La huelga de los camioneros en Brasil

Por Marcio Torres, mayo de 2018.

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Brasil se encuentra en ese momento en una complicada situación. Desde hace siete días, los camioneros del país están en huelga, contra el incremento en los precios del diésel. El alta de los precios es resultado de un cambio en la orientación de Petrobras, la empresa estatal de petróleo, que tiene la más grande producción de combustibles derivados del petróleo en el país. Desde 2016, como parte de la política neoliberal clásica que orienta el actual gobierno, la presidencia de la empresa suspendió el control de los precios, que desde entonces se encuentran directamente vinculados a aquellos del mercado internacional, sujetos a la fluctuación del dólar. Esta fue una medida adoptada en beneficio de los grandes accionistas privados de la empresa y también en conformidad con las reglas exigidas por las bolsas de valores de Estados Unidos, donde la presidencia de Petrobras intenta abrir el capital de la empresa, como parte de los planes de profundizar su privatización. Por eso la situación es tan difícil de resolver: el gobierno no puede prometer a los camioneros una baja duradera de los precios del diésel, una vez que está comprometido con la lógica de precios fluctuantes para Petrobras. La huelga tiene carácter mixto, una vez que parte – la mayoría – de los camioneros son autónomos (dueños de sus propios vehículos) y otra parte son asalariados de empresas de transporte, que paralizaron sus actividades por iniciativa de sus patrones (y no levantan demandas proprias). En el primer momento, el gobierno negoció con las empresas, que aceptaron el término de la huelga (en realidad, de su lockout / paro patronal).

Pero los términos del primier acuerdo no satisficieron los autónomos, que optaron por dar continuidad al movimiento. Presionado por los grandes empresarios, que están teniendo enormes pérdidas con la huelga, y con el apoyo de las grandes compañías de media, el gobierno respondió, entonces, con medidas de represión contra los camioneros que se encontraban bloqueando las carreteras, y también contra los empresarios de la rama de los transportes (con pedidos de prisión y multas millonarias). Eso tuvo como efecto que esos empresarios se mantuvieron en el movimiento, concediéndole más fuerza. A pesar del llamado del gobierno para que las fuerzas armadas pusiesen fin a los bloqueos, no hubo represión directa hasta el momento, una vez que el movimiento cuenta con fuerte apoyo popular. Los camioneros levantaron los bloqueos de carreteras y se encuentran ahora bloqueando las refinerías y distribuidoras de Petrobras, además de continuar en huelga. Mismo con todas las dificultades de abastecimiento de las ciudades, el gran apoyo popular se explica por cuenta de las otras consecuencias de la actual política neoliberal de precios de Petrobras: la gasolina y el gas doméstico también están cada vez más caros. Con eso, taxistas, motoristas de empresas como Uber y similares, motoristas de furgonetas escolares, moto-taxistas y motoboys, se han sumado a las movilizaciones no solo en solidaridad con los camioneros, pero también por la caída del precio de todos los combustibles. Además, el alta de los combustibles afecta directamente a la canasta básica de las familias trabajadoras.

La verdad es que el país se encuentra en una grave situación, una vez que, desde los años 50, con los enormes incentivos gubernamentales a la industria automovilística, se apostó en un modelo de transporte por carretera, en detrimento de un modelo ferroviario. Hoy, casi no hay transporte de mercancías por vías ferroviarias o fluviales, y sólo algunas ciudades tienen una maya ferroviaria grande para el transporte de personas. Por eso hay tanto apoyo a la huelga: el incremento del precio de los combustibles afecta a todos.

A pesar dese apoyo popular, los empresarios al frente de la movilización limitan sus demandas a aquellos factores que interesan directamente a sus ganancias, y no hacen demandas de interés del resto de la población. Eso puede cambiar en breve con la huelga de los trabajadores de Petrobras, que ya venía siendo preparada para el mes de junio, contra la política de la actual presidencia de la empresa. Ahora, esos trabajadores irán iniciar una huelga de 72h el próximo miércoles, por la caída de los precios de todos los combustibles, el fin de la política de precios fluctuantes y de las medidas de privatización de Petrobras (como las subastas de campos de petróleo para compañías extranjeras).

Las concesiones hechas por el gobierno en la noche de domingo tal vez debiliten la huelga, una vez que atienden algunas de las demandas de los autónomos, que son la mayor parte del movimiento. No obstante, la reducción del precio del diésel que el gobierno prometió será temporaria y con toda la certeza será costeada con cortes en el presupuesto de las áreas sociales, como salud y educación, o que tal vez haga con que una grande parte los camioneros continúen la huelga. Los próximos días serán de intensa batalla entre el gobierno, la grande media y las fuerzas armadas contra los huelguistas y sus apoyadores (entre los cuales ya se suman otras huelgas con gran potencial, como de los subtes de Belo Horizonte y Recife).

En el centro de la cuestión se encuentra no solo la política neoliberal aplicada en Petrobrás, como el conjunto de la política de “austeridad” del actual gobierno, que no cuenta ni siquiera con el 5% de aprobación popular. La única solución posible es el término de la política actual para Petrobras, algo que solo será posible conquistar a través de una fuerte unión de los trabajadores en lucha. Unión esa que necesita de un instrumento de movilización, un frente unido de la clase trabajadora, que pase por sobre las burocracias inmovilistas al frente de los sindicatos (sea las burocracias patronales, sea las burocracias del PT y sus aliados). Como solución inmediata, nosotros defendemos una Petrobras 100% estatal, gestionada por sus propios trabajadores en conjunto con órganos populares, como solución para el constante incremento del precio de los combustibles y, en consecuencia, de la canasta básica. También defendemos que parte de sus ganancias sea utilizada como inversión en tecnologías de energías limpia y renovable. Ya como solución de fondo, contra la agitación de la derecha reaccionaria por “intervención militar” y contra la apuesta de la mayor parte de la izquierda socialista en salidas institucionales (elecciones, plebiscitos, Asamblea Constituyente), nosotros defendemos un gobierno revolucionario de los trabajadores de las ciudades y del campo.

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