividad a los marxistas cubanos. La Revolución Cubana tiene todavía mucho campo para progresar hacia el establecimiento de una auténtica democracia, con sus propias formas institucionales de poder obrero y campesino y con un sistema eficiente de control de producción por los obreros a todos los niveles.

Es evidente que existen en el presente fuertes tendencias hacia el autoritarismo, paternalismo, burocratización y por lo tanto burguesificación final; la posición de los estalinistas en el gobierno y los sindicatos, la sugestión de la necesidad de restringir el derecho a huelga, son signos amenazantes.

Como marxistas norteamericanos, nuestra obligación, como los defensores más abiertos y militantes de la Revolución Cubana contra nuestra propia clase dirigente, es en todo momento el discutirla clara y críticamente, sin fetichismos.

17 de agosto de 1960

Shane Mage

Tim Wohlforth

James Robertson

Informe de Spartacist a la Conferencia de Londres

Informe de Spartacist a la Conferencia de Londres (1966) del Comité Internacional

[Observaciones hechas durante la discusión del informe político de Cliff Slaughter a la Conferencia del Comité Internacional por el camarada Robertsan, el 6 de abril de 1966, en nombre de la delegación de Spartacist (con correcciones de menor importancia) Primera impresión en marxistas Cuadernos n º 1]

En nombre del grupo Spartacist, saludo a esta conferencia convocada por el Comité Internacional. Es ésta la primera participación internacional de nuestra tendencia; estamos profundamente agradecidos de la oportunidad de oír e intercambiar puntos de vista con camaradas del movimiento mundial.

Por consiguiente, consideramos que tenemos la responsabilidad de presentarles nuestros puntos de vista específicos en lo que tienen de relevante y distintivo, sin adaptarlos o m:x:lificarlos en razón de una falsa unanimidad que nos perjudicaria a todos, ya que tenemos, en nuestra opinión, valiosos puntos de vista que ofrecer.

Estamos presentes en esta conferencia sobre la base de nuestra concordancia fundamental con la resolución internacional del Comité Internacional; más aún, el informe del camarada Slaughter ha sido por nosotros sólidamente comunista, unificado íntegramente por una determinación revolucionaria.

1. ¿QUE ES EL PABLlSMO?

El punto central de la conferencia es “la reconstrucción de la Cuarta Internacional, destruida por el pablismo.” Por lo tanto, es lógico que la cuestión, “¿Qué es el pablismo?” ha sido discutida a fondo. No estamos de acuerdo con que el pablismo no sea sino la expresión de corrientes orgánicas de reformismo y estalinismo, sin ralees dentro de nuestro movimiento. También estamos en desacuerdo con la opinión de Voix Ouvriere de que el pablismo puede ser explicado Simplemente en referencia a la composición social pequeñoburguesa de la Cuarta Internacional, como tampoco podriá explicarse la naturaleza especifica de una enfermedad en referencia únicamente al debilitamiento del cuerpo en el que se han establecido particulares microbios.

El pablismo es una respuesta revisionista a nuevos problemas planteados por la expansión estalinista posterior a 1943. Y el pablismo ha sido atacado dentro del movimiento por una mala “ortodoxia” representada, hasta en los últimos años, por el ejemplo de Cannon. Debemos responder a los nuevos desafíos de una maneraverdaderamente ortodoxa: como lo expresa Gramsci, debemos desarrollar la doctrina marxista por medio de su extensión, no buscando absorciones eclécticas de nuevos elementos ajenos, como lo ha hecho el pablismo.

La presión que produjo el pablismo comenzó en 1943, después del fracaso de la perspectiva de León Trotsky de la desintegración de la burocracia soviética y de nuevas revoluciones en la postguerra: esta falla resultó de la incapacidad de forjar partidos revolucionarios. Después de 1950 el pablismo dominó la Cuarta Internacional. Solamente cuando los frutos del pablismo se revelaron claramente es que se llegó a separar una sección de la Cuarta Internacional. En nuestra opinión, el movimiento ortodoxo todavía tiene que enfrentarse a los nuevos problemas teóricos que lo hicieron susceptible al pablismo en 1943-50, y que dió origen a una escisión desigual y parcial en 1952-54.

Lucha inevitable

La lucha contra el pablismo es la forma histórica específica de una lucha necesariamente continua contra el revisionismo, que no puede ser “finalmente” resuelta dentro del marco del capitalismo. Bernstein, Bujarin y Pablo, por ejemplo, han sido nuestros antagonistas en fases particulares de esta lucha, que es, a la vez, necesaria e inevitable y que no puede ser “resuelta”.

Estas son algunas de nuestras opiniones sobre el pablismo; no son exhaustivos, porque están conformadas por los aspectos particulares del pablismo que han tenido una importancia especial en nuestra propia lucha contra él.

Discrepamos con la noción de que la presente crisis del capitalismo es tan aguda y profunda que el revisionismo trotskista es necesario para domar a los trabajadores en forma comparable a la degeneración de las Segundas y Terceras Internacionales. Una tan errónea apreciación tendría como punto de partida una sobrestimación enorme de nuestro significado actual, y por consiguiente sería desorientadora.

Es necesario concentrarnos en lo que dijo Lenín con relación a las varias crisis omnipresentes que asedian al imperialismo (un sistema esencialmente en crisis desde antes de 1914). Lenin indicó que no hay situaciones imposibles para la burguesía; es necesario echarla. De lo contrario, las crisis son acontecimientos cotidianos para los mecanismos y agencias del imperialismo aturdiendo de año en año. Justamente ahora, de hecho, su tarea es más fácil después del terrible destrozo del movimiento obrero indonés; añádase a esto los otros reveces que exponen la dependencia de los revisionistas de estratos pequeñoburgueses burocráticos, tal como la putrefacción creciente de la URSS, el aislamiento de China, el sojuzgamiento de India, la estabilización nítida de África, y Castro hecho cautivo de Rusia y los EE. UU. La lección central de estos episodios es la necesidad de construir partidos revolucionarios obreros, o sea, nuestra capacidad de intervenir en la lucha.

2. TACTICAS ANTIPABLISTAS

Un camarada francés lo expresó bien: “no hay familia del trotskismo”. Solamente existe el pro grama correcto del marxismo revolucionario, que no es una sombrilla. Sin embargo, existen hoy cuatro corrientes internacionales organizadas que se reclaman todas ser “trotskistas” y a las cuales se refieren, en un sentido convencional, cornil trotskistas. Esta .situación debe resolverse por medio de escisiones y fusiones. La razón de la .presente apariencia de una “familia” es que cada una de las cuatro tendencias – el “Secretariado Unificado”, la “Tendencia Revolucionaria Marxista” del propio Pablo, la “Cuarta Internacional” de Posadas y el Comité Internacional – cuenta, en algunos países, con el único grupo reclamándose de la bandera del trotskismo. De ahí que en sus áreas atraen a todos los trotskistas ostensibles y suprimen la polarización; no hay lucha y diferenciación, ganando a unos y obligando los otros a abandonar sus pretenciones de revolucionarios y trotskistas. Así, cuando varios camaradas de Spartacist visitaron a Cuba, encontramos que el grupo trotskista allá, parte de la “internacional” de Posadas, consistió en su mayoría por excelentes camaradas que luchaban con valor en condiciones difíciles. Los discursos aquí de los camaradas daneses y ceilaneses, representando secciones de izquierda del Secretariado Unificado, reflejan tales problemas.

La desintegración parcial y el resultante desnudo vergonzoso de las fuerzas del Secretariado Unificando la expulsión de Pablo, la traición ceilanesa, la línea de colaboración de clases del SWP en cuanto a la guerra vietnamita, el arrastramiento de Mandel ante la herencia social demócrata de Bélgica – prueban que ha pasado el tiempo cuando la lucha contra el pablismo podría librarse en un plano internacional dentro de un marco organizativo común. Y la experiencia particular de nuestros grupos en los EE.UU., que fueron expulsados simplemente por las opiniones que sostenían, sin derecho de apelación, demuestra que el Secretariado Unificado miente cuando reclama de integrar todos los trotskistas.

Debemos hacerlo mejor 

Hasta ahora no hemos tenido mucho éxito en aplastar a los pablistas, creemos; el impacto de los solos acontecimientos, no importa lo favorables que sean objetivamente o devastadores para las doctrinas revisionistas, no logrará derrótalos. En los EE.UU., la división del ala izquierda del SWP durante su historia de cinco años ha sido un gran regalo a la dirección revisionista del SWP.

Actualmente nuestra lucha con los pablistas debe ser preponderantemente desde afuera de sus organizaciones; sin embargo, en muchos países sigue siendo necesario un periodo de frentes unidos y de penetración organizativa en los grupos revisionistas, con el fin de consumar la lucha por la verdadera reconstrucción de la Cuarta Internacional, culminado en un congreso mundial para fundarla nuevamente.

3. CLARIFICACION TEORICA

Las experiencias de las luchas argelinas y cubanas, cada una desde su propio lado, san muy importantes por la luz que arrojan sobre la distinción decisiva entre obtener la independencia nacional sobre una base burguesa y las revoluciones del tipo chino que conducen a un real rompimiento. con el capitalismo, aunque confinados dentro de los limites de un estrato gobernante burocrático.

Dos elementos decisivos han sido comunes a la serie de levantamientos bajo lideratos de tipo estalinista, como en Yugoeslavia, China y Vietnam: 1) una guerra civil de guerrillas campesinas que, primero,’ Saca al movimiento campesino del control inmediato del imperialismo y sustituye una dirección pequeñoburguesa; y, después, si resulta victoriosa, toma los centros urbanos y de por su propia trayectoria aplasta las relaciones de propiedad capitalista, nacionalizando la industria bajo una dirección bonapartista recientemente consolidada; 2) la ausencia de la clase trabajadora como competidor por el poder social, y en particular la ausencia de BU vanguardia revolucionaria. Esto permite un papel excepcionalmente independiente para secciones pequeñohurgueses de la sociedad, impidiendo así la “polarización que ocurrió en la Revolución de Octubre en la que la mayoría de las secciones militantes de la pequeña burguesía fueron arrastrad.as en pos de la clase obrera revolucionaria.

Revolución politica

Sin embargo, está claro que se necesita una revolución política suplementaria para abrir el camino al desarrollosocialista o en las primeras etapas (como en Vietnam de hoy), la activa intervención de la clase trabajadora para tomar la hegemonía de la lucha nacional-social. Solamente aquellos que como los pablistas, creen que las burocracias estalinistas (o al menos algunos, por ejemplo Yugoeslavia, China o Cuba) pueden ser una dirección revolucionaria socialista, deben ver en este entendimiento una negación de la base proletaria de la revolución social.

Por el contrario, precisamente, es que el campesinado pequeñoburgués bajo las más favorables circunstancias históricas concebibles no pudo lograr una tercera vía, ni capitalista, ni obrera. En cambio, lo que ha resultado en China y Cuba fue un estado de la misma orden del que salió de la contrarrevolución política de Stalin en la Unión Soviética, la degeneración de Octubre. Por eso es que definimos tales estados como estados obreros deformados. Y la experiencia después de la Segunda Guerra Mundial, si se le entiende correctamente, no ofrece razones para el abandono revisionista de la perspectiva y la necesidad de un poder obrero revolucionario. Al• contrario, es una gran vindicación de la teoría y las conclusiones marxistas bajo circunstancias nuevas, no previamente esperadas.

Debilidad y confusión

Muchas declaraciones y posiciones del Comité Internacional muestran debilidades teóricas o confusión sobre esta cuestión. Así, la declaración del Comité Internacional sobre la caída de Ben Bella declara:

“Donde el estado toma’ una forma bonapartista en beneficio de una burguesía debilitada, como en Argelia o Cuba, entonces el tipo de ‘levantamiento! que ocurrió el 19-20 de junio en Argel está al orden del día.”

Newsletter, 26 de junio de 1965

Mientras las nacionalizaciones en Argelia encubren actualmente un 15 por ciento de la economía, la economía cubana está esencialmente completamente nacionalizada; China probablemente tiene más vestigios de su burguesía. Si de veras la burguesía cubana está “debilitada”, como lo afirma el Comité Internacional: sólo se puede observar que debe estar cansada de haber nadado el largo trayecto a Miami, Flórida.

En cambio, la corriente resolución del Comité Internacional, “Reconstruyendo la Cuarta Internacional”, 10 expresa muy bien:

“De la misma manera, la Internacional y sus partidos son la clave al problema de la lucha de clases en los países coloniales. Los lideres pequeñoburgueses nacionalistas y sus colaboradores estalinistas restringen la lucha al nivel de liberación nacional o, al extremo, a una versión de ‘socialismo en un solo país’, mantenida por la subordinación a las políticas de coexistencia de la burocracia soviética. De esta manera, todos los logros de la lucha obrera y campesina, no solamente en el mundo árabe, India, sureste de Asia, etc., sino también en China y Cuba [nuestro énfasis, Spartacist], se confinan dentro de los límites de la dominación imperialista, o son expuestas a la contra revolución (la coalición contra China, la crisis de los misiles en Cuba, la guerra de Vietnam, etc.).”

Aquí Cuba se iguala plenamente con China, no con Argelia.

El documento sobre la Revolución Cubana producido hace varios años por la sección francesa del Comité Internacional sufre, en nuestra opinión, de un desenfoque central. Considera la Revolución Cubana como análoga a la experiencia española de los años treinta. Esta analogía no es solamente defectuosa; pone la énfasis precisamente en lo que no es común entre las luchas en España y Cuba, es decir, una verdadera revolución obrera en España que fue aplastada por los estalinistas.

Superando un método malo

En nuestra, opinión, los pablistas han sido reforzados en contra de nosotros por este reflejo simplista del Comité Internacional, que en su afán de defender la validez y necesidad del movimiento revolucionario marxista tiene que negar la posibilidad de una transformación social dirigida por la pequeña burguesía. Este es un método malo: al fondo, dice que el estado obrero deformado equivale al camino hacia el socialismo; es el error pablista al revés y una profunda negación de la concepción trotskista de que la casta dirigente burocrática es un obstáculo que debe ser derribado por los obreros si van avanzar hacia adelante.

El análisis teórico de Spartacist acerca de las porciones atrasadas del mundo fortalece, en nuestra estimación, las posiciones programáticas que tenemos en común con los camaradas del Comité Internacional mundialmente.

4. CONSTRUYENDO UNA SECCION EN LOS EE.UU.

El principal aspecto de nuestra tarea que a los camaradas extranjeros puede parecer enigmático es la cuestiónnegra, una cuestión sin paralelo que tiene una importancia crítica e inmediata. Sin una conducta correcta hacia los jóvenes militantes y trabajadores negros, no estaremos en condiciones de traducir para las condiciones norteamericanas en enraizamiento de nuestra sección entre las masas.

Hemos luchado tenazmente para adquirir un entendimiento teórico en el curso de nuestra lucha dentro del SWP contra el nacionalismo negro, expresado por esquemas que desintegran una perspectiva revolucionaria. Hemos defendido la posición de que los negros en los EE.UU. constituyen una casta oprimida, definida por su raza y color y concentrada en su mayoría en la clase obrera como una capa superexplotada Teniendo en cuenta nuestro tamaño numérico restringido, y a pesar de una composición social que todavía no supera del 10 por ciento de negros, hemos adquirido una experiencia considerable. Tenemos un núcleo en Harlem, Nueva York. Intervenimos en varias maneras en las erupciones del ghetto negro durante los veranos de 1964 y 1965, adquiriendo experiencias valiosas.

[El resto del informe no fue escrito antes de la presentación; está redactado basándose en el borrador. Las cuestiones de propaganda y agitación no fueron tratadas detalladamente en el informe, pero aparecen en el proyecto del documento de Spartacist sobre tareas Concretas, copilado en la noche previa a la presentación del informe oral. Por tanto la sección mencionada de ese proyecto se cita a finales de este informe.]

 Nuestra resolución preliminar tratando de nuestro trabajo en el Sur destaca: “Tal vez nuestra realización más notable hasta la fecha ha sido la construcción de varios núcleos de la Spartacist League en el corazón de los estados sureños, sobre todo en Nueva Orleans. Este es un paso modesto en términos absolutos y nos provee no más que un trampolín para un trabajo sistemático. Lo que sí es notable es que ninguna otra organización reclamándose de revolucionaria tiene hoy una base en el corazón del Sur.”

Negro y blanco 

La cuestión racial en los EE.UU. se difiere de la de Inglaterra. En realidad se le puede ubicar entre la situación en Inglaterra y la de Sud África. Así que un 2 por ciento de la población británica es de color, en Sud África más de 2/3 de la población es negra. En los EE.UU. mientras un 20 por ciento de la población es negra o de habla español, en cambio en la clase obrera (dada la composición preponderantemente blanca de las clases altas) los no blancos cuentan un 25 o 30 por ciento. Esto significa que en Inglaterra la intensidad de explotación está distribuida desigualmente pero sin tropiezos agudos dentro de una clase obrera esencialmente homogénea. Al otro extremo, en Sud África, los obreros blancos tienen ingresos diez veces más grandes que los negros y viven en gran parte del trabajo de los negros. Esto levanta una barrera casi insuperable contra acciones de clase en común (el caso de las relaciones entre los trabajadores europeos y musulmanes en Argelia). En la clase obrera de los EE. UU. los negros llevan una carga cualitativamente más pesada. En tiempos tranquilos, de niveles de lucha de clases más bajos como ahora, tienden a ser separados de los obreros blancos. Por eso la juventud negra en Norteamérica hoy es la única contraparte a la juventud militante blanca de la clase obrera inglesa que se encuentra en la Young Socialists.

Uniendo la clase

Sin embargo, estamos conscientes de que a un cierto punto de la lucha de clases entrarán en la escena los principales destacamentos de los obreros, i.e., negros y blancos en organizaciones comunes de clase como los sindicatos. Toda huelga muestra esto. En preparación para las masivas luchas de clase en el futuro, hemos empezado a construir fracciones en ciertas secciones claves y accesibles de la clase obrera. Pero hoy el reclutamiento de militantes jóvenes negros es un atajo para adquirir cuadros proletarios; virtualmente todos aquellos militantes forman parte de la clase obrera.

Finalmente, sabemos que bajo ciertas condiciones en los EE.UU. para construir un verdadero partido revolucionario se requerirá la participación en sus filas y en su dirección de una grande proporción, tal vez una mayoría, de los más explotados y oprimidos, los obreros negros.

Un grupo de propaganda luchador

El proyecto de las tesis de Spartacist declara: “La meta táctica de la SL en el próximo período es de construir un grupo de propaganda suficientemente grande y capaz de intervención agitacional en cada lucha social de los EE.UU., como un paso necesario en la construcción del partido revolucionario. Para esta intervención buscamos un crecimiento de nuestras fuerzas de por lo menos diez veces. Partiendo de nuestras presentes fuerzas limitadas, alrededor de 100, avanzamos hacia nuestra meta sobre tres líneas paralelas de actividad: escisiones y fusiones con otros grupos, participación directa en las luchas de las masas, y fortalecimiento y educación de nuestra organización.

Prefacio (a Cuba y la Teoría Marxista)

Prefacio (a Cuba y la Teoría Marxista)

[Este Prefacio fueron extraídos del Marxist Bulletin No. 8 (en inglés) y traducidos en Cuadernos Marxistas No. 2]

Prefacio

Este  Cuaderno Marxista comienza con una reimpresión del documento que marca la primera expresión de lo que más tarde constituiría el ala izquierda revolucionaria del SWP [Socialist Workers Party de EE.UU.]. Shane Mage escribió el documento “Cuba y la teoría marxista” en el verano de 1960. Después fue mínimamente modificado y aumentado por Wohlforth y Robertson quienes también lo firmaron antes de entregarlo al SWP con la intención de que fuera esencialmente una mera protesta en contra de la línea capitulante hacia Castro que se estaba desarrollando en el SWP. Seis meses más tarde el liderato central del SWP forzó la situación en el curso de un pleno del Comité Nacional, desafiando a los críticos de izquierda a abandonar o defender sus posiciones. La lucha en el pleno endureció las líneas de división. Así, medio involuntariamente, se cristalizó una oposición de izquierda.

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Esta colección de documentos se concentra alrededor de esa corriente de pensamiento en el seno del ala izquierda original que pasó a caracterizar a la Revolución Cubana como una revolución que condujo a un estado obrero deformado. Las principales expresiones de otras opiniones anti-revisionistas son presentadas, más o menos explícitamente, en los siguientes documentos:

“Resolución sobre la cuestión cubana”, por Shane Mage, 29 de enero de 1961. Discussion Bulletin del SWP, Vol. 22, No 14. (El documento más importante del conjunto del ala izquierda para la Convención Nacional del SWP de junio de 1961, presentado, sin embargo, por la minoría, sin discutirlo substancialmente entre sus propios miembros, está basado sobre la visión de un “estado transicional”).

“Posición sobre la cuestión cubana”, por la sección francesa del Comité Internacional, diciembre de 1961.International Discussion Bulletin del SWP, abril de 1963. (Propone que Cuba es un estado “capitalista fantasma”).

“Trotskismo traicionado – El SWP acepta el método político del revisionismo pablista”, por el Comité Nacional de la Socialist Labour League, 21 de julio de 1962. Discussion Bulletin del SWP, Vol. 24, No. 1, enero de 1963. Y “Oportunismo y Empirismo – Respuesta del Comité Nacional del SLL a Joseph Hansen”, 23 de marzo de 1963. International Information Bulletin del SWP, julio de 1963. (Escritos desde el punto de vista de que Cuba es todavía capitalista.)

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Este cuaderno público es una extensión del boletín “Materias a discutir en la preconferencia de Spartacist”, noviembre de 1964, que consistía sólo del tercero y quinto de los documentos impresos aquí. La ininterrumpida importancia de la cuestión cubana y el general interés suscitado por nuestras opiniones fuera de la organización nos han llevado a extender significativamente lo que inicialmente iba a ser sólo una reimpresión del previo boletín de discusión.

11 de junio de 1966

Carta a la Liga Comunista de España

Carta a la Liga Comunista de España

Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 4, mayo de 1977. Carta enviada el 6 de junio de 1975.

En junio de 1975, la tendencia espartaquista internacional (TEI) envió la carta que reproducimos a continuación a la Liga Comunista de España (LCE), Una sección simpatizante del “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional” (SU). La carta fue enviada a raíz de  la invitación cursada (en una reunión en febrero) por un miembro del buró político de la LCE, para iniciar una discusión por escrito de organización a organización. Nunca se recibió una respuesta, y entretanto la política de la LCE ha cambiado considerablemente. De cualquier manera, el documento retiene su valor como una polémica dirigida a sectores de izquierda dentro del SU.

La Liga Comunista se había alineado con la mal nombrada Fracción Leninista-Trotskista (FLT) del SU sobre la base de la fraseología seudoortodoxa que los líderes de esta última -el Socialist Workers Party norteamericano y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) argentino- habían encontrado útil en sus polémicas con la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI). Los reformistas del SWP y el PST se encontraban profundamente envueltos en el colaboracionismo de clases en sus respectivos países, mientras criticaban abstractamente la capitulación de la TMI al frente popular en el extranjero. Sin embargo, en ese entonces, la LCE no sólo criticaba rigurosamente a los mandelistas franceses por rehusarse a caracterizar a la Unión de la Izquierda como un frente popular, sino también lanzaba un fuerte ataque dirigido a la otra sección simpatizante española del SU -la Liga Comunista Revolucionaria (LCR)-por practicar la política frentepopulista “en casa” donde las presiones para dicha capitulación eran más fuertes.

La LCE no fue el único grupo en la órbita del SU que fue encandilado por la supuesta ortodoxia de la FLT. En la LCR francesa la heterogénea Tendencia 4 incluía partidarios de la FLT -cuya política los colocaba a la  derecha de la TMI centrista- y supuestos oponentes de izquierda del liderato encabezado por Krivine. En Portugal, el Partido Revolucionario dos Trabalhadores (PRT)- todavía no afiliado formalmente al SU en ese entonces, pero políticamente cercano a la LCE, se rehusó a dar apoyo político al Movimiento de la Fuerzas Armadas (MFA) bonapartista en tanto que la Liga Comunista Internacionalista (LCI), relacionada con la TMI, apelaba a los “oficiales progresistas” de la MFA.

Así que encontrábamos en ese momento grupos de militantes de varios países europeos activamente en búsqueda del camino al trotskismo auténtico. Oponiéndose al mal disfrazado “nuevo izquierdismo” de la TMI, pero confundidos por la seudoortodoxia de la FLT. (En contraste, en los EE.UU., Canadá y Australia donde la política real de la FLT podía ser observada de cerca, la gran mayoría de los camaradas del SU reclutados por la TEI fueron en algún momento partidarios de la TMI.) Una tarea fundamental en la lucha por ganar dichos elementos para la TEI, por lo tanto, fue el revelar el abismo que separa la política actual del SWP y el PST del auténtico marxismo revolucionario.

Desde la época cuando esta carta fue escrita, la FLT se ha escindido en dos, pasando el PST a formar una tercera tendencia dentro del SU, la Tendencia Bolchevique. Esto origina una ruptura en la LCE española con la pérdida de algunos elementos a la LCR, la separación de un grupo de adictos al PST para formar la Liga Socialista Revolucionaria (LSR) y el resto quedando bajo el control firme del SWP. Aquellos líderes de la LCE que en 1975 se sentían incómodos con la llamada del SWP por tropas federales a Boston (¿llamada por la Guardia Civil a “proteger” los vascos en Bilbao?), o que sentían que el PST estaba yendo demasiado lejos al declarar su lealtad al criminal régimen peronista, se encuentran ahora publicando obras por Linda Jennes sobre el feminismo y arrastrándose a la cola de Mario Soares en Portugal.

Los sucesos en Portugal durante julio y agosto de 1975, y el debate que originaron al interior del SU, representaron un punto clave en el desarrollo dé la LCE. Sus artículos sobre Portugal en 1974 y a comienzos de 1975 enfatizan fuertemente la oposición al frente popular. En Combate no. 23 (julio de 1974), la LCE escribe:

“… esta confrontación entre la política frentepopulista de las direcciones estalinistas y la línea de frente único obrero por la que se han definido siempre los trotskistas trasciende el marco de las elecciones presidenciales francesas y de la formación del Gobierno Provisional en Portugal. Esta es la cuestión estratégica central que hoy tiene planteada en términos bien concretos el movimiento obrero europeo.”

Ya no. Hoy la LCE dice que el problema central en Portugal es “la lucha por la democracia”.

A mediados de 1975, el Partido Socialista (PS) portugués de Mario Soares encabezó una movilización anticomunista en el nombre de la “democracia” (burguesa), llevando a la cola a los pretendidos trotskistas del SWP norteamericano y la OCI francesa. Primero en el asunto República (véase “Fight MFA Suppression of Left Media in Portugal” Workers Vanguard No. 83, 31 de octubre de 1975) el SWP va más allá de la defensa de la libertad de prensa y procede a apoyar políticamente a Soares contra los trabajadores de la imprenta que habían tomado la planta del periódico pro-PS. Posteriormente, cuando Soares lanza el ataque contra el gobierno Gonçalves atacándolo por tolerar el “anarco populismo”, exigiendo el desarme de las milicias obreras y la destrucción de los órganos embrionarios del poder dual, justificando las acciones de las turbas reaccionarias envueltas en el incendio de los locales del Partido Comunista, el SWP declara que “El Partido Socialista se ha convertido cada vez más claramente en el núcleo directriz para las fuerzas en el movimiento obrero que se rehúsan a someterse a los estalinistas.”

En agosto de ese año, mientras las llamas envolvían las oficinas del PC en todo el norte portugués, la comisión coordinadora de la FLT se reunió a discutir el borrador de un documento preparado por la dirección del SWP sobre “Los problemas claves de la revolución portuguesa”. El gurú teórico del PST, Nahuel Moreno, había escrito al dirigente del SWP, Joseph Hansen, manifestándole una serie de puntos en el análisis de Portugal hecho por éste último con los cuales estaba en desacuerdo. Hansen responde (carta del 9 de agosto de 1975): “Me parece que el eje principal del curso político trotskista [en Portugal] debe ser la defensa de las conquistas democráticas” ([SWP]International Internal Discussion Bulletin. enero de 1976).

En las discusiones de la comisión coordinadora de la FLT no fueron los delegados del PST los críticos más fuertes del borrador del documento, sino la LCE. Una declaración del buró político de la LCE (“Concerning the Draft Resolution on Portugal”) criticaba el borrador por no caracterizar el gobierno como un frente popular y anotaba la caracterización parcial del Partido Socialista: “… no hay un análisis claro y confirmación de la naturaleza contrarrevolucionaria de su línea política.”

La crítica de la LCE concluía:

“No podemos limitarnos a centrar el programa en la defensa de los derechos democráticos, aun cuando en una situación concreta ella pudiera ser el eje

“Por otro lado, debemos enfatizar la necesidad de un programa concreto para desarrollar, transformar y consolidar los comités y comisiones [obreras], el cual es una de las tareas centrales para el avance de la independencia de clase del movimiento de masas.

“Finalmente, es necesario indicar claramente el papel central que tiene una consigna gubernamental como expresión de la independencia de clase y la necesidad de romper con la burguesía….” *

En lugar de luchar por el esclarecimiento de estas diferencias, sin embargo, los delegados del PST y de la LCE votaron a favor del borrador del SWP con  entendimiento de que la versión final sería corregida a la luz de sus críticas. No sucedió nada por el estilo. La versión corregida por el SWP fue publicada con el eje de “derechos democráticos” intacto y la apologética por Soares sin modificación. La FLT convirtió en el foco de su programa la defensa de la democracia (burguesa) en el mismo momento en que Soares (con el apoyo financiero de la CIA) encabezaba una ofensiva contra las comisiones obreras y los comités de soldados, ¡acusándoles de perturbar “el orden democrático”!

El PST de Moreno rompió con el SWP a raíz de ese documento, aun cuando tuvo enormes problemas para explicar su apoyo a posiciones similares anteriores de la FLT (no trató ni siquiera de acomodar su recién encontrada verborrea izquierdizante con sus propias declaraciones vergonzosas de apoyo al “proceso institucional” en Argentina contra las guerrillas de izquierda). Pero la LCE capituló miserablemente. La declaración de la Tendencia Bolchevique lo documenta:

“Las posiciones del SWP en Portugal fueron resistidas desde el principio por un 90 por ciento de la fracción. La cual al criticar el borrador de Problemas claves exigió que el problema de los órganos del poder fuera planteado. La oposición más clara y nítida vino de la dirección de la LCE española… Por razones que ignoramos, la dirección española de la LCE capituló completamente y aceptó la segunda versión de Problemas claves… que dice prácticamente lo mismo que la primera. Esto provocó una crisis en la fracción en España”. *

— [SWP] International Internal Discussion Bulletin, enero de 1977

Este lamentable giro derechista de la dirección de la LCE sobre Portugal se manifestó muy pronto en sus posiciones políticas en asuntos domésticos, en los cuales recurrió al arsenal reformista del SWP. Previamente, había sido la LCR la qué más descaradamente se entregó al nacionalismo pequeño burgués en España, a fin de unirse con el grupo nacionalista vasco ETA-VI. Ahora la LCE pide asambleas constituyentes separadas para Cataluña, las provincias vascas, Galicia, etc. Mas su desviación a la derecha ha sido expresada con mayor claridad en el movimiento sindical español. A la cola de Soares en Portugal, era muy lógico que la LCE se arrastrara tras el líder socialdemócrata Felipe González en España.

Anteriormente la LCE había insistido en el sometimiento incondicional a la disciplina de las comisiones obreras (CC.OO.) dominadas por los estalinistas, criticando fuertemente a la LCR por tratar de salir del marco de las CC.OO. en el punto álgido del movimiento huelguista en Pamplona en 1973. (Se critica el concepto de “frente único estratégico” de la LCE en la carta a continuación.) Pero a finales de 1976 la LCE cambia su posición, abandonando súbitamente las CC.OO., acusándolas de supresión de los derechos democráticos por el Partido Comunista (que fue siempre el caso en las CC.OO.) y uniéndose a la federación sindical social-democrática, la UGT. Pero al hacerlo permanecieron consecuentes con sus concepciones seguidistas de “unidad estratégica” con los líderes reformistas, como lo indica la siguiente declaración elaborada por los sindicalistas alineados con la LCE, al unirse a la UGT:

“Aceptamos los estatutos y las decisiones del Congreso de la UGT y no vamos a luchar por destruirla, sino a fortalecerla y a ser un sector de su izquierda que luche por la unidad y la sociedad socialista.”

Cambio 16, 18 de octubre de 1976

Debido al poco material con el que contamos, no podemos presentar aquí una crítica global de la política actual de la LCE en España. Pero con su lamentable capitulación ante Soares y la adopción de la política social democrática del SWP in toto, cualquier impulso subjetivamente revolucionario que haya quedado entre sus militantes sólo puede terminar en la frustración. Una política revolucionaria en España hoy requiere el abierto repudio al y la lucha contra el declarado revisionismo antitrotskista de la LCE.

*Todas las citas seguidas de un asterisco han sido traducidas de una transcripción en inglés y pueden no coincidir con el original.

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Estimados compañeros,

Aceptamos con mucho agrado la invitación del compañero M. para iniciar una correspondencia entre la tendencia espartaquista internacional y la Liga Comunista de España. Tenemos que destacar, sin embargo, que ignoramos vuestras posiciones políticas sobre temas importantes. Así que un propósito principal de la presente carta es determinar si existe una base para discusiones entre nuestras dos organizaciones.

Queremos dejar sentado desde el comienzo las razones por las que tomamos en serio esta oportunidad. La LCE nos parece uno de los grupos subjetivamente más serios y más a la izquierda dentro del pantano que se autodenomina “Secretariado Unificado” (SU). Al contrario de los radicales pequeñoburgueses de la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMI), vuestra organización parece ser atraída por la pretendida (en realidad fraudulenta) ortodoxia marxista de la mal llamada “Fracción Leninista Trotskista” (FLT).

Pero un comunista no puede sentir sino un desprecio total por vuestros socios en bloque, los reformistas consumados del Socialist Workers Party (SWP) norteamericano y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) argentino. El SWP y el PST son enemigos jurados de la revolución proletaria: detrás de las citas de Lenin y Trotsky que utilizan para refutar al guerrillerismo de la TMI se esconde un temor cobarde de molestar a sus propias burguesías.

Percibimos, sin embargo, una diferencia importante entre la LCE y el SWP/PST. Estos últimos son simplemente unos cínicos mentirosos que condenan la política frentepopulista de la TMI, mientras que practican una colaboración de clases aún más desvergonzada en su terreno nacional. En contraste, la Liga Comunista ha denunciado la política de frente popular no solamente cuando ha sido perpetrada por enemigos fraccionales en otros países, sino también en su propio país.

Aunque no menospreciamos esta distinción importante, también tomamos en serio el hecho de que la LCE es una organización simpatizante del “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional”, que no es unificado ni tampoco es la Cuarta Internacional; y de que pertenece a la “Fracción Leninista-Trotskista”, que por supuesto no es leninista ni trotskista, ni siquiera una fracción. De este modo, la Liga Comunista se presenta frente al proletariado español como adherente de una falsa “Internacional” con otro afiliado local, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), que es incapaz de trazar una línea de clase contra el frentepopulismo e incluso podría entrar en cualquier momento en el frente popular de la Asamblea de Cataluña. También debéis asumir la responsabilidad de las traiciones repugnantes de los principios socialistas por parte del SWP y del PST.

Tomando solamente dos ejemplos escandalosos de los últimos años, vosotros ciertamente conocéis las declaraciones del PST que efectivamente dan un “apoyo crítico” al régimen asesino de Perón en Argentina, y la llamada del SWP al envío de tropas federales a Boston. Ignoramos cualquier declaración de la LCE contra estas traicioneras expresiones de confianza en el estado capitalista emitidas por los dirigentes de la FLT. Sería absurdo esperar un desarrollo serio de discusiones entre nuestras dos organizaciones en ausencia de una condena por parte de la Liga Comunista de la llamada del SWP por tropas federales y del apoyo dado por el PST a la “continuidad” del gobierno argentino. Es obvio que para cualquier revolucionario serio, tal condena supondría romper con la política de la FLT.

No se puede realizar una tal ruptura al cambiar solamente unas pocas palabras. Se precisa una investigación seria de la verdadera política del SWP y del PST, y una evaluación franca de las causas de los errores de la LCE. Sabemos que en el pasado los dirigentes de la LCE han tratado de revisar seriamente algunas de sus posiciones previas. Cuando un representante de la TMI trató de cambiar la antigua política ultraizquierdista de la LCR frente a las comisiones obreras, la tendencia Encrucijada insistió en la necesidad de una discusión acerca de las fuentes de esta política. ¿Mostraríais la misma determinación ahora? Frente a los cientos de militantes de izquierda detenidos y asesinados por el gobierno cuya “continuidad” es apoyada por Coral y Cía., ¡“criticar” algunas “formulaciones” del PST no es suficiente!

¿Cómo se explica la misma adherencia de la Liga Comunista a la FLT? Actualmente no disponemos de la información necesaria para contestar esta pregunta. Pero, en caso de que vosotros hayáis aceptado como fidedignas las ocasionales palabras seudoortodoxas que aparecen en los documentos fraccionales de Joe Hansen, y que posiblemente no estéis familiarizados con la práctica del SWP y del PST, uno de los fines de la presente es demostrar la fraudulencia total de las pretensiones al trotskismo de estos charlatanes y exponer el origen de esta política oportunista: el pablismo. (También se discutirá el concepto que tiene la LCE del frente único “estratégico”.)

Un social demócrata y un camaleón

Las declaraciones del PST durante los últimos 15 meses han sido tan descaradamente colaboracionistas de clases que sólo un ciego podría ignorar el abismo que separa a estos socialdemócratas reformistas del trotskismo revolucionario. En una declaración común con el PC y seis partidos burgueses presentada al Gral. Perón el 21 de marzo de 1974, el PST prometió apoyar al “proceso institucional” y condenó a todos (es decir, a los comunistas) los que desean cambiarlo. Esta declaración apoya de una manera sumamente clara “la ley y el orden” capitalistas, aliándose, por lo menos implícitamente, con el gobierno y los partidos burgueses liberales contra los guerrilleros de izquierda, como el Ejército Revolucionario del Pueblo / Partido Revolucionario de los Trabajadores (ERP/PRT).

Esta consecuencia se manifiesta claramente en la declaración del dirigente del PST Juan Carlos Coral en una reunión “multisectorial” con la presidente Isabel Perón el 8 de octubre de 1974, en donde aquel falso socialista declaró que los guerrilleros eran la “réplica” de los escuadrones de muerte derechistas (la AAA). La exposición de Coral incluyó una frase que sólo puede interpretarse como una declaración de apoyo político al régimen peronista: “El socialismo de los trabajadores… luchará por la continuidad de este gobierno…” dijo el representante del PST “trotskista” (Avanzada Socialista, 10 y 15 de octubre de 1974).

Estas declaraciones de claudicación ante el gobierno peronista no tienen nada de nuevo. El “teórico” del PST, Nahuel Moreno, ha desarrollado la misma política desde hace décadas, y con la tolerancia del Secretariado Unificado durante una docena de años. Estos hechos no son secretos, y los hemos discutido en un artículo (“Argentina: La lucha contra el peronismo”, Workers Vanguard no. 24, 6 de julio de 1973) que enviamos junto a la presente. Es suficiente anotar que en los últimos años de la década del 50 y al principio del 60, Moreno publicaba una revista, Palabra Obrera, que se titulaba “órgano del peronismo obrero revolucionario” y reclamó ser emitida “bajo la disciplina del Gral. Perón y del Consejo Supremo Peronista”. Más recientemente, Coral/Moreno ofrecieron votar por los peronistas si el 80 por ciento de los candidatos justicialistas eran obreros (Avanzada Socialista, 22 de noviembre de 1972), y aseguraron al presidente Héctor Cámpora que él podría “contar con nuestra solidaridad proletaria” (Avanzada Socialista, 30 de mayo-6 de junio de 1973).

Si hoy día el PST claudica frente al gobierno peronista, no se puede echar la culpa a formulaciones equivocadas o a un supuesto cambio reciente. Ni son estas traiciones la responsabilidad solamente de Coral (que no es más que el socialdemócrata que siempre ha sido) y de Moreno (un camaleón político que simplemente juega su rol acostumbrado). La lucha por el principio marxista de la independencia de la clase obrera requiere romper con Hansen y Mandel, que desde años a tras han proveído un disfraz de izquierda para las maquinaciones de Moreno.

Por ejemplo: actualmente Moreno y Hansen atacan ferozmente al guevarismo de la TMI, pero durante los primeros años de la década del 60 ellos apoyaron plenamente la guerrilla campesina, por lo menos en sus documentos. En esa época Moreno era el más guerrillerista de todos. “La historia… ha dado un mentis a la teoría de que el proletariado, en los países atrasados, es la dirección revolucionaria”, escribió en 1961, de esta manera tirando a la basura el Programa de Transición y la teoría de la revolución permanente. Agregó que es necesario “sintetizar la teoría y el programa general correcto (trotskista) con la teoría y el programa particular correcto (maotsetunista o castrista)” (N. Moreno, La revolución latinoamericana).

Si un ala del Partido Revolucionario de los Trabajadores -sección argentina del Secretariado Unificado, fundado y “formado” por Moreno- subsiguientemente emprendió la guerrilla urbana y rural, saludando a “nuestro comandante principal, el Che Guevara” y recibiendo con alegría “las contribuciones que Trotsky, Kim Il Sung, Mao Tse-tun, Ho Chi Minh y el General Giap han hecho para la revolución” (Roberto Santucho, citado en el Intercontinental Press del 27 de noviembre de 1972), no se debe buscar la causa en la resolución sobre América Latina del “noveno congreso mundial”. Hansen y Moreno comparten la responsabilidad igualmente con Mandel, salvo que se muestran un poco más “cuidadosos” en la aplicación de sus palabras.

¿Queréis investigar los orígenes del guerrillerismo pequeñoburgués en el Secretariado Unificado? Entonces tenéis que rechazar el documento de fundación del Secretariado Unificado, “Hacia la pronta reunificación del movimiento trotskista mundial” (escrito por la mayoría del SWP en marzo de 1963), donde se declaró que “la guerra de guerrillas conducida por los campesinos sin tierra y las fuerzas semiproletarias, bajo una dirección que llega a comprometerse a conducir la revolución hasta su conclusión, puede jugar un rol decisivo en la destrucción de los soportes y la precipitación de la caída de un poder colonial y semicolonial.” La Tendencia Revolucionaria del SWP, el precursor de la Spartacist League/U.S., replicó: “… la guerra de guerrillas basada en los campesinos bajo una dirección pequeñoburguesa no puede llevar más allá de un régimen burocrático antiobrero…. La revolución puede tener un signo inequívocamente progresista sólo bajo una tal [marxista] dirección del proletariado revolucionario” (“Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional”, junio de 1963). ¡La oposición de Hansen al guerrillerismo es falsa!

No una Internacional sino un pacto de no-agresión

La fundación misma del Secretariado Unificado se basó en el rechazo de la teoría de la revolución permanente y del papel indispensable de la dirección de la clase obrera bajo su partido trotskista de vanguardia. Los patriarcas del antiguo Secretariado Internacional (Ernest Mandel, Livio Maitan, Pierre Frank) simplemente continuaron el liquidacionismo pablista que habían sostenido desde el comienzo de la década del 50. Del “entrismo profundo” de Pablo en los partidos estalinistas a los aplausos del SU para Castro, estos capituladores profesionales han disculpado a un dirigente vendido tras otro.

En los años 50, el SWP se opuso al programa pablista de liquidarse en los partidos reformistas, aunque fuese después de bastante vacilación. Pero después de los estragos del macartismo contra la izquierda norteamericana, el partido sucumbió ante las presiones del aislamiento. Cuando llegó la revolución cubana, Hansen declaró que el nuevo régimen era un estado obrero sano (¡“aunque faltando las formas de la democracia obrera”!), esperando de tal manera envolverse en su popularidad. Sólo la Tendencia Revolucionaria sostuvo que Cuba era un estado obrero cualitativamente deformado, que se necesitaba un partido trotskista independiente para dirigir una revolución política derrocando a la burocracia estalinista y estableciendo el domino de la democracia proletaria basada en órganos soviéticos.

La crisis dentro del Secretariado Unificado, que ya sobrepasa seis años de duración, es un resultado directo de su política pablista. No solamente no había una “vuelta” en el noveno congreso (salvo al pretender aplicar lo que antes fue un guerrillerismo exclusivamente verbal); si es que los “marxistas inconscientes” (referencia a Castro por el “ortodoxo” Joe Hansen) pueden reemplazar a los trotskistas, y si los “instrumentos embotados” (bandas guerrilleras campesinas) pueden llevar a cabo las tareas del partido leninista, ¿entonces por qué no deben incluirse dentro de la misma “Internacional” todo tipo de elementos socialdemócratas, semimaoistas y guevaristas?

Tal bloque podrido, un conglomerado federado de fuerzas extremadamente dispares, es orgánicamente incapaz de lograr la claridad marxista o la acción revolucionaria coherente, como ha sido ampliamente demostrado por el SU. Por ejemplo, ¿cuál es la posición del Secretariado “Unificado” sobre Chile? El SWP dice que la Unidad Popular allendista fue un frente popular, pero la TMI y el PST lo niegan. ¿Indochina? La TMI considera que los estalinistas vietnamitas son revolucionarios que acaban de lograr “la primera revolución permanente victoriosa” desde la de Cuba, mientras el SWP se negó a tomar partido en la guerra de clases en Indochina, ¡y actualmente sostiene que Vietnam del Sur sigue siendo capitalista!

¿Cuál es su apreciación del Movimiento de las Fuerzas Armadas portugués, de la Unión de la Izquierda francesa, de la “Revolución Cultural” china, de la guerra de guerrillas, del terrorismo individual? No hay posición común del SU sobre ninguna de estas cuestiones vitales; es más, consecuente con su concepción menchevique del centralismo democrático, posiciones contrarias son publicadas en la prensa de las secciones respectivas. No sorprende, entonces, que en todas partes donde existe un número significativo de partidarios de la FLT y de la TMI en el mismo país, han ocurrido escisiones y/o surgieron organizaciones distintas (Argentina, Australia, Canadá, España, México, Perú, Portugal y los Estados Unidos).

En el momento de la fundación del SU en 1963, su carácter sin principios de pacto de no-agresión fue demostrado cuando se ocultaron importantes diferencias sobre la escisión de 1953, China y otras cuestiones. Otro elemento de esta falsa “reunificación” fue un acuerdo tácito de los componentes de no denunciar sus respectivas traiciones para mantener la “unidad”. En una reciente polémica fraccional pública contra la mayoría del SU, el PST señaló bien este punto. ¿Por qué, dice, es que Mandel ataca al PST por emitir declaraciones conjuntas con políticos burgueses mientras guarda silencio sobre la coalición “antiguerra” del SWP con prominentes liberales del Partido Demócrata?

“Queremos recordarles [a la dirección de la TMI] que en los momentos álgidos del movimiento contra la guerra en los Estados Unidos, varias figuras pequeñoburguesas y aún burguesas buscaban compartir la plataforma en las manifestaciones gigantescas que ocurrieran en ese entonces. Los trotskistas en los Estados Unidos no se opusieron a esto. En realidad lo favorecieron.

“¡Pero como gritaban los ultraizquierdistas! Ellos consideraran esto como prueba positiva de que el Socialist Workers Party había formado un ‘bloque político interclasista’ con el ala liberal del Partido Demócrata, practicando así la ‘política’ socialdemócrata de colaboración de clases. Esta es una de las ‘pruebas’ principales, que todavía lanzan contra el SWP los ultraizquierdistas en los Estados Unidos (y en otras partes) para sostener la acusación de que el SWP ha ‘degenerado’, que se ha vuelto ‘reformista’, y que ha ‘traicionado’ la clase obrera.”

Intercontinental Press, 20 de enero de 1975

Claro que los “ultraizquierdistas” que han denunciado la colaboración de clases del SWP en las coaliciones contra la guerra fueron la Spartacist League; y los dirigentes del PST captan un punto importante al demostrar la inconsecuencia de la TMI. Pero Mandel entiende bien que acusar al SWP de colaboración de clases en su trabajo principal de media década, implica escindir irrevocablemente el SU y destruir sus pretensiones de ser la Cuarta Internacional.

Colaboración de clases y el movimiento contra la guerra

La política del Socialist Workers Party en el movimiento contra la guerra durante los últimos años de la década del 60 es, de hecho, un ejemplo clásico de su política reformista. La construcción de coaliciones sobre un solo punto (“single-issue”) contra la guerra en Vietnam dominó la actividad del SWP de 1965 a 1971 y reclutó la mayoría de sus miembros actuales. Fue en esta escuela de colaboración de clases que ellos fueron formados, y os podemos asegurar que aún entre los reformistas maoístas y los estalinistas pro-Moscú el SWP era notorio como el elemento “socialista” más derechista del movimiento contra la guerra. Los maoístas llamaron por la victoria del FLN (Frente de Liberación Nacional sudvietnamita), por lo menos hasta los acuerdos de “paz” en 1973, pero el SWP se negó consecuentemente a apoyar un lado en la guerra de clases en Indochina, alegando que la cuestión era solamente la de auto-determinación. El mismo Partido Comunista (PC) de los EE.UU. pudo aparecer a la izquierda del SWP al tratar de construir coaliciones sobre varios puntos, de las cuales la más notable fue la “Coalición Popular por la Paz y la Justicia” [PCPJ). El SWP atacaba al PCPJ por un supuesto “sectarismo” porque, dijo, podría asustar a potenciales adversarios de la guerra que no estaban de acuerdo sobre otros puntos.

La ausencia de la “estrategia” del SWP contra la guerra se expresó en un artículo del Militant (22 de noviembre de 1965) que reclamó “evitar diferencias sectarias para unificar y ayudar en la construcción de una organización nacional que podría englobar a cualquiera que esté dispuesto a oponerse a la injerencia de los EE.UU. en Vietnam, no importa su compromiso, o falta de esto, sobre otras cuestiones.” Lo que buscaban Hansen y Cía. era una organización con grupos burgueses y políticos capitalistas liberales que se pronunciaban contra la guerra aunque -y esto no sorprende- les “faltaba compromiso” para librar una lucha de la clase obrera en contra de la guerra.

Esta política no se limitó a lo escrito, como apetito oportunista sin realización. Ya en el otoño de 1965 el SWP funcionó como corredor para consolidar el “Fifth Avenue Peace Parade Committee” bajo la sola reivindicación “¡Alto a la guerra ya!” y una llamada por la retirada de “todas la tropas extranjeras” de Vietnam del Sur. Esto no solamente aprobaba la posición del gobierno norteamericano condenando “la agresión norvietnamita”, sino que también evitó la obligación fundamental de la solidaridad proletaria, es decir reclamar la victoria de la revolución vietnamita.

Una formación similar de colaboración de clases era la “National Peace Action Coalition” (NPAC) organizada por el SWP a fines de la década del 60. Lejos de ser un bloque “ad hoc” para organizar una manifestación, la NPAC era una organización estructurada con una línea política distinta y una junta directiva que incluía al senador del Partido Demócrata, Vance Hartke. Pero aún antes de la participación de Hartke, el carácter frentepopulista de la NPAC fue demostrado por su negativa a reivindicar más que la sola consigna “¡Fuera ya!” y su estrategia de centrar las manifestaciones sobre la participación de políticos burgueses (Hartke, el alcalde John Lindsay de Nueva York, los senadores George McGovern y Eugene McCarthy, etc.). No fue accidental que cada año en qué hubo elecciones parlamentarias y presidenciales (1966, 1968, 1970, 1972), cuando los liberales del Partido Demócrata desarrollaron sus candidaturas, el movimiento “independiente” de masas contra la guerra simplemente desapareció. La negativa del SWP a reivindicar la solidaridad con la revolución indochina aseguró que la NPAC se desharía en el momento en que la retirada de las tropas norteamericanas comenzase a gran escala.

En contraste, la Spartacist League luchó contra la guerra imperialista de los EE.UU. sobre una base de clase. Nuestras consignas incluyeron “Ningún orador burgués en las manifestaciones contra la guerra”, “Huelgas laborales políticas contra la guerra”, “Romper con los Demócratas y los Republicanos-Formar un partido obrero”, “Aplastemos el imperialismo-Ninguna confianza en los ‘líderes’ traidores, aquí y en el extranjero”. Una reivindicación que sin falta llenó de ira al servicio de orden del SWP en las manifestaciones fue “Toda Indochina debe ser comunista.”

Nuestra política fue completamente consecuente con el programa leninista, es decir que no se puede luchar contra la guerra imperialista sino con la lucha de clases revolucionaria. Comentando la conferencia de Zimmerwald, Lenin se refirió a “la idea fundamental de nuestra revolución, que la lucha por la paz sin una lucha revolucionaria no es nada más que ‘una frase vacía y falsa, que la única manera de poner un fin a los horrores de la guerra es a través de una lucha revolucionaria por el socialismo” (“El primer paso”, octubre de 1915). Pero se buscará en vano en los extensos artículos del SWP sobre la guerra de Vietnam y en las numerosas manifestaciones y reuniones de NPAC para encontrar la más mínima referencia a la lucha revolucionaria de clases.

Existe aquí un paralelo importante con las coaliciones contra la guerra animadas por el PC de los EE.UU. en los años 30. En un folleto publicado por el SWP, “El frente popular: La nueva traición”, James Burnham escribió en 1937:

“Lo que es más importante es la aplicación de la política del frente popular al ‘trabajo contra la guerra’, A través de un sinnúmero de organizaciones Pacifistas, y especialmente a través de la ‘Liga Norteamericana Contra la Guerra y el Fascismo’ que controlan directamente, los estalinistas aspiran crear ‘un frente popular amplio, sin distinción de clases de todos los que se oponen a la guerra’. El carácter colaboracionista de clases de la política del frente popular se revela notablemente en la actitud estalinista dentro de estas organizaciones. Ellos excluyen desde el principio al análisis marxista de que la guerra es un resultado necesario de los conflictos internos del capitalismo, y que por lo tanto, sólo puede ser verdaderamente combatida por la lucha revolucionaria de clases contra el orden capitalista: al contrario, ellos mantienen que todos, de cualquier grupo o clase social, sean o no sean adversarios del capitalismo, pueden ‘unirse’ para evitar la guerra.”

Esta es una descripción cabal de la acción del SWP dentro de la NPAC.

La expresión más dramática del carácter frentepopulista de la NPAC ocurrió en su conferencia de 1971 en Nueva York. Asistieron a la reunión el senador Hartke y Victor Reuther, uno de los vicepresidentes del United Auto Workers (sindicato de los obreros del auto) que participó en “la transferencia de dineros de la CIA a dirigentes sindicales anticomunistas en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Una moción de la Spartacist League demandó que políticos burgueses como Hartke fueran excluidos de la conferencia; el presidente de la reunión, militante del SWP, rehusó permitir la votación sobre esta resolución. Más tarde, cuando Hartke y Reuther tomaron la palabra, fueron molestados verbalmente por los adherentes de la Spartacist League y del grupo Progressive Labor (PL). El SWP respondió movilizando al servicio de orden para atacar a los que protestaban, hiriendo a varios viciosamente. Al día siguiente los adherentes de la SL y de PI fueron excluidos de la conferencia (véase “SWP concretiza su alianza con la burguesía”, Workers Action no. 10. septiembre de 1971). ¡Unión con los patronos, exclusión de los comunistas! — esa fue la política “independiente” del SWP contra la guerra.

Estos falsos trotskistas reclamaron y formaron organizaciones para englobar “a cualquiera que esté dispuesto a oponerse a la injerencia de los EE.UU. en Vietnam, no importa su compromiso… en otras cuestiones.” Nosotros os preguntamos: ¿cómo clasifica la LCE a una organización compuesta de todos, no importa su pertenencia de clase, los que se oponen a la dictadura franquista? Y qué diría de los que animan tal coalición? Vuestra respuesta en España es clara: calificáis a la Asamblea de Cataluña un frente popular (o el embrión de un frente popular) y condenáis la colaboración de clases de los estalinistas que la construyen. ¿Qué decís sobre los EE.UU.?

¿Tropas federales o defensa laboral/negra?

Podríamos discutir extensamente la práctica antimarxista del SWP en cada área de su trabajo: su sectoralismo (partidos distintos para los negros, los chicanos: sus llamadas a la “autodeterminación” para todos, entre ellos los indios norteamericanos, los homosexuales, las mujeres, etc.); su apoyo a la burocracia laboral contra los militantes de base “perturbadores”; sus bloques con feministas burguesas en el movimiento para la liberación de las mujeres (y consecuentemente su negativa a reivindicar el aborto gratis); el apoyo abierto a rompehuelgas (la huelga de maestros de 1968 en Nueva York): sus reivindicaciones de “control comunal” (¡incluso de la policía!); su cretinismo electoral sin límites, etc.

Durante los últimos meses el SWP ha declarado cada vez más abiertamente sus ambiciones socialdemocráticas. En diciembre de 1974, para convencer a un juez liberal que no era necesaria una vigilancia del FBI sobre su grupo juvenil, la YSA, una declaración oficial del SWP al tribunal renunció categóricamente a “la violencia o cualquier actividad ilegal”. Poco después, el SWP lanzó su “campaña presidencial 1976” con un “Bill of Rights del pueblo trabajador”, ¡un truco reformista que equivale a reivindicar la extinción del capitalismo a través de enmiendas constitucionales!

Más tarde en una entrevista con el New York Times (21 de abril de 1975) el candidato presidencial del SWP, Peter Camejo, reclamó “reducir el presupuesto de guerra” (es decir, no eliminarlo), “terminar las actividades ilegales de la CIA y el hostigamiento por el FBI” (es decir, no tocar las actividades legales de estas policías anticomunistas especiales) y “oposición a la política exterior actual, que caracterizamos como imperialista”, propagando de este modo la ilusión reformista de que el imperialismo podría ser eliminado al elegir hombres de estado “pro paz”! Ni una sola de las cinco consignas mencionadas por Camejo incluye algo que no haya sido planteado por congresistas liberales de la izquierda del Partido Demócrata.

Pero en el último año, la lucha entre el programa marxista de la independencia de clase y el colaboracionismo de clases ha culminado en una cuestión muy específica: la llamada del SWP por “tropas federales a Boston”. Durante el curso de una movilización reaccionaria contra la integración racial por medio del transporte escolar (“busing”) decretado por los jueces, han ocurrido una serie de ataques viciosos de canallas racistas contra los escolares y los habitantes negros de los barrios de viviendas estatales en Boston. Y como reformista que es, ¡el SWP apela a las fuerzas armadas del estado capitalista -los verdugos de Indochina- para proteger a los negros!

Los revolucionarios debemos aconsejar a las masas trabajadoras que no confíen en el estado capitalista, demostrando que el estado defiende los intereses de la clase dominante capitalista y no los intereses de los explotados y los oprimidos. Es perfectamente correcto reivindicar la aplicación de una ley a favor dejos derechos democráticos (y es un hecho que la Spartacist League fue entre los primeros en llamar por la implementación del plan de “busing” decidido por los tribunales federales); pero pedir la intervención de las tropas federales expresa confianza en que éstos defenderían los intereses de los negros oprimidos. Al contrario de lo que dice el SWP, los marxistas debemos advertir a las masas trabajadoras que no pueden contar sino con sus propias fuerzas, y advertimos que si las tropas federales intervienen en Boston, será para aplastar todo intento de autodefensa de la población negra.

En Boston la Spartacist League reclamó la formación de destacamentos de defensa integrados por obreros blancos y negros (“una defensa laboral/negra”), para las escuelas, los escolares y las comunidades negras puestas en peligro por los merodeadores racistas. Esta política leninista llegó a la atención internacional con fotografías aparecidas en varios periódicos burgueses de nuestras pancartas y banderolas en las manifestaciones de Boston. También ha atraído el apoyo de varios militantes negros. El SWP respondió denunciando nuestra llamada por una defensa laboral/negra, alegando que era “ultraizquierdista”. “La reivindicación de destacamentos de defensa sindical no es realista en este momento,” dice Camejo en el Militant (1 de noviembre de 1974), “… esa consigna de destacamentos de defensa sindical es sacada del aire. No es una propuesta seria.”

Para sus lectores en el extranjero, Hansen ha embellecido la política del SWP durante la crisis de “busing” en Boston. En un largo artículo en Intercontinental Press (25 de noviembre de 1974) incluso clasificaba como “posición recomendable” la reivindicación de la SL por una defensa laboral/negra. Esto es solamente una pantalla para los que no están informados. El SWP nunca propugnó una tal consigna en Boston (o en cualquier otro lugar) durante el año pasado. Al contrario, durante la manifestación del 14 de diciembre de 1974 en Boston cuando los manifestantes de la SL gritaban “¡No a las tropas federales-Defensa laboral/negra!” el SWP, tratando de sofocar nuestras consignas, contestó con “¡Tropas federales a Boston!”

Una división aguda se presenta sobre la cuestión de tropas federales a Boston: los reformistas -el SWP y el PC- junto con los políticos negros del Partido Demócrata y el alcalde liberal Demócrata de Boston, reivindican la intervención de las fuerzas militares del estado capitalista; la Spartacist League exige la acción independiente de la clase obrera, es decir una defensa laboral/negra. Es la obligación internacionalista de todas las fuerzas que se autodenominan revolucionarias expresarse sobre esta cuestión. Hasta ahora, ni una sola sección nacional del Secretariado Unificado se ha opuesto públicamente al revisionismo abierto del SWP sobre la cuestión central del carácter de clase del estado y la actitud de los revolucionarios frente al estado burgués. ¿Cuál es la posición de la LCE?

Trotsky, al menos, avanzó una política revolucionaria. En “La guerra y la Cuarta Internacional” (1934) escribe:

“Dirigirse al estado, es decir al capital, reivindicando el desarme de los fascistas, significa sembrar las peores ilusiones democráticas, adormecer la vigilancia del proletariado, desmoralizar su voluntad…. Los socialdemócratas, aun los que estén más a la izquierda, es decir, aquellos que estén dispuestos a repetir las frases generales de la revolución y de la dictadura del proletariado, evitan cuidadosamente la cuestión del armamiento de los obreros, o declaran abiertamente que esta tarea es ‘quimérica’, ‘aventurista’, ‘romántica’, etc.”

Comentando esta cita, la Fracción Bolchevique-Leninista (cuyo cuadro principal fue expulsado hace poco del comité central de la Ligue Communiste Revolutionaire francesa) escribió: “‘Romántico’ dijeron los socialdemócratas de izquierda en 1933, ‘no realista’ Camejo nos dice; ¡los años pasan, pero el vocabulario de los socialdemócratas cambia poco!” (Spartacist [edición francesa] no. 9, 16 de mayo de 1975).

Enviamos junto a la presente artículos de nuestra prensa que tratan de la controversia sobre las tropas federales a Boston. Algunos de los más recientes tratan del carácter “realista” de la consigna de una defensa laboral/negra en forma concreta: informando de la formación de un comité de defensa para proteger la casa de un sindicalista negro contra ataques racistas. Esta acción, por el Local 6 del United Auto Workers (sindicato de los obreros del auto) en Chicago, resultó de una proposición del Labor Struggle Caucus de ese sindicato; además, el destacamento de defensa es encabezado por uno de los miembros de este Caucus. El Labor Struggle Caucus es una tendencia sindical de oposición con una política de lucha de clases, apoyada políticamente por la Spartacist League.

Frente unido: ¿Táctica o estrategia?

Hemos tratado de estudiar cuidadosamente la prensa de la Liga Comunista para formar un juicio ponderado de la política y la práctica de la LCE. Anotamos primero que vuestra prensa está muy centrada sobre la península ibérica, y en consecuencia desconocemos vuestros conceptos sobre varias cuestiones importantes (por ejemplo, Cuba, Irlanda, las guerras en el Cercano Oriente, el nacionalismo pequeñoburgués en varios países). Ya que no hemos logrado conseguir sino el primer tomo de las resoluciones de vuestro segundo congreso, apreciaríamos cualquier documentación adicional que haya disponible.

Gran parte de Combate y de los órganos provinciales de la LCE se dedica (con razón) al comentario de las luchas obreras y estudiantiles. Sobre la huelga general de 1973 en Pamplona; la serie de huelgas en el Bajo Llobregat en 1974 y otras huelgas importantes hemos tratado de comparar los informes publicados por la LCE, la LCR, la Organización Revolucionaria de los Trabajadores y los grupos maoístas en la medida en qué están a nuestro alcance. Aunque nos hemos formado algunas impresiones, varios asuntos importantes todavía no nos quedan aclarados, y de todas maneras siempre es arriesgado juzgar cuestiones tácticas de la lucha sindical desde el exterior. No obstante, queremos ofrecer algunos comentarios acerca de vuestro concepto de un “frente único estratégico” y, a un nivel muy general, la relación de esta palabra de orden con las tareas de los revolucionarios frente a las comisiones obreras.

En vuestra carta al comité central de la Ligue Communiste francesa (“En torno a las posiciones mantenidas por la Ligue Communiste en las elecciones legislativas de marzo de 1973”, junio de 1973, Boletín de Informaciones Internacionales no. 5, enero de 1974), la LCE:

“Exigía oponer a la línea estratégica de frente único con la burguesía de las direcciones traidoras, concretizada en aquel momento en una U.I. [Unión de Izquierda] incapaz incluso de combatir eficazmente a Pompidou, la estrategia revolucionaria del Frente Único de Clase, capaz de polarizar en torno al proletariado a las masas oprimidas de la ciudad y del campo,”

La misma idea se repite en otros documentos de la Liga Comunista en formas diferentes, refiriéndose generalmente a un “pacto de clase” como alternativa “opuesto en todos los niveles” al frente popular.

Como conocéis, el concepto de una “estrategia de frente único” ha sido lanzado por la Organisation Communiste Internationaliste (OCI) francesa para justificar su política seguidista tras la actual dirección reformista de la clase. La aplicación más asquerosa de esta línea de capitulación fue la consigna de la OCI de votar por Mitterrand, candidato único de la Unión de la Izquierda frentepopulista en las elecciones presidenciales del año pasado, No queremos hacer un amalgama igualando la política de la LCE con la de Lambert, y sabemos que vosotros habéis criticado dicha política como “una elevación de los métodos tácticos de F.U…. a un principio estratégico” (“La crisis de la LCR y la escisión En Marcha”, Boletín de Informaciones Internacionales, no. 5, enero de 1974).

Sin embargo, la línea de una “estrategia del frente único de clase” lleva en última instancia justamente a la conclusión sacada por la OCI. La alternativa global a la política de colaboración de clases de los reformistas no es un frente único que incluye todas las organizaciones que pretenden representar la clase obrera, ni tampoco un “pacto de clase” mítico, sino al contrario el programa marxista del partido leninista de vanguardia. Exigir que los estalinistas y los socialdemócratas rompan una coalición electoral con los partidos burgueses, exigir qué los reformistas luchen por reivindicaciones particulares que están en el interés de la clase, es tan necesario como consecuente con los principios revolucionarios; estas tácticas nos permiten demostrar gráficamente y en la práctica frente a las masas la realidad de que los dirigentes vendidos son enemigos de la revolución proletaria. Pero dar a entender que los agentes de la burguesía dentro del movimiento obrero son capaces de realizar por entero el programa revolucionario de los trotskistas significa confundir a las masas, camuflar el programa contrarrevolucionario de los reformistas y la necesidad absoluta de un partido trotskista independiente.

Somos conscientes de que la LCE denuncia las traiciones de los estalinistas y pone énfasis en la necesidad de un partido trotskista. (La OCI también hace esto de vez en cuando.) Pero si, como decís, el frente único resume todo el programa de la independencia de la clase obrera frente a la burguesía (en vez de ser una expresión de esto, en condiciones particulares); y si es que los estalinistas son capaces de realizar este frente único — entonces, por supuesto, ellos, cesan de ser reformistas dedicados a mantener el poder capitalista. Esto se da a entender definitivamente en vuestra “resolución estratégica” del segundo congreso de la LCE (“Hacia la república socialista — Por el partido de la IV Internacional”) donde lo siguiente se ofrece como respuesta imaginada a las acusaciones de los “aparatos” según las cuales el frente único es simplemente una maniobra:

“Si os pronunciaseis por el frente único y combatieseis consecuentemente en esa dirección, la clase obrera vería extraordinariamente facilitado su camino, cerraría filas en torno a sus organizaciones y multiplicaría el ímpetu de sus acometidas contra los capitalistas y su régimen. Entonces dejaríamos de juzgarlos según los hechos que se desprenden de vuestro terrible pasado y presente de traiciones. Nos atendríamos a los hechos nuevos.”

Compañeros, cuando Trotsky dijo que bajo circunstancias especiales los reformistas pueden ser forzados a ir más lejos de lo que desean, ¡nunca propuso que ellos podrían adoptar la totalidad del programa revolucionario! EraPablo quien dijo eso, consecuente con su “análisis” revisionista: no luchaba más para crear partidos trotskistas, sino que presionaba por reformar los partidos estalinistas. No creemos que esto represente la política de la Liga Comunista, pero es la conclusión lógica de vuestro concepto de una “estrategia del frente único de clase”.

Para comentarios adicionales sobre el concepto de la “estrategia de frente único”, ver el apartado que trata del frente único en nuestra carta a la OCI y su “Comité de Organización” (Spartacist [edición francesa] no. 4, octubre de 1974).

Esto va más allá de una mera cuestión terminológica. El voto por los partidos obreros de un frente popular (reivindicado por la OCI) se deriva de la concepción del “frente único estratégico.” La tendencia espartaquista, al contrario, se niega a apoyar electoralmente a cualquier partido de un frente popular; en cambio, llamamos por una oposición condicional a los partidos obreros de un frente popular, exigiendo que rompan con sus confederados burgueses como condición previa para un apoyo electoral. La lógica de nuestra posición es bien clara: el principio fundamental de la política marxista es el de la independencia del proletariado frente al enemigo de clase; si un partido obrero, incluso un partido reformista tan podrido como el Partido Laboral británico, presenta independientemente sus propios candidatos, podemos aconsejar a los obreros que voten por este partido como un intento elemental de trazar la línea de clase. ¡Pero si un partido obrero forma parte de un frente popular, llamar a los obreros a votar por este partido es reivindicar la instalación de una formación política burguesa en el gobierno!

La LCE también propugnó el votar por los partidos obreros del frente popular en el segundo turno de las elecciones parlamentarias francesas de 1973. Argumentáis que la abstención es una política pasiva. Si se trata de abstenerse como cuestión de principios, tenéis razón; pero la tendencia espartaquista no aboga por tal concepto. En las elecciones francesas de 1973 propugnamos el votar por los candidatos de la OCI y de Lutte Ouvriere que, al negarse a votar por los Radicales de Izquierda, presentaban, de una manera distorsionada y muy parcial, una oposición de clase al frente popular. También exigíamos del PC y del PS que rompieran con los Radicales de Izquierda, diciendo que cualquier apoyo electoral a sus candidatos dependería de una ruptura con el partido burgués.

Nos interesaría co.no.cer vuestra posición en las elecciones francesas de 1974 cuando Mitterrand fue el candidato único del frente popular. Si llamáis a un voto por Mitterrand, no se puede pretender que se rechaza votar por una parte del frente; vuestro consejo concreto a los obreros seria el mismo que el de los dirigentes de la Unión de la Izquierda. También nos interesa saber cuál era vuestra posición sobre las elecciones portuguesas del 25 de abril de 1975. El Partido Revolucionario dos Trabalhadores portugués (PRT), que parece estar generalmente de acuerdo con los puntos de vista de la LCE, se negó a apoyar a cualquier partido que hubiera firmado el pacto con el Movimiento de la Fuerzas Armadas. No estamos de acuerdo con el apoyo electoral que dio el PRT a la Liga Comunista Internacionalista (LCI) -apoyo que, al menos públicamente, fue dado sin crítica alguna- porque desde nuestro punto de vista la línea política de la LCI es comparable a un “apoyo crítico” al “ala progresista” del MFA, en vez de una oposición intransigente de clase. Pero es correcta la posición del PRT de no votar por el PC, porque estaba formalmente comprometido en la colaboración de clases a través de su participación en el régimen bonapartista burgués dominado por el MFA. ¿Discrepáis de esta posición?

Comisiones obreras y la “Huelga General Revolucionaria”

Vuestras declaraciones sobre las comisiones obreras (CC.OO.) también nos parecen reflejar el concepto erróneo de una “estrategia de frente único.” Escribís que: “Es en Comisiones Obreras donde ciframos los trotskistas la base orgánica fundamental del Frente Único del proletariado militante” (La crisis de la LCR y la escisión ‘En Marcha”‘). En la “resolución estratégica” del II Congreso de la LCE agregáis: “El impulso de la acción generalizada de las masas, y la centralización de la voluntad de combate de amplísimas franjas militantes hacen cada día más necesario que las CC.OO. rompan con los obstáculos opuestos al desarrollo de su vocación de formas democráticas de frente único de la vanguardia amplia del proletariado.

¿Qué queréis decir con las frases “la base orgánica fundamental del Frente Único” y la “vocación de formas democráticas de frente único de la vanguardia amplia del proletariado”? Si se quiere decir que las comisiones obreras han agrupado a muchos de los militantes obreros más combativos, que es necesario luchar dentro de las CC.OO. para derrotar a los estalinistas y a otros reformistas que actualmente conducen a estos militantes por el camino de la colaboración de clases, que sería estúpido y peligrosamente sectario tratar a las CC.OO. como organizaciones opositoras al partido revolucionario identificando tácitamente la base con la dirección, entonces podemos estar de acuerdo. Pero evidentemente lo que deseáis indicar sobrepasa esto.

Discutir la “vocación” de una institución particular en la lucha de clases es metafísico. ¿Cuál es la “vocación’; de los sindicatos: defender los intereses de los obreros contra los patronos (imposible en esta época sin una dirección revolucionaria) o servir los intereses de los patronos (como es el caso casi universal)? Podéis decir que la política sindical actual, es decir la colaboración de clases, es una deformación del propósito básico del sindicalismo. Pero en ese caso Lenin se equivocó cuando insistió en que se necesitaba un partido de vanguardia independiente para llevar la clase obrera a la conciencia socialista, y que la conciencia tradeunionista es conciencia burguesa.

¿Y qué se puede decir de los soviets rusos desde febrero hasta septiembre de 1917: es que su “vocación” era de servir como estructura organizativa para la creación de un estado obrero? En ese caso Lenin se habría equivocado cuando retiró la consigna de “todo el poder a los soviets” durante la represión contrarrevolucionaria feroz desencadenada por Kerensky después de las jornadas de julio. ¿No deberían haberse limitado los bolcheviques a luchar por una mayoría dentro de los soviets, sometiéndose incondicionalmente a la disciplina de la mayoría soviética? No lo hicieron… y tuvieron razón.

La función de una institución particular en la lucha de clases es determinada por la constelación de fuerzas políticas de clase que deciden su política. Por ejemplo, los consejos obreros alemanes de 1918 estuvieron dominados por los socialdemócratas mayoritarios y ratificaron el establecimiento de una república parlamentaria burguesa. Podemos hablar del papel real desempeñado por tal o cual institución, o también de la capacidad que tiene un organismo particular para cumplir otras funciones.

Desde nuestro punto de vista el verdadero papel jugado por las CC.OO. españolas ha sido el de sindicatos ilegales. Cierto que de vez en cuando las CC.OO. han dirigido movilizaciones de masas que han sobrepasado los límites de una categoría gremial particular. Pero lo ha hecho también la federación minera boliviana, que durante muchos años mantuvo milicias obreras armadas. Además hacéis una distinción entre las comisiones obreras y los “comités elegidos y revocables en las asambleas.” Esto no es mero formalismo. En el momento actual, según nuestras informaciones, la mayoría de la CC.OO. no son elegidas, están dominadas por los dirigentes reformistas vendidos e incluso han expulsado a aquellos militantes que deseaban llevarla cabo una política de lucha de clases.

¿Cuáles son las capacidades de las comisiones obreras? Andrés Nin se equivocó al plantear que la confederación sindical encabezada por los anarquistas, la CNT, podría reemplazar a los soviets. No hizo caso del hecho de que aún estos sindicatos combativos estuvieron dominados por una burocracia y estaban estructurados de tal manera que demoraron o reprimieron la expresión directa de la voluntad de las masas. Las CC.OO., al contrario, son mucho más fluidas, incompletamente coordinadas y les faltan el peso oneroso de una burocracia masiva tal como surge en los sindicatos bajo condiciones de la legalidad burguesa. Por lo tanto es posible que la CC.OO. pudieran sertransformadas en consejos obreros democráticos durante el fervor de un levantamiento de masas. De manera similar, los consejos de “shop stewards” (delegados sindicales) habrían podido ser transformados en comités de fábrica durante el curso de la huelga general de 1926 en Gran Bretaña.

En los Estados U nidos hemos luchado contra tendencias anarcosindicalistas que ven en los sindicatos enemigos de los trabajadores, a causa de la política traicionera de sus dirigentes vendidos. En Gran Bretaña durante la huelga minera de 1973 exigimos una huelga general organizada por los consejos de “shop stewards”, y criticamos el carácter utópico de la llamada del International Marxist Group por “consejos de acción” careciendo de cualquier relación con el actual movimiento obrero organizado. Un partido no puede simplemente romper la disciplina de acción sindical cada vez qué está en desacuerdo con la política escogida; antes de la erupción de levantamientos obreros de masas, el partido necesariamente tendrá que enfocar sus esfuerzos sobre la lucha por la dirección de estas instituciones. Pero no nos sometemos incondicionalmente a la disciplina de cualquier institución fuera del partido porque su “vocación” servirá como “la base orgánica del frente único”. Tenemos que estar dispuestos aromper un frente unido para llevar adelante la lucha una vez que los reformistas empiecen a traicionar.

La “Huelga General Revolucionaria”

La Liga Comunista se refiere con frecuencia a la “Huelga  General Revolucionaria para derrocar la dictadura franquista”. Evidentemente queréis contrastar la “HGR” con la consigna del PC por una “huelga nacional”; que ellos consideran como un acto de reconciliación nacional. De manera similar, el “pacto de clase” propuesto por la LCE intenta evidentemente contrastar con el “pacto por la libertad” del PC. Por supuesto, es necesario formular nuestras consignas de la manera que más eficazmente contraponga el programa de independencia de la clase a la política reformista de colaboración de clases. Pero hay que cuidarse de no simplificar de tal manera que se distorsioné el contenido fundamental.

Por un lado, la consigna de la huelga general revolucionaria parece ser excesivamente específica en cuanto a la forma de un levantamiento revolucionario contra el régimen franquista. El levantamiento de 1934 en Asturias, por ejemplo, inmediatamente tomó el carácter de una insurrección. Bajo este aspecto, la consigna de la “HGR” tiene más o menos la naturaleza de un “mito social” a lo Sorel. La consigna anarcosindicalista durante la Primera Guerra Mundial de una huelga general contra la guerra fue otro ejemplo similar. (Por supuesto, es muy posible que sea una huelga general la que derribe la dictadura bonapartista.)

Pero, aún más fundamentalmente, no estamos seguros del sentido que tiene para vosotros la consigna del gobierno obrero y su relación a la huelga general. Por un lado, vuestra “resolución estratégica” se refiere a “la fórmula de un gobierno de los trabajadores basado en los órganos de la huelga general”. Consideramos esto un eslogan correcto en caso de una huelga general; claramente la tarea de los revolucionarios sería no solamente formar un comité central de huelga pero también darle carácter soviético, transformándolo en órgano de una dualidad del poder y luchando por imponer el dominio de un gobierno basado sobre la expresión democrática de este órgano unitario representativo del movimiento obrero independiente. Tal fórmula contrasta drásticamente con la consigna reciente de la Liga Comunista Internacional portuguesa por “la imposición de un gobierno obrero dentro del sistema de un estado capitalista”.

Por otro lado, escribís de la LCR que: “Resulta cada vez más difícil ver en sus escritos si realmente distinguen el derrocamiento de la dictadura del derrocamiento del capitalismo. El rechazo de la conquista de una verdadera Asamblea constituyente, así como el uso ideológico del control obrero, educan a los militantes en la ilusión de que la extensión de comités democráticos, más aún, incluso el surgimiento de soviets, significan que las posiciones revolucionarias han derrotado ya la influencia de las alternativas reformistas. La consigna transitoria del Gobierno de los trabajadores se confunde cada vez más, entonces, con la dictadura del proletariado” (“La crisis en la LCR…”).

No tenemos una documentación extensiva de los escritos de la LCR a los que se refiere. Claro está que nos oponemos al abandono de la consigna de una asamblea constituyente en el contexto español (en Portugal, durante el año después del derrocamiento de Caetano reivindicamos con frecuencia una asamblea constituyente democráticamente elegida). Pero no concebimos la consigna de una asamblea constituyente como representante de una etapa intermedia de la revolución; en una situación prerrevolucionaria debemos exigir simultáneamente a la formación de un órgano unitario de tipo soviético, representativo de todos los obreros organizados. Lanzamos la consigna de un gobierno obrero dándole el contenido de la dictadura del proletariado.

Es posible que un gobierno obrero surja en una situación de dualidad de poderes que sería transicional en el sentido de no haber todavía impuesto un solo poder estatal proletario. Pero prevenimos enfáticamente contra todo intento de cambiar el significado de la consigna del gobierno obrero en una llamada a los partidos obreros de administrar el estado capitalista (como lo hacen tanto la mayoría como la minoría del SU) bajo el pretexto de ser una aplicación táctica de una consigna algebraica. Particularmente en una situación de huelga general, la tarea del gobierno obrero debe ser la supresión del aparato estatal capitalista. Todo intento de apoderarse de éste (como ocurrió en Alemania en noviembre de 1918, cuando el gobierno del SPD-USPD ocupó el estado burgués con el “apoyo” de los consejos obreros dominados por los reformistas), significará la supresión sangrienta de los obreros en las calles. Aunque en los hechos sí puede ocurrir una separación de tiempo entre el derrocamiento de la dictadura franquista y el derrocamiento del capitalismo, los comunistas siempre debemos avanzar la consigna del derrocamiento del capitalismo en vez de un concepto etapista (primero el derrocamiento de la dictadura franquista a través de una huelga general, después una lucha contra el poder capitalista).

“El control democrático del ejército”

En cuanto a esto, nos parece ser peligrosamente equívoca la consigna, aparecida en varias publicaciones de la LCE, del “control democrático del ejército” como tarea de un gobierno obrero. En algunos casos habéis formulado esto como “el control democrático por los comités de soldados”, pero en ambos casos se desprende una tendencia a identificar la actividad del aparato estatal con la producción industrial en las fábricas. Mas no reivindicamos el control obrero del aparato estatal burgués, ni mucho menos el control democrático; al contrario, nuestra tarea es aplastarlo. Igualmente, la tarea de los comités de soldados es destruir, no controlar, el ejército burgués.

Durante la guerra civil en España, Trotsky criticó de forma tajante este punto de vista peligroso en una polémica contra “los trece puntos para la victoria” del POUM:

“El cuarto punto proclama: ‘Por la creación de un ejército controlado por la clase obrera.’ El ejército es un arma dela clase dominante y no puede ser ninguna otra cosa. El ejército es controlado por quienes lo mandan, es decir por los que tienen el poder estatal. El proletariado no puede controlar un ejército creado por la burguesía y sus lacayos reformistas. El partido revolucionario puede y debe construir sus células en tal ejército, preparando para que los sectores avanzados del ejército pasen al lado de los obreros.”

— “¿Es posible la victoria?” abril de 1937

Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional

Hemos tratado de presentar brevemente nuestra política sobre temas donde nos parece que existen áreas de mayores desacuerdos entre la tendencia espartaquista internacional y la Liga Comunista de España. Naturalmente no podemos abarcar todas las cuestiones claves de la revolución en una sola carta. Para obtener una presentación más completa de nuestro concepto sobre asuntos fundamentales para el movimiento obrero, os referimos a los documentos reunidos en Cuadernos Marxistas no. 1. También solicitamos una respuesta a la presente.

Al luchar por el renacimiento de la Cuarta Internacional, la tendencia espartaquista internacional no sólo rechaza las pretensiones fraudulentas de los varios hipócritas que hoy día pretenden ser la Cuarta Internacional. Contraponemos una concepción fundamentalmente diferente de cómo construir el partido mundial de la revolución socialista, contrastando con el “Comité Internacional” de Healy, cuya seudodialéctica sólo sirve para disfrazar una línea política que cambia constantemente y cuyo único principio es la sumisión incondicional al principio del Führer; también con el “Comité de Organización” de la OCI, cuya base programática se restringe al aceptar en abstracto el Programa de Transición y al declararse de acuerdo con que el “Comité de Organización” sea portador de “La Continuidad”; y especialmente con el Secretariado “Unificado”, que parece tener como único criterio de afiliación la afirmación del mito de que el SU es la Cuarta Internacional.

Es porque luchamos por cristalizar una tendencia internacional auténticamente trotskista, políticamente homogénea y democráticamente centralizada, que Mandel acusa a la tendencia espartaquista de tratar de construir una Internacional “monolítica” (como lo dijo en Australia, el septiembre pasado). Alain Krivine nos acusa de igualar el centralismo democrático con “cascos y palos” (durante un discurso en Toronto en julio de 1974). Señalamos, no obstante, que los Mandel, Hansen y Krivine han expulsado repetidamente a los oposicionistas de izquierda quienes han librado un lucha de principios, mientras el SU oculta las traiciones de sus socios fraccionales (el caso de Bala Tampoe, por ejemplo). Desde luego, nuestra tendencia no es “monolítica” — pero si se forja sobre una base de principios y de la congruencia programática.

El pantano del “Secretariado Unificado” no puede ser reformado. Desde el principio su programa se ha basado en el revisionismo pablista, comprometido a correr tras un sinnúmero de dirigentes pequeñoburgueses. Mientras este bloque putrefacto se descompone a un ritmo acelerado en alas que quieren, sea capitular ante la juventud guevarista o hacerse la corriente central socialdemócrata de su país, la tarea de los trotskistas consecuentes no esbuscar la unidad de todos los que están opuestos a las tendencias dominantes del SU. La bancarrota que representa este enfoque fue demostrada gráficamente por la malograda “Tercer Tendencia” que no pudo convenirse en un documento común sino hasta pocos días antes del “Décimo Congreso Mundial”, y que inmediatamente después se descompuso. Al contrario, sólo la lucha por construir una tendencia internacional auténticamente trotskista basada sobre un verdadero acuerdo político puede reforjar la Cuarta Internacional.

IG/LIVI: Aun dando vueltas en torno de una ‘explicación seria’

Grupo Internacionalista/ Liga por la IV Internacional

Aun dando vueltas en torno de una ‘explicación seria’

[Publicado por primera vez en inglés el 17 de agosto de 2010.]

Mientras critica correctamente muchas de las posiciones actuales de la Liga Espartaquista (SL/EEUU), los líderes del Grupo Internacionalista  (IG) / Liga por la IV Internacional (LFI) persisten rígidamente en la defensa de la supuesta integridad política de dicha Liga hasta el momento en el que fueron expulsados de la misma en 1996. La dirigencia del IG escogió construir su organización en torno de ese mito y, más específicamente, continúan insistiendo  que la SL estaba “singularmente correcta” a lo largo de los años 80 en su entendimiento distorsionado de las posiciones trotskistas sobre el estalinismo y la defensa de la Unión Soviética. Habiendo sido ellos antiguos líderes centrales de la SL que participaron activamente en el desarrollo de su línea política, la defensa del historial de la misma fue siempre una cuestión de sus propios legados personales y prestigio burocrático.

Como consecuencia de la obstinada insistencia del Partido Comunista de Alemania en defender la política que permitió que Hitler ascendiese al poder sin resistencia (“Primero Hitler, después nosotros”), León Trotsky fue forzado a concluir que cualquier organización que colocara el prestigio de sus líderes por encima de decir la verdad, merecía ser descartada de cualquier propósito revolucionario.

En política es inevitable que, cuando se sigue adelante con la lógica de una posición errónea en una cuestión, eso acabe teniendo consecuencias imprevistas en una o varias otras cuestiones que podrían parecer, en un primer momento, no tener relación con la política original. Luego del reciente terremoto de Haití, la SL cosechó lo que sembró cuando ésta, escandalosamente y de forma inesperada,  acabó apoyando la ocupación de Haití por el ejército de los Estados Unidos, creyendo en las palabras de Obama de que él estaba allí para proveer ayuda a las sufridas masas haitianas. [Vea La Liga Espartaquista apoya las tropas americanas en Haití, (português) 15 de Febrero de 2010]]

Haití, Afganistán y Líbano

En una carta reciente para la SL, condenando su demorada e incompleta autocrítica sobre Haití [Vea Repudiando nuestra posición sobre el terremoto de Haití: Una capitulación al imperialismo de EE.UU, 27 de abril de 2010], en una cuestión en la cual, en relación a la izquierda restante, fue “singularmente incorrecta”, la dirigencia del IG reprende a la SL por su tentativa de distanciarse de su vergonzosa posición original, al mismo tiempo en que hesita a la hora de repudiarla abiertamente, mientras se recusa a examinar de forma completa la “raíz de la traición” en su más reciente reconocimiento de una acción errada.

“Ustedes admiten el crimen, pero fallan en dar una explicación seria de las razones de aquel. Y ello garantiza virtualmente que éste sucederá de nuevo…”

“A pesar de sus declaraciones arrepentidas de hoy, ¿cómo nosotros podemos saber que aquello que ustedes dirán mañana no será una repetición de lo que ustedes dijeron ayer?”

— Carta Abierta del Grupo Internacionalista para la Liga Espartaquista y la LCI, 8 de mayo de 2010.

La carta del IG para la SL defiende la posición de que Haití fue “una extensión de la capitulación previa a las presiones del imperialismo americano”, apuntando al repudio abierto de la SL en llamar a derrotar al imperialismo estadounidense en Afganistán en 2002,  que la SL aún defiende, como su precedente más significativo.

“En aquella época, ustedes habían atacado perversamente al Grupo Internacionalista por nuestro llamado desde el comienzo (en nuestra declaración el 14 de septiembre del 2001) por la defensa de Afganistán y la derrota del imperialismo americano. Ustedes escribieron que nuestra línea nos llevaba a convertirnos en ‘los representantes del discurso antiamericano’, tal como lo declararon en un subtítulo, y que apelábamos a una platea de nacionalistas ‘tercermundistas’ para los cuales ‘el único americano bueno es el americano muerto’…”

Sin embargo, la posición de la SL en Afganistán, a su vez, tuvo un precedente con la posición que ésta había sostenido en el Líbano en 1983, cuando se recusó a defender militarmente el lado que luchaba por el fin de la ocupación militar de los EEUU en su país. Ya que ellos todavía estaban en la dirección de la SL en aquella época, los fundadores del IG aún defienden esa posición hoy en día. De manera similar, en un libro de la SL del año 1990 titulado “Trotskismo: Que Es y Que No Es Eso” (también editado cuando los fundadores del IG todavía eran los líderes de esa organización), declararon que la Tendencia Bolchevique Internacional (TBI), que en aquella época había mantenido una posición correcta (pero que desde entonces se ha degenerado burocráticamente):

“desea asesinatos indiscriminados en masa de americanos…”

[Para un comentario sobre la degeneración burocrática de la TBI, vea El Camino Hacia Fuera de Rileyville, 25 de Septiembre de 2008].

Ya que la posición de la SL sobre el Líbano es defendida por la dirigencia del IG incluso actualmente, se puede preguntarles con razón, si a pesar de sus “declaraciones arrepentidas de hoy”, ¿cómo nosotros podemos saber que “aquello que ustedes dirán mañana” no será una repetición de “lo que ustedes dijeron ayer”?

‘Brújula política’: la ‘explicación seria’ de la ‘raíz de la traición’

En nuestro propio texto sobre la SL y Haití, nosotros observamos el siguiente:

“El IG afirmó que la SL realizo un giro frente a una histeria chauvinista. Mientras la SL ciertamente realizó tales giros en el pasado, como su espantosa reacción al 11 de Septiembre y a la guerra de Afganistán en 2001, ninguna atmósfera similar existía en relación a Haití en ese momento.”

— La Liga Espartaquista apoya las tropas americanas en Haití, 15 de febrero de 2010

A pesar de que las dos posiciones fueron traiciones programáticas y de hecho hay muchos paralelos entre una y otra, al contrario de Afganistán, la línea de la SL en Haití no es tanto un reflejo de presión inmediata externa, como de sus antiguas contradicciones políticas, metodológicas y organizativas.

Al mostrar alguna de esas contradicciones, nuestra declaración sobre la línea proimperialista de la SL se refirió a una polémica previa con el IG sobre su defensa del legado de la SL en los años 80 acerca de la “cuestión rusa”.

“Como fue elaborado de una forma más completa en una polémica anterior (IG: Programa de Transición de Trotsky o Brújula Política de Robertson?, (inglés) 6 de mayo de 2009), la SL basó prácticamente toda su existencia durante los años 80 en la cuestión de la defensa de la URSS. En el velorio de su caída, construyeron una visión del mundo bajo el cual, así como previamente todas las cuestiones eran vistas bajo el prisma de la defensa de la Unión Soviética, hoy todas las cuestiones son vistas  a través del estrecho prisma de su muerte.  No es tan sólo la crisis subjetiva de liderazgo que retrasa las luchas de la clase obrera, sino una nueva circunstancia objetiva donde la cuestión de tomar el poder del Estado se coloca fuera de la agenda por una razón u otra.

“Aquellos que desisten de la clase obrera son forzados a buscar por salvación en otras fuerzas sociales. Durante los años 80, en una desorientación simétrica a la de hoy, las visiones y miedos extremadamente exagerados de la SL sobre los ‘peligros de los años de Reagan’ combinados con el desmantelamiento de sus fracciones sindicales, los llevó a mirar a los estalinistas soviéticos, a su ejército y a su poderío económico como los protectores de los ataques del imperialismo. Hoy, la URSS no existe más y Cuba no puede reaccionar como un sustituto suficiente en la región.”

En aquella polémica con el IG, nosotros citamos una intervención en un foro abierto de tal organización que resumió un importante aspecto de la metodología de la SL sobre la cuestión:

“Concuerdo con muchas de las actuales críticas del IG al hecho de la SL haber explícitamente abandonado el programa de transición. También concuerdo con que esa posición está relacionada con la extrema desmoralización de la SL después del colapso de la URSS. Ello fue expresado en su reciente posición sobre la lucha contra la ley de flexibilización de contratos de empleo en Francia, cuando ellos proclamaron que en el ‘mundo postsoviético’ no es probable que una huelga general tenga éxito. Algunos años atrás, cuándo Afganistán fue atacado, miembros de la SL argumentaron de manera similar que en dicho mundo postsoviético las victorias militares de las neocolonias contra los imperialistas no estaban en la agenda. No obstante la desaparición de la URSS fue una gran derrota, por sí misma ella no es una explicación de nada de aquello. Se debe mirar también hacia la historia de la propia SL anterior a ese colapso y a sus varios zigzagueos sobre la cuestión rusa; posiciones por las cuales el liderazgo del IG también es responsable por haberlos desarrollado y reivindicado hasta hoy en día. Sobre ello, voy a comentar un aspecto.”

“A lo largo de los años 80, la SL desarrolló una fuerte tendencia a reducir el trotskismo a la cuestión del defensismo soviético. Ese giro fue parcialmente reconocido en la época en que yo era miembro de la juventud de la Liga Espartaquista. Desde que pasó a ver la defensa de la URSS como la cuestión central en todos los lugares y ocasiones, desde Nicaragua hasta Alice Springs, Australia, surgió una tendencia para ver el mundo a partir del estrecho punto de vista de la pregunta ‘¿está bien así para Rusia?’ ”

“Frecuentemente se escribía y se afirmaba internamente que la defensa de la URSS era la ‘brújula política’  de la SL, que iría a prevenir su degeneración, un tipo de talismán mágico para espantar los espíritus del antitrotskismo. En contraste, el Programa  de Transición declara que la Cuarta Internacional debe ‘basar su programa en la lógica de la lucha de clases’, lo cual es bien diferente a usar la defensa de la URSS como una brújula política. Pero, ¿qué sucede cuando se continúa usando tal brújula después de  que ésta ya no existe más? (Nosotros descubrimos dos años atrás que cambiar acusaciones internamente sobre desear abandonar la defensa de la URSS todavía es una norma para ellos). El resultado es la transformación siguiente en un agrupamiento propagandista pasivo, que el IG describió, confirma eso; así como también la reciente posición de la SL en Francia. Sin embargo,  los líderes de la IG son incapaces de hacer tal análisis por entero. Ellos están determinados a defender aquellas posiciones, ya que ellos mismos son enteramente responsables por ayudar a desarrollarlas siendo los líderes de la SL.”

Nosotros también mostramos que tal comprensión también desempeñó un papel en distorsionar la actitud trotskista frente al imperialismo durante los años 80.

“En otra parte del Medio Oriente, la SL intentó encubrir su abandono del apoyo militar hacia aquellos que luchaban contra la ocupación de los fusileros navales de los Estados Unidos en su país, cínicamente preguntando ‘¿dónde está hoy el lado justo y antiimperialista en el Líbano?’ Y entonces explicando las condiciones en las cuales ellos irían a tomar partido:

“‘Si los EEUU entran en guerra contra Siria, una revaluación completa sería necesaria, no menos porque tal guerra podría convertirse en un conflicto real entre los EEUU y la URSS, en el cual los marxistas defenderían el lado soviético’

— ‘Marxismo y Baño de Sangre’, Workers Vanguard No. 345, 6 de enero de 1984.”

Hasta la actualidad, el IG ha intentado explicar que todas sus diferencias con la SL surgidas después de su expulsión son originarias de la desmoralización sufrida por la SL tras la caída de la URSS. El grupo se recusa a reconocer que esa desmoralización extrema deriva directamente de la metodología de la que son ellos mismos responsables por haberla elaborado y desarrollado hasta el momento de su propia expulsión.

Nosotros fuimos, de cierta forma, tomados un poco por sorpresa por el que pareció ser un reconocimiento implícito de nuestra crítica en la carta del IG:

“Todo se origina en el devastador impacto sobre la Liga Espartaquista y la Liga Comunista Internacional (LCI) de la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética y de los estados obreros deformados europeos entre el 89 y el 92.”

“Observen lo que sucedió después del ataque del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center y al Pentágono, que claramente abalaron la SL y la LCI. Empero, habiendo perdido su brújula política con el final de la Unión Soviética, la SL/LCI reaccionó abandonando elementos clave del programa leninista-trotskista relacionados a la guerra imperialista”

Haciendo una búsqueda en Google, descubrimos que es la primera vez que una discusión sobre la antigua “brújula política” es levantada en las publicaciones del IG. El uso de la SL de la defensa de la URSS como su “brújula política”, como frecuentemente ha declarado en la época, era la característica esencial de dicha liga cuando los fundadores del IG todavía eran los líderes de aquella organización, siendo así una parte central de sus legado político, y por la cual ellos serían responsables por tener que, con honestidad, reconocer como errónea. Si la afirmación del IG es de que la desmoralización tras la caída de la URSS fue la razón clave para su salida de la SL y la justificación para su existencia independiente, entonces tal reconocimiento también ofrecería la única explicación para la naturaleza altamente profunda de esa desmoralización aun ahora mismo dos décadas después del hecho, cuando casi todos en la izquierda (con excepción del geriátrico PC  pro-Moscú) se recuperaron o están en proceso de recuperación. Parece que un reconocimiento mucho más explícito, sincero y riguroso debería ser reclamado, en lugar de un reconocimiento improvisado, hecho de manera pasajera en la carta del IG. ¿Cómo eso difiere con el modo en el que la SL hesita en repudiar abiertamente su posición en Haití?

Nosotros desafiamos a los miembros de base del IG a testear la franqueza de sus líderes o, tal vez más apropiadamente, su propio poder dentro de la organización intentando exigir un reconocimiento explícito de sus errores.

Karma: todo lo que va, vuelve 

No tenemos ninguna confianza en la habilidad o fuerza de voluntad de los líderes del IG en hacer un balance honesto del papel que ellos desempeñan en la degeneración de la SL. No sólo en la cuestión de la línea política, sino también en el papel al que se prestaron en la burocratización de la SL cuando ellos mismos estaban en el liderazgo, dirigiendo o ayudando en las persecuciones a los críticos para expulsarlos y después calumniarlos.

Al tiempo que reclaman haber sido víctimas de un “ataque preventivo” de carácter organizativo engendrado por Alison Spencer (cuyo crédito dentro del grupo disminuyó desde entonces, pero que en la época estaba flirteando con la idea de sustituir a Jim Robertson como el “líder” de la SL), dos años después del hecho, el líder principal del IG, Jan Norden, todavía estaba vanagloriándose por haberla ayudado en una purga igualmente maquiavélica, típica de un Zinoviev, en la sección italiana de la Liga Comunista Internacional:

“Usted describe, a partir del documento sobre Italia, que parecía que Norden había hecho a un bloque con Parks (Spencer) a respecto de las diferencia sobre llamar o no, de cualquier manera que fuese, por una huelga general en Italia. Yo, de hecho, hice un bloque con Parks contra Gino, cuya política encubría al Frente Popular. En aquella situación, llamar a los burócratas (que eran los únicos en posición de hacer eso) a organizar una huelga general ilimitada, significaba llamar por más militancia sindical con el objetivo de  establecer las bases para una coalición de centro-izquierda para reemplazar al gobierno de derecha de Berlusconi y Fini. Un ‘bloque’ contra ese embrión de tendencia, representada por Gino, que se oponía al programa trotskista [léase un ‘ataque preventivo’ organizativo — énfasis añadida] no era apenas principista, sino también obligatorio. Era  extremadamente necesario formar una mayoría para luchar contra la provocación frente-populista.”

— “Carta del IG al MEG”, 18 de julio de 1998 (Trotskyist Bulletin No. 6)

No es tenido en cuenta el hecho de que, después de haber sido ellos mismos expulsados de la SL, el IG expresó críticas fundamentalmente similares a las de Gino hacia el abandono que la SL/LCI hizo de los llamados a huelga general, o que ellos en persona acabaron siendo víctimas de los mismos métodos organizativos usados contra Gino. Lo que está involucrado, una vez más, es la cuestión de sus legados personales y prestigio burocrático.

En contraste, gran parte de los miembros de base del IG, siendo subjetivamente revolucionarios, aún pueden desempeñar un importante papel en ayudar a reconstruir la Cuarta Internacional. Sin embargo, ellos sólo pueden hacer eso si prestan amplia lealtad a la lucha por la revolución socialista, por encima de la estrecha lealtad a la organización en la cual ellos están actualmente adheridos. Así, la reciente tragedia de los miembros de base de la SL (que unánimemente apoyaron la línea proimperialista en Haití y después pasaron a unánimemente repudiarla cuando el “líder” de la SL cambió de idea) muestra que aquellos que son incapaces de erguirse contra los burócratas de su propio partido jamás podrán erguirse frente a la clase dominante.

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PUERTO RICO SOCIALISTA y el Nacionalismo

PUERTO RICO SOCIALISTA

y el Nacionalismo

Publicado en ESPARTACO Vol. 1 No. 1, por la Spartacist League de los EE.UU. en octubre de 1966. 

Muchas personas apoyan la independencia de Puerto Rico. Nosotros apoyamos la lucha del proletariado boricua por su independencia. Pero no concordamos con muchos de los que aparentemente dicen querer lo mismo. Estos señores no explican al proletariado puertorriqueño lo que quieren decir por independencia. Este es un término muy confuso en la mentalidad pequeña burguesa pero muy claro para los revolucionarios. Independencia para quién? ¿Es que la actual sociedad burguesa no contiene clases que existen en permanente contradicción? ¿Para los comerciantes, caudillos y mercaderes portorriqueños? ¿O para el proletariado?

Los dirigentes nacionalistas nos tratan de vender el mito de que todos los puertorriqueños pertenecemos a una sola clase. Esto no es verdad. Este no es el caso de ninguna de las naciones latinoamericanas. La mayoría de éstas no son “colonias” legalmente y se llaman “independientes”. Pero la clase obrera en estas naciones no es la que manda y el campesinado es brutalmente explotado por las burguesías nacionales.

Aún sin los imperialistas yanquis Puerto Rico tendría una clase local de “ricos” que explotan a la clase obrera y al campesinado. El nacionalismo no explica esto y naturalmente no lo resuelve. El nacionalismo es un substituto incompleto para la dictadura del proletariado.

El repetir slogans no resuelve la ausencia de un programa forjado y definido por las luchas del proletariado portorriqueño. Esta falta de teoría revolucionaria confunde a la clase obrera, la envanece en estupideces chovinistas y le impide evaluar científicamente su pasado y presente revolucionario. Con esta clase de activismo ultra-nacionalista nada es avanzado, la lucha se estanca en un lodazal de fraseología calcada del jacobinismo francés de 1789.

Debemos de recordarles a los líderes nacionalistas que el proletariado no es un cretino al que se le debe de educar por “etapas”, o sea, primero “independencia” y después socialismo. Peor es evadir el problema con la simplista ecuación independencia = socialismo, como hacen Corretjer y su séquito en la Liga Socialista de Puerto Rico. Sin explicación concreta de lo que se quiere decir esta ecuación es usada por los políticamente estériles. Semejante ecuación es puesta de pies sólo cuando el proletariado es el agente directo de la revolución-independencia. El proletariado puede tener aliados que pertenecen a las otras clases (como la pequeña burguesía urbana y el campesinado). Pero es el proletariado el que debe de llevar a la revolución en sus hombros. No un bloque o “frente” de clases en el cual ninguna clase es distinguida de las otras (para ventaja de los oportunistas).

Un Puerto Rico socialista debería de tratar de formar una confederación de estados socialistas en el Caribe. Esto incluiría a Haití y a la República Dominicana, además de otras islas en la región. Cuba estaría incluida naturalmente, aunque es difícil de predecir qué será de la burocracia de Castro cuando los obreros tomen el poder en el Caribe.

Esto es lo que queremos decir cuando decimos lucha socialista. Esto trascende los confines geográficos impuestos por el capitalismo mundial y trascende los estrechos confines mentales de los propagandistas del nacionalismo “socialista.” El proletariado no tiene patria.

La revolución nacionalista terminará en las manos de la burguesía portorriqueña si es que no se transforma en una revolución socialista. Una vez en las manos de estos líderes “patriotas” Puerto Rico volverá indirectamente al tentáculo imperialista pues éste controla el mercado mundial. Esto significa que la lucha contra la explotación deberá de continuar adentro de Puerto Rico aunque el imperialismo en persona haya sido arrojado. Debemos arrojar de Puerto Rico a los dos, al imperialismo y a sus lacayos, al mismo tiempo.

Para la mayoría de los portorriqueños, ya sean obreros o campesinos, la revolución nacionalista no garantiza verdadera democracia. Sólo si los obreros controlan su propia revolución a través de medios políticos creados por ellos (como comités obreros) Puerto Rico obtendrá independencia política y económica. Sólo si la clase obrera de Puerto Rico se alía con las clases obreras revolucionarias latinoamericanas y mundiales podrá un Puerto Rico socialista sostenerse en contra de las presiones militares y económicas del imperialismo yanqui.

La victoria nacionalista de 1897, la lucha heroica de Ponce en 1937 y la revolución de 1950 deben de ser sobrepasadas. La revolución socialista debe de ser una realidad en Puerto Rico como lo debe de ser en los E.E.U.U., Latinoamérica y el mundo entero.

No al silencio público sobre la traición del LSSP

Carta de 1960 de James Robertson al Comité Político del SWP

No al silencio público sobre la traición del LSSP

Nueva York

8 de agosto de 1960

Al Comité Político

Estimados camaradas:

Me dirijo a ustedes con respecto al silencio público de nuestro partido acerca de la reciente y continua traición contra la clase obrera ceilanesa y el movimiento trotskista mundial perpetrada por el Lanka Sama Samaja Party. Me refiero, desde luego, a la participación de ese partido en un pacto electoral de “Frente Popular” con el partido estalinista y el partido burgués nacionalista de izquierda representado por la viuda Bandaranaike.

Al plantear este asunto en privado con varios miembros de su órgano, me han dicho que se han enviado cartas a los ceilaneses y que ustedes creen que por ahora los marxistas revolucionarios en el LSSP pueden lograr una mayor ventaja si nos quedamos callados públicamente. Debo disentir y los insto a reconsiderar.

Cuando leí en el NY Times sobre el pacto electoral, más tarde sobre la elección y finalmente sobre el apoyo que continúa dándole el LSSP al nuevo gobierno capitalista, mi preocupación sobre esta capitulación clásicamente socialdemócrata se vio mitigada por dos reflexiones: 1) primero, que la construcción de un genuino partido trotskista para la isla tal vez podría realizarse sobre las ruinas y, 2) que ahora podríamos arrinconar realmente a Pablo, no por un voto oscuro de sus partidarios en una reunión provincial del Partido Laborista británico, sino por un acto claro de proporciones históricas de un partido importante, un acto en torno al cual los órganos centrales mundiales de la CI [IV Internacional] deberían tomar una posición, la cual se basaría en estar a favor o en contra de los principios revolucionarios elementales.

Pero el silencio en el Militant debilita ambas esperanzas. En Ceilán nuestro silencio, aunque pueda mantener temporalmente nuestra “respetabilidad” en boca de los dirigentes, también les proporciona un arma formidable contra cualquier militante que confronten: “Incluso los estadounidenses sólo están molestos en privado y están abordando esto como un asunto entre camaradas”. Y por lo que respecta a la situación de Pablo ante el movimiento mundial, cada día de retraso le permite decir en los hechos: “Tú eres otro maniobrero al subordinar los principios a la táctica”.

Camaradas, de que ustedes condenan a los ex trotskistas ceilaneses no tengo duda alguna; pero el que no lo planteen públicamente y con gran seriedad sólo daña al movimiento internacionalmente.

Saludos camaraderiles,

James Robertson

[Copiado de http://www.icl-fi.org/espanol/spe/37/let-lssp.html ]

Carta abierta a los trotskistas de todo el mundo

Carta abierta a los trotskistas de todo el mundo

[Copiado de http://www.wsws.org/es/articles/2009/sep2009/es-1953.shtml ]

16 de noviembre, 1953

Camaradas:

En el 25º aniversario de la fundación de movimiento trotskista en los Estados Unidos, el Pleno del Comité Nacional del Socialist Workers Party envía sus saludos socialistas revolucionarios a los trotskistas ortodoxos de todo el mundo.

Aún cuando el Socialist Workers Party, debido a las leyes anti democráticas establecidas por Demócratas y Republicanos, ha dejado de integrarse a la Cuarta Internacional—Partido Mundial de la Revolución Socialista fundado por León Trostky para continuar y cumplir con el Programa que la Segunda Internacional que los socialdemócratas y la Tercera Internacional de los estalinistas traicionaron—a nosotros nos interesa el bienestar de la organización mundial creada bajo la dirigencia de nuestro martirizado líder.

Como ya bien se sabe, hace 25 años que los pioneros trotskistas de Estados Unidos llevaron el programa de Trotsky, suprimido por el Kremlin, a la atención de la opinión pública mundial. Esta acción fue decisiva para quebrar el aislamiento que la burocracia estalinista le había impuesto a Trotsky y echar las bases de la Cuarta Internacional. Poco tiempo después, Trotsky inició, desde su exilio, una íntima y confiada colaboración con la dirigencia del SWP que duró hasta el día de su muerte.

La colaboración incluyó esfuerzos en conjunto para organizar partidos revolucionarios en varios países. Esto culminó, como Uds. saben, en al lanzamiento de la Cuarta Internacional en 1938. Trotsky escribió el Programa de Transición, que sigue siendo la piedra angular del programa del movimiento trotskista mundial, en colaboración con los dirigentes del SWP, quienes, a instancia de Trotsky, se lo presentaron al Congreso de Fundación para que éste lo adoptara.

La intimidad y meticulosidad de la colaboración entre Trotsky y la dirigencia del SWP se pueden juzgar por los datos que existen acerca de la lucha en defensa de los principios trotskistas ortodoxos en 1939-1940 contra la oposición pequeñoburguesa dirigida por Burnham y Schachtman. Esa historia ha ejercido una profunda influencia en la trayectoria de la Cuarta Internacional durante los últimos trece años.

Luego del asesinato de Trotsky por un agente de la policía secreta de Stalin, el SWP asumió la dirección de la defensa y diseminación de sus enseñanzas. Nosotros asumimos esa dirección no por elección sino por necesidad; la Segunda Guerra Mundial obligó a los trotskistas ortodoxos a pasar a la clandestinidad en muchos países, especialmente en Europa bajo los nazis. Junto con los trotskistas de América Latina, Canadá, Inglaterra, Ceilán, India, Australia y otros sitios, hicimos lo que pudimos por levantar la bandera del trotskismo ortodoxo durante los difíciles años bélicos.

Al acabar la guerra, nos sentimos gratificados cuando los trotskistas en Europa salieron de la clandestinidad y asumieron la restauración organizacional de la Cuarta Internacional. Puesto que leyes reaccionarias nos prohibían pertenecer a ésta, pusimos aún mayores esperanzas en que apareciera una dirigencia capaz de continuar la gran tradición legada por Trotsky a nuestro movimiento mundial. Éramos de la opinión que a la nueva dirigencia joven de la Cuarta Internacional en Europa se le debería brindar confianza y apoyo totales. Cuando, por iniciativa de los propios camaradas, se corrigieron serios errores, nosotros fuimos de la opinión que nuestro curso tenía amplia justificación.

Sin embargo, ahora tenemos que admitir que la ausencia de una crítica severa que nosotros, en colaboración con otros, acordamos designarle a esta dirigencia, contribuyó a abrirle paso a la consolidación de una facción fuera de control, secreta y personalista en la administración de la Cuarta Internacional que ha abandonado el programa básico del trotskismo.

Esta facción, centrada en torno a Pablo, funciona ahora consciente y deliberadamente para trastornar, dividir y desbaratar los cuadros que el trotskismo ha formado durante su historia en los diferentes países, y liquidar a la Cuarta Internacional.

El programa del trotskismo

Para mostrar con precisión lo que está en juego, replanteemos los principios fundamentales que constituyen las bases sobre las cuales se ha establecido el movimiento trotskista mundial:

1. La agonía mortal del sistema capitalista amenaza con destruir la civilización al hacer cada vez peores las depresiones, las guerras mundiales y las manifestaciones de barbarie tales como el fascismo. El desarrollo de las armas atómicas pone en relieve el peligro del modo más grave posible.

2. La caída al abismo se puede evitar sólo reemplazando al capitalismo con la economía planificada socialista a nivel mundial y reanudando la espiral de progreso iniciada por el capitalismo en sus épocas tempranas.

3. Esto sólo se puede lograr bajo la dirigencia de la clase obrera de la sociedad. Pero la misma clase obrera se enfrenta a una crisis de dirección, a pesar de que las relaciones mundiales de las fuerzas sociales nunca fueron tan favorables como hoy para que los obreros emprendan el rumbo al poder.

4. Para organizarse a sí misma con el fin de cumplir esta misión histórica mundial, la clase obrera de cada país tiene que establecer un Partido Socialista Revolucionario basado en los criterios desarrollados por Lenín; es decir, un partido de combate capaz de combinar dialécticamente la democracia y el centralismo: democracia para tomar decisiones, centralismo para cumplirlas. Ha de ser una dirigencia bajo el control de su militancia y capaz de avanzar disciplinadamente bajo fuego.

5. El obstáculo principal a esto es el estalinismo, el cual explota el prestigio de la Revolución Rusa de 1917 para atraer a los obreros y luego traicionar su confianza, lanzándolos ya sea en los brazos de la socialdemocracia, de la apatía o a la renovación de ilusiones en el capitalismo. Las consecuencias de estas traiciones las paga la clase obrera con la consolidación de las fuerzas fascistas o monárquicas y nuevas explosiones de guerras fomentadas y preparadas por el capitalismo. Desde sus inicios, la Cuarta Internacional se planteó la derrota revolucionaria del estalinismo dentro y fuera de la URSS como una de sus misiones principales.

6. La necesidad de tácticas flexibles que afrontan muchas secciones de la Cuarta Internacional —y los partidos o grupos que simpatizan con su programa— hacen más imperante que, sin capitular al estalinismo, sepan cómo luchar contra el imperialismo y todos sus agentes pequeñoburgueses (tales como las tendencias nacionalistas o las burocracias sindicalistas); y, a la inversa, sepan cómo derrotar al estalinismo (que, a fin de cuentas es un agente pequeñoburgués del imperialismo) sin capitular ante el imperialismo.

En la política mundial de hoy, la cual es cada vez más compleja y cambia constantemente, estos principios fundamentales establecidos por León Trotsky conservan absoluta validez. Es sólo ahora que, de hecho y tal como Trotsky lo previera, las situaciones revolucionarias que se presentan por doquier le dan absoluta concreción a lo que alguna vez pudo haberse parecido a abstracciones remotas que no se vinculan íntimamente a la viviente realidad de la época. Lo cierto es que estos principios hoy se muestran cada vez con más fuerza tanto en el análisis político como en la determinación de la trayectoria de la acción práctica.

El revisionismo de Pablo

Pablo ha abandonado estos principios. Considera que, en vez de hacer resaltar el peligro de una nueva barbarie, el camino al socialismo es “irreversible”; sin embargo, no cree que el socialismo sea producto de esta generación o de las venideras. Al contrario; ha desarrollado el concepto de una ola “avasalladora” de revoluciones que sólo dan origen a estados obreros “deformados”; es decir, de tipo estalinista que durarán por “siglos”.

Esto revela el mayor pesimismo en cuanto a la capacidad de la clase obrera; pesimismo totalmente acorde con la manera en que él ridiculiza la lucha por establecer partidos socialistas revolucionarios independientes. En vez de seguir la línea principal de establecer partidos revolucionarios independientes valiéndose de todas las tácticas posibles, Pablo considera que el estalinismo —o uno de sus sectores decisivos— es capaz de cambiar bajo la presión de las masas hasta llegar a aceptar las “ideas” y el “programa” del trotskismo. Ahora oculta las traiciones del estalinismo con el pretexto de la diplomacia que ciertas maniobras tácticas requieren para acercarse a los obreros bajo la influencia del estalinismo en países tales como Francia.

Esta línea ya ha conducido a serias deserciones de las bases del trotskismo al campo estalinista. La escisión pro estalinista en el partido ceilanés es una advertencia a los trotskistas de todas partes acerca de como las ilusiones que el pablismo promueve acerca del estalinismo causan trágicas consecuencias.

En otro documento sometemos a juicio un detallado análisis del revisionismo de Pablo. En esta carta nos limitaremos a algunas pruebas recientes que muestran en el plano decisivo de la acción hasta dónde ha llegado Pablo en su conciliación con el estalinismo y cuán grave es el peligro a la existencia de la Cuarta Internacional.

Con la muerte de Stalin, el Kremlin anunció una serie de concesiones en la URSS, ninguna de ellas de carácter político. En vez de caracterizarlas como parte de una simple maniobra para cementar a la burocracia usurpadora aún más y constar de gestiones para preparar a un burócrata dirigente a asumir el cargo de Stalin, la facción pablista consideró que tales concesiones eran de buena fe y las presentó como concesiones políticas. Incluso planteó la posibilidad de los estalinistas “compartir el poder” con los trabajadores (“Cuarta Internacional,” enero-febrero, 1953).

Este concepto de “compartir el poder”, expresado de la manera más burda por Clarke —entre los sumos sacerdotes del culto a Pablo—, fue proclamado indirectamente como dogma por el mismo Pablo en una pregunta a la que no contesta pero que obviamente insinúa la respuesta: ¿Tomará la liquidación del régimen estalinista la forma de “luchas inter burocráticas violentas entre los elementos que lucharán para defender el status quo —sino exactamente para regresar al pasado— y aquellos elementos, cada vez más numerosos, que se ven arrastrados por la poderosa presión de las masas? ” (“Cuarta Internacional”, marzo-abril, 1953).

Esta línea le da un nuevo contenido al programa trotskista de la revolución política contra la burocracia del Kremlin: simplemente que la postura revisionista de que las “ideas” y el “programa” del trotskismo van a filtrarse y penetrar a la burocracia, o a uno de sus sectores decisivos, “derribando” así al estalinismo de manera inesperada.

En junio, los trabajadores de Alemania Oriental se sublevaron contra el gobierno dominado por el estalinismo en una de las mayores manifestaciones en la historia de Alemania. Esta fue la primera rebelión proletaria de las masas en contra del estalinismo desde que éste usurpara y consolidara su poder en la Unión Soviética. ¿Cómo reaccionó Pablo a este acontecimiento histórico?

En vez de expresar claramente las aspiraciones políticas revolucionarias de los obreros insurgentes de Alemania Oriental, Pablo encubrió a los sátrapas contrarrevolucionarios estalinistas que movilizaron a las tropas soviéticas para aplastar la rebelión (“…los dirigentes soviéticos, los de las varias ‘democracias populares’ y los Partidos Comunistas no podían seguir falsificando o ignorando el profundo significado de estos acontecimientos. Se han visto obligados a seguir por el camino de verdaderas concesiones aún más generosas para evitar el peligro de enajenarse para siempre del apoyo de las masas y no provocar explosiones aún más enérgicas. A partir de ahora ya no van a poder detenerse a mitad de camino. Se verán obligados a repartir concesiones para evitar explosiones más graves en el futuro inmediato y, si es posible, efectuar una transición “fría” de la situación del momento a una más soportable para las masas”). (Declaración de la Cuarta Internacional publicada en The Militant, 6 de julio.)

En vez de exigir el retiro de las tropas soviéticas —la única fuerza que sostiene al gobierno estalinista—, Pablo promovió la ilusión que los galeotes del Kremlin estaban prestos a ofrecer “verdaderas concesiones de mayor alcance”. ¿Podría Moscú haber pedido una mejor ayuda a medida que procedía con la monstruosa falsificación del profundo significado de esos hechos, llamando “fascistas” y “agentes del imperialismo estadounidense” a los obreros sublevados e iniciando una ola de represión salvaje contra ellos?

La huelga general en Francia

En Francia, la mayor huelga general de su historia estalló en agosto. Había sido, puesta en movimiento por los propios trabajadores en contra de la voluntad de su dirigencia oficial, y presentó una de las oportunidades más favorables en la historia de la clase obrera al desarrollo de la verdadera lucha por el poder. Además de los obreros, los campesinos franceses se sumaron con manifestaciones e indicaron así su profunda insatisfacción con el gobierno capitalista.

La dirigencia oficial, tanto socialdemócrata como estalinista, traicionó al movimiento e hizo todo lo posible para limitarlo y prevenir el peligro al capitalismo francés. Si tomamos en cuenta la oportunidad que se ofrecía, sería difícil encontrar en la historia una traición más abominable.

¿Cómo reaccionó la facción de Pablo a este acontecimiento tan enorme? Tildó la acción de los socialdemócratas como traición, pero por razones incorrectas. Puntualizó que la traición había consistido en conducir negociaciones con el gobierno a espaldas de los estalinistas. Pero esta traición fue totalmente secundaria, consecuencia de su crimen principal: la negativa en emprender el camino hacia la toma del poder.

En cuanto a los estalinistas, los pablistas encubrieron su traición y se convirtieron en cómplices. La crítica más severa que fueron capaces de expresar contra las actividades contrarrevolucionarias del estalinismo fue acusarlos de “carecer” de política.

Esto fue falso. Los estalinistas no “carecían” de política, la cual era mantener los intereses de la política exterior del Kremlin en la situación y así ayudar a sostener al tambaleante capitalismo francés.

Pero eso no fue todo. Incluso con la educación interna de los trotskistas franceses, Pablo se negó a catalogar como traición el papel del estalinismo. Señaló “el papel de frenadores que hasta cierto punto habían jugado los dirigentes de las organizaciones tradicionales” —¡una traición es simplemente un “freno”!—, “así como también lo fue su capacidad —especialmente de la dirigencia estalinista— para ceder ante la presión de las masas cuando esta presión se vuelve tan poderosa como lo fue en estas huelgas”. (Nota Política No. 1)

Podría suponerse que esto ya representa suficiente conciliación con el estalinismo para un dirigente que ha abandonado el trotskismo ortodoxo pero que todavía busca guarecerse en la Cuarta Internacional. Pero no; Pablo se fue todavía más allá.

El volante infame

Sus partidarios emitieron un volante dirigido a los trabajadores de la fábrica Renault en París. Éste declaraba que, durante la huelga general, la dirigencia estalinista del CGT (máxima central sindicalista francesa) “tenía la razón en no introducir demandas que no fueran las que exigían los trabajadores”. ¡Esto en medio de los trabajadores exigiendo con sus acciones un gobierno obrero y campesino!

Al separar arbitrariamente del Partido Comunista a los sindicatos dirigidos por los estalinistas mismos ?¿evidenciando esta movida el pensamiento más mecánico o un intento deliberado para encubrir a los estalinistas??, los pablistas declararon en su volante que, en cuanto al significado de la huelga y sus perspectivas se refiere, “este punto, según los sindicatos, era de segunda importancia. La crítica que se le debe hacer a este punto de vista no se refiere a la CGT, que es una organización sindicalista que ante todo debe actuar como tal, sino, en primer lugar y ante todo, a los partidos, cuyo papel debió haber sido mostrar el profundo significado político de este movimiento y su consecuencias”. (Volante: “A las organizaciones obreras y a los trabajadores de Renault”, 3 de Septiembre, 1953; firmado por Frank, Mestre y Privas).

Estas declaraciones muestran como se abandonó por completo todo lo que Trotsky nos enseñó acerca del papel y las responsabilidades de los sindicatos en la época de agonía mortal del capitalismo.

Luego el volante pablista “critica” al Partido Comunista francés porque “carece de una línea política”, por situarse simplemente “a nivel del movimiento sindicalista en vez de explicarle a los trabajadores que esta huelga era una importante etapa de la crisis de la sociedad francesa; el prólogo a una vasta lucha de clases en la que la cuestión del poder obrero se plantearía para salvar al país de las estafas del capitalismo y abrirle paso al socialismo”.

Si los trabajadores de Renault le hubieran creído a los pablistas, de lo único que fueron culpables los pérfidos burócratas estalinistas franceses fue de exhibir características sindicalistas, no que intencionalmente traicionaron la mayor huelga general en la historia de Francia.

Apenas se puede creer que Pablo aprobara la política de la dirigencia de la CGT, pero es un hecho ineludible que salta a la vista. En la mayor huelga general jamás vista en Francia, Pablo insípidamente caracteriza como “correcta” la versión francesa de la política burguesa de Gompers: mantener a los sindicatos fuera de la política. ¡Y esto en 1953!

Si es erróneo que la CGT plantee demandas políticas en línea con las necesidades objetivas, inclusive el establecimiento de un gobierno obrero y campesino, ¿por qué entonces el SWP le exige a los Gompers de hoy día, que dirigen el movimiento sindicalista de Estados Unidos, que organicen un Partido Laborista cuyo objetivo sería llevar a los obreros y campesinos al poder en los Estados Unidos?

La aprobación de Pablo, rutinaria y sin cuestionamientos, aparece todavía más extraña si recordamos que la dirigencia de la CGT sucede ser sumamente política. Al menor ademán del Kremlin, está dispuesta a embarcar a los trabajadores en la más descabellada aventura política. Recordemos, por ejemplo, su papel en los acontecimientos iniciados por las manifestaciones en contra de Ridway del año pasado. Estos dirigentes sindicalistas estalinistas no titubearon en llamar a huelgas para protestar el arresto de Duclos, uno de los líderes del Partido Comunista.

El hecho es que la dirigencia de la CGT reveló una vez más su gran carácter político en huelgas generales. Con toda la capacidad para la perfidia y la duplicidad que desarrollara durante años, intencionalmente intentó desviar a los trabajadores, sofocar su iniciativa e impedir que lograran sus demandas políticas. La traición de la dirigencia sindicalista estalinista fue un acto consciente. Y esta es la trayectoria de traiciones que Pablo llama “correcta”.

Pero ni siquiera esto completa la historia de los sucesos. Uno de los principales objetivos del volante pablista es lanzar acusaciones acérrimas contra los trotskistas franceses, quiénes se comportaron como verdaderos revolucionarios en la fábrica Renault durante la huelga. El volante nombra específicamente a dos camaradas que “fueron expulsados de la Cuarta Internacional y su sección francesa hace más de un año”. Declara que “este grupo ha sido expulsado por razones de indisciplina; y el camino que éste ha seguido, sobre todo durante el último movimiento huelguista, se opone a la que realmente el PCI (sección francesa de la Cuarta Internacional) defiende”. La alusión al “grupo” en realidad se refiere a la mayoría de la sección francesa de la Cuarta Internacional, que Pablo había expulsado arbitraria e injustamente. [6]

¿Ha el movimiento trotskista mundial alguna vez presenciado un escándalo semejante en que a militantes trotskistas oficialmente se les critica ferozmente ante los estalinistas y se ofrecen razones para justificar la abominable traición estalinista?

Hay que tomar en cuenta que la feroz crítica pablista de estos camaradas ante los estalinistas sigue los pasos de un veredicto emitido por un tribunal obrero que exonera a los trotskistas de la fábrica Renault de las calumnias que los estalinistas le lanzaron.

Los pablistas estadounidenses

En nuestra opinión, la prueba que ofrecen estos acontecimientos mundiales es suficiente para mostrar lo profunda que es la conciliación pablista con el estalinismo. Pero nos gustaría presentar para la inspección del movimiento trotskista internacional algunos hechos adicionales.

Durante más de un año y medio, el Socialist Workers Party ha estado luchando contra una tendencia revisionista encabezada por Cochran y Clark. La lucha contra esa tendencia ha sido una de las más severas en la historia de nuestro partido. En el fondo, se trataba de las mismas cuestiones fundamentales que nos dividieron del grupo de Schachtman y Burham y de Morrow y Goldman a principios y a finales de la Segunda Guerra Mundial. Es otro intento para revisar y abandonar nuestro programa básico: la perspectiva de la revolución en los Estados Unidos; el carácter y el papel del partido revolucionario y sus métodos de organización; y las perspectivas del movimiento trotskista mundial.

Durante el periodo de post-guerra, una poderosa burocracia se consolidó en el movimiento obrero de los Estados Unidos. Esta burocracia se apoya de una gran capa de obreros privilegiados y conservadores “ablandados” por las condiciones de prosperidad ocasionadas por la guerra. Esta nueva capa privilegiada fue reclutada, en gran medida, de las bases de aquellos sectores ex militantes de la clase obrera y de la misma generación que fundara la CIO.

La seguridad y estabilidad relativas de sus condiciones de vida han paralizado temporalmente la iniciativa y el espíritu de combate de aquellos trabajadores que antes estuvieron a la cabeza de todas las acciones militantes clasistas.

El cochranismo es la manifestación de las presión que ejerce esta nueva aristocracia obrera, con su ideología pequeñoburguesa, sobre la vanguardia proletaria. Los caprichos y propensiones de la capa de obreros pasivos y relativamente satisfechos actúan como poderoso mecanismo que transmite presiones ajenas a nuestro propio movimiento. La consigna de los cochranistas (“A la basura con el viejo trotskismo”) expresa ese sentimiento.

La tendencia cochranista considera que el poderoso potencial revolucionario de la clase obrera estadounidense es asunto de un lejano futuro. Acusan de “sectario” el análisis marxista que revela los procesos moleculares que forman los nuevos regimientos combatientes del proletariado estadounidense.

En la medida que existen tendencias progresistas en la clase obrera de los Estados Unidos, ellos sólo las ven en las bases o en las periferias del estalinismo y entre los políticos sindicalistas “sofisticados”. Al resto de la clase la consideran tan irremediablemente aletargada que sólo el impacto de la guerra atómica puede despertarla.

En pocas palabras, su postura revela que han perdido la confianza en toda perspectiva en cuanto a la revolución estadounidense se refiere y en el papel del partido revolucionario en general y del Socialist Workers Party en particular.

Las características del cochranismo

Como todas las secciones del movimiento internacional bien saben de sus duras y difíciles experiencias, existen presiones mucho mayores que la prosperidad creada por la guerra y la ola de reacción que se ha abalanzado sobre nosotros en los Estados Unidos. Pero el factor que sostiene a los cuadros bajo las circunstancias más difíciles es la convicción ardiente en lo correcto de la teoría de nuestro movimiento; que saben que ellos son los medios vivientes para llevar adelante la misión histórica de la clase obrera; que comprenden que en alguna medida u otra el destino de la humanidad depende de lo que ellos hagan; que firmemente creen que sean cual sean las circunstancias del momento, la línea principal de desarrollo histórico exige la creación de partidos leninistas de combate que resolverán la crisis de la humanidad a través de una revolución socialista victoriosa.

El cochranismo sustituye las perspectivas mundiales del trotskismo ortodoxo con el escepticismo, las improvisaciones teóricas y las especulaciones periodísticas. Esto es lo que ha hecho irreconciliable la lucha en el SWP, en el mismo sentido que la lucha contra la oposición pequeñoburguesa en 1939-40 fue irreconciliable.

Los cochranistas han mostrado las siguientes características en el transcurso de la lucha:

1. Una falta de respeto a las tradiciones y a la misión histórica del partido. Los cochranistas casi nunca pierden la oportunidad para denigrar, ridiculizar y predicar el desprecio a las tradiciones del trotskismo estadounidense durante sus 25 años.

2. Una tendencia a reemplazar la política principista marxista con combinaciones sin principios en contra del “régimen” del partido. La facción cochranista por ende consiste de un bloque de elementos contradictorios. Un grupo, centrado principalmente en Nueva York, favorece cierto tipo de táctica “de entrada” en el movimiento estalinista estadounidense.

Otro grupo, que consiste elementos sindicalistas tornados conservadores, se agrupa principalmente en Detroit y considera que hay poco provecho en virarse hacia los estalinistas. Basa su perspectiva revisionista en una sobrevaloración de la estabilidad y el poder duradero de la nueva burocracia laborista.

También se ven atraídos al cochranismo individuos que se han cansado, que ya no pueden ya soportar las presiones causadas por las presentes condiciones adversas y que buscan una justificación plausible para retirarse a la inactividad.

El cemento que une a este bloque sin principios es la hostilidad que tienen en común hacia el trotskismo ortodoxo.

3. Una tendencia a alejar al partido de lo que debe ser nuestro principal campo de lucha en Estados Unidos: los obreros en las industrias de fábrica en serie que todavía no se han despertado políticamente. Los cochranistas, en efecto, eliminaron el programa de lemas y demandas transicionales que el SWP ha usado para vincularse a estos obreros, y han sostenido que la mayoría, al continuar esta trayectoria, se adaptaba al retraso de los trabajadores.

4. Una fuerte creencia en que habría que descartar toda posibilidad de que la clase obrera estadounidense llegue a oponerse radicalmente al imperialismo estadounidense antes de la Tercera Guerra Mundial.

5. Una manera de teorizar burda y experimental acerca del estalinismo “izquierdista” que se reduce a una confianza extravagante en que los estalinistas “ya no pueden traicionar”; que el estalinismo posee un aspecto revolucionario que les facilita dirigir la revolución en los Estados Unidos durante cuyo proceso absorberían las “ideas” trotskistas y la revolución eventualmente “se corregiría a sí misma”.

6. Una adaptación al estalinismo ante los nuevos acontecimientos. Apoyan y defienden la conciliación con el estalinismo que aparece en la interpretación de Pablo acerca de la caída de Beria, así como también y las purgas que luego barrieron con la URSS. Repiten todos los argumentos pablistas que encubren el papel contrarrevolucionario del estalinismo en la gran sublevación de los obreros de Alemania Oriental y en la huelga general de Francia. Hasta han llegado a interpretar el giro del estalinismo estadounidense hacia el Partido Demócrata como una mera “oscilación derechista” dentro de una “vuelta hacia la izquierda”.

7. Un desprecio a las tradiciones leninistas en cuestiones de organización. Durante cierto tiempo intentaron poner en práctica un “gobierno doble” en el partido. Cuando una abrumadora mayoría del partido los rechazó en el Pleno de mayo de 1953, aceptaron por escrito obedecer el mandato de la mayoría y la línea política según la decisión del Pleno. Posteriormente rompieron con el acuerdo y reanudaron el sabotaje faccioso de las actividades del partido más febril e histéricamente que nunca.

El cochranismo, cuyas principales características hemos señalado más arriba, nunca fue más que una débil minoría en el partido. Nunca habría llegado a ser más de lo que fue —una expresión débil y enfermiza del pesimismo— si no hubiera sido por la ayuda y el estímulo que Pablo le brindó a espaldas de la dirigencia del partido.

El ánimo y apoyo secretos que Pablo les brindó fueron desenmascarados pronto después de nuestro Pleno de mayo, y desde ese entonces Pablo ha ido colaborando abiertamente con la facción revisionista de nuestro partido, inspirando su campaña para sabotear las finanzas del partido, trastornando las labores de éste y preparando la escisión.

La facción Pablo-Cochran finalmente concluyó esta trayectoria de deslealtad organizando un boicot contra la celebración del 25º aniversario del partido, que se realizó en Nueva York en conjunto con un mitin de despedida a la campaña para las elecciones municipales de la ciudad.

La acción traidora y rompehuelgas fue en efecto una manifestación organizada contra la lucha que el trotskismo estadounidense había llevado a cabo durante 25 años, y fue al mismo tiempo un acto que objetivamente ayudó a los estalinistas, quienes en 1928 habían expulsado al núcleo que inició el trotskismo estadounidense.

El boicot organizado en contra de este mitin fue, en efecto, una protesta contra la campaña del Socialist Workers Party en las elecciones municipales de Nueva York.

Todos los que participaron en esta acción traidora y anti partidista evidentemente consumaron la escisión que habían estado preparando durante mucho tiempo, y perdieron el derecho a ser militantes de nuestro partido.

El pleno del 25º aniversario del SWP formalmente hizo constar este hecho en sus actas, suspendió a los integrantes del Comité Nacional que organizaron el boicot, y declaró que todos los militantes de la facción Pablo-Cochran que participaron en esa acción traidora y rompehuelguista o que se negaron a repudiarla, de hecho se habían ubicado fuera de las bases del SWP.

Los métodos de la Comintern

La duplicidad de Pablo al presentarle una cara a la dirigencia del SWP mientras colaboraba secretamente con la tendencia revisionista de Cochran es un método totalmente ajeno a la tradición del trotskismo. Pero hay una tradición a la que sí pertenece: el estalinismo. Tales artimañas, de los cuales se vale el Kremlin, fueron decisivas en corromper la Comunista Internacional. Muchos tuvimos experiencias personales con todo esto durante el periodo entre 1923 y 1928.

La evidencia es ahora decisiva: esta forma de actuar no es una aberración aislada por parte de Pablo. Aparentemente sigue un patrón sistemático.

Por ejemplo, en una de las principales secciones europeas de la Cuarta Internacional, un destacado dirigente del partido recibió una orden de Pablo para que se condujera como persona “que defiende la línea y disciplina mayoritarias de la Cuarta Internacional, hasta que se celebre el Cuarto Congreso Mundial”. Además de este ultimátum, Pablo amenazó con represalias si no se obedecían sus órdenes.

La “mayoría” a la que Pablo se refiere es simplemente la modesta etiqueta con la que él se auto denomina y a la pequeña minoría hipnotizada por sus innovaciones revisionistas. La nueva línea de Pablo representa una violenta contradicción al programa básico del trotskismo. Recién comienza a debatirse en muchas partes del movimiento trotskista mundial. Puesto que ni una sola organización trotskista la ha apoyado, no constituye la línea oficial aprobada por la Cuarta Internacional.

Los primeros informes que hemos recibido muestran la indignación que ha provocado su intento arbitrario de imponerle a la organización mundial a la fuerza sus conceptos revisionistas, sin que haya debate o voto. Ya tenemos suficiente información para declarar que una mayoría aplastante de la Cuarta Internacional va a rechazar decididamente la línea de Pablo.

Que Pablo le exigiera autocráticamente a un dirigente de una de las secciones de la Cuarta Internacional que se abstuviera de criticar la línea política revisionista de Pablo ya es bastante dañino. Pero Pablo no se detuvo ahí. Mientras trataba de amordazar a ese dirigente e impedirle participar en un debate del cual la militancia podía aprender de su experiencia, conocimiento y perspicacia, Pablo procedió a intervenir organizativamente para concretar una facción revisionista minoritaria que entablara guerra contra la dirigencia de la sección.

Esta manera de proceder es típica de la asquerosa tradición de la Cominterm a medida que la influencia del estalinismo la llevaba a la degeneración. Si éste fuera el único problema, aún sería necesario luchar contra el pablismo hasta el final para salvar a la Cuarta Internacional de la corrupción interna.

Semejantes tácticas tienen un propósito evidente. Forman parte de la preparación para un golpe por parte de la minoría pablista. Valiéndose del control administrativo que Pablo ejerce, ésta espera imponerle a la Cuarta Internacional su línea revisionista y provocar escisiones y expulsiones donde quiera que se le resista.

El método organizacional estalinista empezó, como se ve ahora claramente, con el abuso bestial del control administrativo del cual Pablo se valió hace más de año y medio en su campaña perjudicial contra la mayoría de la sección francesa de la Cuarta Internacional.

Por orden del Secretariado Internacional, se le prohibió a la mayoría electa de la sección francesa ejercer sus derechos para conducir la labor política y propagandista del partido. Más bien, el Buró Político y la prensa fueron puestos bajo el control de una minoría a través de una “comisión paritaria”.

Incluso en aquel tiempo, nosotros nos encontramos en profundo desacuerdo con esta acción arbitraria por medio de la cual se usó a una minoría para derrocar arbitrariamente a una mayoría. Apenas no enteramos de eso, comunicamos nuestra protesta a Pablo. Sin embargo, tenemos que admitir que cometimos un error al no emprender una acción más vigorosa. Este error se debió a que no apreciábamos lo suficiente las verdaderas dificultades que estaban en juego. Pensábamos que las diferencias entre Pablo y la sección francesa eran tácticas, y esto nos llevó a apoyar a Pablo, a pesar de nuestra desconfianza en su manera de conducir el proceso organizacional, cuando, luego de meses de una revoltosa lucha fraccional, la mayoría fue expulsada.

Pero en el fondo, las diferencias eran de carácter programático. El hecho es que los camaradas franceses en la mayoría vieron lo que sucedía más claramente que nosotros. El 8vo Congreso de su partido declaró que “un grave peligro amenaza el futuro e incluso la existencia de la Cuarta Internacional…Conceptos revisionistas, producto de la cobardía y el impresionismo pequeñoburgués, han aparecido en la dirigencia. Las grandes flaquezas que todavía existen en la Cuarta Internacional, aislada de la existencia cotidiana de sus secciones, ha facilitado momentáneamente la iniciación de un sistema de administración personalista que se basa a sí mismo y a sus métodos antidemocráticos en el revisionismo del programa trotskista y el abandono del método marxista” (La Verité,18 de Setiembre, 1952).

Hay que analizar toda la situación francesa a raíz de los sucesos posteriores. El papel que la mayoría de la sección francesa jugó en la huelga general reciente mostró, de la manera más decisiva, que ésta sabía cómo defender los principios fundamentales del trotskismo ortodoxo. La sección francesa de la Cuarta Internacional fue injustamente expulsada. Los militantes de la mayoría francesa, agrupada en torno al periódico La Verité, son los verdaderos trotskistas de Francia, y el SWP los considera públicamente como tales.

Especialmente repugnante es la infame calumnia de Pablo en cuanto a la postura política de la sección china de la Cuarta Internacional. La facción pablista la ha pintado de “sectaria” y como “fugitiva de la revolución”.

Contrario a la impresión que la facción de Pablo ha creado deliberadamente, los trotskistas chinos actuaron como verdaderos representantes del proletariado chino. Así como Stalin escogió a toda una generación de bolcheviques leninistas en la URSS para ejecutarlos —de la misma manera en los Noskes y Scheidemanns señalaron a los Luxemburgs y Liebknechts de la Revolución de 1918 para ejecutarlos— el régimen de Mao los ha victimado. Pero la línea de Pablo de conciliación con el estalinismo lo llevará inexorablemente a tratar de darle un matiz color rosa al régimen maoísta y, a la misma vez, darle un matiz gris a la postura principista de nuestros camaradas chinos.

Lo que se debe hacer

En resumen: La brecha que separa al revisionismo pablista del trotskismo ortodoxo es tan profunda que no existe la menor posibilidad de un acuerdo político u organizacional. La facción de Pablo ha mostrado que no permitirá que se llegue a decisiones democráticas que verdaderamente reflejen la opinión de la mayoría. Exige que ésta se doblegue totalmente a su política criminal. Está decidida a eliminar de la Cuarta Internacional a todos los trotskistas ortodoxos; a amordazarlos y esposarles.

Han conspirado con inyectar su conciliación con el estalinismo gota a gota y, de la misma forma, deshacerse de aquellos que lleguen a reconocer lo que sucede y que plantean objeciones. Esa es la explicación de la extraña ambigüedad acerca de muchas de las formulaciones y evasiones diplomáticas de los pablistas.

Hasta ahora, la facción de Pablo ha tenido cierto éxito en sus maniobras maquiavélicas y carentes de principios. Pero se ha llegado al punto de cambio cualitativo. Las cuestiones políticas se han impuesto a las maniobras y la lucha ahora se ha convertido en un enfrentamiento final.

Si se nos permite darle un consejo a las secciones de la Cuarta Internacional desde la posición que hemos sido forzados a adoptar fuera de las bases, consideramos que ha llegado el momento de actuar resueltamente. Ha llegado el momento para la mayoría ortodoxa de la Cuarta Internacional reafirmar su voluntad contra la usurpación de autoridad por parte de Pablo.

Además, deberían proteger la administración de los asuntos de la Cuarta Internacional destituyendo a Pablo y a sus agentes de sus cargos y reemplazándolos con cuadros que han probado con sus acciones que saben como defender el trotskismo ortodoxo y mantener al movimiento en una trayectoria política y organizacional correcta.

Saludos trotskistas fraternales,

Comité Nacional del SWP.

El “asunto Arlete” en Portugal

El “asunto Arlete” en Portugal

El PC en apuros en las elecciones portuguesas

Extracto de Workers Vanguard No. 116, 2 de julio de 1976. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 11, diciembre 1982.

Lo que sí podría alterar el curso de los sucesos políticos en Portugal en forma drástica, es la construcción de un partido trotskista basado en un claro programa de independencia de clase, que rompa con todas las alas de la burguesía, inclusive con los demagógicos oficiales izquierdizantes. Gran parte del apoyo a Carvalho viene de obreros desilusionados con el apoyo abierto del Partido Socialista y la cobarde capitulación del Partido Comunista ante Eanes, detrás de cuyas gafas oscuras se discierne un monóculo. Un candidato que llamara a la ruptura con el colaboracionismo de clases del PS y del PCP, que rechaza toda confianza en el ejército capitalista, que aboga por la unificación de las comisiones obreras en una asamblea obrera nacional, señalaría el camino hacia la ruptura del círculo vicioso de la “democracia parlamentaria estabilizadora” versus el “poder popular” bajo dominio militar.

Durante el último año, las dos principales organizaciones supuestamente trotskistas en Portugal, ambas afiliadas con el mal llamado Secretariado “Unificado” de la IV Internacional (S.U.), han ido a la cola del PS y del PC. La LCI (Liga Comunista Internacionalista, aliada con la mayoría centrista del S.U. dirigida por Ernest Mandel) formó parte, en septiembre del año pasado, del “Frente Unido Revolucionario” (FUR) que respaldó al Quinto Gobierno frentepopulista de Vasco Gonçalves y que incluyó inicialmente al Partido Comunista. Al mismo tiempo, mientras el Partido Socialista lanzaba una movilización anticomunista reaccionaria, el PRT (Partido Revolucionario dos Trabalhadores, aliado con la minoría reformista del S.U. y, durante los últimos meses, específicamente con el PST [Partido Socialista de los Trabajadores] argentino) lanzó la consigna desvergonzada por un gobierno Soares.

En las elecciones presidenciales, sin embargo, al principio ni los comunistas ni los socialistas presentaron un candidato propio (la candidatura de Pato fue el resultado del fracaso del PCP en encontrar un general que pudiera apoyar). En consecuencia, a falta de alguien a quien podrían cazar, la LCI y el PRT decidieron presentar un candidato presidencial conjunto. Esto formó parte también de las interrumpidas discusiones de “unidad” entre los dos grupos simpatizantes del S.U.

La candidata elegida fue una tal Arlete Vieira da Silva, cuya foto fue publicada en volantes sobre el título: “Arlete, una mujer, una trabajadora, una revolucionaria”. Un esbozo biográfico proclamaba que ella había sido miembro del PCP durante 16 años y había sido arrestada cinco veces, siendo encarcelada por más de tres años durante una de ellas. Una nota publicada en el órgano internacional de S. U., lnprecor (27 de mayo de 1976), daba los detalles de su tortura (“las señales pueden todavía verse en sus muñecas rotas”). Luego de la caída de Caetano, decía, ella renunció del PCP en oposición a la colaboración de clases y el rompehuelguismo estalinista.

Tres semanas después del lanzamiento de la candidatura del PRT/LCI, sin embargo, y luego de que las 7.500 firmas necesarias para registrarla como candidata habían sido reunidas y en vísperas de la fecha límite para la registración, ambos grupos retiraron de repente su apoyo. ¿Qué pasó? Los lectores de Combate Socialista (2 de junio de 1976) del PRT no recibieron ninguna explicación salvo una nota en las páginas interiores bajo el título lacónico “¡Dejó de existir la única candidatura de independencia de clases!”. En ella la única respuesta a las muchas “interrogantes levantadas” por el repentino retiro de su apoyo, fue referir los lectores a “nuestros comunicados” sobre el tema, los cuales no eran reproducidos. “Arlete Vieira da Silva nos proporcionó datos sobre su pasado político que no correspondían a la verdad,” dice, “por lo tanto poniendo serias dudas sobre su idoneidad moral y política que un partido revolucionario debe exigir a fin de apoyar una candidatura clasista…”.

Unos días antes, la LCI había retirado su apoyo a “Arlete” declarando que ella “no tenía ni el pasado, ni las mínimas condiciones que le permitirían ser una defensora intransigente de un programa de unidad e independencia del movimiento obrero”. Poniendo la mayor parte de la culpa sobre el PRT (que la había nombrado también en las elecciones parlamentarias de abril), la LCI admitía avergonzadamente que sólo había investigado los antecedentes de su “candidato revolucionario” muy tardíamente, y tampoco dijo nada sobre lo que había encontrado (Luta Proletaria, 2 de junio de 1976).

La prensa burguesa fue más reveladora. Expresso (29 de mayo) informaba que se había enterado de fuentes en el PRT que sus averiguaciones no habían producido la más mínima evidencia de que su candidata hubiera sido arrestada nunca bajo cargos políticos. De hecho, el único juicio de Arlete Vieira da Silva se debía a la “falta de pago y desfalco de varios artículos electrodomésticos”! En Francia, el diario Rouge (30 de mayo), periódico de la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR), preguntaba en su titular si “Arlete” era una “¿Tergiversadora o provocadora?”

Con la información a nuestra disposición es imposible decidir si el “caso Ariete” fue, como sugieren la LCI y el PRT, una provocación estalinista. Cierto que el PCP no presentó sino hasta muy tarde aquella información en su poder concerniente al carácter dudoso de un ex miembro (cuyo esposo es, aparentemente, un militante del Partido Comunista), al mismo tiempo que propalaba rumores. Más aun, Cunhal y Cía. ya están, sin duda, tratando de usar el incidente para diseminar sus calumnias de siempre de que los trotskistas son agentes provocadores. Lo que sí demuestra el asunto, y en forma concluyente, sin embargo, es que en su seguidismo congénito tras los reformistas, los liquidadores pablistas demuestran una falta fundamental de seriedad política que los lleva a agarrar cualquier desconocido como candidato presidencial simplemente porque ella podía servir como maniobra publicitaria para atraer votos del Partido Comunista. Sus glándulas salivales son más desarrolladas que sus cerebros, y está muy claro que al presentar a Arlete Vieira da Silva como candidata en las elecciones, el PRT y la LCI no pensaron en absoluto en presentar una dirección seria a las masas trabajadoras….

Carta al CORCI y a la OCI

Carta al CORCI y a la OCI

[Traducido en Spartacist No. 4, mayo de 1977]

15 de enero de 1973

Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional y Organización Comunista Internacionalista:

Estimados compañeros,

En la Tercera Conferencia Nacional de la Spartacist League/EE.UU., se llevó a cabo una discusión importante sobre el Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional (CORCI), partiendo de nuestras traducciones de los documentos fundamentales y las discusiones de su conferencia internacional de julio de 1972, publicados en la Correspondance Internationale de octubre de 1972. También hemos tomado en cuenta los informes de nuestros camaradas Sharpe y Foster sobre sus discusiones con el compañero De M. de la OCI el verano pasado.

Hemos prestado seria atención al CORCI porque anotamos que ha dado ciertos pasos que se dirigen hacia una salida del callejón en el cual se encontraban las relaciones entre la Spartacist League/EE.UU. y el Comité Internacional (CI) desde noviembre de 1962, y también hacia una resolución de la hostilidad aguda entre nosotros a partir de la Conferencia de Londres del CI celebrada en abril de 1966. Estamos de acuerdo con el objetivo declarado del CORCI de luchar sobre la base del programa de la Cuarta Internacional por la reconstrucción de un partido mundial democrático-centralista, y actualmente de proseguir este fin mediante una discusión política ordenada, en un boletín internacional de discusión, culminado en una conferencia internacional. Hacemos notar que en este sentido su conferencia de julio representó una ruptura con la práctica de bloques federativos perpetrada por el antiguo Comité Internacional, y abarcó una discusión seria y vigorosa, la cual hizo falta en la Tercera Conferencia del CI (Londres, 1966). Así que nos parece a primera vista que el CORCI posee una de las cualidades imprescindibles para la lucha por comprobar el auténtico programa trotskista, y por medir con dicho programa la práctica política, en el curso de su desarrollo, de los grupos nacionales participantes en la discusión. Por lo tanto, la SL/EE.UU. ha llegado a la conclusión de que nos incumbe, como parte de nuestro deber internacionalista, esforzarnos por participar en esta discusión.

Constamos que cumplimos plenamente con los requisitos formales para entrar en su proceso de discusión, conforme a la resolución “Sobre las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional”: es decir, “[declaramos nuestra] voluntad de luchar sobre la base del programa de la Cuarta Internacional para reconstruir el centro dirigente, reconociendo que éste aún no existe” (véase nuestra resolución del año 1963, “Hacia el renacimiento de la Cuarta Internacional” y documentos subsiguientes). Sólo estamos en condición de solicitar la participación en la discusión, en vez de adhesión al Comité de Organización, debido a diferencias programáticas con ciertas posiciones defendidas por los integrantes del Comité de Organización, en otros casos por falta de conocimiento o de claridad acerca de las mismas. Siendo que el Comité de Organización también se propone emprender la construcción de secciones nacionales de la Cuarta Internacional, la existencia de estas ambigüedades programáticas nos impide participar en tales actividades.

Es nuestra opinión que el propósito preliminar de una discusión, como la prevista por el Comité de Organización, debe ser la cristalización de una serie de consignas programáticas, específicas y decisivas, análogas a los puntos concretos, delimitando los principios marxistas revolucionarios, planteados por Trotsky en el período 1929-33 como base sobre la cual reunir las fuerzas dispersas, y políticamente diversas de los comunistas de la oposición.

Por lo tanto quisiéramos enumerar ciertos temas sobre los cuales nos parece que hay divergencias o ambigüedades centrales entre nuestras posiciones políticas y aquellas expresadas por el Comité de Organización o las que ha planteado la OCI. La importancia que concedemos a estas cuestiones se debe a que, de no ser resueltas, pondrían en peligro la cristalización de un movimiento trotskista mundial auténtico y disciplinado, tanto como su dirección. A nuestro entender actual, creemos que estos son temas que merecen una discusión detallada.

(1) Frente unido: Discrepamos de la concepción del “frente único estratégico” como lo utiliza la OCI y como se plantea en “Por la reconstrucción de la Cuarta Internacional” (sobre todo en la sección IX, “Lucha por el poder, frente único de clase, partidos revolucionarios”) en el número 545 de La Verité (octubre de 1969) y en la resolución política general del CORCI. Con respecto a la práctica de la OCI en Francia, nuestro criterio ha sido expresado en el número 11 de Workers Vanguard (septiembre de 1972). Creemos compartir la posición tomada por los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista de que el frente unido es esencialmente una táctica empleada por los revolucionarios para “poner las bases contra las cúpulas” en aquellas condiciones excepcionales y oportunidades decisivas en que el curso de la vida política proletaria se ha salido de sus cauces normales. El camarada Trotsky elaboró extensamente este concepto con respecto a la crisis alemana de 1929-33, así como en sus conversaciones con los dirigentes del SWP en 1940 sobre su táctica con respecto al Partido Comunista de los EE.UU.

El frente unido no es más que un medio, una táctica, por el cual el partido revolucionario, es decir su programa y autoridad, en tiempos de crisis puede movilizar y atraer a las masas (que en dicho momento se encuentran adheridas a otros partidos) por medio de demandas concretas para acciones conjuntas dirigidas a las organizaciones reformistas. Cualquier otra interpretación se basarla necesariamente, en una supuesta capacidad latente de vanguardia revolucionaria existente en los partidos reformistas o estalinistas – lo que constituye una proposición central del pablismo.

El objetivo del frente unido debe ser el enraizar del programa revolucionario al seno de las masas. De la misma manera, en los soviets – la expresión máxima del frente unido – la ascendencia del programa revolucionario es la condición para su conquista del poder. Cualquier tipo de fetichismo hacia la mera forma de los frentes unidos o soviets (igualmente hacia los sindicatos y comités de fábrica) significa abdicar como revolucionarios porque constituye, en el fondo, la liquidación del partido de vanguardia en la clase, al sustituir el papel del partido revolucionario por tales formas (¡y otra política!). Esto no es leninismo sino, en el mejor de los casos, una variante del luxemburgismo. Unos de los mayores logros de Lenin al contraponer la vanguardia revolucionaria a los reformistas, fue el superar la idea kautskyana del “partido de la clase en su conjunto”. Anteponer una formación de masas al partido de vanguardia sería regresar a la concepción kautskyana.

Cuando las fuerzas que se proclaman revolucionarias son cualitativamente débiles en comparación con los partidos reformistas o estalinistas de masas, es igualmente ilusorio, en circunstancias ordinarias, tanto el hacer llamados por la formación de un “frente unido” con las formaciones de gran tamaño, como reivindicar alianzas de tales fuerzas. (Cuando Trotsky exigió la formación de un frente unido entre el SPD y el KPD alemanes, creía que este último todavía tenía un potencial revolucionario.)

Ciertamente la táctica conveniente a un partido revolucionario desarrollado no puede ser mecánicamente transferida a una agrupación que carece cualitativamente de la capacidad de luchar por la dirección de la clase. Sin embargo, las diferencias en el modo de acción van en el sentido opuesto a las proyectadas por la OCI. En la medida que la tendencia revolucionaria se ve obligada a actuar como grupo de propaganda, tanto más deberá insistir en presentar su programa en su totalidad. Como señaló Trotsky, en primera instancia el bolchevismo descansa sobre cimientos de granito, y las maniobras pueden realizarse de manera principista solamente al basarse en dichos cimientos. El frente unido de la clase obrera es, por supuesto, la maniobra llevada a cabo en gran escala.

(2) El Partido Obrero Revolucionario (POR) boliviano: No creemos que la participación del POR en el Frente Revolucionario Antimperialista (FRA) salió de la nada. Estamos de acuerdo con la resolución de la OCI y del CORCI en el sentido de que el FRA – formado poco después del golpe de estado del general de derecha [Hugo] Banzer, e incorporando elementos de la “burguesía nacional” incluyendo al general Torres – es un frente popular y no la continuación de la Asamblea Popular, la cual pudo haber poseído los requisitos formales necesarios para ser un polo proletario soviético en oposición al régimen anterior del general de izquierda [José] Torres. A nuestro ver, lo mejor que puede decirse del POR durante el período del régimen de Torres es que subordinó el desarrollo del partido de vanguardia al de la Asamblea Popular; esto es, subordinó el programa revolucionario a una colección vacilante y mal definida de prejuicios políticos estalinistas y nacionalistas de izquierda. Dada esta carencia de revolucionarios, la Asamblea Popular se caracterizó necesaria y concretamente por su nudo de sumisión menchevique ante la “burguesía nacional”. Para mayor detalle véase el no. 3 de Workers Vanguard. Consideramos que la política anterior del POR, enérgicamente apoyada por el CORCI, es una expresión de la concepción errónea del “frente único estratégico”, y que demuestra la consecuente subordinación de la organización de vanguardia a una organización de masas, en este caso la Asamblea Popular. Los períodos prolongados de represión han limitado severamente nuestro contacto con y conocimiento del POR boliviano; no obstante, basándonos en los indicios disponibles, nos parece que ésta organización ha desempeñado un papel típicamente centrista por lo menos desde la oleada revolucionaria de 1952.

(3) Estalinismo: Hacemos notar que en el pasado la OCI ha tendido a igualar la lucha contra el imperialismo con aquella contra el estalinismo, por ejemplo en las consignas lanzadas en la conferencia celebrada en Essen en 1971. La resolución política general propuesta por la OCI y adoptada por el CORCI leva esta igualación un paso más lejos al negar el “carácter dual” de la burocracia estalinista, calificándola simplemente como “el organismo de la burguesía dentro del movimiento de la clase obrera.” Quizás la OCI ha llegado a esta fórmula errónea al extender, en forma simplista, la idea cierta y valiosa de que las luchas de clases de los obreros no están restringidas por la “Cortina de Hierro”.

Para nosotros, y creemos que también para Trotsky, la burocracia estalinista tiene un carácter contradictorio. Así, en 1939, concilió con Hitler socavando la defensa de la Unión Soviética. Pero a partir de 1941 luchó (pésimamente) contra la invasión hitleriana. Nuestra política durante la guerra fue, entonces, la defensa revolucionaria de la Unión Soviética, es decir luchar contra el invasor imperialista y derribar la burocracia mediante la revolución política – no siendo, en lo absoluto, la menor de las metas el derribar el terrible impedimento burocrático a esa lucha. En la guerra de Indochina, el papel de la burocracia de Hanói y nuestra actitud hacia ella, así como las tareas del proletariado vietnamita, son esencialmente las mismas.

En 1953, en la lucha fraccional al interior del SWP, la fracción mayoritaria de Cannon-Dobbs trató de defenderse contra la minoría pablista de Cochran-Clarke, asumiendo la posición (similar a la del CORCI) de que la burocracia estalinista era “contrarrevolucionaria de punto al cabo y hasta el meollo”. Como ésta es una posibilidad verdaderamente aplicable sólo a elementos restauracionistas capitalistas – en sus formas extremas, fascistas o agentes de la CIA – la mayoría del SWP se vio obligada a cometer una serie de errores políticos con el fin de mantener su posición; y de hecho, esta posición junto con la defensa por Cannon de un internacionalismo federativo representaron desviaciones del curso trotskista que ayudaron a minar la fibra revolucionaria del SWP.

En este aspecto, hacemos notar el análisis de Cuba aparecido en La Verité no. 557 (julio de 1972). La negativa de la OCI a sacar la conclusión de su análisis – hasta ese punto paralelo al nuestro – de que Cuba es, cualitativamente, un estado obrero deformado, indica un posible alejamiento de la teoría leninista del estado en favor de un concepción burguesa lineal análoga a un termómetro que simple y gradualmente pasa de “estado burgués” a “estado obrero” por medio de incrementos pequeños sin un cambio cualitativo. Tal metodología constituye uno de los pilares del pablismo. De acuerdo con esta concepción, es de suponer que el proceso inverso, de pasar de “estado obrero” a “burgués” mediante pequeños incrementos, sería asimismo posible. Trotsky denunció correctamente esta última idea como “desenrollar la película del reformismo al revés.” Hacemos notar, sin embargo, que la OCI parece ser inconsecuente en su caracterización del estado cubano; “Las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional” (en La Correspondance Internationale, junio de 1972, pág. 20) reclama “la defensa incondicional de la Unión Soviética, China, Cuba, las conquistas obreras de Europa Oriental, la guerra revolucionaria en Vietnam…”.

(4) Acerca de la juventud: Hacemos notar que la relación dé la OCI en la Alliance des Jeunes pour le Socialisme no tiene precedentes en la historia de la práctica leninista, y representa, de hecho, una capitulación al sentimiento pequeñoburgués de la “dualidad de vanguardias” en el medio estudiantil. Nos oponemos, también, al concepto anexo de una “Internacional Revolucionaria de la Juventud” no trotskista, propuesta en la conferencia de Essen en julio de 1971. El movimiento revolucionario de jóvenes debe ser programáticamente subordinado y organizativamente ligado (formalmente) al partido de vanguardia que engloba la experiencia histórica del proletariado. De otra manera, los militantes juveniles y estudiantiles jamás superarán el radicalismo pequeñoburgués que en momentos cruciales está en directa oposición a la vanguardia proletaria.

(5) Violencia y la línea de clase: Nos oponemos firmemente a la disposición de la OCI de usar el aparato estatal burgués – los tribunales – para resolver las disputas del movimiento de la clase obrera. Además la SL/EE.UU. se opone de manera inalterable al uso de la fuerza física para suprimir las opiniones de otras tendencias de la clase obrera, donde esto es la cuestión clave; por ejemplo, el impedimento físico por parte de la OCI de la distribución de panfletos de la IKD en la Conferencia de Essen de julio de 1971. No somos pacifistas, y reconocemos plenamente nuestro derecho de autodefensa, así como aquel de cualquier integrante de los movimientos socialista y obrero, para defender reuniones y manifestaciones ante asaltos físicos y proteger militantes individuales de ataques terroristas. Considerado en su conjunto, nuestro punto de vista se deriva de la proposición de que la máxima libertad en el intercambio de ideas al interior del movimiento obrero fortalece la posición de los revolucionarios y aumenta la posibilidad de acciones unidas de la clase. A la inversa, son los reformistas y estalinistas – “los tenientes laborales del capital” – quienes característicamente emplean la violencia y la victimización dentro del movimiento.

(6) El Comité Internacional: La resolución del CORCI, “Sobre las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional”, declara que a partir de 1966 la Socialist Labour League (SLL) “sigue el mismo camino tomado previamente por el SWP.” Pero luego, la resolución lamenta el “estallido del Comité Internacional causada por la SLL,” sobre la base de que la última ruptura “agrava la dispersión” que empezó en 1952. Nosotros consideramos que las formas organizativas deben corresponder a las realidades políticas. Nos opusimos firmemente a la ruptura con la SLL (“Comité Internacional”) en 1962 debido a su carácter aparentemente puramente organizativo. Sólo después de la aguda ruptura en la Conferencia de Londres en 1966, y especialmente en los años siguientes cuando la SLL acumuló una serie de divergencias políticas graves con nosotros, es que pudimos apreciar que el deseo de la SLL en 1962 de intentar un acercamiento al SWP (ante lo que estuvimos dispuestos a someternos, pero nunca a dar nuestra aprobación) era una expresión de una diferencia política fundamental.

La ruptura de la SLL con nosotros en 1962 fue, sin embargo, parte de una lucha real al interior del grupo norteamericano. La ruptura entre la SLL y la OCI ocurrida en 1971 parece haber sido la separación de socios de bloque, sin repercusiones evidentes al interior de ninguno de los dos grupos – y por tanto sin lucha, aún confusa.

En el fondo las diferentes apreciaciones sobre la escisión del Comité Internacional posiblemente reflejan la divergencia, lingüísticamente ligera pero no obstante real, entre las consignas “por la reconstrucción de la Cuarta Internacional” de la OCI y “por el renacimiento de la Cuarta Internacional” de la SL/EE.UU. Nuestra consigna implica la necesidad de pasar por un proceso fundamental; no es posible tan sólo encajar unos cuantos pedazos, picarlos un poco quizás, y con ellos reconstruir el edificio.

Como la SL/EE.UU. tiene diez años de experiencia con el Comité Internacional, no podemos simplemente abordar las discusiones del CORCI como si esta experiencia previa entre nosotros y principales elementos del CORCI, anteriormente integrantes del CI, no existiera. Por lo tanto debemos repasar la experiencia previa, en tanto que ella condiciona nuestro modo de abordar el CORCI.

Nuestras opiniones con respecto al desarrollo del Comité Internacional desde 1966 han sido expuestas enSpartacist no. 6 (junio-julio de 1966), que se refiere a la Conferencia de Londres de 1966 y a nuestra expulsión; en el artículo sobre la corriente Healy-Wohlforth en Spartacist no. 17-18 (agosto-septiembre de 1970); en Spartacistno. 20 (abril-mayo de 1971) que es un resumen de los acontecimientos políticos y organizativos desde 1966; y enWorkers Vanguard no. 3 (diciembre de 1971) referente a la ruptura entre la SLL y la OCI. Como notarán a partir de este material, protestamos la falta de centralismo democrático en el Comité Internacional desde la primera vez que nos dimos cuenta de ello en la Conferencia de Londres.

Nosotros creemos que una de las pruebas necesarias para auténticos revolucionarios es de mostrar la capacidad de autocrítica, incluso en forma despiadada. El “Comité Internacional” dominado por el SWP en el período 1954-63 y por la SLL durante 1963-71, siempre fue parcialmente ficticio y en parte la formalización de bloques de conveniencia por organizaciones esencialmente nacionales. Esto requiere ser explicado por aquellos que no están dispuestos a simplemente repetir su experiencia anterior. No basta pasar por sobre los últimos dieciocho años con la promesa de que de ahora en adelante las cosas se harán de manera diferente.

Fuimos expulsados definitivamente del conglomerado internacional healyista en 1966 en el momento mismo que, el CORCI señala como el principio del deslizamiento de la SLL. Creemos ver en eso una relación. Evidentemente como parte del intento de la OCI de permanecer en un bloque común con la SLL, y quizá en parte debido a ignorancia de nuestras verdaderas posiciones, en el decurso de los años la OCI ha imputado a la SL/EE.UU. una serie de posiciones. No sólo no sostenemos, ni hemos sostenido nunca estas posiciones, sino que más aún la mayoría de ellas son exactamente lo contrario de nuestro punto de vista real. Por ejemplo, la OCI declaró que nosotros creíamos en “la familia del trotskismo” aún, cuando en la Conferencia de Londres de 1966, nuestra delegación fue impresionada por lo acertado de la declaración de un representante de la OCI de que “no hay una familia del trotskismo”; nuestro portavoz citó esta observación en forma aprobatoria, como fue reportado enSpartacist no. 6 y varias otras veces desde entonces. En la “Declaración de la OCI” de 1967 con respecto al Comité Internacional, se hace repetida referencia a un “bloque VO-Robertson” y se sacó la conclusión general de que “la lucha contra Robertson está plenamente identificada con la lucha contra el pablismo. Sus posiciones se unen a las del SWP y el Secretariado Unificado cuando no son las de Pablo.” La OCI se disculpó en términos similares a la SLL por haber invitado a un observador de la SL/EE.UU. a la conferencia de Essen.

La SL/EE.UU se dió cuenta desde 1962 que la corriente que representa la OCI no debía ser igualada con la SLL, y luego de nuestra expulsión de la Conferencia de Londres hemos seguido notando la diferencia (por ejemplo en Spartacist no. 17-18, al discutir el intento de Healy de acercamiento al Secretariado Unificado, nos referimos al grupo Healy-Banda “y sus aliados franceses políticamente muy superiores pero internacionalmente inactivos, el grupo Lambert”). También nos enterábamos a través de fuentes privadas que por lo menos desde 1967 el grupo de Wohlforth había dirigido una vigorosa campaña interna para desacreditar a la OCI.

Nuestra caracterización de la OCI como políticamente superior a la SLL estuvo basada en una serie de posiciones políticas comunes de nuestras dos organizaciones que estaban en directa oposición con los puntos de vista de la SLL. Las polémicas recientes de la OCI contra la SLL (véase La Verité, no. 556) hacen notar la objeción por la OCI contra ciertas posiciones claves de la SLL a las que nosotros también nos habíamos opuesto: el uso deliberado por parte de la SLL de “la dialéctica” como mistificación para ocultar cuestiones políticas; el seguidismo crónico por la SLL al estalinismo en Vietnam; el entusiasmo de la SLL con respecto a los “guardias rojos” chinos; la idea de la SLL de una “revolución árabe” sin contenido de clase; la inescrupulosa tentativa de acercamiento al Secretariado Unificado-SWP que la SLL hizo en 1970. También consideramos importante la objeción de la OCI contra la posición de la SLL de que el revisionismo pablista no había destruido organizativamente la Cuarta Internacional. La posición de la OCI en este aspecto parece corresponder a la opinión que hemos sostenido en forma consistente y sobre lo que insistimos en la Conferencia de Londres de 1966.

Además, siempre hemos sostenido una actitud muy seria hacia la OCI, no debido a su tamaño, sino debido a sus cuadros experimentados y su continuidad en el movimiento mundial. En esta carta nos hemos centrado en las supuestas diferencias entre nosotros y la OCI, pero los puntos fuertes de la OCI también se han reflejado en posiciones políticas específicas, de algunas de las cuales hemos aprendido – por ejemplo la insistencia de la OCI con respecto a la unidad fundamental de clase en toda Europa a pesar de la “Cortina de Hierro”. Otras posiciones, como hemos mencionado arriba, han sido desarrolladas de forma independiente pero paralela. Sobre todo respetamos a la OCI por su intento firme de dar vida a su internacionalismo.

Es por eso que esperamos pacientemente cuando no teníamos otra opción con respecto a la OCI, y en cuanto hemos tenido la oportunidad hemos buscado la discusión en forma persistente. Pensamos sobre todo en la OCI cuando, en la conclusión de nuestra declaración después de ser excluidos de la Conferencia de Londres de 1966, declaramos: “Si los camaradas siguen con la intención de excluirnos de esta conferencia, pedimos sólo lo que hemos pedido anteriormente – estudien nuestros documentos, incluyendo nuestra proyecto de trabajo en los EE.UU. presentado ante ustedes ahora, así como nuestro trabajo en los meses y años por venir. Nosotros haremos lo mismo, y una unificación de las fuerzas trotskistas apropiadas será lograda, a pesar de este trágico revés.”

Recientemente, en el documento “Sobre las tareas de la reconstrucción de la Cuarta Internacional” (cuya introducción en la edición en inglés declara ser “central a la discusión internacional”), la OCI caracterizó a la SL de la Conferencia de 1966 como “centrista” o “centrista-sectaria”. Así que en lugar de seguir nuestros documentos y trabajo actual como pedimos en 1966, la OCI ha seguido repitiendo la avalancha de falsedades producida por la SLL con el fin de acabarnos políticamente. A la luz de los puntos anteriores, el momento actual nos parece muy apropiado a que la OCI junto con el CORCI procedan a un estudio detallado de la política de la SL.

No esperamos y no tendríamos confianza en un simple revocamiento del juicio sobre la SL/EE.UU. por parte de la OCI. Las apreciaciones acerca de la SL/EE.UU. por los grupos componentes del CORCI deben guiarse por dos consideraciones. La primera trata de las cuestiones programáticas y políticas de carácter general que ya hemos abordado. Naturalmente creemos tener la razón con respecto a ellas, pero debido a que nuestras posiciones han sido elaboradas en el marco del movimiento trotskista norteamericano (y durante un período de aislamiento nacional forzado), debemos admitir que ellos pueden ser parciales y, esto en formas que necesariamente desconocemos en el momento actual. Como fue declarado en el principal informe político a nuestra reciente Conferencia Nacional: “La SL/EE.UU. requiere urgentemente la subordinación disciplinada a una dirección internacional que no esté sujeta a las presiones deformadoras de nuestra situación nacional particular” (véaseWorkers Vanguard no. 15, enero de 1973). Fue con este espíritu que publicamos nuestro artículo “Génesis del pablismo” (Cuadernos Marxistas no. 1) que contenía esencialmente la totalidad de nuestra comprehensión actual del pablismo.

La otra cuestión – de carácter subordinado pero de gran importancia dentro del marco del acuerdo programático fundamental, y que podría contribuir a alcanzar dicho acuerdo – es el problema de la comprehensión por parte de los camaradas al nivel internacional de la realidad concreta del movimiento socialista en los EE.UU. en el contexto del desarrollo del movimiento laboral norteamericano y de la configuración específica de las relaciones de clases en este país. Hay una remarcable falta de correspondencia entre las divisiones existentes en el seno de los movimientos ostensiblemente marxistas en Europa y Norteamérica, de manera que todo intento de superponer los grupos europeos sobre grupos norteamericanos “similares” es inapropiado. La estadía de seis meses en Francia del camarada Sharpe fue extremadamente útil para aclararnos este punto. Ayudaría muchísimo al proceso de esclarecimiento si, por ejemplo, un representante de la OCI viniera a este país por un tiempo prolongado, para examinar, por ejemplo, no sólo a la SL/EE.UU. en su trabajo concreto, sino también corrientes tales como la del “Vanguard Newsletter” de Turner-Fender, que parece ser formalmente la más cerca a la OCI; como los International Socialists que consideran a Lutte Ouvriere como sus amigos más próximos en Francia, pero que incluyen en sus filas simpatizantes de la OCI; y el resto de las tendencias dentro del movimiento radical norteamericano. Además, sería necesario examinar los sindicatos tal como se han desarrollado aquí, en las oficinas sindicales así como en los piquetes de huelga. En un sentido más amplio, deberían investigarse las universidades características y la realidad de la Asociación Nacional Estudiantil.

Tomamos nuestro compromiso como internacionalistas en forma muy seria, como condición para nuestra supervivencia como revolucionarios marxistas; y con esto no entendemos los pactos diplomáticos de no-agresión con grupos en otros países, ni la exportación a la Healy de serviles grupos que no son más que pequeños transplantes de la SLL. Como un resultado de lo que para nosotros representa un precipitado crecimiento doméstico, estamos adquiriendo por primera vez los recursos humanos y materiales para llevar a cabo nuestras obligaciones internacionales en forma sostenida.

Es en el contexto de la necesidad por una internacional disciplinada, y nuestro compromiso firme de luchar con el fin de obtener el acuerdo programático que es la única base posible para dicha internacional, que queremos participar en la discusión iniciada por el CORCI.

Adjuntamos a la presente copias de todos los documentos a los que hacemos referencia en esta carta. De ser aceptados en la discusión organizada por el CORCI, con el fin de familiarizar a los camaradas al nivel internacional con nuestras posiciones, nosotros desearíamos entregar tres documentos para la discusión: (1) esta carta, (2) las observaciones de nuestra delegación a la Conferencia de Londres de 1966, y (3) nuestra declaración de principios.

Fraternalmente,

Buró Político de la Spartacist League/EE.UU.

CC.: Spartacist League/Australia-Nova Zelandia

Leon Trotsky, el posadismo y ‘Espartaco’

Leon Trotsky, el posadismo y ‘Espartaco’

La Liga Spartacist refuta los ataques histéricos de J. Posadas hechos en ‘Frente Obrero’ y aprovecha otra oportunidad para mostrar la esencia revisionista del posadismo en Latinoamérica.

[Esto fue publicado originalmente como un boletín especial en español de Espartaco de la Spartacist League en agosto de 1967. Las notas constan en el final del documento.]

ESPARTACO Y POSADAS

Criticamos hace algunos meses la línea ultimista que seguían Posadas y su grupo en el MR-13 guatemalteco (ver “El MR-13 y el criticismo histérico-marxista” en Espartaco de diciembre 1966, vol. 1, no. 2, y “Posadas in the MR-13” en Spartacist de enero-febrero 1967, no. 9). Los eventos que culminaron con la expulsión de los camaradas posadistas del MR-13, en abril de 1966, comprobaron una vez más que las tareas de los marxistas-leninistas latinoamericanos pueden ser desarrolladas sólo si arraigados firmemente en la clase obrera latinoamericana y no en aventuras guerrilleristas y populistas.

Pero el revisionista Posadas no halló manera de concordar con esto. Es más, nuestros criticismos le enfurecieron tanto que se vio forzado a lanzar excremento encima de excremento sobre la teoría revolucionaria con el fin de desviar nuestros criticismos (ver Frente Obrero de marzo 2, 1967). Dicha reacción no hizo sino resaltar más el carácter oportunista de Posadas. A nuestros puntos específicos contestó con calumnias de lo más bajas y absurdas (como lo de “agente imperialista”) y a nuestros puntos teóricos generales contestó con un vulgar revisionismo que hacía resaltar la irremediable alienación del posadismo con respecto a Marx, Engels, Lenin y Trotsky. No hubo punto del marxismo que Posadas no haya atacado: el concepto del partido obrero, el Programa de Transición, la necesidad del socialismo (al que substituye con “guerra atómica inevitable”), el análisis sobre la ideología pequeñoburguesa del campesinado (al que considera “base social” del proletariado), la necesidad de la vanguardia leninista (a la que intercambia con direcciones  “centristas”) y la teoría de la revolución permanente (a la que confunde con lo de “masas en ascenso”). Se hace necesario, entonces, reafirmar los principios del marxismo, atacados frontalmente por Posadas, y a la vez, desenmascarar los revisionismos posadistas que, al tildarse falsamente “trotskistas”, obstaculizan el desarrollo del trotskismo en ciertos países de América Latina.

El trotskismo latinoamericano no tiene ningún futuro si no se libra de todos los agregados revisionistas que ―a través de años― se han depositado descaradamente sobre la teoría revolucionaria. Tan crítica es la situación que una “vuelta” al “¿Qué Hacer?” de Lenin sería uno de los primeros pasos de cualquier grupo de marxistas serios en América Latina. Pero para siquiera levantar un pie para dar tal paso, es necesario empezar a machacar, con el tacón, el revisionismo con todas sus caras: castrismo, guevarismo, maoísmo, estalinismo y posadismo.

EL POSADISMO Y LA AUTOLIQUIDACIÓN

La principal concepción posadista es la de disolver su organización en otras, usualmente también pequeñoburguesas. [1] Claro que este resultado “práctico” ultimista no es ensalzado teóricamente por Posadas. En sus escritos, Posadas usualmente se limita a elogiar movimientos pequeñoburgueses de todo tipo (como el MR-13, el peronismo, el brizolismo, etc.), diciendo que dichas organizaciones “son influidas por la Revolución Mundial”. Sin embargo, las entradas de lleno en dichas organizaciones se efectúan calladamente cuando surge la oportunidad. Al mismo tiempo que implícitamente Posadas desea frentes populares con la pequeñoburguesía, él insiste burocráticamente sobre la necesidad de su partido: irónicamente, el lema de la publicación posadista Red Flag es: “Sin el partido, no somos nada. Con el partido, somos todo.” Este centrismo, que confunde a sus cuadros, contiene tensiones oportunistas que buscarán soltarse en los momentos más cruciales de la lucha de clases. No es posible insistir sobre la necesidad del partido y al mismo tiempo rendir homenaje a cualquier mercachifle que aparece a la vuelta de la esquina llamándose “socialista” y “revolucionario”. Posadas no considera el partido leninista comoindispensable, sino como algo “útil” o que “no está mal” si se lo tiene, pero no como la piedra angular de la organización proletaria. [2]

Claro que el posadismo no es el único revisionismo del trotskismo que trata de disolverse dentro de organizacionesque no tienen nada de proletarias. La Liga Obrera Marxista mexicana (LOM), inspirada por el pabloísta “Secretariado Unificado”, ha pedido permiso a la burocracia cubana para “entrar” como buena sirviente en la OLAS. [3] El pabloísmo parece llevar en su sangre ―que es 100% pequeñoburguesa― la necesidad irresistible e intrínseca de entregarse cuerpo y “alma” a pequeñoburgueses “más fuertes” (y qué mejor si son gobernantes) como Perón, Cárdenas, Brizola, Nasser, Castro, Mao, etc., con la intención de hallar al fin descanso a su propia postración política.

En Ceilán, esta necesidad irresistible, patológica, de la pequeño burguesía pabloísta, fue satisfecha en los brazos del partido burgués Sri Lanka, entonces al timón del gobierno. El partido “trotskista” Lanka Sama Samaja, fruto del pabloísmo y su política entreguista, entró en 1964 en coalición con dicho gobierno, traicionando así los intereses de los obreros y campesinos cingaleses. El mismo Pablo entró de oficial en el gobierno nacionalista de Ben Bella en Argelia. Acerca de Guatemala, ya hemos discutido el rol oportunista de Posadas en el MR-13 (ver Spartacist No. 9, enero-febrero 1967). Ahí decimos: “El rol de la Internacional [de Posadas] dentro del MR-13 demuestra innegablemente que Posadas y sus seguidores abandonaron la clase obrera guatemalteca ―al proletariado urbano y los trabajadores de las plantaciones bananeras― a cambio de un nicho pasajero en los altos Círculos del MR-13. Esta acción, además de fracasar en desarrollar la conciencia revolucionaria de los obreros guatemaltecos al mismo tiempo que descartaba la necesidad que tiene dicho proletariado de un partido, aisló el Buró de Posadas, transformándolo en poco más que una estéril secta con tendencias populistas.”

En Posadas esta desmedida tendencia a la autoliquidación se centraliza en el maoísmo. Así, nos dice en Revista Marxista Latinoamericana, No. 11-12: “Si hoy los chinos organizaran una Internacional Comunista de Masas, nosotros estaríamos ahí como fracción. Ingresaríamos inmediatamente, y entrando sin condiciones pero con el derecho de poder, dentro de la Internacional Comunista de Masas, discutir como tendencia revolucionaria de la IV Internacional. ¡Entramos!” He aquí al trotskismo considerado como “tendencia” del estalinismo chino. “Discutir” es lo único que pide el claudicante oportunista, nada más. Quién no tiene convicción de sus propias fuerzas, de su programa y de su misión independiente en la historia, buscará otras fuerzas sociales, usualmente opuestas al programa que dice defender, para que le “hagan” el trabajo. [4]

Las derrotas del proletariado mundial, a manos del estalinismo, son bien conocidas. El maoísmo, como el mismo Mao afirma, es otra variedad (“agraria”) del estalinismo. Ya que el maoísmo fue y es una respuesta de la pequeñoburguesía “radicalizada” y chovinista a las presiones periódicas que creaba el imperialismo sobre ciertos estratos nacionalistas de China, es de esperar que el maoísmo hallará siempre maneras de arreglárselas con el imperialismo. La actitud de Mao no puede ser sino puramente impresionista, y depende su hostilidad al imperialismo del grado de hostilidad que éste le presente. No es, por tanto, una política internacionalista sino oportunista, defensiva en el sentido más obtuso. La burocracia china es políticamente responsable de la horrible matanza ocurrida contra el PKI indonesio, partido pro-chino que pagó con la sangre de cientos de miles de obreros y campesinos la traidora política coalicionista de Mao, Aidit y Sukarno. [5] Internamente, son los obreros y campesinos chinos los que sufren la ineptitud burocrática del cesarismo maoísta. En la presente “revolución cultural”, los obreros de Cantón y Shangai y campesinos de Sinkiang han sido brutalmente aplastados por el ejército de Mao. Recientemente, obreros industriales de Wuhan han chocado con los guardias rojos y el ejército, lanzándose a huelgas. El hecho que Mao les ataque demuestra la hostilidad y terror del burócrata contra los obreros, a la vez que refleja la profunda insatisfacción, todavía inconsciente, de los obreros para con la ineptitud social de la burocracia.

Posadas, es verdad, no “olvida” que Mao asesinó a miles de trotskistas; el jefe posadista no deja pasar oportunidad para derramar lágrimas de caimán. Pero al mismo tiempo expresa absoluta devoción al Bonaparte chino: “revolucionario honrado” lo llama en Época de octubre 28 de 1966. ¿Acaso tomará en cuenta Posadas que el pasado mayo, en una circular titulada “Un gran documento histórico”, publicada en Pekín, toda la vieja guardia bolchevique (Trotsky, Bujarin, Zinóviev, Kaménev, etc.) es rabiosamente atacada, y la “revolución cultural” es comparada a las purgas estalinistas de 1936-38 que masacraron a toda la vieja guardia? [6]

El poder obrero en China, al igual que el partido independiente trotskista, es algo que no le da ni frío ni calor a Posadas. En Época de octubre 29,1966, declara: “Eso es correcto [¡los dazibao!] y lo apoyamos. Es ingenuo, reiteramos, porque todavía no es la expresión de lo mejor que puede hacerse. Es preferible [¡!?] el control obrero directo.” (Subrayado nuestro.) Leed de nuevo lo que nos dice: “Es preferible.” Eso y nada más. Así, es “preferible” tener control obrero “directo”, pero si no se puede… lástima. “Después de todo, qué más da.” Entonces, que venga lo que es un “poquito” inferior: control obrero “indirecto”, o sea, los dazibao y los Mao Tse-tung y los Lin Biao. Más bien, dejemos que la pequeñoburguesía empuje a los obreros, dejemos que la burocracia cesarista “exprese” los deseos de las “torpes” masas obreras, incapaces de obtener control obrero “directamente”, por sus propios medios. Posadas comete el mismo crimen que los maoístas “oficiales”: capitulan al “jefe”, al “líder todopoderoso” que es el que despóticamente señala ―desde arriba― lo que las masas deben de hacer, ya sea besar las estatuas y los calcetines del “líder” o lanzarse a las calles al grito ―muy controlado por los burócratas― de “revolución cultural”.

Si es que debido a diferentes factores de las relaciones internacionales entre la burocracia china, la rusa y el imperialismo yanqui, Mao y los suyos (o cualquier ala de la burocracia) deciden consolidar una “internacional” sin duda alguna ésta será usada para extender y asegurar posiciones “jugosas” para la burocracia china a cambio de aquellas secciones de las masas de otros países que entren en dicha organización internacional. Las traiciones de la III Internacional en Alemania, Francia, China, etc., sólo hallarían de esta manera su vínculo maoísta en la cadena de las derrotas del proletariado internacional. Cualquier organización internacional controlada por las burocracias estalinistas (el actual PSP de Castro no es excepción) será simplemente un vil instrumento estupefaciente contra las masas. Sin duda, las burocracias siempre hallarán colecciones enteras de falsarios y tenderos de la revolución en todos los países. A través de ellos (y del dinero que reciben) las masas revolucionarias podrán ser “excitadas” o no según convenga a los intereses diplomáticos nacionalistas de Moscú, Pekín y La Habana. En lo que respecta a China, su prácticamente insuficiente ayuda a Norvietnam contra el imperialismo yanqui y los ríos infestados de cadáveres decapitados de comunistas del PKI indonesio son la mejor expresión de su capacidad “internacionalista”. Trotsky, que jamás dejó de basar su política en los intereses históricos del proletariado internacional, dijo una vez: “Nosotros no somos un partido del gobierno. Somos el partido de la oposición irreconciliable.” [7]

Lenin y Trotsky no dejaron nunca de repetir el principio marxista que dice que en los países coloniales y semicoloniales es el proletariado la única clase que puede tomar exitosamente la responsabilidad de la independencia nacional sin parar de ahí a la revolución socialista. Es decir, una revolución ininterrumpida que se extiende genuinamente en la arena internacional después de haber alcanzado la independencia nacional con elproletariado ya a la cabeza de las masas revolucionarias. El posadismo ha falsificado este principio marxista y cree que cualquier oportunista (aunque “honrado”) puede substituir a la clase obrera en la revolución. Tal aberración ha ocurrido, pero lo que ha resultado en China y Cuba no es el socialismo. Son estados obreros profundamente deformados y limitados nacionalmente por castas reaccionarias y bonapartistas que tratan de convivir con el imperialismo a la vez que creen posible desarrollar el socialismo en un solo país. Huelga decir que esta utopía reaccionaria es absolutamente imposible de realizar en nuestra etapa del imperialismo agónico que todo lo cubre económicamente y todo lo amenaza constantemente. China y Cuba, por ejemplo, avanzarán sólo si sus proletariados despedazan totalmente a todas las alas de la burocracia, tomando el poder político de sus estados, y si la revolución se extiende en la arena internacional. “Aconsejar” a las burocracias china y cubana, vicio posadista, sólo coloca al posadismo en el ala “izquierda” de dichas burocracias pero no ayuda ―más bien entorpece― las tareas independientes del proletariado en esos países.

El futuro autoliquidador del posadismo se encuentra desde hace tiempo grabado en la pared. Para leer tal mensaje, no hace falta consultar a un Daniel. Basta leer los escritos de Posadas.

EL POSADISMO Y EL PARTIDO OBRERO

Debido a que no entiende la importancia histórica de la intervención del partido trotskista para luchar y expresar los intereses políticos y revolucionarios del proletariado, Posadas confunde la cuestión del partido obrero con la del propio partido trotskista: “Por eso esta gente [Spartacist] deja de aplicar a Trotsky en los Estados Unidos, que propuso, que analizó, demostró la necesidad del Partido Obrero Basado en los Sindicatos. Hoy sigue siendo válida esta necesidad, pero este grupo Spartacist ignora, como el SWP, el padre de este grupo lo ignoraba. [8] Y seguidamente, Posadas nos dice: “[Hay que unir la lucha] por la escala móvil de salario y escala móvil de horas de trabajo; por la jornada semanal de 40 y 36 horas de trabajo, que es generalizar las conquistas de los obreros gráficos por 36 horas de trabajo.” Posadas no sabe que la actual demanda, adoptada por la Liga Spartacist, es de30 horas de trabajo que sean pagadas por los capitalistas como si fuesen 40. [9] Pero la pedantería de Posadas no se limita a exhibir su ignorancia (¡40 Y 36 horas!) sino que se atreve a decir lo siguiente: “Hay que hacer una campaña por el Partido Obrero Basado en los Sindicatos explicando que se deben designar direcciones, grupos, delegados de los sindicatos para organizar las bases de este partido, discutir en el seno del movimiento obrero.” [10]

Pues bien, todo a su tiempo. Explicaremos con paciencia a Posadas que Trotsky jamás dijo que la necesidad del partido obrero era una tarea central. Tarea central era y es preparar el partido trotskista, la vanguardia leninista, que no es lo mismo, que no puede ser nunca lo mismo, que el partido obrero salido de los sindicatos. Trotsky consideraba que nuestra intervención dentro de tal partido se basaría en que éste sería una “arena en la cual actuaremos como un partido comunista absolutamente independiente.” [11] Pero Posadas confunde aquí esto y reduce la táctica de entrada en tal partido a la categoría de “tarea central”. No es eso sólo un dogmatismo propio de un cretino que no sabe pensar, sino de un cretino que falsifica lo que sabe leer. Leamos lo que decía Trotsky acerca del partido obrero: “Un largo período de confusión en la Comintern llevó a muchos a olvidar el muy simple pero absolutamente irrevocable principio que dice que un marxista, un revolucionario proletario, no puede presentarse ante la clase obrera con dos estandartes. Él no puede decir en una reunión de obreros: Tengo boletos para un partido de primera clase y otros boletos más baratos para los estúpidos. Si soy un comunista debo luchar por el partido comunista.” Y ante la posibilidad de la creación de un partido obrero al estilo del Partido Laborista británico, Trotsky advirtió: “Alguien puede afirmar que en las condiciones estadunidenses un ‘partido obrero’ en el sentido británico [o sea, basado en los sindicatos] sería un paso progresista. Al reconocerlo y enunciarlo así nosotros, ayudaríamos, aunque indirectamente, a establecer tal partido. Pero aquélla es precisamente la razón por la que yo no asumiré jamás la responsabilidad de afirmar, abstracta y dogmáticamente, que la creación de ‘un partido obrero’ sería un ‘paso progresista’ aun en los EE.UU., debido a que yo no sé en qué circunstancias, bajo qué dirección y con qué propósitos sería creado ese partido. Me parece más probable que especialmente en los Estados Unidos, donde no existe ninguna tradición importante de acción política independiente de la clase obrera (como, por ejemplo el Cartismo en Inglaterra) y donde la burocracia de los sindicatos es más reaccionaria y corrompida que la británica durante la plenitud del imperio británico, la creación de un ‘partido obrero’ en los Estados Unidos sería causada sólo por una poderosa presión revolucionaria de las masas obreras y por la creciente amenaza del comunismo. Es absolutamente claro que bajo estas condiciones el partido obrero significaría no un paso progresista sino que significaría un obstáculo para la evolución progresista de la clase obrera.” [12]

Cuando Trotsky hablaba acerca de la formación de un partido obrero se refería específicamente a las condiciones objetivas y concretas de la lucha de clases en este país. Es decir, no transformaba este argumento en un fetiche, cosa que a Posadas le encanta hacer. Trotsky, en 1938, sostenía que debido a que en ese momento el partido de los trotskistas norteamericanos (el SWP) era muy pequeño a la vez que enfrentaba grandes convulsiones económicas de las masas, era necesario llamar a la formación de un partido obrero independiente salido de los sindicatos, con el fin de ayudar a las masas a liberarse de los dos partidos burgueses y del reformismo de la aristocracia laborista. Esta sigue siendo una demanda táctica que nos permitiría agitar en favor de nuestroprograma y nuestro partido. “El primero [slogan] por el partido obrero independiente, prepara la arena para nuestro partido. El primer slogan prepara y ayuda a los obreros a avanzar y prepara el camino para nuestro partido. Este es el sentido de nuestro slogan.” [13]

Es obvio para cualquiera que lo que Posadas pide es disolución de nuestras fuerzas dentro de su fetiche sindicalista, al servicio de la burocracia. La lucha contra la burocracia laborista es olvidada por Posadas. Para el, lo práctico sería entrar a formar parte de la burocracia para dizque “empujar” a los burócratas que son oportunamente llamados solo “centristas” por Posadas. [14] La perspectiva de tomar poder estatal requiere precisamente que la burocracia laborista sea echa a un lado y que los obreros se liberen totalmente de su influencia. Presintiendo que nace un tonto cada instante, Trotsky aclaró terminantemente: “La disolución de nuestra organización está absolutamente excluida. De manera absoluta aclaramos que tenemos nuestra organización, nuestra prensa, etc., etc.” [15]

EL POSADISMO Y LOS ESTADOS OBREROS DEFORMADOS

El posadismo no pudo comprender los desarrollos ocurridos en la Europa Oriental a raíz de la II Guerra Mundial. Para Posadas, los estados obreros deformados creados en esa región “demostraban” que la burocracia estalinista podía ser revolucionaria “pese” a su carácter social claudicante y pequeñoburgués. Es decir, Posadas abandonaba de esta manera un análisis marxista y sucumbía ante un impresionismo revisionista, pasivo, que no podía sino terminar desarrollando en el entreguismo hacia los burócratas estalinistas de Pekín, Moscú y La Habana.

Para los marxistas, los desarrollos de Polonia, Checoslovaquia, Hungría, etc., tuvieron y tienen un carácter dual que a la larga sólo puede ser un “impasse” reaccionario si es que el proletariado de esos países, y el de Rusia, no derrocan a las burocracias estalinistas y toman el poder por cuenta propia en todo el bloque soviético. No es posible olvidar que aunque Stalin eliminó parcialmente a las tremendamente debilitadas burguesías de esos países, lo hizo de manera puramente burocrática y defensiva contra el imperialismo que en ese entonces ocupaba Europa occidental. Aún más importante es el hecho innegable que el verdugo termidoriano masacró por completo en esos países a las vanguardias proletarias que podían haber tomado el poder de los años cruciales de 1944-49. Por tanto, aunque el estalinismo destruyó la influencia capitalista en esos países, también destruyó a las únicas fuerzas subjetivas que, históricamente, podían avanzar y hacer uso consistente y revolucionario de lo que estaba haciendo deforme y disgregadamente la burocracia.

Sin la intervención consciente del proletariado y su vanguardia, todo lo que la burocracia haga se vuelve en la última instancia definitivamente reaccionario. Las dislocaciones económicas de Yugoslavia, la falsa “revolución” cultural maoísta y las reformas libermanescas dentro del bloque soviético son serios síntomas de lo que la burocracia seguirá haciendo mientras el proletariado de esos países no se vuelva la fuerza subjetiva de la historia en vez de ser un mero peón objetivo ―un factor pasivo― de las reacciones burocráticas del estalinismo. Es decir, el proletariado tiene que volverse la fuerza activa histórica en esos estados para que lo que es progresivo en ellos deje de tener aquel carácter contradictorio crónico que permite la existencia parasitaria de las burocracias. No puede haber tregua entre las burocracias estalinistas y los obreros que ellas oprimen. Tampoco es posible hablar acerca de “las presiones en ascenso” de las masas sobre las burocracias. La revolución húngara de 1956 prueba que una vez decididos los obreros a tomar el poder estatal por su cuenta, la burocracia reaccionará tan brutalmente como cualquier burguesía amenazada.

Posadas, ya sabemos, considera esta perspectiva como “imperialista”. El, al igual que todos los estalinistas, no puede pensar como marxista sino como un dogmático pequeñoburgués. “El que ataca a Stalin ataca a la Unión Soviética,” rugían los apologistas estalinistas de antaño. Ahora, en 1967, Posadas dice: “El llamado de este ‘Spartacist’ a derrocar a Mao Tse Tung y a Fidel Castro es aliarse objetiva, directa y materialmente al imperialismo yanqui, tal como antes se aliaron sus padres del SWP contra la revolución nacionalista en América Latina.” [16] ¡Sin duda alguna, otra “perla” del pensar posadista! Posadas, deshonestamente, oculta nuestras posiciones sobre China y Cuba. Confunde, como ya veis, el concepto leninista del estado con el del gobierno. Al contrario, nosotros no llamamos a la destrucción de los estados obreros deformados de China y Cuba, sino que llamamos a su consolidación revolucionaria e internacionalista por medio de una revolución política efectuada por los proletariados chino y cubano contra los bonapartistas burocráticos y parasitarios en los gobiernos de esos estados. Defendemos incondicionalmente la victoria militar de esas burocracias cuando atacadas por el imperialismo, pero no cejamos de atacar políticamente ―en ningún instante― a esas mismas burocracias porque en la práctica dichas castas sólo traicionan y traicionarán los intereses de las masas que dicen defender. Apoyamos a los estados chino y cubano, y sus nacionalizaciones, medidas sociales radicales, control del comercio exterior, etc. Para los Castro, los Kosyguin, los Mao, los Tito, etc., es decir, para los gobiernos despóticos y bonapartistas de esos estados, reservamos nuestra oposición irreconciliable y proletaria.

La incapacidad política de Posadas le hizo sucumbir, como ya hemos visto, de manera impresionista ante los eventos de posguerra y la creación de la República Popular China en 1949. Para él, el estalinismo era “revolucionario” debido a las presiones “incontenibles” de las masas, que, “objetivamente”, avanzaban hacia el “socialismo”. [17] Tomó los desarrollos de China, las comunas, por ejemplo, como si fuesen grandes momentos históricos. Pero no pudo criticar nada ya que según él toda crítica es “imperialista”. Es tan cerrado que todavía habla maravillas sobre las comunas cuando Mao Tse-tung decidió hace tiempo que habían sido un fracaso rotundo y ordenó su terminación en 1961.

De la misma manera, Posadas cree que la Revolución Cubana de 1959 no hubiese triunfado a no ser por “las luchas constantes” del proletariado y la huelga de diciembre de 1958. Esto es totalmente falso. Si el proletariado cubano actuó contra Batista, lo hizo contenido por su dirección laborista, confundido por la falta de coordinación en las ciudades, disciplinado criminalmente por el mujalismo. Si se opuso a Batista, lo hizo esporádicamente dentro de una especie de frente popular burgués, en donde su potencia se diluyó, disgregó y perdió todo carácter independiente. La huelga de abril de 1958 fracasó miserablemente en Cuba, pero Posadas “olvida” este detalle. Castro tomó el poder no a través de “las luchas constantes” del proletariado sino debido a la momentánea incapacidad coyuntural del gobierno de Batista y del imperialismo. El M-26 pudo polarizar una lucha paramilitar contra Batista debido a ausencia de organizaciones proletarias revolucionarias y a la ineptitud orgánica de la burguesía cubana para deshacerse exitosamente dé Batista de otra manera. Fueron circunstancias que no llegaron en 1959 a una lucha abierta de clases sino a una cura neo-parlamentaria-guerrillerista de la crisis de la burguesía cubana. El proletariado cubano, sin dirección propia, traicionado innumerables veces por los Roca, Peña y Rodríguez, reaccionó con pasividad frente los desarrollos de 1958-59. No hay nada de “irresponsable” por parte del proletariado cubano en esto ni nada que niegue la capacidad revolucionaria del mismo. Ahora, el PC cubano y Fidel Castro han tratado, pese a lo que dice Posadas, de falsificar el rol del proletariado cubano. Rinden culto a su actuación al igual que Posadas, pero los dos lo hacen desde el punto de vista del frente popular; es decir, alaban el rol del proletariado cubano como un miembro más de las “masas revolucionarias-democráticas”. El rol independiente del proletariado, actuando con su propia dirección y a la vanguardia de las masas revolucionarias, es algo que asusta terriblemente a los Castro y los Posadas. La próxima jornada de la Revolución Cubana pertenece a los obreros cubanos. ¡Que tiemblen Castro y Posadas!

LA GUERRA ATOMICA

La “inevitabilidad” de la guerra atómica constituye otra contraseña del posadismo. Las innumerables uniones que surgirán entre el posadismo y organizaciones pequeñoburguesas de diverso cuño traerán, sin duda alguna, reacciones de desagrado y confusión entre muchos cuadros de Posadas. ¿Qué puede ser más útil, entonces, que excusar toda clase de maniobra, todo manipuleo debajo de la mesa, aludiendo a la tal “guerra atómica inevitable”? Con esa linda excusa todo queda arreglado: ya que la guerra atómica está tan cerca, hay que hacer “frente único” con todas las “tendencias” que dizque son antiimperialistas. La preparación del partido queda, ipso facto, relegada a un segundo plano si es que no es echada al tarro de basura de una vez (como pasó en el caso del MR-13).

Pero examinemos también las formulaciones “teóricas” de Posadas sobre la guerra atómica: “Comprendemos que va a ser tremendo el daño que van a causar el imperialismo y la burocracia soviética. Pero es el pago [¡!] que debe hacer la humanidad [¡!] para avanzar [¡!]. Así se ha hecho la historia [¡!]. No tenemos la fuerza para impedirlo. El socialismo es inevitable; pero este es el costo de la historia. De la misma manera como los otros progresos de la historia costaron, como costó la aparición del capitalismo.” [18] Y él que se oponga a este reaccionario dogma recibe el siguiente castigo: “Decir que la guerra atómica no es inevitable es basarse sobre las perspectivas de poder convivir con el régimen capitalista, de la coexistencia pacífica. Esta es la política del imperialismo, de la burocracia soviética, de la pequeñoburguesía radicalizada impotente para comprender el partido bolchevique y comprender la guerra atómica tal como es.” [19]

En realidad, uno no sabe cómo empezar a refutar semejante babosada. Posadas dizque el socialismo es inevitable, pero vemos que considera, al mismo tiempo, que la guerra atómica es también inevitable. ¿Hay una contradicción en dicha fórmula? Para un marxista, sí. Para un loco, no. Por primera vez en la historia de las ideas políticas, Posadas ha combinado, con el deus ex machina de la guerra atómica, la idea que contiene, en una cápsula, la venida del socialismo y el barbarismo. ¡La guerra atómica, que sería la prueba concluyente del fracaso del proletariado en tomar el poder del sistema burgués para evitar precisamente el barbarismo, es considerada por Posadas como el socialismo en persona!

Pero no nos dejemos impresionar por lo de “pequeñoburguesía… impotente para… comprender la guerra atómica tal como es.” Muchas sectas religiosas chillan en nombre de la mesiánica guerra atómica; muchos clubes existencialistas, histéricos consumidores de “la decadencia”, seguidores de Nietzsche, Schopenhauer y Spengler, también creen que el apocalipsis atómico es “inevitable”. Pero estos señores y estas sectas, al igual que Posadas, se encuentran bastante alejados del marxismo. Están bien apegados a un misticismo muy común en nuestra época de reacción y desintegración social. [20]

El socialismo, como lo comprendían Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, Liebknecht, Trotsky y muchos otros luchadores proletarios, no tenía el carácter inevitable mecanicista que Posadas le da. Para ellos, el socialismo era inevitable sólo si nuestras luchas conscientes, arduas y fructíferas lo hacían realidad inevitable a través de la lucha de clases. El barbarismo, era, de la misma manera, inevitable si es que las luchas del proletariado fracasaban en transformar la necesidad histórica del socialismo en realidad inevitable. La intervención activa y consciente de las masas obreras y sus auténticos partidos de vanguardia es imprescindible para lograr esto. Como se ve, esta posición está en completa contradicción con el mecanicismo contemplativo del posadismo. En la manera que Posadas se entrega a cuanta corriente “en ascenso” pequeñoburguesa aparece, en esa manera obstaculiza el desarrollo de la conciencia proletaria independiente, y ayuda objetivamente a perpetuar la crisis de dirección obrera. Bajo este punto de vista, el posadismo es un agente de la ideología burguesa en el seno del movimiento obrero latinoamericano. Esto, señores, sí es una manera activa de ayudar al desencadenamiento inevitable del barbarismo.

CONCLUSIÓN

A primera vista, el posadismo ofrece una impresión contradictoria. Su énfasis mesiánico sobre las masas en “ascenso”, que todo lo curan, que todo lo resuelven inevitablemente al empujar a sus direcciones oportunistas y estalinistas, constituye la primera impresión. La segunda, aunque parece tener un carácter opuesto a la primera, no contiene en verdad nada contradictorio. Esta es la reaccionaria tendencia a entregarse en la práctica a aquellos estratos de las direcciones “centristas”, oportunistas, estalinistas, etc., que parecen ser “empujados” por las masas. Si es que Posadas en verdad cree que las masas son invencibles y que su “ascenso” es inevitable, ¿por qué entonces no trata de ganárselas independientemente? Es decir, ¿por qué no trata Posadas de dirigir a las masas a través de su grupo, por qué no prepara a su “internacional” para que se ponga en la cabeza de las masas con el fin de que el programa del trotskismo pueda ser desenvuelto en la lucha de clases?

¿La respuesta? Muy sencilla ―el posadismo en verdad no cree posible que las masas puedan desarrollar suspropias vanguardias ni liberarse por sus propias manos. Posadas acepta el fait accompli de que “existen” otras direcciones de masas en un momento dado, y oculta sus orígenes, su composición clasista, sus programas, etc. Al entregarse a estas direcciones, el posadismo demuestra que no tiene la menor convicción en la potencia revolucionaria independiente del proletariado. Proceder diferentemente implicaría preparar arduamente a sus cuadros con la convicción de su lugar irremplazable en la vanguardia del proletariado. En fin, significaría prepararpartidos leninistas en la tradición bolchevique, conscientes de su propia importancia y celosos de resguardar irreconciliablemente las conquistas históricas del proletariado internacional.

Posadas no puede hacer esto; hace tiempo que ha abandonado cualquier perspectiva marxista. Por tanto, claudicar ante la pequeñoburguesía nacionalista y las burocracias estalinistas no tiene nada de extraño: es el resultado lógico de la incapacidad posadista. Como él no puede formar partidos capaces de luchar por sí mismos, ha decidido subastar su grupo a cualquier organización pequeñoburguesa que se halle en esos momentos con posibilidad de engañar exitosamente a mayores números de las masas revolucionarias.

Las dos caras de la medalla posadista, entonces, no poseen ningún carácter contradictorio. Es una vulgar excusa para evitar construir partidos de vanguardia. La catálisis de la guerra atómica retoca un poco el revisionismo posadista: provee el raciocinio para reafirmar la negación del partido leninista. Ya que la guerra atómica es “inminente”, ¿para qué darse la molestia de preparar partidos leninistas? Posadas recalca esta idea sobre la “inminencia” repetidas veces en su prensa con el fin de “preparar” a sus cuadros en el arte del ultimismo y la desaparición en grupos más grandes. Los pabloístas y Posadas han hallado manera de contraer matrimonio con el estalinismo a la par que “afirman” su lealtad al programa revolucionario. Lo que ha resultado son productos bastardos. Los revolucionarios legítimos no pueden sino mirar con asco y desprecio los productos ideológicos surgidos como reacción a las tremendas derrotas sufridas por el proletariado a lo largo de 40 años. ¡Lo que son las ironías! Al revisar el marxismo, el estalinismo contribuyó a las derrotas del proletariado internacional desde 1924 hasta nuestros días. Los pabloístas y Posadas, decepcionados cínicamente por estas derrotas, han revisado también el marxismo y han ido a parar en el estalinismo. Una vez así políticamente castrados, estos señores serán incapaces de prepararse para las nuevas oleadas revolucionarias del proletariado en la próxima etapa histórica.

Finalmente, ¿qué posibilidad de cambio existe para el posadismo? Es decir, nos referimos a otra alternativa que la de la autoliquidación. Por desgracia, la máquina burocrática del posadismo niega toda posibilidad de regeneración.

El posadismo sólo puede sobrevivir mientras se mantenga estructuralmente como “internacional”. Pero aun esto es artificialmente espoleado por Posadas ya que la autoliquidación se impondrá al fin y al cabo. Políticamente, el posadismo es un aborto salido del pabloísmo. El posadismo no ha desarrollado teoría marxista de igual manera que sus progenitores, el Secretariado de Michel Pablo, tampoco han hecho. Ellos más bien revisaron todos los puntos fundamentales del marxismo. Así, se podían mantener sólo gracias a la maquinaria del partido, a la organización. Y ya que ésta misma era enormemente debilitada debido a la insolvencia teórica y política de su dirección, su propia desintegración podía ser evitada sólo usando métodos estalinistas. Esta tendencia a volverse un cadáver político a la vez que el sudario de la organización se volvía más rígido y despótico, apareció como cualidad común de los pabloístas; Posadas la heredó por completo.

Debido a que su existencia depende, en la última instancia, de su burocrático estilo de organización, Posadas no contestó nuestros criticismos de una manera política sino que se limitó a señalar que no nos habíamos doblegado ante el dogma posadista, que no habíamos aceptado la reaccionaria ideología posadista. Esto es lo que molestó a Posadas y no la substancia teórica de nuestros criticismos.

Cuando Posadas salió del Secretariado de Pablo en 1962, no publicó ningún documento que explique y clarifique la razón de tal ruptura. Mas esto obedece también a designios burocráticos posadistas. Es de esperar, por tanto, que Posadas nunca abandona la idea de volver a Pablo o de consolidar unificaciones con cualquier otro “reconstructor” de la IV Internacional, ya se llame Frank, Germain, Hansen, Healy, Moreno, o lo que sea. Sin duda alguna, tales “reunificaciones” no obedecerán principios leninistas sino que serán hechas debido a los intereses burocráticos partidistas de los revisionistas.

Todo esto, naturalmente, es efectuado por Posadas sin prestar la más mínima atención a la opinión de sus cuadros. Ellos se enteran de lo ocurrido sólo cuando Posadas así lo decide. Por eso nadie más puede escribir en su prensa, y todos los artículos son firmados por él. Lo que ocurre en el mundo real no llega a los cuadros de Posadas por medio de su prensa. Si se enteran de algo que contradiga la mitología posadista, es debido a que el ímpetu de los hechos forza a veces a algunos individuos a mirar la realidad. Giros a la izquierda, giros a la derecha, cambios totales de línea, retiradas bruscas, etc., todo esto no es explicado a los cuadros. Simplemente aparecen de repente en las páginas de su prensa. Aclaremos que aunque Posadas cambia de línea muchas veces, estos cambios no son presentados como tales sino que aparecen como lo usual, como que la “Revolución Mundial” avanza al igual que siempre.

El estilo burocrático no halla límites. Peor en semidioses. Tan despótica es la estructura burocrática posadista que se filtra hasta a las páginas de su prensa como cosa cotidiana: “Estos errores [gime el Comité de Redacción de Voz Obrera (julio 1966) en una de sus confesiones “a nuestros lectores”] revelan superficialidad política y falta de conciencia sobre la importancia de este documento del Cda. J. Posadas.” En Voz Proletaria (marzo 13, 1966) tenemos la oportunidad de leer: “El Buró Político ha discutido que este no es un error de imprenta o de diagramación, sino que esto es un serio error político que tiene su base en la todavía insuficiente comprensión del rol de los documentos del cda. J. Posadas (…). Los otros errores como la equivocación en la fecha (aparece como siendo un documento del año 1965) y la ausencia de la firma del cda. Posadas en la página central reconocen como causa la misma limitación política…. El Buró Político afirma su decisión de superar rápidamente estas fallas.”

Este es el estilo posadista. Es apolítico y confía solamente en el despotismo burocrático estalinista. ¿Es posible desarrollar cuadros de esta manera? [21] Claro que no. Posadas sólo se mantendrá por medio de engaños [22] y de amenazas a sus cuadros. De esta manera los convertirá en monigotes dispuestos a las peores amalgamas y entreguismos, capaces de traicionar a las masas obreras a cambio de aventuras exitistas.

No dudamos que hay muchos trotskistas honestos y serios dentro del grupo de Posadas. El número de muertos que tienen prueba eso. La culpa es, naturalmente, del aventurerismo burocrático y putschista de Posadas y no de los que murieron valientemente, luchando por lo que ellos creían era el trotskismo.

Sólo un lucha despiadada contra el Stalincito de Montevideo libertará a muchos de los que ahora se encuentran atrapados en su engaño revisionista; sólo un análisis teórico profundo del revisionismo en general ayudará a la tarea de preparar partidos leninistas en América Latina. El futuro del marxismo latinoamericano radica en eso, y en la capacidad de organizar partidos basados orgánicamente en el proletariado urbano de América Latina.

NOTAS

[1] Las organizaciones que Posadas escoge para “influir” en realidad son organizaciones que se volverán contra el proletariado cuando flujos y reflujos de la lucha clasista así lo requieran. Aunque Posadas tiende a ver en todo grupo pequeñoburgués “algo socialista” (¡hasta los provos son echados en el saco de la “Revolución Mundial”!), es necesario reiterar que es la base clasista proletaria lo fundamental para que el programa marxista sea desarrollado independientemente y con posibilidad de éxito. Si se disuelven los cuadros en grupos que son pequeñoburgueses-nacionalistas, las tareas propias se confunden y se disgregan; el programa proletario pierde su independencia y se amarra a un estrato que ―a la menor presión― sucumbirá a la burguesía y el imperialismo a costa de los obreros y los campesinos.

[2] Esto es comprobado cuando Posadas escribe: “Podrán matarnos a todos nosotros. Podrán lograrlo. Pero no lograrán jamás detener el curso en ascenso de la revolución mundial, porque el marxismo ya está en la cabeza de la humanidad Es aún un instrumento no consciente para las masas, pero emplean y se basan en las conclusiones fundamentales del marxismo.” (Frente Obrero, mayo 5 1966). En otra ocasión, dice: “… el proceso concentrado y centralizado de la revolución permite inmediatamente traspasar, desarrollar la influencia de un país al otro y de un continente al otro de una revolución a otra y de un país al otro sin interrupciones, rápido, rápido, sin partido. La base de este proceso concentrado y centralizado, es que las masas acogen el proceso de avance de la revoluciónsin tener partido ni sindicatos que se los trasmita, sin vida política, sin periódico, sin resoluciones y sin direcciones. Lo hacen las masas.” (Subrayado nuestro. Voz Obrera, octubre 1966).

[3] Esto es lo que los “trotskistas” de la LOM piden: “Las secciones latinoamericanas de la IV Internacional han manifestado repetidas veces [¡fijaos en su insistencia!] su solidaridad con la Tricontinental y con la OLAS. Su férrea organización y funcionamiento disciplinado bajo las normas del centralismo democrático leninista le colocan como valiosas entidades para aportar a la tarea de consolidar a la OLAS.” (Perspectiva Mundial, No. 18, abril 16, 1967.) Cómo corrompen estos señores los principios del centralismo democrático, ¡como si Lenin hubiese “aportado” su partido a la “conferencia de los pueblos y razas subyugadas”, por ejemplo, celebrada en junio de 1910 por “representantes” nacionalistas! La Tricontinental no es sino una repetición de esas reuniones seudo-revolucionarias celebradas por caudillos y faquires nacionalistas de Latinoamérica, Asia y África. Cada vez que el imperialismo roba “en demasía” las migajas que usualmente paga a esos mismos nacionalistas con el fin de que controlen a sus masas trabajadoras, ellos se enojan.

[4] En Revista Marxista Latinoamericana, No. 11-12, Posadas se vende al maoísmo bastante descaradamente: “Son vividores [los maoístas uruguayos, argentinos, peruanos, etc.] que no tienen ningún valor político ni entienden absolutamente nada. Los chinos deben romper con esa gente, y al contrario, apoyar a las organizaciones revolucionarias que luchan por el programa de la revolución fusil en mano, como ellos llaman. No es esa gente la que lucha, sino nosotros, los trotskistas. Los llamamos a que nos apoyen a nosotros.” ¡Ah! Pero, ¿será el “luchador” Posadas el que ponga las condiciones a la burocracia maoísta? No, en ningún momento. Lo que Posadas pide ahí es simplemente venderse al mejor postor. De esta manera el posadismo se ofrece a sí mismo con el fin de extender las traiciones de Mao y Cía. El maoísmo, ya sabemos, entregará “apoyo” en metálico a Posadas como ya hizo con el PKI. Y Posadas, ¿qué ofrece? Simplemente venderse, vía Pekín, a su propia burguesía nacionalista como hizo el PKI. Le diremos a Posadas que La Habana, como la LOM ya lo sabe, está más cerca que Pekín.

[5] Recientemente la hipocresía maoísta ha responsabilizado a la burocracia rusa por la destrucción del PKI. ¡Como si la intromisión papelesca de un segundo gánster redimiese las culpas del primer gánster! Tales son los caprichosos devaneos que Posadas tanto admira en Pekín Informa.

[6] Peking Review (Pekín Informa) No. 21, mayo 19,1967, “comenta” sobre tal documento.

[7] Trad. del inglés de En Defensa Del Marxismo, Nueva York, 1965, pág. 17. Posadas no sólo desea ansiosamente ser algún día un “partido del gobierno estalinista” sino que trata de extender esa traición a una “internacional” del gobierno maoísta.

[8] Frente Obrero, marzo 2, 1967. El lector interesado en saber si es que es verdad que hemos “ignorado” esta demanda, puede referirse a los siguientes números de nuestras publicaciones, en donde llamamos a la formación de un partido obrero independiente: Spartacist: No. 2, julio-agosto de 1964, pág. 5; No. 4, mayo-junio de 1965, pág. 5; No. 8, noviembre-diciembre de 1966, pág. 4; No. 10, mayo-junio de 1967, pág. 5. Spartacist West: Vol. 1, No. 4, abril 29, 1967, pág. 4; Vol. 1, No. 7, agosto 29, 1966, pág. 3; Vol. 1, No. 8, septiembre 30, 1966, pág. 3. Espartaco: Vol. 1, No. 2, diciembre de 1966, pág. 7, etc., etc. Lo nombrado es suficiente para desmentir esta calumnia posadista.

[9] Fundamentalmente, el sentido de las demandas transicionales es el de preparar a las masas obreras para la toma del poder. La demanda posadista de 40 y 36 no es sino reformista ya que pide que se “generalicen” las conquistas de los obreros gráficos. Si esto es hecho por la burguesía, extendiendo paulatinamente 40 y 36 a otras industrias, los problemas del racismo, el desempleo, etc., todavía quedarían sin resolverse. La cuestión en este caso es de exigir a la burguesía que satisfaga una demanda que ella no puede aceptar; es decir, 40 y 30, para que toda la clase obrera encuentre empleo y se rompan las barreras del racismo. Esto traería a la orden del día numerosas otras medidas que abrirían más posibilidades para las luchas de los obreros, tanto de los sindicatos como los no organizados en ellos. En fin, es una verdadera demanda transicional. Es doloroso tener que explicar esto a un “trotskista”, que ha adoptado una posición economista al abandonar el Programa de Transición.

[10] Frente Obrero, marzo 2, 1967.

[11] Trad. del inglés de El Partido Obrero en América, Toronto, pág. 5.

[12] Ibídem, pág. 2.

[13] Ibídem, pág. 28.

[14] “Esta declaración de Reuther [referente a sus disputas con la AFL-CIO] la realiza en pleno auge del proceso de la revolución política en China…” nos dice Posadas en Frente Obrero de marzo 2, 1967. Así, Reuther, el Torquemada anticomunista de los sindicatos industriales, “avanza” presionado por las masas chinas.

[15] El partido Obrero en América, pág. 20. Basta conocer la actuación posadista en el MR-13. La fracción ce Posadas dejó de publicar su propia prensa y se dedicó, al contrario, a publicar Revolución Socialista, órgano oficial del MR-13. Ahí aparecían artículos escritos por Posadas, pero la publicación no era del partido posadista. ¡Un típico ejemplo de mimetismo!

[16] Frente Obrero, marzo 2, 1967.

[17] El ruso L. Leóntiev, académico estalinista y autor de textos “oficiales” sobre economía política, concuerda con el posadismo al repetir el reaccionario idealismo “objetivista”: “Cada día es mayor el número de países que emprende la vía de desarrollo no capitalista, la vía socialista. La humanidad en su conjunto atraviesa ahora por el período de tránsito del capitalismo a un régimen social más elevado, el comunismo.” (Fundamentos de la Economía política marxista, pág. 95.) Esta palabrería, que transforma la comprensión marxista en una contemplación académica, olvida recalcar el papel fundamental e imprescindible de la vanguardia proletaria, la clase proletaria y su partido leninista. Como no, mientras esto sea “olvidado” por los Leóntiev, Deutscher, Pablo y Posadas, el duro trabajo de la preparación proletaria es abandonado en favor de lo “inevitable” y lo comodón. En la práctica, esto es realizado a través de aventuras “objetivas” con la pequeñoburguesía nacionalista y las burocracias estalinistas.

[18] Frente Obrero, febrero 19, 1966. ¡Qué coincidencia! En 1932-33, excusando su traidora postración ante Hitler, Thaelmann y los otros estalinistas del KPD alemán, se consolaban diciendo que el nazismo triunfante “era el pago” que debían hacer las masas obreras alemanas para alcanzar después el socialismo.

[19] Frente Obrero, marzo 2,1967.

[20] Este es el esquema atómico de Posadas: “En poco tiempo, como enseña la experiencia de la reconstrucción después de la segunda guerra mundial, se pueden conseguir saltos económicos inmensos y superar los niveles actuales de producción, cualquiera que sea el grado de destrucción provocado por el imperialismo, y esos saltos serán mucho mayores si se apoyan en la conciencia comunista de las masas [¿?] dirigiendo la reconstrucción, y libre de cualquier traba burocrática.” (Frente Obrero, febrero 19, 1966.) Mas Posadas olvida que el Plan Marshall del imperialismo ayudó en mucho a la “reconstrucción” europea y que ningún plan similar “comunista” será posible después de una guerra atómica. En lo que se refiere a la “conciencia comunista” de las masas, las espantosas experiencias sufridas por las masas de Hiroshima, Nagasaki, Tokio, Berlín, Dresden, Essen, etc., demuestran que sólo un arrebatado puede imaginar esos delirios. Uno de los principales obstáculos psicológicos para cualquier reorganización pública durante un bombardeo convencional es precisamente la falta de interés de las masas. El golpe es tan horroroso que la mayoría de la población se sume en “shock”, volviéndose histérica o totalmente pasiva. Otro obstáculo, de naturaleza “técnica”, es el fenómeno de la tormenta de fuego, ocurrido en Hamburgo durante la II guerra y que impedía todo intento de rescate o reconstrucción por días y semanas enteras. ¡Imaginemos las tormentas de fuego causadas por explosiones nucleares, a más de las radiaciones que sepultarán ciudades enteras! Huelga decir que la guerra atómica destruirá por completo, sin posibilidad de recuperación, enormes masas proletarias y valiosísimos centros industriales. Estas consideraciones no molestan en absoluto a Posadas. El procede como toda cabeza de una secta: hace miles de planes, compone sistemas enteros, complicadísimos castillos de arena; pero nada trasciende jamás los confines de su cráneo. ¡Y todo esto es hecho “en nombre” del marxismo!

[21] En Revista Marxista Latinoamericana, No. 11-12, págs. 153-154, vemos que los cuadros posadistas son tratados de igual manera que los burós políticos: “El documento a que se refiere el camarada Posadas fue presentado en una conferencia del POR (trotskista), sección brasileña de la IV Internacional, por un grupo de cinco camaradas, sin discusión previa. Ese documento gráfico defendía una concepción democrática de organización del Partido y atacaba la forma de funcionamiento centralizada [léase burocratizada] de la Internacional. El documento fue rechazado por la Conferencia [léase Posadas], que resolvió retirarlo de la circulación y que se disolviese [¡!] el grupo de sus autores. Esta resolución fue aplicada inmediatamente.” ¡Ay de los vencidos!

[22] En Sobre la revolución socialista en Cuba, son incluidos dos documentos sobre el desarrollo revolucionario cubano en 1934, aparecidos en la revista Comunismo, de la Sección Española de la Oposición Comunista Internacional. Según la presentación, dichos documentos fueron escritos por Posadas. Claro está que tales documentos presentan posiciones marxistas, en contraste a las banalidades de Posadas incluidas en la primera parte del libro. Lo extraño es que Posadas diga que él escribió dichos documentos, cuando nada hay que así lo pruebe. Camaradas españoles ahora en exilio, y que formaban parte de la sección española sabiendo más que nadie quién era y no era, dudan seriamente que Posadas haya escrito en la revista Comunismo.

La discusión acerca de Cuba dentro de la TR

Apuntes sobre la discusión acerca de Cuba dentro de la Tendencia Revolucionaria

por James Robertson

30 de abril de 1963

(Resumen de los comentarios hechos en la discusión oral. Versión corregida para ser usada en la clase sobre “La cuestión rusa―de Octubre a Cuba”, 24 de noviembre de 1964. Originalmente publicado en Marxist Bulletin 8. Esta versión fue impresa en Cuadernos Marxistas No.2.

(1) El florecimiento desde 1943 de toda una serie de estados anticapitalistas en varias de las zonas más atrasadas del mundo ha clavado al movimiento trotskista en la cruz de varios dilemas. El callejón sin salida teórico y la crisis política para el movimiento nacen de la ausencia aparente tanto de una base proletaria como de una dirección bolchevique de las guerras civiles revolucionarias llevadas a cabo en Yugoeslavia, China, Indochina y Cuba. Consideración aparte merece la Revolución Cubana, cuya dirección victoriosa no fue estalinista en sus orígenes.

Los trotskistas han reaccionado de cuatro maneras diferentes al medir el desarrollo de estos veinte años y adjudicarle signos negativos o positivos desde el punto de vista de la vía al socialismo: (1) Algunos, como actualmente Swabeck [del SWP] sobre China, han llegado a convencerse de que las revoluciones en cuestión son claramente proletarias y, con una dirección marxista-leninista a juego. Esta posición se elimina a sí misma continuamente a causa de la defección del movimiento de los que la apoyan y en realidad no es más que un claro rechazo de la auténtica lucha revolucionaria de la clase obrera de la que el trotskismo no representa más que el firme programa en su profundidad histórica; (2) La mayoría del SWP y los pablistas europeos han llegado, en general, y sin tomar en cuenta ciertas pretensiones formalistas hacia lo contrario, a ver estas revoluciones como básicamente sanas, pero atribuyendo la responsabilidad de los fallos presentes a los lideratos que son insuficientes, inconscientes, o no existen. (Una vez que los que defienden ese punto de vista se dan cuenta de que estos lideratos se han vuelto suficientes, conscientes y existentes, el centrismo se convierte en un revisionismo galopante abandonando rápidamente el terreno del pretendido trotskismo.) (3) Aquellos que mantienen el punto de vista expresado en estas notas ven estas revoluciones como fundamentalmente defectuosas, limitadas, y aún más, con lideratos a juego; (4) Finalmente aquellos que comparten la opinión de la SLL como está expresada en “Trotskyism Betrayed” [“Trotskismo Traído”] dan lugar a un punto de vista que en gran parte o bien niega que se ha producido en absoluto una revolución social, sólida o defectuosa, y correspondientemente que los líderes son capitalistas bonapartistas; o bien dejan sin explicación la transformación fundamental ya admitida, como en el caso de China.

Varios comentarios sobre este panorama de opiniones son evidentes. (a) La simetría entre las posiciones de Swabeck y nuestras surge de que ambos vemos las revoluciones y sus direcciones en consonancia una con otra. (b) La base para una posición común entre nosotros y aquellos como la SLL existen en esta coyuntura porque los mismos puntos programáticos se deducen de cada punto de vista. (c) La posición del grupo francés del CI está a caballo de los dos últimos puntos de vista básicos ― de ahí la vaguedad de estados “capitalistas fantasmas” o “transicionales”.

(2) Más específicamente, la posición de los miembros franceses del CI padece de la debilidad central de que la Revolución Cubana es para ellos análoga a la experiencia dé España en los años 30 en la cual las fuerzas estalinistas apuntalaron al “gobierno leal” ―un régimen capitalista sin substancia― frente a una revolución proletaria en auge y aplastaron esta revolución por medio de la represión y el terror. Esta analogía no es simplemente defectuosa ―resalta exactamente lo que no es común a España y Cuba― ¡una verdadera revolución obrera!

Aún más, los camaradas franceses niegan a lo largo y a lo ancho el significado y la aplicabilidad de todos los elementos de la situación cubana que pudieran haber conducido a una ruptura fundamental y decisiva con el capitalismo nativo y mundial. Pero la profundidad y el alcance de estas negaciones son demasiado grandes. La Revolución China, verdaderamente análoga a la cubana, entra también dentro de esta negación. Así esta interpretación abarca demasiado; esto es, no refleja adecuadamente la verdadera estructura de la realidad.

La expresión “asimilación estructural” y las nebulosas pero “mágicas” cualidades que se le atribuyen por algunos trotskistas no tienen nada que ver con la discusión sobre Cuba. La expresión fue, para el movimiento trotskista, una manera de convencerse a sí mismo de que, después de la victoria del ejército soviético en Europa Oriental, el Kremlin en ciertos casos fue en verdad lo suficientemente contrario al capitalismo como para consolidar su poder económico y estatal en la estela de su conquista militar. Lo que estamos discutiendo ahora es la creación de aquellos estados que han aparecido esencialmente con independencia de la influencia inmediata o directa de la Unión Soviética.

(3) Toda la estructura del punto de vista teórico de los miembros franceses del CI proviene de la premisa inicial, que se considera axiomática, de que cualquier tipo de estado obrero debe originarse en una revolución obrera.

De ahí que (a) la naturaleza de clase del estado que surgió de la Revolución Cubana no viene determinada por sucesos internos ―y lo mismo para China, Yugoslavia, Indochina― ya que evidentemente la clase obrera no estuvo esencialmente envuelta en los procesos revolucionarios domésticos.

Y (b) “la asimilación estructural” es la manera en que les ha sido transmitida a estos estados la cualidad de estado obrero nacida de la única revolución obrera aún en existencia, el Octubre Ruso de hace 45 años.

Y (c) la prueba de que “la asimilación estructural” es el eslabón decisivo en el cambio de carácter de clase de estos nuevos regímenes es el hecho de que se han vuelto en todos los aspectos idénticos en esencia a la Unión Soviética, y por lo tanto deben haber sido “asimilados estructuralmente”.

Y como observación al margen, (d) se dice que hay estados capitalistas (Birmania, Egipto, etc.) que tienen una estructura económica formal casi igual a la de los regímenes anticapitalistas en formación, pero a los que les falta el vital compartir en el “bien original” ruso y por tanto no pueden transcender el capitalismo de estado.

Es triste decir que este ejemplo de puro escolasticismo es el núcleo central de una visión teórica tal. Una manera crítica de exponer su contenido es sugerir que desdé este punto de vista ¡“el carácter de clase de un estado viene dado por su política exterior”!

(4) En la presente discusión hemos propuesto basar nuestra posición sobre nuestro “Resolución preliminar sobre la revolución cubana”, un documento de tres páginas del YSA impreso en Young Socialist Forum No. 15, diciembre de 1961 [ver “La Revolución Cubana” por Shane Mage en la p.18 del presente cuaderno]. La crítica más seria a este documento proviene precisamente de que es excelente en muchos puntos. Tal como se presenta, la resolución sólo tiene sentido en el contexto de que ve a Cuba como un estado obrero deformado; pero sin embargó, esta caracterización no se expresa abiertamente. Con el paso de otro año y medio ¡ya va siendo hora de expresarla! Por ejemplo, todos los defectos y debilidades de la Revolución Cubana tal como se citan en la resolución y todas las medidas y demandas propuestas para combatirlos son consistentes solamente con una visión de Cuba como una variedad de estado obrero deformado. ¡En la Resolución Preliminar no se sugiere en ningún momento que todavía se necesite eliminar el capitalismo de Cuba! (Exceptuando esa consideración básica común a todo el bloque soviético de que una capa dirigente burocrática es en sí misma un reflejo del imperialismo capitalista en el mundo.)

(5) No hay necesidad entre aquellos que defienden el concepto de estado obrero deformado de ser excesivamente modestos en la defensa de esta posición. A veces nos encontramos con que existe la impresión de que esta opinión es quizá la mejor ― pero la mejor de entre muchas malas. Esencialmente esta censura proviene de la circunstancia de que esta teoría explica sucesos profundamente desagradables para los genuinos trotskistas ―direcciones no proletarias y bases en luchas de masas― y parte de estos sentimientos son contagiosas. Pero las insatisfacciones y las ambigüedades se centran en las realidades del intervalo desde la Segunda Guerra Mundial, no en una interpretación teórica y guía para la acción adecuadas ahora. La teoría tiene los necesarios valores de ser sencillahasta el punto en que la realidad permite, de ser capaz de predecir (así el conocer cómo el movimiento debe intervenir en situaciones coloniales para destruir las formaciones militares basadas en los campesinos por un proceso de polarización a través de la actividad de la clase obrera y en oposición directa a ellas, por ejemplo en la sección 13 del documento de la mayoría del SWP “For the Early Reunification of the Fourth International” [“Por la Rápida Reunificación de la Cuarta Internacional”]); y de ser un afilado instrumento para el análisis histórico, por ejemplo cuando reconoce los puntos decisivos en la cronología de la degeneración de la Revolución Rusa, o sea, haciendo hincapié en el punto central al final del año 1923 de quién gobernaba, para qué y cómo.

(6) El mejor y más completo documento de que disponemos que analice la Revolución Cubana como un fenómeno conducente a un estado obrero deformado es el borrador de Wohlforth de julio de 1961, “Cuba y los estados obreros deformados” [ver p. 9 del presente cuaderno].

Este documento se divide en seis secciones:

1. Su método y el nuestro.

2. La evolución de Cuba.

3. Estados obreros y estados obreros deformados.

4. El estado en transición.

5. El papel de la clase obrera.

6. La revolución política.

De los temas tratados en estas secciones, hay dos puntos sobre los cuales se deben tener ciertas reservas. La sección 4, “El estado en transición”, tiene a todo lo largo una cualidad bastante superficial. En ciertos momentos Wohlforth se vio reducido a buscar refugio en una dudosa “dialéctica” para escaparse de ciertas dificultades en sus explicaciones. Estas dificultades habían surgido por no haber prestado suficiente atención a la historia y la naturaleza de los nuevos estados victoriosos, geográficamente separados, que habían triunfado en situaciones de doble poder, o sea, guerras civiles.

En la sección 6, “La revolución política en Cuba” se pide “que nosotros preconicemos una revolución política en Cuba”. Sin embargo, se afirma que es una “revolución política que se podría consumar sin organizar “una insurrección armada”; así, según él, todavía hay esperanza de “una revolución política no violenta”. Especialmente en lo referente a Cuba esta posición táctica embrolla las cosas. Las razones para la adopción de esta posición parecen provenir en gran medida de dudosas definiciones formales que contrastan a Cuba con la Unión Soviética de antes de 1933.

No se debe permitir que esta crítica obscurezca lo que es generalmente correcto y claro en este documento que presenta sistemáticamente el concepto de la Cuba contemporánea como un estado obrero deformado.

(7) La delineación de un enfoque más estudiado dé la revolución política en Cuba y un resumen útil para el conjunto de estas notas se encuentran en la carta del 24 de febrero de 1963 de J. Robertson a D. Martin, en la que se propone formalmente abrir una discusión de toda la tendencia sobre la cuestión de Cuba en preparación para la convención del Partido:

“Como probablemente sabes, mantengo que Cuba es un ‘estado obrero deformado’, que yo expreso más precisamente como ‘un estado obrero de segunda categoría’, o para decirlo más empíricamente, como ‘un estado resultante del mismo tipo de proceso revolucionario que triunfó en Yugoeslavia y China’. Aún más, creo que al programa de la revolución política en Cuba debería dársele una formulación transicional (por ejemplo, ‘Hacer a los ministros del gobierno responsables ante, y revocables por organizaciones democráticas de obreros y campesinos’). No sólo ha nacido el régimen cubano de una revolución como la de China y Yugoeslavia (y diferente de la Rusia de Stalin que fue creada por una contrarrevolución política), sino que además en Cuba la falta de un partido burocrático y de un sistema de gobierno formados previamente, o sea, una práctica estalinista en plena marcha, hizo posible que, el innegable gobierno desde arriba fuera inicialmente más ‘abierto’. Aunque esta ventaja para la intervención proletaria es, o mejor dicho fue, transitoria, no se debe simplemente olvidar sino que se debe poner a prueba mediante la agitación práctica como los trotskistas cubanos del BLA estaban haciendo en su periódico antes de que fuera cerrado.”

(8) Por lo tanto mantengo que la Tendencia Revolucionaria debe adoptar la línea general del punto de vista desarrollado en “Cuba y los estados obreros deformados”.

Declaración de los Comunistas Internacionalistas de Buchenwald

Declaración de los comunistas internacionalistas de Buchenwald (IVº Internacional)

[Declaración de la célula trotskista del campo de exterminio nazi de Buchenwald, 20 de abril de 1945. Copiado dehttp://grupgerminal.org/?q=node/352 ]      

1. La situación internacional del capitalismo

Al acabar la Segunda Guerra Mundial, Italia, Alemania y Japón han perdido su posición como grandes potencias imperialistas, mientras que Francia ha sido vapuleada gravemente.

Las contradicciones y los conflictos imperialistas entre los EE.UU y Gran Bretaña dominan las zonas tempestuosas de la política imperialista mundial. Desde el principio de esta Guerra Mundial, Rusia salió de su aislamiento y se encuentra actualmente ante el problema de realizar política y militarmente sus éxitos militares contra las aspiraciones de las potencias imperialistas victoriosas. China, a pesar de sus grandes esfuerzos, sigue siendo el objeto de las grandes potencias imperialistas, lo que es una consecuencia necesaria de la victoria de la burguesía china sobre el proletariado chino.

La unanimidad afirmada concluyentemente en las conferencias imperialistas internacionales de paz debe ocultar a las masas las contradicciones inmanentes de las potencias capitalistas. Los intereses militares concordantes contra Alemania no pueden, sin embargo, impedir el estallido de las contradicciones en el campo aliado. A estas contradicciones se añaden las crisis inevitables y las convulsiones sociales del modo de producción capitalista en declive. Un análisis exacto de la situación internacional que aplique los métodos del marxismoleninismo es la condición indispensable para una política revolucionaria que corone con éxito.

2. La situación internacional de la clase obrera

Esta evolución da al proletariado alemán la posibilidad de levantarse a corto plazo de su derrota más profunda y de ponerse de nuevo a la cabeza del proletariado europeo en la lucha por derribar el capitalismo. La revolución rusa, aislada por el fracaso de la revolución en Europa, tomó una evolución que la alejó cada vez más de los intereses del proletariado europeo e internacional. La política del “socialismo en un único país” representó en primer lugar únicamente los intereses de la casta burocrática dominante y conduce actualmente el Estado ruso a una política de nacionalismo mano a mano con las potencias imperialistas. Cualquiera que sea la evolución en Rusia, el proletariado internacional debe liberarse de toda ilusión relativa a este Estado y llegar por un análisis marxista claro a la constatación de que la casta de burócratas y militares actualmente en el poder defiende exclusivamente sus propios intereses y que la revolución internacional debe renunciar a todo apoyo por parte de este Gobierno.

El completo derrumbe militar, político y económico de la burguesía alemana abre para el proletariado alemán la vía de su liberación. Para impedir el renacimiento de la burguesía alemán favorecido por las contradicciones imperialistas, la clase obrera debe llevar su lucha revolucionaria en cada país contra su propia burguesía. La clase obrera ha sido privada de su dirección revolucionaria por la política de las dos organizaciones obreras internacionales que han combatido activamente y saboteado la revolución proletaria; ellas solas hubieran podido impedir esta guerra. La II Internacional es un instrumento de la burguesía. La III Internacional se convirtió, desde la muerte de Lenin, en una agencia de la política exterior de la burocracia rusa. Ambas han participado activamente en la preparación y la dirección de esta guerra imperialista por lo que son corresponsables de ella. Aquellos que quieren hacer responsable o corresponsable de esta guerra a la clase obrera simplemente siguen sirviendo a la burguesía.

El proletariado sólo puede realizar su tarea histórica bajo la dirección de un nuevo partido mundial revolucionario. La construcción de este partido es la tarea inmediata de todos los elementos más avanzados de la clase obrera. En la lucha contra el capitalismo y sus agentes reformistas y estalinistas, algunos cuadros revolucionarios internacionales ya se han reunido para la construcción de este partido mundial. Para realizar esta tarea difícil, no es posible una vuelta a la consigna conciliadora por una nueva Internacional 2 ½ . Tal formación intermedia impide la clarificación ideológica necesaria y frena la eficacia revolucionaria.

3. ¡Más que nunca un 9 de noviembre de 1918!

En el período prerrevolucionario inminente, hay que movilizar a las masas trabajadoras en la lucha contra la burguesía y preparar la construcción de una nueva Internacional revolucionaria que realizará la unión de la clase obrera en la acción revolucionaria.

Todas las teorías e ilusiones relativas a un “Estado popular”, “Democracia popular”, ha conducido a la clase obrera durante las luchas de clases bajo la sociedad capitalista a las derrotas más sangrientas. Sólo la lucha intransigente contra el Estado capitalista hasta su destrucción y la instauración del Estado de los consejos obreros y campesinos puede impedir otras derrotas. La burguesía y la pequeña burguesía desarraigada llevaron el fascismo al poder. El fascismo es una creación del capitalismo. Sólo la acción independiente y victoriosa de la clase obrera contra el capitalismo puede destruir el mal del fascismo con sus raíces. En esta lucha, la pequeña burguesía vacilante seguirá al proletariado revolucionario en su empuje, como la historia de las grandes revoluciones nos lo ha enseñado.

Para vencer en las luchas de clases por venir, la clase obrera alemana debe luchar por la realización de las siguientes reivindicaciones:

¡Libertad de organización, reunión y prensa!

¡Libertad de asociación y restablecimiento inmediato de todas las conquistas sociales de antes de 1933!

¡Supresión completa de todas las organizaciones fascistas! ¡Utilización de sus fortunas en favor de las víctimas del fascismo! ¡Todos los representantes del Estado fascista deben ser juzgados por tribunales populares libremente elegidos!

¡Disolución del Wehrmacht (Ejército alemán) y su sustitución por milicias obreras!

¡Elecciones inmediatas y libres de consejos obreros y campesinos en toda Alemania y convocatoria de un congreso general de los consejos!

¡Hay que mantener y ampliar los consejos mientras se utilizan todas las instituciones parlamentarias de la burguesía para la propaganda revolucionaria!

¡Expropiación de los bancos, de la industria pesada y los propietarios latifundistas! ¡Control de la producción por los sindicatos y los consejos obreros!

¡Ni un hombre, ni una moneda para las deudas de guerra y reparaciones de la burguesía! ¡Que pague la burguesía!

¡Por la revolución socialista en toda Alemania, contra la desmembración de Alemania!

¡Fraternización revolucionaria con los proletarios de los ejércitos de ocupación! ¡Por la Alemania de los consejos en una Europa de los consejos! ¡Por la revolución proletaria mundial!

Los comunistas internacionalistas de Buchenwald (IV° Internacional),

el 20 de abril de 1945

Las Tareas en Alemania

Revolución democrática nacional o revolución proletaria: las tareas en Alemania

por Ted Grant

[Copiado de OBRAS COMPLETAS DE TED GRANT · VOLUMEN I. Impreso por primera vez en Workers’ International News, Enero de 1947.]

Los compañeros del IKD (sección de los trotskistas alemanes emigrados) han respondido a nuestra crítica de susTres tesis con un artículo titulado Dos balances, publicado en octubre de 1946 en Workers Internacional News.

Aunque, aparentemente corrigen ciertos errores, a saber: su pretensión de que ‘la opresión nacional ha continuado y que sólo han cambiado los uniformes de los opresores’, en cambio, refuerzan su corrección esencial que está incluida en la afirmación de que en Europa no nos enfrentamos, y aparentemente no lo es, a una revolución proletaria, sino a guerras de liberación nacional y a una revolución ‘que básicamente equivale a una revolución democrática’. Ignorando la cuestión principal, el carácter de clase de la revolución, sarcásticamente repiten que la revolución proletaria, que ha sido anticipada con confianza por la Cuarta internacional, no se ha materializado.

Es cierto que no se ha materializado. Pero puede y debe ser necesaria una discusión instructiva sobre las razones del fracaso del proletariado en la toma del poder durante la primera ola revolucionaria que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no invalida la actitud marxista ortodoxa hacia la lucha de clases en Europa hoy, como tampoco lo hizo el fracaso similar del proletariado en la conquista del poder en otros lugares aparte de Rusia después de la Primera Guerra Mundial. Lenin y Trotsky explicaron este fracaso por la traición de la Segunda Internacional, es decir, de la socialdemocracia.

Hoy, las masas son engañadas por dos ‘internacionales’ traidoras, la reformista y la estalinista, esta última con una autoridad mucho más formidable usurpada de la Revolución de Octubre, con una base más fuerte que la que ha tenido jamás la socialdemocracia. Este factor pone unas dificultades excepcionales en el camino del proletariado. Los estalinistas, por el momento, han conseguido con éxito desviar el movimiento de masas de la revolución proletaria hacia los canales de la ‘revolución popular’, es decir, hacia los canales de la democracia burguesa, como hicieron los socialdemócratas tras la última guerra.

Nuestros compañeros alemanes del IKD deberían recordar la experiencia de Weimar. Si cualquier pequeñoburgués escéptico reprochara con desprecio a Lenin y Trotsky por lo dicho en 1920 y preguntara donde estaba la prometida revolución en Europa, habrían recibido una respuesta apropiada pero difícilmente amable. Nuestra respuesta no puede ser diferente. La tesis básica del IKD, que nuestros compañeros mantienen sin ningún intento real de defenderse contra las críticas, es que el “retroceso” capitalista hace necesario en Europa dar un rodeo por lo que ellos definen como lo ‘que básicamente equivale a una revolución democrática’.

Como base de esto citaremos otra vez el original de Tres tesis:

“Las prisiones, los nuevos guetos, el trabajo forzoso e incluso los campos de concentración y de prisioneros de guerra, no son sólo establecimientos político-militares transicionales, sino que son formas de una nueva explotación económica que acompaña el desarrollo hacia un Estado esclavista moderno y tiene la intención de ser el destino permanente de un porcentaje considerable de la humanidad moderna”.

Esta valoración impresionista, escrita en el punto álgido de la guerra, está siendo refutada por los acontecimientos.

Esta teoría del “retroceso” capitalista se desarrolló aún más sobre la base del surgimiento temporal durante la guerra de pequeñas fábricas, lo que demuestra un regreso al ‘Estado esclavista’, a la Edad Media y al amanecer del capitalismo. Las características temporales provocadas por las necesidades de la guerra se transforman de este modo en características permanentes de la época actual. Arrojando por la borda la teoría marxista de la concentración de la gran industria a expensas de la pequeña, de la sustitución de mano de obra por maquinaria y el desarrollo del trabajador ‘libre’ a expensas del trabajador siervo y esclavo del pasado.

La sabiduría política de los compañeros del IKD se resume de la siguiente manera:

“A diferencia del uso de maquinaria complicada y a diferencia de la concentración y sobredesarrollo de una industria adaptada sólo para propósitos bélicos, existe el trabajo forzoso, es decir, el uso en masa de trabajo manual que es más barato que el trabajo mecanizado, la fundación y extensión de formas pequeñas y medianas debido a la escasez de bienes de consumo, la restauración del trabajo manual, la disipación y la ruina del sistema monetario… La situación política en estos países sistemáticamente explotados (bajo el dominio nazi) se caracterizaba sobre todo por la destrucción de los partidos obreros y burgueses no fascistas.

“Paso a paso los sindicatos, las sociedades políticas y culturales de todo tipo, las organizaciones religiosas, etc., están siendo liquidadas de acuerdo con el modelo alemán, cambiadas o de alguna manera puestas bajo el control directo fascista. Con ciertas excepciones, donde este proceso todavía no se ha completado, ya no existen movimientos burgueses tradicionales independientes ni movimientos políticos proletarios o de trabajadores, en estos países (especialmente en Polonia y Checoslovaquia) incluso ‘la burguesía nacional cada vez está más aplastada por métodos como la ‘arianización’, las ventas forzosas y la expulsión directa.

“Todo lo que hoy queda de los antiguos ‘movimientos’ organizados no es nada excepto círculos ilegales que tienen poca conexión entre sí y que de ninguna manera pueden actuar como una entidad… Como si fueran empujados hasta ese límite que los acerca diariamente por este enemigo, los iguala y todos toman una dirección que se podría describir sólo como de ‘empuje por la libertad nacional’. En unos cuantos países (Yugoslavia, Checoslovaquia, en parte de Polonia, etc.,) este empuje ha cruzado el límite y se ha convertido en un movimiento popular real. En él participan todas las clases y estratos de los trabajadores, asalariados, campesinos, pequeña burguesía urbana (comerciantes y artesanos, es decir, junto con los campesinos, aquellas clases que a pesar de su gran número son remanentes de los modos precapitalistas de producción), funcionarios, sacerdotes, intelectuales y generales.

“Si en la Europa dominada por Alemania no existe desde hace tiempo un movimiento obrero activo y organizado, e incluso las organizaciones burguesas están descolocadas, tampoco se puede hablar de la existencia de verdaderas organizaciones revolucionarias, en cuanto se entienden como estructuras unidas que, incluso ilegales, estarían dispuestas y serían capaces de influir en el proceso por medio, al menos, de la agitación y la propaganda correctas… Sin embargo se ve, la transición del fascismo al socialismo sigue siendo una utopía sin una etapa intermedia, que básicamente es equivalente a una revolución democrática”

(Tres Tesis).

Con pequeños cambios, Dimitrov y Stalin podrían haber subscrito este análisis. ¡Así que el movimiento obrero todavía no existe! Todo lo contrario, el movimiento obrero en Europa Occidental lejos de haber sido destruido ha salido de la guerra más fuerte que como entró. Es verdad que los seguidores de Tres Tesis han intentado sortear esta pequeña dificultad sentenciando que, como el movimiento obrero no está dirigido por marxistas, entonces no es un movimiento de los trabajadores. Pero si este fuera el caso entonces no habría existido movimiento obrero en Europa desde 1923.

¡Decir a los trabajadores de Francia que sus sindicatos y partidos políticos no constituyen un movimiento de trabajadores provocaría la respuesta que se merece! Por supuesto, el IKD ha descubierto esta formulación recientemente. Antes del resurgimiento del movimiento obrero en Europa Occidental, describían al Partido Laborista británico y al movimiento sindical como el único movimiento de trabajadores que quedaba en Europa. El Partido Laborista británico difícilmente puede ser descrito como “marxista” o consciente de la misión histórica del proletariado.

El resurgimiento del movimiento obrero en todos los países de Europa revela que toda la teoría del “retroceso” incluida en Tres Tesis estaba básicamente equivocada. Debajo de la cobertura totalitaria del fascismo la lucha de clases continuaba en ebullición. Si se hubiera realizado la revolución socialista sólo podría haber estado dirigida por la clase obrera como clase, al frente de las masas de la población luchando contra la opresión extranjera y sus agencias nacionales en el interior, es decir, la burguesía nacional y sus apéndices.

El proletariado puede ser arrastrado tras la cola de la burguesía por “el movimiento popular de todos” (como hizo sistemáticamente el estalinismo en Europa Occidental), o se puede ganar a la masa de la pequeña burguesía para el programa de la revolución proletaria sobre la base de una política proletaria revolucionaria. No existía camino intermedio. O con la burguesía o con el proletariado. Esa es la única alternativa en la época actual.

Nosotros preguntamos a los compañeros del IKD después de reflexionar sobre el desarrollo de Europa desde la caída de los nazis ¿qué ha surgido? No un movimiento popular de todas las clases, sino una división de alineamientos políticos de acuerdo con la división básica de clases en la sociedad; una polarización donde los partidos de la clase obrera están a un lado y la reacción al otro, con la pequeña burguesía inquieta se equilibra en el “centro” con partidos demócrata cristianos, una situación que no puede mantener de manera indefinida. O gira a la derecha en una reacción neofascista o será ganada para la revolución proletaria bajo la dirección del proletariado.

EL PAPEL DEL EAM EN GRECIA

Los compañeros del IKD en Dos Balances dicen lo siguiente: “Los errores, si no son analizados francamente y corregidos, por necesidad se repiten y se agravan con la repetición. Así lo atestiguan la sección británica y la lucha en Grecia. Esto se produce después de que el PCR elaborara una resolución sobre la cuestión nacional, en el punto 5 de la misma afirma que ‘todos los movimientos de resistencia nacional son agencias de uno u otro grupo de potencias imperialistas’.

“Esto también se aplica al EAM (Frente Nacional de Liberación), por tanto, el PCR tendría que haber elaborado con Churchill su posición contra el EAM, ya que él estaba tan ciego que no podía saber que era su propia agencia. Pero no lo hizo y Socialist Appeal apareció apoyando plenamente al EAM, claro que difícilmente podía ser de otra manera. Pero ¿qué pasa con la resolución que habían aprobado cuando se enfrentó a la realidad? ¿Fue revisada? No, la que sufrió la revisión fue la realidad. La rebelión en Grecia fue ascendida al rango de revolución proletaria. Este valioso apoyo, desgraciadamente, no pudo impedir la derrota de la rebelión, en la que, una vez más sin ningún análisis, se descubrió que el EAM después de todo era sólo un movimiento de resistencia, y Grecia es presentada como un ejemplo de los resultados devastadores que puede tener apoyar a un movimiento nacional.

Aunque lo que aquí se ‘apoya’, ignorando hasta donde ha llegado la insurrección y después siendo aclamada como una revolución proletaria, es ciertamente correcto”.

En la cita anterior, la posición del PCR es algo distorsionada por los compañeros del IKD. Para dar una imagen clara de la actitud del PCR hacia el movimiento de resistencia, permitirnos citar los párrafos más relevantes de la resolución sobre la cuestión nacional en Europa:

“1. El Partido Comunista Revolucionario condena y lucha contra la opresión nacional de una nación por otra, apoya el derecho de total autodeterminación y secesión política de todo pueblo oprimido a escala nacional.

“2. En la época del imperialismo y su fase actual de guerra imperialista, todas las condiciones objetivas exigidas para una genuina lucha de liberación nacional deben estar vinculadas al programa de la revolución socialista y la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa”.

Al mismo tiempo que condena la opresión nazi, la resolución igualmente condena la opresión nacional realizada por los Aliados y define de la siguiente manera la actitud de los revolucionarios ante los movimientos de resistencia:

“4. El papel de las clases dominantes europeas es evidente. Colaboraron como clase con el opresor extranjero nazi y ahora buscan jugar el mismo papel como agentes de los vencedores militares, el imperialismo anglo-estadounidense y el Kremlin. Sin el apoyo activo del stalinismo y la socialdemocracia, los capitalistas habrían perdido hace tiempo todo atisbo de apoyo entre los trabajadores y campesinos. Subordinando la clase obrera y sus organizaciones a la dirección de la burguesía y al programa del imperialismo anglo-estadounidense y el estalinismo, los partidos socialdemócratas y estalinistas juegan un papel contrarrevolucionario. El deber de los revolucionarios, al mismo tiempo que en todas las etapas de la lucha intentan ganar a la base para la bandera del trotskismo, es oponerse y desenmascarar el papel de estos partidos y sus organizaciones auxiliares.

“5. A pesar del apoyo indudable de muchos miles de los mejores combatientes proletarios que ven en los movimientos de resistencia no un instrumento para la sustitución de un maestro por otro, sino más bien el instrumento para el derrocamiento del capitalismo y la emancipación de la clase obrera, estos movimientos de resistencia nacional en Europa hoy son agencias de uno u otro grupo de potencias imperialistas. Como movimientos son incapaces de luchar genuinamente por la libertad nacional”.

Esa caracterización pasa la prueba de los acontecimientos y no necesita rectificación. Es claramente aplicable también al EAM. Durante la guerra imperialista el EAM estuvo al lado del imperialismo anglo-estadounidense frente al imperialismo alemán. El PCR no adopta una posición ultraizquierdista en la cuestión de la liberación nacional. Defiende por los cuatro costados la liberación nacional de los pueblos de Europa para liberarse del grillete del imperialismo alemán. Pero no nos equivocamos al advertir que la dirección del EAM y otros movimientos de resistencia eran agentes del imperialismo.

Nuestras advertencias fueron confirmadas por los acontecimientos. El EAM hizo lo que pudo para llegar a un compromiso con el imperialismo e intentó desarmar a la clase obrera frente a la reacción fascista-monárquica y sus partidarios imperialistas. Si el EAM entró en conflicto con Churchill y los imperialistas fue consecuencia del temor de estos últimos a que el EAM no fuera capaz de ser un instrumento fiable para impedir la revolución socialista, y que a través del EAM, Grecia pudiera caer bajo el dominio de Stalin y, de este modo, poner fin a su control de la península balcánica.

La burla sobre Churchill: ‘estaba tan ciego que no podía saber que era su propia agencia’, se corresponde con el nivel de los demás argumentos. A ellos se les podría preguntar: ¿Por qué los trotskistas apoyaron a la república española frente a Franco, una república que diseñaron como agencia del imperialismo anglo-francés y el estalinismo? ¿O por casualidad ahora los compañeros niegan esto y en retrospectiva descubren que en España lo que teníamos también era un ‘movimiento popular’?

Esta caracterización no evitó que los trotskistas describieran los acontecimientos en España como un intento de revolución proletaria por parte de las masas, a pesar del contenido que dieron la burguesía y los estalinistas. El movimiento en España era una revolución proletaria que fue desviada hacia un ‘movimiento democrático popular burgués’ contra el fascismo, en una alianza con la ‘sombra de la burguesía’ mientras que la propia burguesía estaba al lado de Franco.

Así ocurrió también con el EAM en Grecia. Las masas apoyaban al EAM. La burguesía estaba con Churchill mientras que la ‘sombra de la burguesía’ estaba unida a la dirección estalinista y, de este modo, distorsionó el movimiento de masas hacia una dirección burguesa. A pesar del intento estalinista de ‘unidad nacional’, la lucha de clases estalló a través del ‘movimiento popular nacional’ Esto llevó a una guerra civil dentro del movimiento de resistencia entre el ala campesina pobre y proletaria y el ala burguesa, incluso mientras Grecia estaba aún bajo el dominio de los nazis.

Después de la llamada “liberación”, de facto, el poder pasó a manos de la clase obrera, como en España tras la insurrección de los trabajadores en Barcelona, Valencia y Madrid en los primeros días de la sublevación militar. La dirección del EAM frustró el movimiento de masas, renunció a las armas e intentó llegar a un acuerdo con los imperialistas. A pesar de sus intentos de capitulación ante los imperialistas, la guerra civil estalló debido al movimiento de las masas. Si los miembros del IKD niegan que la rebelión en Grecia fuera un intento de tomar el poder por parte del proletariado, ¿entonces cómo caracterizan este movimiento? ¿Un ‘movimiento popular’?

La rebelión comenzó como un movimiento espontáneo de las masas, a pesar de todos los intentos del EAM de evitar su estallido. La chispa que encendió la mecha fue el clásico que en una atmósfera sobrecargada puede provocar una revolución. Los disparos contra una manifestación desarmada por parte de los Batallones de Seguridad monárquico-fascistas, fue similar a los disparos de las tropas del zar en la manifestación encabezada por el padre Gapón ante el Palacio de Invierno en San Petersburgo en 1905. ¿En lugar de exigir la independencia del proletariado Lenin debería haber defendido la fusión del movimiento obrero en un movimiento popular de todas las clases? Simplemente con formular la pregunta se obtiene la respuesta.

Los disparos en la Plaza de la Constitución de Atenas, como comprendió incluso el periódico burgués Times, sembraron las semillas de la guerra civil. ¿Guerra civil entre qué clases y con qué objetivos? ¿Por la “revolución popular” o por la conquista del poder por el proletariado? El EAM era un ejemplo clásico de un Frente Popular traicionando la revolución proletaria. Si hubiera triunfado el EAM, el régimen que habría surgido de esa lucha sólo podría haber sido un régimen burgués. Toda la palabrería sobre “revolución democrática”, “revolución nacional”, “movimiento popular de todas las clases”, etc., en última instancia, sólo puede ser una versión renovada del frentepopulismo.

No puede existir una “revolución democrática” suspendida en medio del aire. La “revolución popular” tiene una base de clase. Y llegamos al punto donde empezamos. ¡Definir el contenido de clase de tu revolución para saber en que punto te encuentras!

¿CUÁL ES EL OBJETIVO DE LA ‘REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA’?

Al tratar la cuestión escurridiza de la ‘revolución democrática’, que no es ni proletaria ni burguesa, el IKD intenta evadirse de la confusión inseparable que conlleva definir la cuestión de la siguiente manera:

“[Grant está] luchando contra molinos de viento. Por ejemplo, la revolución democrática que nosotros [IKD] suponemos sustituye a la revolución proletaria considerando que, en realidad, dijimos que la revolución democrática en nuestra época, ‘puede realizarse sólo con la destrucción de la estructura del capitalismo” (Dos Balances, el subrayado es nuestro).

¡Confusión tres veces maldita! Nos satisface aprender de estos compañeros que la ‘revolución popular democrática’ que ellos dicen necesaria en nuestra época no se puede conseguir mediante la democracia burguesa. Ahora‘pretenden’ que algo sustituye a la revolución proletaria. ¿Entonces qué están sustituyendo por la revolución proletaria? ¿Defienden en serio que todas las clases, incluida la burguesía oprimida en el movimiento popular, van a ‘destruir la estructura del capitalismo’?

¿Hay otra revolución, aparte de la revolución proletaria, que pueda destruir la estructura del capitalismo? Cuando los compañeros se topan con las definiciones marxistas, se puede ver cómo oscilan de un lado a otro y que susTesis no tienen ningún tipo de sentido. ¿Entonces cuál es la diferencia entre la revolución democrática y la revolución proletaria? La respuesta real es que los compañeros hablan de cosas diferentes en momentos distintos, algunas veces la identifican como revolución proletaria, otras como una nueva etapa y el resto ¡no se sabe qué!

LAS TAREAS EN ALEMANIA

Igual que ellos agrupan indiscriminadamente a las diferentes clases en Europa bajo el dominio de los nazis, ahora lo hacen también con relación a Alemania, mezclan todas las clases oprimidas por los Aliados, para unirlas en una ‘revolución democrática nacional que abarque a todas las clases’. Alemania, por supuesto, tiene que realizar una lucha de liberación nacional contra sus opresores, igual que los países oprimidos por Alemania se enfrentaron al mismo problema. Pero el punto crucial del problema está en cómo se llevará a cabo la lucha de liberación nacional.

La respuesta de la Cuarta Internacional es que la liberación nacional se puede conseguir sólo con el proletariado a la cabeza de ese movimiento. Esa debería ser la idea central que deben plantear los marxistas alemanes. Lejos de desfigurar las líneas de clase, éstas se acentuarán. Sólo con una lucha de clases clara se puede ganar a la pequeña burguesía para el programa de la revolución socialista, que está indisolublemente unida a la lucha contra los opresores aliados. Esta lucha sólo se puede realizar a través de la lucha de clases.

Pero los compañeros del IKD, una vez más utilizan formulaciones vagas, dejan la puerta bien abierta para el oportunismo más vergonzoso e incluso para la capitulación ante la reacción. Ellos dicen lo siguiente:

“A menos que la Cuarta Internacional apoye a todos los movimientos de liberación nacional de acuerdo con Tres Tesis, que debe ser el punto principal en su programa para Alemania, no será capaz de ofrecer a las masas nada más allá del programa de los reformistas, ni siquiera algo distinto a lo que representan las autoridades de la ocupación, ya que éstas han expropiado a los capitalistas alemanes (¡sin compensación!) y los ha metido además en la cárcel, sólo hace falta ver las medidas del gobierno militar británico contra los propietarios del carbón en el Ruhr…” (Dos Balances).

Los trabajadores alemanes, podemos estar seguros, no derramarán lagrimas por el destino de los barones del carbón del Ruhr, ni tampoco por el de la burguesía como un conjunto en los territorios ocupados por los rusos. Pero la reivindicación de los trotskistas alemanes en ambos lados de Alemania, debe ser la retirada de las tropas de ocupación y la administración y control de la industria alemana por parte de la clase obrera. ¿O acaso se imaginan que el problema de la economía alemana se puede separar de la cuestión de qué clase la controlará? Si es así están dando la espalda al marxismo. Sólo podremos penetrar en las filas de los socialdemócratas y los estalinistas si damos una alternativa de clase a la capitulación de sus dirigentes ante los Aliados.

La lucha para liberarse de la opresión nacional en Alemania se puede realizar siguiendo las líneas de Schlageter, el precursor reaccionario de los nazis, o se puede llevar a cabo siguiendo el método de Lenin y Trotsky, es decir, en líneas de clase. La pequeña burguesía está con la reacción burguesa o con el proletariado. En Rusia los bolcheviques realizaron una lucha despiadada contra aquellos que querían diluir la independencia de clase del proletariado en el ‘movimiento popular’ contra el zarismo. En Oriente denunciaron como la mayor de las traiciones, la subordinación del movimiento comunista al ‘movimiento popular’ burgués por la liberación nacional.

Sólo el proletariado, luchando por un programa de clase independiente, podría ganar a las masas de la pequeña burguesía para la lucha por la liberación nacional, y ésta sólo podría ser la lucha por el poder, es decir, por la dictadura del proletariado. Hay que plantear las reivindicaciones transicionales: asamblea constituyente, expulsión de las tropas ocupantes, pero éstas no deben ir separadas de la lucha por el poder. Un acontecimiento tras otro revela el modo de pensamiento pequeñoburgués e incluso el contenido reaccionario de las ideas de los compañeros del IKD.

Antes de ayer, como impresionistas, habían descartado la brújula de clase ante el espectáculo de la opresión nacional de Europa por los nazis. Después no supieron que decir con la conquista Aliada de Europa. Hoy, intentan encontrar su último escondrijo en Alemania. Pero Alemania revela de nuevo y de manera implacable que la estructura de clase de la sociedad da como resultado la división política entre las clases y, en absoluto, su unificación, incluso bajo el tacón del conquistador extranjero e incluso en un país altamente industrializado como Alemania cuya industria ha quedado parcialmente destruida.

En su actividad práctica en Alemania, los protagonistas de la posición del IKD miran hacia los estudiantes universitarios y distintas capas de la “juventud nacionalista”, sin referencia a la clase, para dirigir la ‘revolución nacional’ que, supuestamente, uniría a todas las clases en Alemania. Naturalmente, a partir de su concepción de una clase obrera destruida y, debido a ello, la incapacidad del proletariado para dotar de una dirección a la nación, vuelven la espalda a las genuinas fuerzas del renacimiento nacional alemán. Rechazan la idea de la Cuarta Internacional y se concentran en la clase obrera organizada de nuevo bajo la bandera de la socialdemocracia y el estalinismo.

Estos, según estos escépticos, representaban sólo a los “viejos” con la memoria en el pasado. La ‘juventud nacionalista’ era la fuerza que dirigiría la lucha por una “revolución democrático nacional que abarque a todos”. Se acaban de celebrar elecciones en Alemania y ¿qué han revelado? La terca división de Alemania en líneas de clase. La clase media, como en los demás países de Europa Occidental, se ha agrupado alrededor de la bandera reaccionaria de la Democracia Cristiana y, de este modo, se convierte en un contrapeso de la burguesía frente al proletariado.

Pero los trabajadores, a pesar de todo, a pesar de los pesimistas del IKD, se han aferrado tenazmente a sus tradiciones de clase y votaron a los partidos obreros. El maravilloso poder de recuperación de la clase obrera, sus aspiraciones para conseguir la revolución socialista, su instinto de clase, se pueden ver en el hecho de que a pesar de las terribles traiciones, las organizaciones obreras recibieron un porcentaje mayor de votos que antes de la llegada al poder de los nazis. No existía ningún partido revolucionario marxista alternativo, pero las elecciones demostraron precisamente las posibilidades para una genuina corriente marxista basada en un programa internacionalista de clase.

La lucha por la liberación nacional no puede impedir la inevitable diferenciación de la población en líneas de clase. Y no podría ser de otra manera. La opresión nacional no elimina la explotación de clase, sino que simplemente la agrava. La crítica revolucionaria de la política del estalinismo y la socialdemocracia y la lucha de clases realizada en las líneas tradicionales del marxismo-leninismo, ofrecen hoy mayores posibilidades para la Cuarta Internacional en Alemania. Incluso los socialdemócratas van más allá que el IKD.

Para ganar el apoyo del proletariado alemán, los dirigentes socialdemócratas están haciendo discursos pseudocentristas de izquierda. La consecuencia es el apoyo del grueso de la juventud, particularmente de la juventud de la clase obrera que se agrupa instintivamente y mira hacia la revolución socialista como la única salida. La tarea de los trotskistas alemanes será exigir que los dirigentes socialdemócratas emparejen sus palabras con los hechos. Hay, por supuesto, partidos a la derecha de los Demócrata Cristianos, jugando con la ideología del nacionalismo. En cada uno de los casos son neofascistas o representan a alguna variedad de reacción extrema.

No sin motivo Trotsky censuró a los estalinistas por su flirteo con la demagogia nacionalista y con consignas que entraban en competencia con las denuncias demagógicas de los nazis en el Tratado de Versalles. Este método no puede hacer avanzar ni un solo ápice la lucha. Sólo puede hacer el juego a la reacción. La lucha por la liberación nacional debe tener un eje de clase y no se puede separar de la revolución socialista. La pequeña burguesía no puede ser ganada para la revolución socialista con el proletariado adoptando un programa pequeñoburgués ‘democrático nacional’. Eso significaría simplemente que el proletariado se arrastraría tras los faldones de la pequeña burguesía y, de este modo, de la gran burguesía.

La pequeña burguesía sólo puede ser ganada a la lucha contra la opresión nacional bajo la bandera de la lucha contra el capitalismo. De otra manera, una vez más se convertiría en una herramienta de la reacción, en su forma más espantosa. Alemania no pasará por el “rodeo necesario” de la revolución democrática nacional en cualquiera de sus formas o maneras. Nos basamos en las tradiciones de 1918, no en las tradiciones de 1913. ¡No puede haber revolución democrática en Alemania aparte de la conseguida por los Aliados!

En realidad, la restauración de la industria en Alemania, incluso parcialmente, que han iniciado los Aliados, también servirá para que el proletariado alemán recupere su confianza, su carácter ya se ha visto en toda una serie de maravillosas protestas y huelgas dirigidas contra los “nacionalistas” (que han arrojado bombas contra el gobierno militar norteamericano) y las huelgas de protesta contra la liberación de Papen, Schacht y otros nazis. Las manifestaciones se hicieron para demostrar que el proletariado alemán no permitirá nunca más que la reacción alemana tome el poder sin una lucha feroz.

Rápida o prolongada, encabezada por reivindicaciones económicas y transicionales democráticas, por una Alemania unida o por una asamblea constituyente abarcando toda Alemania libre de ocupación Aliada, cualquiera que sean las reivindicaciones que se planteen, estas sólo son parte de la lucha por la revolución proletaria durante la cual se pueden crear sóviets y comités obreros.

Aparte de esto, sólo puede haber una contrarrevolución burguesa en forma fascista o democrática, contrarrevolución democrática que será apoyada por los estalinistas y los socialdemócratas, en unas condiciones de insurrección de masas, como los socialdemócratas lo apoyaron en 1918. Si la vanguardia del proletariado alemán aceptara la postura del IKD, el proletariado alemán caería en una trampa mortal que conllevaría nuevas desgracias y derrotas para la clase obrera.

Cacería de brujas en Alemania Federal

Secuestro Schleyer

Cacería de brujas en Alemania Federal

Traducido de Workers Vanguard No. 178, 21 de octubre de 1977. Esta versión fue impresa en Spartacist en español No. 6, julio de 1978.

Luego de los asesinatos del procurador general de la República Federal Alemana Siegfried Buback y del director del Dresdner Bank, Jürgen Ponto, los círculos gobernantes de Bonn están aprovechándose del secuestro del presidente de la asociación de fabricantes, el ex-oficial de la SS Hanns Martin Schleyer, como otro pretexto para la represión de la izquierda, así como para dictar medidas conducentes a “secar el pantano intelectual de los anarquistas: la universidad”. Con tal objeto, el gobierno ha creado un ambiente de guerra civil ―incluso con sacos de arena, alambradas y tanques de la policía fronteriza “protegiendo” los ministerios y las casas de políticos prominentes― como si se tratara de la defensa a ultranza del Palacio de Invierno o contra el asalto ruso a Berlín en 1945. Simultáneamente se intenta convencer al “Sr. ciudadano medio” de que él mismo podría ser la víctima del próximo ataque o secuestro, “igual que Schleyer”.

Mientras los propagandistas burgueses intentan inundar al país mediante la prensa escrita, la radio y la televisión con oleadas de la basura del moralismo burgués, el estado entra en acción: la mordaza parcial de las noticias sobre el secuestro de Schleyer, una forma de censura velada, no es sino el comienzo. El gobierno está preparado en efecto a declarar nulas y caducas sus propias leyes, cuando se trata de suprimir una posición a la izquierda (como dijo eufemísticamente el canciller federal Helmut Schmidt: “iremos hasta el límite de lo permitido y dictado por las normas legales”). La coalición gobernante Socialdemócrata/Demócrata Libre (SPD/FPD) intenta aumentar su popularidad presentándose como un pelo más “respetable” que las sugerencias más extremas de la oposición democristiana (CDU/CSU), cada día más descarada en sus demandas. Recientemente, la fracción de la CDU en el Bundestag (cámara baja del parlamento) introdujo una propuesta para declarar ilegales a las principales organizaciones maoístas de Alemania Federal.

A Schmidt le gusta claramente su rol de administrador de crisis “antiterrorista” (en vez de su rol de administrador de la crisis económica). Luego del secuestro de Schleyer, el estado ha prohibido todo contacto de los prisioneros pertenecientes a la Fracción Ejército Rojo (RAF ― identificada frecuentemente en la prensa burguesa como la “Banda Baader-Meinhof”) con sus abogados, y en el futuro pretende encarcelar a todo militante de izquierda sospechado de terrorista (“detención preventiva”). Ya está en discusión la detención preventiva de individuos condenados por una sola ofensa criminal y se está excluyendo a todo abogado con convicciones políticas declaradas de la defensa de prisioneros políticos de izquierda. El último éxito de la justicia de clase burguesa es la ley que prohíbe todo contacto de los prisioneros de izquierda entre sí y con el mundo exterior (abogados y parientes) a fin de aislarlos completamente. Como decía el titular del Spiegel: “El estado asume posiciones de batalla.”

La “insistencia de la ciudadanía en la seguridad corporal” (como pontificó el dirigente de la CDU Helmut Kohl ante el Bundestag el 6 de septiembre) se está cumpliendo mediante la expansión masiva de la red gubernamental de espionaje; el mejoramiento del arsenal de la policía y de la “Guardia Federal Fronteriza” (Bundesgrenzschutz), la cual lógicamente debía llamarse “Policía Federal”, ya que de otra forma toda Alemania Federal se ha convertido en una “región fronteriza”; mediante la legalización del tirar a matar; mediante centenares de Berufsverbote (las listas negras excluyen a “radicales” de puestos en la función pública); mediante la limitación drástica de los derechos de los abogados, defensores, y el fortalecimiento de las leyes de control de armas.

La burguesía está organizando su terror con la ayuda de millones de marcos y miles de policías adicionales. Por ahora el gobierno Federal ha rechazado la introducción de la pena de muerte (exigida por los demócratas cristianos). También se prescindió del uso del ejército contra los “terroristas”, pero sólo porque se consideran adecuadas la policía y la guardia fronteriza para la cacería montada contra “criminales violentos”. En todo caso, los sacos de arena y las alambradas, las metralletas y los tanques no son un signo de que Schmidt y Cía. estén temblando ante la posibilidad de un ataque feroz por el puñado de la RAF. El verdadero propósito de tal despliegue de poder de parte del aparato represivo del estado burgués es de intimidar a sus verdaderos adversarios, el proletariado y aquellos que lo puedan conducir en la lucha contra el sistema capitalista.

Hasta ahora han tenido bastante éxito en lograr sus fines. A diferencia de 1966 cuando la izquierda y los sindicatos salieron a la calle para manifestar su oposición a las “leyes de emergencia” (legislación autorizando la suspensión de los derechos constitucionales durante un “estado de emergencia”), hoy día no se encuentra ninguna movilización contra este armamento del “estado fuerte”. Por el contrario, los corpulentos burócratas sindicales colaboran celosamente con las medidas represivas de “su” gobierno, y la izquierda de Alemania Occidental se está replegando en todo el frente. Los oportunistas de la izquierda, desde la DKP (pro-Moscú) y la KPD maoísta (que condena a la RAF por ser “gánsteres”) hasta el seudotrotskista GIM (“No son sólo las ‘masas engañadas’ quienes ya no entienden lo que está pasando ― nosotros tampoco”), se arrastran ante la ira de su burguesía. También ellos han dado su visto bueno a la cacería de la RAF, o en el mejor de los casos se han negado a defender a las víctimas de esta persecución reaccionaria.

Defender a la izquierda contra la represión burguesa

La tendencia espartaquista internacional (TEI) no vacila en su posición principista de defensa de la RAF contra la furia de la represión burguesa. Mientras rechazamos resueltamente el terror individual como lo que es: la estrategia política de desesperación, y lo combatimos como una de muchas manifestaciones de la frustración pequeño burguesa resultante de la crisis internacional de dirección del proletariado, al mismo tiempo, la TEI defiende a toda la izquierda contra los ataques del estado burgués.

El secuestro de Schleyer, así como los asesinatos de Ponto y Buback, no pueden ser aprobados por los revolucionarios marxistas y militantes conscientes en los sindicatos. Dichos actos de terror individual contra representantes de la burguesía no contribuyen al derrocamiento del sistema capitalista. Por el contrario, sirven de pretexto para el inicio de ataques contra la izquierda por parte del estado capitalista, y en lugar de incitar al proletariado a la lucha militante en defensa de sus intereses de clase, la política del terror individual relega a las masas, en el mejor de los casos, al papel de meros espectadores pasivos.

Declaramos claramente que la RAF no representa los intereses históricos del proletariado, y sin embargo no negamos nuestra solidaridad con el odio del imperialismo que profesan y que les induce a golpear a ciegas. En tanto buscan eliminar la opresión social engendrada por el capitalismo, nuestras aspiraciones son similares. Pero las acciones de la RAF no están en el camino al socialismo ― están contrapuestas al camino socialista proletario.

De hecho la RAF tiene más de una característica siniestra. Aun cuando es un producto de descomposición de la Nueva Izquierda, no es simplemente una copia al carbón de los Weathermen norteamericanos, cuyos lazos políticos eran con los cubanos y los norvietnamitas. Los estalinistas cubanos y norvietnamitas, por ejempló, no toleran los secuestros de aviones. Según informes, la RAF está políticamente enlazada con los nacionalistas pequeñoburgueses del PFLP [Frente Popular por la Liberación de Palestina] y el “Ejército Rojo Japonés” cuyos métodos espantosos para resolver diferencias internas (fusilamientos y tortura hasta la muerte de disidentes) son conocidos. Si estuviera en el poder esta corriente, sin duda dejaría una estela de sangre rivalizadora con la de Idi Amin. Y en un estado obrero revolucionario, serían reprimidos por su terrorismo criminal indiscriminado contra trabajadores inocentes.

Dado el carácter nefasto del estado burgués que persigue a la RAF, y el tratamiento horrible de los supuestos miembros de la RAF encarcelados, exigimos su libertad inmediata. Pero bajo condiciones de extrema terrorización e intimidación estatal de la población, gran parte de la izquierda alemana ha caído en la doble trampa de darles la espalda o de solidarizarse políticamente con ellos. Aun cuando no podemos considerar a la RAF como nuestros camaradas, no huimos de nuestra obligación de defenderlos contra el estado capitalista.

Es repugnante ver a casi toda la izquierda abandonar cualquier vestigio de defensa de la RAF en el asunto Schleyer (quien en 1938 escribió: “Soy un antiguo nacionalsocialista y líder de la SS”). Este no es un caso de terror ciego contra personas inocentes, como en el caso de la toma de rehenes por “Septiembre Negro” en las Olimpíadas de Múnich en 1972, o el último atraco de un avión por el “Ejército Rojo Japonés”. El rapto de Schleyer, no importa cuán insensato, políticamente equivocado y contraproducente, no fue un acto de terrorismo indiscriminado contra personas inocentes que merezca la condena por toda la izquierda y que ponga en duda el carácter de clase de la RAF.

No cabe duda que las acciones de la RAF son una expresión de oposición al sistema imperialista de explotación, miseria y represión. Opinar que la “nueva” RAF no tiene nada que ver con la “antigua” (una fórmula con la que juega actualmente el seudotrotskista GIM) a causa del hecho de que últimamente la RAF apenas se expresa políticamente, es una coartada demasiado transparente para ser tomada en serio. En respuesta a la afirmación de que la RAF ya no forma parte de la izquierda, el periódico conservador Neue Zürcher Zeitung (18-19 de septiembre) anota (naturalmente con el objeto de denunciar a la izquierda, pero a pesar de todo correctamente): “¿No son ellos realmente [parte de la izquierda] aun dado su origen?… ¿Cuándo fue, la ruptura?” En realidad no ha habido ninguna ruptura, aunque la RAF perdió a su dirigente político Ulrike Meinhof (quien murió en la cárcel de Stammheim bajo circunstancias sospechosas en agosto de 1976).

La posición leninista hacia dichos actos de desesperación fue elaborada por la Internacional Comunista en 1921 en el caso de Max Hölz, quien fue condenado a cadena perpetua por los tribunales capitalistas debido a su actividad de líder de las bandas guerrilleras proletarias en Alemania Central luego de la derrota de la malhadada “Acción de Marzo”:

“La Internacional Comunista se opone al terror individual y actos de sabotaje que no sirven, en forma directa, para alcanzar objetivos de batalla en una guerra civil. Se opone a la guerra irregular llevada a cabo por bandas guerrilleras independientes de la dirección política del proletariado revolucionario. Pero la Internacional Comunista ve en Max Hölz a un rebelde valiente en lucha contra la sociedad capitalista, donde la moralidad se enseña en las penitenciarías y el orden es impuesto por los desmanes de las bestias del orden. Sus acciones fueron inadecuadas para la obtención de su objetivo: el terror blanco sólo puede ser destruido por la sublevación de las masas, las únicas capaces de realizar el triunfo del proletariado. Pero sus actos nacieron de su amor por el proletariado y su odio a la burguesía.”

No el terrorismo pequeñoburgués sino revolución proletaria

Aunque los métodos de la RAF son similares a los del anarquismo clásico, su ideología es nuevo izquierdismo fosilizado ― un conglomerado de populismo bakuninista y concepciones maoístas basado en la falta de confianza en la capacidad revolucionaria del proletariado. Su política se deriva de la doctrina de Lin Piao de rodear las ciudades (los estados imperialistas) con el campo (el “Tercer Mundo”). La RAF se considera una fuerza auxiliar a uno u otro grupo estalinista/nacionalista en lucha contra el imperialismo en el “Tercer Mundo” ― como “guerrillas urbanas” y un “destacamento partisano tras las líneas enemigas” (de una entrevista con Andreas Baader, Ulrike Meinhof, Gudrun Ensslin y Jean Carl Raspe en Der Spiegel número 4 en 1975).

La política de las guerrillas urbanas, desde los Tupamaros hasta la RAF, es substitucionista hasta la médula. Mientras proclama sus simpatías por los “desgraciados de la tierra” la RAF ve a la clase obrera de los países imperialistas como una aristocracia laboral vendida, irremediablemente atrapada en la “sociedad de consumo”. Consiguientemente sus acciones no son sino gestos moralizadores (incendio de un almacén, ataque a un club de oficiales del ejército norteamericano, secuestros, asesinatos de líderes burgueses prominentes). Por cada Buback, Ponto o Schleyer “ajusticiado”, otro tomará su lugar, sólo subirá el nivel de represión. Los leninistas, por el contrario, comprendemos que el imperialismo sólo será barrido por la clase obrera internacional bajo la dirección del partido revolucionario de vanguardia cuya actividad educa y prepara al proletariado para cumplir con su tarea histórica.

La RAF repite los errores de los populistas del Narodnaya Volya en la Rusia zarista: luchadores heroicos que buscaron derrocar al régimen de terror autocrático mediante actos de contraterror individual. Pero el punto máximo de la actividad de los narodniki ocurrió una generación antes de la aparición de un movimiento obrero organizado en Rusia, cuando las fuerzas capaces de liberar al país estaban todavía en su infancia. La RAF, en cambio, le da la espalda al poderoso movimiento obrero alemán (e internacional) porque son demasiado impacientes para participar en la lucha por educar a la clase. De esta manera rechazan toda la historia del movimiento marxista, y en particular la herencia de la Revolución de Octubre.

La izquierda alemana de rodillas ante la histeria burguesa

Durante los últimos cinco años, la izquierda alemana participó y/o organizó en numerosas ocasiones, manifestaciones de solidaridad con la RAF contra la represión brutal por el aparato estatal. Muchos grupos incluso extendieron su apoyo político a los terroristas de Nueva Izquierda. El año pasado, miles de personas marcharon en una manifestación en Berlín con motivo del entierro de Ulrike Meinhof; allí, “liberales” como el teólogo Helmut Gollwitzer y “socialistas” como el ex-líder de la Nueva Izquierda Rudi Dutschke dieron elogios. Pero ahora que la RAF ha disipado la última gota de su popularidad, ahora que ha desaparecido la “comprensión de sus motivos” por la “opinión pública liberal”, virtualmente toda la izquierda (y aquí chamos, una vez más, al malicioso Neue Zürcher Zeitung) “abandona a los terroristas como a una brasa ardiente, declarando no tener, ni haber tenido, relación alguna con ellos.” Quienes glorifican acciones como las de la RAF, en tanto se lleven a cabo en otra parte ―España, Argentina, Palestina― no pierden tiempo en declarar en voz alta su “respetabilidad” cuando se encuentran súbitamente enfrentados por su propia burguesía.

En 1974 fuimos la única organización de toda la izquierda que marchó junto con el partido pro-Pekín KPD (Kommunistische Partei Deutschlands) ―claro que bajo nuestras propias banderas― hasta la cárcel de Moabit en Berlín (donde estuvieron presos Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht durante la Primera Guerra Mundial) para protestar contra el terror de clase del estado burgués desplegado contra los miembros encarcelados de la RAF. Hoy día el KPD compite con el DKP (pro-Moscú) por el rol del lacayo ideológico más repugnante de la burguesía al interior del movimiento obrero. Comparando el ataque en Köln con las acciones de un Al Capone, el periódico del KPD, Rote Fahne (7 de septiembre), califica al secuestro de Schleyer como “Una guerra de gángsters en las filas de la burguesía”. Con el oído al suelo, el KPD nos informa que “el pueblo” considera el rapto del dirigente industrial como simplemente un “asunto de la burguesía”. La RAF está compuesta por “los mimados y aburridos hijos e hijas de los ricos.”

Si se aplicara tal criterio al mismo KPD, es decir, jugando en base al origen de clase de sus líderes Semler y Horlemann, ello tendría indudablemente consecuencias fatales en la evaluación de la organización. Lo decisivo para el análisis de una organización no es, en primera instancia, su composición social sino su programa y su política. De acuerdo con estos criterios el KPD se muestra totalmente traidor: hace tres años defendía, mínimamente, a los prisioneros de la RAF; hoy día se lava las manos respecto a estas víctimas de la justicia de clase burguesa. Sin embargo, no es la tendencia agrupada alrededor de la RAF la que ha cambiado en estos últimos tres años, sino el KPD. Claro que este cambio no ha sido cualitativo, puesto que aún en ese entonces el KPD ya era una organización de oportunistas estalinistas con un programa menchevique. Pero en términos cuantitativos es impresionante el movimiento hacia la derecha de estos maoístas. Estos loros de la burocracia de Pekín, que compiten con el líder revanchista de la CSU, Franz Josef Strauss como los mejores “defensores de la patria” contra el “imperialismo soviético”, ahora añaden su voz a la cacería reaccionaria “antiterrorista”.

El Sozialistisches Büro (SB), socialdemócratas de izquierda, reaccionó “con horror” al “asesinato a sangre fría” de los policías protectores de Schleyer en una declaración publicada en la segunda página del Frankfurter Rundschau(13 de septiembre). A causa de este “asesinato colectivo” permanente, dice el SB, la “‘Fracción Ejército Rojo’ ha abandonado sus pretensiones socialistas.” “Con sólo unos cuantos tiros”, continúa el SB, “ellos [la RAF] han destruido mucho por lo que hemos luchado laboriosamente durante años.” ¿Les agradecerá la burguesía por estas apologéticas tan efusivas y engrandecedoras del terror estatal capitalista? Quizás el canciller Schmidt y el jefe del SPD Willy Brandt, las encarnaciones modernas de Noske y Ebert, encontrarán, algunos puestos de consejeros burocráticos para estos propagandistas contra el “fascismo rojo”.

Debe reconocerse, sin embargo, que el KPD manifiesta cierta consecuencia en sus difamaciones. Su rival principal maoísta, el KBW (Kommunistische Bund Westdeutschlands) pro-Pekín, no puede decir lo mismo. En 1974, el KBW polemizaba contra el KPD, que caracterizó de “contrarrevolucionario” el asesinato a tiros del juez Drenckman en Berlín. Citas de Lenin podrían mostrar, decía el KBW, que el asesinato de Drenckman fue “una acción totalmente incorrecta, basada en una estrategia y táctica falsas” pero no “contrarrevolucionaria” (Kommunistische Volkszeitung, 5 de diciembre de 1974). Hoy el KBW repite las mismas tonterías que el KPD sobre la supuesta “guerra de gángsters”.

Hace unos meses, el Kommunistische Volkszeitung (5 de mayo de 1977) denunciaba en forma totalmente repugnante “la vida lujosa de los miembros de la RAF” (¿se referían quizás a Holger Meins y a Ulrike Meinhof, quienes murieron en la cárcel?). El KBW pontificaba: “La RAF nunca se dedicó al terrorismo para conseguir una meta determinada. La RAF explotó bombas con el fin de llamar la atención. Era como si una parte de la burguesía quisiera convencer a la otra de que algo debía hacerse” (subrayado nuestro). Pero extrañamente resulta que la clase capitalista se rehúsa a reconocer como uno de los suyos a la RAF, que se especializa en secuestros y asesinatos de representantes destacados de la burguesía. Por alguna “razón inexplicable” el gobierno alemán persiste en su intento de eliminar a esta organización y a sus “simpatizantes”, así como de usar las acciones espectaculares de la RAF como un pretexto para la represión de todo comunista declarado (los así llamados “grupos-K”).

El SB, DKP, KPD Y KBW simplemente declararon a la RAF fuera de la izquierda, con el fin de huir de su obligación de llamar por la defensa del grupo ante la represión criminal por el estado alemán. El grupo maoísta “crítico” Kommunistische Bund (KB), en cambio, anuncia en el primer párrafo de una declaración en la primera plana de su periódico que no participará “en la histeria dentro de la izquierda por distanciarse [de la RAF], siguiendo las órdenes de Strauss, Schmidt y Cía.” Lamenta “la posición tomada por varias personalidades y organizaciones de la izquierda, que buscan insinuarse en las columnas de la prensa progubernamental con sus infames protestas de no estar involucrados” (Arbeiterkampf, 3 de octubre).

Sin embargo, los mal disimulados oportunistas del KB ya comienzan a presentar sus verdaderos rostros. Mientras que considera a la RAF como “camaradas”, no exige la libertad de los miembros encarcelados de la RAF. Tampoco explica por qué dejó de lanzar esta consigna. (Anteriormente había llamado por su libertad, aunque bajo la consigna liberal errónea de “libertad a todos los prisioneros políticos”, la cual habría incluido también a presos derechistas como Rudolf Hess.) La única explicación ofrecida por el KB de ésta omisión cobarde es que “en estos momentos” la izquierda no puede “sugerir nada respecto a la ‘liberación’ de los prisioneros políticos que sea moderadamente creíble con alguna posibilidad de éxito”. Esta excusa descaradamente objetivista (Kautsky y Bauer la hubieran aprobado de todo corazón) es presentada como una “expresión del balance de las fuerzas de clases” en Alemania Federal.

Por otro lado el KB se preocupa por el “aumento del número de ‘ataques armados’ individuales desesperados llevados a cabo por camaradas que, careciendo de confianza en el poder histórico del movimiento obrero, no son capaces de ver otra ‘salida’.” Esto es debido a que “la debilidad relativa de la izquierda alemana empeora la situación, ya que no puede ofrecer una alternativa real a corto plazo a los futuros ‘terroristas’.” Pero tal alternativa, a corto o largo plazo, sólo puede ser proporcionada por una perspectiva política, un programa político; y el KB le teme al programa como el diablo al agua bendita. “En realidad, es una tradición nuestra tratar muy poco de las llamadas ‘cuestiones programáticas’,” declaran con satisfacción. “y en cambio concentrarnos primariamente en cuestionesconcretas, prácticas de la lucha política” (Arbeiterkampf, 5 de septiembre). Así el KB demuestra que no proporcionará nunca esa alternativa, sea para los individuos desesperados o para la clase obrera en su  conjunto.

La llamada por la libertad de las víctimas del terror reaccionario de la burguesía es sólo un elemento en nuestro programa revolucionario, aunque un elemento indispensable. Plantearla sólo cuando tiene posibilidades de éxito es simplemente capitular ante la presión de la “opinión pública”. Particularmente, en el caso de camaradas proletarios en las fábricas, sometidos a tremendas presiones en períodos de histeria política, sólo serán capaces de resistir si su organización muestra la mayor claridad y dureza posibles. Aquellos que no aceptan la estratagema cínica de declarar a la RAF fuera de la izquierda, no pueden simplemente “olvidar” la demanda de su libertad. No importa cuán impopular, ésta debe ser proclamada incesantemente y a toda voz.

La capitulación cobarde del GIM

N o nos sorprendemos al ver a los burócratas aspirantes socialdemócratas ni a los maoístas defensores de la patria solidarizándose con la represión desatada por el estado burgués contra la “amenaza terrorista”. Pero aun cuando para estos reformistas desvergonzados su actitud rastrera ante el asunto Schleyer constituye un nuevo récord, la capitulación más asquerosa viene de parte del Gruppe Internationale Marxisten (GIM, sección alemana del Secretariado Unificado [SU] de Ernest Mandel). Estos oportunistas que hace algún tiempo alababan la “estrategia guerrillera” en América Latina, veneraban al “Che” Guevara y daban su apoyo “sin reservas” a la “ascensión imparable” del primer ministro español Carrero Blanco (como resultado de un ataque con bombas por los nacionalistas vascos), ahora corren a esconderse bajo la cama cuando se usan las mismas tácticas en casa y la burguesía amenaza con la represión.

Comenzando con su titular repugnante ―“¡El terror individual sólo ayuda a la derecha!”― el número del 15 de septiembre de Was Tun (No. 175) está lleno de retórica legalista, calumnias veladas contra las víctimas de la represión reaccionaria y excusas rastreras dirigidas al estado burgués. Y para coronar esta colección nauseabunda de evasiones socialdemocráticas, ¡el GIM presenta su propio programa antiterrorista! “Nuestro ‘programa contra el terror’ es un programa de acciones de masas contra el desempleo y la contaminación atómica, por la defensa conjunta de los derechos democráticos.”

¡Qué tergiversación del marxismo! El GIM no sólo se niega a defender a la RAF contra la cacería iniciada por el estado alemán occidental; no sólo se pliegan estos seudotrotskistas a la histeria “antiterrorista” gubernamental; no sólo rehúsan hacer la distinción elemental de clase entre el terror del estado capitalista y el de la RAF; sino además, estos aterrados oportunistas en plena huida a la derecha, declaran (tal como Schmidt le dice a Strauss) tener un programa mejor para combatir el terrorismo de izquierda. ¡Es una vergüenza! ¿Acaso ha “olvidado” el GIM el principio de la solidaridad de clase contra la represión burguesa? ¿Se ha olvidado del carácter de clase del estado?

Aparentemente sí, pues el notorio No. 175 de Was Tun declara:

“Los secuestradores de Schleyer, que proporcionan una excusa [para la represión estatal contra la izquierda], dan pruebas así de su actitud apolítica: simplemente siguen la lógica ‘militar’ de una guerra privada que carece totalmente de justificación. Sus demandas por la libertad de prisioneros tienen el único objetivo de [aumentar] su propia capacidad de acción. Sus métodos incluyen la muerte de la escolta de Schleyer.”

Luego de esta condena de la RAF que podría haber aparecido en cualquier periódico del SPD y es digna del SB, el GIM concluye:

“En el caso de grupos contemporáneos que siguen una política de terror individual, su pertenencia al movimiento obrero es altamente cuestionable… Actualmente estamos discutiendo al interior de nuestra organización las conclusiones políticas de largo alcance que se deben sacar de la reciente oleada del terrorismo individual.”

Es una denuncia poderosa de los pablistas, quienes cambian de posiciones con cada nueva brisa de la opinión pequeñoburguesa, el hecho de que la gente que durante el apogeo del furor guevarista llamaban a una estrategia de “guerra de guerrillas prolongada” en América Latina, ahora quieran declarar ajeno a la izquierda a todo grupo que emplee métodos terroristas.

De hecho, no hace mucho que la tendencia mayoritaria centrista del SU disculpaba incidentes de terror indiscriminado por grupos nacionalistas cuyas víctimas no eran representantes de la burguesía sino individuos inocentes. La masacre criminal de unos turistas baptistas puertorriqueños en el aeropuerto Lod de Israel, llevado a cabo por el “Ejército Rojo Japonés” en colaboración con el PFLP palestino, se calificó sólo como un error grave en el No. 6 de Was Tun. Y no nos olvidemos de la masacre de Múnich, cuando se asesinaron atletas israelíes como resultado de su secuestro insensato por nacionalistas palestinos del grupo Septiembre Negro; en ese entonces, el buró político de la sección francesa del SU escribió que “la acción de Septiembre Negro debe ser apoyada incondicionalmente” (Rouge, 30 de septiembre de 1972). Pero dejen que unos terroristas caseros ―y no los héroes exóticos “tercermundistas” que son dotados de un aura romántica y animados por los aplausos entusiastas de los guerrilleros de salón― rapten a un prominente industrial y ex-Nazi conocido, y el voluble GIM súbitamente se pregunta si la RAF pertenece a la izquierda.

Pero no termina aquí el descaro de los pablistas. ¡La primera reacción del GIM al atraco de Köln fue el lamentar la muerte de los policías! “No nos alegra el secuestro de Schleyer, no sólo porque resultó en la muerte de cuatro policías que no son, por supuesto, del todo ajenos al problema, pero que al menos no son personalmente culpables…” (Was Tun, 8 de septiembre). ¿No son los policías los pistoleros profesionales, el puño de hierro del estado burgués? Y sin embargo esta infamia no debería de sorprendernos en las bocas de adherentes de una “Internacional” cuya sección española llama al estado franquista a disolver a las bandas fascistas, cuyos partidarios “fraternales” norteamericanos llaman al ejército imperialista estadounidense a proteger a la población negra en Boston, y cuya sección francesa apoya la sindicalización de los policías. Quizás siguiendo la tradición del SWP norteamericano, que le envió un telegrama de condolencia a la viuda Kennedy en 1963, el GIM pronto publicará declaraciones de condolencia para con los deudos de los Buback, Ponto, Schleyer y sus “escoltas”.

¡Abajo la cacería “antiterrorista”!

El GIM trata de reforzar su capitulación con una cita de Trotsky, publicada en 1911 en Kampf, el periódico de la socialdemocracia austriaca. El No. 175 de Was Tun reproduce un pasaje en el cual Trotsky muestra como los terroristas con sus “acciones heroicas” echan las masas al lado, empujándolas hacia la pasividad política. Pero estos renegados cobardes del trotskismo se cuidan de [no] reproducir el final del artículo, ya que éste refleja un fuego revolucionario demasiado ardiente para las páginas de su hoja economicista.

“No importa lo que digan los eunucos y fariseos del moralismo, el deseo de venganza tiene sus derechos legítimos y da testimonio del altísimo honor moral de la clase obrera que es incapaz de observar simplemente con aburrida indiferencia, lo que pasa en éste el mejor de todos los mundos. La tarea de la socialdemocracia no es el extinguir la sed del proletariado por la venganza, sino, por el contrario, soplar constantemente sus llamas, alimentarlas, a fin de profundizarla y dirigirla contra las verdaderas causas de toda injusticia y depravación humana.

“Si rechazamos, no obstante, los actos terroristas, no es debido a que no reconozcamos el derecho a la venganza, sino porque tal venganza individual es insuficiente. La cuenta por arreglar con el orden capitalista mundial es demasiado grande como para presentársela a un vulgar funcionario gubernamental con el título de ministro. El entender todos los crímenes contra la humanidad y todas las desgracias a la dignidad humana como productos del sistema social, a fin de unir todas nuestras fuerzas en la lucha colectiva contra el sistema ― ése es el camino por el cual el deseo más ardiente de venganza podrá encontrar su satisfacción moral más noble.”

A diferencia del SU, la tendencia espartaquista internacional siempre se ha opuesto políticamente al guerrillerismo (ya sea rural o urbano) y al terrorismo como estrategias sin salida, de aventurerismo pequeñoburgués, sustitucionismo y desesperación, que no pueden llevar nunca al estado obrero revolucionario, basado en una democracia soviética, que es nuestra meta. Más aún, hemos distinguido constantemente entre la política falsa y peligrosa del terror individual y la práctica criminal del terrorismo indiscriminado. Cuando la sección francesa del SU calificaba la acción de Septiembre Negro en Múnich “un acto de violencia legítima de un pueblo al cual la reacción internacional y la traición de las burguesías árabes han dejado sin otra alternativa”, la tendencia espartaquista escribía:

“El furor terrorista pequeñoburgués indefendible manifiesto en Múnich, se origina en la evidente consolidación israelí de las victorias arrancadas del cuerpo vivo de los pueblos árabes…. el clamor burgués apenas toca el tema de las represalias mucho más sangrientas desatadas por el estado israelí…. Pero mientras se puede comprender cómo la miseria del pueblo palestino lleva a grupos como el PFLP y Septiembre Negro a actos rabiosos y desesperados, no obstante, no se pueden defender en absoluto los actos de terror masivo indiscriminado como en Múnich y Lydda.”

Workers Vanguard No. 13, noviembre de 1972

En el mismo artículo, mientras condenábamos al ataque criminal en Múnich, hicimos clara nuestra defensa consecuente de toda la izquierda contra el terror del estado capitalista: “El terror individual dirigido contra el enemigo de clase, no importa su sustitucionismo y contra productividad inevitables, es todavía un acto de odio de clase contra la opresión, y sus autores deben ser defendidos contra la represión burguesa.” A distinción de los inconstantes guerrilleristas de salón del SU, que ahora buscan cobardemente excusas para evitar la defensa de los prisioneros de la RAF, la tendencia espartaquista internacional no pide disculpas por su historia consecuente de defensa del movimiento obrero.

¡Libertad a los miembros encarcelados de la RAF!

¡Libertad a los militantes de izquierda en prisión!

¡Abajo la cacería “antiterrorista”! ¡Por la unidad de acción proletaria contra la amenazada proscripción de las “organizaciones comunistas”!

¡Abajo las leyes de emergencia! ¡Abajo la ley de “prohibición” de contacto! ¡Por la disolución de laBundesgrenzschutz y los comandos móviles de intervención!

¡Aplastar el Berufsverbote ― No a las listas negras en los sindicatos!

¡Por la justicia clasista proletaria de un gobierno obrero!

Juicio de los dirigentes estalinistas

Un discurso de James P. Cannon

Juicio de los dirigentes estalinistas

[Cannon pronunció el siguiente discurso en 6 de febrero de 1949 en una reunión convocada para protestar contra el primer juicio a los dirigentes del Partido Comunista, uno de los disparos de arranque de la cacería de brujas anticomunista que acompaño a la Guerra Fría en Estados Unidos. Este discurso de Cannon se ha traducido deMilitant (14 de febrero de 1949). Después fue publicado en inglés en Speeches for Socialism (Discursos por el socialismo, Nueva York: Pathfinder Press, 1971). Traducido en Spartacist No. 27, Diciembre de 1996]

Hay una impresión popular muy extendida de que los dirigentes del Partido Comunista en el banquillo de la corte federal en Foley Square son criminales y deben ser sometidos a juicio. En lo personal, estoy de acuerdo con ese sentimiento. Los dirigentes estalinistas son en efecto criminales, y deberían ser juzgados por sus crímenes. Pero no estamos de acuerdo con este juicio. Este es un caso de los criminales correctos acusados del crimen equivocado. Y están siendo juzgados en el tribunal equivocado.

Como el camarada Dobbs, yo podría testificar como un testigo experto sobre estas cuestiones. Por este medio ofrezco públicamente a los abogados de los estalinistas enjuiciados mis servicios en su defensa contra acusaciones falsas. Estoy calificado como tal experto, por lo siguiente:

Fui un miembro activo del Partido Comunista desde su fundación en 1919 hasta 1928, es decir, durante nueve años. Soy un estudiante de la teoría marxista y leninista que los estalinistas están falsamente acusados de enseñar. He sido un oponente activo del estalinismo durante 20 años.

Y, finalmente, estoy familiarizado con la sección sobre la libre expresión de la Constitución de los Estados Unidos que dispone que “El Congreso no aprobará ley alguna… que límite la libertad de expresión o de la prensa.” Aprendí esto en la escuela, y después tuve la oportunidad de leerlo de nuevo y pensar al respecto durante 13 meses en una universidad federal en la penitenciaría Sandstone.

Tres razones

Así que, armado con este currículum, rechazo la acusación contra los dirigentes del partido estalinista por tres razones:

l. El crimen de que se les acusa – que “conspiraron para llamar” por el derrocamiento del gobierno de los Estados Unidos mediante la fuerza y la violencia – no es un crimen en este país bajo la Constitución.

2. Los estalinistas ni siquiera son culpables de este crimen que no es crimen. No llaman por el derrocamiento del gobierno de los Estados Unidos mediante la fuerza y la violencia, ni mediante ninguna otra forma.

3. El tribunal federal del capitalismo estadounidense no tiene ningún derecho a juzgarlos, pues los crímenes del estalinismo no han sido dirigidos contra el sistema que este tribunal representa. Los dirigentes estalinistas deberían ser juzgados ante un tribunal de la clase obrera internacional por altos crímenes y delitos contra la clase obrera del mundo, y de este país también, durante un largo período de años; altos crímenes y delitos que van desde perversiones del marxismo hasta colaboración de clases y apoyo al gobierno imperialista de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, e incluyendo todo tipo de ofensas contra la ética del movimiento obrero, desde el falseamiento y la falsificación hasta el embuste y el asesinato.

Los estalinistas son culpables de estos crímenes. Los estalinistas son los más grandes criminales en la historia. Pero el juicio actual en el tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York en Foley Square es un embuste contra ellos. No son culpables del cargo presentado contra ellos, de que llamaron por el derrocamiento del gobierno capitalista de los Estados Unidos.

Todo el curso del estalinismo, desde su nacimiento, ha servido para apoyar al capitalismo mundial y no para derrocarlo. El estalinismo empezó hace 25 años con la promulgación de su teoría básica del “socialismo en un solo país”, es decir, Rusia. Ello significó “nada de socialismo en ningún otro país”. Significó la renuncia a toda perspectiva de revolución internacional; una oferta de la burocracia soviética para comprometerse con el capitalismo mundial a costas del movimiento obrero internacional. Esa es la teoría de la que se originó el estalinismo.

Crímenes estalinistas

La práctica siguió a la teoría: la expulsión, los embustes y los asesinatos masivos de decenas de miles de bolcheviques que hicieron la revolución y que estaban, en realidad, por la revolución internacional contra todas las instituciones capitalistas; la conducta de los estalinistas en España, donde sostuvieron y apoyaron al gobierno burgués al precio de asesinatos masivos de revolucionarios españoles; la política del “frente popular” de colaboración con partidos capitalistas y participación en gobiernos capitalistas; el pacto nazi-soviético, en el que los estalinistas unieron sus manos con Hitler al iniciar la Segunda Guerra Mundial; el Pacto Anglo-soviético-americano, bajo el cual los estalinistas estadounidenses vendieron a la clase obrera norteamericana y se alinearon para apoyar la guerra.

Sí, el historial muestra claramente que los estalinistas son criminales. Pero los tribunales capitalistas non están calificados, por este historial de hechos conocidos y por la clara disposición de la Constitución de los Estados Unidos, e incluso por consideraciones de gratitud por servicios recibidos de los estalinistas, especialmente durante la guerra, para juzgarlos.

Por otro lado, a pesar del hecho de que acusamos formalmente a los estalinistas de criminales, nosotros y todas las demás organizaciones obreras, que no tenemos razón para sentir amor o agradecimiento hacia los estalinistas, tenemos un interés vital en protestar contra su proceso en este caso particular. Ese es el propósito de nuestra reunión esta noche.

Este no es un juicio criminal por presuntas acciones en violación de leyes constitucionales definidas. Este es un juicio político. La libertad de “llamar” por cualquier doctrina, incluyendo la revolución, es básica para la libre expresión y la democracia. Este juicio golpea las raíces mismas de estos derechos democráticos de todas las organizaciones obreras.

Precedente peligroso 

Debe tenerse en mente que la acusación contra los estalinistas no les levanta cargos ni por una sola acción contra el gobierno de los Estados Unidos. La única base para el juicio es que conspiraron para “llamar” por el derrocamiento del gobierno de los Estados Unidos. Es decir, conspiraron para hablar y escribir.

La disposición misma de la Constitución a la que me he referido fue diseñada específicamente para impedir que el Congreso aprobara leyes que proscribieran el “llamado” por cualquier doctrina. Pero esta acusación bajo la Ley Smith – la misma ley bajo la que nosotros fuimos procesados y convictos en Minneapolis – es una acusación contra el hablar y escribir. Ahora, una vez que se establece el precedente de que es posible proscribir un tipo de habla o “llamado”, se sienta la base para la supresión de cualquier otro tipo. Se legitima la supresión de la libertad de expresión y la libre prensa.

Desafortunadamente, nuestro juicio y convicción bajo la Ley Smith en Minneapolis y nuestro posterior encarcelamiento, y la negativa de la Corte Suprema a revisar el caso, han sentado ya un precedente. Ese fue un duro golpe contra la libertad de expresión y la democracia en este país, y los estalinistas en juicio están sufriendo ese precedente.

Los intereses propios del movimiento obrero

Es cierto, como lo señaló el camarada Dobbs, y como creo que todos ustedes saben, que los estalinistas hicieron todo lo que pudieron, de todas las sucias maneras que sabían, para ayudar a la fiscalía a ponernos en prisión. Hicieron todo lo que pudieron para mantenernos en prisión por la duración plena de nuestra condena. Es cierto que estos sinvergüenzas incluso trataron de sabotear y romper nuestro Comité de Defensa, de impedirle reunir fondos de organizaciones con simpatía por el caso para pagar a los abogados. De ser por los estalinistas, no habríamos podido emplear una defensa legal para implementar una defensa legal. Su vergonzosa conducta pavimentó el camino para su propio enjuiciamiento bajo la misma ley.

Todo eso es cierto, como ha sido relatado tan gráficamente esta noche por el camarada Dobbs. Pero eso no puede determinar la política de una organización revolucionaria, o de cualquier organización obrera, si a esas vamos. El puro interés en uno mismo, para nosotros y para cualquier organización obrera honesta, es más importante que cualquier sentimiento de revancha en este caso.

Si el precedente establecido en nuestro caso es reforzado por otra convicción, de los estalinistas en este caso, y sancionado por la opinión pública hasta que sea aceptado como una costumbre, las libertades tradicionales que el movimiento obrero necesita para el avance progresista, cederán ante nuevos abusos en toda la línea. La siniestra tendencia hacia el control del pensamiento bajo un estado policíaco será grandemente acelerada.

Esa es la cuestión mayor que transciende todas las demás consideraciones, en el juicio actual de los estalinistas. Es por ello que estamos tan preocupados y apelamos a todas las organizaciones obreras, especialmente a las que nos apoyaron en nuestro juicio, a protestar contra el juicio político contra los estalinistas. Creo que hemos dejado suficientemente claro que nuestro punto de vista en este caso no está motivado por el perdón cristiano o por la suavidad de pensamiento, y mucho menos por la conciliación política con el pérfido estalinismo. Nuestra posición se basa únicamente en nuestro concepto del más vital interés de la clase obrera y sus luchas futuras.

Una gran tradición

Solía darse por hecho en el movimiento obrero que a pesar de todas las diferencias y disputas entre distintos partidos, fracciones y grupos, todos se unirían y cooperarían cuando cualquier sector del movimiento obrero estuviera bajo ataque en los tribunales del enemigo de clase. Hemos recorrido un largo camino desde la vieja tradición de la solidaridad contra el enjuiciamiento y los embustes. Era una buena tradición y deberíamos tratar de restaurarla en cierta medida.

Algunas de las páginas más brillantes de la historia obrera estadounidense se escribieron en luchas unidas por la justicia y la libertad de expresión. El movimiento obrero de hoy en día, que no cayó del cielo, es el producto y fruto de muchas luchas en el pasado, y le debe mucho a estas luchas de frente unido por la libertad de expresión y la justicia y la libertad de organización.

Mi primer interés en el movimiento obrero y socialista surgió por el gran movimiento de protesta en favor de Moyer y Haywood en 1906. Fueron arrestados y llevados a juicio sobre falsos cargos de asesinato, pero su verdadera ofensa fueron sus actividades obreras, su combatividad e incorruptibilidad. No se les dejó solos para que se defendieran ellos mismos como mejor pudieran. Eran dirigentes de la Federación Occidental de Mineros, que entonces estaba afiliada al IWW [Trabajadores Industriales del Mundo]. No obstante, todos los sectores del movimiento obrero reconocieron la amenaza para sí y para todo su futuro en el intento de legitimar el embuste contra los dirigentes obreros.

Se construyó una tremenda maquinaria de protestas y defensa, de un extremo del país al otro, en la forma de “Conferencias Moyer-Haywood”. Todo tipo de organizaciones, representando todo sector del movimiento obrero y todos los puntos de vista, enviaron delegados a estas conferencias de frente unido. Sindicatos de la AFL [Federación Estadounidense del Trabajo] e independientes, el IWW, el Partido Socialista, el Partido Laborista Socialista, los grupos anarquistas y grupos de liberales, y gente de buena voluntad, todos marcharon juntos bajo las “Conferencias Moyer-Haywood” para hacer un movimiento poderoso en defensa de los acusados. La tierra tembló a su paso.

Los conspiradores que habían tratado de tomar las vidas de Moyer y Haywood fueron echados atrás. El embuste fue derrotado por la amenaza del movimiento obrero unido. El gran Bill Haywood, de queridos recuerdos, estaba en lo cierto cuando habló a la primera gran reunión de masas de 200 mil personas en Chicago, quienes lo felicitaron por su liberación de la cárcel, y dijo: “Le debemos nuestras vidas a su solidaridad.”

La misma solidaridad fue mostrada en defensa de Ettor y Giovanitti, dirigentes de la huelga de Lawrence en 1912; y en la defensa de Mooney y Billings. Fue cierto, a un grado considerable, en el caso de los líderes del IWW durante la Primera Guerra Mundial, y en los casos de Debs y de Sacco y Vanzetti. Todos los obreros con conciencia de clase sintieron que era una obligación elemental, como cosa de rutina, unirse contra los ataques del enemigo de clase.

El papel dela ILD

El mismo Partido Comunista fue una vez el defensor de esta orgullosa tradición de solidaridad. La International Labor Defense [Defensa Obrera Internacional], que fue formada en 1925 bajo la inspiración directa del Partido Comunista, estaba dedicada expresamente al principio de la defensa obrera no sectaria, a la defensa de cualquier miembro del movimiento obrero, sin tener en cuenta sus opiniones, que sufriera persecución por los tribunales capitalistas a causa de sus actividades u opiniones.

Yo puedo hablar con autoridad sobre ello porque yo participé en la planificación de la ILD, y fui su Secretario Nacional desde su incepción hasta que fuimos expulsados del Partido Comunista en 1928. La International Labor Defense realmente “nació en Moscú”; tengo que admitirlo, aunque fue estrictamente una institución estadounidense en sus métodos y prácticas. La ILD nació en Moscú en discusiones con Bill Haywood. El viejo luchador, quien fue exilado de Estados Unidos amenazado con una condena de 20 años [de prisión], estaba profundamente preocupado por la persecución de los obreros en los Estados Unidos. Él quería que se hiciera algo por los hombres casi olvidados que yacían en las cárceles a lo largo del país.

Había más de cien hombres – organizadores sindicales, dirigentes de huelgas y radicales – en las prisiones en ese tiempo en los Estados Unidos: miembros del IWW, anarquistas, Mooney y Billings, Sacco y Vanzetti, McNamara y Schmidt, los prisioneros de Centralia, etc. Durante discusiones ahí en Moscú en 1925 elaboramos el plan y la concepción de la International Labor Defense como un cuerpo no sectario que defendería a cualquier miembro del movimiento de la clase obrera, sin importar sus opiniones o afiliaciones, si sufriese persecución por la ley capitalista.

Nunca olvidaré esas reuniones con Bill Haywood. Cuando completamos los planes que más tarde se hicieron realidad con la formación de la ILD; y cuando yo le prometí que regresaría a Estados Unidos y aseguraría que los planes no quedasen solamente escritos en papel; que realmente íbamos a trabajar en serio e ir en ayuda de los hombres olvidados en las prisiones; los ojos del viejo león – es decir, su ojo único – brillaba con el viejo fuego. Dijo, “Ojalá pudiera regresar para echar una mano en ese trabajo.” No podía regresar porque era un proscrito en los Estados Unidos, no por haber cometido ningún crimen, sino por todas las cosas buenas que había hecho por la clase obrera norteamericana. Hasta el final de su vida siguió siendo un participante activo en el trabajo de la ILD por medio de la correspondencia.

Defensa no sectaria

Los planes para la International Labor Defense como una organización de defensa no sectaria, elaborados ahí en el cuarto de Bill Haywood en Moscú, fueron llevados a cabo durante sus primeros años de existencia. Había 106 prisioneros de la guerra de clases en los Estados Unidos: decenas de miembros del IWW condenados falsamente en California, Kansas, Utah y otros estados bajo las leyes contra el sindicalismo criminal. Localizamos a un par de anarquistas poco conocidos en Rhode Island; un grupo de mineros del carbón de la AFL en West Virginia; dos organizadores sindicales en Thomaston, Maine; aparte de los prisioneros más prominentes y mejor conocidos mencionados antes. Sumaban 106 personas en prisión en aquel tiempo en esta tierra de los hombres libres, por actividades en el movimiento obrero. No eran criminales para nada, sino dirigentes de huelgas, organizadores, agitadores, disidentes; nuestra propia clase de personas. ¡Ni siquiera una de estas 106 personas era miembro del Partido Comunista! Pero la ILO los defendió y ayudó a todos.

La ILD adoptó como su política el recordarlos y reunir dinero para ellos. Creamos un fondo para que todos los meses se mandaran cinco dólares a cada uno de los 106 prisioneros de la lucha de clases. Cada Navidad reuníamos un fondo especial para sus familias. El grupo de Centralia del IWW, medio olvidados durante años, fueron recordados, se le dio publicidad a su caso y se hicieron esfuerzos para ayudarles. Fue igual con todos los antiguos casos medio olvidados. La ILD fue el centro de organización del gran movimiento mundial de protesta para los anarquistas Sacco y Vanzetti. Todo este trabajo de solidaridad tuvo el respaldo y apoyo del Partido Comunista, pero eso fue antes de que éste quedara completamente estalinizado y expulsara a los revolucionarios honestos.

El principio de la International Labor Defense, que fue lo que la hizo tan popular y tan valorada entre los militantes, fue la defensa no sectaria libre de discriminación política. El principio fue la solidaridad. Cuando se considera todo esto y se compara con las prácticas posteriores de los estalinistas; cuando se recuerda lo que ha ocurrido en los últimos veintitantos años, se tiene que decir que los estalinistas han hecho más que nadie para deshonrar esta tradición de solidaridad. Ellos han hecho más que nadie para desorganizar la unidad para la defensa contra el enemigo de clase.

Pagando las consecuencias

Esa terrible corrupción en la falta de unidad ante el enemigo de clase también ha penetrado otras secciones del movimiento obrero. Los socialdemócratas dedican mucho tiempo a devotas prédicas sobre la moralidad de los estalinistas, pero su conducta no es mucho mejor, si es que es mejor en algún grado. Generalmente, no protestan contra la persecución de los estalinistas. Los funcionarios sindicales, tanto del CIO [Congreso de Organizaciones Industriales] como de la AFL, se mantienen al margen, y muchos incluso apoyan a la fiscalía.

Ellos piensan que no hay por qué preocuparse por la Ley Smith; eso sólo es para los estalinistas. Eso fue lo que pensaron los estalinistas cuando nosotros estábamos en juicio hace siete años – que esta ley maligna e inconstitucional era solamente para los trotskistas. Oí en San Francisco que un orador estalinista, acosado por un interrogador sobre la relación entre su juicio y el nuestro, dijo, “Este juicio es un error y un malentendido. La Ley Smith era para los trotskistas.” Pero los estalinistas pagaron las consecuencias de la Ley Smith, y la misma cosa puede pasarle a otros también.

Si los estalinistas son condenados, estableciendo otro precedente para reforzar el precedente de nuestro caso, la misma ley puede ser invocada contra otras organizaciones políticas, contra profesores universitarios, y hasta los pastores religiosos que quizás tengan opiniones contrarias a las de los poderes que mandan, y que tengan el coraje de expresarlas. Es un gran error, un terrible error, descuidar este juicio y negarse a protestar; un error por el que tendremos que pagar todos – ellos y nosotros, y todos nosotros – todos los que aspiran a través de cualquier medio, o a través de cualquier programa o doctrina, a un mundo mejor y más libre por medio de la solidaridad de los obreros. Todos tendremos que pagar si el fiscal federal gana este caso y lo hace efectivo con el apoyo de la opinión pública. Es por eso que nos gustaría ver todo esfuerzo posible, incluso ahora mientras se desarrolla el juicio, para invertir el sentido de la tendencia actual, para superar la pasividad y la indiferencia.

iUnanse en protesta!

Es, por supuesto, utópico esperar que un gran movimiento unido, colaborando lealmente como en los tiempos de antes, pueda ser formado con los estalinistas. Los estalinistas no pueden colaborar lealmente con nadie. Les ofrecimos un frente unido. Lo rechazaron. Incluso ahora, cuando la cacería de brujas y las purgas por deslealtad [a la patria] son dirigidas contra ellos, se niegan a decir una palabra en defensa de James Kutcher, el veterano sin piernas quien fue despedido de su trabajo en la Administración de Veteranos en Nueva Jersey por sus opiniones políticas como militante del Socialist Workers Party.

A causa de la actitud de los estalinistas, y también por otras consideraciones, sería utópico esperar un frente unido que incluya a todos. Pero los sindicatos y las organizaciones políticas antiestalinistas deberían unirse, por sus propias razones y en sus propios intereses, para protestar contra esta acusación. Nos uniríamos y le daríamos apoyo a tal esfuerzo. Pero en todo caso, aunque pueda ser cooperando o por separado, todos deben levantar sus voces en protesta contra el juicio político que está transcurriendo en Foley Square. No por el bien de la pandilla estalinista, sino por el bien de la libertad de expresión, por aquellos derechos democráticos que el movimiento obrero ha conseguido a gran costo y que necesita desesperadamente para llevar a cabo su lucha informada y consciente para alcanzar un terreno más alto.

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